SOCIEDAD
Tomaron una copa por error, se enamoraron y protagonizaron una de las historias de amor más trágicas de todos los tiempos

Durante más de ocho siglos, la historia de Tristán e Isolda atravesó fronteras, idiomas y generaciones. Nació en los antiguos relatos celtas, fue recreada por trovadores medievales, inspiró novelas, pinturas y la célebre ópera de Richard Wagner, y terminó convirtiéndose en el gran símbolo del amor imposible. Mucho antes de que Shakespeare imaginara a Romeo y Julieta, Europa ya lloraba por dos amantes condenados a elegir entre la pasión y el deber.
No se sabe con certeza si Tristán e Isolda existieron realmente. El relato pudo haber nacido a partir de personajes históricos del siglo VI cuyas vidas fueron transformándose con el paso de los siglos hasta convertirse en un relato donde la realidad y la fantasía se confunden. Pero, verdadera o no, la historia sobrevivió porque habla de un conflicto tan antiguo como el ser humano: ¿qué ocurre cuando el corazón desea exactamente aquello que jamás debería amar?
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Todo comenzó en el reino de Cornualles, en el extremo sudoeste de Inglaterra. Tristán había quedado huérfano siendo apenas un niño. Su padre, el rey Rivalén, murió antes de conocerlo. Su madre, Blancaflor, falleció poco después de dar a luz. Antes de morir, alcanzó a abrazar a su hijo y, según cuentan las viejas crónicas, decidió llamarlo Tristán porque había nacido en medio de la mayor tristeza de su vida.
El pequeño fue criado lejos de su tierra para protegerlo de los enemigos que amenazaban con arrebatarle el reino. Años después, ya convertido en un joven de extraordinaria inteligencia y habilidad para las armas, descubrió su verdadera identidad y llegó hasta la corte de su tío, el rey Marcos de Cornualles.
Marcos no tenía hijos. Apenas supo quién era aquel muchacho, lo recibió con emoción y lo convirtió en su heredero y en el caballero más importante del reino. Entre ellos nació un vínculo que iba mucho más allá de la sangre. El rey confiaba plenamente en su sobrino y Tristán veía en él al padre que nunca había tenido. Nadie imaginaba que ese lazo terminaría rompiéndose por amor.
Por aquellos años, Cornualles vivía bajo la amenaza del poderoso reino de Irlanda. Como parte de un antiguo acuerdo, Marcos debía pagar un pesado tributo para evitar una guerra. El encargado de reclamarlo era Morholt, un gigantesco guerrero irlandés temido por todos.
Cuando Morholt llegó una vez más para exigir el pago, Tristán dio un paso al frente. “Yo lucharé por Cornualles”.
El combate fue feroz. Las espadas chocaron durante horas hasta que Tristán logró atravesar el cuerpo de su rival. Sin embargo, la espada de Morholt también lo había alcanzado con un arma envenenada. El joven sobrevivió, pero la herida parecía imposible de curar.
Sin encontrar alivio en ningún médico de Cornualles, decidió embarcarse solo y dejarse llevar por el mar, esperando que el destino lo condujera hacia alguien capaz de salvarlo.
Las olas lo depositaron, irónicamente, en Irlanda. Allí fue encontrado por una joven que conocía como nadie los secretos de las plantas medicinales. Era Isolda, hija del rey irlandés y sobrina del guerrero que Tristán acababa de matar.
Sin saber quién era aquel extranjero, la princesa curó sus heridas hasta devolverle la salud.
Durante aquellos días compartieron largas conversaciones. Tristán descubrió a una mujer muy distinta de la que imaginaba. Isolda era culta, curiosa, de fuerte carácter y dueña de una inteligencia poco común para la época. Ella, por su parte, quedó fascinada con aquel músico que tocaba el arpa, hablaba varios idiomas y parecía esconder una profunda melancolía detrás de su serenidad.
Pero la verdad terminó saliendo a la luz. Isolda descubrió que el hombre al que había salvado era el mismo que había dado muerte a Morholt. Furiosa, tomó la espada decidida a vengar a su tío.
Tristán no intentó defenderse. Se arrodilló frente a ella y le recordó que había luchado siguiendo las reglas del combate y que, además, ella le había salvado la vida cuando no sabía quién era.
