CHIMENTOS
Plumas perdidas, miradas cruzadas y bloopers: todo lo que no se vio de los Martín Fierro de la Moda 2026

Mientras en pantalla de Telefe los Martín Fierro de la Moda 2026 desfilaban entre premios, discursos y glamour, fuera de foco se armaba otra historia. Una más descontracturada, atravesada por el clima, los encuentros inesperados y esos detalles que nunca llegan al aire.
El frío fue, sin dudas, uno de los grandes protagonistas invisibles de la noche. Desde la alfombra roja, el descenso de temperatura se sintió en cada rincón: las figuras entraban al estudio frotándose las manos, buscando refugio en el interior y comentando lo mismo en voz baja. Ya lejos de los flashes, el comentario se repetía entre mesas altas y copas: había que aguantar.
Ese paso al interior encontró su punto de encuentro en el cóctel, donde el ritmo cambió por completo. Sin una estructura fija, el espacio se llenó de charlas cruzadas, saludos al pasar y circulación constante. El bandejeo acompañaba esa dinámica: pequeñas piezas que se comían casi sin detenerse, entre conversación y conversación. La propuesta del chef Joaquín Pantuso se movía en esa misma lógica estética de la noche: dulces delicados sin gluten ni azúcar, con frutas como maracuyá, frambuesa, mango o pera, y un brownie francés que se convirtió en uno de los más repetidos. Del lado salado, los fingers de salmón con miel, las combinaciones con palta y los mini croissants marcaban el pulso de una previa que funcionaba más como tránsito que como pausa.
Ya en el estudio, la cercanía entre Pampita y Benjamín Vicuña generó uno de los momentos más comentados de la noche, aunque sin una sola palabra. Sentados a un asiento de distancia, todo se jugó en gestos. Primero, el aplauso de él cuando ella pasó a recibir su premio. Después, el cambio de clima cuando fue el turno de él: Pampita evitó mirarlo y Vicuña giró inmediatamente hacia su pareja, Anita Espasandín, para besarla. Una escena breve, silenciosa y lo suficientemente cercana como para que nadie la pasara por alto.

El impacto visual también tuvo su lado impredecible. El vestido de Stephanie Demner no solo llamó la atención por su tamaño, sino por su construcción: una silueta sirena completamente drapeada, de escote strapless con mangas largas incorporadas y una falda estructurada cubierta de plumas que se extendía en una cola imponente. A medida que avanzaba, el diseño parecía transformarse en tiempo real: las plumas comenzaban a desprenderse y quedaban en el camino, marcando su recorrido. El detalle lo completó su marido, el extenista Guido Pella, que llegó con varias en el bolsillo del traje, a modo de matching outfits, aunque con el correr de la noche, también las fue perdiendo.
En el escenario, la espontaneidad tuvo nombre propio. Susana Giménez convirtió su discurso en una secuencia de momentos inesperados: al subir a recibir su Martín Fierro a la Trayectoria, se golpeó la boca con el micrófono. Luego, confundió el nombre del dueño de Telefe al agradecer. “Gracias a Gustavo, el nuevo dueño del canal. Roggiano, Poggiano. Me estoy equivocando con todo”, dijo entre risas, en referencia a Gustavo Scaglione. La diva también aprovechó y le hizo un reclamo en vivo a Luis Ventura: “¿Dónde están el oro y los brillantes?”, consultó, mirando la estatuilla. Hasta rebautizó a Iván de Pineda como “Rosco”, ya que es el juego estrella del programa que conduce el animador de Pasapalabra. Todo en cuestión de minutos, mezclando emoción, humor y desprolijidad encantadora.
No fue el único momento fuera de libreto. Valeria Mazza protagonizó un leve tropiezo al mostrar su segundo look junto al conductor, que resolvió con elegancia. Por su parte, Sofía “La Reini” Gonet vivió un momento más complicado. Al escuchar su nombre como ganador, celebró y el escote de su vestido quedó al límite al subir a recibir su premio.

