CHIMENTOS
No sos vos: la ciencia explica por qué posponés la alarma una y otra vez y no podés levantarte

Para muchas personas, el momento en que suena la alarma es el más difícil del día. Aunque hayan dormido varias horas, levantarse se siente como una lucha interna: el cuerpo pide seguir en la cama y la mente tarda en reaccionar. Pero la ciencia tiene una respuesta clara para esto.
El principal responsable es un fenómeno conocido como inercia del sueño. Se trata de un estado de transición entre el sueño y la vigilia en el que el cerebro todavía no está completamente activo. Durante ese período, es normal sentirse desorientado, lento y con una fuerte necesidad de seguir durmiendo.
Este estado puede durar entre 30 y 60 minutos, e incluso más en algunos casos. En ese tiempo, funciones como la memoria, la atención y la toma de decisiones funcionan de manera más limitada, lo que explica por qué tareas simples parecen mucho más difíciles apenas uno se despierta.
A esto se suma otro factor clave: el momento en el que suena la alarma. El sueño no es uniforme, sino que está compuesto por distintas fases. Si el despertador interrumpe una etapa profunda, como el sueño de ondas lentas, la sensación de cansancio será mucho más intensa.
Además, el cuerpo funciona con un reloj biológico interno, conocido como ritmo circadiano. Este sistema regula cuándo sentimos sueño y cuándo estamos más alertas. Si la alarma suena en un horario que no coincide con ese ritmo, despertarse se vuelve aún más difícil.
Incluso el hábito de usar el botón snooze puede empeorar la situación. Estudios recientes muestran que más de la mitad de las personas lo usan regularmente, lo que fragmenta el descanso y prolonga la sensación de somnolencia.
Qué cosas hacen más difícil levantarte a la mañana
- Dormir menos horas de las que el cuerpo necesita
- Acostarse en horarios irregulares
- Despertarse en medio de una fase profunda del sueño
- Usar repetidamente el botón snooze
- Tener un ritmo circadiano desordenado
- Exponerse poco a la luz natural al despertar
Los especialistas coinciden en que no se trata de poner más voluntad, sino de entender cómo funciona el cuerpo. Pequeños cambios, como mantener horarios regulares, evitar pantallas antes de dormir o exponerse a la luz natural al despertar, pueden ayudar a reducir esa sensación de pesadez.
Levantarse con la alarma no es solo una cuestión de actitud. Es un proceso biológico complejo en el que el cuerpo y el cerebro necesitan tiempo para activarse. Entenderlo no solo ayuda a dejar de culparse, sino también a encontrar formas más efectivas de empezar el día con más energía.
Alarma
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Aunque ya blanqueó un nuevo amor, Adabel Guerrero dice que volvió a sentirse atraída por su ex: «Se puso lindo, me cachondea»

Joaquín Sabina lo viene cantando desde hace tres décadas, fácil: «El agua apaga el fuego y al ardor, los años«. En criollo, sin la poesía del genial andaluz: el paso del tiempo es el principal enemigo del amor. Adabel Guerrero no solo lo sabe: también lo dice. ¿El problema? Martín Lamela no la escuchó a tiempo.
A principios del año pasado, la protagonista de Sex lamentó en una entrevista: «Ya no me tratan como a una princesa. Pero elijo la estabilidad, la familia, lo conocido. ¿Está bien o mal? Ni idea. Es lo que yo elijo hoy. Ya pasaron 16 años (de pareja con Lamela) y hay cosas que ya se pierden y te gustaría volver a tener. No sé si se vuelven a tener. La emoción del principio, por ejemplo».
Y pasó…
Pocas semanas atrás la bomba explotó: a pocos días de celebrar los ocho años de su hija, Adabel y Martín ya no estaban juntos. Circuló entonces la versión de un amante en el country, desmentida por la bailarina. También una mudanza en puerta. Hubo un posteo contundente de él. Y a los días, la confirmación de ella sobre un nuevo amor, aún incipiente.
El paso del tiempo fue desgastando la pareja hasta llegar a este abrupto final. Adabel ya lo había anticipado. Y por las dudas lo reiteró, en su visita a LAM. «Él (por su exesposo) estaba muy dejado, había engordado mucho. No tengo nada contra la gordura, pero sí hablaba de cierta dejadez, conociéndolo a él. Se había relajado demasiado. Es más, lo veía triste», describió la también actriz.