La princesa permaneció varios segundos con el arma en alto. Podía matarlo. Tenía motivos de sobra para hacerlo. Al cabo de unos segundos, bajó lentamente la espada. Quizá porque comprendió que la guerra también obligaba a hombres y mujeres a cumplir destinos que nunca habían elegido. O tal vez porque algo en aquel caballero despertaba en ella una compasión imposible de explicar.
Tristán regresó a Cornualles convencido de que jamás volvería a verla. Mientras tanto, el rey Marcos enfrentaba otro problema. Los nobles insistían en que debía casarse para asegurar la sucesión del reino. Él se resistía. No tenía interés en contraer matrimonio y confiaba plenamente en que, algún día, Tristán heredaría la corona.
Sin embargo, las presiones crecían. Entonces ocurrió un hecho que la leyenda convirtió en un presagio. Una golondrina atravesó una ventana del castillo llevando entre el pico un largo cabello de oro. Marcos quedó deslumbrado por su belleza y anunció que solo aceptaría casarse con la mujer a la que perteneciera ese cabello.
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Todos comprendieron que era una misión imposible. Todos, menos Tristán. El joven recordó de inmediato a la princesa irlandesa que le había salvado la vida. Estaba convencido de que aquella cabellera dorada solo podía pertenecer a Isolda. Movido por la lealtad que sentía hacia su tío, se ofreció a viajar hasta Irlanda para pedir su mano en nombre del rey de Cornualles. Era una misión tan peligrosa como absurda.
Debía regresar al reino donde había matado al guerrero más importante del país para convencer al rey de que entregara a su hija en matrimonio al soberano de la nación enemiga. Lo que Tristán ignoraba era que ese viaje no solo cambiaría la historia de dos reinos. También sellaría para siempre su propio destino.
Tristán volvió a Irlanda dispuesto a cumplir la misión que le había encomendado el rey Marcos. Sabía que era un riesgo enorme: si alguien lo reconocía como el hombre que había matado a Morholt, difícilmente saldría con vida. Al final, la diplomacia y el prestigio que había ganado como caballero terminaron inclinando la balanza.
Tras una serie de pruebas y negociaciones, el rey de Irlanda aceptó el matrimonio de su hija con el soberano de Cornualles. La unión pondría fin a años de enfrentamientos y garantizaría la paz entre ambos reinos.
Isolda no tuvo voz en la decisión. Como tantas princesas de la Edad Media, su destino fue definido por razones políticas. Debía abandonar su hogar, despedirse de su familia y casarse con un hombre mucho mayor al que jamás había visto. Cumpliría con su deber, aunque eso significara dejar atrás todo lo que conocía.
Pocos días después, el barco que la conduciría hasta Cornualles zarpó rumbo a su nuevo reino.
La reina de Irlanda, preocupada por el futuro de su hija, había preparado una bebida muy especial. Era un filtro de amor elaborado con hierbas y antiguos conocimientos. La joven criada Brangania recibió una única instrucción: el vino debía ser bebido exclusivamente por Isolda y el rey Marcos durante la noche de bodas. Así, ambos quedarían unidos para siempre por un amor inquebrantable. Pero el destino tenía otros planes.
La travesía fue larga y calurosa. Una tarde, agotados por el sol y sin sospechar lo que contenía aquella copa, Tristán e Isolda pidieron algo para beber. Brangania, distraída, les entregó justamente el recipiente que debía permanecer oculto. Bastó un sorbo.
Las distintas versiones difieren sobre el efecto del filtro. Algunas sostienen que despertó un amor que ya existía silenciosamente entre ellos. Otras afirman que fue una fuerza irresistible, capaz de borrar toda voluntad. Lo cierto es que, desde aquel instante, ninguno volvió a mirar al otro de la misma manera. Comprendieron, casi con horror, que acababan de enamorarse de la única persona a la que jamás podrían amar.
Cuando el barco llegó a Cornualles, Isolda hizo lo que se esperaba de ella. Se casó con el rey Marcos en una ceremonia solemne que celebró la paz entre los dos pueblos. Tristán permaneció junto a su tío durante toda la celebración, ocultando un sentimiento que empezaba a consumirlo.
