DEPORTE
No habrá sanción para el árbitro australiano que generó polémica con su gesto: ¿qué argumentó?

La FIFA resolvió que no sancionará al referí australiano Shaun Evans por un gesto que generó repudio por un gesto con la mano derecha desde la cabina del VAR antes del arranque del partido Alemania 7 – Curazao 1, por la primera fecha del Mundial 2026.
¿Qué fue lo que pasó? La transmisión oficial, como suele suceder en todos los partidos del Mundial, enfocó a los árbitros a cargo del VAR. Y fue allí, que el árbitro australiano Shaun Evans, quien era el AVAR (asistente), movió la mano de una manera que resultó una representación de un símbolo de extrema derecha que simboliza la supremacía blanca.
Luego de esta seña de OK, realizada con su mano derecha, rápidamente fue repudiado en redes sociales por mucha gente que se percató y la FIFA tomó nota. A las horas de realizado este gesto vinculado con el nazismo por parte del australiano, la red antidiscriminación conformada por la UEFA y la FIFA llamada Fare, que tiene el fin de monitorear el racismo, la discriminación y los discursos de odio en el fútbol, pidió el despido inmediato del juez.
Qué dijo el referí
En un comunicado emitido el lunes, Evans declaró: “Quisiera aclarar que no hice ningún gesto ni símbolo con la mano de forma intencionada para comunicar ningún mensaje, afiliación, juego o creencia de ningún tipo.
“La única explicación que puedo ofrecer es que el movimiento fue un tic involuntario y subconsciente, y que no me di cuenta de que lo había hecho en ese momento. Las imágenes tomadas posteriormente durante el partido mostraron que repetí este movimiento muchas veces mientras sostenía un bolígrafo entre los dedos”, sostuvo.
“La cobertura mediática tras este incidente simplemente no refleja quién soy. Por supuesto, entiendo cómo se ha interpretado el gesto y lo lamento, sin embargo, quiero ser muy claro y afirmar categóricamente que no hice el gesto con la mano sugerido a sabiendas ni deliberadamente», agregó.
El argumento de la FIFA
Un comunicado de la FIFA afirma: «El Comité Disciplinario independiente de la FIFA confirma que, tras examinar el asunto relacionado con el árbitro asistente de vídeo Shaun Evans, no ha encontrado pruebas de infracciones del Código Disciplinario de la FIFA. El Comité Disciplinario también ha tomado nota de la declaración del Sr. Evans».
Video: el momento en que Evans hizo el gesto
Video: Twitter (@issasaid232).
El significado del gesto
La repercusión surgió porque el gesto se realizó por debajo de la cintura y en una posición similar a la utilizada en ciertos grupos de extrema derecha en los últimos años. isputado en Houston.
En 2019, el gesto -con el pulgar y el índice unidos formando un círculo y los demás dedos extendidos- fue designado como símbolo de odio por la Liga Antidifamación (Anti-Defamation League), con sede en Nueva York.

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De la posible goleada a sufrir en el final y los aciertos de Bilardo: a 40 años de Argentina-Uruguay en México ‘86

Un partido emotivo y cambiante. En todos los aspectos. Tanto en el plano climatológico, donde comenzó con un sol radiante y terminó con un diluvio, como en el futbolístico, porque Argentina fue el claro dominador en la mayor parte, pero su falta de contundencia y el ingreso (por suerte tardío) de Rubén Paz, lo hicieron sufrir hasta la pitada final del árbitro. Una victoria que aseguraba el paso a los cuartos de final, con un equipo que cada vez estaba más sólido y hacía crecer la ilusión.
El duelo del Río de la Plata. Siempre una prueba de carácter, con esa pica futbolera que viene desde el inicio de los tiempos. En esta edición, a todo o nada, por los octavos de final. Era el segundo cruce en Copas del Mundo, con el único antecedente en la lejanía de la memorable primera final de la competencia, en 1930 en Montevideo, con triunfo de los locales por 4-2.
