POLITICA
Reelecciones indefinidas de intendentes: Kicillof evalúa estrategias para avanzar en la Legislatura ante un panorama incierto

“El que no apoya las reelecciones indefinidas es porque quiere perder las elecciones”. La frase que emana desde la Gobernación bonaerense da cuenta de cuál es la hoja de ruta diseñada por el gobernador Axel Kicillof al respecto. El mandatario quiere que la Legislatura resuelva el tema y apoye el proyecto de su senadora Ayelén Durán, que deroga la ley vigente y restituye a los inentendentes la posibilidad de presentarse a la reelección todas las veces que quieran.
Kicillof necesita, dicen en su entorno, tener “eso resuelto” para encarar una campaña electoral a la presidencia que, aseguran, aún no empezó. La frase también devela otra agenda: el desdoblamiento electoral. Hoy en el entorno de Kicillof muestran algunas cartas al respecto y una de ellas es que la posibilidad de que 80 intendentes puedan ir por otro mandato en sus distritos en las elecciones del año que viene, “facilitaría” una campaña unificada con el peso del peronismo bonaerense haciéndose valer en la discusión nacional. Pero, más allá de la voluntad del kicillofismo, los tironeos internos al respecto exponen un panorama incierto.
Esta semana podría haber novedades. Sucede que la senadora provincial y referente del Frente Renovador, Malena Galmarini, se reunirá el lunes con el ministro de Gobierno, Carlos Bianco. La legisladora pidió una reunión formal por la mesa de entradas de Gobernación. “Temas de interés público”, detallaba la nota, según contaron a Infobae.

Galmarini llegará a la reunión con varios temas. Se sabe que el Frente Renovador de Sergio Massa no acompañará cambios a la ley que limita las reelecciones indefinidas. Ese sector del peronismo fue el que impulsó el tema e instaló el debate que en 2016 se terminó votando durante la gobernación de María Eugenia Vidal.
Galmarini preside la comisión de Reforma Política y Régimen Electoral. En la Cámara alta, pidió que el proyecto que impulsa el kicillofismo sea girado a su comisión. También reclamó por la potestad de proyectos sobre Boleta Única, PASO, Régimen Electoral y Partidos Políticos. No obtuvo respuesta satisfactoria. El expediente E 136 25 26 se encuentra en la comisión de Legislación General, donde el sector de Kicillof podría conseguir un dictamen de mayoría si lo pusiera a consideración. Sin embargo, como contó este medio, eso no sucederá hasta tanto se consiga un acuerdo superestructural con el resto de los sectores del peronismo y con algunos espacios opositores que podrían facilitar el tratamiento del proyecto en el Senado primero y Diputados después. Hoy, los votos no están.
De hecho, la semana pasada se reunió la comisión de Legislación General, en la que está el proyecto sobre las reelecciones, pero no hubo mención al expediente de Durán. Su presidente, el senador Germán Lago, puso a consideración distintos proyectos que se aprobaron, pero no dijo nada sobre las reelecciones indefinidas. Para Kicillof y la vicegobernadora, Verónica Magario, el proyecto tiene que discutirse en esa comisión. En la comisión de Reforma Política y Régimen Electoral que preside Galmarini, el kicillofismo cuenta con apenas dos representantes de un total de 11.

Más allá de los aspectos legislativos y la estrategia a tomar para avanzar con los cambios, en el tramo político los intendentes esperan definiciones a la par de que llevan adelante la gestión de sus municipios. Un jefe comunal de la Tercera sección electoral que está a favor de las reelecciones indefinidas confió a Infobae que “hoy por hoy no es tema, porque la realidad pasa por otro lado. Es algo que los legisladores tienen que resolver. Yo no tengo diputados o senadores; si los tuviera, les diría que trabajaran para eso”, se quejó.
El comentario del jefe comunal que responde a Kicillof parece destinado a sus pares que sí tienen representación directa en la Legislatura bonaerense. En conversaciones informales, el cristinismo suele repetir que, más allá de las reelecciones indefinidas, lo que hay que discutir es “todo el paquete del régimen electoral junto”. Esto es saber qué sucederá con las PASO en PBA, si habrá desdoblamiento en las elecciones del año que viene o si Kicillof será candidato o no.

Tanto Kicillof como sus ministros repiten que este año no es de candidaturas, sino de construcción del Movimiento Derecho al Futuro. Ayer, por ejemplo, lanzó la rama Juventudes del MDF y los presentes le cantaron “Axel presidente”. “Se van a dar cuenta cuando estemos en campaña”, dicen los armadores del gobernador y dejan correr que “nadie” dentro del peronismo hizo un pedido formal para discutir todo un paquete electoral de manera unificada.
La reunión que este lunes Galmarini mantendrá con Bianco puede ser el primer paso al respecto. Sobre todo porque la ex titular de AySA también convocó a reunión de la comisión de Reforma Política del Senado para el martes, un día después. En el Frente Renovador dicen que no van a “borrar con el codo lo que escribieron con la mano”, aunque admiten que si el peronismo consigue los votos para modificar la ley que limita las reelecciones indefinidas, no serán obstáculo. Una de las alternativas es que el tema lo definan los Concejos Deliberantes a partir de un proyecto de autonomía municipal que legisle sobre la cuestión electoral local. Es una posibilidad que, incluso, estaría dispuesta a discutir —aunque no quiere decir acompañar— los bloques de La Libertad Avanza.
POLITICA
Diez claves que dejó la victoria de Bolsonaro para Argentina: Milei sale fortalecido, pero hay una advertencia y una señal para Cristina Kirchner