Durante un tiempo intentaron resistirse. Evitaban quedarse solos. Medían cada palabra. Procuraban convencerse de que todo era producto de aquella extraña bebida. Pero cuanto más luchaban contra ese amor, más intenso se volvía.

Finalmente, dejaron de escapar. Comenzaron a verse en secreto, amparados por la noche y por la complicidad de Brangania, que se sentía culpable por el error cometido durante el viaje. Los encuentros clandestinos se multiplicaron mientras la corte seguía celebrando la aparente armonía del nuevo matrimonio real. Era cuestión de tiempo.
Varios nobles, celosos de la influencia que Tristán ejercía sobre el rey, comenzaron a observar sus movimientos. Cada mirada, cada ausencia y cada coincidencia alimentaban las sospechas. Poco a poco, fueron convenciendo a Marcos de que algo ocurría entre su esposa y el hombre en quien más confiaba.
El rey se negó a creerlo. Conocía la integridad de Tristán y amaba profundamente a Isolda. Le resultaba imposible aceptar que las dos personas más importantes de su vida pudieran traicionarlo. Pero las dudas empezaron a instalarse.
En una ocasión organizó una trampa para sorprenderlos. Otra noche, oculto entre los árboles, creyó haber encontrado la prueba definitiva de la infidelidad. Una y otra vez, los amantes lograban escapar gracias a su ingenio y a una sucesión de coincidencias que parecían auténticos milagros.
Aun así, la presión sobre el rey era cada vez mayor. Los consejeros le repetían que un monarca no podía tolerar semejante deshonra. Que debía castigar a los culpables para preservar la autoridad de la Corona. Que la traición de un sobrino era todavía más grave que la de un enemigo.
Finalmente, Marcos ordenó detenerlos. Tristán e Isolda consiguieron huir antes de ser capturados y se internaron en el bosque de Morois, una inmensa extensión salvaje donde permanecieron escondidos durante meses. Allí no existían coronas, protocolos ni alianzas políticas. Solo un hombre y una mujer intentando vivir un amor que el mundo les prohibía.
Según la tradición, una mañana, el rey Marcos encontró el refugio donde dormían. Entró en silencio con la espada desenvainada. Los vio acostados uno junto al otro. Entre ambos había una espada clavada en el suelo. Para algunos simbolizaba la pureza de su amor. Para otros, la última barrera que todavía intentaban mantener entre la pasión y el honor.
Marcos permaneció inmóvil durante varios minutos. Podía matarlos. Nadie habría cuestionado su decisión. Pero eligió otro camino. Dejó su propio guante junto a ellos como señal de que había estado allí y se marchó sin despertarlos.
Cuando Tristán e Isolda encontraron el guante, comprendieron que el rey les había perdonado la vida. Pero también entendieron que ya no podían seguir huyendo. Aquella fue la última vez que estuvieron juntos.
Con el paso de los años, Tristán abandonó Cornualles y se instaló en Bretaña. Allí intentó reconstruir su vida, ganó nuevas batallas e incluso se casó con otra mujer que también se llamaba Isolda, conocida como Isolda de las Blancas Manos. Pero jamás logró entregarle su corazón. El recuerdo de la reina de Cornualles seguía acompañándolo en cada paso. Hasta que una herida envenenada volvió a cambiarlo todo.

Durante un combate recibió un golpe que ningún médico consiguió curar. Agonizante, comprendió que solo una persona poseía los conocimientos necesarios para salvarlo. Mandó buscar a Isolda. Ambos acordaron una señal. Si ella aceptaba regresar con él, el barco desplegaría velas blancas. Si no podía hacerlo, serían negras.
La reina partió inmediatamente. Pero mientras la embarcación se acercaba al puerto, la esposa de Tristán, consumida por los celos, decidió mentir: “Las velas son negras”. Al escuchar esas palabras, Tristán creyó que Isolda había decidido no volver. Cerró los ojos pronunciando su nombre y murió antes de que el barco tocara tierra.
Minutos más tarde, Isolda llegó hasta la habitación. Lo encontró inmóvil. Se arrodilló junto a él, apoyó la cabeza sobre su pecho y comprendió que había llegado demasiado tarde. Incapaz de imaginar una vida sin el hombre al que había amado por encima del deber, la corona y las leyes, también murió.
