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Jackita: “Me cerraron puertas por mi personalidad, me trataban de conflictiva”

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Nunca me faltes – Jackita

Jackita -nacida como Jacqueline Acosta Lera el 5 de marzo de 1988 en Ciudad de Buenos Aires-, transita la última etapa de su primer embarazo junto a su pareja, José Alegre. Esperan un hijo al que llamarán Isaac.

La cantante lleva editada más de una decena de discos, con tres trabajos nominados a los Premios Gardel (2013, 2015, 2019) en la categoría de Música Tropical, y en 2019 fue seleccionada por Spotify como referente de la cumbia latinoamericana.

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Sus inicios se remontan a 2003 con “La Loza”, la banda que formó junto a su hermano Marito en el barrio San Cristóbal. Durante esa época, gestionó de manera autodidacta sus primeras presentaciones, logrando hasta 10 shows seguidos en corsos de Capital Federal tras contactar personalmente a los organizadores.

Entre 2008 y 2009 adoptó el seudónimo “Jackita La Zorra”, inspirado por su rol de justiciera y por las letras de sus canciones feministas dentro de un género predominantemente masculino, desde 2010, utiliza solo “Jackita”.

«Los productores me decían: ‘Esa onda no va. ¿Por qué no te pones unas botas, una mini’, ¿viste? Y yo no quería saber nada con ser sexy. Quería mostrar que una también lo podía lograr sin tener que estar mostrando de más. Y lo logré», le contó Jackita a Manu Jove

Su carrera enfrentó un episodio crítico en 2016, cuando sufrió un accidente durante una gira en Salta y Jujuy que requirió una intervención de urgencia: un desprendimiento maxilofacial le provocó 40 puntos de sutura en el rostro, a causa de no llevar el cinturón de seguridad.

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Quizás una faceta desconocida de Jacki, es su trayectoria en el taekwondo con campeonatos sudamericanos, títulos en Poomsae y su reconocimiento como Miss Taekwondo Sudamericana 2004, la única argentina que ha recibido esta distinción. Además de ser instructora certificada y cinturón negro en este arte marcial, la artista también tiene un rol solidario como predicadora en el Ministerio Maná de Vida, brindando asistencia a personas en situación de calle.

Acá, los momentos más destacados de la entrevista:

—Hola, Jackita, bienvenida. Primera invitada femenina a “Nunca me faltes”.

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—Qué bueno, agradecida por eso.

—¿Cómo estás? ¿En qué momento te encontramos hoy?

—Totalmente embarazada (risas). Somos dos hoy, estoy con Isaac acá, de ocho meses y algo; es mi primer hijo. Y proyectando muchas cosas. Por más que esté embarazada, no es que me tiro a descansar, mi cabeza sigue trabajando.

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—De hecho estuviste en escenario hasta hace no mucho…

—Sí, hasta hace dos semanas que anduvimos en Uruguay y ahí dije “Ya está”. Porque la verdad que estaba bien físicamente, pero cuando entré en los ocho meses me cansé; como que ya no puedo caminar igual. Pero bien, la verdad que me dejó trabajar mi hijo.

—O sea, cumbiero ya desde la panza.

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—Sí, ya tiene sus llantitas, las zapatillitas con resorte, va a nacer con eso (risas).

—¿Esa convivencia del escenario y el embarazo la llevaste bien?

—Súper bién porque al ser ahora mi propia productora, hoy por hoy tengo toda la carga encima del grupo, pero puedo organizarme bien con los shows y los lugares puntuales donde ir. La verdad, por mí no cortaba, pero bueno, hay que descansar.

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—Y te agarra también ya con mucho más recorrido en tu carrera. ¿Qué te pasa cuando pensás en esos inicios tuyos?

—Ayer, justamente, estuve mirando las fotos en mi primer Facebook y yo le decía a mi esposo, le digo: “Guau, mirá la cantidad de años que yo estoy haciendo esto”, ya estamos cumpliendo diecisiete años.

—¿Diecisiete ya?