Antes de empezar México ‘86, era Uruguay el que parecía llegar mejor, con buenos rendimientos en amistosos y varias de sus figuras en nivel ascendente, con Enzo Francescoli y su grandiosa temporada 85/86 con la camiseta de River a la cabeza. Argentina era la contracara. Con el entrenador discutido y pocos resultados favorables. Pero a la hora de la verdad, cuando empezó a rodar la pelota en suelo azteca, el panorama fue diametralmente opuesto.
Uruguay logró clasificarse para los octavos de final como uno de los mejores terceros, casi de manera milagrosa, sin ganar ninguno de los tres encuentros. Buen empate 1-1 con Alemania, catastrófica derrota 6-1 con Dinamarca e igualdad en cero con Escocia, con el condicionante de haber sufrido la expulsión más rápida de la historia de los Mundiales, al ver José Batista la tarjeta roja antes del primer minuto.
Argentina avanzó invicto y a paso firme, con un Diego Maradona cautivante y un equipo con pocas fisuras, que se iba acomodando táctica y futbolísticamente, conforme se desarrollaba el certamen. La cita fue en Puebla, el lunes 16 de junio, como el cuarto cotejo de los octavos de final, luego que México eliminara a Bulgaria 2-0, Bélgica a la Unión Soviética 4-3 en un partidazo y Brasil a Polonia sin atenuantes por 4-0.
El doctor Bilardo tenía todo muy claro en la previa. En diálogo con un periodista de la revista El Gráfico, cuatro horas antes del match, minucioso como solo él podía ser, le anticipó lo que iba a suceder: “Ellos van a salir con un líbero, dos stoppers sobre nuestros delanteros, Valdano y Pasculli, y un volante que va a hacer marca al hombre sobre Maradona. Puede ir Barrios sobre Diego y Bossio sobre Burruchaga o al revés, eso no tiene importancia. Lo fundamental es el movimiento de esos cuatro hombres nuestros, que debe ser constante, sacando de posición a sus marcadores si es que los siguen, o quedando libres para recibir y jugar si no los siguen”.
También se refirió a la duda que tenía la prensa hasta último momento y terminó demostrando un gran acierto del entrenador: “Tapia es un hombre más de maniobra, pero a mí se me presentan dos alternativas: tener la pelota o buscar el partido. Esta vez tengo la obligación de ir por la segunda opción, y Pasculli es más agresivo. Por ese motivo, él será titular”. Y esa fue la única modificación con respecto al equipo que venció a Bulgaria: Pasculli por Borghi, que ni siquiera estuvo en el banco de suplentes.
Ambos equipos salieron al campo de juego sin sus camisetas tradicionales: Uruguay de blanco y Argentina de azul. No era un hecho más, porque el cuadro nacional llevaba 15 partidos consecutivos en Copas del Mundo utilizando la celeste y blanca. El último antecedente de casaca alternativa había sido el 3 de julio de 1974. Ese día igualó 1-1 con Alemania Democrática, cuando ambos ya estaban eliminados en la zona semifinal que compartieron con Holanda y Brasil. De ese cotejo quedaron dos detalles salientes: no se vio por televisión en Argentina, ya que se atravesaban jornadas de duelo nacional por el fallecimiento de Juan Domingo Perón y se produjo el debut oficial en la Selección de Ubaldo Matildo Fillol.

Argentina salió dispuesto a ser el protagonista, a partir de la movilidad de Burruchaga y de Valdano, que arrancaba unos metros más atrás que en los partidos anteriores, dejando a Pasculli, como única referencia de ataque, en un hábitat, donde se sentía cómodo, dentro del área rival. Maradona revivía el viejo duelo de 7 años antes, cuando el Chifle Barrios fue su marcador personal en la semifinal del Mundial Juvenil de Japón. Como en aquella ocasión, Diego lograría escaparse sistemáticamente.
