ECONOMIA
YPF, Petrobras y Dow realizaron una inversión de USD 260 millones para potenciar el crecimiento en Vaca Muerta

Compañía Mega dio un paso concreto en su estrategia de expansión. La firma, controlada en conjunto por YPF (38%), Petrobras (34%) y Dow (28%), puso en marcha en Bahía Blanca una nueva instalación para el fraccionamiento de líquidos del gas natural que demandó una inversión de USD 260 millones y que le permitirá procesar volúmenes crecientes de producción proveniente de Vaca Muerta. El acto contó con la presencia del presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, y del intendente bahiense Federico Susbielles, entre otros representantes del sector energético.
La obra forma parte de un programa de inversiones más amplio que la compañía lleva adelante entre 2023 y 2028, con un presupuesto total de 650 millones de dólares. La primera fase ya está concluida. La segunda, por USD 360 millones, fue presentada en abril bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y está en marcha.
Mega opera desde 2001 como eslabón central del segmento de transporte y procesamiento de hidrocarburos en la Argentina. Su infraestructura conecta la Cuenca Neuquina con el puerto de Bahía Blanca a través de un poliducto de 600 kilómetros, y la compañía procesa actualmente cerca del 40% del gas natural que se produce en esa cuenca. Es también el principal exportador argentino de GLP y gasolina natural, y el mayor abastecedor de etano para la industria petroquímica local.
Con el nuevo tren de fraccionamiento en funcionamiento, la producción de líquidos del gas natural (NGLs) podrá crecer hasta un 50%. El incremento responde a la mayor disponibilidad de esos líquidos asociados que trae consigo la expansión de la actividad en Vaca Muerta, y a la necesidad de contar con infraestructura capaz de procesarlos sin cuellos de botella.

El CEO de la compañía, Tomás Córdoba, explicó el significado de la inversión en términos de posicionamiento estratégico: “Refleja la confianza de nuestros accionistas en las oportunidades concretas que ofrece la Argentina en materia energética. Y, sobre todo, nos permite estructurar el próximo ciclo de crecimiento de la compañía, acompañando la expansión de Vaca Muerta con más capacidad y eficiencia para seguir dando valor a la producción energética del país y continuar exportando energía a diferentes mercados internacionales”.
Mientras el nuevo tren entra en operación, la compañía ya trabaja en la siguiente fase del plan. El proyecto presentado bajo el RIGI contempla obras en cuatro provincias —Neuquén, Río Negro, La Pampa y Buenos Aires— e incluye la construcción de dos nuevas plantas de rebombeo, junto con ampliaciones y mejoras en la infraestructura existente.
El objetivo es sumar más de 500.000 toneladas anuales adicionales de NGLs y llevar la producción total de la empresa a un nivel un 27% superior al actual. De ese volumen incremental, se estima que cerca del 80% tendrá como destino los mercados externos, principalmente en forma de propano, butano y gasolina natural. El 20% restante abastecerá el mercado interno, sobre todo a través del suministro de etano al sector petroquímico.

Horacio Marín subrayó la dimensión del proyecto en el acto de inauguración: “Con la segunda etapa de ampliación de Mega, un proyecto que fue presentado en el RIGI, vamos a poder procesar entre 40 y 42 millones de metros cúbicos de gas de Vaca Muerta. Ampliar Mega es darle valor agregado al gas natural”.
La ciudad bonaerense es el punto de llegada del poliducto y la sede del fraccionamiento y despacho de productos. Para el intendente Susbielles, la inversión tiene un efecto que va más allá de la planta: “Genera empleo, dinamiza la economía regional y posiciona a la ciudad como un nodo clave para la exportación de energía argentina”, señaló durante el acto.
La puesta en marcha del nuevo tren cierra la primera etapa del plan de inversión y deja a Mega en condiciones de encarar la siguiente con mayor infraestructura, en un momento en que la producción de Vaca Muerta sigue creciendo.
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La Argentina proyecta exportaciones mineras por USD 18.500 millones para 2030: los límites del boom y la gran apuesta del sector