La disposición del público también marcó una narrativa paralela. Las figuras de OLGA y Luzu TV quedaron ubicadas en tribunas enfrentadas, generando una división silenciosa dentro del estudio. No hubo cruces entre Nacho Elizalde y sus excompañeros, Nicolás Occhiato, Flor Jazmín Peña, Santi Talledo y Momi Giardina.
Sin embargo, no todo fue distancia. Durante los cortes, se vio un clima relajado entre Iván de Pineda, Vero Lozano y Evelyn Botto, que intercambiaban comentarios y risas lejos del protocolo.
Así, entre el frío que atravesó la noche, los bocados que circularon sin pausa, los gestos que dijeron más que las palabras y los pequeños imprevistos que escaparon al guion, los Martín Fierro de la Moda 2026 dejaron en evidencia que, muchas veces, lo más interesante ocurre justamente donde las cámaras no están mirando.
CHIMENTOS
La K’onga celebró 23 años de carrera: del recuerdo de los comienzos al éxito de su gira internacional

Después de 23 años de trayectoria, de recorrer cada punto del país y de hacer bailar a miles de fans con sus hits, La K’onga vive el mejor momento de su carrera. Tras coronar el 2025 con un show en el estadio Vélez, la banda volvió a celebrar con dos jornadas a pura alegría en el Movistar Arena. Sin embargo, más allá de estos datos, detrás se encuentra la historia y el esfuerzo de Pablo Tamagnini, Nelson Aguirre y Diego Granadé.
Así las cosas, previo a su segundo show en el Movistar Arena, la banda recibió a Teleshow en sus camarines. Minutos después de terminar la prueba de sonido, los músicos se mostraban relajados y entusiasmados en un clima festivo. Es que, más allá de la euforia por el espectáculo, el grupo se encontraba celebrando el cumpleaños de Pablo Tamagnini. Entre risas y bromas, los artistas hablaron sobre el supuesto regalo al cantante. “Es que somos tan amigos que ya no nos regalamos nada”, comentó Nelson Aguirre.
Con la idea de dar certezas, el propio Pablo manifestó: “Un Movistar me regalaron”. Siguiendo con las bromas, Aguirre aclaró: “Vi que recibió muchos regalos de los seguidores, de fans. Nosotros no tuvimos tiempo, estuvimos ensayando, descansando, pero ya le regalaremos algo después. Ya vemos, ya vemos”. Fue entonces cuando Tamagnini volvió a bromear: “Todo mentira, todo mentira. Si pasa, pasa”.

– ¿Cómo están viviendo esta celebración?
Diego: – Felices como siempre. Ansioso ya por subir otra vez al escenario. Hoy estamos con un marco relindo también, que es el cumpleaños de nuestro amigo, aunque a él no le guste que lo digamos mucho, pero es el cumpleaños de nuestro compañero y la verdad que lo disfrutamos un montón. Una noche especial para nosotros.
Pablo: – Este es el número trece de Movistar, es el segundo consecutivo de este año. La verdad que la estamos pasando genial. Nos gusta muchísimo venir al Movistar, se escucha, se ve bien, el público la pasa genial. Una plaza que siempre nos gusta hacer. Venimos con una propuesta totalmente distinta a la anterior, eso también está buenísimo. Tenemos canciones nuevas.
Pablo: – Anoche fue una gran fiesta y terminó el show también me festejaron el cumpleaños, así que ha sido muy redondo, la verdad.
– Diego, viviste un hermoso momento con tu mamá
Diego: – Momento lindo, momento lindo. Yo agradecido a los muchachos que me dejan vivir esas cosas. La hemos pasado superbién.

– ¿Cómo fue ese momento? ¿Qué te dijo tu mamá después?
Diego: – Mi mamá es un personaje, lo hemos disfrutado. Después terminó el show, le he estado molestando un poco porque le dije: “Estabas nerviosa, vos que has bailado toda la vida, estabas nerviosa”. Así que me he estado riendo con toda la familia y la hemos pasado espectacular.
– ¿Ella te enseñó a bailar? ¿De chiquito bailabas?
