ECONOMIA
Por qué la baja del riesgo país no alcanza para que Argentina vuelva a los mercados: la explicación del Gobierno

A pesar de que el ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró que los vencimientos en moneda extranjera para lo que resta del 2026 y el 2027 están cubiertos, con la baja del riesgo país de las últimas semanas surgieron nuevas presiones para que se aproveche esta oportunidad y Argentina salga a colocar en el mercado internacional, una alternativa desechada nuevamente por el Gobierno. Pero fue el secretario de Finanzas, Federico Furiase, quien explicó por qué no alcanza con la baja del riesgo país y qué otra tasa hay que mirar.
Producto de la mejora en la calificación soberana de la Argentina por parte de Fitch y de Standard and Poor’s, el riesgo país bajó hasta ubicarse en la zona de 420 puntos básicos (p.b.), un nivel que no se veía desde hacía tiempo. En otras circunstancias, para Furiase, podría considerarse una ventana para volver a captar fondos en los mercados internacionales.
Pero el secretario aclaró que esta mejora no se refleja en la tasa total que debe asumir la Argentina para financiarse en dólares. El motivo principal es que la tasa de interés libre de riesgo global, la de los bonos de Estados Unidos a 10 años, se mantiene en 4,5%. Según explicó, históricamente el mayor componente del costo financiero argentino fue el riesgo país, pero en la actualidad la tasa base internacional representa una porción más relevante. “Hoy, en lo que compone el costo financiero en dólares del Tesoro, la tasa libre de riesgo global, la tasa a la que se financia Estados Unidos, es un componente más alto que el riesgo país”, remarcó.
El secretario de Finanzas definió el riesgo país como “el primer ladrillito sobre el que se construye el costo de financiamiento de una empresa o una familia”, ya que representa la sobretasa que debe pagar un país para financiarse en dólares por encima de la tasa libre de riesgo global. Afirmó que la baja del riesgo país y la caída de las tasas de interés en moneda local son “la manera genuina de generar competitividad, bajar el costo financiero para poder acceder al financiamiento tanto en moneda local como extranjera y poder aumentar la inversión, la productividad y el crecimiento económico”. No obstante, insistió en que la mejora de ese indicador no alcanza para que Argentina vuelva a los mercados, ya que el contexto internacional impone límites claros.
Furiase explicó que por más que el riesgo país argentino baje, la tasa internacional de referencia se ubica en valores inusualmente elevados, lo que encarece cualquier financiamiento externo y desalienta la salida al mercado internacional. Siendo esta el foco de la pelea que tiene el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, con la Reserva Federal (Fed). Es que mientras el mandatario exige que se bajen las tasas para estimular la economía, la Fed resiste para anclar la desaceleración de la inflación.
En esa línea, sostuvo que las estrategias oficiales de financiamiento alternativo -como las garantías con organismos y los posteriores prestamos con instituciones financieras internacionales- permitieran a la Argentina acceder a financiamiento a tasas de interés considerablemente inferiores a las que implicaría salir al mercado global en este contexto.
“Hoy el Tesoro tiene en el BCRA depósitos en dólares por USD 4.200 millones y claramente ya tiene financiado lo que son los vencimientos en dólares de ahora en julio. Pero no solamente eso, teniendo en cuenta el financiamiento con préstamos con garantías de organismos multilaterales, otras fuentes de financiamiento, ya tenemos prefinanciados los vencimientos de deuda en dólares del año 2027”, afirmó. Además, anticipó que el programa financiero respecto de los vencimientos de deuda en dólares del Tesoro está “totalmente cubierto”.
A su vez, Furiase festejo el ritmo de compra de reservas internacionales de la entidad que conduce Santiago Bausili, pero sobre todo bajo las condiciones en las que se logró. Es que en los primeros seis meses del año, el Banco Central, no solo ya cumplió la meta que se fijo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) de USD 10.000 millones sino que la superó, aunque en las últimas jornadas bajó el ritmo.
