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POLITICA

Política, insultos y el miedo a vivir con quienes piensan distinto

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Hay algo que cambió en la manera en que los argentinos y las argentinas se relacionan entre sí. No fue de golpe ni es obra de una sola persona. Pero en 2025 se volvió visible de una manera en la que ya no puede ignorarse. La política dejó de ser un tema de debate y se convirtió en tribus, en una frontera. Y esa frontera no divide solo en el Congreso o en las redes: divide familias, separa amistades, filtra parejas, condiciona empleos, genera insomnio. Bienvenidos al political sorting —o clasificación sociopartidista—: el proceso por el cual la identidad partidaria se superpone a casi todas las dimensiones de la vida social. Ya no sos solo votante de tal o cual partido. Sos libertario, sos peronista, sos “zurdo” —con todo lo que eso implica para el barrio donde querés vivir, para las personas con quienes compartís tu casa, para con quien tomás un café y con quien definitivamente no.

Lo decimos con datos. Una encuesta realizada en la previa electoral, durante septiembre de 2025, relevó cuatro sectores políticos: libertarios (LLA), peronistas o kirchneristas (Fuerza Patria), centristas moderados (UCR, PRO, CC) e izquierda (FIT y afines). El período: plena previa electoral, con el 26 de octubre en el horizonte y un ciclo que incluyó elecciones nacionales, provinciales y municipales a lo largo de todo el año. El contexto inmediato: un presidente cuyo estilo discursivo convirtió la deslegitimación del adversario en componente sistemático —48 veces en Davos el 23 de enero, 40 veces en la apertura del Congreso el 1 de marzo—, y cuyo impacto sobre la convivencia ya era observable incluso entre el 40% de sus propios simpatizantes, que mostraban reservas ante el tono.

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¿Se siente libre de expresar su identidad sin temor al rechazo? El gradiente entre sectores es casi perfecto: 80,5% de acuerdo total en el sector libertario, 66,4% en el centro, 59,4% en el peronismo, 51,4% en la izquierda. A mayor cercanía con el poder político oficialista de este ciclo, más libertad percibida. No es un dato de objetividad —no dice quién tiene razón—: es un dato de posición. El viento sopla a favor de unos y en contra de otros, y eso se siente en el cuerpo y en las conductas.

¿La política se volvió más agresiva? También aquí hay gradiente, pero invertido: lo perciben el 87,6% de la izquierda, el 81,5% del peronismo, el 79,8% del centro y solo el 66,4% de los libertarios —y con mucho menos convicción: el 34,7% opinó totalmente de acuerdo, frente al 59% de la izquierda. Los libertarios son simultáneamente el sector que más etiquetas deshumanizantes usa y el que menos agresividad percibe en el ambiente político. Esa contradicción no es un error en los datos: es una de sus claves de lectura más importantes. No es lo mismo disparar que recibir.

Encuesta de Zuban Córdoba – Sept. 2025

El barrio como búnker ideológico. Una primera lectura: quienes quieren homogeneidad ideológica son muchos, muchísimos y en todos los segmentos ideológicos. El 49% de los libertarios elegiría vivir en un barrio donde la mayoría comparte su ideología (frente a solo el 37,4% que prefiere diversidad). Es el sector con la preferencia más marcada por la segregación residencial ideológica, muy por encima del centro (33,4% quiere homogeneidad vs. 53,5% que prefiere diversidad), la izquierda (40% vs. 43,5%) o el peronismo (44,6% vs. 43,5%). La batalla cultural que se predica hacia afuera convive con una tendencia muy marcada a encerrarse hacia adentro. La paradoja no es menor.

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Encuesta de Zuban Córdoba – Sept. 2025

El daño en los vínculos es real y profundo. En una escala del 1 al 5 sobre cuánto dañó la hostilidad política las relaciones clave —amistades, familia, trabajo—, tres sectores muestran un balance claramente negativo: izquierda 73,3% con daño significativo vs. 25,7% sin daño; peronismo 64,2% vs. 34,1%; centro 60,4% vs. 37,2%. Solo el sector libertario invierte esa relación: 45,5% con daño vs. 52,9% sin daño. El optimismo o la mayor homogeneidad de sus redes sociales los protege. Por ahora.

Encuesta de Zuban Córdoba – Sept. 2025

La ansiedad política tampoco respeta ideologías. El 44,3% del peronismo, el 38,2% de la izquierda, el 33,7% del centro y el 26,7% de los libertarios admiten haber sufrido ansiedad o insomnio por discusiones políticas agresivas, sean presenciales o digitales. Como señala Emily Sydnor en Disrespectful Democracy (2019), la incivilidad tiene consecuencias psicológicas concretas para los individuos. Los datos lo confirman: la política ya no solo divide, también enferma —aunque sea poco a poco, de manera leve y rutinaria.

Encuesta de Zuban Córdoba – Sept. 2025

El amor tampoco puede todo. ¿Aceptaría una pareja con ideología contraria a la suya? La izquierda es la más restrictiva: solo el 40% dice que sí, y el 46,7% directamente descarta la relación. Más que los libertarios (40,3% la descarta), el peronismo (44,1%) o el centro (31,9%). Si la pareja fuera de su hijo o hija, el 11,4% de los votantes de izquierda lo excluiría de la familia —más del doble que cualquier otro sector. Rompe el estereotipo habitual sobre de qué lado está la intolerancia en la Argentina. Los datos no hacen concesiones a ningún bando y, en general, la explicación de la diversidad está asociada a un condicionante muy potente: que no se hable de política, como más adelante se verá.