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—Sí, y este es el momento para que yo sea madre, sinceramente. “Jackita” fue mi primer hijo en realidad, y como que cuidé mucho de mi carrera y le dediqué mucho tiempo, le dediqué mi vida y hoy estoy en una etapa donde tengo todo bajo control: me siento muy realizada, muy valorada. En otras épocas por ahí pensaba que si tenía un hijo iba a tener que parar un montón de tiempo y no era el momento. Este es el momento, así que lo disfruto mucho. Y si cuento mi primer grupo del barrio ya son más de veinte seguro.

—Y hace veinte años no era la misma escena que hoy en en un montón de aspectos, ¿no?

—Sí.

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—¿Y cómo es ser mujer en el ambiente y la movida de la cumbia?

—Yo creo que los logros son triples, y más en esa época. Cada logro mío valía por tres, porque realmente era una escena que no… (piensa). Hoy, gracias a Dios, ya hay muchas artistas femeninas. Pero en aquella época, en la movida tropical había una o dos cantantes. Cuando entro yo estaba Dalila, Ángela, Karina, vigentes te hablo. Y yo venía con una propuesta diferente encima: hacer cumbia base.

—No ibas por el lado romántico…

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—Claro, yo era barrio y quería cantar a favor de las mujeres. Y otro mensaje también: “Pará, no nos insultemos, vamos a levantarnos nosotras”. Yo hice una cumbia base tipo mezclado con plena uruguaya, una cosa rara. Y claro, también se lleva para el lado de la cumbia villera. Y me decían: “No, ¿qué querés con este material?” Pero vos no sabés la cantidad de lugares que yo llevaba mis CD y me decían: “No, mi amor, cantá romántico, cantás lindo, te armo la banda, te vas a Santa Fe y grabás allá. El sábado salís en el canal…” ¡Representantes grosos te hablo, ¡eh! Y yo decía: “No, está bien, si no tenés otra propuesta yo sé que se va a dar”. Dura, yo, ¿viste?, firme en mis convicciones. Y se dio en el 2009, pero tuve que esperar.

—Y todo ese momento de esperar, ¿te hizo sentir subestimada o no valorada? Una mujer en un mundo de hombres…

—Sí, todo eso, en ese orden (risas). Pero yo creía tanto en lo que hacía porque lo disfrutaba; era la música que yo escuchaba en ese entonces, yo soy fan de Leo Mattioli de toda la vida. Yo me sentía recómoda en ese estilo de cumbia. Y más con mi forma de vestir, parecía una manifestación. También me decían: “Pero vos, vestida así con lo deportivo”. Ponele, yo usaba los jeans sueltitos, los babuchas, las chombitas, la gorrita, la mochilita. Los productores me decían: “Mirá, esa onda no va. ¿Por qué no te pones unas botas, una pollera”, ¿viste? Y yo no quería saber nada con ser sexy, digamos. Quería mostrar que una también lo podía lograr sin tener que estar mostrando de más. Con eso tuve muchas guerras, muchos frentes que enfrentar realmente. Y bueno, lo logré. Pero antes me cerraron puertas por mi personalidad, me trataban de conflictiva.

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—¿Cómo fue ese momento? Porque vos estás convencida en lo que ofrecés como artista y te dicen: “Che, mostrame un poco más de piel, un poco más de…” (risas)

—Me daba mucha bronca. Una vez, me acuerdo, fui a una oficina y me miran, me hicieron dar una vueltita… a ver qué ofrecía…

—Antes de escucharte cantar querían verte.

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—Claro, querían ver si tenía cola, ¡Ay, Dios, pasé por muchas cosas de esas! Yo lo que tenía era fe. Si hay algo que yo tengo es fe. O sea, vos me podés decir no y yo sé que si lo tengo, yo lo veo, lo visualizo porque se va a dar. Eso me hacía no bajar los brazos ni venderme, porque era fácil venderme y salir más rápido.

—Sí, uno tiene la sensación de que tenés carácter fuerte…

—Sí, me enojé y les paré el carro por ese carácter que yo tengo de hacerme respetar y más en ese momento, ¿no? “No, esta piba es complicada”, decían. “No vas a trabajar con esta cantante, se te va a parar de manos con el tema de la plata, con la producción”. Porque es verdad, yo miraba todo. No era una pibita que estaba ilusionada nada más que con cantar. Y eso me complicó las cosas también. Pero bueno, fue porque ellos andaban en cosas raras, querían pasarme por encima, ¿viste? O tratarme como un objeto.

