CHIMENTOS
Nicolás Magaldi en “Lo de Pampita”: “Tuvimos un embarazo ectópico y sentí que perdía a mi mujer”

Nicolás Magaldi fue catalogado por muchos como el “nuevo Tinelli” y construyó una carrera sólida en televisión abierta y por cable, con pasos por Infobae, C5N, El Trece, América TV y Canal 9. Conductor y periodista nacido en San Juan el 19 de enero de 1987, se formó como locutor nacional en el ISER y fue parte de ciclos como El show del problema, Intratables, EPA!, Polémica en el Bar, Remix de noticias y ¿Quién dijo que es tarde?, entre otros.
Sin embargo, en el pico de su exposición, decidió alejarse de la televisión de un momento a otro por cuestiones personales de las que, hasta hace muy poco, nunca había hablado públicamente. En esta entrevista, abre esa puerta por primera vez y repasa no solo su recorrido profesional, sino también uno de los procesos más duros de su vida: el camino junto a su mujer, Betiana Wolenberg, en la búsqueda de ser padres, atravesado por embarazos ectópicos y más de 11 tratamientos de fertilidad in vitro.
Hoy, ya convertidos en padres de Bautista y Cata, su historia también resignifica todo lo que hubo detrás de ese silencio.
Acá, los momentos más destacados de la charla:
—Vos imaginate que pasás desde una curva de felicidad altísima al vacío. Desde que tuvimos a Bauti, tiempito después empezamos a intentar buscar agrandar la familia. Yo me había entrenado para una carrera que se llama El Cruce, que es una carrera en la Patagonia.
—Muy conocida.
—Muy conocida. Cuando fuimos nos enteramos de que estábamos embarazados. ¡Wow! No lo podía creer. Increíble. Pero en el viaje, Betu empezó con muchos dolores, tenía como pérdidas, no se sentía bien. Cuando llegamos a Neuquén, ya Betu tenía muchísimo dolor. Le dije: “Vamos para la clínica”. Llamamos a nuestro obstetra y en un momento dice: “Bueno, nos parece que hay un embarazo ectópico”. ¿Qué es eso? No tenía idea de qué es un embarazo ectópico: es un embarazo fuera de lugar que se gesta en una trompa, ¡y llegué a sentir que perdía a mi mujer! O sea, una situación que es grave porque la trompa en un momento explota y empieza a desangrarse. Entonces, el dolor que sentía Betu era que la trompa había explotado y se estaba desangrando. Hay un aborto espontáneo y hay un riesgo muy grave para la mamá.
—Riesgo de muerte.
—De muerte, sí, de desangrarse, de muerte. En un momento viene un médico y te dice: “Ustedes no van a ser papás otra vez”. Y vos decís: “Pará, ¿por qué pasó toda esta película?”. No lo llegábamos a procesar. Ahí lloré.
—Tu primera vez.
—No delante de Betu, pero lloré mucho. Lloré porque sentí que la perdía. Fue un momento de mierda. Fue un momento espantoso. Uno se empieza a hacer una película que es macabra, que es como el fin. Y sale un médico y me dice: “Ya salió bien, está bien de la cirugía”. Y al otro día voy muy temprano a la clínica, apenas podía entrar, yo entraba. Ella me dijo: “Yo necesito que vayas a hacer la carrera”. Se te cruza la cabeza de: no la quiero dejar sola y a la vez me está pidiendo que lo haga, lo hago por ella. Viste, te sale el Highlander.
—El héroe.
—Arranco la carrera, me empiezo a despejar, subo el Cerro Bayo. Cuando estoy bajando, me empieza a temblar el cuerpo. Estamos criados de una manera donde uno se tiene que bancar todo, ¿viste? Donde no podés a veces contar que estás triste. No sé llorar, quizá por cómo nací, creyendo que un varón no tiene que llorar, ¿viste? Era como “vos podés ante todo, sos el padre de familia y tenés que ir para adelante”. Y decís: “Bueno, pará, pará, pará”. Y empecé a llorar como un bebé. No lo podía controlar, mujer.
—Te salió, te rebalsó.
—No, no, pero no lo había vivido nunca. Lo que llaman como un ataque de pánico, me desbordé. Estaba ahí nomás del primer campamento y abandono.
—Esa fue tu carrera.
—Esa fue mi carrera. Fui para donde estaba ella, le di un abrazo y ahí siento que resucitamos los dos.
