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POLITICA

Ulrich Sante, sobre la deuda con el FMI: “Sin esfuerzos serios de la Argentina, nuestra buena voluntad ya no se podrá justificar”

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“Tengo mucho trabajo allí arriba”, bromeó Ulrich Sante, señalando el piso de arriba de la residencia de la embajada alemana en Buenos Aires, su casa durante los últimos tres años. Mientras terminaba de embalar sus pertenencias, y horas antes de su partida del país, el embajador de Alemania hasta este viernes hizo ante un extenso balance de su gestión, y dejó fuertes reflexiones sobre el vínculo bilateral.

Entre esculturas de su autoría, que adornan las paredes de la casona diplomática, Sante destacó los avances, pero también -algo inusual en un diplomático con más de tres décadas de experiencia- lo que quedó pendiente. En materia económica, donde “las reglas cambian todo el tiempo” y el país sufre una “alta inflación y el intervencionismo”, dijo, y en lo político: se mostró preocupado por la cercanía del Gobierno a China y pidió “no cerrar los ojos” ante la situación en Venezuela o Cuba.

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-¿Cuál es su primer balance de gestión?

-En estos tiempos difíciles en el mundo, queremos construir una asociación confiable y activa con Argentina. Esto requiere la voluntad política adecuada de ambas partes, lo que de la parte argentina presupone sobre todo la voluntad de reintegrarse a la economía global y de fijar el rumbo apropiado para ello en casa.

Con el “Foro Futuro” que propuse y que nuestros dos cancilleres inauguraron en 2021, queríamos y seguiremos trabajando juntos en temas estratégicamente importantes y con visión de futuro. Hemos avanzado mucho en este sentido: en la protección del medio ambiente y el clima, entre otros, trabajamos en estrecha colaboración a través del “Club Climático” iniciado por el canciller Olaf Scholz y Alemania está llevando a cabo proyectos medioambientales por un valor de millones de euros en Argentina.

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Nuestra agencia de cooperación internacional, la GIZ, es muy activa en temas energéticos, apoya a la Secretaría de Energía con expertos y asesora a empresas y al Gobierno en temas clave de la transición energética y, sobre todo, en el enorme potencial de hidrógeno verde de Argentina. Nuestros dos ministerios de Economía lanzaron un diálogo energético bilateral estructurado, y se firmó un memorando de entendimiento aquí en Buenos Aires durante la visita del canciller en enero, porque queremos trabajar más de cerca con Argentina, especialmente en energías renovables. También hay trabajo conjunto entre el Ministerio de Trabajo y la Agencia Federal de Empleo, y nuestro Ministerio de Agricultura trabaja con Argentina para lograr una agricultura más resiliente al clima y sobre innovaciones en el sector agropecuario del mañana. Así que mi balance es básicamente positivo, aunque… ¡mucho más sería posible!

-¿En que áreas?

-Esto se aplica, por ejemplo, a la formación profesional dual alemana, sobre la que me preguntan regularmente el Gobierno y las provincias, pero también el sector privado argentino, pero apenas avanzamos porque los intereses políticos particulares chocan con los deseos e intereses de las empresas. Nuestras empresas alemanas y europeas invertirían infinitamente más en Argentina si las perspectivas lo permitieran. Un proyecto con el que lamentablemente solo he dado un primer paso, aunque significativo, es mi idea de convertir a Argentina en el país invitado de la feria industrial más grande del mundo, la Hannover Messe, y traer la Hannover Messe con una feria enfocada en la transformación digital a Buenos Aires. El proyecto no está muerto, pero las condiciones económicas en Argentina deben mejorar dramáticamente para darle impulso.

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-¿Cómo evalúa su relación con el Gobierno? Hubo demoras en la recepción de sus cartas credenciales y un entredicho con el gobernador Axel Kicillof, que no lo recibió en su visita a la gobernación, en 2021.

-La embajada mantiene excelentes contactos con el gobierno y la oposición, como debe ser. En Alemania también somos conscientes del valor de las provincias para el Estado Federal. He visitado casi todas las provincias, y en la mayoría me han recibido con los brazos abiertos y gran interés por trabajar en estrecha colaboración.