En defensa, la acostumbrada solidez, con Brown barriendo detrás de todos como eficiente líbero, Ruggeri maniatando a Wilmar Cabrera y Cuciuffo, nuevamente impecable, casi sin dejársela tocar a Francescoli. Justamente en esa función, en agosto del ‘85, en la final de la rueda de perdedores del Nacional, donde Vélez superó a River en cancha de Huracán, Bilardo había quedado definitivamente convencido de su convocatoria, por la limpia marca sobre la estrella de River.
Sobre los 21 minutos, el dominio de Argentina en el juego casi se traslada al marcador, cuando Maradona ejecutó de manera brillante un tiro libre desde su posición ideal, y la pelota se estrelló en el travesaño del arco defendido por Fernando Álvez. Exactamente a los 30, Oscar Garré cometió una obstrucción a Francescoli que para el árbitro italiano Luigi Agnolin mereció la tarjeta amarilla. Y no era una amonestación más, porque significaba la segunda para el hombre de Ferro que debería quedar afuera del cruce de cuartos, si el equipo lograba avanzar.
Los hombres de Bilardo seguían predominando y ganando posiciones en el terreno. Mucho tenía que ver la mejora del Checho Batista, con respecto a los partidos anteriores, recobrando esa firmeza y presencia, tan características en él en Argentinos Juniors. Cuando faltaban solo 4 minutos para concluir el primer tiempo, Pasculli le dio la razón al Narigón de incluirlo como titular. Fue una muy buena maniobra, que arrancó desde la propia área, con combinaciones para ir progresando: Ruggeri – Burruchaga – Giusti, nuevamente a Burru, que se la devolvió de taco, para que el Gringo se la pasara a Diego, quien con un amago dejó en el camino a Barrios y habilitó a Batista en un pase vertical, camino al área rival. Al Checho lo derribaron, pero la pelota siguió a Burruchaga, que cedió a Valdano. El delantero del Madrid se filtró, lo trabaron y Acevedo, cuando quiso dominarla, no hizo otra cosa que habilitar a Pasculli. El goleador estaba en el lugar indicado, el punto penal, para vencer con un remate bajo a Fernando Álvez.
Para el inicio del segundo tiempo, Uruguay realizó una sola modificación, que fue el ingreso del Polilla Jorge Da Silva por Wilmar Cabrera. Todos nos sumamos a las palabras de Oscar Gañete Blasco, comentarista de Mauro Viale en la transmisión de ATC: “Me llama mucho la atención que el entrenador uruguayo Omar Borrás no lo haya puesto a un futbolista que nos gusta mucho y es Rubén Paz”. Resultaba inexplicable que el talentoso volante continuara en el banco de suplentes.

El juego continuó de la misma manera, con Argentina dominando, al tiempo que por las imágenes que llegaban por televisión, se apreciaba cada vez menos luz natural, pese a que en México eran las cinco de la tarde. A los dos minutos, Diego se escapó por la punta derecha, ingresó al área, esperó que llegara Pasculli, y se la puso perfecta en la boca del arco. El delantero la impactó apenas tarde y el tiro se perdió al lado del palo. Apenas un rato más tarde, el goleador desbordó por la izquierda y se la dio a Burruchaga. De manera increíble, su remate fue salvado sobre la línea por Acevedo. El reloj avanzaba y el cuadro de Bilardo seguía generando una situación detrás de otra: Burruchaga lo vio picar a Diego, le puso una pelota perfecta y su remate fue contenido por Álvez.
Exactamente a los 15 se produjo el ingreso de Rubén Paz por el zaguero central Acevedo, pasando Darío Pereyra de la mitad de la cancha al fondo. El talentoso volante, no se ubicó en su clásica posición de enganche, sino más tirado sobre la izquierda, casi como un puntero, detectando que allí, Argentina podía tener alguna falencia con el retroceso de Giusti para cubrir la zona.