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Encuesta de Zuban Córdoba – Sept. 2025
Encuesta de Zuban Córdoba – Sept. 2025

El capítulo más incómodo es el de las etiquetas. Los motes con que cada tribu designa a los otros fueron recopilados colaborativamente en redes sociales para este estudio. ¿Los usó alguna vez? En etiquetas deshumanizantes —“ratas”, “cucarachas”, “termos”, “marrones”—, el sector libertario lidera claramente: 37,3% las usó, frente al 26,5% del centro, el 21% de la izquierda y el 20,2% del peronismo. Pero, cuando se pregunta por etiquetas de extremo ideológico —“fascista”, “nazi”, “comunista”—, el mapa se invierte de manera exacta: la izquierda lidera con el 39% de uso declarado, seguida del peronismo (27%), el centro (25,7%) y los libertarios (23,7%). Dos estrategias distintas de incivilidad discursiva. Ningún sector queda limpio. Y ese es exactamente el punto.

Lo que duele, también, difiere cualitativamente. Al peronismo le parecen graciosos “peronchos” y “choripaneros” —los puede resignificar como insignia—, pero le duelen “negros de mierda” y “parásitos” —los que atacan su dignidad de clase.

Al libertario le divierte “libertonto”, pero lo hiere “niños nazis” —cuando el mote deja de ser burla y se vuelve acusación histórica seria.

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Al centrista le causa gracia “gorila” y “tibio”, pero lo lastima “vende patria”.

Para la izquierda, “zurdo” y “trosko” son casi emblemas, pero “zurdo de mierda” y “mugriento” duelen sin remedio.

El umbral del dolor está siempre donde el insulto ya no puede neutralizarse con ironía ni apropiarse como orgullo identitario.

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Encuesta de Zuban Córdoba – Sept. 2025

El patrón que atraviesa toda la encuesta es el silencio como solución. En casi todas las preguntas sobre tolerancia al otro ideológico —como pareja, como familiar funcionario de un gobierno que se detesta, como amigo—, la respuesta más elegida en todos los sectores incluye siempre alguna variante de “sí, pero no hablaríamos de política”. Entre el 25% y el 35% de los encuestados, según la pregunta y el sector, pone esa condición. Eso no es integración. No es deliberación democrática. Es una tregua precaria que funciona hasta que deja de funcionar, y casi todos lo saben sin decirlo.

Un plus para la “batalla cultural”. Es la que el sector libertario pregona, pero no termina de reflejarse del todo en sus conductas. Son el sector que más evita hablar de política en familia, que más etiquetas degradantes usa en el ámbito digital pero menos rechaza trabajos por razones ideológicas, y el que menos percibe la agresividad del ambiente, aunque sus líderes la producen sistemáticamente. Del lado opuesto, los sectores progresistas muestran más coherencia entre discurso y conducta —pero en una dirección que también cuesta: más restricción en amistades, más exclusión familiar, más rechazo a la pareja ideológicamente opuesta. La coherencia puede ser un problema cuando lo que se proclama es el cierre.

Como escribió Amós Oz: «la semilla del fanático siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral que impide llegar a un acuerdo« (Contra el fanatismo, 2023). Y como documenta Liliana Mason en Uncivil Agreement (2018), la clasificación sociopartidista genera rencor e incivilidad, incluso entre sectores comparativamente moderados. La polarización afectiva ya no es un fenómeno de los extremos, está presente y transversalizada en toda la sociedad.

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Lo que está en juego no son los resultados electorales, lo que está en juego es la posibilidad de seguir habitando el mismo país, con un mínimo de respeto mutuo y reconocimiento del otro como ciudadano legítimo —aunque uno piense que está profundamente equivocado. La grieta no es el problema en sí. El problema surge cuando convivir deja de dar espacio al debate y se convierte en el borde de un abismo desde el que solo se lanzan piedras.

El silencio obligado en las cenas de Navidad no es convivencia. Es, a lo sumo, la postergación de un problema que tarde o temprano vuelve a la mesa —y siempre con más fuerza.

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Mario Riorda es profesor de Comunicación Gubernamental y de Crisis en la Universidad Austral.

Patricia Nigro es profesora sobre temas de Ciencias del Lenguaje y Discurso Político en la Universidad Austral.

Este artículo forma parte de la investigación “¿Qué está cambiando en la comunicación política latinoamericana con los discursos de incivilidad?”, radicada en la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral. La encuesta aludida fue realizada por sistema CAWI, 800 casos (200 por cada grupo seleccionado), entre el 25 y el 27 de septiembre de 2025 por Zuban/Córdoba

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Mario Riorda,Patricia Nigro,Javier Milei,Conforme a,Javier Milei,,Minuto a minuto. Javier Milei: las últimas medidas del Gobierno,,Según la principal cámara. Cuáles son las preocupaciones de las empresas de EE.UU. en el país,,El impacto en las expectativas. El riesgo del affaire Adorni para la economía

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Círculo rojo: Milei encerrado en su sistema de toma de decisiones y los intereses cruzados en la casa matriz del PRO

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Según Javier Milei, todo se reduce a una conspiración en su contra: la investigación sobre el crecimiento patrimonial aún inexplicado de Manuel Adorni, el posicionamiento de Mauricio Macri, los números sobre la lenta y heterogénea recuperación de la actividad económica, las declaraciones de los consultores no alineados con el discurso oficial, los rechazos en el Congreso y las editoriales de los periodistas. También la guerra feroz y a cielo abierto entre Karina Milei, los primos Martín y Eduardo Menem, “Lule”, y Santiago Caputo y Las Fuerzas del Cielo, la agrupación que creció gracias a los beneficios del consultor estrella del presidente, que esta semana alcanzó su máximo nivel de tensión por una disputa intrascendente en redes sociales que blanqueó por qué esa pelea no tiene retorno.