Diego: – Sí, con mi mamá. Ella me enseñó de chico. Bueno, nos conocemos, en realidad con Nelson también nos conocemos del palo de bailar folclore, así que sí, venimos de todo ese mambo.
– Y ahora, chicos, se viene la gira, ¿qué están pensando de todos los países que van a recorrer?
Diego: – Siempre disfrutarlo. Festejar cumpleaños, voy a estar de cumpleaños allá por Europa, así que a ver si los muchachos me regalan algo y que no pase lo mismo que Pablo. Pero nada, siempre vamos con grandes expectativas, siempre conocemos gente, conocemos artistas, les llevamos nuestra música a gente que hace mucho que no viene al país y que se siente muy identificado, que extrañan. Así que creo que es una función importante, aparte de nosotros darnos un gusto y defender lo que tanto amamos, sino llevarle eso a la gente, acercarlos un poquito para estos lados.

– ¿Qué se acuerdan de estos 23 años? ¿Qué momentos se guardan ahí en la memoria, en el corazón?
Nelson: – Los primeros bailes, los comienzos en nuestra ciudad, en Villa Dolores, en toda la zona. Lo que nos costó, la verdad que sí, fue largo, fue mucho sacrificio. También recuerdo mucho el Estadio Vélez que hicimos, que fuimos la primera banda que hizo un estadio acá en Argentina. Imaginate lo que significó para nosotros. Fue una noche muy emotiva, que también quedará en el recuerdo de todos nosotros, muy especial.
Pablo: – Ahora en febrero va a ser dieciséis años que estoy con los chicos, los primeros shows, como decía Nelson, que todavía estábamos empezando, cuál era mi repertorio. Tenía dos, tres temas nomás, los chicos se cantaban todo. Así que me acuerdo mucho de eso, del espacio que me dieron los chicos, de esta familia que siempre hablamos, de que me dieron el lugar y que el público de La Konga me adoptó también. Así que de eso me acuerdo mucho.
– Prepararon un festejo especial para el cumple de Lionel Messi…
Diego: – Se había viralizado que a las diez de la noche casi todo el país le iba a cantar el cumple a Leo, así que justo nosotros vamos a estar en pleno show y hemos decidido con los muchachos y toda la banda y toda la gente que labura que nos vamos a sumar, ¿no? Cómo no nos vamos a sumar. Así que a las, a las diez menos dos minutitos vamos a estar ahí preparando el público para cantar en vivo esa, el feliz cumpleaños para el capitán.

– Pablo, ¿qué sentís de cumplir el mismo día que Messi?
Pablo: – Es un orgullo. Se lo pude decir cuando me firmó el brazo. Tuve ese momentito con él, que le pude decir: “Che, cumplimos el mismo día, loco”. Es un día con muchas efemérides, es el día de San Juan, es el día que nació el Duki también, Fangio, falleció el Potro Rodrigo, que para nosotros es tan importante, Gardel, un gran cantante. Así que lo comparto con grandes astros y me siento muy bien.
– ¿Qué le dirían en su día?
Diego: – Solamente abrazarlo. Nosotros tuvimos la suerte de cuando salieron campeón el mundial pasado, compartir con ellos en una fiesta en Rosario, después cantar en el Monumental también cuando la selección festejó acá. Yo creo que a todos los argentinos nos hace muy felices. Nosotros somos una banda muy futbolera, nos encanta el fútbol. Y cada partido la verdad que es un momento que yo creo que eso es lo más importante. Cada vez que hay un partido de la selección, yo creo que te olvidas de todo. Es un momento donde los problemas de cada persona del país, de las cosas que tiene cada uno se van y uno se dedica a ver fútbol y que esté él tirando esa magia, la verdad que nos hace muy bien. Yo creo que simplemente agradecerle por eso y disfrutarlo.
– ¿Y cómo fue ese encuentro con Messi?
Diego: – Hermoso. No molestamos nosotros, tranquilitos ahí, como siempre.