-¿Hay un clima de negocios propicio para las empresas alemanas? ¿Cómo influyen la inflación y los controles sobre el dólar en la inversión?

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-Incluso en tiempos difíciles, las empresas alemanas han estado creando y manteniendo muchos empleos en Argentina durante más de 100 años. Hay más de 200 empresas alemanas aquí. Después de Brasil y México, Argentina es nuestro tercer mayor socio comercial en América Latina. En conjunto, la UE y sus estados miembros son el mayor inversor en Argentina. Eso significa: sí, puedes ganar dinero con y en Argentina como emprendedor. Sin embargo, al ser una economía, cuya columna vertebral son las pequeñas y medianas empresas, no es tan fácil para nosotros atraer nuevas pequeñas y medianas empresas al mercado argentino. La inflación, un alto grado de intervencionismo, las reglas que cambian con frecuencia, la alta burocracia, las restricciones a las importaciones, exportaciones y la repatriación de ganancias me dificultan como embajador despertar más interés por Argentina en Alemania. Esta es otra razón por la cual es tan importante que Argentina y el FMI trabajen en estrecha colaboración y que Argentina pronto se convierta en miembro de la OCDE, que se aborden reformas y se encuentren compromisos y soluciones no partidistas que vuelvan a estabilizar la economía a largo plazo.

Entrevista con el embajador saliente de Alemania Ulrich SanteRodrigo Nespolo –

-¿Las trabas tienen que ver con la visión económica del kirchnerismo? ¿Tiene esperanzas de que esto cambie con un nuevo Gobierno?

Necesitamos, para intensificar nuestras relaciones económicas, reglas más estables y confiables, a largo plazo. Queremos invertir en hidrógeno verde, y el plazo en el que las empresas están pensando, antes de tener ganancias, es de 30 años. Si se cambian mañana, o en uno o cinco años, las reglas, perdimos una inversión de gran tamaño. Hay otros países del mundo que se ofrecen para estas inversiones, pero Argentina tiene ventajas con sus enormes recursos naturales. Para Alemania siempre son mejores los viejos y confiables amigos, más que los nuevos y no confiables (se sonríe).

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-¿Cuál es su evaluación sobre el acuerdo UE-Mercosur? ¿Por qué se dilata y cuál es la perspectiva?

-Necesitamos el acuerdo UE-Mercosur y creemos que debe concluirse lo antes posible. Ha habido preocupaciones sobre temas ambientales y sobre la competitividad de sectores individuales, eso se trabajará y se debe trabajar intensamente para finalmente llegar a un entendimiento. Sería el acuerdo comercial más grande y ambicioso que tendría la UE y que tendría el Mercosur y reuniríamos a más de 700 millones de personas, los dos bloques comerciales más grandes del mundo.

-¿Cómo vislumbra el final de la negociación de la deuda argentina ante el Club de París?

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-Inmediatamente después del acuerdo político de París del año pasado, los equipos negociadores de nuestros dos Ministerios de Hacienda se juntaron y muy rápidamente redactaron un acuerdo bilateral sobre la reestructuración del pago de la deuda de Argentina, que suscribí a principios de abril junto con el ministro de Economía, Sergio Massa. Como el mayor acreedor bilateral, Alemania también fue uno de los primeros en estipular nuevas condiciones más favorables (tasa de interés más baja, plazos más largos) con Argentina. Como es costumbre entre amigos, Alemania ha hecho concesiones para apoyar los esfuerzos nacionales por estabilizar la economía. Sin embargo, aquí se aplica lo mismo que en el FMI: sin esfuerzos serios de reforma por parte de Argentina, en algún momento nuestra buena voluntad ya no se podrá justificar de manera convincente frente a nuestros contribuyentes. Nuestras empresas están entre estos contribuyentes también.

-EE.UU. expresó su incomodidad por el acercamiento del Gobierno a China. ¿Alemania comparte esa preocupación?

Nuestra preocupación es que Argentina se quede en el campo de los países que conocen el valor del multilateralismo, de la democracia, del Estado de derecho y relaciones económicas libres, todo ese paquete. Queremos que Argentina, aunque se encuentre en una situación económica y financiera desafiante, recuerde la influencia positiva de Europa en el pasado. Cuando un Estado está en una situación difícil, una oferta barata parece más oportuna, pero no trabajamos a corto sino a largo plazo. Estoy convencido de que los impulsos para combatir los desafíos globales van a llegar de Europa, Estados Unidos, de lo que llamamos Occidente, aunque este término tenga hoy otro valor.