La sorpresiva victoria de Flávio Bolsonaro sobre Luiz Inácio Lula da Silva tuvo un fuerte impacto político en Brasil y la región, pero también dejó, al menos, 10 señales para la Argentina. Javier Milei salió fortalecido después de haber apostado por el candidato del Partido Liberal cuando todavía aparecía detrás en los sondeos, aunque el resultado encendió una advertencia para la Casa Rosada: volvió a mostrar las dificultades que tienen los oficialismos latinoamericanos para conservar el poder. También dejó una señal para Cristina Kirchner y el peronismo: Jair Bolsonaro, preso e impedido de competir, eligió a su hijo, le transfirió su base electoral y Flávio ganó la primera vuelta. Cristina, también condenada y fuera de competencia, puede encontrar allí un argumento político para 2027: impulsar a un dirigente identificado sin matices con su liderazgo, capaz de retener su electorado y enfrentar a Milei en un escenario de fuerte polarización. Y, además, las encuestas volvieron a fallar: la mayoría daba primero a Lula y Bolsonaro terminó imponiéndose por casi dos puntos.
Para analizar qué enseñanzas había dejado Brasil para el escenario argentino, Infobae consultó a Federico Aurelio, director de Aresco; Facundo Nejamkis, director de Opina Argentina; Lucas Romero, director de Synopsis; y Mario Riorda, consultor y profesor de comunicación política. También recogió la lectura de fuentes del Gobierno y del peronismo. Los diagnósticos tuvieron matices, pero confluyeron en algunos puntos: el crecimiento regional de la derecha, la dificultad de los oficialismos para sostenerse en el poder, el peso creciente de la polarización y la necesidad de mirar con mayor cautela las fotografías que ofrecen las encuestas.
En la Casa Rosada, la primera reacción fue reivindicar la apuesta de Milei. El Presidente había viajado el 25 de julio a Brasil para participar del acto de nominación de Flávio Bolsonaro como candidato del Partido Liberal. Una fuente oficial recordó que en aquel momento la medición de AtlasIntel que utilizaban como referencia ubicaba a Lula con 40% y a Bolsonaro con 32%. Milei decidió involucrarse de todos modos. En el Gobierno conectaron aquella decisión con su respaldo temprano a Donald Trump, cuando Joe Biden todavía presidía Estados Unidos y distintas voces le habían aconsejado evitar una identificación tan abierta.
La lectura oficial, sin embargo, convivió con otros datos menos cómodos. Brasil confirmó la fortaleza de una derecha con la que Milei se identificaba, pero el derrotado había sido un presidente que buscaba continuar en el poder. La elección mostró, además, que el rechazo a un gobierno podía concentrarse rápidamente, que la polarización podía dejar sin oxígeno a las terceras fuerzas y que un líder condenado podía conservar una enorme capacidad para organizar a su espacio a través de otro candidato. Esas fueron algunas de las claves que comenzaron a analizarse en la política argentina.
Milei volvió a apostar fuerte y acertó

La primera lectura del resultado brasileño remitió a una característica que Javier Milei convirtió en parte de su manera de intervenir en la política internacional: apostó fuerte aun cuando el escenario permanecía abierto. Una suerte de jugador que fue all in, sin esperar a que las probabilidades terminaran de acomodarse a su favor.
Ya lo había hecho con Donald Trump durante la presidencia de Joe Biden, cuando el regreso del republicano a la Casa Blanca todavía no estaba asegurado. Después repitió esa lógica en las elecciones presidenciales de América Latina: tomó partido, se involucró públicamente y respaldó a los candidatos con los que había construido afinidad política. Lo hizo con Daniel Noboa en Ecuador, José Antonio Kast en Chile, Nasry Asfura en Honduras, Laura Fernández en Costa Rica, Keiko Fujimori en Perú y Abelardo de la Espriella en Colombia. Todos terminaron ganando sus respectivas elecciones.
Brasil fue la apuesta más reciente y, por el peso político y económico del país, una de las más significativas. Una fuente del Gobierno recordó que el 25 de julio Milei viajó para participar del acto de nominación de Flávio Bolsonaro como candidato presidencial del Partido Liberal. Ese día, según la medición de AtlasIntel que seguían en la Casa Rosada, Lula tenía 40% de intención de voto y Bolsonaro 32%. Milei no esperó a que esa diferencia se redujera: viajó, se mostró con Flávio y lo respaldó explícitamente.
Lucas Romero destacó justamente ese componente personal. Para el director de Synopsis, el resultado tuvo “un valor simbólico muy importante para Milei”, entre otras razones porque “Milei se jugó yendo personalmente a apoyar a Bolsonaro”.
El Presidente celebró inmediatamente el resultado. “LA LIBERTAD AVANZA EN BRASIL”, escribió, antes de felicitar a su “querido amigo” Flávio por la “histórica elección”. También planteó que Argentina y Brasil tenían por delante la posibilidad de profundizar una relación que definió como comercial, cultural y política.
En el Gobierno, la secuencia reforzó una lectura que ya venían haciendo a partir de las elecciones anteriores: Milei asumió riesgos políticos que otros dirigentes evitaron y los candidatos por los que se pronunció terminaron ganando. Esa sucesión de apuestas alimentó en la Casa Rosada la idea de que el Presidente argentino había ganado una centralidad particular en el escenario hemisférico y podía empezar a ocupar un lugar de primus inter pares entre dirigentes con los que había construido vínculos políticos.
La derecha consolidó una corriente regional

La victoria de Flávio Bolsonaro también reforzó una tendencia que excedió al caso brasileño: el avance de fuerzas de derecha y centroderecha en América Latina dejó de aparecer como una sucesión de episodios aislados y empezó a configurar una corriente regional.
Federico Aurelio puso números a ese proceso. Según el relevamiento que hizo el director de Aresco, las fuerzas de derecha o centroderecha ganaron 14 de las últimas 20 elecciones realizadas en América Latina. “El resultado beneficia a los espacios de la derecha”, sostuvo al analizar el impacto que podía tener Brasil sobre la Argentina.
Facundo Nejamkis hizo una lectura similar, aunque puso el acento en la persistencia del fenómeno. “Hay una ola de derecha en la región, de derecha más radicalizada en algunos casos, un poco menos en otros”, explicó el director de Opina Argentina. Y agregó una definición central para entender el proceso: “Esa ola vino para quedarse”.

Mario Riorda también identificó esa tendencia entre las principales enseñanzas de la elección brasileña. Para el consultor, en el resultado pesó el “aglutinamiento” ideológico que se produjo en la recta final y una “consolidación de una ola presidencial de derecha en América Latina”.
La reacción del oficialismo argentino siguió esa misma interpretación. Patricia Bullrich sostuvo que “se unen todos los vientos en una misma dirección en Latinoamérica” y vinculó el resultado con una eventual etapa de mayor integración entre Argentina y Brasil. Santiago Caputo, en cambio, eligió una frase de tono épico: “La victoria en la guerra no depende de la cantidad de soldados, sino de las fuerzas que vienen del Cielo”.
El resultado brasileño reforzó así el espacio regional con el que Milei buscó identificarse desde el comienzo de su gobierno. Pero esa misma secuencia de elecciones contenía otra regularidad, menos favorable para la Casa Rosada: detrás de buena parte de esos triunfos de la derecha también hubo derrotas de los oficialismos.
La principal advertencia para Milei: los oficialismos pierden

La misma secuencia regional que el Gobierno leyó como una expansión de fuerzas ideológicamente cercanas a Milei dejó, sin embargo, una advertencia mucho menos favorable para la Casa Rosada: una gran cantidad de esas elecciones terminaron con derrotas de los gobiernos que buscaban conservar el poder. Brasil volvió a repetir ese patrón. Lula había derrotado a Jair Bolsonaro cuatro años antes y esta vez quedó segundo frente a Flávio.
Federico Aurelio destacó que, según su relevamiento, 20 de los últimos 24 oficialismos perdieron las elecciones en América Latina. “Si bien el Gobierno lo puede tomar como algo favorable por esta ola del triunfo de la derecha y el centroderecha en Latinoamérica, también está dentro de la lógica del castigo a los oficialismos”, explicó el director de Aresco.
Lucas Romero llegó a una conclusión similar con una serie más extensa. “Desde 2018 para acá, las últimas 33 elecciones presidenciales en Latinoamérica, con ésta vamos a tener 28 triunfos de gobiernos de oposición”, sostuvo. Para el director de Synopsis, esa continuidad marcó “la tendencia de las dificultades que tienen los oficialismos para reelegir”.

