POLITICA
Gabriel Palandri, referente liberal: “No sé si voy por la vida autodenominándome mileísta”

En una entrevista exclusiva con el equipo de Infobae a la Tarde, Gabriel Palandri detalló cómo surgió la distancia con Javier Milei, su visión sobre el debate público digital y el valor de la crítica desde afuera del poder.
En una charla con el staff de Infobae a la Tarde, integrado por Manu Jove, Maia Jastreblansky, Paula Guardia Bourdin, Rosendo Grobo y Tomás Trapé, el creador de Los Herederos de Alberdi abordó el fenómeno de la “batalla cultural” desde la perspectiva de quienes, aunque afines al ideario liberal, rechazan una adscripción total al mileísmo y defienden la autonomía del análisis político.
La independencia de Los Herederos de Alberdi ante el mileísmo
Gabriel Palandri definió a su canal como “una marca, un proyecto comunicacional”, y aclaró: “Multimedio me parece un poquito exagerado, ¿no?”. Cuando le preguntaron por el posicionamiento ideológico, fue preciso: “Sí, liberal más que libertario”. Sobre el vínculo con el oficialismo, señaló: “No, para mí mileísta se nos va un poco larga… No sé si voy por la vida autodenominándome mileísta”.
Consultado por su voto, explicó: “En 2021 Avanza Libertad, que éramos la versión manados de La Libertad Avanza en provincia de Buenos Aires. Después ya 2023 y 2025, La Libertad Avanza. Calculo que, ceteris paribus, en 2027 será lo mismo”. Sin embargo, matizó: “Uno tiene que hacer ciertas transacciones con la realidad y, bueno, uno desde afuera… algunas cosas banca más, otras banca menos”.
La distancia con el presidente se hizo literal en el ecosistema digital. “Sí, sí, seguimos bloqueados”, admitió entre risas sobre el bloqueo de Milei en redes. Al preguntarle la razón, Palandri sostuvo: “Creo saberlo, pero tiene una cuota de especulación… tiene que ver con una humorada”.
Los límites del humor y la polémica en redes sociales
Sobre el límite del humor, reflexionó: “No sé cuál es el límite… Siempre el humor es un poco transgresor. Es un trade off entre que cause gracia y tratar de no hacer daños innecesarios, pero no sé dónde está objetivamente el límite”.
El debate se trasladó al fenómeno del lenguaje digital y la polarización. “La comunicación o la discusión pública tiende a polarizarse más que antes… se pierden matices, se pierde complejidad”, evaluó Palandri.
Frente a la pregunta sobre la función de los comunicadores en un contexto donde su corriente ideológica es gobierno, dijo: “Nuestro lugar o lo que intentábamos hacer era un poco comentar u opinar, parecido a lo que puede estar sucediendo acá… Obviamente, de pronto tenemos más afinidad con este gobierno que con el anterior, pero el lugar sigue siendo el mismo o parecido”.
El ecosistema político digital y la batalla cultural
Respecto a la evolución de La Libertad Avanza, describió: “Ha ido cambiando… incluso a un ritmo tal vez más veloz de lo que sería recomendable para la propia La Libertad Avanza. El tema de la cantidad de cuadros que quedaron en el camino, de gente que estuvo en la génesis… que era más del universo de redes, que se han ido desprendiendo o los han relevado por otros que vienen más de la política clásica”.

Sobre la llamada batalla cultural, fue tajante: “No es tanto algo que nos interpela, de lo cual hablemos mucho. Algunas cosas podremos llegar a bancar más, otras menos, pero en general no es tanto la agenda”.
A la hora de analizar la gestión actual, Palandri resaltó: “En lo económico probablemente sea donde están la mayor cantidad de logros que puede exponer el gobierno… la baja de inflación, lo más importante”. Y respecto al futuro político, no dudó: “Si las elecciones fueran hoy, ganaría Milei. Creo que reelige, creo que es el escenario base”.
El modelo de negocio y la independencia editorial también fueron ejes del intercambio. “Hoy vivimos de Los Herederos. Arrancamos trabajando en relación de dependencia y ahora ya hace tres años aproximadamente que estamos sólo con esto”, relató, y justificó su negativa a ingresar formalmente a la política: “Nunca estuvo dado. Ya desde un primer momento nuestra impronta fue bancar, pero no privarnos de hacer chistes o de ser críticos”.