—¿Podemos volver a tener un hijo con una trompa? Sí, se puede. Bueno, empezás a buscar información, empezás a googlear que está mal y ahí empezamos a entender qué son los tratamientos de fertilidad in vitro.
—Expliquemos un poco a la gente.
—Bueno, nosotros como pareja teníamos un desafío de fertilidad, pero no por una cuestión biológica de ambos, que no éramos fértiles, porque ya habíamos tenido un hijo, encima la bendición de tener un hijo.
—Sino que había que poner en el lugar correcto.
—Claro, y tratar de hacerlo con un procedimiento más seguro que lo natural para tratar de evitar un embarazo ectópico, que también puede suceder. De repente me encontré con un tarrito de esperma diciendo: “Acá está lo mío, maestro”, y empezás a tomarlo con un humor. Entonces, yo llegaba a casa…
—Sí, le ponés humor para para suavizar un poco todo.
—Claro, yo llegaba a casa y le decía: “Betu, no sabes cómo me aplaudieron. Bien, campeón, Thor”. Y yo por dentro trataba de decir “¿qué invento para tratar de alivianar un poco esto?”. Así pasaron varios tratamientos, varias piñas emocionales que hemos tenido. Probamos todas las opciones y no sucedía.
—¿Qué sucedía?
—Tuvimos un embarazo anembrionado, que es un embarazo donde no se implanta el embrión, o sea, no hay embrión, tiene que hacer un legrado. Se forma el saco, todo, tienen que hacer un legrado.
—¿Hay que hacer un raspaje después?
—Sí, es…
—Oh, qué invasivo, Dios.
—Es muy invasivo, es fuerte, lo que pasamos es fuerte. Hay momentos, ¿viste? Entonces, está el momento de la punción, el momento donde se extrae eso, se lleva al laboratorio, después se mezcla con lo mío. Después esos embriones son como catalogados, después se manda una muestra a Estados Unidos…
—A ver cuál es…
—…para saber qué tipo es… Por eso yo digo que a Cata la conocimos desde que era una célula. Bueno, hay un debate interesante después para hacer, ¿no? Cuándo uno considera que es vida todo eso.
—Eso ya es personal.
—Es recontra personal.
—Yo ya cuando se hace el embrión creo que es vida.
—Claro, pero a mí, con todo lo que me pasó —me encanta porque pensás igual que Betu—, yo siempre digo, y sin ánimos de polemizar, porque respeto…
—¿Cuando se hace el feto, lo sentís vos?
—Cuando se implanta. Yo siento…
—Ah, cuando se implanta dentro de la madre.
—Sí, siento que ahí es el momento donde…
—Empieza a crearse.
—Empieza a florecer todo. Si no, simplemente es como una potencialidad de… Así lo veo, no digo que no lo sea.
—Cada uno que elija.
—Por eso, por eso…
—Esto es muy libre, eso.
—Me encanta y me encanta que así sea, porque así debe ser.
—¿Cuántos embarazos se perdieron?
—Antes de Catalina, uf, no sé si tengo el número exacto, pero no sé si fueron tres o cuatro embarazos.
—¿Más los que nunca engancharon?
—Claro, y también el proceso que en algún momento criopreservamos óvulos. Había una reserva ovárica importante y cuando los congelaron…
—No quedó nada
—…no quedó ninguno.
—Había que hacer de vuelta.
—Cuando de la criopreservación de los óvulos no quedó ninguno, ese fue el día que más triste en mi vida la vi a Betu y que a mí, por primera vez —y mirá que hablo mucho, lo habrás notado— me quedé sin palabras. No sabía qué decir, no sabía qué hacer. Yo siempre digo que los tratamientos o te unen o te separan. La medicina es mágica, mi mayor respeto a ellos, porque gracias a ellos hoy tenemos a nuestra bendición.