En esa línea, remarcó que estas compras se realizaron dentro del esquema cambiario vigente, sin necesidad de recurrir a una devaluación abrupta ni modificar los parámetros del sistema. “Este proceso de compras del BCRA de USD 11.000 millones, que a ritmo anualizado representa unos USD 23.000 millones, se logró dentro del esquema cambiario y con el tipo de cambio bajando de $1.470 hasta hace un mes y medio a $1.370, ahora volviendo a la zona de $1.470”, detalló. Para Furiase, mantener la política sin devaluaciones bruscas evitó un impacto mayor en la inflación y en el poder adquisitivo.
Y es ahí donde apuntó contra los que en octubre y noviembre del año pasado, tras la victoria de La Libertad Avanza (LLA) en las elecciones legislativa, exigían una devaluación para que el Banco Central compre reservas. “Se dio dentro del régimen cambiario que veníamos sosteniendo y esto es importante porque implica que se ahorro un montón de materia de inflación. Imagínense lo que hubiese sido salir del esquema de banda, hacer una devaluación para comprar dólares como sostenían muchos economistas, esto hubiera generado mucha inflación y un deterioro en el poder adquisitivo de la gente”, sostuvo.
North America
ECONOMIA
La agencia Moody’s elevó la calificación de la deuda soberana de la Argentina

La calificadora Moody’s elevó la nota crediticia de la deuda soberana de Argentina, pasando de Caa1 a B3 para los compromisos en moneda local y extranjera, y modificó la perspectiva de estable a positiva. Según la agencia, esta mejora obedece a una reducción significativa del riesgo de default, en un contexto en el que la estabilización macroeconómica avanzó hacia una mejora más sostenible de los fundamentos crediticios, lo que también refleja un fortalecimiento en la gobernanza.
La calificadora destaca que los superávits fiscales sostenidos, la baja de la inflación y la continuidad de la liberalización económica refuerzan la credibilidad de las políticas y disminuyen la volatilidad macroeconómica. Además, resalta que el panorama externo de Argentina muestra una mejora notable, respaldada por un mejor desempeño exportador y un aumento de la inversión extranjera directa en los sectores de energía y minería, junto con un acceso más fluido al financiamiento internacional.
Según explicó la firma estadounidense, la perspectiva positiva refleja la visión de que el perfil crediticio de Argentina “podría fortalecerse aún más si las mejoras estructurales en las finanzas externas se combinan con la estabilización macroeconómica en curso”.
“Aunque persisten riesgos políticos de cara a las elecciones generales de 2027, se considera que el abanico de posibles políticas se ha reducido respecto a ciclos anteriores, lo que aumenta la probabilidad de continuidad en las medidas actuales y de mejoras sostenidas en la liquidez externa y la capacidad de pago de la deuda”, agregó el informe de Moody’s.
En tal sentido, precisaron que la calificación en moneda local se elevó a Ba3 desde B1, mientras que en moneda extranjera subió a B1 desde B2. La diferencia de tres escalones entre ambos representa “una mayor previsibilidad en las acciones e instituciones del gobierno y una menor intervención estatal en la economía y el sistema financiero, frente a riesgos políticos persistentes y desequilibrios externos que mejoran de forma gradual”. En tanto, la divergencia entre las notas en moneda extranjera y el de moneda local responde a una “mayor eficacia de las políticas y un bajo nivel de endeudamiento externo, aunque limitada por la baja apertura de la cuenta de capital”.

Tanto el ministro de Economía, Luis Caputo, como el viceministro de Economía, José Luis Daza, destacaron la decisión de la calificadora. “Con esta decisión, las tres grandes calificadoras (Moody’s, S&P y Fitch) quedan alineadas en B- por primera vez en más de una década. Miles de mandatos institucionales que exigen dos o tres agencias, o que utilizan la calificación promedio, tienen desde hoy luz verde para invertir en Argentina”, planteó Daza en su cuenta oficial de X.