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Quiénes son las mujeres que hoy declaran ante la justicia por prestarle dinero a Adorni

Declaran hoy en los tribunales de Comodoro Py la comisaria retirada de la Policía Graciela Molina de Cancio y su hija Victoria Cancio, dos mujeres que le prestaron en total 100.000 dólares a Manuel Adorni y su esposa en 2024, el mismo día que la mujer del jefe de Gabinete compró la casa del country Indio Cua.
El préstamo fue garantizado con una hipoteca sobre el departamento en el que Adorni vivía entonces con su familia, en la calle Asamblea al 1100 de la ciudad de Buenos Aires.
Según la documentación de la operación, Molina de Cancio aportó 85.000 dólares y Cancio, 15.000.
Molina de Cancio es comisaria retirada de la Policía Federal. Es viuda y fue, hasta diciembre de 2021, jefa de la Dirección General de Escuelas de Formación Policial. El vínculo con Adorni fue a través de la escribana del funcionario, Adriana Nechevenko, que declaró que fue ella quien le presentó a las dos mujeres al jefe de Gabinete, que le había pedido que le consiguiera prestamistas porque necesitaba el dinero.
La semana pasada, el juez federal Ariel Lijo ordenó levantar el secreto fiscal sobre Molina y Cancio. Quiere saber si tenían la capacidad económica y financiera para asumir el rol de prestamistas.
Las dos tienen inmuebles a su nombre en la ciudad de Buenos Aires. hizo pedidos de informes ante el Registro de la Propiedad y resultó que Victoria Cancio es titular de un inmueble en Scalabrini Ortiz esquina Padilla, uno en Perú 79 y otro en Juan de Garay esquina Pereyra.
También figura como dueña de una “parte indivisa” de otros dos inmuebles: uno en Maza 1615 y otro en Paraguay 928; este último lo comparte con su madre.
Molina aparece en el registro como titular de una propiedad en Maza 1681 y otra en Guayaquil 60.
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Tras la reunión de Kicillof y Monzó, el peronismo busca ampliar el frente anti Milei a Buenos Aires

La reunión que este martes mantuvo el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, con el dirigente Emilio Monzó y el diputado nacional, Nicolás Massot, encendió cierta expectativa sobre cuál es la estrategia del mandatario provincial en pos de los comicios del año que viene. Si bien desde ambos sectores aseguran que la relación data de largo tiempo y que los encuentros tienen cierta periodicidad, esta vez se hizo público y se dio en el marco de una acción que Monzó, junto a otros dirigentes, busca desplegar: construir un gran armado opositor al gobierno de Javier Milei para las elecciones del 2027. Sin embargo, también hay allí otra arista a explorar y es saber si dicha construcción se decantará en la provincia de Buenos Aires, donde Kicillof no tiene reelección.
“Si efectivamente comienza a darse a nivel nacional, tendrá su guiño hacia algo provincial”, confió alguien que estuvo al tanto de las conversaciones entre el gobernador bonaerense y el ex presidente de la Cámara de Diputados durante el gobierno de Mauricio Macri. Desde el monzoísmo, admiten que “hay más apertura” para sentarse en una mesa.
En el acercamiento entre el universo kicillofista y el sector de Monzó hay distintos puntos de contacto: poner a la producción por encima de la importación y la laxitud desreguladora que promueve La Libertad Avanza. “Un modelo de producción nacional por sobre la especulación financiera”, dicen cerca del ex titular de la Cámara de Diputados de la Nación.

Kicillof habló post reunión. Fue este miércoles en el marco de la inauguración del Polo Judicial en la ciudad de Olavarría. Allí, en una rueda de prensa, remarcó: “Tengo el teléfono y el despacho abierto para juntarme con toda la dirigencia política. Nosotros siempre tuvimos la misma posición, no tenemos mucho que recapacitar, pero sí a los sectores que forman parte de la dirigencia política, los convocamos a ponerle un límite a Milei en el Congreso. Estamos muy lejos de un armado, es una etapa de construcción con quienes se oponen a estas políticas”.