Facundo Nejamkis también puso el foco en ese fenómeno. “Evidentemente la gente tiene un estado de insatisfacción con la política que lleva a los oficialismos a una situación de mucha fragilidad y que les dificulta mucho los proyectos de sostenerse en el poder”, afirmó. Y resumió el caso brasileño con una comparación directa: “Este es el mismo Lula que le ganó hace cuatro años al padre de Flávio Bolsonaro y hoy pierde la elección”.
Mario Riorda ubicó la misma cuestión como la primera de sus conclusiones sobre Brasil: a los oficialismos les había costado ganar las reelecciones presidenciales y, frente al descontento, los electores habían tendido con frecuencia a buscar un cambio.
Para Milei, ésa fue la contracara del festejo. Brasil fortaleció a un aliado ideológico, pero también mostró la derrota de un presidente en ejercicio. En 2027, el mandatario argentino ya no competirá desde el lugar de quien canaliza el rechazo al sistema político, como ocurrió en 2023: llegará a las urnas defendiendo una gestión y buscando conservar el poder.
El rechazo puede encontrar un candidato que lo concentre
La derrota de Lula dejó otra señal para la política argentina: una cosa era el nivel de rechazo que acumulaba un gobierno y otra, muy distinta, la capacidad de la oposición para convertir ese descontento en votos. Durante buena parte del ciclo político brasileño, la desaprobación del Presidente no había tenido necesariamente una traducción electoral equivalente. Flávio Bolsonaro consiguió finalmente convertirse en el principal receptor de ese malestar.
Federico Aurelio puso el foco precisamente en ese mecanismo. “Hay en Brasil más desaprobación de la gestión de Lula que aprobación, y Bolsonaro tuvo la destreza de monopolizar esa desaprobación”, explicó el director de Aresco.
Para el consultor, la comparación con la Argentina abrió un interrogante importante para 2027. Según las mediciones que manejaba Aresco, alrededor del 60% desaprobaba la gestión de Milei, pero el peronismo reunía aproximadamente 30% de intención de voto. Es decir, apenas la mitad del universo crítico con el Gobierno encontraba en ese momento representación electoral en la principal fuerza opositora.
“De ese 60% que desaprueba Milei, hay un 30% de intención de voto del peronismo”, precisó Aurelio. Esa distancia explicaba por qué el nivel de rechazo a la gestión no podía trasladarse automáticamente a una proyección electoral contra el Presidente.

El riesgo para la Casa Rosada aparecería si esa brecha comenzara a cerrarse. “Tendrá que estar atento el Gobierno a que el peronismo no crezca o que el peronismo no genere alianzas con algunos espacios que le permitan capitalizar mejor ese porcentaje importante hoy que hay de desaprobación de la gestión de Milei”, advirtió.
Brasil mostró que un electorado descontento podía permanecer disperso durante buena parte de un mandato y concentrarse cuando aparecía una candidatura capaz de ordenar la oposición. Para el Gobierno argentino, por eso, el dato relevante no era solamente cuánto rechazo acumulaba Milei, sino si de cara a 2027 surgía un dirigente o una alianza con capacidad para transformar ese rechazo en una mayoría electoral.
La polarización convirtió la primera vuelta en un balotaje anticipado

La elección brasileña dejó otra señal para 2027: la existencia de múltiples candidatos no impidió que el electorado terminara concentrándose casi por completo alrededor de dos opciones. Flávio Bolsonaro obtuvo 47,03% y Lula 45,16%. Entre ambos reunieron 92,19% de los votos, mientras que ninguna de las alternativas restantes consiguió siquiera superar el 3%.
Lucas Romero consideró que esa concentración había transformado, en los hechos, la primera vuelta en una elección de dos. “Los procesos electorales tienden a polarizarse dramáticamente y anticipadamente. Casi que esta primera vuelta terminó siendo un proceso de segunda vuelta. Los dos candidatos se terminan llevando más del 90% de los votos”, explicó el director de Synopsis.
Y vinculó directamente ese comportamiento con el escenario argentino: “Creo que esto puede anticiparnos lo que podría ocurrir con la elección argentina en 2027”.
Facundo Nejamkis llegó a una conclusión similar. “Entre los dos polarizaron la elección de entrada. Se concentraron más del 90% de los votos entre los dos actores”, señaló. Para el director de Opina Argentina, Brasil dejó una enseñanza concreta: “Cuando el proceso de polarización se desata, es posible que las dos fuerzas principales concentren una parte muy significativa del voto”.

Mario Riorda agregó otra consecuencia del mismo fenómeno: “Un electorado dividido suele anticipar una ciudadanía polarizada”. La concentración alrededor de dos grandes opciones no sólo había condicionado el reparto de los votos, sino que podía prolongar esa división más allá de la jornada electoral.
El dato abrió una discusión para la Argentina. A más de un año de las presidenciales de 2027 podían aparecer terceras fuerzas, candidatos provinciales o intentos por construir una alternativa por fuera de La Libertad Avanza y el peronismo. Brasil mostró, sin embargo, que esa fragmentación inicial podía desaparecer cuando la campaña ingresaba en su etapa decisiva y los votantes percibían que la disputa real había quedado reducida a dos polos.
Ese proceso resultaba especialmente relevante porque conectaba con las dos claves anteriores: si una oposición conseguía concentrar el rechazo al Gobierno y, al mismo tiempo, la elección se polarizaba anticipadamente, el margen electoral para las opciones intermedias podía reducirse de manera drástica.
Las encuestas volvieron a fallar