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El rey Marcos, devastado por la tragedia, ordenó que ambos fueran enterrados con honores. La leyenda agrega un último detalle, quizá el más hermoso de todos. Cuenta que de la tumba de Tristán brotó un espino cuyas ramas crecieron hasta abrazar la sepultura de Isolda. Los jardineros lo cortaron una vez. Volvió a crecer. Lo cortaron una segunda vez. Nació de nuevo. A la tercera, el rey comprendió que era inútil luchar contra aquello que ni la muerte había conseguido separar.
Nadie puede asegurar cuánto hay de historia y cuánto de fantasía en este relato. Pero ese nunca fue el verdadero misterio. Lo extraordinario es que, después de más de ochocientos años, Tristán e Isolda siguen representando el mismo anhelo: el de un amor tan intenso que desafía al poder, al tiempo y a la propia muerte. Tal vez por eso el relato continúa vivo. Porque hay historias que dejan de pertenecer a quienes las protagonizaron para convertirse, simplemente, en eternas.
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Escribinos y contanos tu historia: amoresverdaderos@artear.com
@cynthia.serebrinsky
Amores Verdaderos es una serie de historias reales, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.
Amores históricos cuenta romances reales de personajes que marcaron el devenir de nuestra historia.
Sumario, leyenda, Pareja, Amores históricos
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No hace falta un acuerdo para controlar la IA

Dice Dario Amodei que las medidas que podrían dar mayor seguridad a la inteligencia artificial “no serán fáciles” pero que “cree que le debemos a la humanidad intentarlo”. Y Sam Altman, que le parecería bien “tener reglas comunes para gestionar el riesgo de la IA de frontera”. Piden un alto el fuego global para salvar al mundo de sus propios productos pero esta retórica esconde una trampa. Mientras sigamos viviendo en democracia y no sometidos a la monarquía de uno de los dos CEO, esa decisión no es suya. Para eso tenemos leyes de protección del consumidor, de competencia y de responsabilidad por productos defectuosos y ciberseguridad. Tenemos leyes diseñadas para impedir que las empresas comercialicen productos peligrosos, perjudicando a los consumidores y la seguridad de todos. De momento, la ley se aplica por igual a todas las empresas, incluso las grandes tecnológicas y los laboratorios de IA.
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SOCIEDAD
Onimusha: Way of the Sword escala hasta lo más alto del top ventas semanales de Reino Unido (15/9/26) – Nintenderos

¡Pues parece que EA Sports FC 26 no recupera el trono! Como cada semana, aquí nos llega la lista con los juegos más vendidos durante los últimos días en Reino Unido. La información procede de GamesIndustry y se centra en la última semana.
Ventas de Reino Unido
En este caso, podemos ver que el juego de fútbol ya no lidera y encabeza la lista Onimusha: Way of the Sword:
| 2 | 1 | Onimusha: Way of the Sword | PS5 88%, Switch 2 7%, Xbox Series 6% |
| 1 | 2 | The Blood of Dawnwalker | |
| 4 | 3 | Pokémon Pokopia | |
| 6 | 4 | Mario Kart World | |
| 5 | 5 | Tomodachi Life: Living the Dream | |
| 11 | 6 | Mortal Kombat 1 | PS5 99%, Xbox Series 1%, Switch 0% |
| 12 | 7 | EA Sports FC 26 | Switch 31%, PS5 28%, Xbox Series 16%, Switch 2 13% |
| 16 | 8 | 007 First Light | |
| 10 | 9 | The Witcher III: Wild Hunt GOTY Edition | |
| 13 | 10 | Hogwarts Legacy | PS5 83%, Switch 2 8%, Switch 4%, Xbox One 2% |
| 17 | 11 | The Witcher III: Wild Hunt Complete Edition | |
| 15 | 12 | Minecraft | |
| 20 | 13 | Call of Duty: Black Ops 6 | |
| 14 | 14 | Assassin’s Creed: Black Flag Resynced | |
| – | 15 | Mad Max | |
| 19 | 16 | Pokémon Legends: Z-A | Switch 2 58%, Switch 42% |
| 8 | 17 | Resident Evil 3 | |
| 3 | 18 | Orbitals | |
| 30 | 19 | Resident Evil 2 | |
| 27 | 20 | Armored Core VI: Fires of Rubicon | |
| 26 | 21 | Mario Kart 8 Deluxe | |