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—¿A qué te referís con “cosas raras”…?

—Que tienen cosas para ocultar. Los productores de antes, a los artistas, nos daban dos monedas y ellos cobraban un millón de pesos. Yo siempre estuve muy atenta con esas cosas y molestaba.

—Y ahí te plantás. ¿Y cómo te lográs imponer ante eso también?

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NUNCA ME FALTES - JACKITA
«El accidente fue en Chaco, una noche de mucha neblina, como a las cuatro d ela mañana, cuando ya íbamos por elq uinto show. Había una curva en una momtaña ¡y salimos todos volando, nos hicimos pelota! La que peor la pasó fui yo: se me había despegado todo esto del maxilar, me dieron cuarenta puntos en la boca», cuenta sobre su grave accidente en 2016

—Me costaba porque yo a su vez tenía una persona en el medio, el productor de la banda, y en realidad es como que él tenía la última palabra. Entonces yo ahí tenía mucho choque con esta persona. Pero bueno, fue cuestión de años hasta que me pude salir de todo ese sistema. Por ejemplo, trabajé tres años para dos representantes y me venía enterando que hacían mucha pero muuuuucha plata. Nos reunimos y le digo: “Chicos, me enteré que allá en Rosario se llenó el lugar y a mí me pasaron lo mínimo”. Y claro, los tipos me miraron y me odiaron. Y les digo: “Vamos a respetar la agenda hasta donde esté y después de eso ya no me vendas más”. Fue la primera vez que tuve como un encontronazo con un representante.

—¿Cómo es eso? ¿Vos te enterás que por un show que hiciste, ponele, se pagó cien y vos cobraste diez, y el resto se repartieron entre otros’?

—Entre millones de personas (risas). Había muchos intermediarios en esa época. Eran otros tiempos. Necesitabas el representante, necesitabas todo eso para poder trabajar. Y cuando les dije que me retiraba, me dijeron “Vos no vas a volver a trabajar nunca más en ninguna parte de la Argentina”. Y yo “Bueno, eso lo vamos a ver”, le digo. “Prefiero no trabajar, pero no hacerte ganar más plata a vos y yo llevarme un centavo”, porque yo me la pasaba en la camioneta.

—Entiendo…

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—Yo vivía en una combi, esto fue en el 2012. Me acuerdo de que un día llego al Chaco, me bajo de la camioneta y me desmayo. Dije: “¿Qué me pasó?” Claro, llevaba tres años sin parar de verdad. Salíamos jueves, viernes, sábado, domingo y lunes, el martes llegaba a mi casa destruida y ya el jueves salíamos de nuevo. O sea, no tenía vida, ¡y tampoco tenía plata! (risas). Porque de última vos me decís: “Te estás trabajando todo pero te estás llenando de plata”. O sea, podía vivir bien pero no era la plata que yo me tenía que llevar, ¿me entendés?

Estaba siendo tratada como un producto y me estaban exprimiendo, esa es la realidad. Pasa eso, me separo de esa oficina y con mi productor propongo hacer una oficina propia. Y ahí nos hicieron ver estrellas, nos iban cerrando las puertas. Pero gracias a Dios había otro empresario que no era tan importante que dijo “Che, Jacki, vamos, vení”. Y ahí trabajé en todas las provincias. Y nos fue súper bién. Pero sí, pasé por muchas cosas de estas, de tener que defendermi grupo. O sea, te estoy contando de que antes de entrar a la movida tuve que pasar por mucho también para que se me valorara como mujer, para que se me escuchara la propuesta que yo quería hacer, que no era solamente una cantante sino que venía con una producción. Decir: “Che, yo quiero cantar este estilo y vestirme así y decir esto”.

—¿En algún momento dudás o siempre firme y plantada?