En su comunicado, Moody’s explicó que el ajuste macroeconómico argentino evolucionó hacia un proceso de normalización más integral, sostenido por superávits fiscales continuos y un giro definitivo hacia la estabilización de la política económica y monetaria. Según la calificadora, el superávit fiscal funciona como el ancla central del programa de estabilización, ya que sostiene la desinflación, reduce las vulnerabilidades de financiamiento y fortalece la credibilidad de las políticas.
A diferencia de intentos de estabilización previos, que dependieron en gran medida de medidas transitorias o de ingresos externos de corto plazo, la agencia remarcó que el ajuste actual se apoya en una corrección sostenida de los desequilibrios fiscales, la eliminación del financiamiento monetario y las distorsiones de mercado, una normalización progresiva de los esquemas monetario y cambiario, y flujos genuinos de inversión. “La combinación de estas políticas redujo significativamente la volatilidad macroeconómica, fortaleció la confianza y creó condiciones para una recuperación gradual de la actividad del sector privado, evitando a la vez un resurgimiento de los desequilibrios que derivaron en la crisis de balance de pagos de 2023”, señaló Moody’s.
La firma también destacó que la credibilidad de las políticas se ve reforzada por mejoras institucionales y patrimoniales en todo el sector público, entre ellas la recapitalización del Banco Central y la reducción de los pasivos intra sector público, mientras que la baja de la inflación favorece la recuperación de los ingresos reales y de la confianza.

A esto se suman las reformas estructurales, incluidos los cambios en el mercado laboral y la desregulación en sectores clave, que a criterio de la calificadora están mejorando el entorno de negocios y promoviendo un reequilibrio gradual en la composición de la inversión y la actividad económica, hacia un modelo de crecimiento liderado por el sector privado. En ese marco, Moody’s proyectó una expansión del producto bruto interno de 3,4% para 2026 y de 3,5% para 2027.
El otro pilar de la suba de calificación es el frente externo. La calificadora sostuvo que “la posición externa de Argentina mejoró de manera sustancial” y que esa mejora se caracteriza cada vez más por avances estructurales en la generación de divisas. Históricamente, remarcó el informe, los desequilibrios externos, la pérdida de reservas y las crisis recurrentes de balance de pagos representaron la principal fuente de vulnerabilidad del país, restringiendo en forma reiterada el crecimiento económico y limitando la capacidad de pago.
De acuerdo con Moody’s, el desempeño exportador se fortaleció en una base amplia de sectores, entre ellos agricultura, manufacturas y servicios, mientras que el sector energético pasó de ser una fuente de presión externa a generar un superávit creciente. La agencia atribuyó esta mejora tanto al éxito del ajuste macroeconómico como a una transformación profunda en marcha en el sector exportador del país, impulsada por inversiones a gran escala en hidrocarburos, minería e infraestructura.
En ese sentido, el informe puso el foco en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), orientado a atraer inversiones de gran escala y largo plazo en sectores con capacidad de incrementar de manera significativa la capacidad exportadora del país. Moody’s repasó que ese régimen catalizó flujos de inversión considerables, con una cartera de proyectos por USD 141.700 millones —equivalente a alrededor del 20% del producto bruto interno—, de los cuales USD 45.000 millones se encuentran en proceso de ejecución.

La calificadora precisó que estas inversiones se financian en gran medida en el largo plazo, lo que reduce la dependencia del endeudamiento soberano y a la vez genera un ingreso sostenido de divisas. A esto se agrega una mejora en la composición del financiamiento externo, con mayor peso de la inversión extranjera directa, el apoyo multilateral y el endeudamiento del sector privado, factores que refuerzan la disponibilidad de divisas y la capacidad del país para cumplir con sus obligaciones externas.
Respecto de las reservas, Moody’s remarcó que la acumulación se fortaleció de manera significativa durante 2026, con compras del Banco Central por más de USD 11.000 millones hasta la mitad del año, sin que ese proceso generara presiones sobre el tipo de cambio. Aunque reconoció que los colchones de reservas siguen siendo relativamente débiles, la calificadora consideró que la mejora en la dinámica externa subyacente y en la capacidad de financiamiento redujo los riesgos de balance de pagos y disminuyó las preocupaciones en torno a las presiones de pago de deuda, en particular para 2026 y 2027.