Nelson: – Él también así, igual que nosotros. O sea, supertranquilo, más tirando a tímido. Charlamos con él, con la familia, lo abrazamos, le dijimos gracias por todo. La verdad que fue un momento que nos va a quedar para siempre.
– Pablo, vos te llevaste la firma de él…
Pablo: – Me llevé el tatuaje, le dije que lo amábamos, que lo bancamos en todas y que disfrute. Ahora que disfrute.
Crédito: Jaime Olivos
CHIMENTOS
Drama en pleno Mundial: Cody Gapko, estrella de Países Bajos, anunció la muerte de su hijo

El futbolista Cody Gakpo, una de las grandes figuras de la selección de Países Bajos en el Mundial 2026, recibió una dolorosa noticia en la previa de los octavos de final: su pareja, Noa van der Bij, confirmó la pérdida del embarazo.
La información se conoció a través de un mensaje publicado en redes sociales por la propia pareja del delantero del Liverpool, donde compartieron el difícil momento que atraviesa la familia. La noticia generó una fuerte conmoción tanto en el entorno del jugador como en el mundo del fútbol internacional.
Noa van der Bij fue quien comunicó públicamente la pérdida del embarazo con un mensaje cargado de dolor y emoción. En su publicación, expresó el impacto de la situación y agradeció el apoyo recibido por parte de los seguidores.
Poco después, Cody Gakpo reposteó el mensaje y también dejó unas palabras breves pero contundentes, en las que pidió respeto y privacidad para atravesar este momento junto a su familia. “Este es un momento increíblemente difícil para nuestra familia. Les pedimos amablemente privacidad y espacio”, expresó el delantero neerlandés.
La noticia llega en un contexto especialmente sensible para el futbolista, ya que Países Bajos se prepara para disputar los octavos de final del Mundial 2026 tras finalizar primero en su grupo. Gakpo viene siendo una pieza clave en el equipo dirigido por Ronald Koeman, siendo titular en todos los encuentros de la fase inicial y uno de los goleadores del conjunto neerlandés.
Sin embargo, ahora la gran incógnita pasa por saber cómo impactará esta situación en su presencia dentro del próximo partido, donde su participación aún no está confirmada. Tras conocerse la noticia, comenzaron a multiplicarse los mensajes de apoyo hacia el jugador. Tanto la selección de Países Bajos como el club donde milita, el Liverpool, expresaron públicamente su acompañamiento en este momento personal.
Ambas instituciones compartieron mensajes en redes sociales destacando su apoyo incondicional al delantero y enviándole fuerzas para atravesar la situación junto a su familia. Más allá del plano deportivo, el entorno del jugador se mantiene en reserva respecto a las decisiones que tomará en los próximos días. La prioridad, según dejaron trascender desde su círculo cercano, es el bienestar emocional del futbolista y su familia.
En este contexto, el foco está puesto en acompañar a Gakpo en lo personal, mientras Países Bajos define su camino en la etapa decisiva del torneo. La situación del delantero recuerda a otros episodios en el fútbol internacional donde figuras atravesaron momentos personales delicados durante competencias de alta exigencia, generando un inevitable impacto emocional dentro del campo de juego.
Por ahora, la incógnita sigue abierta: cómo y cuándo volverá Cody Gakpo a la competencia, en medio de uno de los momentos más difíciles de su vida personal.
Cody Gakpo
CHIMENTOS
De Sergio Denis a la gloria de México 86: la canción que se convirtió en cábala de los campeones del mundo

Hay historias que parecen escritas por el destino. O por esas fuerzas invisibles en las que algunos creen y otros prefieren llamar de otra manera. Carlos Salvador Bilardo jamás aceptó la palabra “cábala”. Para él eran simplemente “costumbres”. Así las definía cada vez que alguien intentaba asociar sus rituales cotidianos con la superstición. Era una forma elegante de esquivar discusiones, incluso las observaciones del sacerdote al que visitaba con frecuencia en la Basílica de Luján. Sin embargo, quienes lo conocieron de cerca sabían que detrás de esas “costumbres” se escondía una fe inquebrantable en ciertos hábitos que, según él, ayudaban a que las cosas salieran bien.