—Uno nunca sabe la lucha por la que está atravesando ninguna persona. Aparecía gente que decía: “Ey, Nico, dale, ¿para cuándo el segundo? Capo, ¿eh?”. Y para mí era una piña en la cara o en la boca del estómago cada vez que me decían: “Ey, dale, ¿qué pasa, hermano? ¿Qué está pasando?”. Como si fuese gracioso. O, no sé, personas que le aparecían a Betu y le decían: “Vos te tenés que relajar. Cuando te relajes, vas a quedar embarazada”. Me pegó un plumazo y me borró la capacidad de prejuicio. Me sacó un montón de preguntas de la mochila que yo a veces quizás la preguntaba sin saber lo que podía llegar a lastimar, porque a veces mucha gente lo hace por desconocimiento. Entonces, yo si veo una pareja acá, les digo: “¿Che, tienen hijos, no tienen…?”. Jamás le abriría esa pregunta. Bueno, es muy común eso en una mesa. O a veces le pasa a alguien, tenés uno, te piden el segundo. No tenés, te piden el primero. No estás casado, te piden que te cases, como que hay un mandato social a la falta de algo o a la necesidad de algo que quizás el que lo pregunta carece y te lo pone en vos. El tema es que a vos quizás te está cayendo como un plumazo todo eso. Uno se va haciendo más fuerte y se va conociendo más ante las adversidades.
—Vas conociendo esa fuerza que está dentro, que hasta que no la tenés que sacar no sabías que estaba.
—Sí, sí. La resiliencia. Betu me enseñó que no se puede ir a la guerra sin armas. Y yo atrás, esquivando la mayor cantidad de bombas posibles. Y por primera vez en un asado con unos amigos me animé a contar que yo también había estado muy triste, pero que no lo sabía. Pero ante los ojos de mi mujer, yo era ese campeón que le ponía humor o que trataba de levantarla o hacer planes o, no sé, ir al río a despejarnos la mente, a hacer un matecito y vivir la vida. Pero ante mí mismo, nada, fui bastante porquería conmigo, digamos. No tenía esa capacidad de registrar lo que me pasaba a mí.
—No te diste lugar…
—Que no digo que es por egoísta… O sea, me volvés a preguntar y volvería a hacer lo mismo, ¿eh? Me pongo en segundo plano sí o sí, en todo.
—El hombre también está triste.
—Bueno, pero yo no aprendí eso, ¿me entendés? No me lo permití. No voy a quedar un día, abro la puerta y digo: “¿Sabés que tuve ganas de llorar y no lloré?”, no me sale. Flaco, permitítelo. Yo creo que todo esto me saca una mejor persona y me cuesta mucho, muchísimas cosas, pero me enseña todo el tiempo.

—Me tenés que hablar de cada uno de estos conductores que te voy a mostrar ¿Jorge Rial?
—No es la persona, ni profesional, que quisiera ser. No me parece un profesional inteligente ni nada. Siento que es una persona que ha hecho un show de cosas muy, muy tristes. Nunca opiné de Jorge Rial. El sí ha opinado de mí y la verdad es que no nos conocemos personalmente ni nada, pero de lo que ha hecho públicamente no me gusta para nada.
—¿Qué opinó de vos?
—No sé. El otro día me enteré que había hablado de mí como conductor.
—¿En qué no le gustabas?
—¡Qué sé yo! No sé, preguntáselo a él. No lo sé. Lo que sí sé que profesionalmente para muchas personas ha dejado mucho que desear. Y personalmente… la verdad que no lo conozco. No sé.
—¿Te gustaría tomarte un café?
—Sí, obvio, por supuesto. Sí, claro que sí.
—¿Marley?
—Creo que es una estrella de un canal… y también creo que debe algunas respuestas públicas que quizá no ha dado… sobre ciertas situaciones que se lo ha acusado a él o se lo ha involucrado… Seguramente se las ha dado a la Justicia, que es importante, pero que él tiene una imagen hoy con la bendición de tener los dos hijos que tiene, que ojalá Dios lo acompañe para que esa imagen sea tan real como lo que uno espera de él, ¿no? Y me parece que es una gran estrella de la conducción, sí.
—¿Marcelo Tinelli?
—Marcelo es un tipo al cual le agradezco muchísimo. Él te mira y te toca con la varita, te eyecta. Y yo sentí que a mí me pasó eso, fue increíble. Y después se dijeron un montón de cosas de él y de mí… Como que donde yo estaba él me bajaba y no, yo tengo solamente palabras de agradecimiento.
—No creo que haya hecho eso.
—Para nada, para nada. Palabras de agradecimiento tengo. Como profesional, admirable. Y ojalá que pronto vuelva a recuperar esa magia de la televisión que tanto nos ha enseñado.
—¿Mario Pergolini?
— Envejeció muy bien. Bah, si puedo decir “envejeció”, lo digo bien, ¿eh? Está mucho más humanizado. Y es que antes, ser rebelde, sexo, drogas, rock and roll era lo «cool». Y hoy ya no.