Pero la puja en torno a una cuenta atribuida al presidente de la Cámara baja, que alimentó el último capítulo de la interna, el más dañino, en una de las semanas con mejores noticias para el gobierno de los últimos meses -un par de victorias en Diputados, la publicación del EMAE con un crecimiento interanual en 14 de 15 sectores de la economía, el envío de una batería de proyectos al Parlamento y el casi seguro anuncio de la visita del Papa León XIV al país para noviembre próximo-, expuso además a un presidente incapaz de resolver una disputa entre sus dos principales colaboradores. La pregunta ya no es quién le miente a Milei, como deslizó públicamente el militante Daniel Parisini -una semana atrás se abrazó con el mandatario en los estudios del streaming Carajo-, si no quién cuida al Presidente.

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El sistema de toma de decisiones de Milei arrastra desde hace tiempo serias deficiencias, y la guerra declarada de esta última semana terminó por desnudar esas falencias. El Presidente eligió la confabulación -dijo que la exposición del contenido de la cuenta Periodista Rufus con críticas durísimas sobre la gestión y, en particular, sobre Las Fuerzas del Cielo, había sido “algo prefabricado para generar un problema”– y la revalorización de la figura de Caputo -“es como un hermano para mí”, aseguró- para ocultar que no puede resolver la puja interna ni reconfigurar el triángulo de poder que diseñó a mediados del 2024 cuando echó a Nicolás Posse.

“Al menos se blanqueó la interna, ahora ya es un tema de ellos. Javier demostró que no puede hacer nada”, opinó un altísimo dirigente libertario que accede a la intimidad de los hermanos Milei y que sigue con preocupación la pelea, como el resto del gabinete. Este lunes volverán a verse las caras, tras el Tedeum en la Catedral.

La reunión de Mesa Política con Karina Milei, Luis Caputo, Diego Santilli, Patricia Bullrich, Lule Menem, Martín Menem, Santiago Caputo, Ignacio Devitt y Manuel Adorni (Presidencia)

Milei reformuló su esquema de toma de decisiones en mayo del 2024, cinco meses después de asumir, con la salida de Posse, que había desplegado un control casi total sobre la gestión. Hasta ese momento, Karina Milei se reservó para sí la estrategia política, la construcción de la estructura partidaria y la llave para acceder a la intimidad presidencial; Santiago Caputo, la comunicación y algunas gestiones especiales. Cuando salió eyectado Posse –¿intentó, sin éxito, volver a acercarse en los últimos tiempos a sus anteriores empleadores?-, el Presidente tuvo que reestructurar de urgencia la administración: con su hermana dedicada al partido, y ante la escasez de recursos humanos, delegó en su consultor principal buena parte de la gestión y, en especial, áreas muy sensibles de la administración, como ARCA, la SIDE, transporte y el control sobre empresas del Estado. Caputo se convirtió, durante todo el 2024 y parte del 2025, en un asesor todoterreno, concentró poder real, y se erigió, junto a un grupo selecto de colaboradores, como el interlocutor más sólido con el sindicalismo, el establishment empresario, los medios y el Congreso. También con la Justicia. Ese sistema colapsó el año pasado, en las elecciones de octubre, con el triunfo soberbio de La Libertad Avanza y el empoderamiento de la hermanísima, que se vio amenazada por el avance del consultor.

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Fue en ese momento que Karina Milei ideó la contraofensiva, consolidó su relación con los Menem y decidió contrarrestar a su rival interno, primero en la estrategia política y el vínculo con el Congreso, después en el avance sobre la relación con la Justicia y más tarde en la supervisión de los gastos y el funcionamiento de la SIDE, con la jefatura de la comisión bicameral de fiscalización de ese organismo, ahora en manos de Sebastián Pareja. Antes de eso, obturó los intentos de Caputo de reservarse para su sector el Ministerio del Interior y la Jefatura de Gabinete con la elección de Diego Santilli y Adorni, en este último caso, un experimento a todas luces fallido.

A Milei, esa guerra entre su hermana de sangre y su hermano de la vida lo sensibiliza: se dispara su propio índice de irascibilidad. Múltiples versiones dan cuenta de que, frente a la primera contraofensiva de su hermana, en Justicia –una jugada que dinamitó el statu quo del Poder Judicial y habilitó a un rediseño de los sectores en pugna con epicentro en la Corte Suprema y en Comodoro Py-, el Presidente volvió a reunirse con mayor frecuencia con su consultor estrella, y que incluso se declaró, puertas adentro, imposibilitado de frenar cualquier movimiento de su hermana.

