POLITICA
Política, insultos y el miedo a vivir con quienes piensan distinto

Hay algo que cambió en la manera en que los argentinos y las argentinas se relacionan entre sí. No fue de golpe ni es obra de una sola persona. Pero en 2025 se volvió visible de una manera en la que ya no puede ignorarse. La política dejó de ser un tema de debate y se convirtió en tribus, en una frontera. Y esa frontera no divide solo en el Congreso o en las redes: divide familias, separa amistades, filtra parejas, condiciona empleos, genera insomnio. Bienvenidos al political sorting —o clasificación sociopartidista—: el proceso por el cual la identidad partidaria se superpone a casi todas las dimensiones de la vida social. Ya no sos solo votante de tal o cual partido. Sos libertario, sos peronista, sos “zurdo” —con todo lo que eso implica para el barrio donde querés vivir, para las personas con quienes compartís tu casa, para con quien tomás un café y con quien definitivamente no.
Lo decimos con datos. Una encuesta realizada en la previa electoral, durante septiembre de 2025, relevó cuatro sectores políticos: libertarios (LLA), peronistas o kirchneristas (Fuerza Patria), centristas moderados (UCR, PRO, CC) e izquierda (FIT y afines). El período: plena previa electoral, con el 26 de octubre en el horizonte y un ciclo que incluyó elecciones nacionales, provinciales y municipales a lo largo de todo el año. El contexto inmediato: un presidente cuyo estilo discursivo convirtió la deslegitimación del adversario en componente sistemático —48 veces en Davos el 23 de enero, 40 veces en la apertura del Congreso el 1 de marzo—, y cuyo impacto sobre la convivencia ya era observable incluso entre el 40% de sus propios simpatizantes, que mostraban reservas ante el tono.
¿Se siente libre de expresar su identidad sin temor al rechazo? El gradiente entre sectores es casi perfecto: 80,5% de acuerdo total en el sector libertario, 66,4% en el centro, 59,4% en el peronismo, 51,4% en la izquierda. A mayor cercanía con el poder político oficialista de este ciclo, más libertad percibida. No es un dato de objetividad —no dice quién tiene razón—: es un dato de posición. El viento sopla a favor de unos y en contra de otros, y eso se siente en el cuerpo y en las conductas.
¿La política se volvió más agresiva? También aquí hay gradiente, pero invertido: lo perciben el 87,6% de la izquierda, el 81,5% del peronismo, el 79,8% del centro y solo el 66,4% de los libertarios —y con mucho menos convicción: el 34,7% opinó totalmente de acuerdo, frente al 59% de la izquierda. Los libertarios son simultáneamente el sector que más etiquetas deshumanizantes usa y el que menos agresividad percibe en el ambiente político. Esa contradicción no es un error en los datos: es una de sus claves de lectura más importantes. No es lo mismo disparar que recibir.
El barrio como búnker ideológico. Una primera lectura: quienes quieren homogeneidad ideológica son muchos, muchísimos y en todos los segmentos ideológicos. El 49% de los libertarios elegiría vivir en un barrio donde la mayoría comparte su ideología (frente a solo el 37,4% que prefiere diversidad). Es el sector con la preferencia más marcada por la segregación residencial ideológica, muy por encima del centro (33,4% quiere homogeneidad vs. 53,5% que prefiere diversidad), la izquierda (40% vs. 43,5%) o el peronismo (44,6% vs. 43,5%). La batalla cultural que se predica hacia afuera convive con una tendencia muy marcada a encerrarse hacia adentro. La paradoja no es menor.
El daño en los vínculos es real y profundo. En una escala del 1 al 5 sobre cuánto dañó la hostilidad política las relaciones clave —amistades, familia, trabajo—, tres sectores muestran un balance claramente negativo: izquierda 73,3% con daño significativo vs. 25,7% sin daño; peronismo 64,2% vs. 34,1%; centro 60,4% vs. 37,2%. Solo el sector libertario invierte esa relación: 45,5% con daño vs. 52,9% sin daño. El optimismo o la mayor homogeneidad de sus redes sociales los protege. Por ahora.
