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No es falta de ganas: la razón psicológica por la que postergás todo (y cómo salir de ese hábito)

Postergar tareas importantes es una de las conductas más comunes y frustrantes. Aparece incluso cuando sabemos que algo es urgente o necesario, y aun así lo dejamos para después. Pero la psicología es clara: no se trata de pereza ni falta de disciplina, sino de cómo funciona nuestra mente frente al malestar.
Diversos estudios muestran que la procrastinación está fuertemente ligada a las emociones. Las personas tienden a evitar tareas que les generan ansiedad, miedo al fracaso o incomodidad, y buscan en cambio recompensas inmediatas, como revisar el celular o distraerse con contenido digital.
En ese sentido, el problema no es la tarea en sí, sino lo que sentimos frente a ella. Si algo parece complejo, aburrido o genera inseguridad, el cerebro prioriza el alivio inmediato antes que el beneficio a largo plazo. Esto explica por qué muchas veces dejamos para después justamente lo más importante.
Además, hay otro factor clave: la tendencia a elegir gratificación instantánea. Está comprobado que las personas suelen priorizar lo que da placer ahora, aunque eso implique consecuencias negativas después, como estrés o acumulación de pendientes.
Con el tiempo, este hábito puede afectar el bienestar general. La procrastinación no solo genera culpa y ansiedad, sino que también impacta en el descanso, la productividad y la autoestima.
Cómo evitar la procrastinación, según la psicología
- Dividir las tareas grandes en pasos pequeños y concretos
- Empezar por solo 5 minutos para reducir la resistencia inicial
- Identificar qué emoción genera esa tarea (miedo, aburrimiento, inseguridad)
- Eliminar distracciones inmediatas, como el celular o redes sociales
- Recompensarse después de avanzar, aunque sea poco
- Priorizar el progreso antes que la perfección
Los especialistas coinciden en que el cambio no pasa por forzarse más, sino por entender el origen del comportamiento. Cuando se reconocen las emociones que están detrás, es más fácil tomar decisiones distintas y romper el ciclo.
Procrastinar no es un defecto, sino una señal. Es la forma en la que el cerebro intenta protegerse del malestar, aunque lo haga de manera poco efectiva. Entender esto es el primer paso para cambiar el hábito y empezar a avanzar, incluso cuando cuesta.
Procrastinación
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Aunque ya blanqueó un nuevo amor, Adabel Guerrero dice que volvió a sentirse atraída por su ex: «Se puso lindo, me cachondea»

Joaquín Sabina lo viene cantando desde hace tres décadas, fácil: «El agua apaga el fuego y al ardor, los años«. En criollo, sin la poesía del genial andaluz: el paso del tiempo es el principal enemigo del amor. Adabel Guerrero no solo lo sabe: también lo dice. ¿El problema? Martín Lamela no la escuchó a tiempo.
A principios del año pasado, la protagonista de Sex lamentó en una entrevista: «Ya no me tratan como a una princesa. Pero elijo la estabilidad, la familia, lo conocido. ¿Está bien o mal? Ni idea. Es lo que yo elijo hoy. Ya pasaron 16 años (de pareja con Lamela) y hay cosas que ya se pierden y te gustaría volver a tener. No sé si se vuelven a tener. La emoción del principio, por ejemplo».
Y pasó…
Pocas semanas atrás la bomba explotó: a pocos días de celebrar los ocho años de su hija, Adabel y Martín ya no estaban juntos. Circuló entonces la versión de un amante en el country, desmentida por la bailarina. También una mudanza en puerta. Hubo un posteo contundente de él. Y a los días, la confirmación de ella sobre un nuevo amor, aún incipiente.
El paso del tiempo fue desgastando la pareja hasta llegar a este abrupto final. Adabel ya lo había anticipado. Y por las dudas lo reiteró, en su visita a LAM. «Él (por su exesposo) estaba muy dejado, había engordado mucho. No tengo nada contra la gordura, pero sí hablaba de cierta dejadez, conociéndolo a él. Se había relajado demasiado. Es más, lo veía triste», describió la también actriz.
Ángel de Brito fue al hueso: «La gente separada se pone mejor», lanzó. «Bueno… —hizo una pausa Adabel—. ¡Es el día y la noche! Ven una foto del verano y ven una foto de ahora, y Martín es otra persona. «¿Te cachondeó?», abrió el juego el conductor. Guerrero tomó aire antes de responder.