Otra de las reuniones que manifiestan esta situación actual, pero con eje en el territorio bonaerense es la que mantuvo, días atrás, la intendenta de Moreno, Mariel Fernández, con el diputado nacional, Miguel Ángel Pichetto. El legislador que también trabaja en una reconciliación con el kirchnerismo -visitó a Cristina Kirchner en su departamento de calle San José- pidió reunirse con la jefa comunal y luego del encuentro aseguró sobre Fernández que “es importante que el peronismo tenga una figura como ella; una mujer talentosa y preparada, que está llevando adelante una gran tarea en su segundo mandato”. “Para volver a tener un gobierno comprometido con la gente, es necesario que todos los sectores del peronismo podamos dialogar e integrarnos”, agregó.

Fernández es una de las dirigentes que buscarán disputar una candidatura a la gobernación bonaerense en 2027. Un pelotón que en su momento brotó de nombres como el del intendente de La Plata, Julio Alak; de Lomas de Zamora, Federico Otermín; de Merlo, Gustavo Menénedez; la intendenta en uso de licencia de Quilmes, Mayra Mendoza. Además de algunos funcionarios provinciales como el ministro de Infraestructura, Gabriel Katopodis o de Gobierno, Carlos Bianco. Hoy por hoy, los nombres que aparecen más comprometidos con una construcción bonaerense son los de Otermín, Alak y Katopodis.
El intendente de Lomas de Zamora aceleró un raid mediático en las últimas semanas. Alak tiende puentes con distintos dirigentes e intendentes. “Yo prefiero alguien del territorio en esta etapa”, dijo por ejemplo el intendente de Dolores, Juan Pablo García, al ser consultado por la postulación de algún intendente para la sucesión de Kicillof. Fue uno de los que se reunió con Alak, aunque está dentro del grupo de intendentes que moldea Otermín junto a sus pares Gastón Granados (Ezeiza), Nicolás Mantegazza (San Vicente) y Federico Achával (Pilar).

“El peronismo es un espacio político que nació para gobernar, no es un partido para tener la razón, y en ese sentido, cuanto más compañeros haya caminando el territorio me parece que lo que hacemos es poner en funcionamiento una maquinaria electoral que cuando está coordinada, cuando tiene estrategia, cuando tiene un buen discurso, es muy difícil de ganarle en la Provincia de Buenos Aires”, agregó dicho jefe comunal en declaraciones al streaming Uno Tres Cinco.
Kicillof sostendrá el acercamiento con Monzó. Este viernes, por ejemplo, mantendrá agenda de gestión en la Cuarta sección electoral; donde el dirigente de centro tiene su base política. A una de las actividades irá la diputada provincial del bloque UCR+Cambio Federal, Silvina Vaccarezza, que responde directamente a Monzó. La legisladora, oriunda de Alberti, fue invitada por el senador provincial e intendente en uso de licencia de dicha localidad, Germán Lago. Es uno de los jefes comunales que promueven el Movimiento Derecho al Futuro.
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POLITICA
Política, insultos y el miedo a vivir con quienes piensan distinto

Hay algo que cambió en la manera en que los argentinos y las argentinas se relacionan entre sí. No fue de golpe ni es obra de una sola persona. Pero en 2025 se volvió visible de una manera en la que ya no puede ignorarse. La política dejó de ser un tema de debate y se convirtió en tribus, en una frontera. Y esa frontera no divide solo en el Congreso o en las redes: divide familias, separa amistades, filtra parejas, condiciona empleos, genera insomnio. Bienvenidos al political sorting —o clasificación sociopartidista—: el proceso por el cual la identidad partidaria se superpone a casi todas las dimensiones de la vida social. Ya no sos solo votante de tal o cual partido. Sos libertario, sos peronista, sos “zurdo” —con todo lo que eso implica para el barrio donde querés vivir, para las personas con quienes compartís tu casa, para con quien tomás un café y con quien definitivamente no.
Lo decimos con datos. Una encuesta realizada en la previa electoral, durante septiembre de 2025, relevó cuatro sectores políticos: libertarios (LLA), peronistas o kirchneristas (Fuerza Patria), centristas moderados (UCR, PRO, CC) e izquierda (FIT y afines). El período: plena previa electoral, con el 26 de octubre en el horizonte y un ciclo que incluyó elecciones nacionales, provinciales y municipales a lo largo de todo el año. El contexto inmediato: un presidente cuyo estilo discursivo convirtió la deslegitimación del adversario en componente sistemático —48 veces en Davos el 23 de enero, 40 veces en la apertura del Congreso el 1 de marzo—, y cuyo impacto sobre la convivencia ya era observable incluso entre el 40% de sus propios simpatizantes, que mostraban reservas ante el tono.
