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Cecilia Ce, la sexóloga que revolucionó las redes y arrasa con su unipersonal: “Arranqué sin saber nada de actuación”

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La sexóloga se encuentra presentando su unipersonal en Paseo La Plaza y se prepara para la gira por el país (Video: Prensa)

Desde su estreno en enero de 2026, Cecilia Ce, más conocida como la Lic. Ce, viene agotando funciones en el Paseo La Plaza con Encendé tu motor, su nuevo espectáculo, y la temporada sobre la emblemática calle Corrientes se extenderá hasta el 1 de mayo antes de dar inicio a una esperada gira nacional e internacional. El unipersonal, que llega tras el éxito arrollador de Beer & Sex Night —un show que durante cinco años llenó salas en Buenos Aires y llevó a la sexóloga de gira por Argentina, España, Uruguay y Chile—, propone un viaje lúcido, hilarante y profundamente caluroso por el mundo del sexo, el deseo y los vínculos.

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Con una combinación única de humor, datos científicos y sensibilidad clínica, la sexóloga transforma el escenario en un “taller mecánico emocional” con su nuevo unipersonal Enciende tu motor, invitando a cada espectador a descubrir cómo funciona su propio motor: qué lo enciende, qué lo frena y qué lo conduce al placer real. El espectáculo sortea las curvas del humor y la realidad con una pregunta central: ¿Cómo vivimos el deseo? En ese recorrido, desarma mitos, cuestiona mandatos y habilita una mirada más libre y amorosa sobre la sexualidad.

Luego de los dos shows que tiene en Paseo la Plaza la licenciada se tomará un breve descanso y luego saldrá de gira por el país y en sus redes sociales está disponible toda la información para asistir a los shows. En diálogo con Teleshow, la licenciada repasa el fenómeno de su nueva obra, las reacciones del público y el desafío de poner en escena temas que todavía generan incomodidad y debate.

—¿Por qué se te ocurrió empezar a hacer contenido en redes? Porque vos venís del lado de la academia, del consultorio. ¿Cómo fue ese paso?

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—Sí, pensá que hago contenido desde 2017, fui de las primeras. Empecé porque mi hermana mayor, que vivía en ese momento en San Pablo, me dijo: ‘Acá en Brasil hay muchos perfiles profesionales en Instagram’. Y pensé que podía ser una manera de hablar, y creo que también buscaba que me lleguen pacientes. Lo que pasó después fue que en el consultorio todos los pacientes me preguntaban lo mismo y era información que necesitaban entonces, pensé: ‘Esta información tiene que llegar a más gente y que no tengan que pagar una consulta’. Ahí empecé a subir el contenido que compartía en el consultorio para que le llegue a la gente. Y eso empezó a crecer, y bueno, acá estamos.

Cecilia apostó por un nuevo espectáculo y se prepara para salir de gira por el país (Prensa)

—Después de dar el paso de estar en las redes decidiste hacer teatro

—No fue nada planificado. Jamás dije: ‘Quiero escribir un libro, quiero ser influencer, quiero ser comunicadora, quiero hacer teatro’. El libro me llegó porque me escribieron de Planeta y Beer & Sex arrancó porque un chico en redes me propuso juntarnos a tomar una cerveza y hablar de sexo y lo tomé, la gente me dijo ‘si’, y armé un Beer & Sex para cuarenta personas en un bar, después vino la pandemia, los bares cerraban, y dije: ‘Bueno, teatro’. Arranqué teatro sin saber nada de actuación, nunca había pisado un escenario.

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—¿Y cómo fue ese primer escenario?

—Aprendí a hacerlo con la práctica. Siempre digo que la motivación tiene que ser más grande que el miedo, me motiva más lo que hago que el miedo que me da, porque me da miedo todo, pero lo hago igual. En 2019 hice una charla TED en Rosario para diez mil personas. Ahí me puse una coach, que sigo teniendo, y práctica. Hacerlo.

—Te desenvolves con mucha naturalidad en el escenario, el público te hace preguntas, reaccionás, devolvés, hacés chistes

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—Amo, pero es algo natural. No tengo formación, no soy standupera ni hago improvisación. Es como el atleta que compite y, en ese momento, la cabeza responde bajo estrés.

—¿Cómo nace la idea de cambiar el show y pasar a Enciendé tu motor?