La elección brasileña volvió a poner bajo discusión el alcance de las encuestas como herramienta para anticipar un resultado, pero también para registrar con precisión el clima político de una sociedad. En la recta final, la fotografía predominante mostraba a Lula en primer lugar. Las urnas terminaron revelando un escenario diferente.
La recopilación de Poder360 sobre los 14 últimos sondeos nacionales había ubicado a Lula numéricamente adelante en diez, a Flávio Bolsonaro primero en tres y había registrado un empate. Los estudios tenían metodologías, muestras y márgenes de error diferentes, pero coincidían mayoritariamente en el orden de los dos principales candidatos. Finalmente, Flávio obtuvo 47,03% y Lula 45,16%: el candidato que aparecía segundo en la mayoría de las mediciones terminó ganando por 1,87 puntos.
Lucas Romero destacó precisamente esa divergencia. “El resultado debe ser interpretado como un gran triunfo de Bolsonaro porque no era lo que las encuestas anticipaban”, sostuvo el director de Synopsis.
Facundo Nejamkis fue más allá de la discusión sobre el pronóstico. “La sorpresa, en términos de lo que predecían las encuestas, vuelve a poner en el centro de la escena que las encuestas son un elemento no de medición exacta del clima político, sino de tanteo”, afirmó el director de Opina Argentina.
El problema, entonces, no quedó limitado a haber errado quién terminaría primero. Brasil volvió a mostrar que las encuestas podían ser herramientas defectuosas o insuficientes no sólo para proyectar un resultado electoral, sino también para detectar movimientos del electorado, intensidades de apoyo o cambios en el clima político que podían terminar expresándose con fuerza el día de la votación.
La Casa Rosada siguió ese dato con especial atención. Fuentes del Gobierno consideraron que lo ocurrido en Brasil obligaba a tomar con mayor cautela las mediciones argentinas y reforzaba una hipótesis que circulaba en el oficialismo: que Milei podía conservar un nivel de respaldo mayor al que registraban algunas encuestas.
No había, naturalmente, una comprobación de que eso estuviera ocurriendo en la Argentina. Pero el resultado brasileño aportó un argumento político para relativizar las fotografías actuales. Si la mayoría de los estudios realizados hasta pocas horas antes de una elección no había conseguido captar correctamente el orden final de los candidatos, las mediciones tomadas a más de un año de 2027 debían ser consideradas como aproximaciones al escenario y no como una representación definitiva de la correlación de fuerzas.
Bolsonaro transfirió y amplió sus votos: la señal para Cristina Kirchner
El resultado brasileño dejó una comparación inevitable para el peronismo argentino. Jair Bolsonaro estaba preso, había sido condenado y no podía competir, pero conservó la capacidad de ordenar a su espacio, eligió a su hijo como candidato y consiguió transferirle buena parte de su capital político. Flávio no sólo retuvo ese electorado: lo amplió.
La comparación con 2022 fue contundente. En aquella primera vuelta, Jair Bolsonaro había obtenido 43,20% y 51.072.345 votos. Flávio alcanzó ahora 47,03% y 56.103.231 sufragios: más de cinco millones de votos adicionales y casi cuatro puntos porcentuales por encima de lo que había conseguido su padre.
Ese antecedente podía ofrecerle a Cristina Kirchner y al peronismo un argumento político para 2027. La expresidenta también estaba condenada e impedida de competir. La experiencia brasileña mostró que esa situación no necesariamente anulaba la capacidad de un liderazgo para intervenir decisivamente en una elección si conseguía impulsar a un candidato identificado sin matices con ese espacio, capaz de retener su núcleo electoral y sumar nuevos votos.
Fuentes del peronismo consultadas por Infobae observaron especialmente ese aspecto del resultado. La pregunta que abrió Brasil fue si Cristina podía encontrar un dirigente que funcionara como una representación inequívoca de su liderazgo y, al mismo tiempo, tuviera capacidad para disputar eficazmente con Milei en una elección polarizada.
Facundo Nejamkis puso el foco en la capacidad de supervivencia electoral de esos liderazgos. “Fijate si no lo que le pasó a Brasil: Bolsonaro no se pudo presentar, está detenido y su hijo prácticamente casi que gana la elección en primera vuelta”, señaló el director de Opina Argentina.
La experiencia brasileña no garantizaba que el mismo mecanismo pudiera reproducirse en la Argentina, pero sí introdujo un dato relevante para el debate interno del peronismo: un liderazgo impedido de ser candidato podía seguir condicionando una elección si encontraba quién expresara de manera eficaz su identidad política. Y en Brasil esa transferencia se produjo, además, en un contexto de polarización extrema, con más del 92% de los votos concentrados entre oficialismo y oposición.
El bolsonarismo sobrevivió a Bolsonaro
Más allá de la transferencia electoral entre Jair y Flávio, la elección dejó una señal de mayor profundidad: el bolsonarismo demostró que podía mantener una enorme potencia política aun cuando su fundador ya no estuviera en condiciones de competir. La identidad construida alrededor del expresidente no desapareció con su salida del poder ni con su condena, sino que siguió organizando una parte decisiva del electorado brasileño.
Facundo Nejamkis destacó especialmente ese fenómeno. “Estos espacios políticos no son solo la expresión de un líder outsider que gana una elección, sino que después, independientemente de lo que le pase a ese líder, sostienen y mantienen su vigencia”, señaló el director de Opina Argentina.
Para Nejamkis, ésa fue una de las conclusiones más importantes que dejó Brasil para comprender el ciclo político que atravesaba la región. “La vigencia de los espacios políticos de derecha radicalizada, independientemente de si siguen en el gobierno o después pierden y están en la oposición, mantienen su potencia política”, sostuvo. Y agregó que ese proceso de radicalización “vino para quedarse, por lo menos por un tiempo”.
Mario Riorda abordó el mismo problema desde otra perspectiva. Entre las enseñanzas que extrajo de la elección, planteó que todo liderazgo terminaba agotando una parte de su imagen “mítica y heroica” y que la gran dificultad aparecía cuando un espacio no encontraba un relevo con capacidad para sostener su desempeño electoral.
Brasil mostró que una fuerza política fuertemente asociada a un liderazgo personal podía atravesar una derrota, pasar a la oposición y conservar una identidad reconocible para millones de votantes. El bolsonarismo no se había extinguido con la derrota de Jair frente a Lula en 2022 y cuatro años después volvió a disputar el poder con posibilidades concretas de recuperarlo.
La experiencia abrió también una discusión de más largo plazo para la Argentina. Si los movimientos construidos alrededor de liderazgos fuertes podían desarrollar una identidad propia, la pregunta no se limitaba a qué ocurriría con Milei o Cristina Kirchner en 2027, sino a cuánto podían perdurar el mileísmo y el kirchnerismo más allá de las figuras que les dieron origen.
La abstención también puede alterar una elección