¿Se siente libre de expresar su identidad sin temor al rechazo? El gradiente entre sectores es casi perfecto: 80,5% de acuerdo total en el sector libertario, 66,4% en el centro, 59,4% en el peronismo, 51,4% en la izquierda. A mayor cercanía con el poder político oficialista de este ciclo, más libertad percibida. No es un dato de objetividad —no dice quién tiene razón—: es un dato de posición. El viento sopla a favor de unos y en contra de otros, y eso se siente en el cuerpo y en las conductas.
¿La política se volvió más agresiva? También aquí hay gradiente, pero invertido: lo perciben el 87,6% de la izquierda, el 81,5% del peronismo, el 79,8% del centro y solo el 66,4% de los libertarios —y con mucho menos convicción: el 34,7% opinó totalmente de acuerdo, frente al 59% de la izquierda. Los libertarios son simultáneamente el sector que más etiquetas deshumanizantes usa y el que menos agresividad percibe en el ambiente político. Esa contradicción no es un error en los datos: es una de sus claves de lectura más importantes. No es lo mismo disparar que recibir.
El barrio como búnker ideológico. Una primera lectura: quienes quieren homogeneidad ideológica son muchos, muchísimos y en todos los segmentos ideológicos. El 49% de los libertarios elegiría vivir en un barrio donde la mayoría comparte su ideología (frente a solo el 37,4% que prefiere diversidad). Es el sector con la preferencia más marcada por la segregación residencial ideológica, muy por encima del centro (33,4% quiere homogeneidad vs. 53,5% que prefiere diversidad), la izquierda (40% vs. 43,5%) o el peronismo (44,6% vs. 43,5%). La batalla cultural que se predica hacia afuera convive con una tendencia muy marcada a encerrarse hacia adentro. La paradoja no es menor.
El daño en los vínculos es real y profundo. En una escala del 1 al 5 sobre cuánto dañó la hostilidad política las relaciones clave —amistades, familia, trabajo—, tres sectores muestran un balance claramente negativo: izquierda 73,3% con daño significativo vs. 25,7% sin daño; peronismo 64,2% vs. 34,1%; centro 60,4% vs. 37,2%. Solo el sector libertario invierte esa relación: 45,5% con daño vs. 52,9% sin daño. El optimismo o la mayor homogeneidad de sus redes sociales los protege. Por ahora.
La ansiedad política tampoco respeta ideologías. El 44,3% del peronismo, el 38,2% de la izquierda, el 33,7% del centro y el 26,7% de los libertarios admiten haber sufrido ansiedad o insomnio por discusiones políticas agresivas, sean presenciales o digitales. Como señala Emily Sydnor en Disrespectful Democracy (2019), la incivilidad tiene consecuencias psicológicas concretas para los individuos. Los datos lo confirman: la política ya no solo divide, también enferma —aunque sea poco a poco, de manera leve y rutinaria.
El amor tampoco puede todo. ¿Aceptaría una pareja con ideología contraria a la suya? La izquierda es la más restrictiva: solo el 40% dice que sí, y el 46,7% directamente descarta la relación. Más que los libertarios (40,3% la descarta), el peronismo (44,1%) o el centro (31,9%). Si la pareja fuera de su hijo o hija, el 11,4% de los votantes de izquierda lo excluiría de la familia —más del doble que cualquier otro sector. Rompe el estereotipo habitual sobre de qué lado está la intolerancia en la Argentina. Los datos no hacen concesiones a ningún bando y, en general, la explicación de la diversidad está asociada a un condicionante muy potente: que no se hable de política, como más adelante se verá.
El capítulo más incómodo es el de las etiquetas. Los motes con que cada tribu designa a los otros fueron recopilados colaborativamente en redes sociales para este estudio. ¿Los usó alguna vez? En etiquetas deshumanizantes —“ratas”, “cucarachas”, “termos”, “marrones”—, el sector libertario lidera claramente: 37,3% las usó, frente al 26,5% del centro, el 21% de la izquierda y el 20,2% del peronismo. Pero, cuando se pregunta por etiquetas de extremo ideológico —“fascista”, “nazi”, “comunista”—, el mapa se invierte de manera exacta: la izquierda lidera con el 39% de uso declarado, seguida del peronismo (27%), el centro (25,7%) y los libertarios (23,7%). Dos estrategias distintas de incivilidad discursiva. Ningún sector queda limpio. Y ese es exactamente el punto.