Unos minutos más tarde, se produjo una jugada muy recordada. Diego trabó y ganó a la salida del círculo central y la pelota derivó para Valdano sobre la derecha. Avanzó varios metros, se metió en el área y sacó un remate que desvió Álvez. Maradona ingresó por el segundo palo y marcó el gol, que el árbitro anuló por una supuesta plancha. Quedaron en la memoria los gestos del capitán, juntando sus manos a modo de súplica, asegurando que no había cometido infracción y el doctor Bilardo agarrándose la cabeza, pero tratando de simular que se peinaba cuando lo enfocó la cámara. Ambos momentos fueron captados por la película “Héroes”.
Argentina merecía más que ese exiguo 1-0 y a partir de los 30 comenzaría a sufrir, con un gran zurdazo de Paz, que se fue apenas desviado. “Cuesta entender que sea suplente. Rubén Paz en un rato ya fue más peligroso que el resto de sus compañeros en todo el partido”. Clara apreciación de Gañete Blasco por ATC. Para agregarle mayor dramatismo, la lluvia se hizo presente para ser protagonista de los últimos 10 minutos. Al influjo del hombre que a partir del año siguiente se convertiría en ídolo de Racing, todos sus compañeros se activaron y llenaron de centros el área argentina. A falta de cinco minutos, Bilardo repitió el mismo cambio que había hecho en los tres partidos anteriores: Olarticoechea por Batista.
Casi con el tiempo cumplido, una pelota que no pudo rechazar el fondo argentino, cayó en los pies del Polilla Da Silva, que sacó un potente remate que Pumpido desvió con dificultad. Francescoli fue a buscar el rebote y chocó, sin intención, con su compañero de River. A su vez, Argentina pudo aumentar en una contra donde Pasculli se fue solo y eligió mal, queriendo gambetear al arquero que se quedó con la pelota. Fue la última emoción de un partido que había tenido de todo. Argentina daba un nuevo paso, afirmándose como serio candidato al título.
Ni la victoria detuvo al doctor Bilardo con sus obsesiones. Le pidió al utilero una de las camisetas de sus muchachos y, al pesarla, certificó lo que pensaba: al no tener los agujeritos de la celeste y blanca, su peso era mucho mayor. Días después, las quiso agujerear con una tijera, pero quedaron inutilizadas. No había otro juego suplente y solo quedaba rogar no tener que volver a usar la alternativa. Ya veremos como siguió esta particular historia en la próxima nota.
En nuestro país el Mundial había arrancando en medio de una vaga sensación, casi lindante a la indiferencia, solo reservado para los futboleros. Pero el auge se empezó a sentir a medida que el equipo avanzaba, de la mano de Diego. Un par de semanas atrás, imaginar que él pudiese levantar la copa, era una utopía. Ahora era el tiempo de soñar sin límites. Y que mejor que frente al rival que asomaba en el horizonte…
Próximo episodio: Inglaterra
Fecha: 22 de junio
Locación: Estadio Azteca
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Un diario íntimo, astrología, una pelea y una huelga en pleno Mundial: el escándalo que hizo implosionar a Francia en Sudáfrica 2010

Raymond Domenech se sentó frente a su computadora en su habitación en el Pezula Resort, uno de los hoteles de mayor lujo de Sudáfrica, elegido como la casa de la selección de Francia para el Mundial 2010. Exhausto y decepcionado por el nivel de su equipo tras el empate 0-0 ante Uruguay en el debut, el entrenador Raymond Domenech le traslada su furia al teclado y escribe en su diario sobre Yoann Gourcuff, de 24 años, apodado “el nuevo Zidane”: “Es un autista debilucho y es un imbécil”.