La elección brasileña dejó otra señal relevante para la Argentina: no sólo importaba a quién preferían los votantes, sino también quiénes efectivamente concurrían a las urnas. Brasil registró una abstención cercana al 21%, un dato significativo en un país donde el voto era obligatorio.
Federico Aurelio puso el foco en ese fenómeno y en su impacto territorial. “Le perjudicó a Lula un porcentaje de abstención mayor que el habitual en Brasil, sobre todo en las zonas más favorables de Lula”, sostuvo el director de Aresco.
Para el consultor, la comparación con la Argentina resultó inmediata. El descenso de la participación electoral había aparecido también en los últimos comicios locales y nacionales como una expresión del descontento con la dirigencia y de una menor movilización política. “Hay que estar atentos también a cómo se desenvuelve el tema del abstencionismo en la Argentina”, advirtió.
El dato obligó a incorporar una variable adicional para 2027. Un espacio podía conservar un nivel importante de adhesión en las encuestas y, sin embargo, verse perjudicado si una parte de sus simpatizantes decidía no concurrir a votar. En escenarios de alta polarización, la capacidad de movilizar al electorado propio podía resultar tan importante como sumar nuevos apoyos.
Mario Riorda aportó una dimensión complementaria al destacar el peso de las estructuras territoriales. Entre las enseñanzas que extrajo de Brasil, señaló que “las campañas se juegan por regiones” y que incluso una elección nacional podía fortalecerse si contaba con “socios regionales sólidos”, capaces de aportar una tracción adicional.
Para la Argentina, esa combinación entre abstención y territorio podía adquirir especial importancia. La participación no dependía únicamente de la imagen de los candidatos nacionales: también intervenían gobernadores, intendentes, estructuras partidarias y dirigentes locales capaces de movilizar votantes en cada distrito.
Brasil mostró así que la apatía electoral no era una variable secundaria. En una competencia ajustada, perder capacidad de movilización en territorios propios podía modificar el equilibrio general de una elección.
No hubo una única explicación para el resultado
La última señal que dejó Brasil fue también una advertencia contra las interpretaciones lineales. El resultado no podía explicarse solamente por la economía, por el rechazo a Lula, por la identificación ideológica con Bolsonaro o por un único episodio de campaña. En una elección de esas características confluyeron factores políticos, sociales y culturales que actuaron al mismo tiempo.
Mario Riorda resumió ese fenómeno con una definición: “No hay un único motor electoral”. Entre los elementos que identificó mencionó “la ideología, la religión, el nacionalismo, la economía, el clasismo, el racismo y la injerencia internacional”, entre otros. “La disputa está en todos los frentes”, señaló.
El consultor también relativizó el impacto que solía adjudicarse a los escándalos durante una campaña. “Los escándalos tienen poco o ningún impacto electoral, como confirma buena parte de la literatura sobre el tema”, planteó. En electorados con identidades políticas fuertes, episodios que dominaban durante días la agenda pública no necesariamente modificaban la decisión de voto con la misma intensidad.
Riorda agregó otro elemento especialmente relevante para dirigentes, consultores y periodistas: la distancia que podía existir entre la conversación digital y el comportamiento real de la sociedad. “Tus algoritmos y hábitos de consumo digital pueden engañarte y hacerte perder perspectiva”, advirtió.
Brasil había mostrado precisamente los riesgos de interpretar una elección desde una sola dimensión o desde los universos políticos que cada sector veía en sus propias redes. El resultado final combinó identidad ideológica, malestar con el Gobierno, liderazgos fuertes, factores económicos, diferencias sociales y culturales y una campaña atravesada también por la disputa internacional.
Para la Argentina, la enseñanza fue que ninguna de las nueve claves anteriores podía explicar por sí sola lo que podía ocurrir en 2027. La elección brasileña había dejado tendencias, advertencias y antecedentes útiles para observar el escenario local, pero también había demostrado que el comportamiento electoral surgía de la combinación de múltiples factores que podían cambiar de peso a medida que avanzara la campaña.
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POLITICA
Cuáles son los municipios bonaerenses con mayor presión tributaria

El aumento de los distintos tipos de tasas locales que cobran los municipios bonaerenses para aumentar sus recursos, ante la caída de la coparticipación primaria (de Nación a la Provincia) y secundaria (del Ejecutivo provincia a los municipios) se instaló en el debate público.
La discusión llegó a los concejos deliberantes de toda la Provincia, con una ofensiva encabezada por La Libertad Avanza (LLA) para comenzar a reducir el peso que les imponen los estados municipales a los ciudadanos bonaerenses. Impulsada por el presidente de LLA PBA, Sebastian Pareja, la iniciativa busca avanzar en la eliminación de 138 tasas, la reducción de otras 120 y la simplificación de 11 en los 116 municipios donde tiene representación.
Desde el gobierno a cargo de Axel Kicillof las defienden y sostienen que los problemas de empleo, competitividad y cierre de empresas no están vinculados con las tasas municipales ni con impuestos provinciales, sino con las políticas económicas del Gobierno nacional.
Hace ya unos meses, Carlos Bianco, ministro de Gobierno bonaerense argumentó que el peso de las tasas municipales sobre la actividad productiva es marginal en comparación con los impuestos nacionales. También mencionó un estudio de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), que indica que las tasas municipales representan apenas el 0,9% en las cadenas productivas.
Más allá de la discusión sobre su impacto, la carga tributaria local fue adoptada como eje de debate por LLA como parte de la promesa de Javier Milei de bajar impuestos. El presidente del bloque libertario en el Senado, Carlos Curestis, y el diputado Pablo Morillo presentaron proyectos para que los municipios bonaerenses estén obligados por ley a brindar una contraprestación a cada tasa municipal que cobran. “Seguimos avanzando en quitarle el peso del Estado a los bonaerenses. En la mayoría de los municipios las tasas no tienen contraprestaciones y terminan siendo cajas encubiertas de la casta política. Dimos grandes pasos, pero queda mucho por hacer”, sostuvo Pareja al referirse al tema.
Para transparentar los números en la Provincia de Buenos Aires, el intendente de Tres de Febrero en uso de licencia, Diego Valenzuela, un ex PRO hoy legislador provincial por la LLA, puso en línea un sitio llamado Menos Impuestos con el detalle desglosado de la presión impositiva municipal en el mayor distrito del país.
El senador bonaerense lo presentó esta semana en la Cámara alta de la Provincia.