| 23 | 22 | Call of Duty: Black Ops 7 | |
| – | 23 | LEGO Harry Potter Collection | PS5 83%, Switch 16%, PS4 0%, Xbox Series 0% |
| 33 | 24 | Harry Potter: Quidditch Champions | PS5 79%, PS4 13%, Switch 7%, Xbox Series 2% |
| 31 | 25 | Animal Crossing: New Horizons | Switch 64%, Switch 2 36% |
| – | 26 | LEGO Batman 3: Beyond Gotham | |
| 21 | 27 | Tekken 8 | |
| – | 28 | LEGO Jurassic World | PS4 90%, Switch 10% |
| 18 | 29 | Grand Theft Auto V | |
| 24 | 30 | Splatoon Raiders | |
| 34 | 31 | Super Mario Bros. Wonder | Switch 61%, Switch 2 39% |
| – | 32 | Monster Hunter Wilds | |
| – | 33 | Middle Earth: Shadow of Mordor | |
| – | 34 | Resident Evil 7: Biohazard Gold Edition | |
| – | 35 | LEGO Worlds | PS4 99%, Switch 1% |
| 36 | 36 | Super Mario Galaxy + Super Mario Galaxy 2 | |
| 35 | 37 | Donkey Kong Bananza | |
| 9 | 38 | Star Wars: Zero Company | |
| – | 39 | Cyberpunk 2077 Ultimate Edition | PS5 56%, PC 31%, Switch 2 12%, Xbox Series 0% |
| 25 | 40 | Elden Ring |
¿Qué os parece este top de Reino Unido? Os leemos en los comentarios.
Fuente
Onimusha: Way of the Sword,Reino Unido,Ventas
SOCIEDAD
Abejorros europeos vs nativos: el invasor que cruzó la cordillera y está haciendo desaparecer al gigante de la Patagonia

Parada en medio de un extenso y enrojecido campo de frambuesas, Marina Arbetman se encuentra suspendida en un mar de indignación y desconcierto. Es científica en la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) en Bariloche y el Conicet y lleva décadas estudiando sitios como este. Sabía qué esperar, pero jamás había entrado a un sitio como ese campo comercial a las afueras de la ciudad de Osorno, en Chile, a solo unos kilómetros de la frontera andina con la Argentina.
A su alrededor hay agentes de destrucción: abejorros importados, liberados intencionalmente y totalmente legales, que por décadas han alterado los ecosistemas naturales en los tramos patagónicos de ambos lados de la cordillera y no por decisión argentina.
Esos agentes son abejorros europeos, cuya especie es Bombus terrestris, y son conocidos como los “ladrones de néctar”. Muy valorado por la agricultura, es un verdadero trabajador de la polinización al que los consumidores le deben buena parte de alimentos como frambuesas, además de arándanos y frutillas, cultivos altamente rentables que se producen principalmente en Chile para exportación hacia América del Norte, Europa y Asia.
Hace menos de 20 años, los abejorros que zumbaban en este campo, polinizando las últimas flores de la primavera mientras el hemisferio sur se acercaba al verano, eran los gigantescos abejorros patagónicos (Bombus dahlbomii). Hoy no se ve ni uno solo. Conocido como mangangá en Argentina, moscardón en Chile y duillin o diwmeñ entre el pueblo mapuche, B. dahlbomii es el único abejorro endémico de la Patagonia y está catalogado como especie en peligro por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Para 2016 su población ya había caído más de un 50%. Algunas estimaciones actuales hablan de una disminución cercana al 90%.
Este gigante, cuya reina puede medir tanto como una pila AA y es más robusta que una oruga, ha perdido terreno de manera dramática en lo que va del siglo. El más pequeño B. terrestris le disputa los sitios de nidificación, el néctar y el polen. Como si eso fuera poco, también introdujo enfermedades desconocidas para la especie nativa.
“Trato de ponerme en el lugar de los productores”, dice Arbetman mientras contempla la escena. Las interminables filas de frambuesas que cubren esta llanura agrícola contrastan con la imagen típica de la Patagonia como una tierra de montañas, lagos y fauna silvestre. Esto es territorio productivo. “Está muy bien hablar de conservación y naturaleza, pero cuando hay que tomar decisiones de negocio…”, deja la frase inconclusa. Hace una pausa y agrega: “Pero después miro alrededor y pienso: ‘Dios mío, no tienen idea de lo que están haciendo’”.