La escena es apenas una muestra del clima que vivió la selección francesa en el Mundial de Sudáfrica 2010, al que llegó como candidata y finalista de la anterior edición, la de Alemania 2006, que ganó Italia por penales luego del ya mítico cabezazo de Zidane a Marco Materazzi. Les Bleus contaban con un plantel tan o más brillante que el actual, con Thierry Henry, Patrice Evra, Nicolás Anelka, William Gallas, Éric Abidal y Franck Ribéry entre otras luminarias. Sin embargo, la interna y, sobre todo, la explosiva relación entre el plantel y el inefable Domenech terminó por dinamitar todas las chances del combinado galo, que terminó eliminado en la primera ronda y con una inédita protesta en un entrenamiento. Los detalles del escandaloso tránsito por la Copa del Mundo quedaron retratados en el documental El autobús: les Bleus en huelga, que está disponible en Netflix.
Ex lateral derecho, Domenech edificó una carrera de 15 años con los botines antes de lanzarse como entrenador del FC Mulhouse. Luego asumió en el Olympique de Lyon, lo ascendió a la Ligue 1 y lo clasificó a la actual Europa League, lo que catapultó a las selecciones juveniles de su país. De ahí, la mayor le quedó a un solo paso. Lo dio luego del tropiezo de Francia en la Euro 2004.
Histriónico, provocador, contestatario, enseguida comenzó a mostrar su impronta, pero los resultados lo acompañaron. Relegó a estrellas como Ludovic Giuly o David Trezeguet y llevó al “last dance” de Zidane hasta la definición en Alemania 2006. Incluso, más allá de la solidez y postura granítica de Italia, mereció un poco más. Quedar en la puerta de la gloria supuso que representaba un cheque en blanco. Y así obró.
Los problemas internos no nacieron en Sudáfrica. Fueron alimentando el monstruo. Lo que en principio parecía exótico y hasta simpático en Domenech, terminó tiñiéndose de drama. Por ejemplo, su obsesión con la astrología, incluso, para formar el plantel o el elenco titular.
Por ejemplo, prefería no contar jugadores de Escorpio porque los consideraba “destructivos”. Así, por caso, dejó de convocar a Robert Pires. Entre risas, en el documental, llegó a comentar que en un plantel llegó a tener ocho y prescindió de seis. Había más: para su plan, los de Leo eran considerados “ególatras” y los de Cáncer, demasiado sensibles.
El estruendoso fracaso en la Euro 2008, en la que Francia sumó apenas una unidad en el Grupo C dejó otra señal de alarma, condimentada por otra curiosa actitud de Domenech. Con la derrota 2-0 ante Italia todavía fresca en el estadio y los cuestionamientos atronando, eligió la entrevista post partido para… Pedirle casamiento a su pareja Estelle Denis. ¿Un inoportuno arrojo romántico o una forma de salar la herida ante su cada vez más creciente enfrentamiento con la prensa? “Lo llamé y lo destrocé. Fue la peor propuesta de la historia”, dijo Denis, presentadora y periodista, en el documental.
La clasificación, encima, la selló con una de las polémicas más recordadas de las Eliminatorias europeas: el gol de Henry en la que acomodó el balón con la mano. Esa esgrima con la prensa lo llevó a cerrarse cada vez más, pese a las advertencias del director de comunicación, Francois Manaldo, quien luego de sobrevivir al sismo en el que se vería inmerso, abandonó su trabajo para dedicarse a dar charlas de… Gestión de Crisis.
La primera decisión antes de la Copa del Mundo ya hizo ruido. El subcapitán y quien debía heredar la cinta era William Gallas, defensor del Arsenal. Sin embargo, Domenech se la entregó a Evra, de 29 años, entonces estrella del Manchester United.
Para el zaguero fue una bomba. Para el lateral, una situación incómoda, que se transformó en pesadilla con el correr de los días. “Los jugadores acudían a mí como niñero porque no había entrenador”, sacudió Evra en el documental. “Gallas no tenía nada de capitán”, justificó con una sonrisa irónica Domenech.
