ECONOMIA
Trabajo, dividendo y propiedad: las tres cuentas que las familias empresarias no separan
En las pymes familiares, tres conceptos que parecen obvios —quién trabaja, quién cobra dividendos, quién es dueño— suelen vivir mezclados. Y esa confusión es la fuente de muchos de los conflictos que no se resuelven con números.
En una empresa familiar, hay tres dimensiones que conviven y que muchas veces se confunden: trabajo (sueldo), dirección (honorarios) y propiedad (dividendos). Cada una responde a una lógica distinta, y mezclarlas es la fuente de la mayoría de los conflictos que veo en mi trabajo como CEPA –Certified Exit Planning Advisor– con familias empresarias.
Trabajo significa que alguien dedica tiempo, energía y conocimiento a la empresa, cumpliendo con una función gerencial u operativa en la misma. Por ese aporte, recibe un salario. Y ese salario debería, idealmente, ser comparable al que la empresa le pagaría a un profesional del mismo nivel contratado en el mercado.
Dirección significa que somos parte del órgano que fija el norte, el rumbo, toma decisiones estratégicas, controlamos desde ahí que la ejecución se dé como lo establecimos, que estemos yendo a donde queremos ir. Por este rol se cobra un honorario como “director”. El directorio tiene responsabilidades muy importantes en nuestras empresas. También podemos tener Directores profesionales, externos y no necesariamente tienen que ser los mismos dueños de la empresa.
En una empresa familiar, hay tres dimensiones que conviven y que muchas veces se confunden: trabajo (sueldo), dirección (honorarios) y propiedad (dividendos)
La empresa genera utilidades, distribuye una parte de esas utilidades entre quienes son dueños del capital, y cada accionista recibe en proporción a su participación. La diferencia con el salario es importante: el salario remunera el trabajo cotidiano; el dividendo remunera el riesgo asumido al haber puesto capital y haberlo dejado expuesto al negocio.
Propiedad significa ser dueño del paquete accionario. Eso da derechos políticos —votar en una asamblea, integrar el directorio—, derechos económicos —cobrar dividendos, la empresa genera utilidades (o pérdidas), distribuye una parte de esas utilidades entre quienes son dueños del capital, y cada accionista recibe en proporción a su participación. El dividendo remunera el riesgo asumido al haber puesto capital y haberlo dejado expuesto al negocio. La propiedad puede heredarse, comprarse, venderse o transferirse, y es independiente del trabajo cotidiano en la empresa y de la Dirección.
Hasta acá, parece simple. El problema empieza cuando estos tres planos se mezclan en una misma familia. Veamos un caso típico, compuesto, que reproduzco con variantes muchas veces: Tres hermanos heredan una empresa al fallecer el padre. Uno trabaja en la empresa hace 15 años, escaló, hoy es director comercial. El otro nunca quiso trabajar ahí, eligió otra carrera, vive en otra ciudad. El tercero entró a trabajar hace cinco años en un puesto administrativo. Los tres son accionistas en partes iguales. Y ahí empieza el ruido.
Lo ideal es que para trabajar en la empresa un familiar tenga que ser tan bueno como el mejor candidato externo que se podría contratar
El director comercial cobra un sueldo acorde al puesto. El que tiene un puesto administrativo cobra mucho menos, porque su responsabilidad es menor. El que no trabaja en la empresa, no cobra nada por el trabajo. Pero los tres, como accionistas, tienen el mismo derecho a dividendos. ¿Qué suele pasar? El que vive en otra ciudad, en algún momento, dice: “¿por qué él gana tanto más que yo?”. Y la respuesta es simple: porque uno trabaja en la empresa y el otro no. Si querés cobrar como él, vení a trabajar. Si no, recibirás dividendos como accionista, igual que los demás.
Lo que parece evidente cuando se explica así, en la realidad pocas veces está conversado. La familia se sienta a una mesa, mira los números de la empresa, y empiezan los reproches. Reproches que en general no son sobre la empresa: son sobre la historia familiar, sobre el padre que no quiso, sobre la madre que sí, sobre la herencia emocional que cada uno trae y que se cuela en la conversación de negocios y de la empresa.
¿Qué hacemos en estos casos? Trabajamos en separar las conversaciones. La conversación del trabajo: quién hace qué, qué responsabilidades tiene, qué se espera, cuánto se paga. Eso se compara con el mercado. Lo ideal, en mi opinión, es que, para trabajar en la empresa, un familiar tenga que ser tan bueno como el mejor candidato externo que se podría contratar. Si no lo es, mejor que trabaje en otro lado y se prepare.
La conversación de los dividendos: cuándo se distribuyen, qué porcentaje de las utilidades se reinvierten. Eso lo decide el directorio, no la sobremesa familiar. La conversación de la propiedad: quién quiere seguir siendo dueño, quién prefiere salir, cómo se valúan las participaciones, qué reglas de transferencia rigen entre familiares y entre familiares y terceros.