La ansiedad política tampoco respeta ideologías. El 44,3% del peronismo, el 38,2% de la izquierda, el 33,7% del centro y el 26,7% de los libertarios admiten haber sufrido ansiedad o insomnio por discusiones políticas agresivas, sean presenciales o digitales. Como señala Emily Sydnor en Disrespectful Democracy (2019), la incivilidad tiene consecuencias psicológicas concretas para los individuos. Los datos lo confirman: la política ya no solo divide, también enferma —aunque sea poco a poco, de manera leve y rutinaria.
El amor tampoco puede todo. ¿Aceptaría una pareja con ideología contraria a la suya? La izquierda es la más restrictiva: solo el 40% dice que sí, y el 46,7% directamente descarta la relación. Más que los libertarios (40,3% la descarta), el peronismo (44,1%) o el centro (31,9%). Si la pareja fuera de su hijo o hija, el 11,4% de los votantes de izquierda lo excluiría de la familia —más del doble que cualquier otro sector. Rompe el estereotipo habitual sobre de qué lado está la intolerancia en la Argentina. Los datos no hacen concesiones a ningún bando y, en general, la explicación de la diversidad está asociada a un condicionante muy potente: que no se hable de política, como más adelante se verá.
El capítulo más incómodo es el de las etiquetas. Los motes con que cada tribu designa a los otros fueron recopilados colaborativamente en redes sociales para este estudio. ¿Los usó alguna vez? En etiquetas deshumanizantes —“ratas”, “cucarachas”, “termos”, “marrones”—, el sector libertario lidera claramente: 37,3% las usó, frente al 26,5% del centro, el 21% de la izquierda y el 20,2% del peronismo. Pero, cuando se pregunta por etiquetas de extremo ideológico —“fascista”, “nazi”, “comunista”—, el mapa se invierte de manera exacta: la izquierda lidera con el 39% de uso declarado, seguida del peronismo (27%), el centro (25,7%) y los libertarios (23,7%). Dos estrategias distintas de incivilidad discursiva. Ningún sector queda limpio. Y ese es exactamente el punto.
Lo que duele, también, difiere cualitativamente. Al peronismo le parecen graciosos “peronchos” y “choripaneros” —los puede resignificar como insignia—, pero le duelen “negros de mierda” y “parásitos” —los que atacan su dignidad de clase.
Al libertario le divierte “libertonto”, pero lo hiere “niños nazis” —cuando el mote deja de ser burla y se vuelve acusación histórica seria.
Al centrista le causa gracia “gorila” y “tibio”, pero lo lastima “vende patria”.
Para la izquierda, “zurdo” y “trosko” son casi emblemas, pero “zurdo de mierda” y “mugriento” duelen sin remedio.
El umbral del dolor está siempre donde el insulto ya no puede neutralizarse con ironía ni apropiarse como orgullo identitario.
El patrón que atraviesa toda la encuesta es el silencio como solución. En casi todas las preguntas sobre tolerancia al otro ideológico —como pareja, como familiar funcionario de un gobierno que se detesta, como amigo—, la respuesta más elegida en todos los sectores incluye siempre alguna variante de “sí, pero no hablaríamos de política”. Entre el 25% y el 35% de los encuestados, según la pregunta y el sector, pone esa condición. Eso no es integración. No es deliberación democrática. Es una tregua precaria que funciona hasta que deja de funcionar, y casi todos lo saben sin decirlo.
Un plus para la “batalla cultural”. Es la que el sector libertario pregona, pero no termina de reflejarse del todo en sus conductas. Son el sector que más evita hablar de política en familia, que más etiquetas degradantes usa en el ámbito digital pero menos rechaza trabajos por razones ideológicas, y el que menos percibe la agresividad del ambiente, aunque sus líderes la producen sistemáticamente. Del lado opuesto, los sectores progresistas muestran más coherencia entre discurso y conducta —pero en una dirección que también cuesta: más restricción en amistades, más exclusión familiar, más rechazo a la pareja ideológicamente opuesta. La coherencia puede ser un problema cuando lo que se proclama es el cierre.