«Mirá, celos no me da, porque quiero que él sea feliz. Sí me cachondea por lo lindo que se puso ahora…«, reconoció, provocando la risa de todo el estudio de América.
ADABEL GUERRERO Y LA POSIBILIDAD DE UNA RECONCILIACIÓN CON MARTÍN LAMELA
El razonamiento entonces es inevitable: con esta nueva versión de Martín, ¿es posible pensar en una reconciliación? Adabel dice que no. Porque tras piropear a su ex, enseguida aclaró: «¿Sabés qué pasa? No me guío solamente por la cáscara. Hay un lenguaje no verbal en él que ya deduzco que, por más lindo que esté, no me seduce«.
Tiempo al tiempo, justamente. Porque hay un antecedente a favor de este razonamiento: en enero de 2016, luego de seite años juntos —sí, la célebre comenzón—, Guerrero y Lamela se separaron. A los meses volvieron. Y luego fueron padres. ¿Y ahora? Si después de casi dos décadas todavía hay piel, quizás estemos ante un final abierto.
Martín, permitinos un consejo: esta vez escuchá lo que dice Adabel…
Adabel Guerrero; Martín Lamela
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Sofía Solá relató el accidente que sufrió en Barcelona: “Por primera vez sentí la soledad”

Hace poco menos de un mes, Sofía Solá se instaló en Barcelona para probar suerte en el terreno profesional. La hija de Maru Botana reparte el tiempo entre el trabajo en una agencia de modelos y el local que su madre tiene en la ciudad condal y desde allí mantiene informados a sus seguidores de sus actividades. Como el accidente que sufrió en las últimas horas, que no tuvo mayores secuelas en lo físico pero sí en lo sentimental.
“Seguí caminando y quería contarle a alguien lo que me había pasado. Y no podés. En el fondo, nadie sabe lo que le pasa al otro. Y a mí recién me habían atropellado, sola.” Con esa frase, Sofía resumió en TikTok lo que sintió horas después de que una moto la golpeara mientras andaba en bicicleta por las calles de Barcelona.
El accidente fue menor en lo físico. Usaba una de las bicicletas de alquiler de la ciudad cuando el impacto la sorprendió. La policía llegó rápido, las heridas visibles se redujeron a dos raspones y el único daño que persistió fue un gemelo tensionado por la descarga de adrenalina. Después fue ella sola a la farmacia: calmantes, cremas, todo lo que encontró.
Pero lo que la descolocó no fue el dolor sino la sensación que vino con él. “Creo que fue la primera vez en todo este viaje en la que realmente sentí un nivel de susto, soledad y de necesito a mi madre”, dijo. Quiso contarle a alguien lo que había pasado y no tuvo a quién llamar en ese momento. El resto del día lo cargó con lo que ella misma llamó “muy mal feeling”, que recién cedió entrada la noche.
Sofía Solá, hija de Maru Botana, expuso detalles sobre su residencia en Barcelona y sus actividades laborales
Hasta ese episodio, los meses en Barcelona habían transcurrido sin ese tipo de fisuras. Las bicicletas de alquiler eran parte de esa rutina nueva: una forma de moverse por el barrio, de conocer la ciudad a su ritmo y de sentirse, aunque sea en lo pequeño, parte de un lugar que todavía está aprendiendo a habitar.
También mostró el lado más mundano de vivir afuera. Combina las actividades con la agencia de modelos que la convocó, con turnos en el local que su madre tiene en la ciudad. No es la imagen glamorosa que algunos esperarían de alguien que se fue a probar suerte en el modelaje europeo: es una agenda partida entre castings y mostrador, entre fotos y trabajo de local. Esa combinación generó preguntas entre sus seguidores. Algunos cuestionaron que se presentara como modelo sin una carrera consolidada en el rubro. Sofía no esquivó esos comentarios: reconoció que está en un momento inicial y que construir algo en ese mundo lleva tiempo.
La decisión de mudarse no fue impulsiva ni repentina. El año anterior había estado a punto de irse, pero algo no cerraba. “Me di cuenta que me estaba yendo de Buenos Aires por un sentido de escapatoria… me quería ir buscando una nueva experiencia y nada peor que irte a un viaje en busca de nada”, explicó. Ese freno fue, paradójicamente, lo que terminó empujándola hacia adelante.