—La tele cambió.
—La tele cambió y él se adaptó muy bien y admiro que en la tele tengan dirección de fotografía, ponele. Es una tele muy pro la que hace, me gusta.
—Me voy a ir a tu historia de amor. Contanos un poco.
—Estefi, una amiga nuestra, la había contratado a Betu para hacer una campaña. Entonces, ella había abierto, me acuerdo, un local en Palermo y un día paso a saludarla para conocer el local. Y veo de golpe la publicidad y digo: “No, qué linda que es esa chica, Estefi, por Dios”.
—Amor a primera vista.
—Dije: “No, qué hermosura”. Me dice: “Es re para vos”. Le digo: “¿Cómo se llama?” Bueno, Betiana Wolenberg.
—Y te quedó.
—Me quedó. La busqué en Instagram, le escribí por mensaje privado y le likeaba las fotos y no me respondía, no me respondía. Y le ponía: “Bella”, cualquier cosa ponía. Un desastre. Trataba de llamar la atención. Nada, nada. Hasta que un día, me empezó a seguir, me pasó su teléfono, la pasé a buscar y desde esa primera cita no nos separamos más. Hoy es la mamá de mis dos hijos y la mejor mamá del mundo y la mejor mujer del mundo. Me ha cambiado la vida a mí. Es un sostén. La verdad que es una compañera, que vamos codo a codo, al lado, los dos para el mismo lado. Y como digo, por las cosas que pasamos juntos también como pareja, son cosas que perfectamente nos podrían haber alejado para siempre o tener la bendición de estar sellados, o sea, de ser uno. Es una leona… se me quiebra la voz, es una guerrera. Betiana es, yo lo digo, es un homenaje a la humildad. Ella es un más allá de lo bella que la gente pueda ver o que yo pueda ver todo el día…
—Es más hermosa por dentro, que todo lo hermosa que es por fuera.
—Quien tiene la oportunidad de conocerla a Betu es un bendecido. Todo lo que hizo lo hizo desde muy abajo. Vino acá a los quince años también a lucharla solita, sin saber nada, y consiguió muchas cosas. Entre ellas, digo, más allá de que le fue bien profesionalmente, se lo pregunto siempre, viste, si es feliz, si falta algo, si también uno como hombre también falla. Lo charlamos mucho eso, cómo podemos mejorar las cosas que a veces sentís que no funcionan bien o no están perfectas. Bueno, tratamos de hacerlo mejor. Nunca había sentido esa profundidad de lo que significa una persona con la cual vos mirás a los ojos y querés todo. Y yo se lo digo siempre, soy muy feliz con ella y la verdad que me encanta. Es buena, es laburante, es guerrera, es compañerísima. No sé… todo lo que tengo hoy, todo lo que soy, no lo sería sin Betu, ni a palos, ni a palos.

—Y hoy la veo a mi hija diciéndome: “Pa, pa” y me mata. La medicina es mágica, mi mayor respeto a ellos, porque gracias a ellos hoy tenemos a nuestra bendición. Por eso a veces cuando sentís que todas las ayudas no son suficientes, fuimos a una misa que se llama la Misa de la Dulce Espera. Yo me terminé tatuando a la Virgencita de la Dulce Espera.
—Y acá le hicieron una flor.
—Una florcita. A esa misa fuimos cuando Cata no estaba y fuimos a pedir, casi desesperados, caímos en eso y en ese momento había gente que ya estaba embarazada, gente que iba a agradecer y digo: “Bueno, ojalá nos toque esta película”. Justo cuando se cumplió un año que nos enterábamos de que estábamos embarazados, pudimos volver. Y vos empezás a ver la película porque vos estás como —no sé si la palabra es “sanado”— con el milagro al lado tuyo. Y empezás a ver mamás pidiendo por sus hijas para que queden embarazadas, parejas pidiendo para quedar embarazados, matrimonios agradeciendo, mujeres embarazadas agradeciendo la situación, pidiendo una bendición. Y a la vez entrás en una película donde vos decís: lo que mueve la fe, lo importante que es creer en algo.
—Yo a Anita también la traje con tratamiento.
—Hermoso.
—Y soy muy creyente de la Virgen.
—Mirá.
—Y lo digo, aunque a veces mediáticamente no está tan bien visto hablar de la religión.