Como escribió Amós Oz: «la semilla del fanático siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral que impide llegar a un acuerdo« (Contra el fanatismo, 2023). Y como documenta Liliana Mason en Uncivil Agreement (2018), la clasificación sociopartidista genera rencor e incivilidad, incluso entre sectores comparativamente moderados. La polarización afectiva ya no es un fenómeno de los extremos, está presente y transversalizada en toda la sociedad.
Lo que está en juego no son los resultados electorales, lo que está en juego es la posibilidad de seguir habitando el mismo país, con un mínimo de respeto mutuo y reconocimiento del otro como ciudadano legítimo —aunque uno piense que está profundamente equivocado. La grieta no es el problema en sí. El problema surge cuando convivir deja de dar espacio al debate y se convierte en el borde de un abismo desde el que solo se lanzan piedras.
El silencio obligado en las cenas de Navidad no es convivencia. Es, a lo sumo, la postergación de un problema que tarde o temprano vuelve a la mesa —y siempre con más fuerza.
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Mario Riorda es profesor de Comunicación Gubernamental y de Crisis en la Universidad Austral.
Patricia Nigro es profesora sobre temas de Ciencias del Lenguaje y Discurso Político en la Universidad Austral.
Este artículo forma parte de la investigación “¿Qué está cambiando en la comunicación política latinoamericana con los discursos de incivilidad?”, radicada en la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral. La encuesta aludida fue realizada por sistema CAWI, 800 casos (200 por cada grupo seleccionado), entre el 25 y el 27 de septiembre de 2025 por Zuban/Córdoba
Mario Riorda,Patricia Nigro,Javier Milei,Conforme a,Javier Milei,,Minuto a minuto. Javier Milei: las últimas medidas del Gobierno,,Según la principal cámara. Cuáles son las preocupaciones de las empresas de EE.UU. en el país,,El impacto en las expectativas. El riesgo del affaire Adorni para la economía
POLITICA
El derrumbe de la recaudación propia y de la coparticipación bonaerense pone en alerta a los municipios

Las intendencias de la provincia de Buenos Aires experimentan una caída pronunciada en sus recursos, producto de la disminución de sus ingresos por recaudación de tasas y por coparticipación provincial. El escenario, con reducciones que en algunos casos llegan al 30% de lo presupuestado para el funcionamiento anual, obliga a los intendentes de distritos del Gran Buenos Aires y del interior provincial a maniobrar con los fondos disponibles para no afectar pagos de salarios o prestaciones sociales.
Desde el municipio de Tigre, en la zona norte del conurbano bonaerense, describieron el período que va entre enero de 2025 y abril de 2026. “A pesar del incremento nominal del 27,6% en la recaudación total del primer cuatrimestre respecto del mismo período del año anterior, la inflación acumulada del período, 43,9%, erosiona esa variación, dando como resultado una caída real del 11,3%”, informaron a desde el distrito que gobierna el peronista Julio Zamora.
“La situación es especialmente crítica con fondos de origen provincial, cuyo rezago de 19,2 puntos porcentuales respecto de la inflación representa la mayor vulnerabilidad financiera del período. Con solo 24,6% de suba nominal frente al 43,9% de inflación, las transferencias provinciales son la fuente más deteriorada, con un retroceso del 13,4% real”, plantearon desde la Municipalidad de Tigre. Advirtieron, además, que “la inflación acumulada de 2026 ya alcanza el 9,4% a marzo, lo que anticipa mayor presión sobre el gasto real del municipio”.
En distritos del oeste y noroeste del conurbano, como Morón y San Martín, coinciden en identificar una merma del 30% en el total de sus recursos. “Hay una contracción de ingresos que oscila el 30% y eso nos ha forzado a reformular el plan de gestión que teníamos previsto para este año. Lo que estamos haciendo es aplazar algunas obras para, con esas partidas, atender demandas sociales vinculadas a salud, discapacidad, adultos mayores, alimentos y medicamentos”, indicaron desde la Municipalidad de Morón, que conduce el intendente Lucas Ghi, de Fuerza Patria. Esa contracción tiene que ver “con recursos que no llegan en tiempo y forma”, completaron.
