CHIMENTOS
Sabrina Carballo volvió a las tablas y compartió cómo es criar a su hija y actuar al mismo tiempo: “No quiero perderme nada”

Hay encuentros familiares que duelen, otros que salvan y algunos que, con humor y honestidad, nos enfrentan a lo que somos y a lo que dejamos sin resolver. Sabrina Carballo lo sabe bien: desde el escenario, se anima a ser testigo y parte de esos reencuentros incómodos y tiernos, donde las cuentas pendientes y las herencias son apenas la excusa para hablar de lo que realmente importa. Entre charlas, maternidad y el vértigo de lo nuevo, la actriz habló en exclusiva con Teleshow y se permitió mostrar su costado más humano detrás de la comedia.
Guiada por la pluma y la dirección de Hernán Krasutzky, como la compañía de Selene Raimundo arriba de las tablas, Sabrina se sumerge en Mal repartidas, una obra donde dos hermanas se encuentran después de años y descubren que, a veces, lo que más duele es lo que no se dice. El escenario se convierte en campo de batalla y refugio: entre enojos, risas, recuerdos y secretos, los personajes revelan que las diferencias pueden separar, pero también unir. Y, desde el pasado 23 de abril, Carballo despliega su oficio y sensibilidad en cada escena, acompañada por una compañera de ruta que, como ella misma cuenta, vive una gran experiencia en el teatro comercial.
En este presente, Sabrina combina la intensidad del teatro con la vida cotidiana de una mamá que busca no perderse el crecimiento de su hija Caetana. Entre ensayos, horarios cambiantes y el desafío de equilibrar pasión y maternidad, la actriz reflexiona sobre la familia, el amor, el humor y la importancia de encontrar tiempo para lo esencial. Mal repartidas es la excusa perfecta para volver a mirarse, reconocerse en el espejo de los otros y, al final, salir del teatro con la certeza de que, incluso en los enredos más ácidos, siempre hay lugar para una risa y una segunda oportunidad.

—¿Qué te atrapó para volver a las tablas con este proyecto?
—Me lo propusieron en el verano. Tenía otra opción para hacer temporada, pero por diferentes motivos se pasó para más adelante y me quedé sin proyecto. El director y autor de “Nunca te fíes de una mujer despechada”, Hernán Krasutzky, me llamó con esta idea. Confío mucho en él, me gusta cómo escribe y dirige. Además, mi compañera está viviendo su primera experiencia en el teatro comercial, así que me pareció que podía estar bueno.
—¿Cómo es combinar la maternidad con un proyecto tan demandante?
—No es muy fácil. Tengo una chica que me ayuda a veces, pero ahora estoy prácticamente 24 horas con mi hija, que solo va tres horas al jardín. Nuestro trabajo no tiene horario fijo, así que organizarme es complicado. No quiero ni puedo tener una niñera todo el día; tuve una hija para criarla yo. Mi familia vive lejos, todos tienen sus vidas y no quiero molestar a nadie. A veces coordinar los horarios es complicado y estresante. Ahora, con la función fija los jueves, es más fácil pedir ayuda puntual, pero con horarios variables todo era un lío.
—¿Sentiste culpa o agotamiento por no estar tanto con tu hija por el trabajo?
—Sí, me di cuenta de que el tiempo pasa muy rápido y no quiero perderme nada de su día a día. A veces sentía culpa y pensaba que algo estaba haciendo mal, pero después entendí que a todos los padres les pasa. Si no tenes ayuda, es imposible. Quiero aprovechar que es chiquita y disfrutarla ahora.

—La obra empieza como un trámite y termina siendo un ajuste de cuentas entre hermanas. ¿Cómo se construye esa tensión en escena?
—La obra arranca con dos hermanas que no se ven hace siete años y se reencuentran por una sucesión. Es una situación muy común y la gente se siente identificada. Al principio es el reencuentro, anécdotas, enojos guardados. El final es inesperado, todos creen que va a terminar de una forma y sorprende. La obra tiene mucha comedia, pero también partes emotivas. Fue un desafío porque es la primera vez que mi compañera hace teatro comercial y la experiencia estuvo buenísima.
—¿Cómo fue trabajar con tu compañera, Selene? ¿Te sorprendió la dinámica?
—Ella es divina, superresolutiva y muy receptiva a la dirección. Me gusta mucho dirigir actores y Hernán Krasutzky me dio lugar para conectar y colaborar. Sele es como una esponja, toma todo lo que le decimos y eso facilita el trabajo. Realmente, por momentos parecía mi hermana menor, hasta fuera de libreto. El libro es muy divertido y la gente se siente identificada.