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-Alemania y Francia son siempre activos en la condena a Venezuela, Nicaragua y Cuba en los foros internacionales. ¿La cercanía del Gobierno con esos países complicó el vínculo bilateral?

-Sabemos que Argentina defiende la democracia, el Estado de derecho y los Derechos Humanos. Trabajamos muy de cerca con la Argentina en los foros internacionales, especialmente en la igualdad y los derechos LGBTIQ+, dónde Argentina es sin duda un pionero y un modelo. Tanto Alemania como Argentina tienen una política exterior feminista basada en la profunda convicción de que, en aras de la paz, la estabilidad y la seguridad, nadie debe ser marginado por su origen, religión, identidad de género, discapacidad o identidad sexual. Este 40 aniversario de la democracia en Argentina debe ser un recordatorio y una advertencia para nosotros y para todos en Argentina de que vivir en paz y libertad no puede darse por sentado. Como alemanes, también sabemos esto muy bien por nuestra propia experiencia dolorosa en dos dictaduras. Por lo tanto, también sabemos que tanto el extremismo de derecha como el extremismo de izquierda representan una amenaza para la democracia y la libertad, uno nunca debería cerrar los ojos ante eso. Todos tienen que decidir por sí mismos qué tan creíble pueda ser cerrar los ojos ante las violaciones graves de los derechos humanos en otros países o no hablar claramente sobre ellas.

-Habló de extremos. ¿Ve un peligro en la extrema derecha, que para algunos representa Javier Milei?

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-Vemos aquí un modelo de inmigración, totalmente dividido. Un país potencialmente muy rico, en una situación de pobre. Tiene muchísimo para ofrecer para abastecer al mundo de alimentos y recursos naturales, pero no sabe cómo hacerlo. El mundo está listo para invertir en el país, pero Argentina no está lista política y estructuralmente. Personalmente me duele, soy un gran admirador de Argentina.

-¿Considera adecuada la respuesta argentina ante la invasión rusa a Ucrania?

-Con la brutal guerra de agresión contra Ucrania, Rusia se despidió del mundo civilizado. La Rusia actual representa la mayor amenaza para la paz y la seguridad en la región euroatlántica. Por lo tanto, estamos muy agradecidos con Argentina por condenar claramente esta guerra cruel en los importantes foros internacionales. Durante todas las visitas políticas aquí en Argentina y en la región el año pasado y este año, la guerra fue un tema importante. Tomamos una decisión muy clara: el poder militar no debe socavar el derecho internacional. El imperialismo no es un concepto con futuro. Al final, Rusia se perjudica sobre todo a sí misma.

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-Más allá de quien gane las elecciones presidenciales en Argentina ¿En qué puntos la relación bilateral puede mejorar?

-Sabemos que no podemos abordar solos los principales desafíos de nuestro tiempo –el cambio climático, la alimentación mundial, la transición energética global, la digitalización-, tenemos que trabajar juntos con socios en todo el mundo. Queremos relaciones con Argentina que, independientemente de un gobierno de turno, se asienten sobre bases sólidas y estén diseñadas para el largo plazo. En estos temas estratégicos he estado trabajando durante los últimos tres años, y en eso estará trabajando mi sucesor con un futuro gobierno. A 165 años del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación germano-argentino, hay una base sólida impresionante y una fuerte obligación para el futuro.




Un giro en la guerra Bullrich-Larreta y el montaje de otro “veranito electoral”,Con los candidatos en carrera, el escenario de tercios se diluye y puede volver la polarización entre JxC y el oficialismo,Jaime Rosemberg,FMI,Actualidad política,Alemania,Conforme a,FMI,,En cifras. Argentina contra Egipto: ¿quién gana en el “Mundial económico”?,,Dólar. El Gobierno cumplió por primera vez la meta de reservas con el FMI y quedó a un paso del objetivo anual,,US$1800 millones. El Gobierno ya eligió su próxima gran batalla judicial