La situación en San Martín, donde gobierna Fernando Moreira (Fuerza Patria), también es de caída. En su discurso de apertura de sesiones ante el Concejo Deliberante, Moreira afirmó: “En términos reales, los ingresos totales para este año son de aproximadamente 100.000 millones de pesos menos que en 2025, una disminución del 30% del presupuesto”. Desde este distrito puntualizaron que la recaudación por tasas cayó 11 puntos, en términos reales, al comparar el período enero-abril de 2025 con el mismo lapso de tiempo de 2026. “San Martín es un distrito industrial. Si a las industrias les va mal, la recaudación se resiente mucho”, argumentaron. “La coparticipación que viene de Provincia cayó un 17%, en términos reales, a marzo de 2026”, añadieron.
General Pueyrredón, el distrito más poblado del interior bonaerense y que tiene como ciudad cabecera a Mar del Plata, es otro ejemplo de recursos municipales en baja. Fuentes del municipio que conduce Agustín Neme (reemplaza como intendente a Guillermo Montenegro, de licencia para ser senador bonaerense) informaron a que “la coparticipación viene bajando en forma sustancial durante 2026” y que ese indicador cayó un 11% en febrero, con respecto a enero, y un 5,5% en marzo, con respecto a febrero. “El CUD [Coeficiente Único de Distribución, que define el reparto de los fondos coparticipables] para el distrito viene bajando permanentemente desde 2019”, cuestionaron.
En cuanto a las tasas, en General Pueyrredón explicaron que, si bien en enero lograron aumentar la recaudación de la Tasa por Servicios Urbanos un 32% con el pago anual anticipado, en febrero hubo una baja del 30%, y en marzo, un aumento del 11%. “El municipio está equilibrado. El primer trimestre tuvo superávit, pero postergamos gastos, como compras de patrulleros, y obras, que no las licitamos ahora. El objetivo es tener los sueldos al día”, dijeron desde la intendencia marplatense, alineada con La Libertad Avanza en su articulación con Pro.
“Cayó un 25% la coparticipación. Tuvimos que recortar muchas áreas. [Lo recaudado por tasas] sigue bajo, pero se mantuvo desde el año pasado”, aportaron desde la Municipalidad de Merlo, donde gobierna Gustavo Menéndez, del Partido Justicialista.
En el gobierno bonaerense explicaron que “la coparticipación [nacional] llega en tiempo y forma, porque por ley todo lo que se recauda gotea automáticamente hacia las provincias”, pero subrayaron que “el problema es que, con la crisis económica, hay menor recaudación de impuestos coparticipables y, por ende, llegan menos recursos vía coparticipación”. El gobierno de Axel Kicillof le reclama al de Javier Milei fondos adeudados, por distintos conceptos, que llegan a los $16,7 billones.
Ante la escasez de recursos, el gobierno provincial recibió reclamos de municipios. El Foro Regional de Intendentes para el Crecimiento y Desarrollo (un espacio recientemente creado, integrado por municipios bonaerenses de menos de 60.000 habitantes y de distintos partidos políticos) le pidió al gobierno bonaerense que la totalidad del Fondo de Emergencia y Fortalecimiento de la Inversión Municipal sea de libre disponibilidad (actualmente, lo es el 70%).
“La situación es muy complicada, se ven afectados todos los servicios municipales. Además de la baja en recursos, vemos una demanda de todo lo público por parte de la comunidad que va en aumento permanente”, sintetizaron desde la Municipalidad de Pilar, donde gobierna Federico de Achával, intendente peronista. Según indicaron desde este distrito, con respecto al mismo mes de 2025, la recaudación por tasas bajó un 4,7% en enero, un 16,4% en febrero, y un 15% en marzo, mientras que la coparticipación provincial se redujo un 10,4%, un 13,6% y un 21,5%, respectivamente.
En algunos distritos, más allá de caídas en la recaudación, aseguraron que no produjeron aún recortes. En Quilmes, donde Eva Mieri reemplaza en la intendencia a la dirigente de La Cámpora Mayra Mendoza, actual diputada provincial, informaron a que “la baja en la coparticipación es de entre 10% y 12%” y que “la recaudación municipal bajó poco”. Subrayaron que “el plan bianual está financiado con recursos propios ya ahorrados”.
