DEPORTE
Un pase quirúrgico y un centro preciso desde la derecha: las dos asistencias de Messi para la remontada histórica ante Inglaterra

Argentina está nuevamente en la final del Mundial. Dos pases de Lionel Messi en los minutos finales ante Inglaterra alcanzaron para transformar una derrota inminente en clasificación a la definición con una victoria 2-1 inolvidable. Fue en el Estadio Mercedes-Benz de Atlanta, con el reloj ya en su cuenta regresiva, donde la Selección encontró la vía para dar vuelta un resultado que parecía sellado.
El partido había seguido el guion de los grandes duelos entre ambas selecciones: tenso, trabado, con pocas concesiones. En el primer tiempo, Jude Bellingham desequilibró en dos ocasiones para Inglaterra, mientras que Argentina respondió con un remate de Enzo Fernández que pasó cerca del ángulo superior derecho del arco inglés. La paridad no reflejó superioridad de ninguno de los dos equipos, sino una disputa marcada por la fricción y la presión mutua.
El quiebre llegó en el segundo tiempo. A los 55 minutos, un pelotazo de Harry Kane fue despejado por Nicolás Tagliafico, la pelota le quedó a Declan Rice, quien cedió para Morgan Rogers, y el centro de este fue conectado por Anthony Gordon, que apareció solo por detrás de Nahuel Molina. El 1-0 para Inglaterra parecía el resultado definitivo, sobre todo porque el arquero Jordan Pickford se convirtió en figura con intervenciones ante Julián Álvarez, Nicolás González y Alexis Mac Allister, quien también estrelló una pelota en el palo.
Faltaban poco más de cinco minutos para el final cuando Messi recibió el balón a escasos metros de la medialuna del área grande, de frente al arco. La línea defensiva inglesa se compactó de inmediato alrededor del “10”. Messi hizo una pausa, atrajo la atención de los centrales y, con su pierna izquierda, sacó un pase filtrado que atravesó el único resquicio posible entre el central y el lateral inglés. La pelota rodó con la fuerza exacta hacia el sector derecho del área grande.
Enzo Fernández ya había leído la intención antes de que el balón saliera del pie de su compañero. Trazó una diagonal desde atrás, atacó el espacio vacío a espaldas de la defensa inglesa con el timing justo para no caer en posición adelantada, y entró al área en velocidad. Sin dudar, impactó de primera intención con el empeine de su pierna derecha. El remate salió cruzado, directo hacia el palo derecho de Pickford, que nada pudo hacer a pesar de su estirada. El reloj marcaba el minuto 84:50 cuando la pelota tocó la red para el 1-1.
Fernández salió corriendo hacia el banderín del córner derecho y se deslizó de rodillas sobre el césped antes de ser cubierto por sus compañeros. En el banco y en las gradas de Atlanta, el festejo fue inmediato. La otra cara quedó en el plano de Bellingham, quien se dejó caer de boca al césped. En los segundos posteriores, Fernández se separó del grupo, miró hacia la tribuna y llevó las palmas de ambas manos a los costados de su cabeza, a la altura de las sienes, cerró los ojos y lanzó un beso al aire.
El empate no apaciguó a Argentina. El conjunto de Lionel Scaloni siguió presionando y, en el primer minuto del tiempo adicionado, Messi volvió a tomar el balón en la misma zona de la cancha. Esta vez, de derecha, con un centro quirúrgico que rompió la línea defensiva inglesa. Lautaro Martínez, que había entrado unos minutos antes. Despistó a la defensa para no quedar en offside y con un frentazo letal, dejó sin opciones a Pickford, quien hasta allí era la gran figura inglesa.
Argentina avanza así a la final del Mundial 2026, donde espera a España, que el martes venció 2-0 a Francia en la otra semifinal. Para el conjunto albiceleste, que llega al certamen como campeón defensor tras el título de 2022, el duelo ante los ingleses sumó un nuevo capítulo a una historia de enfrentamientos que incluye, entre otros, los cruces en México 1986, Francia 1998 y Corea-Japón 2002. Para Inglaterra, que aspiraba a disputar su segunda final tras la de 1966, la eliminación llegó en los últimos instantes de una semifinal que tuvo en su mano hasta el minuto 84.
La dos asistencias ante Inglaterra elevaron las cifras globales de Messi en su carrera profesional a 1.163 partidos, con 919 goles y 418 asistencias. El desglose por club y selección muestra que Argentina le suma ahora 205 partidos, 125 goles y 65 asistencias; el FC Barcelona, 778 partidos, 672 goles y 269 asistencias; el Inter Miami, 104 partidos, 90 goles y 50 asistencias; y el París Saint-Germain, 75 partidos, 32 goles y 34 asistencias.
El rosarino, de 39 años, llegó a los 13 pases-gol en los Mundiales y estiró su distancia como el máximo asistidor del certamen ecuménico. Superó a Fritz Walter (Alemania), con quien compartía el honor hasta este sábado (diez). Detrás quedaron Raymond Kopa (Francia), Uwe Seeler (Alemania) y Diego Maradona con ocho.
Este partido 33 en Mundiales lo consolida como el jugador con más apariciones en la historia de la competencia, por encima de Cristiano Ronaldo de Portugal (27), Lotthar Matthaus de Alemania (25), Miroslav Klose, también alemán, con 24, y Paolo Maldini de Italia con 23. El capitán albiceleste disputó sus primeros partidos mundialistas en Alemania 2006 (3), luego Sudáfrica 2010 (5), Brasil 2014 (7), Rusia 2018 (4), Qatar 2022 (7) y ahora suma 7 en la presente edición en Estados Unidos, México y Canadá. El domingo sumará el 8° juego en esta edición.
En cuanto a goles, los números de Messi en Mundiales son igual de contundentes: 21 tantos entre las ediciones de 2006 (1), 2014 (4), 2018 (1), 2022 (7) y 2026 (8). La única edición en que no anotó fue Sudáfrica 2010. Con esa cifra, superó el récord histórico de Klose y hoy disputa mano a mano con Kylian Mbappé (20) la cima del ranking de máximos artilleros en la historia de los Mundiales.
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DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
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DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
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