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POLITICA

Javier Milei y sus medidas, EN VIVO: en medio del conflicto diplomático con Brasil, el Presidente recibe hoy a la directora del FMI

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Todo sobre las medidas del gobierno de Javier Milei minuto a minuto:

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Lun. 27.07.2026-09:06

El duro comunicado que envió el gobierno de Brasil al embajador argentino

Lun. 27.07.2026-08:55

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Organizaciones sociales y sindicales harán una movilización contra el FMI

Lun. 27.07.2026-08:41

«Nos escucha»: el presidente de Coninagro valoró la relación del campo con el Gobierno

Lun. 27.07.2026-08:30

Conflicto diplomático: qué dijo Milei sobre Lula da Silva

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Lun. 27.07.2026-08:18

Tras las polémicas declaraciones de Milei, el canciller de Brasil se reúne con el embajador argentino en Brasilia y el representante brasilero en Buenos Aires

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De Mendiguren evalúa llevar a Milei a la Justicia por los insultos en La Rural

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El exministro de Producción de la Nación, José Ignacio de Mendiguren, evalúa presentar una demanda contra el presidente Javier Milei por los insultos que recibió este domingo durante la Exposición Rural. “Creo que lo voy a querellar. Si alguien no pone un límite y todo se acepta, si nos parece una gracia, esto es muy grave para las instituciones”, afirmó este lunes.

El episodio ocurrió luego de que Milei encabezara el acto de inauguración de la muestra agropecuaria en Palermo. Más tarde, durante una entrevista en el estudio móvil de Radio Mitre instalado en el predio, el Presidente interrumpió la conversación al advertir que De Mendiguren pasaba frente al lugar.

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“Ladrón, Vos Arruinaste El País”, Javier Milei Reconoció A Un Ex Funcionario Y Lo Cruzó En Vivo

“Mirá, ahí está pasando alguien que le hizo muchísimo daño a la Argentina”, dijo Milei mientras señalaba con el brazo levantado hacia el exterior del estudio. Cuando uno de los presentes respondió “De Mendiguren”, el mandatario continuó: “Sí. Ese le cagó a los argentinos 30.000 millones de dólares”.

Según relató el propio Presidente, el exfuncionario lo miró mientras caminaba por el predio, lo que motivó una nueva descalificación. “Vos, sí, ladrón. Arruinaste el país con [Eduardo] Duhalde y toda su banda”, lanzó.

Este lunes, De Mendiguren reconoció, en diálogo con Radio Mitre, que le cayeron “mal” las palabras que tuvo el mandatario nacional para con su persona. “Semejantes injurias sin ningún tipo de prueba, tan alejadas de la realidad que molestan. Pero estoy acostumbrado. Venía de Brasil de decirle lo que le dijo al presidente de ese país”, prosiguió el exfuncionario al referirse a los fuertes dichos de Milei contra Lula que generaron una tensa relación diplomática con ese país vecino.

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“Escuchar que me robé, ¡lo mismo le dijo a [Luis, ministro de Economía] Caputo cuando le dijo que se había llevado 14 mil millones de dólares! O como a Patricia [Bullrich] que le dijo que tiraba bombas en los colegios y después los nombra ministros. Muchos de ellos tuvieron procesos; yo en mi vida tuve ni un telegrama, no tuve ni una causa, ni una demanda”, se explayó De Mendiguren.

Para el exministro de Producción durante la gestión de Duhalde, llevar a la Justicia al mandatario nacional sería porque con este tipo de agravios se ve afectada “la institucionalidad argentina; nos acostumbramos a que esto pase a ser normal, que un presidente pueda agredir de esta forma, absolutamente infundada, y lo dejamos pasar”.

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Crisis entre Milei y Lula: la trama política, personal y geopolítica detrás del mayor choque diplomático entre Argentina y Brasil

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La crisis diplomática entre la Argentina y Brasil tiene una cronología conocida. El sábado, Javier Milei viajó a San Pablo para respaldar la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro y en el acto lanzó agrias descalificaciones a Luiz Inácio Lula da Silva y al ministro del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes. Ayer, el gobierno brasileño respondió llamando a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Glinternick Bitelli, en la señal diplomática más severa desde la llegada del líder libertario a la Casa Rosada.