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ECONOMIA
Todo el año hubo viento de cola para la Argentina, pero ahora empezó a soplar también de frente

A lo largo de 2026, el Gobierno se benefició del fuerte aumento de los precios internacionales de productos que exporta. La guerra en el Golfo Pérsico generó un fuerte salto del petróleo, que siete meses después del inicio volvió a ubicarse arriba de los 100 dólares el barril. La soja también operó en alza y subió más de 20%, llegando hasta los USD 480 por tonelada.
La consecuencia es que los términos de intercambio de la Argentina subieron al mayor nivel de la historia. Las exportaciones superarán este año por primera vez los USD 100.000 millones y la balanza comercial podría arrojar un superávit inédito que según las últimas estimaciones del sector privado podría llegar a los 28.000 millones de dólares.
Este viento de cola que tuvo la economía local también se reflejó en fuertes compras del Banco Central. La entidad ya lleva adquiridos USD 14.200 millones, aunque en septiembre aflojó sustancialmente.
La oferta de dólares permitió no solo abastecer a los importadores, al público que quiere atesorar y a las empresas que giran dividendos al exterior, sino también al propio BCRA para fortalecer el balance de la entidad.
Los precios internacionales están fuera del alcance del Gobierno, que se benefició de esta situación particular. De todas maneras, resultaron claves las inversiones en energía para que Argentina pasara de ser neto importador hace tres años a un exportador neto cada vez más relevante. Se espera que el complejo de energía y minería genere un superávit cercano a los USD 30.000 millones, del mismo orden que el sector agropecuario.
Este fuerte ingreso de dólares y la mayor robustez del Central también ayudaron para que el riesgo país descienda hasta los 400 puntos básicos a fines de julio pasado. Muchas empresas, bancos y provincias aprovecharon para colocar deuda en el exterior, sumando cerca de USD 22.000 millones a la oferta de divisas en lo que va de 2026.
Sin embargo, lo mismo que beneficio a la Argentina este año ahora también está generando dificultades. La suba del petróleo por encima de los USD 100 sumó inflación a la economía norteamericana, manteniéndose en niveles cercanos a 3,5% anual.
La Reserva Federal norteamericano decidió ayer la primera suba de tasas en tres años. Fue una respuesta a un fuerte aumento además de los rendimientos de los bonos del Tesoro de largo plazo. Los de 10 años pasaron a rendir 5% anual, niveles que no se veían hace muchos años.
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Este aumento de los rendimientos perjudicó a los activos de riesgo e impactó negativamente sobre los mercados emergentes. Hubo consecuencias directas también para los bonos argentinos, que cayeron luego de haber alcanzado un pico de precios a mediados de julio.
La consecuencia directa de esta situación fue el aumento del riesgo país a los 500 puntos básicos. Si se agrega a la tasa de 5% anual que pagan los bonos norteamericanos, la consecuencia es que si Argentina quisiera financiarse en los mercados internacionales debería pagar una tasa superior al 10% anual en dólares.
Este viento de frente que empezó a soplar desde Estados Unidos está pasando factura a la política de endeudamiento del Tesoro argentino. En las dos últimas licitaciones no se colocaron bonos en dólares en el mercado local para no convalidar un incremento de las tasas. Y se optó por deuda en pesos de corto plazo, que vence en su totalidad durante la gestión de Javier Milei.
Se dan así dos situaciones simultáneas. Argentina se beneficia del viento de cola del fuerte alza de las materias primas que exporta, pero al mismo tiempo también sopla viento de frente por el aumento de tasas norteamericanas, que aumenta la aversión al riesgo de los inversores internacionales.
Luis Caputo,Di Tella
ECONOMIA
Presupuesto 2027: el Gobierno asume un escenario complicado para volver a colocar deuda en los mercados internacionales



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