En 1998, Chile aprobó la adopción de B. terrestris a gran escala, aunque al principio la confinó a invernaderos. Dentro de pocos años, los agricultores comenzaron a liberar a los abejorros en campos abiertos.
Los grandes perdedores son los abejorros nativos, tanto aquí como en otras partes del mundo, en un escenario marcado por los mercados globales, las ganancias agrícolas de corto plazo y controles ambientales insuficientes. En el caso argentino, no está permitido importar el abejorro europeo, aunque ya hace tiempo cruzó la frontera y provocó el mismo efecto que en Chile.
Junto a Arbetman, Biographic, en conjunto con y Pulitzer Center, recorrieron varios campos en busca de abejorros en esta esquina rica en frutos rojos del noroeste de la Patagonia, tratando de entender mejor los peligros que están remodelando la realidad de B. dahlbomii. La región alberga una industria de frutas y verduras reconocida globalmente.
El abejorro europeo
Gracias a la vibración de los músculos de su tórax, los abejorros liberan polen de tomates, berenjenas, pimientos y berries con mayor eficiencia que las abejas melíferas, esos conocidos insectos europeos que constituyen la base de la polinización comercial de cultivos tan diversos como manzanas, almendras y paltas.
Chile comenzó a importar B. terrestris en 1997, sumándose a una tendencia global. Argentina prohibió su introducción, pero la medida sirvió de poco. Mientras Chile expandía su uso, el abejorro invasor avanzó hacia territorio argentino a una velocidad notable: alrededor de 200 kilómetros por año.
En 2013, la bióloga argentina Carolina Morales, directora de doctorado de Arbetman en la UNCo, junto con otros colegas, alertó que B. terrestris estaba desplazando al gran abejorro rojizo B. dahlbomii. Sabían que, además de la competencia por recursos, el invasor transportaba nuevas enfermedades: parásitos, hongos y virus capaces de afectar colonias enteras a través de larvas, reinas hibernantes o individuos que salen a forrajear.
Los científicos chilenos comenzaron a hacerse una pregunta compleja: cuando los abejorros llegan desde Europa con patógenos, ¿quién es responsable? ¿Chile, que los importa? ¿O la Unión Europea, que autoriza su exportación mediante certificados sanitarios? Cuando intervienen fronteras internacionales, determinar qué legislación corresponde aplicar y a quién exigir responsabilidades se vuelve extremadamente difícil. Aun así, lo intentaron.
El 20 de diciembre de 2018, Cecilia Smith-Ramírez, ecóloga de la Universidad de Los Lagos en Osorno, impulsó una denuncia ante las autoridades ambientales chilenas. La acusación sostenía que ciertas empresas habrían violado una disposición del Código Penal chileno que prohíbe importar animales portadores de patógenos. El eje de la presentación era precisamente B. terrestris.
Con el apoyo de un abogado ambientalista, el caso avanzó en el sistema judicial. La policía ambiental reunió abundante evidencia. Sin embargo, cuando finalmente llegó a manos de un juez, fue desestimado por cuestiones procesales.
Según la resolución, el presunto delito se remontaba a 1998, cuando comenzaron las importaciones masivas de B. terrestris, y por lo tanto había vencido el plazo de prescripción de cinco años. Smith-Ramírez señala que la denuncia dejaba claro que las importaciones continuaron realizándose año tras año, por lo que se trataba de una infracción permanente y no de un hecho aislado.
En 2020 Chile endureció los requisitos sanitarios para la importación de abejas. Sin embargo, para Smith-Ramírez las medidas siguen siendo insuficientes. B. terrestris continúa ingresando con patógenos y las enfermedades introducidas en décadas anteriores siguen presentes.
Lo que resulta especialmente frustrante para la investigadora chilena y sus colegas es que, a su juicio, nunca fue necesario recurrir a polinizadores extranjeros. Chile cuenta con una enorme diversidad de especies nativas que son tan eficientes, o incluso más, que sus equivalentes europeos.