Lo que duele, también, difiere cualitativamente. Al peronismo le parecen graciosos “peronchos” y “choripaneros” —los puede resignificar como insignia—, pero le duelen “negros de mierda” y “parásitos” —los que atacan su dignidad de clase.
Al libertario le divierte “libertonto”, pero lo hiere “niños nazis” —cuando el mote deja de ser burla y se vuelve acusación histórica seria.
Al centrista le causa gracia “gorila” y “tibio”, pero lo lastima “vende patria”.
Para la izquierda, “zurdo” y “trosko” son casi emblemas, pero “zurdo de mierda” y “mugriento” duelen sin remedio.
El umbral del dolor está siempre donde el insulto ya no puede neutralizarse con ironía ni apropiarse como orgullo identitario.
El patrón que atraviesa toda la encuesta es el silencio como solución. En casi todas las preguntas sobre tolerancia al otro ideológico —como pareja, como familiar funcionario de un gobierno que se detesta, como amigo—, la respuesta más elegida en todos los sectores incluye siempre alguna variante de “sí, pero no hablaríamos de política”. Entre el 25% y el 35% de los encuestados, según la pregunta y el sector, pone esa condición. Eso no es integración. No es deliberación democrática. Es una tregua precaria que funciona hasta que deja de funcionar, y casi todos lo saben sin decirlo.
Un plus para la “batalla cultural”. Es la que el sector libertario pregona, pero no termina de reflejarse del todo en sus conductas. Son el sector que más evita hablar de política en familia, que más etiquetas degradantes usa en el ámbito digital pero menos rechaza trabajos por razones ideológicas, y el que menos percibe la agresividad del ambiente, aunque sus líderes la producen sistemáticamente. Del lado opuesto, los sectores progresistas muestran más coherencia entre discurso y conducta —pero en una dirección que también cuesta: más restricción en amistades, más exclusión familiar, más rechazo a la pareja ideológicamente opuesta. La coherencia puede ser un problema cuando lo que se proclama es el cierre.
Como escribió Amós Oz: «la semilla del fanático siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral que impide llegar a un acuerdo« (Contra el fanatismo, 2023). Y como documenta Liliana Mason en Uncivil Agreement (2018), la clasificación sociopartidista genera rencor e incivilidad, incluso entre sectores comparativamente moderados. La polarización afectiva ya no es un fenómeno de los extremos, está presente y transversalizada en toda la sociedad.
Lo que está en juego no son los resultados electorales, lo que está en juego es la posibilidad de seguir habitando el mismo país, con un mínimo de respeto mutuo y reconocimiento del otro como ciudadano legítimo —aunque uno piense que está profundamente equivocado. La grieta no es el problema en sí. El problema surge cuando convivir deja de dar espacio al debate y se convierte en el borde de un abismo desde el que solo se lanzan piedras.
El silencio obligado en las cenas de Navidad no es convivencia. Es, a lo sumo, la postergación de un problema que tarde o temprano vuelve a la mesa —y siempre con más fuerza.
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Mario Riorda es profesor de Comunicación Gubernamental y de Crisis en la Universidad Austral.
Patricia Nigro es profesora sobre temas de Ciencias del Lenguaje y Discurso Político en la Universidad Austral.
Este artículo forma parte de la investigación “¿Qué está cambiando en la comunicación política latinoamericana con los discursos de incivilidad?”, radicada en la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral. La encuesta aludida fue realizada por sistema CAWI, 800 casos (200 por cada grupo seleccionado), entre el 25 y el 27 de septiembre de 2025 por Zuban/Córdoba
Mario Riorda,Patricia Nigro,Javier Milei,Conforme a,Javier Milei,,Minuto a minuto. Javier Milei: las últimas medidas del Gobierno,,Según la principal cámara. Cuáles son las preocupaciones de las empresas de EE.UU. en el país,,El impacto en las expectativas. El riesgo del affaire Adorni para la economía
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