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—No, firme y plantada. Prefería no ir a ningún lado y quedarme en mi casa diciendo: “Yo sé que esto es lo que yo quiero hacer”, porque yo lo veía. Dios fue muy bueno conmigo, me dio mucho más de lo que imaginé. Yo quería salir a cantar para tocar en Fantástico, Metropolis, que eran los boliches que yo iba, para mí eso ya era un montón porque ahí estaban todos mis amigos. Y todo lo que vino después fue enorme, grande en Uruguay y acá en Argentina. Como que me encontré con un universo nuevo y vi que había mucha gente detrás de la banda.

—Recién contabas esa anécdota en Chaco, desmayándote. Después pasó tu accidente, en 2016…

—Sí, eso fue en Salta. Estábamos llegando al quinto de la noche y el hombre que había armado la gira…

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—¿El quinto show de la noche, decís?

—Claro, íbamos al sexto, una cosa así, y había una neblina tremenda. Y el que había armado la gira me dice “Vamos en el auto”. Entonces llegamos primero, porque era la época que en Jujuy cerraban a las cuatro de la mañana. Imaginate de lo que te hablo, cinco bailantas a las cuatro mañana habíamos metido, ¡una locura! Estaba todo blanco y el tipo aceleró. Y había una curva y era una montaña (risas). ¡Imaginate! Salimos volando, nos hicimos pelota. La que peor la pasó fui yo: se me había despegado todo esto del maxilar, me dieron cuarenta puntos en la boca.

—Te reconstruyeron la cara.

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—Sí, pero gracias a Dios, fue solo piel y no hueso. Tenía la cara colgando. Llegué al hospital y le digo a los médicos: “¿Me pueden poner la gotita que yo me arreglo allá en Buenos Aires?” Se me rieron todos como diciendo: “No te ves la cara cómo la tenés. ¿no?” Me trataron bárbaro en el hospital de Orán, les mando un beso: me quedó la cara perfecta. Cuando vuelvo de ahí, yo quise parar y reorganizar las cosas, pero seguía teniendo este productor de por medio que no quería parar…

—¿Ni siquiera después del accidente?

—Sí, en un mes y medio ya estaba en la ruta de nuevo y con ataques de pánico. Me acuerdo que en la camioneta me caía agua de las manos del miedo que tenía. Me subía al escenario temblando, fue horrible. Aparte tenía la cara mal, comía papilla, la pasé re mal. Hoy me río, pero la pasé re mal.

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—Pero cuando tuviste el accidente, ¿después seguías con ataque de pánico en la gira? ¿No hay un momento en el que decís “Che, hay que parar un poco”?

—Sí, me paró la pandemia (risas). Para mí fue un antes y un después. Me quedo en casa, como todo el mundo, y empecé a replantearme muchas cosas: la pandemia fue lo mejor que me pasó a nivel persona y a nivel espiritual. Ahí prácticamente me abro del productor este que tenía. Y empecé a darme cuenta de que yo sufría de ansiedad. O sea, en mi casa me doy cuenta de las cosas que padecía. Me encontré conmigo misma, digamos.

—Claro…

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—Que sufría de ansiedad, que sufría de pánico, que tenía un vacío tremendo. O sea, que todas las cosas que había logrado no me servían de nada. No me llenaba. No sabía qué hacer. Pensaba: si voy a, a los premios Gardel me voy a sentir bien, iba y me sentía horrendo. Hacíamos una gira por México, llegábamos y me sentía horrible. Como que yo siempre buscaba esos premios de mi trabajo, del reconocimiento… Pero de lo que nunca me voy a quejar es de que la gente siempre explotó en todos lados. Si yo estoy sentada acá todavía es por la gente. Y cuando me encuentro a solas conmigo me doy cuenta que yo tenía una necesidad tremenda, y que me sentía muy sola.

Y ahí es donde yo hago un click. Veo una película, “Cuarto de guerra”; parece que yo laburo para esa película porque lo cuento en todos lados (risas). Ahí veo que la mujer tenía una Biblia, la empieza a leer y le cambia la vida. Al otro día empecé a buscar una Biblia por todos lados. Fui a todas las iglesias. En una iglesia me dicen: “Mirá, hoy justo hay reunión y al final damos la Biblia”; me quedé, me dan la Biblia y empecé a leerla y me cambió la vida: literal. Lo primero que me pasó fue que me encuentro con Dios en mi casa. Y con el tiempo ese vacío se va, se me va la ansiedad, se me va el miedo, o sea, fue impresionante lo que me pasó. Yo sola en mi casa. Me empecé a replantear las cosas, a darme cuenta que yo tenía puesto mi corazón en el grupo, que era lo más importante para mí. Por eso también me fallaba, porque obviamente es un trabajo, es el afán de querer cada vez más y no, no te contentás. Eso trae muchas consecuencias, porque te agarra ansiedad, porque querés más…

—¿Como que antes te pasaba que no sabías a dónde ibas?