Mientras tanto, los productores siguen importando decenas de miles de colonias al año. Los registros muestran que entre 1997 y 2022 ingresaron al país 1,6 millones de colonias y reinas de B. terrestris.
A pesar del flujo constante de abejorros importados hacia Sudamérica, Arbetman reconoce que nunca había observado de cerca cómo trabajan en un establecimiento comercial. “Nunca los había visto trabajando. Todo lo que venimos investigando y todo lo que hacemos para proteger la naturaleza…”, señala mientras abre los brazos para abarcar el paisaje, “…esto está completamente mal”.
Jaasiel Caucaman Barra, administrador de Berries Junquillar, proveedor de empresas exportadoras que venden fruta en distintos mercados del mundo, habla con total franqueza. Ni él ni Vitafoods, la planta procesadora cercana, sienten que estén haciendo nada incorrecto, al menos desde la lógica productiva.
Técnico agrícola de profesión, Caucaman Barra trabajó toda su vida con berries y lleva siete años en la empresa. Creció en la zona de Osorno. Hoy su principal preocupación es el daño que provoca a los cultivos una mosca invasora, Drosophila suzukii. En cambio, la productividad marcha muy bien.
“Los B. terrestris me han dado buenos resultados”, le dice a Arbetman. “Ya llevo tres años evaluándolos y por eso sigo comprando cajas de abejorros”, agrega.
La temporada pasada adquirió 30 cajas a unos US$30 (o $45.000 argentinos) cada una. El proveedor las entrega en octubre o noviembre y debería retirarlas entre marzo y abril para eliminar las colonias que queden. En la práctica, explica Caucaman Barra, regresa “cuando se acuerda”. “Las cajas pueden quedar un año entero y no les pasa absolutamente nada”, agrega.
No existe ningún seguimiento. Con las abejas melíferas, que también incorpora al campo durante noviembre y diciembre, la situación es distinta: un apicultor las entrega, las supervisa y luego las retira cuando terminan su función. Si nadie recoge las reinas de B. terrestris al finalizar la temporada para destruirlas, para Arbetman, es muy probable que abandonen las cajas, pasen el invierno en estado de hibernación y formen colonias silvestres al llegar la primavera.
Sin embargo, inundar los campos con polinizadores domesticados no puede aumentar los rendimientos indefinidamente. Tarde o temprano estos desplazan a otros polinizadores silvestres, como abejas nativas, moscas o aves, que realizan una parte mucho mayor del trabajo de lo que la mayoría de los productores imagina.
Estudiar a los polinizadores silvestres no es sencillo, pero la evidencia disponible muestra un patrón claro: cuando existe una comunidad diversa de polinizadores naturales, la agricultura obtiene mejores resultados que cuando depende exclusivamente de especies domesticadas.
El Servicio Agrícola y Ganadero de Chile sostiene que los polinizadores importados son esenciales para la producción frutícola, aunque su atención se concentra casi exclusivamente en B. terrestris y la abeja melífera. “Solo en Chile existen unas 6000 especies de polinizadores, incluidas moscas, escarabajos, abejas y abejorros nativos”, explica Smith-Ramírez.
Gran parte de su investigación busca responder una pregunta básica: si realmente hace falta importar polinizadores. Uno de sus estudios ya demostró que varias especies nativas, entre ellas B. dahlbomii, polinizan los arándanos con mayor eficacia que B. terrestris.
Chile comenzó a producir arándanos a escala industrial recién a principios de los años 2000. En poco más de una década pasó de exportar fruta por unos US$30 millones a vender más de US$380 millones, ganando participación en un mercado históricamente dominado por Canadá y Estados Unidos.
Hoy es uno de los principales productores mundiales, con una producción orientada casi por completo a consumidores lejanos. Caucaman Barra recuerda perfectamente a los grandes abejorros anaranjados de su infancia. Pero reconoce que ya casi no los ve.
El lado argentino
Gradišek trabaja en el Instituto Jožef Stefan, en Liubliana, Eslovenia. En 2017 publicó junto a sus colegas un trabajo científico que demostraba que las especies de abejorros podían identificarse únicamente por el sonido de su zumbido. Registraron doce especies europeas distintas y, mediante un algoritmo de aprendizaje automático desarrollado por ellos mismos, lograron distinguirlas a partir de sus características acústicas. La repercusión sorprendió al investigador.