—A mí me parece bárbaro hablar de todo.
—A mí también.
—Si vos te acostás y dormís tranquila, yo me acuesto, duermo tranquilo, me levanto y me despierto tranquilo. Entonces, todo lo que puedo hablar no le hice mal a nadie. Y si a alguien puede ayudar, bendito sea.
Fotos: Maximiliano Luna
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CHIMENTOS
FIC.UBA homenajeó a Lucas Vignale con una proyección especial: el recuerdo de Toto Ferro y la emoción de su familia

El Festival Internacional de Cine de la Universidad de Buenos Aires (FIC.UBA) rindió homenaje al director y guionista Lucas Vignale, fallecido a los 28 años en un accidente aéreo en Río de Janeiro el 14 de junio, con una proyección especial que reunió a una sala llena de familiares, amigos y colegas este lunes 5 de octubre en la que estuvo como invitado su amigo y socio, Toto Ferro. El encuentro realizado en Cine Arte Cacodelphia en el marco de la cuarta edición del festival, del que participó Teleshow, combinó la exhibición de parte de su obra audiovisual con testimonios de quienes compartieron con él proyectos, rodajes y amistad.
Vignale había nacido en Buenos Aires en 1997 y desarrolló una trayectoria que comenzó en el ámbito audiovisual y se expandió hacia los videoclips, el cine y distintos proyectos vinculados a la música. Trabajó como director junto a artistas como Bizarrap, Duki, Nicki Nicole, J Balvin, Nathy Peluso, Trueno y Wos, entre otros. En paralelo, construyó una sociedad creativa con el actor y director Lorenzo “Toto” Ferro que comenzó con cortometrajes y continuó con su primer largometraje, “El tren fluvial”, codirigido y coescrito por ambos, con estreno mundial en la sección Perspectivas de la Berlinale 2026.

La programación del homenaje incluyó La Pasión (2024), Diablo Suelto (2025), Mi gran noche (2026), Ilusión Supersport (2025), La vuelta de Gaspi (2025) y Camino a la velada (2025), estos dos últimos codirigidos junto a Gaspar Prim Díaz, streamer conocido como Gaspi, quien murió en el mismo accidente que Vignale. El recorrido permitió acercarse a distintas facetas de su producción, desde los videoclips musicales hasta los cortometrajes de ficción.
“Estamos convencidos de que hubiera dado mucho más. Hoy desde el festival lo que queremos hacer es reconocer su talento”, señaló Marcelo Altmark, director artístico del FIC.UBA y director de la Carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la UBA, antes de la proyección. Altmark agregó que el objetivo del homenaje también era conectar la obra de Vignale con las nuevas generaciones de realizadores: “Todos los que estamos en lo audiovisual imaginamos un mundo propio, creativo, día a día. Creemos que van a poder ver hoy eso en el homenajeado y reencontrarse con él cuando vean sus películas”.

Antes de la exhibición, Ferro repasó el origen de su vínculo creativo con Vignale y la manera espontánea en que surgieron sus primeros trabajos conjuntos. “Nunca pensé que íbamos a ver todo su trabajo junto en un cine. Puede ser una experiencia bastante delirante y esquizofrénica”, dijo el actor, quien participó del homenaje en representación de los tres cortometrajes que realizaron juntos antes de filmar El tren fluvial.

Ferro recordó especialmente el origen de La Pasión, el primer corto de la dupla. Según relató, Vignale viajaba por la ruta, vio un Cristo Redentor al costado del camino, se bajó del auto y sacó una foto, un gesto que derivó en la decisión de filmar. “Siempre se hacía en el acto”, explicó Ferro sobre la manera improvisada de trabajar que caracterizó a los primeros proyectos conjuntos. Más tarde llegó el intento de un trabajo más planificado: escribieron Mi gran noche durante dos meses, pero cuando comenzó el rodaje el actor protagónico no se presentó y debieron improvisar nuevamente todo el cortometraje.
“Los primeros tres trabajos que van a ver son una manera apasionada de improvisar y de abrazar la espontaneidad que a veces regala el cine”, señaló Ferro, quien aclaró que, pese a tratarse de un homenaje, no buscaba que la experiencia fuera únicamente solemne. “Algo serio no creo que vayan a ver, por suerte. Lucas era una persona muy alegre, muy graciosa. Era un chiste viviente”, afirmó. El actor estuvo acompañado en la presentación por Andrés Medina y Martín García Blaya, montajista y sonidista respectivamente, ambos colaboradores habituales de los proyectos que realizó junto a Vignale.