—En realidad solo hubo un espectáculo anterior que estuvo cinco años en cartel. Era muy del contenido de mi primer libro. Llegó un momento en que me aburrí, sentí que tenía que comunicar otra cosa, evolucionar en el contenido. Así se cerró una etapa y este nuevo show está mucho más cerca de mi último libro. Quería algo más profundo, con distintos momentos, que no sea cien por ciento humor, aunque sigue siendo bastante, pero que me desarrolle más y tenga más recursos.

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Cecilia Ce, mujer pelirroja con vestimenta negra, sonríe mientras sostiene un modelo de peluche rosa de una vulva sobre un fondo amarillo
En el show la sexóloga habla, con datos, humor y una alegoría a la mecánica de los «aceleradores y frenos» en la sexualidad

—Es una ESI con humor. Tocás temas tabú que no todos se animan.

—Sí, me gusta. Una chica me dijo: ‘Educa, entretiene y hotea’. Me parece una buena definición: todo lo que quiero.

—¿Qué tanto depende el show del público?

—No sé qué porcentaje, pero le doy lugar al público. Hay un segmento pensado para la interacción. Eso lo tomé de los standuperos, especialmente de Lucho Mellera. Sirve para subirlo a redes, porque si subo contenido de guion me lo quemo. La parte interactiva es diferente siempre, y la uso para mostrarlo. Si tengo poco tiempo, abro menos preguntas. Eso lo voy midiendo.

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—¿Cómo fue el armado del guion?

—Lo escribí el año pasado. Siempre pienso en el mensaje central, acá era entender lo propio y lo diferente, la aceptación. Quería meter el modelo de frenos y aceleradores, que uso mucho en la clínica, y algo de estimulación porque es lo que la gente quiere. Escribo los borradores, y de cada charla tomó lo que funciona, lo que hace reír, y lo incorporo. Luego me siento y lo escribo. El proceso creativo es muy lindo, te vienen ideas todo el tiempo: en el auto, al dormir. Por ejemplo, la meditación de Messi se me ocurrió yendo a dormir. Tengo un equipo. Ensayo, ensayo, meme, meme, ¿qué ponemos acá? La pantalla ya es espontánea también. Hubo ensayo previo y después es arriba del escenario. A veces no sé qué viene, a veces sí, pero soy muy de lo espontáneo.

—¿Por qué no subís al público a contar sus problemas como hacían otros shows?

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—Nunca lo hice. Eso lo hacía (Alessandra) Rampolla con Jey Mamón. Fui a verla y me dio mucha incomodidad, porque la gente contaba sus problemas y lo usaban para hacer chistes. Yo no voy a hacer eso. Sí, a veces alguien cuenta espontáneamente, pero ahora solo subo a alguien para el segmento de “garganta profunda”, quien quiere. Siempre aclaro que nadie va a subir a contar sus problemas porque como espectadora me muero de vergüenza.

Retrato de una mujer con cabello largo rojizo, sonriendo a cámara, con su mano derecha cerca del rostro y un anillo en el dedo, sobre un fondo gris
Cecilia Ce, sexóloga y comunicadora, promociona su exitoso unipersonal «Enciende tu motor» que se presenta en el Paseo La Plaza, donde aborda temas de sexualidad de forma didáctica y divertida.

—¿Diferenciás la licenciada de redes de la de consultorio?

—No. Me pasa que la gente me consulta en cualquier lado. El fin de semana me fui a un spa y respondí tres consultas. Cómo psicóloga la gente te suele tirar algo, imaginate como sexóloga, donde voy, alquiló un departamento y la dueña me hace una pregunta, voy a un curso de cocina y la chica me dice nada, voy a pádel y me dicen algo.

—¿No te molesta?

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No, no tengo problema con eso

—El otro día estuviste en Infobae en Vivo y hablaste del sexo virtual y de la “falta” de sexo en las nuevas generaciones ¿Por qué creés que tienen menos sexo o eligen no tenerlo?