A veces surgen conflictos igual, es parte de la naturaleza humana y también existen las herramientas para contenerlos, tratarlos adecuadamente y disolverlos y resolverlos
Cuando estas tres conversaciones se separan y se ordenan, los conflictos no desaparecen pero cambian de naturaleza: pasan de ser disputas existenciales a problemas y temas que tienen solución, normalmente ocurren y cuando se ordenan solemos no tener conflictos. A veces surgen conflictos igual, es parte de la naturaleza humana y también existen las herramientas para contenerlos, tratarlos adecuadamente y disolverlos y resolverlos. Todo esto en la medida en que estemos preparados.
Mi recomendación es siempre la misma: empezar antes. Mucho antes. Cuando todavía hay tranquilidad, cuando los temas se pueden hablar sin presión, cuando el fundador o los fundadores están activos y pueden liderar la conversación.
Gustavo Schutt, consultor especializado en Exit Planning y en aumentar el valor de las empresas. Autor de “La reinvención del dueño”.
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ECONOMIA
¿Puede romperse el auto por estacionar con las ruedas contra el cordón?: qué dicen los expertos



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ECONOMIA
Siete prepagas fueron dadas de baja esta semana y ya suman 15 en 2026: cuáles son y por qué quedaron afuera del registro
(Getty Images)
- IE Emergencias Médicas Bolívar S.A.
- Plural Cooperativa de Crédito, Consumo y Vivienda Ltda. (Pluralcoop)
- Asociación Mutual del Personal del Ministerio de Educación y Justicia de la Nación
- MAPFRE Salud S.A.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
- Grupo Gerenciador G4 S.A.
- Emergencias Médicas Punilla S.A.
- Emergencias Río Cuarto S.R.L.
- Austral Organización Médica Integral S.A.
- Carra Salud S.A.
- Codime S.A.
- Pangea S.A.
- Rescate Centro S.A.
- Asociación Gremial de Empleados de Comercio de Córdoba
- Asociación Mutual Integral de Consumos y Servicios
- Asociación Mutual Bs. As. Staff de Medicina y Servicios
- IE Emergencias Médicas Bolívar S.A.
- Plural Cooperativa de Crédito, Consumo y Vivienda Ltda. (Pluralcoop)
- Asociación Mutual del Personal del Ministerio de Educación y Justicia de la Nación
- MAPFRE Salud S.A.
- Grupo Gerenciador G4 S.A.
- Emergencias Médicas Punilla S.A.
- Emergencias Río Cuarto S.R.L.
- Obra Social del Personal de la Industria Botonera
- Obra Social del Personal de la Industria del Fósforo, Encendido y Afines (OSPIF)
- Obra Social de la Federación de Cámaras y Centros Zonales de la República Argentina (Fedecámaras).
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ECONOMIA
El Banco Central de Brasil redujo la tasa de interés en 0,25 puntos, hasta el 14,0% anual
El Banco Central de Brasil redujo la tasa de interés en 0,25 puntos porcentuales, ubicándola en un 14,0% anual, marcando así la cuarta baja consecutiva. La autoridad monetaria de la principal economía latinoamericana sostiene su orientación hacia el relajamiento de la política monetaria, luego de que la tasa alcanzara su mayor nivel en 20 años.
La decisión, alineada con las expectativas del mercado, incluyó un mensaje de cautela: la magnitud de futuros recortes dependerá de la evolución de los datos económicos para mantener el control de los precios.
El Comité de Política Monetaria (Copom) señaló que el entorno sigue siendo “incierto” por la falta de resolución en los conflictos armados en Medio Oriente y la incertidumbre sobre la política monetaria de algunas economías avanzadas.
Según el Banco Central, esta situación exige “cautela por parte de los países emergentes” ante una mayor volatilidad en los precios de los activos y las materias primas. El Copom remarcó que los riesgos de inflación permanecen elevados y presentan una asimetría al alza.
Entre los factores de riesgo mencionó el posible impacto de los precios del petróleo, los efectos del clima sobre la producción agrícola, el costo de la energía, una tasa de cambio más depreciada y una inflación en el sector servicios superior a lo previsto.
Sobre el mercado interno, la entidad observó una “moderación gradual de la actividad económica”, aunque el nivel sigue siendo “resiliente” y el mercado laboral se mantiene “dinámico”.
El Banco Central reportó que la inflación general se ha desacelerado recientemente, pero todavía supera el límite superior de la meta establecida, que es del 3,0% anual con un margen de tolerancia de un punto y medio porcentual. Las expectativas de inflación para 2026 y 2027 se ubican en el 5,0% y el 4,2%, respectivamente.
La institución señaló que seguirá de cerca el impacto de la política fiscal sobre la política monetaria. “El escenario actual, caracterizado por un significativo aumento de la incertidumbre, desanclaje de las expectativas y riesgos elevados en torno al escenario base, demanda serenidad y cautela en la conducción de la política monetaria”, concluyó el Banco Central.
En Brasil, la reducción de los intereses ha sido una demanda del sector productivo y del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, quien busca la reelección en los comicios de octubre próximo. El elevado costo del crédito es considerado un obstáculo para el crecimiento, en un contexto donde la mayoría de las previsiones anticipa una desaceleración económica este año.
El PIB brasileño registró un crecimiento del 3,4% en 2024 y del 2,3% en 2025, y para este año electoral se proyecta una desaceleración más marcada, con una expansión cercana al 2%. En el primer trimestre de 2026, el PIB aumentó un 1,1%, impulsado por el sector agropecuario.
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