Los motivos detrás de la incapacidad de Milei de frenar la sangría interna son múltiples, de acuerdo a las fuentes. Por fuera del costado emocional, el más recurrente es que necesita sí o sí de sus dos principales colaboradores. En el caso de Caputo pesan además, según las fuentes, los contactos que construyó con la administración republicana, y la capilaridad en un buen número de áreas de la gestión doméstica que incluyen, a las mencionadas, desde YPF y Salud a dependencias de Economía en las que ejerce una enorme influencia su hermano Francisco. Y licitaciones híper sensibles como la demoradísima del Belgrano Cargas o la hidrovía del río Paraná-Uruguay, la más importante de esta gestión. El reciente viaje a Washington estuvo teñido, como se contó en esta sección, con ese proceso: enviados de la administración norteamericana ya habían viajado al país el mes pasado, alertados por una posible injerencia china con una de las empresas oferentes.

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Patricia Bullrich

Pero por fuera de esa interna descarnada que, contrario a lo que declaró Martín Menem, por ahora no se resolvió “en el vestuario”, Milei blanqueó con el tiempo un estilo de liderazgo muy particular, alejado de cualquier lógica conocida hasta el momento, atravesado por vaivenes emocionales y el contenido de sus relaciones personales. Ayer se confirmó, por ejemplo, que no se invitó a Victoria Villarruel al tedeum de este lunes. Milei privilegia afinidades a cualquier protocolo político e institucional. Existe un patrón común: no hay lugar para el disenso y, mejor aún, si se incluye una mimetización con el estilo presidencial. No importa si hay inexperiencia entre la dirigencia libertaria, o racionalidad. En una columna reciente publicada en el The New York Times, la abogada y periodista Amanda Taub analizó la influencia de lo que definió como “empleados mediocres” en los nuevos liderazgos globales y en procesos de pauperización de las democracias actuales. “Resulta que los aspirantes a autoritarios no necesitan dotar a sus regímenes de verdaderos creyentes ideológicos, ofrecer incentivos extremos ni imponer castigos draconianos para hacerse con el poder. Simplemente tienen que averiguar cómo captar a su mano de obra ideal: los frustrados y los mediocres”.

El Presidente, para colmo, evita involucrarse en áreas de la gestión que no le interesan. Alguna vez, en Olivos, frente a un grupo de interlocutores reconoció que, por fuera de las redes, solo le dedica tiempo a la economía, a la seguridad -en especial cuando Patricia Bullrich controlaba el ministerio- y a que Sandra Pettovello tenga todas las herramientas disponibles para llevar adelante la administración de Capital Humano. Es llamativo: hay rubros muy delicados por los que ni siquiera se interesa, como la SIDE. Es más: ni siquiera conoce al jefe de los espías, tampoco le llegan los reportes diarios. Está enfocado en la economía, que el jefe de Estado está seguro de que empezará a mostrar mejoras sostenidas en la diaria en los próximos meses. También su ministro de Economía, que, sin embargo, en la semana, en una entrevista televisiva, lanzó una frase muy sugestiva que pasó desapercibida: “Tenemos que recaudar más, seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil”, dijo. Traducido: ya tiene escaso margen para la motosierra. En abril, las partidas no indexadas dentro del gasto primario del Estado alcanzó el 30%, el nivel más bajo desde el 2008, según publicó el viernes la consultora Empiria, de Hernán Lacunza y Nicolás Gadano.

Empiria (gastos en partidas no indexadas)

El affaire Santiago Caputo-Martín Menem expuso también un proceso de devaluación de la palabra presidencial. El último indicio había tenido lugar más de dos semanas atrás, cuando Bullrich pidió públicamente que Adorni presentara de manera urgente su declaración jurada. Fue el 6 de mayo por la tarde. Esa noche, desde el avión, de regreso de Estados Unidos, Milei pidió salir por televisión para explicar que, efectivamente, su jefe de Gabinete cumpliría “inmediatamente” con aquello que horas antes había spoileado la ex ministra de Seguridad.

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Hasta ayer, sábado 23, no hubo novedades en la Oficina Anticorrupción. Durante la semana, su hermano Francisco, denunciado en la Justicia, tuvo que rectificar su propia declaración jurada. Pero pasó algo aún peor: Bullrich presentó su rendición patrimonial, una manera poco elegante de volver a diferenciarse del jefe de Gabinete.

De izquierda a derecha, Fernando De Andreis, Alfredo Cornejo y Mauricio Macri

Intereses cruzados en la casa matriz. En tándem, un grupo de dirigentes cercanos a la jefa del bloque de LLA en el Senado también se presentó en la OA para declarar los bienes y el patrimonio correspondientes al 2025, y el jueves, el subsecretario de Intervención Federal del ministerio de Seguridad, Federico Angelini, del PRO, referenciado en la ex ministra, presentó su renuncia al cargo.

Los movimientos de Bullrich de los últimos meses, y la crisis en el sistema de toma de decisiones y, con ello, el quiebre con un sector del establishment, hicieron que el círculo rojo empezara a mirar a la senadora con mayor interés de cara al 2027. “Si dependiera de ella, en su escala de prioridades, primero es presidenta, después vicepresidente y si no, se queda como senadora”, resaltó un dirigente cercano. Dicen, en su entorno, que no quiere ser jefa de Gobierno porteño, y que esa posibilidad no figura hoy entre sus prioridades, más allá de que en las últimas semanas volvió a recorrer la capital e incluso se mostró con Karina Milei en una reunión partidaria. “Te das cuenta que a Patricia no le interesa la ciudad, es forzado”, se sinceró un legislador que participó de aquel encuentro.