—Algunas eligen, porque hoy podemos elegir, creo que hay muchas variables, nos faltan datos, eso también está bueno decirlo, si alguien quiere financiar una investigación yo estoy disponible. Esto lo está diciendo todo el mundo, pero nadie tiene los datos, lo escuchamos, lo sabemos, pero no está la investigación. Pero pasan muchas cosas al mismo tiempo: postpandemia, problemas de salud mental, problemas económicos. Tenes las parejas de treinta, cuarenta que no tienen sexo porque no dan más, llegan a casa agotados. Después tenés a la gente sola que no tiene sexo porque no se vinculan, porque no llega a una cita porque están agotados, porque los vínculos son cada vez más difíciles, interactuar por una red. Hoy vas a un boliche y nadie te encara, pero después lo hace por Instagram, eso agota. Después están los chicos que demoran el ingreso sexual porque se vinculan menos, porque los adolescentes pasan más tiempo adentro de casa. Los chicos tienen problemas de salud mental que deberían ser tema de agenda: suicidios, trastornos de alimentación, ansiedad, pornografía. Tenes una cita, sale mal y estás en Twitter siendo viral, hay algo muy tremendo que es el miedo a la burla, bullying virtual. Son muchas variables.

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—¿Crees que hay menos tabú hoy a la hora de hablar de sexo?

—Sí, creo que sí. Hay menos tabú, hay más información. No podría haber hecho un espectáculo tanto tiempo si no hubiese cambiado el paradigma.

—¿Hay más espacio para que las mujeres hablen del placer, que antes era más tema masculino?

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—Sí, cambió mucho. Cambió también porque los medios de comunicación cambiaron, porque uno lo puede escuchar y creo que sacarse el tabú también es ver cómo otras personas lo comunican, creo que eso ayuda a decir: ‘Ah, mirá, lo dijo y lo puedo decir’. Veo que se está hablando, voy a un programa y los conductores me preguntan, me cuentan, abre un espacio de aprendizaje de cómo comunicar.

Cecilia Ce, una mujer con cabello rojizo, blazer negro, corbatín y camisa blanca, sonríe a la cámara con las manos bajo la barbilla frente a un fondo verde
El 1 de mayo es la última función en Paseo la Plaza y, tras un descanso, comenzará una gira por el país (Prensa)

—Te quedan dos fechas en Paseo La Plaza, ¿cómo te sentís con eso?

—Vamos a estar hasta el 1 de mayo, ya está casi todo vendido. Hicimos diecisiete funciones, tuvimos como diez mil espectadores en la primera temporada. Estamos recontentos, realmente lo pienso y me pongo a llorar porque no lo puedo creer. La gente sale contenta, recibo muy buen feedback. Decidimos cerrar la primera temporada con una gira: Córdoba, Montevideo, San José, Rosario, Chile, y fechas en San Isidro, Morón, Mendoza. Después volvemos la segunda mitad del año en cartel fijo.

—¿Cómo te preparás para la gira?

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—Me encanta. Siempre viajé. Con el show anterior recorrí todo el país, desde Esquel hasta Salta, de Corrientes a Comodoro, en tres meses, en auto. Es hermoso, la gente es súper agradecida, llegar a lugares chicos es genial.

—¿Tenes alguna anécdota en pueblos chicos que el tema que tocas en los show?

—Obvio. En Misiones me levantaron una función porque el auditorio era del obispado. Después me pasó que era un silencio total la sala, cómo que la gente se asustó, no volaba una mosca, pero la gente escucha, solo que no puede manifestarlo, así que hay que remarla, sí. Si no hay feedback, es complicado, pero hay que seguir.

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Sofía Solá relató el accidente que sufrió en Barcelona: “Por primera vez sentí la soledad”

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La hija de Maru Botana relató el hecho ocurrido en la ciudad española y manifestó su soledad (Video: TikTok

Hace poco menos de un mes, Sofía Solá se instaló en Barcelona para probar suerte en el terreno profesional. La hija de Maru Botana reparte el tiempo entre el trabajo en una agencia de modelos y el local que su madre tiene en la ciudad condal y desde allí mantiene informados a sus seguidores de sus actividades. Como el accidente que sufrió en las últimas horas, que no tuvo mayores secuelas en lo físico pero sí en lo sentimental.

“Seguí caminando y quería contarle a alguien lo que me había pasado. Y no podés. En el fondo, nadie sabe lo que le pasa al otro. Y a mí recién me habían atropellado, sola.” Con esa frase, Sofía resumió en TikTok lo que sintió horas después de que una moto la golpeara mientras andaba en bicicleta por las calles de Barcelona.