Ángel de Brito fue al hueso: «La gente separada se pone mejor», lanzó. «Bueno… —hizo una pausa Adabel—. ¡Es el día y la noche! Ven una foto del verano y ven una foto de ahora, y Martín es otra persona. «¿Te cachondeó?», abrió el juego el conductor. Guerrero tomó aire antes de responder.
«Mirá, celos no me da, porque quiero que él sea feliz. Sí me cachondea por lo lindo que se puso ahora…«, reconoció, provocando la risa de todo el estudio de América.
ADABEL GUERRERO Y LA POSIBILIDAD DE UNA RECONCILIACIÓN CON MARTÍN LAMELA
El razonamiento entonces es inevitable: con esta nueva versión de Martín, ¿es posible pensar en una reconciliación? Adabel dice que no. Porque tras piropear a su ex, enseguida aclaró: «¿Sabés qué pasa? No me guío solamente por la cáscara. Hay un lenguaje no verbal en él que ya deduzco que, por más lindo que esté, no me seduce«.
Tiempo al tiempo, justamente. Porque hay un antecedente a favor de este razonamiento: en enero de 2016, luego de seite años juntos —sí, la célebre comenzón—, Guerrero y Lamela se separaron. A los meses volvieron. Y luego fueron padres. ¿Y ahora? Si después de casi dos décadas todavía hay piel, quizás estemos ante un final abierto.
Martín, permitinos un consejo: esta vez escuchá lo que dice Adabel…
Adabel Guerrero; Martín Lamela
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Sofía Solá relató el accidente que sufrió en Barcelona: “Por primera vez sentí la soledad”

Hace poco menos de un mes, Sofía Solá se instaló en Barcelona para probar suerte en el terreno profesional. La hija de Maru Botana reparte el tiempo entre el trabajo en una agencia de modelos y el local que su madre tiene en la ciudad condal y desde allí mantiene informados a sus seguidores de sus actividades. Como el accidente que sufrió en las últimas horas, que no tuvo mayores secuelas en lo físico pero sí en lo sentimental.
“Seguí caminando y quería contarle a alguien lo que me había pasado. Y no podés. En el fondo, nadie sabe lo que le pasa al otro. Y a mí recién me habían atropellado, sola.” Con esa frase, Sofía resumió en TikTok lo que sintió horas después de que una moto la golpeara mientras andaba en bicicleta por las calles de Barcelona.
El accidente fue menor en lo físico. Usaba una de las bicicletas de alquiler de la ciudad cuando el impacto la sorprendió. La policía llegó rápido, las heridas visibles se redujeron a dos raspones y el único daño que persistió fue un gemelo tensionado por la descarga de adrenalina. Después fue ella sola a la farmacia: calmantes, cremas, todo lo que encontró.
Pero lo que la descolocó no fue el dolor sino la sensación que vino con él. “Creo que fue la primera vez en todo este viaje en la que realmente sentí un nivel de susto, soledad y de necesito a mi madre”, dijo. Quiso contarle a alguien lo que había pasado y no tuvo a quién llamar en ese momento. El resto del día lo cargó con lo que ella misma llamó “muy mal feeling”, que recién cedió entrada la noche.
Sofía Solá, hija de Maru Botana, expuso detalles sobre su residencia en Barcelona y sus actividades laborales
Hasta ese episodio, los meses en Barcelona habían transcurrido sin ese tipo de fisuras. Las bicicletas de alquiler eran parte de esa rutina nueva: una forma de moverse por el barrio, de conocer la ciudad a su ritmo y de sentirse, aunque sea en lo pequeño, parte de un lugar que todavía está aprendiendo a habitar.
También mostró el lado más mundano de vivir afuera. Combina las actividades con la agencia de modelos que la convocó, con turnos en el local que su madre tiene en la ciudad. No es la imagen glamorosa que algunos esperarían de alguien que se fue a probar suerte en el modelaje europeo: es una agenda partida entre castings y mostrador, entre fotos y trabajo de local. Esa combinación generó preguntas entre sus seguidores. Algunos cuestionaron que se presentara como modelo sin una carrera consolidada en el rubro. Sofía no esquivó esos comentarios: reconoció que está en un momento inicial y que construir algo en ese mundo lleva tiempo.