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Colaboradores de la ex ministra explicaron, sin embargo, que es difícil pronosticar una aventura presidencial por fuera del proyecto libertario. Sin embargo, esta semana corrieron versiones de un posible operativo clamor, posterior al Mundial, encabezado por legisladores, y hasta se mencionó a la posibilidad de algunos gobernadores que podrían empezar a insinuar un experimento con la senadora a la cabeza. Alimentó esas suspicacias el lanzamiento de fines del mes pasado del Partido Popular Federalista -con alcance nacional- en la capital, en un restorán del centro, en manos de Pedro Braillard Poccard, vicegobernador correntino, como plataforma ofrecida a Bullrich, que tiene una relación muy fluida con la familia Valdés, en especial con el ex gobernador. “Partidos sobran, pero no es el momento”, abundaron desde el bullrichismo.

Jorge Macri y Luis Caputo

Lo cierto es que el escándalo alrededor del patrimonio de Adorni, que ya había puesto reparos durante la campaña del año pasado cuando aún no habían estallados las denuncias judiciales y todavía gozaba de cierta popularidad, complicó los planes porteños de La Libertad Avanza en un distrito, como la capital, decisivo para la alianza con el PRO, en el que se negocian múltiples intereses cruzados.

Es que es la primera vez en 20 años, desde que Mauricio Macri desembarcó en la ciudad de Buenos Aires hasta convertirla en la casa matriz del PRO, que ese partido que hegemonizó el territorio por dos décadas tiene chances reales de perderlo. Esa desesperación hizo que el año pasado el jefe de Gobierno, Jorge Macri, adelantara el calendario y llevara al PRO a una derrota categórica que implosionó el vínculo entre los primos que ya de por sí históricamente fue oscilante. Esa decisión tuvo el sello del catalán Antoni Gutiérrez-Rubi, cuyo contrato fue rescindido insólitamente por redes sociales tras el tropiezo electoral de mayo el 2025: la estrategia ahora está centralizada en Facundo Calegari, con muy buen contacto con el expresidente, tanto que alguna vez intentó un acercamiento entre el jefe del PRO y Santiago Caputo, al que también conoce muy bien.

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En un sector del círculo rojo, y en sectores cercanos al expresidente, azuzan una posible candidatura presidencial de Macri en el 2027 que, para él mismo, tiene un solo objetivo: generar el mayor músculo político para llegar a una eventual mesa de negociaciones con el gobierno en la que pueda resguardar a la capital, el distrito que le dio sustento político y económico en estas dos décadas a la maquinaria del PRO y que lo catapultó a la Presidencia. Para Macri, retener la ciudad es una obsesión que lo desvela.

Daniel Angelici

Una mejora en la percepción de la gestión y mayor debilidad por parte de La Libertad Avanza fueron las razones que llevaron al jefe de Gobierno a pensar en que los hermanos Milei podrían necesitar un acuerdo con él y su primo el próximo año. Por eso el alcalde derechizó su discurso -los estudios focales pedían mayor “nitidez”-, en paralelo a un mayor orden en su administración que fue posible, en buena medida, gracias a la intervención de Daniel Angelici, “El Tano”, desde hace meses el hombre más influyente de la gestión local, desde el Ejecutivo y la Legislatura al Poder Judicial, con relación directa con los principales actores del ecosistema porteño: desde los Macri, Juan Manuel Olmos y Víctor Santa María a Horacio Rodríguez Larreta, los jefes del radicalismo, dirigentes y operadores de LLA y hasta Nicolás Caputo, que en su momento impulsó al expulsado Carlos Frugoni, con un paso por la administración de la capital. A propósito, el vínculo entre “Nicky” y el expresidente sigue mucho más frío que en los mejores años de Macri. Angelici trabaja para la reelección del jefe de Gobierno, aunque fuentes cercanas no descartan una apertura a negociaciones amplificadas.

En La Libertad Avanza juran que, por ahora, la hermana del Presidente niega de cuajo un posible acuerdo con el PRO como sí propicia, por ejemplo, Bullrich. Es más: en una reunión reciente con militantes digitales en Olivos, el propio Presidente ratificó que no quiere un acuerdo en la capital. Recomiendan seguir, por caso, a la diputada Lilia Lemoine, que es la voz de Milei, que le dedica cada tanto posteos muy duros al jefe de Gobierno. “Si la economía mejora y el presidente hace campaña, al que pongas va a ganar”, aventuró un referente libertario. A pesar de que la constitución porteña exige el 50 más 1 de los votos para sortear la segunda vuelta.

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En ese contexto, Jorge Macri se reserva la potestad de fijar el calendario electoral. En usinas de la política porteña comenzó a circular últimamente que el jefe de Gobierno podría inclinarse por impulsar un cronograma concurrente o, en todo caso, ensayar un “súper domingo” junto a varios distritos controlados por gobernadores de la zona media como Córdoba o Santa Fe si, llegado el caso, se avanza en un experimento de centro como en su momento fue la experiencia de Juntos por el Cambio. Es parte de una serie de conversaciones que el expresidente Macri empezó a tener con algunos jefes provinciales como Martín Llaryora, a pesar de que varios de ellos aún no le confían al jefe del PRO.