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El accidente fue menor en lo físico. Usaba una de las bicicletas de alquiler de la ciudad cuando el impacto la sorprendió. La policía llegó rápido, las heridas visibles se redujeron a dos raspones y el único daño que persistió fue un gemelo tensionado por la descarga de adrenalina. Después fue ella sola a la farmacia: calmantes, cremas, todo lo que encontró.

Pero lo que la descolocó no fue el dolor sino la sensación que vino con él. “Creo que fue la primera vez en todo este viaje en la que realmente sentí un nivel de susto, soledad y de necesito a mi madre”, dijo. Quiso contarle a alguien lo que había pasado y no tuvo a quién llamar en ese momento. El resto del día lo cargó con lo que ella misma llamó “muy mal feeling”, que recién cedió entrada la noche.

Sofía Solá, hija de Maru Botana, expuso detalles sobre su residencia en Barcelona y sus actividades laborales

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Hasta ese episodio, los meses en Barcelona habían transcurrido sin ese tipo de fisuras. Las bicicletas de alquiler eran parte de esa rutina nueva: una forma de moverse por el barrio, de conocer la ciudad a su ritmo y de sentirse, aunque sea en lo pequeño, parte de un lugar que todavía está aprendiendo a habitar.

También mostró el lado más mundano de vivir afuera. Combina las actividades con la agencia de modelos que la convocó, con turnos en el local que su madre tiene en la ciudad. No es la imagen glamorosa que algunos esperarían de alguien que se fue a probar suerte en el modelaje europeo: es una agenda partida entre castings y mostrador, entre fotos y trabajo de local. Esa combinación generó preguntas entre sus seguidores. Algunos cuestionaron que se presentara como modelo sin una carrera consolidada en el rubro. Sofía no esquivó esos comentarios: reconoció que está en un momento inicial y que construir algo en ese mundo lleva tiempo.

La decisión de mudarse no fue impulsiva ni repentina. El año anterior había estado a punto de irse, pero algo no cerraba. “Me di cuenta que me estaba yendo de Buenos Aires por un sentido de escapatoria… me quería ir buscando una nueva experiencia y nada peor que irte a un viaje en busca de nada”, explicó. Ese freno fue, paradójicamente, lo que terminó empujándola hacia adelante.

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La joven influencer comenzó un nuevo camino en su vida en la ciudad española y compartió con sus seguidores sus primeras horas (Video: Tik Tok)

El proceso tuvo un sostén concreto: la terapia. Desde ese trabajo personal empezó a encontrar en las redes y en el modelaje algo que la apasionaba de verdad. “Cuando empecé a estar más en lo que es el trabajo de influencer y modelo, me di cuenta que era todo un trabajo que a mí me encanta y me fascina”, contó.

La oportunidad concreta llegó en enero, cuando una agencia de modelos de Barcelona la convocó a una reunión. Fue seleccionada y decidió mudarse por unos meses para probar suerte. Viajó con miedo y con entusiasmo a partes iguales, consciente de que no tenía garantías de nada. Y la realidad se lo demuestra día a día.

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Lo que el accidente dejó al descubierto fue algo más cotidiano que la fragilidad: que elegir irse y sostener esa decisión con convicción no cancela los momentos en que la distancia pesa de una forma que no tiene con quién repartirse. “Estoy viva”, escribió casi para recordárselo a sí misma. Ese día, la única compañía disponible fue un bolso con calmantes y cremas. Y alcanzó.

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Qué significa que una persona necesite tener siempre la última palabra, según la psicología

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Hay personas que no pueden dejar una discusión abierta. Aunque el tema sea mínimo, necesitan sumar una frase más, corregir un detalle, responder una ironía o cerrar el intercambio con una frase definitiva. Desde afuera, esa actitud suele verse como orgullo, terquedad o ganas de ganar. Sin embargo, en muchos casos, detrás de esa conducta hay algo más profundo que una simple manía, según la psicología.

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La necesidad de tener siempre la última palabra puede estar vinculada con una fuerte búsqueda de control. Para algunas personas, que otro cierre la conversación se vive como una pérdida de poder, una señal de derrota o una sensación incómoda de quedar expuestas. Por eso, aunque el intercambio ya no aporte nada nuevo, necesitan intervenir una vez más para sentir que recuperan el mando de la situación.