El empate ante Uruguay fue el comienzo del fin. De una de las novelas futbolísticas más impactantes de la historia de los Mundiales. Si la guionaban, no hubiera salido una tormenta tan perfecta. El 0-0 del 11 de junio profundizó la grieta. El entrenador, sabiéndose en la guillotina, perdió la conducción del grupo. Y empezó a dar volantazos. Así, “sacrificó al cordero”, a Gourcuff. Y su pensamiento quedó reflejado en su escandaloso diario íntimo, que dejó de serlo cuando se lo entregó a la producción del documental.

Ante México, por la segunda fecha, Govou, Ribéry y Malouda se movieron por detrás de Nicolás Anelka, referencia de área que no quería serlo. En consecuencia, se movió por todo el frente de ataque, sin estacionarse. Domenech lo reprendió más de una vez, pero el atacante no lo escuchó. En consecuencia, en el entretiempo, lo reemplazó por André-Pierre Gignac. Claro, el cambio de una de las máximas figuras del plantel no iba a ser gratuito, más luego de la derrota por 2 a 0 que dejó a los galos al borde de la eliminación, y después de que saliera a la luz el contenido de lo sucedido en el vestuario.
El rumor de una pelea en camerinos corrió como arroyo en pendiente entre los medios acreditados. Una fuente del diario L’Equipe le contó detalles de la discusión. Y el medio decidió poner en tapa y en letras de molde la supuesta frase que el punta le dijo al técnico al enterarse de la sustitución: “Vete a la mierda, hijo de puta”.
La frase quedó martillada en las mentes de los fanáticos y hasta las máximas autoridades del país como una verdad revelada. Incluso, Nicolas Sarkozy, entonces presidente de Francia, opinó que lo ocurrido era “inaceptable”. Y envió a su ministra de Deportes a Sudáfrica para intervenir.
En el documental, los protagonistas desmintieron el titular, aunque la secuencia que narraron no fue la de una charla amable. Según Evra, en aquel entretiempo, luego de diez minutos de absoluto silencio, Domenech le dijo a Anelka: “Nico, qué pesado eres, me sacas de quicio”. Y El delantero, que brillaba en el Chelsea, le devolvió: “¿Por qué no armas tu propio equipo de mierda?“. Y lanzó los botines. Suficiente para que el vestuario volara por los aires.
Para una personalidad especial como la de Domenech, el insulto no fue el filo de la daga. “Nunca me había tuteado”, declaró ante las cámaras. En consecuencia, decidió una sanción aleccionadora, con el respaldo de Jean-Pierre Escalettes, titular de la Federación Francesa. “Nico volverá a Francia”, le comunicó el entrenador a Evra, quien intentó mediar para evitar que la grieta, ya indisimulable, se transformara en ruptura. Incluso, logró convencer a Anelka de que pidiera disculpas y puso un punto de encuentro para las partes enfrentadas en la concentración. El futbolista concurrió. Domenech desapareció. Cuando lo encontraron, disparó: “Yo soy el técnico, él debía venir. Ya es demasiado tarde”.
A partir de allí, la estancia de Francia en el continente africano se transformó en una comedia de enredos. En la intimidad del plantel, comenzó una casa de brujas para encontrar al “soplón” que había ventilado la pelea en el vestuario. Un kinesiólogo, el preparador físico principal y hasta el jefe de prensa quedaron en la mira. También algunos jugadores, como Ribery.
En el medio de una entrevista televisiva de Domenech con Telefoot, la entonces estrella del Bayern Múnich irrumpió y enfrentó las cámaras: “Lloré cuando se fue Anelka, somos el hazmerreír del mundo”. Mientras, Evra convocó a una reunión a los jugadores, sin la participación del cuerpo técnico ni el resto de la delegación. “El hotel huele a complot”, escribió el orientador en su diario al escuchar el sonido poco sutil de los tambores de guerra.
La práctica posterior fue el clímax del escándalo. Los futbolistas bajaron del micro en el predio de entrenamiento y la primera señal de que algo andaba mal es que no se calzaron los botines. Saludaron a los fanáticos a un costado del campo, se sacaron algunas fotos, firmaron autógrafos y se dispusieron a marcharse. “Me destrozaron. Era una huelga”, dijo Domenech en el documental.