En Tres de Febrero, municipio administrado por La Libertad Avanza que tiene también un intendente interino (Rodrigo Aybar Perlender, que reemplaza al senador bonaerense Diego Valenzuela), aseveraron que están “bien con los recursos”, que van “monitoreando la situación y ajustando el gasto para poder sostener las obras” y que están construyendo “un túnel con fondos municipales, algo inédito en el mundo municipal”.
Desde el distrito de Berisso, que gobierna el peronista Fabián Cagliardi, establecieron la caída de la recaudación por tasas en un 7% y sostuvieron que, por coparticipación provincial, reciben “lo mismo que el año pasado, por la falta de producción y consumo” en el territorio. “Nos cortaron programas nacionales. Eso hace que las arcas del municipio se desinflen. Ya hay municipios que no pueden pagar salarios. Por ahora, nosotros no recortamos nada”, señalaron.
sus ingresos,Javier Fuego Simondet,Coparticipación,Provincia de Buenos Aires,Conforme a,Coparticipación,,Reforma electoral. En las negociaciones de la Casa Rosada con los gobernadores empiezan a tallar las candidaturas para 2027,,Reforma electoral. Dos gobernadores aliados están en duda, mientras otros negocian obras y fondos,,El recorte de la era Milei. Las provincias resignaron US$18.000 millones en fondos nacionales en los últimos dos años
POLITICA
Las imágenes que usó el Gobierno para sostener la denuncia por espionaje son de libre acceso en Google

El martes 21 de abril, el Gobierno cerró la sala de prensa de la Casa Rosada. El motivo que dio el oficialismo fue que, por un informe que publicó ¿Y mañana qué? (TN) de los pasillos de la Casa Rosada quedó comprometida la seguridad del edificio y del Presidente.
Sin embargo, las imágenes que se mostraron en el programa están disponibles en Google Streetview, la aplicación que permite recorrer las calles de cualquier ciudad y edificios históricos. Así ya lo había aclarado Luciana Geuna, conductora del programa, luego de haber recibido una denuncia por espionaje del Gobierno.
“Para que se den una idea, cada una de las imágenes que grabamos son en áreas que se repiten por miles en redes cuando los alumnos van de visita guiada a la Rosada, y con sus celus, registran el recorrido. También aparecen en Google Street View”, había dicho Geuna el domingo pasado. Además, enfatizó que antes de grabar, se había pedido la autorización al Ejecutivo.
Cualquier usuario puede acceder a este servicio de Google y hacer una recorrida por los pasillos de la Casa de Gobierno. Se puede ver el Patio de las Palmeras, el Salón de Bustos, el despacho presidencial, el Salón Blanco, la galería del primer piso e incluso la escalera que lleva a la sala de periodistas. Las imágenes están disponibles desde 2016 y se actualizan de manera periódica.
Incluso, en junio de 2017, la Casa Rosada hizo una publicación oficial y subió un video a redes: “Conocé la Casa de Gobierno, desde donde estés, con esta recorrida virtual”.
Reabre la sala de prensa de la Casa Rosada
Este lunes, después de casi 15 días cerrada se reabrirá la sala de prensa de la Casa Rosada. Lo definió el Gobierno, luego del informe de gestión que dio Manuel Adorni.
“Se hizo una revisión de sistemas de vigilancia, equipos de control y dispositivos de comunicación: todo lo que se tiene que revisar para garantizar la seguridad del Presidente”, explicaron en Balcarce 50 sobre la decisión de reabrir la sala.
Al mismo tiempo, se definió que el jefe de Gabinete dé una conferencia de prensa. Es una dinámica que no se daba desde hace más de un mes.
Casa Rosada, Javier Milei, Luciana Geuna
POLITICA
La política barrabrava exige resultados concretos

La velocidad con la que se producen y reproducen acontecimientos en la Argentina permite pasar por alto situaciones significativas y, sobre todo olvidarlas o darlas por superadas demasiado rápido. Javier Milei y su gestión comprenden como pocos esa dinámica de la era de la instantaneidad y la simultaneidad. Y la explotan al máximo.