La decisión de mudarse no fue impulsiva ni repentina. El año anterior había estado a punto de irse, pero algo no cerraba. “Me di cuenta que me estaba yendo de Buenos Aires por un sentido de escapatoria… me quería ir buscando una nueva experiencia y nada peor que irte a un viaje en busca de nada”, explicó. Ese freno fue, paradójicamente, lo que terminó empujándola hacia adelante.
La joven influencer comenzó un nuevo camino en su vida en la ciudad española y compartió con sus seguidores sus primeras horas (Video: Tik Tok)
El proceso tuvo un sostén concreto: la terapia. Desde ese trabajo personal empezó a encontrar en las redes y en el modelaje algo que la apasionaba de verdad. “Cuando empecé a estar más en lo que es el trabajo de influencer y modelo, me di cuenta que era todo un trabajo que a mí me encanta y me fascina”, contó.
La oportunidad concreta llegó en enero, cuando una agencia de modelos de Barcelona la convocó a una reunión. Fue seleccionada y decidió mudarse por unos meses para probar suerte. Viajó con miedo y con entusiasmo a partes iguales, consciente de que no tenía garantías de nada. Y la realidad se lo demuestra día a día.
Lo que el accidente dejó al descubierto fue algo más cotidiano que la fragilidad: que elegir irse y sostener esa decisión con convicción no cancela los momentos en que la distancia pesa de una forma que no tiene con quién repartirse. “Estoy viva”, escribió casi para recordárselo a sí misma. Ese día, la única compañía disponible fue un bolso con calmantes y cremas. Y alcanzó.
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Qué significa que una persona necesite tener siempre la última palabra, según la psicología

Hay personas que no pueden dejar una discusión abierta. Aunque el tema sea mínimo, necesitan sumar una frase más, corregir un detalle, responder una ironía o cerrar el intercambio con una frase definitiva. Desde afuera, esa actitud suele verse como orgullo, terquedad o ganas de ganar. Sin embargo, en muchos casos, detrás de esa conducta hay algo más profundo que una simple manía, según la psicología.
La necesidad de tener siempre la última palabra puede estar vinculada con una fuerte búsqueda de control. Para algunas personas, que otro cierre la conversación se vive como una pérdida de poder, una señal de derrota o una sensación incómoda de quedar expuestas. Por eso, aunque el intercambio ya no aporte nada nuevo, necesitan intervenir una vez más para sentir que recuperan el mando de la situación.
También puede aparecer cuando alguien se siente cuestionado. Ante una crítica, una diferencia de opinión o una observación incómoda, ciertas personas reaccionan a la defensiva. No necesariamente porque tengan razón, sino porque interpretan el desacuerdo como un ataque personal. En ese punto, la última palabra funciona como una especie de escudo: sirve para proteger la imagen propia, evitar la vergüenza o no quedar en un lugar vulnerable.
Otra clave es la dificultad para tolerar la incertidumbre. Hay quienes necesitan que todo quede ordenado, explicado y cerrado según su propia mirada. Si la otra persona no acepta su punto de vista, sienten que la conversación quedó mal terminada. Entonces insisten, repiten argumentos o buscan una frase final que les dé alivio momentáneo.
El problema es que esa necesidad puede desgastar los vínculos. Cuando una charla se convierte en una competencia por ver quién cierra mejor, deja de haber escucha real. La otra persona puede sentirse invalidada, cansada o poco tenida en cuenta. Y lo que empezó como una diferencia común termina transformándose en una pelea de poder.
Tener la última palabra, entonces, no siempre significa tener seguridad. Muchas veces puede mostrar lo contrario: miedo a perder lugar, dificultad para aceptar otros puntos de vista o una necesidad intensa de sentirse reconocido.
Qué señales pueden aparecer en una persona que siempre necesita cerrar la discusión
- Interrumpe o responde rápido cuando siente que la contradicen.
- Le cuesta aceptar que otra persona piense distinto.
- Repite el mismo argumento aunque la conversación ya esté agotada.
- Confunde desacuerdo con ataque personal.
- Necesita corregir detalles menores para no “perder” la charla.
- Usa frases finales tajantes para marcar superioridad.
- Se incomoda cuando el otro decide no seguir discutiendo.
- Busca tener razón más que entender lo que pasa en el vínculo.
La última palabra puede parecer una muestra de carácter, pero muchas veces habla más de una incomodidad interna que de una verdadera fortaleza. Aprender a retirarse de una discusión sin cerrar todo a la fuerza también es una forma de seguridad emocional: no siempre hace falta ganar una conversación para conservar el propio lugar.
Psicología
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