Esa secuencia no alcanza para explicar lo ocurrido. La crisis no empezó este fin de semana ni nació con un discurso o con una decisión de Itamaraty. Tiene una historia anterior que ayuda a entender por qué una relación construida durante cuatro décadas sobre intereses permanentes terminó, al menos por unos días, subordinada a la lógica de la política doméstica.

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Para encontrar el origen hay que retroceder casi tres años.

El 28 de agosto de 2023, ocho días después de que Milei sorprendió al sistema político argentino al imponerse en las PASO, Sergio Massa viajó a Brasilia para reunirse con Lula. Infobae estuvo presente en aquella visita al Palacio del Planalto.

No fue una reunión protocolar. Fue un encuentro político entre dos dirigentes que compartían un mismo objetivo: impedir que el candidato libertario llegara a la Presidencia.

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“Hacé lo que tengas que hacer, pero tenés que ganar”, le dijo Lula a Massa durante aquella conversación, según reconstruyeron ante Infobae quienes participaron del encuentro. Hubo otra frase que también quedó grabada entre los presentes: “Juntá votos, no dólares”.

Alrededor de esa mesa estaban la entonces secretaria de Energía, Flavia Royón (hoy senadora por Salta); el secretario de Industria, José Ignacio de Mendiguren (a quién Milei acusó de “ladrón” en la Rural); el secretario de Agricultura, Juan José Bahillo (hoy también senador por Entre Ríos); y el entonces embajador argentino en Brasil, Daniel Scioli, hoy secretario de Turismo del gobierno de Milei.

Aquel encuentro confirmó algo que ya era evidente: Lula había decidido involucrarse políticamente en la campaña presidencial argentina. Nunca ocultó esa preferencia. La expresó en público y también en privado.

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Massa se reunió con Lula a fines de agosto de 2023 en Brasilia, en una conversación que, según reconstruyó Infobae en ese momento, giró en torno a un objetivo compartido: evitar que Javier Milei llegara a la Presidencia. Con el paso del tiempo, ese antecedente se convirtió en una referencia central para explicar por qué la confrontación actual entre Buenos Aires y Brasilia tiene, además de una dimensión ideológica, un componente personal y político que se arrastra desde 2023.

Sergio Massa junto a Lula da Silva en Brasil

Con el correr de las semanas, comenzó una colaboración más estrecha entre dirigentes y especialistas vinculados al Partido de los Trabajadores y el equipo de campaña de Unión por la Patria. Formalmente, la estrategia seguía bajo la conducción del consultor catalán Antoni Gutiérrez-Rubí, otro viejo enemigo de Milei. En paralelo se incorporaron referentes como Edinho Silva, uno de los dirigentes históricos del PT que había participado de la campaña que permitió el regreso de Lula al poder en 2022.

Milei nunca dejó de hablar de aquel episodio. Durante la campaña y después de asumir la Presidencia sostuvo reiteradamente que dirigentes brasileños vinculados al PT habían participado de la estrategia negativa desplegada en su contra. Para el líder libertario, ellos estuvieron detrás de las peores acusaciones sobre su vínculo con Karina Milei y sus perros. En los últimos días volvió sobre ese recuerdo durante una entrevista radial desde el predio de la Sociedad Rural. Lo hizo casi tres años después, pero con la misma convicción.

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Ese antecedente no explica por sí solo la dureza del discurso pronunciado el sábado en San Pablo. Pero ayuda a entender por qué la confrontación con Lula nunca fue una discusión exclusivamente ideológica: también tiene una dimensión personal y política que viene desde 2023.

El dato importa porque marca el momento en que la política doméstica empezó a cruzar la frontera de la política exterior. Lula actuó entonces como un actor político interesado en el resultado de las elecciones argentinas. Milei respondió ahora como presidente de la Argentina. Y allí aparece una diferencia fundamental: lo que hace tres años podía interpretarse como un episodio de campaña terminó proyectándose sobre la relación entre dos Estados.

Milei y Lula, una convivencia incómoda para el Mercosur

Sería un error, sin embargo, explicar esta crisis únicamente desde Buenos Aires. Porque la confrontación tampoco resulta políticamente inconveniente para Lula.