La historia venía de mucho antes del fútbol profesional. Desde sus años de estudiante de medicina en La Plata, Bilardo repetía recorridos, horarios y movimientos casi con precisión quirúrgica. Si debía rendir un examen importante, procuraba subir siempre al mismo interno de la línea 110 y abordar exactamente la misma formación del subte. Un cambio inesperado, una demora o una modificación del recorrido podía convertirse en una amenaza para ese delicado equilibrio que, estaba convencido, lo acercaba a la buena fortuna.
Aquel universo de rituales terminó encontrándose, sin que nadie pudiera preverlo, con una canción de Sergio Denis. Y esa unión inesperada quedó para siempre asociada a una de las mayores gestas deportivas de la historia argentina.
Mientras el país recuerda la consagración en el Mundial de México 1986, de la que mañana se cumplirán 40 años, vuelve a cobrar fuerza una anécdota tan singular como entrañable: la de Gigante chiquito, el tema que acompañó a la Selección Argentina en su camino hacia la gloria y que terminó convirtiéndose en una especie de himno secreto de aquel plantel liderado por Diego Maradona.
La relación entre el fútbol y Sergio Denis no se remite sólo a esa canción. Años después, otro de sus grandes éxitos, Te quiero tanto, alcanzaría una dimensión impensada. Lo que nació como un tema romántico terminó transformándose en una de las melodías más adoptadas por las hinchadas de fútbol de todo el planeta.
Desde Argentina hasta Europa, pasando por Asia y distintos rincones de Latinoamérica, miles de fanáticos adaptaron su letra para convertirla en canto de cancha. Atlético de Madrid fue uno de los casos más emblemáticos: “Vamos, dale, Atléti, te sigo a todas partes, yo te quiero”, entonaban sus hinchas sobre la base musical creada por el oriundo de Coronel Suárez. El fenómeno también se replicó en Francia, Grecia, Alemania, Japón y numerosos países donde la melodía encontró una segunda vida completamente inesperada.
“¡Dios! Treinta años tiene esa canción. En ese momento me daba cuenta qué tema se podía transformar en un hit, pero no en esto. ¿Quién se iba a imaginar semejante sorpresa?”, confesaba el cantante en 2017, todavía maravillado por el alcance que había tenido aquella creación.
La emoción seguía intacta cuando recordaba algunas escenas que lo habían conmovido profundamente: “El otro día prendí la tele y estaba la hinchada del Mónaco cantándola y te juro que se me caían las lágrimas. Me mostraron a la hinchada del Barcelona cantándola en una jugada de Messi y me hizo llorar. Es muy fuerte. En Japón, Grecia y Alemania también cantan mis canciones”, relató en distintas entrevistas.
Pero ninguna apropiación futbolera alcanzó la dimensión emocional de la que tuvo lugar en México durante el Mundial de 1986.
Gigante chiquito, incluida en el álbum Afectos de 1985, comenzó a sonar en la intimidad de la concentración argentina casi por casualidad. Lo que nadie imaginaba era que terminaría acompañando cada paso de una selección destinada a entrar en la eternidad.
Bilardo la convirtió en parte de sus rituales diarios. El tema sonaba durante los traslados entre el hotel y los estadios. Los futbolistas la escuchaban una y otra vez. La melodía se repetía hasta transformarse en banda sonora de aquella aventura que terminaría con la Copa del Mundo en manos argentinas.
Años después, el propio entrenador reconstruyó una escena que retrata a la perfección el lugar que ocupaba la canción dentro de aquella rutina.
“Antes de ir a jugar los partidos teníamos que escuchar Gigante chiquito. Teníamos la costumbre de escuchar esa canción desde que comenzaba hasta que terminaba. Y la íbamos escuchando y el del micro al principio no sabía cómo era la cosa. Y entonces los chicos ponían la canción y el micro iba despacito, tenía que terminar. Cuando apenas terminaba, el tipo frenaba y bajábamos del micro, ¿no?”, recordó Bilardo entre risas.