La contraindicación, como siempre, está en el abuso de esa receta. La acumulación deja huellas que, salvo que se produzcan mejoras estructurales, terminan dándole relevancia a las formas y convirtiéndolas en problemas de fondo. Eso es lo que está afectando al Gobierno, además de los problemas reales y los resultados concretos del programa económico, que genera una Argentina cada vez más heterogénea y desigual, con perspectivas de profundizarse en la disparidad.
Lo sucedido el miércoles pasado en la Cámara de Diputados durante el informe de gestión del jefe de gabinete, Manuel Adorni, es un buen ejemplo, que podría entrar en el sobrecargado estante de las lesiones autoinflingidas con secuelas de largo alcance y merece volver a mirar algunas escenas.
En primer lugar, el Presidente no sólo expuso su imagen (en baja en la mayoría de las encuestas) en defensa de un funcionario bajo sospecha, que no terminó de aclarar ninguno de los interrogantes que dominan la agenda pública desde hace más de un mes sobre sus gastos suntuarios y su incremento patrimonial concretados durante los dos primeros años de gestión. Milei hizo más que eso.
Después de prometer la moral como política de Estado en ese mismo recinto hace apenas dos meses, la semana pasada oficializó la política barrabrava como metodología de conducción del Estado.
La llegada y la permanencia del Presidente en el Congreso, acompañado de su séquito de ministros, y los airados agravios con gestos agresivos, incluidos, que le dedicó a los adversarios y a los periodistas presentes que intentaron interrogarlo, lo asemejó demasiado a las escenas protagonizadas por los jefes de las hinchadas de fútbol. Nada más parecido resultó un por momentos desencajado primer mandatario a los líderes de las barras bravas cuando llegan la cancha secundados por sus aduladores coroneles o cuando se instalan sobre el paraavalanchas en el centro de la tribuna para hostigar a los rivales. Y alentar a los propios, hasta cuando se equivocan.
Las palabras en reconocimiento a la división de poderes y de respeto a las investigaciones judiciales, que expresó enfáticamente Adorni en su autodefensa y para no ofrecer ninguna prueba sobre el origen del dinero con el que solventó sus gastos, quedaron, así, ensombrecidas y desmentidas en la práctica.
La presencia dominante e intimidante del jefe del Poder Ejecutivo, rodeado de sus fanáticos ubicados en las barras y en las bancas, con sus ataques hacia los diputados de la oposición en la sede del Poder Legislativo fue una anomalía, aún en tiempos de incorrección política extrema, que subrayó el momento irascible del Presidente así como el aislamiento y la intolerancia dominantes en el oficialismo.
“Aunque hay certeza de que la economía va a mostrar mejoras y ya está habiendo indicios de eso, la inflación sostenida por encima del 2% desde hace 10 meses, más la caída de la actividad y el malestar social creciente, sumado a las peleas internas y las acusaciones por supuesta corrupción han generado un cambio en la dinámica del Gobierno y en el ánimo presidencial, que es imposible de ocultar. Adentro todo es mucho más tenso y más cerrado. Sobra la desconfianza y el miedo. Si nunca hubo mucho espacio para disenso hoy no hay ni un resquicio para disentir. Yo prefiero callar antes que exponerme como alguna vez lo hice”, revela un destacado integrante del oficialismo.
El funcionario es uno, no el único, de los que ha reducido sus contactos externos, cuida las palabras como si fueran criptoactivos y solo habla con interlocutores que podrían ser observados por los hermanos Milei (como los periodistas no militantes) en absoluta reserva y, obviamente, cuando no está en dependencias públicas. No es de extrañar. En las redes sociales y en las reuniones de gabinete el síjavierismo y el síkarinismo compiten con la adulación al líder, sin temor al exceso ni al ridículo. Aún de parte de algunos funcionarios y dirigentes con trayectoria y prestigio previo.
Ese contexto explica tanto las actitudes presidenciales, como las características de la presentación de Adorni en el Congreso. Descalificar a los contradictores y críticos, no dar mayores explicaciones, machacar con los pronósticos optimistas, insistir con la prédica dogmática, blindarse ante los cuestionamientos y forzar indicadores y cifras para que muestren rasgos positivos es lo que manda. Hasta que lleguen mejores vientos.