La joven influencer comenzó un nuevo camino en su vida en la ciudad española y compartió con sus seguidores sus primeras horas (Video: Tik Tok)
El proceso tuvo un sostén concreto: la terapia. Desde ese trabajo personal empezó a encontrar en las redes y en el modelaje algo que la apasionaba de verdad. “Cuando empecé a estar más en lo que es el trabajo de influencer y modelo, me di cuenta que era todo un trabajo que a mí me encanta y me fascina”, contó.
La oportunidad concreta llegó en enero, cuando una agencia de modelos de Barcelona la convocó a una reunión. Fue seleccionada y decidió mudarse por unos meses para probar suerte. Viajó con miedo y con entusiasmo a partes iguales, consciente de que no tenía garantías de nada. Y la realidad se lo demuestra día a día.
Lo que el accidente dejó al descubierto fue algo más cotidiano que la fragilidad: que elegir irse y sostener esa decisión con convicción no cancela los momentos en que la distancia pesa de una forma que no tiene con quién repartirse. “Estoy viva”, escribió casi para recordárselo a sí misma. Ese día, la única compañía disponible fue un bolso con calmantes y cremas. Y alcanzó.
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Qué significa que una persona necesite tener siempre la última palabra, según la psicología

Hay personas que no pueden dejar una discusión abierta. Aunque el tema sea mínimo, necesitan sumar una frase más, corregir un detalle, responder una ironía o cerrar el intercambio con una frase definitiva. Desde afuera, esa actitud suele verse como orgullo, terquedad o ganas de ganar. Sin embargo, en muchos casos, detrás de esa conducta hay algo más profundo que una simple manía, según la psicología.
La necesidad de tener siempre la última palabra puede estar vinculada con una fuerte búsqueda de control. Para algunas personas, que otro cierre la conversación se vive como una pérdida de poder, una señal de derrota o una sensación incómoda de quedar expuestas. Por eso, aunque el intercambio ya no aporte nada nuevo, necesitan intervenir una vez más para sentir que recuperan el mando de la situación.
También puede aparecer cuando alguien se siente cuestionado. Ante una crítica, una diferencia de opinión o una observación incómoda, ciertas personas reaccionan a la defensiva. No necesariamente porque tengan razón, sino porque interpretan el desacuerdo como un ataque personal. En ese punto, la última palabra funciona como una especie de escudo: sirve para proteger la imagen propia, evitar la vergüenza o no quedar en un lugar vulnerable.
Otra clave es la dificultad para tolerar la incertidumbre. Hay quienes necesitan que todo quede ordenado, explicado y cerrado según su propia mirada. Si la otra persona no acepta su punto de vista, sienten que la conversación quedó mal terminada. Entonces insisten, repiten argumentos o buscan una frase final que les dé alivio momentáneo.
El problema es que esa necesidad puede desgastar los vínculos. Cuando una charla se convierte en una competencia por ver quién cierra mejor, deja de haber escucha real. La otra persona puede sentirse invalidada, cansada o poco tenida en cuenta. Y lo que empezó como una diferencia común termina transformándose en una pelea de poder.
Tener la última palabra, entonces, no siempre significa tener seguridad. Muchas veces puede mostrar lo contrario: miedo a perder lugar, dificultad para aceptar otros puntos de vista o una necesidad intensa de sentirse reconocido.
Qué señales pueden aparecer en una persona que siempre necesita cerrar la discusión
- Interrumpe o responde rápido cuando siente que la contradicen.
- Le cuesta aceptar que otra persona piense distinto.
- Repite el mismo argumento aunque la conversación ya esté agotada.
- Confunde desacuerdo con ataque personal.
- Necesita corregir detalles menores para no “perder” la charla.
- Usa frases finales tajantes para marcar superioridad.
- Se incomoda cuando el otro decide no seguir discutiendo.
- Busca tener razón más que entender lo que pasa en el vínculo.
La última palabra puede parecer una muestra de carácter, pero muchas veces habla más de una incomodidad interna que de una verdadera fortaleza. Aprender a retirarse de una discusión sin cerrar todo a la fuerza también es una forma de seguridad emocional: no siempre hace falta ganar una conversación para conservar el propio lugar.
Psicología
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