—¿Te identificás con el vínculo de las hermanas?
—Me identifico con mi personaje, que es una laburante, sostiene a la familia y trata de llegar a fin de mes. No tanto con el vínculo: tengo un hermano y nos llevamos bien. Mora, mi personaje, siempre está para ayudar a su familia, es el sostén cuando los demás la necesitan. En eso sí me siento reflejada.
—Ambas representan caminos de vida opuestos. ¿Cómo impacta eso en el conflicto?
—Justamente, al ser tan opuestas, la obra da un vuelco y muestra que no todo lo que reluce es oro. Los que parecen estar bien quizá no lo están, y viceversa. Al final, todos terminan siendo más parecidos de lo que creen. La obra muestra que todos pasamos por lo mismo en algún momento, aunque creamos que somos diferentes.
—¿Sentís que la obra interpela también a quienes no tienen hermanos?
—Sí, porque todos tienen que pasar por una sucesión o situaciones similares, con o sin hermanos. La soledad, la maternidad, las parejas, las relaciones: lo que le pasa a los personajes es universal. Cada uno se puede sentir identificado con las emociones y las situaciones, más allá de la historia en sí.

—Llevás muchos años de trayectoria e incluso dirigiste. ¿Qué tiene el teatro que te sigue atrapando?
—Me gustaría volver a hacer ficción en televisión, extraño eso. Pero el teatro tiene esa magia del aquí y ahora, la adrenalina que no tiene lo grabado. El escenario es un lugar mágico. Aunque estés enferma, cansada o sin voz, algo pasa arriba del escenario y todo fluye. Después, cuando bajás, volvés a la realidad, pero arriba es otra cosa.
—¿Cómo viviste el estreno teniendo anginas y fiebre?
—No quería suspender, el show debe continuar. Me subí al escenario sin voz y todo fluyó. Es magia, algo inexplicable. El escenario tiene eso, aunque no te sepas la letra, sale igual.
—¿Cómo ves la ausencia de ficción en televisión y la migración a las plataformas?
—Casi todo se volcó a las plataformas. No entiendo por qué no hay ficción en la televisión si la gente sigue viendo series. Hay muchos actores sin trabajo y duele. Siempre parece un momento difícil para la profesión, pero este lo es especialmente.
—¿Tenés otros proyectos además de la obra y la dirección?
—El sábado pasado estrené como directora en el Regina con Pareja imperfecta. Me ofrecieron hacer un streaming, pero no tuve tiempo aún. Quizás ahora pueda armarlo. También quiero hacer alguna otra obra con Hernán Krasutzky, que tiene libros geniales.

—¿Qué te gustaría que se lleve el público de la obra?
—Que la pase bien y se ría. Con todo lo que pasa en el mundo, si durante una hora la gente se olvida de sus problemas y se divierte, yo ya estoy feliz. Como decía Chaplin: “Un día sin sonreír es un día perdido”.
Gentileza de fotos: Agencia Coral.
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CHIMENTOS
Los ataques de Gastón Trezeguet y Mariana Brey a Andrea del Boca que terminaron en el enojo de Santiago del Moro: “Horrible”