Según le dijo a Infobae, ya le pidieron la tecnología en Córdoba y Mendoza. “Quieren implementarla a nivel municipal como herramienta de transparencia tributaria para atraer inversiones. Mi objetivo de máxima es que cada provincia tenga su propio semáforo fiscal”, sostuvo el senador de LLA.
Cuando estaba al frente de Tres de Febrero, el propio Valenzuela promovió la baja de tasas a nivel local para atraer la instalación de empresas y Pymes en su distrito. Así logró que Mercado Libre invirtiera USD 65 millones para abrir un centro de almacenamiento en el Parque Logístico Buen Ayre que actualmente emplea a 440 trabajadores, de los cuales la mitad reside en ese partido.
A su vez, el Banco Nación cerró en febrero de 2025 una sucursal ubicada en Ramos Mejía, en el partido de La Matanza, por las elevadas tasas municipales que cobra su intendente, Fernando Espinoza, y se mudó a Ciudadela, también en Tres de Febrero.
En el sitio Menos Impuestos se detallan las tasas que cobran 52 municipios bonaerenses – 37 del Conurbano – de más de 60.000 habitantes, a partir de relevar sus ordenanzas fiscales.
La plataforma muestra un indicador de la Presión fiscal que es un promedio de 5 tasas representativas que se cobran en cada municipio (Banca Minorista, Hipermercado, Industria, Comercio, Comercio Mayorista), y dos tributos complementarios (Tasa Vial y Habilitación). El promedio arroja 1,46%.
Para visualizar esa carga tributaria, se identifica a los distritos con los colores de un semáforo: en rojo los de mayor carga tributaria y en verde, los de menos. Una herramienta del sitio permite comparar municipios.
Los que están en rojo
De la comparación de los 52 municipios, surge que 18 tienen una calificación desfavorable con relación a la presión fiscal, con porcentajes por arriba de ese promedio, que van desde 1,83% a 3,16%.
Todos tienen intendentes de Unión por la Patria (UP), salvo uno – General Pueyrredón-, cuyo intendente es Guillermo Montenegro, del PRO, quien el viernes anunció que dejaba la banca provincial y reasumía al frente del municipio cuyo epicentro es Mar del Plata. En esta ciudad cabecera, Mercado Libre tiene un centro logístico que está evaluando mudarse a otro municipio cercano.
Los de mayor presión fiscal son Hurlingham (3,16%), seguido por Lanús (3,07%) y Marcos Paz (2,88%). Los dos primeros están gobernados por La Cámpora (Damián Celsi y Julián Álvarez, respectivamente); el último tiene como jefe comunal a Ricardo Curutchet, alineado con el gobernador Axel Kicillof.

“Si bien los de La Cámpora suelen ser los más caros porque ideológicamente están a favor de cobrarle más a los privados para aumentar el gasto del Estado, el cobro de tasas más elevadas no es lineal según el color político, ya que hay casos en todos los sectores”, advirtió Valenzuela ante Infobae.
También aparecen en el top five de presión fiscal Bahía Blanca (2,77%), cuyo intendente es Federico Susbielles, con orígenes en el kirchnerismo pero que se sumó recientemente a la Liga de Intendentes del peronismo bonaerense; y Morón (2,65%), gobernado por Lucas Ghi, de Nuevo Encuentro, hoy entre los aliados de Kicillof.
Los mejor calificados
En el otro extremo, hay 15 municipios con valores de presión fiscal entre 0,52% y 1,25%. Diez están gobernados por UP; 2 por partidos vecinales, uno por la UCR, y uno por LLA.
Al tope de los mejor calificados, aparecen San Pedro (0,52%), Tres de Febrero (0,56%) y Chivilcoy (0,75%). El intendente sanpedrino es Cecilio Salazar, hoy en las filas de Kicillof; el de Tres de Febrero, Rodrigo Aybar, que reemplaza en forma interina a Valenzuela; y de Chivilcoy, el vecinalista Guillermo Britos, que en la última elección se integró a Somos Buenos Aires, una suerte de “tercera fuerza” provincial.

Entre los de menor presión fiscal figuran, a su vez, distritos de distinto signo político como Presidente Perón (0,76%), conducido por Blanca Cantero, del Frente Renovador, dentro de UP; y Necochea (0,92%), por el vecinalista Arturo Rojas.
En este grupo también está Ensenada (0,95%), municipio conducido por Mario Secco, integrante del Movimiento Derecho al Futuro del gobernador bonaerense.
Del PRO, figura Zárate (0,98%), cuyo intendente, Marcelo Matzkin, responde a Cristian Ritondo, titular del partido en la Provincia. Con una baja presión impositiva, alberga a empresas de relevancia como Toyota y Heineken.
En tanto, Tandil, gobernado por el radical Miguel Angel Lunghi, registra una presión fiscal del 0,99%.
Del Conurbano, también aparece con color verde Esteban Echeverría (1,13%), donde Fernando Gray, un peronista enfrentado a Máximo Kirchner, viene tomando medidas para favorecer las inversiones en su distrito. En la reciente apertura de las sesiones en el Concejo Deliberante, anunció la eliminación de 4 tasas municipales a partir de 2027 (Servicios Especiales de Limpieza, Venta en la Vía Pública, Explotación de los Recursos del Suelo, Servicios de Regularización Dominial) y la exención impositiva total para mayores de 75 años que vivan en el partido.