La utilización de cuadros con cifras de una consultora privada por parte de Milei en su larga exposición en la cena de la Fundación Libertad y no de indicadores oficiales fue observada por varios economistas como un ejemplo del recorte narrativo y del uso de las mediciones en beneficio propio. También su nulo relacionamiento con los invitados en un ambiente favorable resaltó la percepción de aislamiento que domina.
Así, los pronósticos de varias consultoras privadas de una caída de casi un punto en el índice de inflación de abril, que estaría en torno del 2,5%, es una buena noticia, que entona al equipo gobernante y será sobreexplotada por la propaganda oficialista, aunque no suficiente para aventar malestares ni para cambiar el malhumor social.
Ese clima ha ido deteriorándose centralmente por el desempeño de la economía, que ha afectado el poder adquisitivo de los ingresos de la mayoría de los asalariados públicos (especialmente) y privados, sean éstos formales o informales. También por la destrucción de empleo en los centros más poblados o por la perspectiva de su destrucción.
El regreso de los aumentos de precios a los primeros lugares de las encuestas sobre los principales problemas del país y de los individuos, así como el sostenimiento de la pobreza y el empleo como preocupaciones centrales, junto con la corrupción tocan el meollo de la evaluación sobre la gestión del gobierno y la imagen presidencial.
Tanto los problemas económicos como la corrupción que en los dos primeros años del mandato mileísta se licuaban en la herencia recibida, ahora ya son imputados a Milei y su gestión, excepto por su núcleo duro de votantes. Además de su presento turbulento, el Gobierno ya tiene su propio pasado sobre el que se lo evalúa y debe rendir cuentas. En materia económica y en cuestiones de transparencia Milei y su equipo pusieron la vara a una altura que ahora le está costando demasiado alcanzar y la opinión pública se lo factura.
En ese sentido cobra valor la caída de 12% que registró frente al mes anterior en el índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), no solo por la magnitud de la diminución sino por ser la quinta caída consecutiva después del triunfo electoral de octubre pasado.
“El problema no es el nivel en el que está en el tercer año de su mandato, ya que es un poquito más bajo que el que tenían Néstor Kirchner y Mauricio Macri, a esta altura, y bastante más que el que tenían Cristina Kirchner en sus mandatos y Alberto Fernández. Lo que preocupa es la tendencia ”, destacó Carlos Gervasoni, profesor de la UTDT y a cargo del ICG en la Departamento de Política y Gobierno.
En este punto, Gervasoni advirtió el impacto adverso que está teniendo para el Gobierno el caso Adorni, además de la marcha de la economía. “Sorprende la tenacidad del Gobierno en sostenerlo, cuando está claro que esto va a pura perdida. Cuanto más tiempo pasa Adorni en el candelero, peor para el Gobierno. Y me sorprende que no haya actuado como frente a otros casos como aquel famoso [escándalo] de José Luis Espert o ahora el del funcionario del Ministerio de Economía [Carlos Frugoni, por su propiedades en el exterior no declaradas]”, subraya el politólogo.
“El esfuerzo se le está haciendo demasiado largo a muchos que inicialmente apoyaban al gobierno, aunque su situación personal no fuera positiva. Ahora eso está cambiando y está afectando las expectativas”, explica Lara Gorburo, directora de la consultora Management & Fit. Y en ese punto coincide con Gervasoni sobre el impacto que está teniendo la realidad sobre uno de los grandes activos del Gobierno, que eran las expectativas positivas a futuro de la mayoría sociedad, aún entre quienes no la estaban pasando bien.
El impacto de esas realidades medibles ha sido retroalimentadas por el ejercicio de la política barrabrava presidencial, después del paréntesis electoral en el que Milei se autoimpuso un bozal (parcial) para el insulto y la descalificación.