Allí se dio una discusión fuerte entre Evra y el preparador físico, al que el propio técnico frenó en varias oportunidades al verlo enardecido. El plantel subió al micro a la espera del conductor, para retornar al hotel. No contaban con una nueva treta de Domenech: se había robado las llaves. “Bajo estas condiciones, renuncio. Estoy indignado”, gritó ante los representantes de los medios, que no podían creer lo que estaban viendo.
Los jugadores decidieron no hablar con la prensa, pero pretendían que Francois Manaldo leyera un comunicado, pero se negó, por su vínculo con la Federación. “No lo escribieron ellos, no tenía ni una falta de ortografía”, desconfió Domenech. Pero, en un nuevo giro inesperado en la historia, tomó el papel y fue él quien ofició de vocero de quienes le habían montado una protesta que lo tenía como destinatario. “Fuimos testigos en vivo del funeral de la selección francesa”, ilustró uno de los periodistas que atestiguaron el vodevil.

Los zarandeos continuaron. Por ejemplo, Evra quiso hablar en la conferencia de prensa previa al choque ante Sudáfrica, pero Domenech se adelantó en el auto para hacerla sin él. El defensor se enteró de la jugada cuando encendió la TV y vio al entrenador presto para declarar. “Tengo el poder absoluto”, sentenció, y lo sacó del equipo. El epílogo de la película fue otra caída, 1-2 ante el local, que sentenció una actuación paupérrima, muy lejos de las expectativas.
“Mi historia me llevará a la horca”, rubricó el entrenador en su diario. No fue para tanto, pero sí lo condujo a un lento ostracismo. Posteriormente, tuvo un ciclo al frente del Nantes, en el que ni siquiera logró un triunfo. Supo desempeñarse como comentarista, pero luego del porrazo en el Mundial 2010 vivió cuestionado e incluso su familia sufrió amenazas.
Los jugadores no pudieron correrse del ojo de la tormenta. Cuando el avión de la delegación aterrizó en París, una multitud la recibió en el aeropuerto para recordarles a los futbolistas su pobre actuación. Por sus roles en el escándalo, Evra recibió una suspensión por cinco partidos internacionales con la selección de Francia, y Anelka recibió la pena mayor: 18 encuentros.
Como testimonio viviente de cómo Francia arruinó aquel sueño, el papel del comunicado de los jugadores vive: lo guardó y enmarcó Manaldo, el jefe de prensa. Puede servirles como alarma a Mbappé, Kanté, Dembelé y compañía, que ya evidenciaron algunos roces en la previa al Mundial 2026, cuando la historia, por potencial, los llama a ser protagonistas de la incipiente Copa del Mundo.
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DEPORTE
Palermo contó el detrás de escena de su conmovedor encuentro con Scaloni en la conferencia: “Yo soy medio sensible”

Este lunes por la tarde, en el Arrowhead Stadium de Kansas City, la conferencia de prensa previa al debut de la selección argentina ante Argelia por el Grupo J del Mundial 2026 tomó un giro que nadie en la sala tenía previsto. Martín Palermo, presente en su rol de periodista, aguardó su turno entre la prensa acreditada y, cuando le llegó el micrófono, aclaró desde el inicio que su pregunta no venía del periodismo. “No te hablo como periodista, sino como compañeros que fuimos”, dijo. La respuesta de Scaloni fue espontánea y cargada de emoción.
Horas más tarde, el ex goleador habló sobre lo que vivió sentado en la sala de prensa frente al entrenador de la selección argentina. “La verdad que fue un momento increíble e inolvidable”, dijo en Carnaval Stream, y agregó: “Sé que todavía tenemos muchas cosas más por vivir”.