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—Sí, es que en este ambiente todos son muy competitivos. Entonces te ponen la vara muy alta. Y vos te empezás a comparar con los demás también. O decir “Che, ¿por qué yo no estoy en este circuito?» Boludeces.

—No, hoy lo ves como boludeces, pero en ese momento se te iba la vida ahí…

—Claro. Y no era de envidiosa sino porque yo amaba mucho a mi grupo y quería que crezca y que esté en todos lados. Y después que pasa eso, se me calmó todo: me ordené y pude empezar a disfrutar de mi trabajo. Antes me pasaba, en realidad, que no disfrutaba el momento. No sabía lo que era disfrutar todo lo que había logrado. Y es horrible, de verdad, que trabajaste tanto por algo, lo lográs y no lo podés disfrutar. ¿Me entendés? O sea, era, era feo para mí y eso me hacía mal, muy mal.

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—Y hoy que ya atravesaste todo esto, te ves más preparada para ese proyecto familiar, personal, ¿no?

—Sí, después de la pandemia, que logro separarme de este productor, el tipo hace quinientas maldades…

—¿Cómo qué?

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—Como querer bajarme todo el catálogo musical siendo que yo nunca le había firmado que él podía subir mi música a una compañía discográfica; él, por maldad, me quería borrar los quince álbumes que yo tenía. O cerrarme mi canal de YouTube, cosas así todo el tiempo… Ahí me tomé el 2022 para parar. Entendí que tenía que parar para reconstruirme. Y bueno, me puse mi productora; no tenía ni un contacto de teléfono porque esta persona manejaba todo. Empecé a subir contenido, a hacer cosas y se empezaron a comunicar. Fue maravilloso. Te digo que estos últimos tres años, ¡por lejos! fueron mucho mejor que los catorce años anteriores.

NUNCA ME FALTES - JACKITA
«Yo de ansiedad, sentía pánico… Y en México hago un clic. En una iglesia me dicen: ‘Mirá, hoy justo hay reunión y al final damos la Biblia’; empecé a leerla y me cambió la vida: literal. Lo primero que me pasó fue que me encuentro con Dios en mi casa. Y con el tiempo ese vacío se va, se me va la ansiedad, se me va el miedo, o sea, fue impresionante lo que me pasó», relata Jackita su encuentro con Dios

—¿En qué sentido?

—En todo. Económicamente, abismal, por lejos. Y de poder trabajar en paz, también.

—Digo, para entender la diferencia: lo que antes se tercerizaba -y mordían en cualquier show-, ahora es cien por ciento tuyo, digamos.

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—Claro, ya no hay vampiros (ríe). Y te repito, empecé a trabajar en paz también: si un finde no quiero trabajar, me lo tomo. Empecé a manejar mis tiempos.

—Y hoy, ¿cómo te imaginás a Jacki mamá?

—Estoy re preparada. Es el momento perfecto porque ya vengo de estar bien organizada con mi trabajo, con mi vida personal. Siento que este es el mejor momento de mi vida. Creo que voy a ser una buena mamá; voy a hacer lo mejor que esté a mi alcance para criar a Isaac y seguir con mi trabajo también.

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—Escúchame, ya vimos lo fuerte que es tu personalidad y carácter por cómo manejaste el tema productores. Como mamá, ¿crees que va a aparecer también esa personalidad?

—Sí, sí, sí, aunque igual yo quiero hacer el papel de la buena. Y que mi marido haga del malo (ríen).

—Vos aparte sos taekwondista, ¿no?

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—Sí, yo era cinturón negro, y tricampeona sudamericana de taekwondo.

—Bueno, Jackita, gracias por venir. ¿Le querés decir algo Isaac, por si algún día ve esta nota?