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El presidente brasileño atraviesa una campaña electoral difícil. En octubre buscará la reelección en un escenario de fuerte polarización con el bolsonarismo y con una economía que, si bien muestra indicadores más sólidos que los de otros países de la región, ya no le garantiza por sí sola el respaldo político que obtuvo en 2022.

En ese contexto, la disputa con Milei aparece como una oportunidad para reforzar un discurso que el Palacio del Planalto viene construyendo desde hace meses: la defensa de la soberanía brasileña frente a las presiones externas. Ese relato comenzó a consolidarse cuando Donald Trump endureció su política comercial hacia Brasil y vinculó parte de esa estrategia con la situación judicial de Jair Bolsonaro. El gobierno de Lula respondió presentando ese conflicto como una injerencia de Washington en asuntos internos brasileños.

La aparición de Milei en San Pablo, respaldando al hijo del ex presidente y cuestionando al actual mandatario y a uno de los ministros del Supremo Tribunal Federal, encajó en esa narrativa. No significa que Lula buscara esta crisis. Sí explica por qué el gobierno brasileño decidió responder con firmeza.

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El canciller Mauro Vieira resumió esa posición. Calificó las declaraciones de Milei como “muy graves”, sostuvo que constituyeron una “interferencia en asuntos domésticos” de Brasil y pidió explicaciones al gobierno argentino. Al mismo tiempo dejó una señal que pasó relativamente inadvertida, pero resulta decisiva para entender el momento diplomático.

Mauro Vieira, el canciller de Lula, que buscó poner paños fríos a la escalada diplomática con Argentina

La retirada de embajadores es un paso de gran gravedad. No vamos a hacer eso ahora”, afirmó. Y agregó una definición que probablemente exprese mejor que ninguna otra el desafío que enfrentan ambos gobiernos: “Tenemos que trabajar por el entendimiento entre las naciones, y la diplomacia se hace de conversaciones”.

Esa aclaración no es menor. Brasil decidió elevar el costo político de los dichos de Milei, pero evitó cruzar un umbral que hubiera colocado a la relación bilateral en una situación mucho más delicada. El mensaje fue doble: las declaraciones del Presidente argentino resultan inaceptables para el gobierno de Lula, pero el vínculo entre ambos países sigue siendo demasiado importante como para quedar atrapado en una escalada sin retorno.

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Ese matiz aparece también cuando se observa el tablero internacional. Mientras Milei profundiza un alineamiento con Trump e Israel, Lula intenta ampliar los márgenes de autonomía de Brasil.

No fue casual que el mismo domingo en que estallaba la crisis diplomática el presidente brasileño mantuviera una extensa conversación con Xi Jinping. Hablaron de profundizar la relación comercial entre China y el Mercosur, de cooperación económica, de seguridad energética y también de los conflictos internacionales que dominan la agenda global. Ambos expresaron preocupación por la situación humanitaria en Gaza y por las consecuencias que los conflictos en Medio Oriente pueden tener sobre la economía mundial.

Es una mirada muy distinta de la que sostiene Milei, uno de los principales aliados internacionales de Israel y uno de los presidentes occidentales que respaldó explícitamente la ofensiva militar impulsada por Estados Unidos para neutralizar las amenazas vinculadas con Irán y sus aliados regionales.

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El presidente chino, Xi Jinping, estrecha la mano del mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva

La distancia entre Buenos Aires y Brasilia, entonces, no se limita al vínculo personal entre Milei y Lula. Empieza a reflejar dos maneras muy diferentes de entender la inserción internacional de América Latina. Mientras la Argentina privilegia el alineamiento con Washington, Brasil intenta consolidar una estrategia de mayor autonomía, profundizando al mismo tiempo sus vínculos con Estados Unidos, China, Europa y el Sur Global.

En ese contexto, la pelea entre ambos deja de ser solamente una disputa bilateral. Empieza a expresar dos proyectos distintos sobre el lugar que la región debería ocupar en el nuevo escenario internacional.

Hay otro dato, menos visible, que ayuda a entender hasta qué punto la política argentina y la brasileña siguen entrelazadas. Mientras Milei profundizaba su confrontación con Lula, la ex presidenta Cristina Kirchner terminó de incorporar a su estrategia judicial internacional al jurista brasileño Rafael Valim, un reconocido especialista en Derecho Constitucional y derechos humanos que integró el equipo de abogados del actual mandatario brasileño y mantiene una estrecha relación con el Partido de los Trabajadores.