Las palabras de Jorge Vignale, tío del director, estuvieron atravesadas por la emoción, en un momento que el festival decidió formalizar con una distinción especial. Sobre el escenario, el FIC.UBA le entregó una placa conmemorativa en representación del reconocimiento institucional al legado del realizador. Con la distinción en sus manos, él expresó: “Es un momento muy difícil por la pérdida física de mi sobrino y un momento de orgullo por todo lo que hizo. Es una lástima que se haya ido tan temprano por ese potencial que tenía”. También destacó una enseñanza que, según contó, su sobrino le dejó a lo largo de su vida: la importancia de hacer las cosas con pasión. “Lucas no hacía nada sin pasión. Le ponía pasión a todo lo que hacía. Eso me lo transmitió. Son esas cosas de la vida que uno aprende de los más jóvenes”, sostuvo, antes de agradecer a los presentes por acompañar la ceremonia.
El homenaje se enmarcó en la cuarta edición del FIC.UBA, que además de este reconocimiento incluyó actividades vinculadas a otras figuras del cine argentino durante la semana. La selección de trabajos de Vignale permaneció disponible para quienes se acercaron a Cine Arte Cacodelphia, en un encuentro que buscó recuperar la mirada de un joven realizador que entendía el cine como un espacio de libertad, experimentación y encuentro entre amigos.
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Rodolfo Barili publicó una frase que preocupó a todos en Telefe: “Una vida ha pasado”

Hay algo profundamente singular en la historia de Rodolfo Barili: gran parte de su vida adulta transcurrió dentro de Telefe. El periodista llegó al canal cuando tenía apenas 20 años y aquel ingreso, que alguna vez fue el comienzo de un sueño, terminó convirtiéndose, con el paso de las décadas, en una de las relaciones profesionales más extensas y reconocibles de la televisión argentina.
Este 5 de octubre se cumplieron 33 años de aquel aterrizaje y el conductor decidió detenerse unos minutos para mirar hacia atrás. No lo hizo desde la solemnidad de un balance ni con una enumeración de logros, sino recuperando una fotografía de sus primeros tiempos y dejando que el contraste entre aquel joven y el hombre que hoy ocupa una de las pantallas centrales del canal hablara por sí mismo.
“Hoy hace 33 años que entré a TELEFÉ. Un 5 de octubre de 1993 con tan solo 20 años”, escribió. La fecha parece tener ahora otra dimensión: aquel muchacho que comenzaba su recorrido profesional terminó atravesando desde allí buena parte de los grandes acontecimientos del país, mientras la televisión cambiaba de formatos, tecnologías, protagonistas y costumbres.
Hay una frase de Barili que acaso sintetiza mejor que cualquier cifra lo que significa semejante permanencia. “Una vida, sí. Una vida ha pasado. Uno no sabe cómo, pero ahí está el tiempo, siempre transcurriendo”, reflexionó. Y en esa percepción aparece una de las particularidades de su trayectoria: mientras el oficio se transformaba a su alrededor, él fue construyendo una continuidad poco frecuente en un medio acostumbrado a los cambios.
RODOLFO BARILI SE EMOCIONÓ POR SUS 33 AÑOS EN TELEFE
La celebración también tuvo un componente íntimo. Porque detrás de la vigencia profesional existe una satisfacción que el periodista no escondió: la de haber conseguido permanecer durante tantos años haciendo aquello que alguna vez imaginó cuando todavía era muy joven. “Es una vida haciendo lo que amo hacer y en el lugar en el que, desde muy pibe, soñaba con hacerlo”, expresó.
El reconocimiento, sin embargo, no estuvo dirigido únicamente al canal. Barili también miró hacia el otro lado de la pantalla, hacia esas personas que durante años incorporaron su presencia a la rutina cotidiana y que hicieron posible que aquella primera oportunidad se transformara en una historia de largo aliento.
“Gracias a todos los que me han permitido llegar hasta acá”, escribió antes de dedicarle unas palabras especialmente afectuosas a la audiencia: “Gracias a ustedes que cada noche me permiten entrar a sus casas. Gracias por ser parte de este sueño”.