También puede aparecer cuando alguien se siente cuestionado. Ante una crítica, una diferencia de opinión o una observación incómoda, ciertas personas reaccionan a la defensiva. No necesariamente porque tengan razón, sino porque interpretan el desacuerdo como un ataque personal. En ese punto, la última palabra funciona como una especie de escudo: sirve para proteger la imagen propia, evitar la vergüenza o no quedar en un lugar vulnerable.

Otra clave es la dificultad para tolerar la incertidumbre. Hay quienes necesitan que todo quede ordenado, explicado y cerrado según su propia mirada. Si la otra persona no acepta su punto de vista, sienten que la conversación quedó mal terminada. Entonces insisten, repiten argumentos o buscan una frase final que les dé alivio momentáneo.

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El problema es que esa necesidad puede desgastar los vínculos. Cuando una charla se convierte en una competencia por ver quién cierra mejor, deja de haber escucha real. La otra persona puede sentirse invalidada, cansada o poco tenida en cuenta. Y lo que empezó como una diferencia común termina transformándose en una pelea de poder.

Tener la última palabra, entonces, no siempre significa tener seguridad. Muchas veces puede mostrar lo contrario: miedo a perder lugar, dificultad para aceptar otros puntos de vista o una necesidad intensa de sentirse reconocido.

Qué señales pueden aparecer en una persona que siempre necesita cerrar la discusión

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  • Interrumpe o responde rápido cuando siente que la contradicen.
  • Le cuesta aceptar que otra persona piense distinto.
  • Repite el mismo argumento aunque la conversación ya esté agotada.
  • Confunde desacuerdo con ataque personal.
  • Necesita corregir detalles menores para no “perder” la charla.
  • Usa frases finales tajantes para marcar superioridad.
  • Se incomoda cuando el otro decide no seguir discutiendo.
  • Busca tener razón más que entender lo que pasa en el vínculo.

La última palabra puede parecer una muestra de carácter, pero muchas veces habla más de una incomodidad interna que de una verdadera fortaleza. Aprender a retirarse de una discusión sin cerrar todo a la fuerza también es una forma de seguridad emocional: no siempre hace falta ganar una conversación para conservar el propio lugar.

 

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Psicología

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El desafío de abrir un teatro en la Argentina: Almagna, la apuesta de Gastón Cocchiarale en tiempos adversos

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Gastón Cocchiarale (centro), flanqueado por Juan José Campanella (izquierda) y Eduardo Blanco (derecha), celebra la apertura de su nuevo espacio cultural, el Teatro Almagna

Hay proyectos que nacen como una necesidad artística. Y hay otros que parecen responder a algo más profundo: una forma de resistir, de dejar una huella, de construir un refugio para quienes todavía creen que el teatro puede cambiar una vida. En medio de un tiempo áspero para la cultura argentina, el actor, director y maestro de actores Gastón Cocchiarale decidió dar un paso que combina riesgo, pasión y convicción: abrir las puertas de Almagna, una nueva sala teatral en el corazón de Almagro, uno de los barrios donde el teatro independiente todavía late como un corazón obstinado.

Ubicada sobre Guardia Vieja 3783, entre Bulnes y Mario Bravo, aparece como una declaración de principios en una Buenos Aires donde cada persiana que se levanta para hacer arte parece desafiar la lógica de la época. La sala, con capacidad para cien espectadores, no es únicamente un teatro: es también un espacio cultural con salas de ensayo, un punto de encuentro para artistas y la nueva casa de “Creer es Crear”, la escuela de formación actoral fundada por Cocchiarale, que hoy reúne a más de 250 alumnos.

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La inauguración tuvo un gesto cargado de simbolismo y emoción: Guillermo Francella participó del evento y le dio nombre a la sala principal. No fue un homenaje casual. Para Cocchiarale, Francella representa mucho más que un colega admirado. “Fue quien me generó el deseo de ser actor”, confesó en una charla íntima con Teleshow, con una mezcla de gratitud y emoción que atraviesa toda su historia.

“Emprender ya es difícil. Emprender en este país es todavía más difícil. Y emprender en el arte en este país es triplemente costoso”, resumió al recordar los trece meses de obra ininterrumpida que demandó levantar Almagna junto a su socio, Jorge García. Pero detrás del cansancio aparece algo que en su relato se repite como una pulsión constante: la pasión. “Cuando uno tiene vocación y está enamorado de lo que hace, ningún obstáculo termina de derrotarlo”, sostuvo.