Con motivo del día mundial de la libertad de expresión, celebrado ayer, varios reportes, como el monitoreo de la Libertad de expresión del Foro de Periodismo Argentino (Fopea) y el ránking de Reporteros sin Fronteras dieron cuenta del deterioro que este derecho fundamental ha tenido en la Argentina de Milei en sus dos primeros años de gestión y, muy especialmente, durante el año pasado.
El monitoreo de Fopea muestra que en 2025 se alcanzó el récord de agresiones a la libertad de prensa desde que existe ese registro, hace 18 años, y que el autor de 42% de los ataques fue el Presidente.
De esa manera, superó la cifra de ataques alcanzada durante el gobierno de Cristina Kirchner, en 2013, cuando el sueño de re-reelección empezó a chocar con el malestar económico y se topó con las revelaciones periodísticas sobre la ruta del dinero K y otros hechos de corrupción.
Ahora no solo resalta el número récord de ataques registrados sino que, por ejemplo, también se superó el número de acciones judiciales contra periodistas.
Por otra parte, un análisis de las 113.000 publicaciones propias y republicaciones efectuadas por Milei en la red X, efectuado por Fopea (Mileiinsultaenx.fopea.org) demuestra que una de cada siete contiene insultos, lo que lleva a un promedio de 60 posteos por día con agravios. Las categorías dominantes de esos insultos son la descalificación, la estigmatización y la animalización de sus destinatarios.
El Presidente justifica sus agravios e insiste en que sus pronunciamientos no son ataques a la libertad de expresión, sino que por, el contrario, él está ejerciendo ese derecho y que hay una relación asimétrica de la que es objeto. Esa posición, sin embargo, va en contra de toda la literatura sobre comunicación y política, así como de pronunciamientos judiciales y de organismos internacionales.
Las evidencias demuestran que la intolerancia a la crítica y el insulto a los contradictores se ha consolidado como política de Estado mucho más rápido y más consistentemente que la moral.
Numerosos miembros del Gabinete son consecuentes con esa práctica, tanto como se erigen en defensores del Presidente cuando la ejerce, en otra expresión cada vez más frecuente de la condescendencia (u obsecuencia) que reina en el equipo gobernante. “Solo para aclarar, la guerra hoy es del periodismo contra el gobierno, no viceversa”, publicó en X el ministro de Economía, Luis Caputo, quien se ha convertido con el paso del tiempo en uno de los edecanes principales del Presidente en su rol de jefe de la barra brava.
En ese contexto y en ese sentido se dio la presentación de Adorni en el Congreso en la que no perdió más reputación de la que ya había perdido por la falta de aclaraciones suficientes de sus gastos y adquisiciones desde que ingreso al Gobierno, aunque tampoco le sirvió para recuperar al menos una porción de la imagen desgastada.
No obstante, el jefe de Gabinete, aplaudido por Milei y el resto del gabinete, recuperó muy pronto su estilo altanero y desafiante, tal vez demasiado confiado en que no tropezó más allá de su negativa a dar explicaciones y mostrar pruebas. También convencido de que lo benefició el presunto espionaje del que habría sido víctima su esposa, a juzgar por el minucioso detalle de sus actividades que hizo el servicial diputado kirchnerista Rodolfo Tailhade, para denunciar que Bettina Angeletti había usado en salidas particulares la custodia y los móviles estatales asignados al funcionario.
El problema para Adorni es que aún si la opinión púbica supiera los más que cuestionables antecedentes y prácticas de Tailhade vinculados con el mundo del espionaje y los condenara, como debiera, también podría preguntarse y preguntarle respecto de otra supuesta utilización irregular de bienes públicos. Sobre eso tampoco dio respuestas. Además, habría otros gastos inepxlicados y difíciles de explicar para sus ingresos que estarían por revelerse.
La reaparición prometida para hoy del jefe de Gabinete ante los periodistas, con motivo de la reapertura de la sala de prensa de la Casa Rosada, tras una semana de injustificable cierre, será una oportunidad para aclarar lo que sigue siendo demasiado opaco o para reafirmar la descalificación como política de Estado.
De insistir en la metodología de confrontación, deberá tener en cuenta que la política barrabrava también exige resultados para sostenerse. Y en este momento no sobran los casos de éxito para la afición descontenta.
Claudio Jacquelin,Conforme a
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