Pero claro, no nació de la nada: “Se hizo el primer partido, ganamos y después cuando ganamos, olvidate. Ganamos, ganamos, ganamos… Y siguió hasta el último día. El último partido pusieron más policía. Siempre nosotros llevábamos dos policías adelante y uno atrás, siempre. Y el último partido quedaban dos tipos solos y teníamos como diez policías delante, un ruido, un barullo. Y los tipos no sabían, porque los policías que sabían eran los dos que tenían que ir despacito para que nosotros podamos escuchar la canción. Pero después cuando vino todo el pelotón ese a encabezar al micro, ¿quién le va a hablar? No, nadie le habló. Y los tipos picaban como locos. Y yo le dije al del micro ‘No, no, pará, no le haga caso’. Y se enojaba, ¿viste? La policía nos venía a buscar otra vez y le decían al micro que se apure. Y yo que no le haga caso. Frenaba el micro, se acababa la canción. Y bajábamos y entrábamos al estadio.
La anécdota resume la esencia del entrenador campeón del mundo: obsesivo, meticuloso y convencido de que ningún detalle debía alterarse antes de un partido decisivo.
Sergio conoció la historia tiempo después y jamás ocultó la emoción que le provocó saber que una de sus canciones había acompañado a la Selección en el camino hacia la gloria.
Durante una visita al programa de Susana Giménez, recordó con orgullo: “En el ’86, la canción que escuchaban desde el hotel hasta el Estadio Azteca era Gigante chiquito por cábala”.
La revelación adquirió una dimensión todavía más profunda cuando Diego Maradona también habló del tema. En el libro México 86. Mi mundial, mi verdad: así ganamos la Copa, el capitán argentino mencionó a Gigante chiquito como una presencia imprescindible dentro de la concentración.
“Era una canción que no podía faltar”, escribió. Y agregó una confesión que resume el vínculo emocional que había desarrollado con ella: “Me hacía llorar como un nene”.
Detrás de aquella conexión existía además una historia personal. Según contó Sergio, fue un amigo platense quien funcionó como puente entre la canción y el entrenador.

“Un amigo de La Plata, Julio Zuccolillo, se la acercó a Bilardo antes de que se vaya a la Selección. Y no solamente me halaga Bilardo con sus palabras, sino que Maradona en 1991 me halagó con su presencia en un montón de Gran Rex que hicimos y me contó esa anécdota. Y la verdad, que una canción haya formado parte de un hecho histórico para el deporte argentino es muy conmovedor”, expresó el artista.
Para Denis, acostumbrado a llenar teatros y estadios con sus canciones románticas, aquella revelación representó un reconocimiento distinto. No provenía de la industria musical ni de los rankings de ventas. Llegaba desde el corazón de una hazaña deportiva que marcó a generaciones enteras de argentinos.
El 29 de junio de 1986, en el Estadio Azteca de Ciudad de México, la Selección derrotó 3 a 2 a Alemania Federal y levantó la segunda Copa del Mundo de su historia. Cuatro décadas después, aquella epopeya sigue alimentando recuerdos, homenajes y relatos. Entre ellos aparece esta historia singular donde una canción romántica, un entrenador obsesionado con sus costumbres y un grupo de futbolistas destinados a la inmortalidad terminaron unidos por un mismo hilo invisible.
Como si el destino hubiera decidido escribir una de esas coincidencias imposibles de planificar. Mientras Maradona emocionaba al mundo con la pelota y Bilardo conducía a su equipo hacia la gloria, la voz de Sergio Denis sonaba una y otra vez dentro de un micro que recorría las calles mexicanas. Nadie podía imaginar entonces que aquella melodía quedaría para siempre asociada a una de las páginas más gloriosas del deporte argentino.
Ese mismo 1986 que inmortalizó a la Selección también encontró a Sergio Denis atravesando uno de los momentos más exitosos de su carrera artística. El cantante cerró aquel año inolvidable con dos funciones a sala llena en el Luna Park, mientras sus canciones seguían multiplicándose en radios, escenarios y hogares de todo el país. Sin saberlo, una de ellas ya había quedado grabada para siempre en la memoria de los campeones del mundo.