Sobre la perspectiva positiva, la calificadora amplió que la fortaleza fiscal, la baja de la inflación y la creciente credibilidad de las políticas probablemente continúen, mientras que las inversiones de gran escala en energía y minería se traducirían en ganancias sostenidas de capacidad exportadora e ingreso de divisas. No obstante, Moody’s advirtió que «el ajuste macroeconómico deberá continuar hasta que una porción mayor de los proyectos del sector externo se concreten en 2027″, ya que, pese a las mejoras recientes, los colchones externos todavía no son lo suficientemente sólidos como para resistir un shock político o de balance de pagos.
En cuanto al escenario electoral, el informe planteó que un cambio en el panorama político tras los comicios de 2027 podría alterar la trayectoria de las políticas actuales. “La elección de una administración más intervencionista que revierta parcialmente las reformas recientes implicaría el riesgo de reintroducir distorsiones en la inversión, el comercio, el mercado cambiario y el manejo fiscal”, sostuvo Moody’s, y agregó que ese escenario probablemente debilitaría la confianza de los inversores, desaceleraría los flujos de inversión y limitaría la acumulación de reservas externas, erosionando de manera gradual las mejoras crediticias logradas durante el ajuste actual.
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ECONOMIA
Lado B del boom exportador: el aporte de dólares de Vaca Muerta ya dejó atrás su mejor momento

La euforia con la que el ministro Luis Caputo anuncia los excelentes números de la exportación tiene un lado B: cuando se analiza con lupa la composición de la balanza comercial, puede notarse que el mejor momento ya quedó atrás y que, en los próximos meses, el aporte de dólares podría comenzar a mermar.
Para empezar, el «récord histórico» de las exportaciones en junio no fue tal: se vendió mercadería por u$s9.055 millones, lo que implica una caída de 5% respecto de mayo, cuando sí se registró un récord. Pero Caputo no quiso opacar el clima de festejo, y por eso destacó que era un máximo histórico… para el mes de junio.
Lo cierto es que en hay probabilidades de que las exportaciones de julio sean menores que las de junio, y así sucesivamente. No será una situación que sorprenda a los expertos en comercio exterior: es el típico efecto estacional del segundo semestre, cuando ya pasado el mejor momento de la cosecha gruesa, empieza a aminorar la liquidación de los productos agrícolas.
Pero, además, este año incide otro efecto, el de la exportación de petróleo, el rubro estrella que ayudó a que se equilibrara, por fin, la cuenta corriente.
La exportación del rubro hidrocarburos obedece al gran boom productivo del yacimiento Vaca Muerta, como lo acredita el hecho de que, en meses como mayo, los volúmenes vendidos hayan aumentado un 78% en términos interanuales. Pero, sobre todo, lo que hizo que este fuera un año extraordinario para la exportación fue el conflicto de Medio Oriente, que disparó la cotización del barril de crudo en el mercado internacional.
Exportaciones de Vaca Muerta y el «efecto precio»
Y hay un efecto que aparece en la «letra chica» de la estadística, y que los economistas suelen pasar por alto: hay un desfasaje, de aproximadamente 45 días, entre el momento en que se produce la venta y el momento en que se fija el precio. Esto llevó a que en marzo y abril, cuando la guerra entre Estados Unidos e Irán estaba en su momento más intenso, los precios del petróleo argentino todavía no reflejaban plenamente el pánico de los mercados, que había llevado el crudo Brent por encima de los u$s120.
Y también ese efecto determinó que en marzo las exportaciones de petróleo argentino fueran de u$s1.235 millones y en abril de u$s1.554 millones. Son cifras excelentes, pero que no se explicaban por el aumento en el precio internacional -de hecho, en marzo hubo una caída en términos interanuales- sino por el mayor nivel de producción.