—Que lo amo, que vino a completar esa felicidad que a mí me faltaba: ser mamá… ¡Ay, voy a llorar!

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Ya vamos a volver con él… (ríe)

Fotos: Jaime Olivos

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CHIMENTOS

Facundo Arana mostró cómo se entrena para escalar una montaña de 6800 metros: la emotiva conexión con su padre

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El actor mostró los preparativos para la travesía en en Himalaya

Que Facundo Arana es amante de los deportes extremos no es ninguna novedad. El actor combina sus compromisos profesionales con diversas prácticas que desafían su adrenalina y sus propios límites. En esta oportunidad, mostró los preparativos para escalar el imponente Ama Dablam, en el Himalaya nepalí. Y entre cuerdas, montañas y un entrenamiento exigente, una casualidad lo hizo conectar con el recuerdo de su padre Jorge, quien hubiera cumplido 91 años.

Las imágenes que compartió hablan por sí solas. En una, Arana aparece de espaldas, con campera azul, casco blanco y arnés, las manos apoyadas sobre la pared de roca y la vista clavada hacia arriba, con una grieta vertical como única guía. En la otra, asciende por una formación rocosa junto a otro escalador, la cuerda tensada hacia abajo y el cielo despejado como único techo.

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Las palabras sirven para darse ánimo para el momento en el que esté cara a cara con la inmensidad. “Es un viejo sueño que estuvo siempre ahí, esperando”, escribió el actor sobre una foto del Ama Dablam asomando entre nubes, con su cumbre nevada y su perfil de pirámide afilada dominando el encuadre.

El Ama Dablam, próximo objetivo de Facundo Arana

El texto que acompañó las tomas del entrenamiento fue más concreto: “Todo esto va a pasar allá arriba, mucho más alto. Así que hay que refrescar, anticiparse.” Una frase que resume tanto la magnitud del desafío como la lógica detrás de las prácticas en Roca.

El Ama Dablam, ubicado en la región de Khumbu, en el este de Nepal, dentro del Parque Nacional Sagarmatha, es una de las cimas más técnicas del Himalaya. Con sus 6.812 metros de altura, exige a quienes lo intentan dominar la escalada en roca, hielo y terreno mixto. Su perfil en forma de pirámide y sus crestas afiladas le valieron el apodo de “el Matterhorn del Himalaya”.

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No se trata de una montaña para principiantes. La ruta clásica, la cresta suroeste, concentra tramos de roca expuesta, secciones de hielo y pasos de técnica mixta donde el error no tiene margen. El empuje final hacia la cumbre puede demandar entre 12 y 16 horas desde el campamento alto.

Captura de pantalla de Instagram mostrando a dos hombres en la orilla del mar. El más joven, sonriente, abraza al mayor; ambos miran hacia arriba
El actor Facundo Arana comparte una tierna imagen junto a su padre en la orilla del mar, celebrando sus 91 años con alegría y mirando al cielo juntos.

En medio de los preparativos, el actor reflejó la emotiva conexión con su padre Jorge, en el día en que hubiera cumplido 91 años. Arana imaginó un diálogo posible con su papá, con el Ama Dablam como testigo. Y la aparición de una mariposa, otra más, para hacer más emotiva la situación.

En el posteo, Arana recreó una conversación imaginaria con su padre: Jorge le pregunta si van a llegar hasta allá arriba, y le asegura que lo a acompañar. “Ya lo sé, Father”, cierra el actor, como si hiciera falta juramentar esa compañía que siente a cada paso que da.

Volviendo a la realidad, Arana contó un curioso hecho que lo hizo pensar en Jorge: “En medio de la práctica, apareció una mariposa blanca. Estiré la mano para que se posara en ella. No me dio ni pelota, pero me sacó una sonrisa. Feliz cumple Father, 91 hasta el infinito”.

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Facundo Arana y su padre Jorge
Facundo y Jorge Arana, un amor para la eternidad

La mariposa tiene una explicación. Tiempo atrás, Arana contó en el ciclo Mil vidas que, dos semanas después de la muerte de su padre, estaba sentado en la galería de su casa tomando mate cuando una mariposa blanca apareció y revoloteó cerca de él. El momento lo detuvo en seco. “Dicen que las mariposas blancas representan a las almas que nos vienen a saludar”, explicó en aquella ocasión, visiblemente emocionado. Para él, aquella visita no fue un hecho menor: fue una despedida, o quizás un saludo desde otro lugar.