Otros municipios de GBA pertenecientes a UP que figuran entre los de menor carga tributaria son Merlo (1,22%), gobernado por Gustavo Menéndez, quien se ubica dentro del kirchnerismo; Almirante Brown (1,24%), cuyo intendente interino es Juan José Fabiani en reemplazo del hoy diputado provincial Mariano Cascallares, que integra el espacio de Kicillof; y Malvinas Argentinas (1,24%), conducido por Leonardo Nardini, ligado al kirchnerismo.
Los que están en amarillo
Hay 19 municipios en los que la presión tributaria es catalogada como intermedia, con indicadores que se ubican entre 1,29% y 1,74%, de los cuales 12 están gobernados por UP. Sin embargo, dentro del mismo peronismo, sus intendentes responden a distintos sectores.
La Costa, conducido por Juan de Jesús, registra el valor más alto en la franja de los catalogados con color amarillo, con 1,74%. Del Conurbano aparecen Tigre, con 1,63%, gobernado por el ex miembro del Frente Renovador Julio Zamora; Berazategui, con 1,56%, a cargo de Carlos Balor que reemplaza al fallecido Juan José Mussi; Avellaneda, con 1,47%, gobernado por Magdalena Sierra, quien reemplazó a Jorge Ferraresi tras su renuncia; San Fernando, con 1,46%, a cargo del massista Juan Andreotti; José C. Paz, con 1,35%, a cargo de Roberto Caggiano en reemplazo de Mario Ishii; San Vicente, con 1,34%, municipio gobernado por Nicolás Mantegazza; Ezeiza, también con 1,34%, a cargo de Gastón Granados; General Rodríguez, con 1,30%, conducido por Mauro García; y Florencio Varela, con 1,29%, a cargo de Andrés Watson.
En el segmento de presión fiscal intermedia figuran otros 5 intendentes del PRO: Pergamino, gobernado por Javier Martínez, con 1,52%; seguido por Vicente López, gobernado por Soledad Martínez, con 1,5%; Campana, bajo la gestión de Sebastián Abella, con 1,48%; y Junín, gobernado por Juan Carlos Fiorini -en reemplazo del ahora senador provincial Pablo Petrecca-, con 1,29%; y San Isidro con 1,36%, aunque su jefe comunal, Ramón Lanús, hoy está más cerca de La Libertad Avanza.
En otro municipio de los identificados con el color amarillo del semáforo su intendente es de un partido vecinal, Jaime Méndez, que conduce San Miguel, que registró 1,34% de presión fiscal. También San Nicolás (1,42%), de Santiago Passaglia, del partido local Hechos.
Otras tasas
La mitad de los municipios – 26 – relevados tienen tasa vial, que pagan los vecinos cuando cargan combustible en el distrito; los otros 26, no. Y solo 9 no cobran tasa de habilitación por abrir un comercio, industria, empresa o Pyme en el distrito.
Otros 34 distritos tienen tasas extras ocultas en la Tasa por Inspección de Seguridad e Higiene (TISH) y otras adicionales específicas.
Lideran el ranking San Vicente, con 7 tasa adicionales; Campana con 6; Hurlingham y Luján con 5 cada uno; y Almirante Brown, Florencio Varela, Pilar y San Martín, con 4.
En San Vicente se paga una tasa específica por certificado de aptitud o impacto ambiental. Además, sobre la TISH se cobra un 40% extra para seguridad y bomberos, otro 40% para el sistema de salud pública, 50% para generadores de residuos especiales, de entre 20% y 60% para industrias categorizadas, y del 25% para grandes superficies comerciales. Además, el municipio cobra una contribución fija de $4.144 por mes para la gestión de residuos sólidos urbanos.
En Campana, gobernada por Sebastián Abella (PRO), sobre la TISH se cobra un 10% extra para prevención ciudadana, un 15% para salud pública, un 20% para la gestión de residuos de grandes generadores y un 10% destinado al Fondo Educativo. Además, el municipio aplica una tasa por servicios de protección ambiental y otra por la comercialización de envases no retornables.
En Hurlingham, no se aplican tasas adicionales sobre la TISH, aunque sí existen otros cargos. Entre ellos, uno sobre la facturación para el Fondo de Fortalecimiento Ambiental con una contribución del 3% y otra del 1% para la asistencia a comedores y merenderos. Además, el municipio cobra dos montos fijos, uno de $435.000 mensuales por seguridad adicional en entidades bancarias, y una contribución por Protección Ciudadana que va entre $2.831 y $8.492 por mes. Y por último una tasa específica de control de impacto ambiental para industrias.
En Luján, municipio gobernado por Leonardo Boto (UP), se suman 4 tasas adicionales de protección ambiental a bancos, supermercados y hoteles, sobre su facturación, y otra quinta por la emisión de gases, por litro de combustible cargado.
En Almirante Brown, se cobran tres tasas adicionales: una por fiscalización del riesgo ambiental, otra por comercialización de envases no retornables, y otra ambiental, además de un pago fijo por mes de entre $2.000 y $16.600 por mes como Contribución SAME (Emergencias y Salud).
El cruce con otros indicadores
El sitio Menos Impuestos cruza la carga fiscal con otros indicadores de los municipios, como el resultado fiscal, el desarrollo en infraestructura, el gasto en capital y empleo público.
Así, es posible visualizar qué municipios terminaron el 2025 con déficit o si tuvieron superávit, y ver cuánto invierten en obra pública, o cuál es su gasto en personal, y cruzar estos datos con el nivel de presión fiscal que registran.
“Las tasas bajas por sí solas no son necesariamente buenas. Es importante cruzar la presión tributaria con, por ejemplo, lo destinado a obra pública. Un nivel esperable de gasto de capital es entre el 10% y 15%. Pero por ejemplo hay distritos como La Matanza, que pese a tener superávit, no baja las tasas ni invierte suficientemente en obras, y elige poner la plata restante de lo que recauda en un plazo fijo”, advirtió Valenzuela.
La Matanza tiene una presión fiscal alta del 2,57% y tuvo ingresos totales por $709.334 millones, con un resultado fiscal positivo al cierre de 2025 de $143.590 millones. Destinó a gastos de capital el 11% de sus ingresos.
En la pestaña Tamaño del Estado del sitio, se compara el gasto en sueldos del personal de 42 municipios en relación a sus ingresos totales. La fuente es el RAFAM, una herramienta informática provista por la Provincia para estandarizar las operaciones de los municipios bonaerenses. “La idea es ver si un distrito cobra tasas altas y, a la vez, gasta mucho en empleados públicos, ya sea por la cantidad de agentes o por tener sueldos altos”, explicó Valenzuela.
En Infraestructura, se detalla el porcentaje de cobertura de servicios –agua, gas y cloacas– según el Censo 2022, un dato que puede considerarse clave a la hora de que una empresa tiene que considerar invertir en el distrito.
Por último, en la pestaña de Empleo se detalla cuántos puestos de trabajo privado registrado tiene cada municipio bonaerense y cuántos generó —o perdió— entre 2023 y 2025, usando como base el SIPA. Del análisis surge que solo 18 distritos crearon empleo en los últimos dos años. El resto perdió puestos de trabajo en números absolutos y en porcentaje.
El ranking de los que más empleos privados generaron lo lideran General Pueyrredón (+2.208 puestos, equivalentes a un aumento del 1,9%); Ezeiza (+1.199, un 3,8% más); Tres de Febrero (+1.190, un 2,1% más); Vicente López (+912 puestos, el 0,8%); y Tandil (+726, un 3,4% más).
“Herramienta para replicar”
Según le dijo a Infobae, ya le pidieron la tecnología en Córdoba y Mendoza para replicarla a nivel municipal. “Quieren implementarla como herramienta de transparencia tributaria para atraer inversiones. Mi objetivo de máxima es que cada provincia tenga su propio semáforo fiscal”, concluyó el senador de LLA.
Visualizaciones: Daniela Czibener
Chequeo de datos: Desiré Santander
Damián Celsi,Julián Álvarez,Ricardo Curutchet,Hurlingham,Lanús
POLITICA
Javier Milei se entusiasma con tener a Bolsonaro como nuevo aliado en la región, pero todavía hay cautela: el mensaje para el 2027