Fue recién en mayo cuando el «efecto Irán» se notó a pleno. Ese mes el petróleo aportó divisas por u$s1.745 millones, lo cual representó un 18,3% del total exportado. Todo un logro, en plena liquidación de la cosecha agrícola, que parecía confirmar el pronóstico de Caputo en el sentido de que el rubro de combustibles se dirige a disputarle el protagonismo al campo como proveedor de dólares en la economía argentina.
Claro, en mayo aparecieron reflejados los precios de inicios de abril, que se ubicaban en u$s110 para el tipo Brent. Ese mes, la exportación petrolera marcó una impactante suba interanual de 167%, lo cual se explica por una suba de precios de 49,9% y un aumento en las cantidades por 78,5%. Fue el mejor momento del año, y hay indicios de que no se volverá a repetir.
¿Lo mejor ya pasó para el petróleo?
Por lo pronto, los números de junio ya cayeron un escalón: se vendieron u$s1.406 millones. Y cuando se analiza cómo se compuso ese número, aparece una luz amarilla: hubo una mejora interanual de precios de 47,8%, pero las cantidades vendidas cayeron un 11,7%.
Los precios que refleja la estadística de junio corresponden al de inicios de mayo, cuando el crudo oscilaba en torno de u$s100. Es decir, todavía un precio alto, pero que ya daba señales de estar buscando los niveles previos al inicio del conflicto bélico.
¿Qué implica esto? Que, de acuerdo con ese desfasaje de precios, la exportación de julio reflejará el bajón del precio del petróleo ocurrido en junio, cuando la expectativa de una reapertura del estrecho de Ormuz llevó a la cotización del crudo al nivel de u$s80. Una situación similar podría ocurrir en agosto, cuando las ventas reflejen los precios de julio, que si bien están al alza por la incertidumbre sobre el conflicto, tuvieron un piso de u$s70 a inicios de mes.
Los bancos de inversión que analizan el mercado energético plantean un escenario de un precio en torno de u$s80 para el segundo semestre, y una caída para inicios del año próximo. Por supuesto que en el mundo petrolero hay una incidencia política mucho más alta que en otros productos pero, aun así, los analistas observan que el momento de mayor volatilidad ya pasó y que, aun con las amenazas de Donald Trump sobre un recrudecimiento del conflicto, difícilmente se repitan los precios récord de inicios de año.
Lo que viene
¿Cuál es la consecuencia de esta situación para Argentina?: que ese «plus» aportado por los altos precios en las exportaciones de mayo y junio ya no será tan fuerte, y que para que se mantenga el flujo de entrada de dólares se dependerá de un alto volumen de producción en Vaca Muerta.
Desde ya, no es que se trate de un objetivo imposible. Más bien al contrario, el boom inversor que se está produciendo en la cuenca neuquina está llevando a que se superen los récords de producción.
Con un volumen superior a los 630.000 barriles diarios, Vaca Muerta está mostrando un crecimiento de más de 35% en comparación con el año pasado. Y casi a diario se conocen nuevos proyectos, como el desarrollo de un bloque capaz de procesar 40.000 barriles de petróleo, a cargo de la empresa Vista bajo el régimen RIGI, por un monto de u$s5.800 millones.
El tema es que para que estos nuevos proyectos se concreten se requiere tiempo. Por caso, para que haya una exportación masiva de gas licuado, falta todavía dos años de obra que permitan transportar el gas hasta la nueva planta de licuefacción en la costa de Río Negro.
En definitiva, el largo plazo sigue siendo optimista. Pero en lo que refiere al programa económico de este año y el próximo -que incluye un exigente calendario de pagos por la deuda-, hay probabilidades de que el mejor momento en cuanto al aporte del petróleo ya haya quedado atrás.
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ECONOMIA
Mercados: subieron las acciones argentinas, respaldadas por las alzas de Wall Street y el petróleo

Las bolsas de Nueva York operaron con alzas este martes, un comportamiento que se produjo en simultáneo a otra sesión con alza para los precios del petróleo, dadas las renovadas hostilidades en Oriente Medio.
