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CHIMENTOS

Marta Albertini: “Por mis personajes de villana fui odiada, pero también muy amada”

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Una escena de Renzo y Lucía con Jorge Marrale

Nadie olvida la primera vez que vio a Marta Albertini en escena. La imagen persiste, atada a una época en la que la televisión y el teatro argentino marcaban la agenda cultural. Marta nació en Uruguay y cruzó el Río de la Plata siendo muy joven. Montevideo fue su punto de partida para estudiar teatro, pero el destino era Buenos Aires: la ciudad donde aspiraba a dejar huella en una industria artística con proyección internacional.

La obra ‘Doradas’ conecta generaciones, permitiendo que jóvenes y adultos descubran el valor cultural del cine, el teatro y la televisión de otras épocas

El giro decisivo llegó cuando Alberto Migré la notó tras una breve aparición televisiva. Ese llamado marcó el inicio de una carrera extensa, en la que el aprendizaje y el trabajo junto a nombres reconocidos de la escena argentina se convirtieron en rutina.

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Albertini no tardó en consolidarse, cada rol, cada función, fue sumando a una trayectoria que todavía celebran quienes la vieron crecer frente a las cámaras.

Marta Albertini, actriz nacida en Uruguay y consagrada en Argentina, se destacó en teatro, cine y televisión

En una conversación distendida con Teleshow, Marta Albertini destacó el atractivo de interpretar a personajes oscuros en la pantalla. “El personaje de mala te permite mucho juego”, expresó la actriz.

La intérprete insistió en el potencial lúdico de esos papeles. En sus palabras, encarnar a un villano implica no solo explorar registros inéditos, sino también generar impacto en los demás actores y en el público.

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Según Albertini, asumir estos roles brinda la oportunidad de “sorprenderte vos y sorprender a los otros”. Para ella, la construcción de un contrafigura resulta un desafío estimulante, capaz de renovar la experiencia actoral en cada escena. Sus interpretaciones como “la mala” incluyeron una gama distinta de comportamientos y motivaciones, aportando distintos matices a su actuación.

Pintura que muestra a una mujer con vestido claro y un hombre con traje oscuro, de pie; una tercera figura se vislumbra detrás
Marta Albertini y Claudio García Satur en «Dos a quererse», de Alberto Migré

—¿El público cómo te veía?

—Como una psicópata. Pero la verdad que el público me odió y mucho. Pero después con el tiempo me amó. Era como… una necesidad de tenerme pese a lo odiada. (Se ríe)

—¿Qué aportaba el guion de Alberto Migré a tu trabajo?

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—Me lo daban muy servido. Migré era escribir las indicaciones a la derecha. Por ejemplo: “Enciende un cigarrillo, se sirve un vaso de whisky…”, te daba mucho material. Y yo me estudiaba todo. Horas encerrada estudiando.

Marta Albertini Entrevista
La actriz uruguaya revela cómo asumir papeles oscuros la ayudó a descubrir nuevas facetas y a conectar de formas inesperadas con el público argentino

—¿Podés contar alguna de las situaciones más insólitas que viviste a causa de tu fama y de tus paples de malvada?

—Era todo tan ingenuo…un día estaba en el cine Gran Splendid, Y esperando que una amiga sacara una entrada para entrar al cine. Y veo que una mujer empieza a avanzar y avanzar hacia mí, se me acerca y me dice: “Estúpida, no te das cuenta que Claudio no te quiere”, en referencia a Claudio García Satur con quien hice “Dos a quererse”, junto a Thelma Biral.

—¿Te pasó otras veces que alguien te maltrató por la calle?

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—Era el momento de más éxito de «Dos a quererse», fui a un negocio y una empleada le dice a la otra: “Atendéla vos, porque yo a esta no la atiendo”, y en la cara me lo decían.

—¿Qué recordás de tus primeras experiencias como espectadora de la televisión argentina?

—Me acuerdo que tenía doce años, y a escondidas veía el programa “Cosa Juzgada” donde estaban estaba Norma Aleandro, Marilina Ross, lo dirigía david Stivel, eran unitarios en blanco y negro, por supuesto. Después me encantaban también los shows, por ejemplo, Casino Phillips, Pepe Biondi.

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Primer plano de Lady M con cabello oscuro y largo, ojos marrones, y una sonrisa que muestra dientes blancos. Su rostro está bien iluminado
La historia de una joven artista que encontró inspiración, fama internacional y una nueva familia gracias al teatro y la televisión argentina

—¿Por qué decidiste quedarte a vivir en Argentina?