El peronismo sigue con especial atención esos movimientos. Análogamente a la construcción de una alternativa nacional, todavía muy incipiente por fuera del proyecto de Axel Kicillof, en la capital se propiciaron en los últimos tiempos ámbitos de debate cruzados e hipótesis pre-electorales entre las que se incorporó a la figura de Rodríguez Larreta, decidido a intentar volver a la Jefatura de Gobierno. Es tal el nivel de confusión que generó la experiencia libertaria y el desorden de las ofertas opositoras que recientemente hasta se llegó a discutir la posibilidad de sumar al ex jefe de Gobierno a una alternativa nacional más amplia del peronismo. Se trata, en definitiva, de los deseos de un sector del establishment que empuja a figuras como el banquero Jorge Brito. Existen, en paralelo, conversaciones entre Rodríguez Larreta y Sergio Massa, viejos amigos.

Juan Menuel Olmos

El ex jefe de Gobierno necesita llegar a fin de año con una intención de voto por encima de los 15 puntos para meterse en la conversación y conformar una alianza con otros actores del centro hacia la izquierda si es que el PRO termina concentrado desde el centro hacia bien la derecha. El legisaldor abrió, en medio, una ronda de diálogos con el peronismo, en particular con Olmos, que se posicionó como una figura central en el PJ. Se especula, en esa línea, con el balotaje como objetivo, y conformar para eso una coalición más amplia que apunte a derrotar a la centroderecha. ¿Puede el peronismo ir en la capital detrás de la figura del ex jefe de Gobierno, o volverá a apostar por un dirigente propio como en estos años? ¿Es negocio pactar con Rodríguez Larreta? Y si lo es, ¿para quién? Hoy suena a una quimera, en especial cuando faltan definir una serie de cuestiones antes de fin de año, con foco en el mes de noviembre: mientras todo el sistema político esté atento a las elecciones intermedias de Estados Unidos, cuyo resultado puede tener una incidencia directa en el último tramo de la gestión de Milei, deberá definirse la renovación del PJ de la capital -si es que no se prorroga la conducción actual- y a los nuevos integrantes del Consejo de la Magistratura nacional. Dos instancias en las que el peronismo porteño tendrá que decidir si hay acuerdo o si, por el contrario, se abre el escenario para una disputa con el kirchnerismo. Es clave, en ese sentido, el rol de Olmos, de Mariano Recalde y de Paula Penacca, cada vez más cercana a Máximo Kirchner, el jefe de La Cámpora que sigue enfrascado en su pelea con Kicillof. El gobernador está cansado de las internas, pero no va a responder públicamente, a pesar de la insistencia de un sector y de las ofertas que le acercaron algunos consultores para cambiar de estrategia. En la provincia de Buenos Aires dejó de reunirse la mesa política que aglutinaba a todos los sectores del peronismo por la fricción entre las facciones. Habrá que ver si sucede algo similar a principios de semana, pero en La Libertad Avanza.

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El ajuste entra en zona sensible: el gasto no indexado debería caer 6% real para cumplir con el FMI

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CÓRDOBA.- Con una mejora en los datos de actividad y empleo, en la Casa Rosada creen que en abril se tocó el piso y que los próximos meses serán mejores. Con ese discurso encaran las negociaciones con los diferentes sectores a la vez que el presidente Javier Milei ratifica que no renunciará a sostener el superávit fiscal. Para cumplir la meta del 1,4% del PBI acordada con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el gasto primario no indexado (45% del total) debería caer otro 6% real.

Un informe del Iaraf dirigido por Nadin Argañaraz advierte que, con ingresos tributarios más débiles de lo previsto, el Gobierno necesitará profundizar el recorte sobre salarios, obra pública, subsidios y programas sociales para cumplir con la meta fijada por el Fondo. Jubilaciones y AUH, en cambio, ya recuperaron casi todo lo perdido frente a 2023.

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La motosierra fiscal empieza a mostrar un cambio de etapa. Después de dos años de fuerte licuación del gasto previsional, el ajuste del Gobierno nacional parece concentrarse cada vez más en otra zona del presupuesto: el gasto no indexado. Es decir, salarios públicos, obra pública, transferencias a provincias, subsidios, programas sociales y funcionamiento estatal. El Iaraf analizó el posible cierre fiscal del año y describió un escenario de creciente tensión entre la meta de superávit y la recaudación que lleva diez meses de caída.

El trabajo parte de que, mientras el presupuesto 2026 proyecta una suba real de 6,7% en la recaudación tributaria, los ingresos nacionales acumularon en el primer cuatrimestre una caída real interanual de 6,7%. Para que la meta oficial pudiera cumplirse, la recaudación debería crecer 13,2% real interanual en los últimos ocho meses del año, lo que Argañaraz considera “de imposible cumplimiento”.

Alcanzar la meta presupuestada implicaría que los tres tributos que deberían registrar los mayores aumentos reales en lo que queda del año serían el de combustibles (62%), las retenciones (32%) y los de importación (27%). En unos días empieza a regir la baja de retenciones que Milei anunció para cebada y trigo. Por su lado, el IVA (el tributo de mayor peso en la recaudación total) debería expandirse 11% real interanual.

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La proyección del Iaraf es mucho más austera, estima que la recaudación tributaria terminará el año con una caída real de 2,3% interanual. Ya considera una pérdida en las contribuciones de Seguridad Social por la puesta en marcha del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) durante el segundo semestre.