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Su incorporación no tiene consecuencias diplomáticas directas ni modifica la situación judicial de la ex presidenta. Pero vuelve a mostrar que los vínculos construidos entre el lulismo y el kirchnerismo siguen activos y trascienden los cambios de gobierno en ambos países. Es otra manifestación de una relación política que nunca desapareció. La diferencia es que, esta vez, encontró del otro lado a un presidente argentino que tampoco está dispuesto a separar la política doméstica de la política exterior.

Esa transformación es la que preocupa a buena parte del cuerpo diplomático argentino. En conversaciones con Infobae, dos embajadores que conocen como pocos la relación bilateral —Diego Guelar, ex representante argentino en Brasil, Estados Unidos y China, y Jorge Argüello, ex embajador en Estados Unidos, Portugal y las Naciones Unidas— llegaron, desde recorridos políticos muy diferentes, a una conclusión parecida.

Guelar definió la crisis como “innecesaria” y advirtió que tendrá “un impacto negativo en la relación bilateral”, aunque descartó que pueda alterar una integración económica construida durante décadas. Argüello fue todavía más lejos desde el plano conceptual. “Los presidentes pueden tener posiciones políticas e ideológicas, pero lo que no pueden hacer es imponerlas sobre el interés nacional”, dijo a Infobae.

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La frase resume uno de los principios históricos de la política exterior argentina. Los gobiernos cambian, las coaliciones llegan y se van, las mayorías electorales se construyen y se pierden. Pero el interés nacional debería conservar cierta estabilidad.

Otros tiempos. Los presidentes de Brasil, José Sarney; de Argentina, Raúl Alfonsín y de Uruguay, Julio María Sanguinetti, tras la firma de un acuerdo trilateral que sentó las bases del Mercosur en febrero de 1988 en Colonia del Sacramento, Uruguay.

La relación con Brasil fue, probablemente, uno de los mejores ejemplos de esa lógica. Desde que Raúl Alfonsín y José Sarney decidieron transformar una vieja rivalidad geopolítica en una asociación estratégica, radicales, peronistas, liberales y socialdemócratas administraron ese vínculo con una premisa casi inalterable: las diferencias ideológicas no debían poner en riesgo una relación considerada estratégica para ambos países.

Eso no significó ausencia de conflictos. Los hubo. Hubo disputas comerciales, diferencias dentro del Mercosur, desacuerdos sobre política internacional e incluso fuertes contrastes personales entre algunos presidentes. Pero existía una frontera relativamente clara entre la competencia política y la política de Estado.

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Esa frontera hoy aparece mucho más difusa. Lula decidió involucrarse activamente en la campaña presidencial argentina de 2023 porque entendía que el triunfo de Milei afectaba el proyecto político que representaba en la región. Milei respondió tres años después involucrándose de manera igualmente explícita en la campaña brasileña, respaldando al principal adversario político de Lula y utilizando un lenguaje que rompió con las formas tradicionales de la diplomacia.

No son hechos equivalentes. Pero revelan una misma tendencia: la creciente dificultad para separar la disputa política interna de la relación entre los Estados.

Eso explica por qué esta crisis no puede analizarse únicamente como un intercambio de agravios. También expresa un cambio más profundo: la política exterior empieza a quedar condicionada por la lógica de las campañas permanentes.

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Por eso la pregunta más importante que deja esta crisis no es si Milei y Lula volverán a cruzarse públicamente, ni cuándo regresará el embajador brasileño a Buenos Aires. La verdadera incógnita es otra: si, cuando pasen las elecciones, las campañas y las cuentas pendientes que ambos líderes arrastran desde 2023, la Argentina y Brasil volverán a colocar el interés permanente de la relación bilateral por encima de las necesidades coyunturales de sus dirigentes.

Porque ese equilibrio, construido con avances y retrocesos durante más de cuatro décadas, no parece haberse roto definitivamente este fin de semana. Pero sí quedó sometido, probablemente como nunca desde el regreso de la democracia, a una tensión que obliga a preguntarse cuánto espacio conservará la política de Estado en una época dominada por la confrontación permanente.

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