Treinta y tres años después, aquella puerta que se abrió el 5 de octubre de 1993 ya no representa solamente el comienzo de una carrera. Es el lugar donde quedó registrada una parte sustancial de su vida. Barili tenía 20 años cuando llegó a Telefe; hoy puede mirar aquella fotografía y comprobar que el sueño que alguna vez parecía lejano no sólo se hizo realidad, sino que terminó acompañándolo durante más de tres décadas.
Rodolfo Barili
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Lizy Tagliani se quebró en MasterChef Celebrity al contar el sandwich que comía en su infancia: “Me daba vergüenza”

Lizy Tagliani se quebró en MasterChef Celebrity (Telefe) al recordar un episodio de su infancia que marcó su relación con la comida desde chica, en medio de la devolución del jurado por el sándwich que presentó en la gala. La confesión surgió después de que el plato, bautizado “Parigay” por la propia humorista, recibiera una de las mejores valoraciones de la noche por parte de Damián Betular, Germán Martitegui y Maru Botana.
La creación de Tagliani consistió en un sándwich de carne con mayonesa casera, vegetales, aceitunas y papas fritas, acompañado de un aderezo que ella misma definió como una novedad en su cocina. “Nunca había hecho una mayonesa y me encantó”, contó la participante al explicar el proceso detrás del plato, al que buscó dotar de una distribución pareja de ingredientes para que cada bocado contuviera todos los sabores. “Traté que todo el sándwich tenga todos los ingredientes para que, pensando en Germán, por ejemplo, cuando muerda estén todos los ingredientes”, explicó, en referencia a la exigencia habitual del chef.
Martitegui destacó la construcción del plato y remarcó que la distribución proporcional de los ingredientes resultaba una decisión acertada. “Tiene muchas capas de muchos sabores y eso es muy interesante en un sándwich”, señaló el jurado, mientras Maru Botana definió la preparación como “un club sándwich reversionado en carne” y resaltó la calidad de las papas fritas, un ingrediente que Lizy confesó haber cocinado por primera vez en su vida.
El tono de la devolución cambió cuando Wanda Nara le preguntó si el reconocimiento del jurado la había emocionado. Tagliani respondió que sí y entonces compartió el recuerdo que explicaba el peso emocional de ese momento. “Cuando era chiquita me daba vergüenza ir al colegio con el sándwich porque tenía de todo, por ahí fideos, lo que sobraba, y se usaba de jamón y queso”, relató la conductora, quien explicó que de niña ocultaba el contenido de sus sándwiches improvisados para que sus compañeros no vieran los ingredientes poco convencionales que llevaba.

La humorista contrastó ese recuerdo con la decisión que tomó al armar el plato para el certamen. “Ahora quería que se vea todo, porque en esa época lo tapaba porque me daba vergüenza”, explicó, en una reflexión que vinculó directamente su historia personal con la manera en que decidió presentar la comida frente al jurado. Wanda Nara acompañó el momento con una observación sobre el presente de la conductora: “Lo que es el destino, ¿no?”, y agregó una referencia a la vida familiar actual de Tagliani, madre de Tati desde que completó junto a su esposo, Sebastián Nebot, el proceso de adopción del niño.
La conductora no tuvo la mejor noche en el reality y recordó un díficil momento de su infancia (Video: MasterChef Celebrity-Telefe)
No fue la única vez que la comediante conectó un momento del certamen con una experiencia de su pasado. En una gala anterior de última chance, Tagliani había compartido con Wanda Nara una reflexión sobre su vida familiar que también generó un fuerte impacto emocional. En esa ocasión, la conductora había confesado: “Nunca soñé con una familia. Siempre me imaginaba como una travesti sola, ¿entendés? Algo común, que es lo que sucede habitualmente”. Y había agregado, sobre el rumbo que tomó su vida con el correr de los años: “Pero lo que el tiempo me ha dado fue hermoso”.
Esa misma noche, Tagliani había protagonizado otro momento de fuerte carga emotiva al presentar un pastel de atún y verdura que no convenció del todo al jurado. Consultada por Wanda Nara sobre qué cambiaría de la preparación, la comediante había respondido con lágrimas en los ojos: “Lo que más bronca me dio fue jugar con la comida mientras se me desarmaba. Que tenía que tirar comida”, una frase que remitía a experiencias de carencia vividas en el pasado. “Hay gente que no tiene para comer, o que yo no tuve”, había agregado en aquella oportunidad, palabras que Martitegui había calificado como “un buen sentimiento, muy lindo”.
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