ECONOMIA
Por qué la nueva macro puede acelerar la adopción de IA en Argentina

En los últimos años, una parte importante de la discusión económica argentina estuvo dominada por las urgencias: inflación alta, volatilidad cambiaria, restricciones externas, tasas de interés reales negativas y ausencia de crecimiento. En ese contexto, muchas decisiones empresariales se tomaban en modo defensivo. La prioridad era administrar la incertidumbre, proteger el capital de trabajo, intentar no perder rentabilidad y sostener operaciones en un entorno difícil de prever. El escenario actual plantea un desafío distinto.
Más allá de los debates abiertos sobre el ritmo de recuperación, el valor del tipo de cambio o la sostenibilidad del programa económico, las empresas comienzan a percibir un cambio de régimen con implicancias muy concretas: menor capacidad de trasladar aumentos de costos a precios, consumidores más sensibles, competencia más exigente y presión creciente sobre la rentabilidad. En términos simples, la macroeconomía se estabiliza, pero también empieza a disciplinar. Y en ese nuevo contexto, la eficiencia deja de ser deseable y pasa a ser condición de competitividad.
Esta transformación puede tener una consecuencia relevante y todavía poco analizada: acelerar la adopción de IA en el sector privado argentino. La IA es, sin duda, una de las principales revoluciones tecnológicas en curso. Pero su adopción en las empresas no responde únicamente a la novedad, sino cada vez más a una lógica económica vinculada con las mejoras en la productividad en un contexto donde los márgenes son más estrechos.
La IA empieza a jugar un rol tangible como herramienta para hacer mejor lo que ya se hace. A nivel global, esta transición ya está en marcha
Cuando una firma podía convivir con ineficiencias operativas, procesos redundantes o decisiones lentas sin comprometer seriamente sus resultados, el incentivo a transformar era menor. “Hoy, cuando cada punto de rentabilidad cuenta, ese margen de tolerancia se reduce”. La inflación deja de ocultar ineficiencias y la competencia obliga a revisarlas. En ese contexto, la IA empieza a jugar un rol tangible como herramienta para hacer mejor lo que ya se hace. A nivel global, esta transición ya está en marcha.
Más de la mitad de los trabajadores utiliza herramientas de IA en su actividad cotidiana con distintos niveles de intensidad, y las habilidades más demandadas no son solo técnicas, sino aquellas vinculadas a mejorar productividad, toma de decisiones y eficiencia operativa. Las oportunidades para las empresas son múltiples, pero lo relevante no es el catálogo de usos sino su impacto económico.

La IA permite tomar mejores decisiones comerciales, optimizar procesos, reducir costos operativos, mejorar la calidad del servicio y escalar sin aumentar proporcional mente la estructura.
Argentina, además, presenta algunos incentivos particulares para este proceso. La escasez histórica de capital obliga a utilizar mejor los recursos disponibles. La volatilidad acumulada generó una cultura empresaria acostumbrada a adaptarse. Y existe una base de talento profesional y tecnológico competitiva en múltiples sectores. Si estos activos se combinan con un entorno macroeconómico más ordenado, el potencial de adopción puede ser significativo.
La escasez histórica de capital obliga a utilizar mejor los recursos disponibles. La volatilidad acumulada generó una cultura empresaria acostumbrada a adaptarse
Por supuesto, incorporar IA no garantiza resultados automáticos. Muchas iniciativas fracasan por problemas menos tecnológicos que organizacionales, como la mala calidad de los datos, los procesos deficientes, los objetivos difusos, la falta de liderazgo o la resistencia cultural.
En muchos casos, el principal desafío no es la falta de tecnología, sino la falta de decisiones. Tampoco debe perderse de vista la dimensión agregada. Si la adopción se extiende más allá de casos aislados y alcanza a un número amplio de firmas -especialmente medianas empresas-, el impacto puede trascender los balances individuales. “Más productividad empresarial implica, potencialmente, más competitividad, más inversión y mayores posibilidades de crecimiento sostenido”.
La nueva macroeconomía argentina no asegura crecimiento por sí sola, pero sí redefine los incentivos. Y en ese nuevo mapa, la IA deja de ser una opción tecnológica para convertirse en una variable económica central porque en un entorno donde los márgenes se reducen, la productividad es una necesidad
El autor es profesor de Economía en IAE Business School. Esta nota se publicó en el IEM de abril de 2026 del IAE, Escuela de Negocios de la Universidad Austral
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ECONOMIA
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ECONOMIA
El dólar volvió a ceder y se encamina a quedar por debajo de la inflación en septiembre