Los principales índices de Wall Street avanzaron en un rango de 0,7% a 1,3%, mientras que el crudo se encareció más de 2 por ciento.
El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires subió 1,8%, a 3.281.979 puntos. Entre los ADR y acciones de empresas argentinas que son negociados en dólares en Wall Street predominan las ganancias, encabezadas por Edenor (+5,4%), Cresud (+4,4%) y Pampa Energía (+3,6%).

En la licitación extraordinaria del día, la Secretaría de Finanzas frente a la suscripción en especie del día adjudicó un total de USD 1.895 millones, habiendo recibido ofertas por un total de USD 2.087 millones, con una aceptación de 45,2% sobre el total de vencimientos nominales en circulación.
Se dividió en un bono Dólar Linked al 31 de agosto de 2026 por USD 1.736 millones adjudicado, y otro títulos similar al 15 de diciembre de 2028 (TZVD8) por 159 millones de dólares.
“Esta operación pretende reducir la volatilidad cambiaria del cierre de mes y extender los plazos de los compromisos de deuda”, explicaron desde Rava Bursátil.
En el exterior las acciones estadounidenses subieron, mientras los inversores se preparaban para una avalancha de informes de ganancias corporativas de empresas tecnológicas en medio de señales de una reactivación en las acciones de semiconductores, con los nuevos aranceles estadounidenses a Canadá y las hostilidades en Medio Oriente también en el punto de mira.
El índice Nasdaq Composite, con fuerte presencia de empresas tecnológicas, subió un 1,3%, impulsado por el auge de los semiconductores antes de la publicación de los resultados de las grandes tecnológicas esta semana. El promedio Dow Jones Industrial avanzó un 0,7%, mientras que el S&P 500 ganó un 0,9% tras la caída de las acciones el lunes en medio de las crecientes tensiones entre Estados Unidos e Irán.
Los precios del crudo operaron a su vez en alza, mientras los mercados evaluaban las noticias sobre los esfuerzos de mediación frente a los nuevos ataques intercambiados entre Estados Unidos e Irán, así como las amenazas de un bloqueo naval de Arabia Saudita por parte de los hutíes de Yemen.
Los futuros del Brent del Mar del Norte para septiembre ganaron 2,4%, a USD 91,39 el barril, mientras que el contrato de referencia del WTI (West Texas Intermediate) en Estados Unidos, también para septiembre, avanzó 2,5%, a 84,54 dólares.
El ascenso del crudo fue el fundamento de las ganancias de las acciones argentinas del sector de energía, como YPF (+1,6%, a USD 51,25), Vista Energy (+1,8%) y Tenaris (+1,6%).
“Hay cierta esperanza de una distensión entre Estados Unidos e Irán. Según algunas informaciones, los mediadores están proponiendo un alto el fuego de diez días, lo que podría volver a encarrilar el memorando de entendimiento”, señalaron los analistas de ING en una nota a clientes, en referencia al acuerdo provisional negociado en junio.
Sin embargo, persisten importantes diferencias entre Washington y Teherán, después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió de represalias tras la muerte de varios soldados estadounidenses, añadió ING.
Un alto cargo iraní dijo a Reuters que Teherán recibió una propuesta de los mediadores para un alto el fuego de 10 días, en un intento por salvar el acuerdo firmado el 17 de junio, destinado a allanar el camino hacia un acuerdo duradero que ponga fin a la guerra que comenzó el 28 de febrero.
Esta iniciativa diplomática se produjo tras otra noche de bombardeos contra ciudades iraníes y de ataques del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní contra instalaciones militares estadounidenses en toda la región.
Asimismo, los hutíes de Yemen, alineados con Irán, anunciaron el lunes que impondrían un bloqueo naval a Arabia Saudita, lo que abre un posible nuevo frente contra Estados Unidos en su guerra contra Irán y aumenta la amenaza para el suministro energético mundial y el comercio más allá del golfo Pérsico.
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