—Me fui quedando, tenía trabajo, papeles inolvidables. Después con los años vino mi mamá a vivir a Buenos Aires, mi hermana, también mi hermano, los dos hoy viven en Australia. Estoy llena de sobrinos australianos, y sobrinos nietos.

—¿Volviste alguna vez a Uruguay a vivir?

—Fui a hacer una obra hace muchos años atrás, en 1978. que dirigió Mario Morgan. “Se busca amante ardiente», un personaje divino. La verdad que me fue muy bien, pero Buenos Airesa mí me enganchó y justo vio la obra Carlitos Perciavalle y me dijo: “¿Por qué no te venís de nuevo a Buenos Aires a hacer conmigo Scapino?”, con dirección de China Zorrilla. Por supuesto acepté. Es decir, ya no me puedo adaptar a Montevideo. Ese tiempo que estuve lo disfruté por mi familia, pero es, es rarísimo lo que me pasa. Es decir, el ritmo de Montevideo no es el mío.

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—¿Cómo fue la llegada de las telenovelas argentinas al público internacional?

—El trabajo que tuvimos maravilloso de las telenovelas, fue además de conectarte con el público acá y que el público se acerca a vos y te recuerde. Los argentinos son únicos, siempre te reconocen y, y después van a verte al teatro, pero antes te veía por las novelas. Después con los años también vino el contacto con el extranjero, Italia, Israel.

Retrato de Lady M sonriendo, con cabello rizado castaño, collar dorado y blusa a rayas azules y negras, detrás de hojas verdes
Marta Albertini: de una infancia en Montevideo al estrellato en Buenos Aires, papeles de villana odiada y la conquista de la televisión internacional

—¿Qué impacto hubo en esos países?

—Fueron un éxito impresionante…todas. Después “Amándote”, con Arnaldo André en Italia, fue espectacular la repercusión. También trabajé en “Cosecharás tu siembra”, producción de Omar Romay con Osvaldo Laport, “La extraña dama”, también otra con Arnaldo André, que él la dirigió, “Romanzo”. Hoy en día se dan en Italia, en Brasil, en Israel. ¿Sabés por qué nos enteramos?, por Facebook o por Instagram, también. Los italianos tienen locura con las novelas argentinas. Dicen: “Acá en Italia llegan las turcas, pero a nosotros nos gusta las ficciones argentinas”. En Israel me escriben diciendo,y esto le ha pasado a otros actores, “Yo estoy aprendiendo español viendo las novelas de ustedes”.

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—¿Cómo percibís el impacto social de las telenovelas y su legado?

—Hay que darse cuenta la función importante que cumple una novela, aprender un idioma, también te pasa que la gente dice: “Ay, gracias a usted que me acompañó, yo estaba enferma, no me podía levantar de la cama y las veía a ustedes y me llenaban la vida”.

Hombre mayor de pelo blanco sonríe detrás de mujer mayor de pelo oscuro, ambos mirando a la cámara. Ella lleva una blusa blanca, él una camisa clara
Marta Albertini y Arnaldo André, colegas y amigos

Doradas

Grupo de seis personas, incluyendo a José María Muscari, Cristina Alberó y Carolina Papaleo, posando sonrientes en un sofá blanco, con un fondo dorado ornamentado
El director José María Muscari posa junto a las actrices Cristina Alberó y Carolina Papaleo, rodeados de otras figuras, en un lujoso escenario adornado con detalles dorados y exóticos para un evento especial

—¿En qué consiste tu trabajo actual en teatro y cómo ves la reacción del público?

—Muscari tuvo la inteligencia, la genialidad de decir: “Hablemos de esa época”. El público no sabés cómo lo agradece. Claro, nosotros hablamos de una época que la gente joven no tiene idea. Hay un público adulto mayor divino, pero también la gente joven que va es porque le gusta los medios y entonces quieren saber cómo era antes. Y aparte mencionamos de repente un actor, una actriz, por eso “Doradas”, porque es la época dorada del cine, del teatro, la tele. Yo desde Uruguay era chica y veía la televisión argentina y era como Hollywood.

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Marta Albertini, con cabello castaño y flor rosa, en un top lila brillante y falda estampada, levanta su brazo derecho en el escenario
La actriz Marta Albertini interpreta un momento conmovedor de la obra ‘Doradas’, luciendo un atuendo brillante mientras levanta el brazo en el escenario.