La salida de Andrea del Boca de Gran Hermano: Generación Dorada (Telefe) desató uno de los cruces más tensos de la temporada en el panel del programa. Gastón Trezeguet y Mariana Brey pusieron en duda la veracidad de varios episodios protagonizados por la actriz durante su paso por la casa, y el conductor Santiago del Moro salió al cruce con dureza para defender la legitimidad de lo ocurrido, en particular de la caída que derivó en la pérdida de dos dientes y en la intervención inmediata del equipo médico.
El debate giró en torno a una pregunta que Trezeguet instaló con fuerza: ¿cuánto de lo que Del Boca mostró adentro fue real? El periodista habló de una “sumatoria de mentiras” que, según él, había generado un clima de desconfianza generalizado. Uno de los puntos que señaló fue una situación vinculada a la celiaquía: en determinado momento, la actriz habría insinuado dentro del confesionario que padecía una enfermedad, en un contexto en que su compañera Nenu López atravesaba un cuadro de celiaquía. Del Boca lo desmintió de plano: “Yo nunca dije que era celíaca”. Y cuando Trezeguet le preguntó a qué enfermedad se había referido entonces, ella respondió: “Síndrome de colon irritable. Es diarrea crónica, mi amor. ¿Vos sabés lo que es?”. Trezeguet no cedió: “Pero no está catalogado como una enfermedad”. Del Boca, sin inmutarse, retrucó: “Catalogalo como quieras. Yo no soy médica. Yo lo único que sé es la condición que tengo”.
El analista también cuestionó que la actriz hubiera consumido alimentos con gluten a la vista de las cámaras —empanadas, fideos, pan— mientras alegaba restricciones alimentarias. Del Boca respondió que los fideos que comía eran sin TACC y que estaban guardados en un sector aparte de la cocina. El panelista insistió con los pastelitos de la fiesta patria del 25 de mayo. Ella los negó. “¿Los budincitos tampoco?”, siguió Trezeguet, con un tono que mezclaba ironía y convicción. “Te van a matar con todo en los tapes que te van a poner, Andrea, te lo pido por favor”, le advirtió.

La discusión sobre la celiaquía fue el preámbulo del debate más áspero: el de la caída. Brey admitió que, en el momento inicial del accidente, no le creyó. “Inicialmente, cuando se cayó, no. Empecé a creer cuando vi las imágenes”, dijo, y aclaró que su desconfianza no era personal sino consecuencia del acumulado de situaciones dudosas que había observado durante la participación de Del Boca. “Desde que Andrea entró a Gran Hermano, hubo dos caídas”, recordó. Y precisó que su cuestionamiento no apuntaba solo al accidente físico, sino a “la cantidad de cosas que sucedieron posteriormente en la casa”.
Del Moro intervino con contundencia. El conductor dejó en claro que, desde la posición oficial del programa, no había lugar para dudar de la gravedad del episodio. “Que ya nosotros desde acá, desde el programa oficial, dudemos de la caída de ella cuando hubo un equipo que la pasó horrible, que se asustó, hubo médicos, ambulancias que se movilizaron cuando casi se mata… La primera reacción cuando vimos todos esos materiales fue: ‘se mató’”, dijo. Y proyectó el video de la caída ante el panel para zanjar el debate.

Del Boca también tomó la palabra para defenderse. “Nadie va a actuar una cosa así. Yo vivo con mi cara, como cualquiera de ustedes que tiene que enfrentar una cámara”, afirmó, con un tono que mezclaba indignación y cansancio. Luego agregó que, tras la primera caída, volvió a caerse y que en esa segunda oportunidad salió a aclarar de inmediato que estaba bien: “Enseguida dije: estoy bien. Fue un golpazo, pero no sentía nada roto”.
El cruce entre Brey y Ceferino Reato sumó otro nivel de tensión al debate. Reato acusó a la panelista de actuar desde el prejuicio: “Para mí es prejuicio. Tu prejuicio está muy claro, Mariana Brey. Sos una prejuiciosa, nada más”. Brey rechazó la acusación con igual vehemencia: “No, tenés un problema de interpretación de texto”, respondió, y reiteró que en ningún momento había afirmado que la caída fue fingida, sino que su desconfianza inicial respondía al contexto de lo que había observado durante semanas.

El fondo del debate quedó expuesto cuando Trezeguet reconoció que Del Boca ya no competía y pidió que se considerara ese punto antes de continuar con los cuestionamientos. “Hay mucho prejuicio con ella”, dijo. Sol Pérez también intervino para señalar que parte de la desconfianza podría explicarse por el consumo excesivo de redes sociales, donde circulan versiones sin verificar sobre los participantes.
Del Boca abandonó la casa el miércoles 8 de julio tras recibir la noticia de que su madre, Ana María Castro, de 95 años, necesitaba su presencia. Del Moro confirmó en la gala que la salida fue definitiva y que no habrá reemplazo. La actriz acumuló 91 días dentro del juego a lo largo de tres participaciones, con dos salidas previas por motivos de salud. Con su partida, la competencia quedó con 17 participantes en carrera.
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Mauro Icardi le devolvió las hijas a Wanda Nara angustiadas y lastimadas: “La mamá la tuvo que llevar al médico”