Cuando en julio pasado Flávio Bolsonaro recién había lanzado su candidatura a presidente de Brasil y todas las encuestas lo ubicaban muy por debajo de Luiz Inácio Lula da Silva, actual mandatario de ese país, que va por su cuarto período no consecutivo, Javier Milei tomó una decisión: viajar a San Pablo y darle su apoyo de manera directa, pidiendo el voto para él y cuestionando duramente a su adversario de izquierda, con insultos que incluso generaron un conflicto diplomático.
Este domingo, el líder libertario siguió de cerca desde la Quinta de Olivos los resultados de los comicios al otro lado de la frontera que, contra todo pronóstico, dieron como ganador parcial al dirigente de derecha.
Si bien en un primer momento el hijo de Jair sacaba más del 50% de los votos, lo que habría implicado una victoria definitiva, cuando llegaron los datos de distintos estados del nordeste, esa cifra bajó y se confirmó que habrá un balotaje el próximo 25 de octubre. Sin embargo, los resultados dejaron una marcada tendencia.
Aunque ninguno de los analistas esperaban esta situación, desde temprano en la Casa Rosada, aunque se mostraban cautelosos, incluso cuando los números eran muy favorables, también celebraron lo ocurrido.
“La gente está cansada de que le mientan, de la inflación y de la inseguridad, y la izquierda es mentirosa, genera inflación y está del lado de los delincuentes”, expresó a Infobae una de las figuras libertarias vinculada con la política exterior.
La lectura oficial es que el resultado en Brasil, si se consolida, se suma a una sucesión de triunfos y avances electorales de sectores de derecha en la región, aunque en el Gobierno evitan proyectar un desenlace definitivo antes del balotaje.
“Va a estar muy justo, el balotaje va a ser tremendo. No creo que lo puedan dar vuelta, pero va a estar muy peleado”, sostuvo un dirigente del oficialismo que viajó a Brasil para monitorear este proceso.
El margen con el que Bolsonaro quedó en primer lugar fue menor al esperado por los libertarios, pero suficiente para alterar un escenario que hasta hace pocos meses parecía favorable a Lula.
En el país vecino, en tanto, había mucha expectativa en torno a Bolsonaro, ya que dos (y quizás tres) de los cinco partidos que quedaron afuera de la competencia se inclinarían por él, por lo que a Lula da Silva le sería difícil revertir la situación.
El Presidente mantuvo contacto con integrantes de su equipo político y diplomático durante la noche, mientras seguía el escrutinio desde la residencia oficial con cierto entusiasmo.
“La Libertad Avanza en Brasil. Felicitaciones querido amigo Flávio Bolsonaro, por esta histórica elección ante el comunista de Lula. El continente americano es de ciudadanos que quieren vivir en libertad. Espero que pronto podamos empezar a trabajar juntos para que la Argentina y Brasil sigan siendo grandes socios comerciales, culturales y políticos. Las oportunidades para nuestras naciones, trabajando juntos, son infinitas“, escribió, una vez cerrado el escrutinio provisorio.
No hubo, por el momento, una confirmación sobre un eventual viaje a Brasil antes de la segunda vuelta, aunque en el entorno presidencial consideran que Milei volverá a tener algún gesto público de apoyo.
En la Casa Rosada creen que un triunfo de Bolsonaro permitiría fortalecer el vínculo con Brasil y consolidar una agenda latinoamericana más cercana a las posiciones que Milei sostiene sobre seguridad, desregulación, apertura comercial y política exterior.
Desde hace tiempo, el líder libertario viene pensando en hacer una reunión de los principales dirigentes de la derecha mundial, denominada “cumbre azul”, que hasta ahora no tiene fecha confirmada y sigue siendo solamente una intención.
En la Casa Rosada interpretan que podría mejorar la coordinación con el Mercosur, un bloque en el que la relación entre Buenos Aires y Brasilia atravesó momentos de tensión desde que ambos mandatarios asumieron.
Sin embargo, algunos dirigentes del oficialismo piden prudencia. El resultado de la primera vuelta no garantiza el desenlace del 25 de octubre y, además, la política del país vecino tiene dinámicas propias que no se trasladan de manera automática a la Argentina.
“Yo no creo que esta elección en particular ya alcance para ayudarlo a Milei en el 2027, porque seguramente va a haber balotaje, así que tenemos que ver primero qué pasa ahí”, aclaró uno de los dirigentes que integra el equipo de estrategia comunicacional del Gobierno, en la previa de los resultados.
La referencia apunta a los comicios presidenciales del año próximo, en los que Milei buscará la reelección. En Balcarce 50 consideran que un eventual triunfo de Bolsonaro podría aportar un antecedente político para la campaña libertaria, sobre todo si logra imponerse frente a un gobierno que lleva varios años en el poder y que sostiene una agenda económica y social contrapuesta a la de la administración argentina.
Además, el candidato brasileño, de ganar podría tener en el 2027 los mismos gestos de apoyo que el argentino tuvo hacia él hace algunos meses. De hecho, ya anticipó que si gana lo va a invitar especialmente a tener una reunión bilateral antes de asumir.

Milei había decidido involucrarse personalmente en la campaña cuando viajó a San Pablo para participar de la Convención Nacional del Partido Liberal. En aquel entonces, el mandatario argentino brindó un discurso de respaldo a Flávio Bolsonaro y cuestionó con dureza a Da Silva, a quien vinculó con el deterioro fiscal y económico de Brasil.
Durante ese acto, el Presidente sostuvo que el dirigente de derecha era el único con capacidad para enfrentar lo que definió como el “Riesgo Lula”. La visita se produjo cuando distintos sondeos todavía ubicaban al candidato del PL en una posición desfavorable y cuando el oficialismo brasileño confiaba en que la elección se resolvería sin demasiadas dificultades.
En aquel entonces, viajó acompañado por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el canciller Pablo Quirno. En San Pablo también mantuvo reuniones con el gobernador Tarcísio Gomes de Freitas, autoridades locales y dirigentes del bolsonarismo.
La presencia del mandatario nacional en ese evento generó malestar en el Palacio del Planalto, que interpretó el respaldo público al principal rival de Lula como una intervención en la campaña interna.
Las declaraciones de Milei en San Pablo, cuando llamó “ladrón”, “presidiario” y “basura socialista” a Lula, y también insultó al juez del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, a quien definió como “basura calva”, generó un fuerte conflicto diplomático.
En una primera instancia, Brasil llamó a consulta a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, quien se quedó varios días a su tierra natal, lo que generó especulaciones sobre una posible rotura diplomática.
“¿Acaso mentí? Es un ladrón, es un corrupto. Fue condenado. Estuvo preso y lo liberaron por una falla en el procedimiento, no por ser inocente”, ratificó Milei.
Finalmente, las autoridades del Plenalto optaron por restablecer los vínculos habituales entre los dos Estados y los cruces no pasaron a mayores.
Una victoria de Bolsonaro el 25 de octubre abriría una nueva etapa bilateral, aunque Brasil tiene una estructura institucional, parlamentaria y económica propia, y el próximo presidente deberá negociar con gobernadores, bloques partidarios y sectores empresariales de distintas posiciones.
En el entorno de Milei creen que un triunfo bolsonarista permitiría discutir una agenda común en materia de seguridad regional, lucha contra el narcotráfico, infraestructura, energía y comercio. También podría darle impulso a los sectores que buscan revisar algunas posiciones del Mercosur y acelerar acuerdos con otros mercados.
Por ahora, la Casa Rosada seguirá con atención las próximas tres semanas de campaña. Bolsonaro deberá ampliar su base electoral y disputar los votos de los candidatos que quedaron fuera de competencia, mientras Lula buscará consolidar a los sectores de centro y a los votantes que no se inclinaron por ninguno de los dos principales postulantes.
La expectativa libertaria es que el balotaje brasileño funcione como una señal política para la región. Pero, puertas adentro, saben que la elección que más les preocupa sigue siendo la propia y que el resultado de 2027 dependerá de cómo llegue Milei a esa instancia.
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