—¿Dudaste cuando te convocó José María Muscari para trabajar en teatro?

—Él me convocó, cuando también recién comenzaba, para una obra y yo justo en ese momento estaba de gira de teatro y no pude. Pasó el tiempo y también estaba ocupada haciendo gira con “Dónde estás, corazón”. Luego pasó el tiempo y no pude coincidir con él, pero yo iba a ver todos sus espectáculos. Por supuesto, dejó de llamarme. Pero yo lo seguí mirando y felicitándolo. Cuando me llamó el año pasado, primero me llega un mensaje: “Te está buscando José María Muscari”. Digo: “¿Para qué?”

—¿Y entonces, que ocurrió?

—No lo podía creer. De entrada le dije que sí, a su propuesta. La obra recién llegó en noviembre. Me enteré de qué se trataba, y además con la ayuda de la inteligencia artificial. La verdad un desafío. Aprendí muchísimo con él, porque te enseña a no tener miedo. Hay que hacer lo que vos querés, como quieras y que no te importe nada. Porque uno a esta altura está lleno de prejuicios, de miedos. Uno va acumulando mensajes que le quedan en el inconsciente. No hagas esto, no hagas lo otro. Como que uno vuelve a la etapa de la infancia. Nos divertimos y mucho gracias a él.

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CHIMENTOS

Barby Franco en “Lo De Pampita”: “Era normal que mi papá, en vez de abrazarme, me pegue”

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Lo De Pampita – Barby Franco

Barby Franco es una modelo argentina reconocida en el mundo del entretenimiento y la moda. Su carrera comenzó en televisión como azafata en el programa A todo o nada de Guido Kaczka, donde se ganó la simpatía del público por su espontaneidad y carisma.

Su rol en el ciclo le brindó popularidad y la impulsó a establecerse como figura mediática en Argentina. Además de su carrera televisiva, trabajó como modelo, participando en campañas publicitarias y programas de espectáculos.

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Desde hace 16 años está en pareja con el abogado Fernando Burlando. Se conocieron en televisión y demostraron una gran conexión que perdura a lo largo de los años. La deseada llegada de Sarah, en 2022, marcó un punto de inflexión para la pareja.

Tras más de una década de relación, celebraron el nacimiento de su primera hija, un acontecimiento que consolidó aún más su vínculo y les permitió experimentar una nueva etapa personal.

«Trabajaba con Guido Kaczca y fue Burlando: tenía un jopo rarísimo, de muchos colores. Lo vi y digo ‘qué lindo señor’. Nunca en mi vida había salido con alguien tan grande», cuenta Barby

Acá, los momentos más destacados de la charla:

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—Y un día llega un señor, abogado. ¿Fue amor a primera vista? ¿Cómo fue esa situación?

—Trabajaba en el programa de Guido Kaczca y Burlando fue a acompañar a su hija Delfi. Él tenía un jopo rarísimo. De muchos colores. Digo, “¿qué le pasa a este señor?“. Yo lo vi y digo “qué lindo señor”. Yo nunca en mi vida había salido con alguien tan grande. Como que lo veía con músculos, grandote, con su impronta de conocer el mundo. Empiezo a preguntar: “Che, ¿quién es el señor que estaba ahí?“. ”Ah, no, un señor que es abogado”. Y Burlando también preguntaba: “Che, ¿quién es la chica que estaba ahí?“.

—Flashearon los dos.

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—Sí, fue tremendo.

—¿Y quién llamó a quién?

—No me acuerdo si él me mandó un mensaje o yo. Yo estaba en mi barrio, ahí, con mis primos, me acuerdo, tomando una birra… “Conocí a un señor que me regustó”. Y ellos me decían, “ay, Barby, es reviejo, es regrande, ¿qué te va a dar bola?“. Pero había algo ahí, yo sabía que se iba a dar.

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—¿Cuál fue la primera cita?

—Me invitó a cenar. Yo estaba renerviosa, no sabía qué ponerme. Y me puse un shortcito de jean matado. Era de esos shortitos de batalla, que los tenés hace un montón. Unas zapatillas horribles y una remera blanca. Me pasa a buscar y me dice: “Estoy con un autito rojo”. Nada, yo en ese momento no entendía mucho de autos.

—¿Y con qué cayó?

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—Y cae con un coso que hacía un ruido. Digo, “¿qué es esto?“. Yo no sabía cómo abrir el auto. Ahora, que entiendo… había caído con una Ferrari.

—¡Nooo!