Dos hombres, Guillermo Francella con abrigo gris y bufanda negra junto a Gastón Cocchiarale con traje negro, sonríen frente a una puerta oscura
Gastón Cocchiarale posa junto a Guillermo Francella en la inauguración de Almagna, el nuevo espacio teatral de Argentina que desafía la situación cultural.

Las palabras no suenan vacías. Durante más de un año, el actor convivió con albañiles, planos, ensayos, clases, producción y funciones mientras seguía sosteniendo su carrera actoral. “Tuvimos una línea muy clara de lo que queríamos y cómo lo queríamos”, explicó sobre el proceso que comenzó hacia fines de 2024 y terminó convirtiéndose en un nuevo polo teatral dentro del circuito independiente porteño.

“Tuvimos la fortuna de que entre los dos hicimos un gran equipo y en base a eso pudimos tener trece meses de obra en construcción desde fines del 2024, que empezamos el proyecto, hasta marzo de este año, que inauguramos de alguna manera, primero con clases de mi escuela y de a poquito se fueron incorporando las obras, las funciones que ahora, si Dios quiere, durante todo el mes de mayo y junio terminaremos de tener toda la programación ya instalada y en cartel para que la gente pueda venir a disfrutarla”, destacó

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Pero detrás del entusiasmo también aparece la preocupación por el presente cultural argentino. Cocchiarale no esquivó el tema. “Es un momento muy frágil de la cultura en la Argentina”, dijo. Y fue más allá: “Tenemos un Gobierno que ataca de manera agresiva a la cultura, al teatro, al cine y a todo lo que tiene que ver con nuestro ecosistema cultural”. Lejos de quedarse únicamente en la crítica, imaginó otro escenario posible: “Creo que el Estado, el sector privado y los sindicatos podrían trabajar en equipo para reconstruir una industria audiovisual grande como la que tuvimos durante tantos años”.

Sin embargo, incluso en ese contexto, eligió apostar. Y esa decisión tiene raíces profundas en su propia identidad artística. Desde muy joven, mientras trabajaba en producciones masivas y populares, nunca abandonó el circuito independiente. “Nunca me gustó depender del mercado ni de la industria”, aseguró. “Desde los veinte años acompañé mi recorrido comercial con mis propias obras, escribiendo, dirigiendo y produciendo”.

Interior de un teatro pequeño con butacas vacías de color vino tinto, escaleras centrales y un escenario oscuro con telones negros y luces superiores
Vista interior del teatro Almagna, la nueva propuesta cultural de Gastón Cocchiarale, listo para recibir a su público

Almagna aparece entonces como una especie de culminación natural de ese recorrido. Un lugar donde puede desarrollar proyectos sin pedir permiso. “Tener una sala propia no me limita a la hora de pensar qué quiero hacer”, explicó. Y en esa frase parece condensarse gran parte de su filosofía artística.

Cuando habla del futuro de la sala, evita pensar en términos elitistas. Su deseo es construir un espacio donde convivan prestigio y popularidad. “A mí me interesa muchísimo combinar lo prestigioso con lo popular”, afirmó. Y mencionó como referencias a salas emblemáticas del circuito como Timbre 4, El Camarín de las Musas y Dumont 4040.

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En su mirada, el teatro independiente todavía arrastra una deuda pendiente: salir de la lógica endogámica. “Muchas veces los teatristas hacemos teatro para los teatristas”, reflexionó. Y enseguida marcó su deseo de romper con eso: “Me gustaría construir un teatro independiente más masivo, que logre llegar al gran público”.

La idea de Almagna parece apoyarse justamente sobre esa búsqueda. Que pueda convivir una figura reconocida con alumnos de la escuela. Que un espectador habituado al teatro experimental comparta butaca con alguien que simplemente busca salir una noche a ver una buena obra en el barrio. “Quiero que la gente sepa que puede gustarle más o menos lo que vea, pero que siempre se va a encontrar con estándares de excelencia”, explicó.