“Hasta entonces la mayoría de mis trabajos eran sobre física del estado sólido”, cuenta. “Sabía que había gente investigando abejorros, pero no imaginaba que el interés fuera tan grande”. Pronto comenzaron a llegar pedidos de distintos lugares: “¿Pueden ayudarnos a identificar nuestras especies también?”. Tradicionalmente, los biólogos debían identificar abejas y abejorros mediante observación directa o capturando ejemplares, muchas veces sacrificándolos. Esta tecnología ofrece una alternativa mucho menos invasiva.
Arbetman lleva tres décadas estudiando abejas cerca del lago Nahuel Huapi en la estación científica de Puerto Blest. El parque sigue siendo uno de los pocos ambientes relativamente intactos donde ella y otros investigadores pueden confiar en encontrar B. dahlbomii.
Hace algunos años, su equipo instaló 12 dispositivos de monitoreo acústico desarrollados por Patrick Chwalek, investigador del MIT. Los equipos, conocidos como BuzzCams, registraron sonidos, temperatura, humedad y concentraciones de gases en 12 sitios diferentes durante seis días de marzo de 2024. Una aplicación especialmente diseñada permitía a los investigadores anotar observaciones en tiempo real y etiquetar los registros sonoros como correspondientes a especies nativas o invasoras.
Luego los datos eran enviados a Gradišek para su análisis y para ampliar la base de datos. Cuantos más registros existen, mayor precisión alcanza el sistema para identificar especies únicamente por su zumbido.
“En general no hay muchos abejorros”, comenta. “Y ya era así cuando empecé el doctorado hace dos años”. Su hipótesis inicial era que eliminar sistemáticamente a las reinas fundadoras de B. terrestris permitiría reducir la cantidad de obreras y eventualmente desarrollar un método de control poblacional.
Los resultados no respaldaron esa idea. Los datos indican que la extracción de reinas no tuvo un efecto detectable sobre la abundancia de obreras, aunque ella sospecha que el experimento habría arrojado resultados distintos en un año con poblaciones más numerosas.
Actualmente lidera un proyecto de ciencia ciudadana para censar abejorros en Argentina. Pero también enfrentó dificultades: el financiamiento estatal previsto para dos años fue cancelado al cumplirse apenas el primero. Aun así, Campopiano y sus colegas continúan trabajando y evalúan crear una organización sin fines de lucro para conseguir recursos.
Consecuencias del negocio de los polinizadores
Hoy, los arándanos en esta región del mundo representan sobre todo dinero. Y B. terrestris significa más arándanos, aunque esa relación sea discutible. Más arándanos equivalen a más ingresos.
La ecuación parece simple, pero la agricultura forma parte de un ecosistema. Y la salud de ese ecosistema sostiene la productividad alimentaria de formas que no aparecen reflejadas en los números de una sola cosecha. Quizás parte de esas ganancias debería destinarse a programas que ayuden a conservar el equilibrio ecológico.
Resulta inevitable imaginar un esquema similar a los fondos de compensación creados con aportes de la industria tabacalera: grandes empresas agroindustriales contribuyendo a financiar investigadores, organizaciones ambientales y productores que intentan sostener la biodiversidad y una producción de alimentos realmente sostenible.
Arbetman, Campopiano, Robinson y muchos otros integrantes del llamado “Equipo B. dahlbomii” pasan buena parte de su tiempo buscando fondos para reparar daños ecológicos que ellos no provocaron. Uno de sus objetivos es desarrollar programas de cría en cautiverio de reinas. Si logran acceder a más financiamiento, dicen, podrían generar una riqueza difícil de medir en términos económicos: conocimiento ecológico y un futuro más sostenible en el que el abejorro gigante vuelva a ocupar el lugar que le corresponde.
Creado por dos hermanos, uno de ellos biólogo marino, el objetivo consiste en restaurar el equilibrio ecológico de un paisaje degradado ayudando a que las plantas vuelvan a establecerse. Los jugadores representan distintas fuerzas de la naturaleza que influyen en la supervivencia de esas especies.
Esta producción fue elaborada en una alianza periodística entre y Biographic en conjunto con el apoyo de Pullitzer Center con la colaboración de Matías Avramow
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