Si se distribuye la recaudación tributaria entre Nación, provincias y CABA, la proyección muestra una baja real interanual del 2,9% en los ingresos tributarios del Gobierno central y de 1,1% en los impuestos coparticipables en términos reales.

En ese escenario, el margen de maniobra fiscal se reduce drásticamente y recae sobre el gasto primario no indexado. El 55% del gasto primario está atado a fórmulas automáticas de actualización por inflación, como jubilaciones, pensiones, asignaciones familiares y AUH. Ese bloque ya prácticamente volvió al nivel real que tenía en 2023.

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El otro 45%, el no indexado, es el que absorbe el ajuste. El análisis del Iaraf muestra que en el primer cuatrimestre, el gasto primario total cayó 3,3% real interanual, pero mientras el indexado subió 1,5%, el no indexado se derrumbó 8,6%. Algunas de las partidas más castigadas por el ajuste: otras funciones (93,7%), transferencias corrientes a provincias (42,4%), programas sociales (27,5%), otros gastos de funcionamiento (20,5%), transporte (19,8%) y prestaciones del Pami (10,5%).

Argañaraz sostiene que, para cumplir con la meta de superávit primario de 1,4% del PBI, el gasto no indexado debería cerrar el año con una baja real de 6,2%. La lógica fiscal implica que, como en lo que resta del año los ingresos tributarios del Gobierno Nacional “mostrarían un desempeño relativamente mejor” eso permitiría moderar la contracción del gasto primario

Al aprobar la segunda revisión del programa de Facilidades Extendidas (EFF), el directorio del FMI sostuvo que el equipo económico mantendrá el equilibrio fiscal mediante “mayores reducciones en los subsidios a la energía, una mejor focalización de las transferencias sociales y la contención del gasto discrecional para contrarrestar el impacto de las iniciativas de gasto del Congreso”.

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El trabajo del Iaraf describe escenarios extremos. Si los ingresos tributarios terminaran cayendo 5% real, el gasto no indexado debería desplomarse 10,8% para sostener la meta fiscal. En cambio, si la recaudación creciera 3%, el gasto no indexado podría aumentar 6,5%. En caso de una variación nula de los ingresos tributarios con un incremento de los ingresos no tributarios del 8% (privatización de represas), se podría financiar un alza del gasto primario indexado del 1% y mantener el no indexado.

La tensión crece cuando se incorpora la eventual aplicación de la ley de financiamiento universitario, que está judicializada. Según el Iaraf, si se aplica el costo fiscal estimado en 0,23% del PBI, probablemente sería compensado con nuevos recortes en otras partidas. “El resto del gasto primario no indexado debe financiar la suba del gasto a universidades”, advierte. Eso significaría profundizar aún más el ajuste de esas partidas, de 8,8% a 11% en los últimos ocho meses del año.

Respecto de cómo terminaría el nivel de gasto primario indexado y no indexado en relación al 2023, e Iaraf indica que el primario total caería 29% en términos reales. Casi todo ese ajuste se explica por el desplome del no indexado, con una baja de 47%. En contraste, el indexado -jubilaciones, pensiones, AUH y asignaciones- terminaría apenas 0,8% por debajo.

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La foto muestra también qué áreas perdieron más peso dentro del gasto público. Las transferencias de capital a provincias registraron la mayor caída relativa, pasaron de 0,43 puntos del PBI en 2023 a 0,03 puntos en abril último. Es decir, un derrumbe de 93%. Detrás aparecen la obra pública nacional (73%), las transferencias no automáticas a provincias (68%), programas sociales (57%), subsidios energéticos (51%) y al transporte (38%) y partidas universitarias (37%).

La dinámica transparenta que el ajuste fiscal cambió de naturaleza. En 2024, buena parte del equilibrio se construyó sobre la licuación de jubilaciones y prestaciones sociales en medio de la aceleración inflacionaria. Pero con las partidas indexadas recuperando terreno, la motosierra se desplaza hacia sectores más sensibles políticamente, como universidades, provincias, salarios públicos, obra pública y programas sociales.




Gabriela Origlia,FMI,Obra pública,Universidades,Conforme a,FMI,,Programa financiero Caputo publicará el detalle de cómo la Argentina afrontará los pagos de la deuda hasta las elecciones de 2027,,Una ventana para emitir deuda. Se complicó la economía global al mismo tiempo que la local vuelve a dar signos positivos,,FMI. El Gobierno se comprometió a presentar una reforma tributaria a fin de año y pateó la previsional para después de 2027

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POLITICA

El sueño del cambio de timonel sin alterar el rumbo

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El fenómeno lo venimos describiendo desde hace varias semanas.

La crisis alrededor de Manuel Adorni suma una nueva capa al desgaste del gobierno y golpea sobre el activo central de La Libertad Avanza: la figura personal de Javier Milei.

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El oficialismo conserva la agenda en las redes sociales, pero empieza a pagar más caro el costo de su centralidad.

En este clima de tensión política en aumento, con reactivación periódica de escándalos internos varios, la crisis libertaria incentiva una pregunta incómoda en los círculos de poder argentinos: ¿puede existir un mileísmo sin Milei?

La idea parece contradictoria, casi un oxímoron político.

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El Presidente no es sólo el líder de La Libertad Avanza, sino también su marca, su método, su tono, su identidad emocional y su principal dispositivo de diferenciación frente al resto del sistema político.

La crisis golpea en un lugar especialmente delicado para el oficialismo: la promesa de superioridad moral libertaria.