Lo que describió fue una experiencia doble. Primero, desde el lugar del ex jugador: cuando Nicolás Otamendi respondía preguntas de la prensa, Palermo dijo sentirse reflejado, recordando sus propias sensaciones en Sudáfrica 2010.
Después, desde el vínculo con el entrenador. “Verlo a Leo me hacía acordar de lo que hacíamos en el country, allá en Estudiantes. Desde la broma, desde el chiste, desde la joda, desde todo lo que éramos compinches», contó.
Cuando le llegó el turno de preguntar, el micrófono en la mano le produjo algo inesperado. Palermo lo describió con precisión: “Cuando me dijeron ‘¿le querés preguntar?’, agarré el micrófono y ya me empezó a agarrar algo en la panza. Se me secaba la boca”. Hizo respiraciones para calmarse, buscó no titubear, y la pregunta salió. Scaloni tardó un segundo en reaccionar, no lo había visto entre los presentes. Lo que siguió lo emocionó a los dos.
“Verlo a él también que lo sensibilizó el momento, el verme desde otro lado, haciéndole una pregunta y que no me haya visto antes cuando entró”, relató Palermo. La emoción, dijo, fue recíproca.
“Yo soy medio sensible en todas esas situaciones. Pasa el tiempo, uno está más grande, y reencontrarse en un momento tan particular, en una conferencia de prensa previo al partido, con toda la expectativa que hay y que Leo tenga esa diferencia conmigo… fue inolvidable”.
Lo que Palermo no escuchó en ese momento fueron los aplausos. Gastón Recondo, conductor del programa, le reveló que cuando Scaloni advirtió que también él se emocionaba, más de la mitad de los presentes en la sala comenzó a aplaudir. Palermo no lo registró. “Estaba como enfocado a las palabras de Leo, en esa emoción muy de los dos, muy conectados”, explicó. Fue al ver los videos más tarde cuando escuchó por primera vez ese aplauso.
El director técnico de la Selección Argentina, sorprendido por la presencia de su ex compañero en Estudiantes de la Plata, no pudo contener las lágrimas al recordar los días en que el «Titán» lo ayudó en sus primeros pasos como jugador profesional
El teléfono le explotó de mensajes. El hilo conductor de todos, según contó, fue la emoción del momento y las palabras que Scaloni dedicó a su persona. “Qué lindas las palabras de Scaloni para con vos, qué emocionante fue”, resumió el tenor de los mensajes que recibió.
Palermo señaló que lo que más le generó satisfacción fue ver al DT con la tranquilidad que transmitió durante toda la conferencia. “Si yo soy jugador, mañana salgo a matar, salgo a darlo todo. Es lo que genera Leo y es lo que ha conseguido contagiar y transmitir a los jugadores”, dijo.
Sobre su paso por la sala de prensa, Palermo también recordó la presencia de Djalminha, el ex mediocampista brasileño con quien Scaloni compartió etapa en el Deportivo La Coruña.
El propio DT le dijo al ex goleador, entre risas: “Martín, este jugaba mejor que vos. Vos hacías goles, pero aquel… vos sabés que te quiero mucho”. Y luego, dirigiéndose al brasileño: “Me gusta que un brasileño hinche por Argentina”.
El contexto del debut también estuvo presente en la charla. Palermo recordó lo que fue Qatar 2022, donde Argentina arrancó con una derrota ante Arabia Saudita y terminó campeona del mundo. “¿Podés tener ese traspié? Sí, porque después la selección terminó siendo campeona del mundo. Pero no hay que subestimar, no hay que confiarse, no hay que creerse que por ser los campeones del mundo todo va a ser fácil”, advirtió.
Con el debut ante Argelia programado para este martes, Palermo anticipó lo que le espera en las tribunas: “Mañana cuando toque el himno, por dentro voy a tratar de contenerme, pero algo va a haber que va a correr por mi sangre”.
Y antes de cerrar la charla, ya pensaba más adelante: “¿Por qué no soñar ahora desde este lugar pensando en el 19 de julio?”.
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