El conflicto entre Wanda Nara y Mauro Icardi volvió a sumar un capítulo explosivo. Esta vez fue Ana Rosenfeld quien, desde el piso de LAM, lanzó una serie de fuertes acusaciones contra el futbolista al referirse al mes que las hijas de la empresaria pasaron junto a su padre. Según la abogada, las nenas regresaron con problemas físicos y emocionales que ya están siendo atendidos.
Durante la entrevista, Rosenfeld aseguró que el tiempo de convivencia con Icardi no fue el esperado y remarcó que las menores volvieron afectadas. «Las nenas estuvieron todo un mes con Icardi. Las nenas volvieron angustiadas», afirmó, dejando en claro que la situación preocupa al entorno de Wanda.
Luego, la letrada apuntó directamente contra el delantero por, según ella, no haber cumplido con cuestiones vinculadas a la salud de las niñas. «Mientras criticaban a mi clienta, las niñas no fueron a hacer los tratamientos. No hizo nada. Solo dos veces, eso eran cuestiones que debían cumplirse», sostuvo, marcando una presunta falta de cumplimiento durante el tiempo que las menores estuvieron bajo el cuidado del futbolista.
Pero eso no fue todo. Rosenfeld reveló que una de las hijas incluso debió recibir atención médica apenas regresó con su madre. «Hoy estuvo la nena en una guardia médica por un dolor en un pie», contó, agregando un dato que sorprendió al panel de LAM.
MAURO ICARDI LE ENTREGÓ A WANDA NARA SUS HIJAS LASTIMADAS
La abogada también explicó cómo se habría producido esa lesión y aseguró que ocurrió días atrás mientras la menor realizaba una actividad que, según indicó, no debía hacer con Mauro. «Wanda recibe a la nena en pantuflas. Esto pasó hace una semana (la lesión), haciendo algo que no podía, que era jugar al fútbol sin zapatillas y con los inflables. La nena está con un cuidado médico», detalló.
Para cerrar, Rosenfeld confirmó que la menor continuará bajo seguimiento y acompañará a Wanda en un viaje previsto para las próximas horas. «La nena está viajando con la mamá mañana», concluyó. Sus declaraciones reavivaron la disputa entre la empresaria y Mauro Icardi, justo cuando el conflicto judicial y familiar entre ambos parecía haber encontrado una tregua.
Mauro Icardi, Wanda Nara
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Guillermo Francella, Adrián Suar y la intimidad del rodaje de su primera película juntos: “Esperábamos este momento”

El sol entibia un mediodía invernal en el que las callecitas de San Isidro invitan a caminar a la hora de la siesta. A unas cuadras de la majestuosidad del Jockey Club y a resguardo del ruido que proyecta la avenida, se respira un silencio pueblerino, casi de otra época. A mitad de cuadra, el asfalto se transforma en empedrado y la silueta de un hombre se recorta en un antejardín de un caserón estilo Tudor, con fachada de ladrillos rojos y techo a dos aguas. Habla por teléfono, gesticula, y con cada paso su figura se vuelve cada vez más familiar hasta que se resuelve el misterio. El hombre de traje es Guillermo Francella y la casa oficia como una sala velatoria en la que transcurre de manera secreta una página histórica del cine nacional.
Más que una película, Un funeral y medio hace justicia con dos de los comediantes más importantes de la Argentina. Por primera vez, Guillermo Francella y Adrián Suar comparten cartel en la pantalla grande en esta versión adaptada de Death at a funeral, la película británica de Frank Oz estrenada en 2007. Amigos desde hace casi 40 años, los actores fueron creciendo en sus carreras a la vista del público hasta construir esta actualidad exitosa. A lo largo de este tiempo fueron compañeros de teatro, rivales en televisión, socios en la producción, amigos, ante todo. O mucho más que eso. “Adrián es mi hermano menor”, sentencia Francella ante el micrófono de Teleshow. Y esta aventura empieza a cobrar sentido en modo flashback.
La historia del reencuentro tiene un largo camino. Desde que vio la versión original del filme, Francella supo que quería aplicarle su propio sello a una historia que ya se contó en diferentes idiomas y culturas. Se lo comentó a su amigo Luis Scalella, presidente de Argentina Sono Films, casi como una utopía, conocedor de las dificultades de este tipo de empresas. Pasaron los años y un día recibió un llamado de Luis. “¿Todavía tenés ganas de hacerla?“. No había terminado de escuchar la frase y ya había activado la máquina productiva.