Tres hombres sonríen y posan juntos en un escenario oscuro con focos de luz; uno de ellos sostiene un cartel que dice "SALA Guillermo Francella"
Gastón Cocchiarale celebra la apertura de Almagna, su nuevo teatro, posando con Guillermo Francella y Jorge García, su socio.

Detrás de esa estructura hay un entramado humano enorme. Cocchiarale habla de sus equipos con la misma pasión con la que habla del escenario. Nombra a Juli de Moura como su “mano derecha” en la escuela, a Thea Contreras como pieza fundamental en la producción de ALMAGNA, a Natalia Proto y Jorge García en la administración cotidiana, a Maru Blanco —su pareja— al frente de los proyectos audiovisuales y a otros colaboradores que sostienen el funcionamiento diario de cada área.

“Soy un actor que se puso un teatro”, sintetizó en una definición que parece explicarlo todo. Porque aunque hoy dirija, produzca, enseñe y gestione, sigue pensando su vida desde el lugar más íntimo: el del intérprete. “La raíz de todo esto es mi parte actoral. Y eso no pienso perderlo bajo ninguna circunstancia”.

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Mientras inaugura la sala, además, continúa girando por el país con “Empieza con D… siete letras”, la obra de Juan José Campanella que comparte junto a Eduardo Blanco, Vicky Almeida y Maru Zapata. Rosario, Mar del Plata, Mendoza, La Plata, Quilmes y Ramos Mejía son algunas de las ciudades que recorrerá en las próximas semanas.

Pero si hay un nombre que atraviesa emocionalmente toda la historia de Cocchiarale es el de Guillermo Francella. La admiración comenzó cuando era apenas un chico que veía una y otra vez películas como Extermineitors o Los bañeros más locos del mundo. Más tarde llegó la posibilidad de compartir set en El Clan, donde interpretó a uno de los hijos del clan Puccio.

Guillermo Francella sonriente y saludando con la mano levantada, sostiene un cartel que dice 'SALA Guillermo Francella' junto a Gastón Cocchiarale en un escenario oscuro
Guillermo Francella saluda al público junto a Gastón Cocchiarale en la inauguración de la Sala que lleva su nombre en el teatro Almagna, un nuevo espacio cultural en Argentina.

“Yo tenía 21 años y estaba trabajando con alguien que había sido mi gran inspiración”, recordó. De aquel rodaje nació una relación cercana que con el tiempo se transformó en mentoría. “Cuando no quedaba en un casting, él siempre tenía palabras de aliento. Y cuando me iba bien también”, contó emocionado.

Años después, el propio Francella lo recomendó para integrar el elenco de El Encargado. “Que Guillermo haya pedido por mí fue un voto de confianza enorme para mi carrera”, reconoció. Por eso, cuando llegó el momento de bautizar la sala principal de Almagna, no hubo dudas. “Fue alguien absolutamente transversal a mi carrera y a mi vida”.

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Quizás el momento más íntimo de toda la conversación apareció al final, cuando pensó en aquel chico de Ramos Mejía que soñaba con actuar. “Imaginaba poder vivir de actor. Pero jamás todo esto”, confesó. A los 34 años, Cocchiarale no solo logró consolidarse en televisión, cine y teatro: también construyó una escuela, dirigió decenas de proyectos y abrió su propia sala teatral.

Eduardo Blanco, hombre de cabello y barba gris, ríe mientras abraza por el cuello a Gastón Cocchiarale, de espalda con barba oscura
Eduardo Blanco abraza a Gastón Cocchiarale con una carcajada, celebrando la inauguración del Teatro Almagna

«Creo que ese niño que deseaba ser actor no se imaginaba ni por casualidad a esta edad haber cumplido tantos sueños y tantos deseos. Y me tiene muy feliz eso, obviamente, porque sé que es una carrera muy difícil, que es para pocos, que poder vivir de lo que uno ama es un privilegio enorme. Entonces disfruto permanentemente todo lo que me va pasando, el paso a paso de mi recorrido, de mi carrera, y estar hoy donde estoy la verdad que me llena de una enorme felicidad», explicó al mirar hacia su propio pasado.

Entonces hizo una pausa y dejó una frase que parece resumir toda su historia: “Creo que ese niño que alguna vez fui debe estar orgulloso de todo lo que fue logrando el Gastón adulto de que nunca abandoné su sueño, que contra viento y marea siempre traté de respetármelo».



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