Ocho años después, en medio de un entrenamiento en las rocas patagónicas, con el Ama Dablam como destino y el cumpleaños de su padre como telón de fondo, otra mariposa blanca apareció. Arana extendió la mano. No se posó. Pero le bastó para sonreír.



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CHIMENTOS

Aunque ya blanqueó un nuevo amor, Adabel Guerrero dice que volvió a sentirse atraída por su ex: «Se puso lindo, me cachondea»

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Joaquín Sabina lo viene cantando desde hace tres décadas, fácil: «El agua apaga el fuego y al ardor, los años«. En criollo, sin la poesía del genial andaluz: el paso del tiempo es el principal enemigo del amor. Adabel Guerrero no solo lo sabe: también lo dice. ¿El problema? Martín Lamela no la escuchó a tiempo.

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A principios del año pasado, la protagonista de Sex lamentó en una entrevista: «Ya no me tratan como a una princesa. Pero elijo la estabilidad, la familia, lo conocido. ¿Está bien o mal? Ni idea. Es lo que yo elijo hoy. Ya pasaron 16 años (de pareja con Lamela) y hay cosas que ya se pierden y te gustaría volver a tener. No sé si se vuelven a tener. La emoción del principio, por ejemplo».

Y pasó…

Pocas semanas atrás la bomba explotó: a pocos días de celebrar los ocho años de su hija, Adabel y Martín ya no estaban juntos. Circuló entonces la versión de un amante en el country, desmentida por la bailarina. También una mudanza en puerta. Hubo un posteo contundente de él. Y a los días, la confirmación de ella sobre un nuevo amor, aún incipiente.

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El paso del tiempo fue desgastando la pareja hasta llegar a este abrupto final. Adabel ya lo había anticipado. Y por las dudas lo reiteró, en su visita a LAM. «Él (por su exesposo) estaba muy dejado, había engordado mucho. No tengo nada contra la gordura, pero sí hablaba de cierta dejadez, conociéndolo a él. Se había relajado demasiado. Es más, lo veía triste», describió la también actriz.

Martín Lamela y Adabel Guerrero. (Instagram)

Ángel de Brito fue al hueso: «La gente separada se pone mejor», lanzó. «Bueno… —hizo una pausa Adabel—. ¡Es el día y la noche! Ven una foto del verano y ven una foto de ahora, y Martín es otra persona. «¿Te cachondeó?», abrió el juego el conductor. Guerrero tomó aire antes de responder.

«Mirá, celos no me da, porque quiero que él sea feliz. Sí me cachondea por lo lindo que se puso ahora…«, reconoció, provocando la risa de todo el estudio de América.

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ADABEL GUERRERO Y LA POSIBILIDAD DE UNA RECONCILIACIÓN CON MARTÍN LAMELA

El razonamiento entonces es inevitable: con esta nueva versión de Martín, ¿es posible pensar en una reconciliación? Adabel dice que no. Porque tras piropear a su ex, enseguida aclaró: «¿Sabés qué pasa? No me guío solamente por la cáscara. Hay un lenguaje no verbal en él que ya deduzco que, por más lindo que esté, no me seduce«.

Tiempo al tiempo, justamente. Porque hay un antecedente a favor de este razonamiento: en enero de 2016, luego de seite años juntos —sí, la célebre comenzón—, Guerrero y Lamela se separaron. A los meses volvieron. Y luego fueron padres. ¿Y ahora? Si después de casi dos décadas todavía hay piel, quizás estemos ante un final abierto.

Martín, permitinos un consejo: esta vez escuchá lo que dice Adabel…

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Adabel Guerrero; Martín Lamela

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Sofía Solá relató el accidente que sufrió en Barcelona: “Por primera vez sentí la soledad”

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La hija de Maru Botana relató el hecho ocurrido en la ciudad española y manifestó su soledad (Video: TikTok

Hace poco menos de un mes, Sofía Solá se instaló en Barcelona para probar suerte en el terreno profesional. La hija de Maru Botana reparte el tiempo entre el trabajo en una agencia de modelos y el local que su madre tiene en la ciudad condal y desde allí mantiene informados a sus seguidores de sus actividades. Como el accidente que sufrió en las últimas horas, que no tuvo mayores secuelas en lo físico pero sí en lo sentimental.