Desde el primer momento Francella supo que iba a encarnar a Roberto, el hermano mayor, y que para el menor, Daniel, no había candidato mejor que Adrián Suar. En otra palabras, trasladar esa amistad fraterna al set de grabación: “Ahora nos vemos más seguido, vamos a comer después del teatro”, ratifica el actor de El Encargado. “Y también se sumó Pablito Codevilla, que es su mano derecha. Estar con esos amigos de la vida que me dio la profesión, me hace más feliz aún”, se entusiasma, ahora desde el rol de un productor que desarma el rompecabezas. “Los dos siempre coqueteamos con hacer algo juntos y no se había dado, hasta que acá se reunieron varias cosas. Fundamentalmente, el tiempo”, apunta Adrián sobre ese bien preciado que hay que buscar con lupa entre dos obsesivos del trabajo.
Desde que compartieron la inolvidable tira De carne somos a finales de los 80, el audiovisual no había sido un punto de contacto en sus respectivos caminos. Pese a algún cameo ocasional en modo ayudita de mis amigos -Adrián en Poné a Francella, Guillermo en Un novio para mi mujer-, el teatro había sido el terreno en el que sumaron fuerzas, tanto arriba del escenario como en la producción. “Está intacta la química que tuvimos cuando hicimos La cena de los tontos y Dos pícaros sinvergüenzas”, dice Adrián, y asegura que esa complicidad se mantuvo a resguardo del paso del tiempo y del formato más rígido que supone un rodaje. “Cambia el lenguaje, cambia la expresión, cambia la emisión de voz, y a lo mejor en el teatro tenés que ser más expansivo. Pero los momentos para encontrar la gracia son los mismos”, grafica.
Junto a Scalella, Francella asumió la producción y Suar se vio en la situación casi inédita de estudiarse el guion, actuar sus escenas y volverse a casa, algo que también sumó porotos a la hora de inclinar la balanza: “Me encantó la idea de que se encargue otro de todo ese quilombo”, resume con una sonrisa, conocedor del oficio. Para la dirección, el elegido fue Ariel Winograd, quien también tuvo el sí fácil como admirador de la versión original. Y se fueron juntando las piezas. Juan Minujín, Agustina Cherri, Flavia Palmiero, todos acomodaron sus agendas e hicieron posible un rodaje que hoy llega a su fin. Sí, en el caserón estilo inglés de San Isidro, en torno a un féretro, con Guillermo Francella a punto de realizar el discurso del adiós.

El grupo de actores, técnicos y asistentes orbitan en torno a Winograd y el vozarrón del director sobresale entre el tono bajo y susurrado de su equipo, quizás contagiado por el rigor de la escena. “Vamos desde el inicio, Daniel”, ordena y Aráoz, el sacerdote de estola violeta y mirada comprensiva, repasa mentalmente su parte. El elenco se ajusta en semicírculo, bordeando al cajón y transmite un lenguaje corporal acorde a cada personaje. Mientras Suar parece retraído, resguardado por la estampa de Arturo Puig, un Minujín hiperkinético parece no tener demasiada noción de lo que está sucediendo y no lo sabe, pero Rodolfo Ranni lo observa incrédulo en su silla de ruedas. Francella ajusta los detalles de la toma, recostado en la seriedad que exige su papel, de riguroso traje negro, listo para despedir al patriarca de la familia que al parecer dejó algunos cabos sueltos antes de emprender el viaje. “Acción” grita Winograd, la palabra mágica para que ficción y realidad se confundan, aunque sea por un rato.
Lo que sucede en este hiato se verá en marzo del año próximo, cuando Un funeral y medio se estrene en cines. La adaptación a cargo de Fernando Castets que reúne a los grandes comediantes de la actualidad, en un elenco que también integran Gustavo Bassani, Rodrigo Noya y Coco Portillo, se mantuvo guardada bajo siete llaves hasta esta semana de anuncios. Una comedia negra anclada en una familia disfuncional, con situaciones disparatadas que plantean el ecosistema ideal para que se luzcan dos comediantes con sello propio.