La Libertad Avanza no sólo ganó poder con un programa económico, sino también por una impugnación ética del sistema.

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Su relato se apoyó sobre la idea de que los libertarios venían a barrer con la casta, los privilegios, la opacidad patrimonial y las viejas prácticas de la política.

Pero cuando se encadenan el caso $LIBRA, las denuncias sobre presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad y las desventuras personales y patrimoniales de Adorni, el problema excede la suerte judicial de cada expediente.

El daño cae sobre la narración fundacional del aparato de poder libertario, expresada en el terreno que vio nacer al proyecto político que encabeza Javier Milei: las redes sociales.

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Un liderazgo incómodo

El presidente conserva la centralidad de la conversación política, pero ese rasgo ya no funciona sólo como potencia: también empieza a funcionar como superficie de impacto.

Según el análisis de Monitor Digital, el Presidente sigue muy por encima del resto de los dirigentes en volumen de menciones.

Milei reúne 32.964.000 menciones durante el último año, más del triple que Cristina Kirchner, que suma 10.255.600.

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La Libertad Avanza también conserva el centro del sistema digital: concentra 65,8% de las menciones políticas, contra 28,3% del peronismo-kirchnerismo y apenas 5,9% del PRO.

El dato confirma que el oficialismo todavía ordena la escena digital argentina, pero también muestra una paradoja: dominar la agenda no equivale a controlar el sentido de esa agenda.

Milei sigue liderando la conversación digital, pero empieza a pagar más caro el precio de ese liderazgo.

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Una crisis oficialista, ¿una oportunidad opositora?

Al analizar el sentimiento de conversación en redes sociales sobre los principales dirigentes argentinos, Mauricio Macri y Patricia Bullrich aparecen relativamente mejor ubicados en términos reputacionales.

Según Monitor Digital, Macri registra -69 puntos NSR y Bullrich -71, mientras Milei queda en -76.

Esta ventaja relativa los deja menos castigados que el núcleo libertario y que las principales figuras del peronismo.

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Sin embargo, una mejor reputación relativa no alcanza para construir liderazgo.

Macri conserva experiencia, estructura, vínculos de poder y capacidad de interlocución con sectores que nunca terminaron de confiar plenamente en el experimento libertario.

Pero también carga con su propio pasado, con el recuerdo social de su gestión y con una dificultad evidente para volver a encarnar futuro.

Bullrich expresa mejor que nadie el puente entre el PRO duro y La Libertad Avanza.

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Tiene volumen político, un discurso muy potente sobre el orden de las calles y afinidad con una parte importante del electorado libertario.

Pero su integración al Gobierno también la vuelve parte del costo oficialista.

En ese sentido, la actual senadora se ubica relativamente mejor, pero no queda afuera del incendio oficialista.

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Manuel Adorni, en cambio, crece en menciones como síntoma de crisis. Su salto digital no expresa fortaleza, sino exposición pública.

La figura del jefe de Gabinete condensa una tensión muy delicada para el Gobierno: cuando un funcionario de máxima confianza queda bajo sospecha pública, el daño ya no se administra como un problema individual.

En el contexto del escándalo que envuelve a Adorni —complementado con episodios anteriores rodeados de sospechas varias—, el oficialismo puede intentar separar responsabilidades.

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Pero la conversación digital suele hacer lo contrario: conecta nombres, arma escenas, produce asociaciones y convierte casos aislados en un clima político en formato de combo.

Por su parte, el peronismo-kirchnerismo no consigue capitalizar de manera suficiente el deterioro libertario en la conversación pública-digital:

  • Cristina Kirchner conserva volumen de conversación, pero arrastra una valoración negativa persistente.
  • Axel Kicillof sostiene una buena presencia digital y mejora en algunos indicadores de comunidad, pero no convierte ese desempeño en una ola nacional capaz de absorber el malestar contra el Gobierno.

Un debate, entre el deseo y el futuro posible

La conversación digital de los argentinos sobre los avatares de la política del país sugiere, por ahora, que el enojo con Milei no se transforma automáticamente en adhesión opositora.

Es decir, la crisis libertaria erosiona al oficialismo, pero todavía no organiza una alternativa emocionalmente atractiva para el ecosistema digital.

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Por eso, el “mileísmo sin Milei” aparece más como síntoma que como solución. Es el reflejo de una incomodidad creciente dentro del propio espacio de poder que acompañó, toleró o impulsó el experimento libertario.

Ese sector no quiere necesariamente volver al pasado; tampoco parece dispuesto, por ahora, a entregar el poder a manos opositoras.

El denominado “círculo rojo” busca una opción reformista —por derecha—, dura, promercado, antikirchnerista y menos imprevisible.

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Pero el problema es que esa fórmula todavía no tiene rostro. La cara más visible —aun siendo el más cuestionado— sigue siendo la de Javier Milei.

Leé también: El horno digital no está para bollos libertarios

Como señalábamos, esta anhelada “continuidad de rumbo con nuevo timonel” todavía no existe como liderazgo, pero se coló durante las últimas semanas como eje de una conversación en ciernes.

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Un terreno de especulaciones en el que caminan figuras como Mauricio Macri y Patricia Bullrich, dos viejos dirigentes argentinos con ganas de convertirse en la “novedad” dentro de un escenario de ausencia de alternativas nuevas de cara a 2027.

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