Sin embargo, detrás de aquella melodía que acompañó el recorrido de los campeones del mundo había una historia mucho más profunda de lo que la mayoría imaginaba. Porque Gigante chiquito no había nacido pensando en el fútbol, ni en las cábalas, ni en las tribunas. Había surgido de una herida íntima de Sergio Denis, de uno de los momentos más difíciles de su vida personal y de una emoción tan universal como desgarradora: el amor de un padre hacia sus hijos.
Años después, durante un recital, el cantante decidió revelar la verdadera génesis de la canción. Lo hizo con la voz quebrada por los recuerdos y con la sensación de que el público conocía la melodía, pero no necesariamente la historia que escondían sus versos.
“Quiero contarles… porque a veces no conocen la historia verdadera de una canción. Nos emocionamos tanto con un tema y no entendemos por qué una letra o una melodía nos conmueve tanto. Es porque hay un mensaje detrás, un mensaje intrínseco. Está escondido entre las palabras”, explicó.
Denis relató entonces que la inspiración nació a partir de la transformación emocional que significó convertirse en padre. “Cuando tuve a mis hijos, creo que fue la primera vez en mi vida que verdaderamente amé. Había querido hasta ese momento, pero no había sentido el sentimiento de amor que me provocaron ellos tres”, recordó.
Aquella revelación modificó para siempre su manera de entender la vida. Tanto que, según confesó, llegó a jurarse que jamás se separaría de ellos. “No me quería ir al lado de ellos ni loco, porque no quería provocar ese dolor”, contó. Sin embargo, el tiempo y las circunstancias terminaron llevándolo por otro camino. “Las cosas de la vida no las decide uno. Van cambiando. Nos obligan a tomar decisiones que, a pesar del dolor, a veces hay que tomarlas”.
La canción comenzó a tomar forma en medio de ese conflicto emocional. Existía una melodía sencilla compuesta en guitarra, una sucesión elemental de acordes que parecía pedir una historia determinada. Denis y el letrista Roly Hernández intentaron primero otros caminos, pero nada funcionaba. “La letra era un espanto, no tenía nada que ver con la sensibilidad de la melodía”, recordó entre risas.
Fue entonces cuando, en pleno estudio Ion, apareció la verdadera esencia del tema. Mientras buscaban nuevas palabras para acompañar aquella música, Denis comprendió quién estaba hablando en la canción: “No era la historia de un padre que podía llevar a su hijo por el mundo y enseñarle todo. Era la historia de un padre que se va y está quebrado porque se va. Siente que el mundo que armó para ellos, en ese momento, él mismo lo está rompiendo. Entonces no sabe cómo pedir perdón ni cómo apaciguar el dolor que siente”, explicó.
Por eso, entendió mucho tiempo después, el protagonista de la canción pronuncia una frase tan particular como “ayúdame a querer ser bueno”. No era una expresión casual. “Se siente malo. Se siente un insensible por irse al lado de sus hijos”, confesó.
Mientras reconstruían la letra, Hernández le preguntó qué veía cuando pensaba en esos chicos que inspiraban la canción. Denis respondió casi sin pensarlo: “Son los seres más transparentes, más buenos, más dulces y más puros que tuve delante de mí”.
Y cuando el compositor insistió preguntándole qué representaban para él, apareció la imagen definitiva: “Es como un enano grandote”, respondió. La devolución llegó de inmediato: “Es un gigante chiquito”.
Así nació el título. Y así nació también una de las canciones más conmovedoras del repertorio de Sergio Denis. Un tema atravesado por la culpa, el amor, la ausencia y el deseo desesperado de proteger a quienes más se ama. Tal vez por eso logró conmover a generaciones enteras. Tal vez por eso emocionó a Maradona hasta las lágrimas. Tal vez por eso terminó encontrando un lugar inesperado en el corazón de una Selección que, mientras perseguía la gloria en México, escuchaba una y otra vez una historia que hablaba, en el fondo, de amor, fragilidad y esperanza.
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