Francella termina su letra y apura el paso, mientras familiares allegados le abren paso. El “Corten” de Winograd libera las almas y los cuerpos. “Vamos para la base a comer”, da como última orden en un clima radicalmente opuesto. Los gritos, los aplausos, las felicitaciones y esa cuota de nostalgia en tiempo real que reflejan las despedidas.
La base a la que refiere el director es otro caserón, ubicado en la misma cuadra en la vereda de enfrente que oficia de comedor, vestuario y camarines. En la puerta, un improvisado food truck reparte el plato del día, que en este caso son dos. Tapa de asado con verduras o canelones, con opciones de queso y dulce o flan mixto. Más que de sala velatoria, el living ofrece una escenografía de bar al paso del microcentro, con parroquianos que comparten mesas en torno a una tevé mundialista. La charla dominante sobre la Selección y su sueño de bicampeonato se mezcla con las anécdotas de trabajo, como ese celular inoportuno que obligó a cortar la filmación y del que nadie se hace cargo.

Las risas se elevan sobre los ruidos de platos y cubiertos y las bromas transmiten el excelente clima laboral que en este caso no es ironía. Mientras llegan los cafés, Francella y Suar conversan mano a mano con Teleshow, y juegan su propio mundial sacando a la cancha toda su estirpe futbolera. “Yo estoy como un chico, veo todos los partidos, me quedo hasta tarde, me levanto muy temprano. Duermo poco, pero me fascina”, dice Guillermo, hasta que, como quien se da cuenta de que está hablando de más, empieza a esconder las cartas.
“Soy muy cabulero, pero si me preguntás algo puntual no sé qué decirte”, afirma. “Yo no tengo cábalas, ¿y vos?”, reacciona Adrián, quizás para resguardar la propia. Los dos coinciden en que los nervios y las tensiones no son las mismas que en años anteriores, “Ya con el título estoy tranquilo. Creo que estamos ilusionados los argentinos, pero sin la desesperación de años anteriores. El equipo está bien y llegará hasta donde tenga que llegar”.

Como si se terminara el recreo, es hora de volver al proyecto y los actores se animan a palpitar qué sucederá de cara al estreno pautado para marzo de 2027. De movida saben que la industria cinematográfica ofrece un escenario diferente al del teatro, con panorama de salas llenas y carteleras a tope, que experimentan de primera mano con sus trabajos en Desde el Jardín (Francella) y Sottovoce (Suar). “La gente se muere de risa durante una hora y veinte y eso superó mis expectativas”, reconoce Adrián. “Es algo intransferible la sensación de ver al artista en vivo. Yo estoy feliz de la vida con lo que pasa cada noche”, completa Guillermo, sobre este boom del teatro en el que grandes actores encabezan grandes obras, y que ocasionalmente los tiene en veredas opuestas.
Ya no quedan platos en la mesa y de a poco esta parte de San Isidro retomará el pulso habitual. El food truck bajó la ventanilla y, en la vereda de enfrente, los técnicos desarman los altísimos spots que vendían que algo raro pasaba en esa casa de ladrillos rojos y techo a dos aguas. Francella observa esa escena digna de outtakes con la misma pasión del primer día, pero desde otro lugar: “En una época no me llevaba bien con el ocio, ahora sí. Me gusta descansar, hacer huevo, pero también me gusta trabajar. Me aburre la idea del año sabático”, confiesa. Y detrás de esa sabiduría adquirida con los años, se esconde la síntesis de este proyecto. “Yo tengo la suerte de vivir de lo que amo, desde muy jovencito. Por eso me vuelve a doler la panza cuando estoy por salir a un escenario o por empezar un rodaje”. Ese que ahora llega a su fin, cuando los cabos sueltos se unen a la espera del estreno que los dos proyectan a lo grande. Pero esa será otra historia.
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