Con un excepcional monto operado por USD 846,3 millones en el segmento de contado, el dólar mayorista volvió a ser negociado con leve baja de 2,50 pesos o 0,2%, a 1.522 pesos.
A falta de solo una rueda operativa en septiembre, el tipo de cambio oficial anota un incremento de 13,50 pesos o 0,9 por ciento. A la vez, en 2026 la divisa comercial sube 67 pesos o 4,6 por ciento.
Este mes la devaluación volvería a perder contra la inflación proyectada, un “ancla cambiaria” posible por una extensión del período de liquidaciones del agro y derivados, un importante remanente de liquidaciones de Obligaciones Negociables, lo que se refleja en volúmenes récord en el spot. A la vez, las presiones alcistas para el dólar se disipan por el muy bajo ritmo de compras a manos del BCRA y la renovación de vencimientos de deuda en pesos que mantiene escasa liquidez en en la plaza.
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La autoridad monetaria fijó el techo de su régimen de bandas cambiarias en los 1.918,07 pesos. El dólar mayorista quedó a 396,07 pesos o 26% de ese límite de flotación, una brecha cercana a máximos en 17 meses (el 22 de septiembre fue de 26,1%).
“Con operadores identificando importantes ofertas en niveles de $1.530, el dólar mayorista vuelve a presentarse más estable mientras se monitorea dicha indicación, toda vez que se especula que podrían ser las autoridades buscando marcar el ritmo del deslizamiento”, comentó Gustavo Ber, economista del Estudio Ber.
“La expansión de los volúmenes no se viene traduciendo en las compras del BCRA, que sigue acotadas en torno a los $10 millones diarios. Frente a dicho panorama, los operadores no abandonan el posicionamiento en pesos a corto plazo – tal como se evidenció ayer en la licitación – dado que de prolongarse la búsqueda de cobertura podría finalmente llevar a mayores tasas”, continuó Ber.
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Este mes de septiembre se distinguió como uno de los de mayor volumen operado, con un aporte excepcional de liquidaciones del agro. No obstante, el economista Amílcar Collante, de Profit Consultores, estima que todavía quedan unos USD 19.000 millones pendientes de potencial liquidación del agro, que habilitarían mayores compras del BCRA sin excesivas presiones cambiarias. “Justamente en 2026 el segundo semestre tendrá más liquidación que el primero”, indicó.
“Con lo ingresado hasta ayer, el sector agroexportador totaliza ventas en septiembre por USD 2.946,2 millones, el segundo monto mensual más alto del año en curso, solo superado por el de junio pasado”, precisó Gustavo Quintana, agente de PR Corredores de Cambio.
Sobre el magro saldo de compras oficiales de divisas de septiembre, en torno a USD 250 millones, Ignacio Morales, Chief Investments Officer de Wise Capital, explicó que “la intervención oficial apenas representó el 2% del volumen operado diario. El ritmo de acumulación mensual muestra un freno marcado frente a mayo y junio. La desaceleración respondió a la caída del superávit comercial”.
“Además, la demanda de dólares para atesoramiento se mantuvo en niveles elevados cerca de USD 1.800 millones. El mercado prevé menor oferta financiera para las próximas semanas”, añadió Morales.
El dólar al público permaneció sin variantes, a $1.545 para la venta en el Banco Nación. El BCRA informó que en las entidades financiaras el dólar minorista promedió $1.543,93 para la venta y $1.492,37 para la compra. El dólar blue cedió cinco pesos o 0,3%, a 1.560 pesos.
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Max Capital destacó que “el Tesoro obtuvo un rollover de 100% sobre los vencimientos en la licitación de ayer. En ausencia de otras operaciones, este resultado dejaría sin cambios la liquidez del sistema y los depósitos del Tesoro en el BCRA”.
“Todos los instrumentos se colocaron ligeramente por encima de las tasas del mercado secundario, mientras que la vida promedio ponderada de la licitación fue de 4,3 meses, teniendo en cuenta el canje de Dollar Linked. Esto era esperable dada la composición de la oferta”, acotó Max Capital.
ECONOMIA
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