“Seguí caminando y quería contarle a alguien lo que me había pasado. Y no podés. En el fondo, nadie sabe lo que le pasa al otro. Y a mí recién me habían atropellado, sola.” Con esa frase, Sofía resumió en TikTok lo que sintió horas después de que una moto la golpeara mientras andaba en bicicleta por las calles de Barcelona.

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El accidente fue menor en lo físico. Usaba una de las bicicletas de alquiler de la ciudad cuando el impacto la sorprendió. La policía llegó rápido, las heridas visibles se redujeron a dos raspones y el único daño que persistió fue un gemelo tensionado por la descarga de adrenalina. Después fue ella sola a la farmacia: calmantes, cremas, todo lo que encontró.

Pero lo que la descolocó no fue el dolor sino la sensación que vino con él. “Creo que fue la primera vez en todo este viaje en la que realmente sentí un nivel de susto, soledad y de necesito a mi madre”, dijo. Quiso contarle a alguien lo que había pasado y no tuvo a quién llamar en ese momento. El resto del día lo cargó con lo que ella misma llamó “muy mal feeling”, que recién cedió entrada la noche.

Sofía Solá, hija de Maru Botana, expuso detalles sobre su residencia en Barcelona y sus actividades laborales

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Hasta ese episodio, los meses en Barcelona habían transcurrido sin ese tipo de fisuras. Las bicicletas de alquiler eran parte de esa rutina nueva: una forma de moverse por el barrio, de conocer la ciudad a su ritmo y de sentirse, aunque sea en lo pequeño, parte de un lugar que todavía está aprendiendo a habitar.

También mostró el lado más mundano de vivir afuera. Combina las actividades con la agencia de modelos que la convocó, con turnos en el local que su madre tiene en la ciudad. No es la imagen glamorosa que algunos esperarían de alguien que se fue a probar suerte en el modelaje europeo: es una agenda partida entre castings y mostrador, entre fotos y trabajo de local. Esa combinación generó preguntas entre sus seguidores. Algunos cuestionaron que se presentara como modelo sin una carrera consolidada en el rubro. Sofía no esquivó esos comentarios: reconoció que está en un momento inicial y que construir algo en ese mundo lleva tiempo.

La decisión de mudarse no fue impulsiva ni repentina. El año anterior había estado a punto de irse, pero algo no cerraba. “Me di cuenta que me estaba yendo de Buenos Aires por un sentido de escapatoria… me quería ir buscando una nueva experiencia y nada peor que irte a un viaje en busca de nada”, explicó. Ese freno fue, paradójicamente, lo que terminó empujándola hacia adelante.

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La joven influencer comenzó un nuevo camino en su vida en la ciudad española y compartió con sus seguidores sus primeras horas (Video: Tik Tok)

El proceso tuvo un sostén concreto: la terapia. Desde ese trabajo personal empezó a encontrar en las redes y en el modelaje algo que la apasionaba de verdad. “Cuando empecé a estar más en lo que es el trabajo de influencer y modelo, me di cuenta que era todo un trabajo que a mí me encanta y me fascina”, contó.

La oportunidad concreta llegó en enero, cuando una agencia de modelos de Barcelona la convocó a una reunión. Fue seleccionada y decidió mudarse por unos meses para probar suerte. Viajó con miedo y con entusiasmo a partes iguales, consciente de que no tenía garantías de nada. Y la realidad se lo demuestra día a día.

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Lo que el accidente dejó al descubierto fue algo más cotidiano que la fragilidad: que elegir irse y sostener esa decisión con convicción no cancela los momentos en que la distancia pesa de una forma que no tiene con quién repartirse. “Estoy viva”, escribió casi para recordárselo a sí misma. Ese día, la única compañía disponible fue un bolso con calmantes y cremas. Y alcanzó.

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