—Yo no entendía nada. Digo, “¿qué hace con este auto de mierda, que es horrible, que hace un reruido?“. Digo, ”bajá, bajá el volumen del auto». Y fuimos a cenar a un restaurant italiano, que hoy en día seguimos yendo y es como nuestro lugar. Y de ahí no nos separamos más. Fue como reloco.

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—Con el señor Burlando estamos hace quince años juntos. Cuando nos pusimos realmente en pareja, al cien por ciento, como que nunca nos cuidamos. Era como que si pasaba, pasaba.

—Pero no pasaba.

—Pasaban cinco, seis, siete, ocho años y digo: “¿Qué está pasando?” Como mujer, ¿no? Digo, él tiene dos hijas, él no debe ser el problema, el problema debo ser yo. Me empiezo a estudiar yo, mi cuerpo, mis genes, el endometrio, toda la parte ginecológica: todo perfecto, todo impecable. Bueno, a los 28, 29 años, me saco óvulos. Digo, bueno, vamos, vamos con el primer intento. Yo estaba resegura que iba a quedar. Digo soy joven, tengo treinta años, voy a quedar. Me pongo el primer varón, que acá en Argentina ya tenés…

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—Te pueden decir el sexo…

—Y yo quería el varón, moría por el varón. Me pongo el primer varón, digo, listo. A las dos semanas embarazada. Nada. La segunda vez que lo volvemos a intentar, dije listo, es mi año. Vamos a la casa de Punta del Este y dije “listo, acá con sol, tranquila”, capaz que la vez anterior estaba estresada. A las dos semanas me vuelven a decir: “No, mirá, no creció la hormona” y ahí nada, me empiezo a enroscar. Yo soñaba con ser mamá desde chiquita y dije “no debe ser para mí este señor”, como que yo no tenía tantas opciones. Y ahí caés vos y me dijiste vamos a Luján, venite.

—Y un día me dijiste “debo tener cáncer”. Y yo nunca sentí que tenías algo grave. “Vamos a caminar a la Virgen y vos pedile, entregale tu corazón”.

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—Yo te juro que dije» uy, ¿voy a caminar 70 kilómetros? ¿Qué le digo? Si le digo que no, voy a quedar re mal. Si le digo que sí, no voy a llegar», decía yo por dentro. Y dije: Sí, vamos.

—No fue una caminata normal, yo camino todos los años. Vino un diluvio universal que terminamos con bolsas de residuos en la cabeza.

—Y habíamos empezado con el parlante que llevábamos. Íbamos meta cumbia, choripán, todo, caminando, diosas, no sé qué… ¡fue tremendo eso! Entramos a la basílica, saludamos a la virgen, rezamos y nos largamos a llorar todas.

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—¿Ahí qué pediste? ¿Cómo de fuerte fue ese pedido?

—No, en alma y cuerpo como que yo no podía más, pero la vi a los ojos y dije: “Por favor, mandámela, mandámela, mandámela”. Y nada, y salimos de la basílica, ni una gota de lluvia. Y a los tres meses embarazada naturalmente, de la nada.

—Natural.

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—De la nada.

—Para mí era re normal que desayune cerveza, que desayune vino, que meriende, que almuerce vino, como que todo el tiempo estaba, estaba con eso y yo lo veía como normal. Normal que venga y, en vez de darme un abrazo, me pegue, ¿entendés? Te estoy hablando yo de diez, once años.

—¿Le tenías miedo a tu papá?

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—Sí, pánico. Sí, sí, sí.

—Ibas con moretones al colegio.

—Sí, sí, sí. Sin dormir, sin nada. Es más, en un momento me iba muy mal en el colegio y, claro, como que decían: “¿Qué pasa en la casa de esta chica?” Y nada: ahí tuvimos la decisión con mi mamá de denunciarlo.

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—¿Vos la ayudaste?

—Sí, sí, con catorce, quince años de agarrar y decir: “Loca, vamos, dale”. Porque, pobre, mi mamá muy sumisa, una mujer como muy tímida, muy retraída, como que no agarraba la iniciativa. En ese momento no se escuchaba mucho a la mujer y en el barrio, menos. Hizo cinco, seis, siete denuncias…

Dos mujeres sentadas en un sofá beige. Una con camisa blanca, corbata y falda, la otra con vestido blanco de un hombro. Se miran sonrientes en un estudio minimalista
«En un momento me iba muy mal en el colegio y como que decían: ‘¿Qué pasa en casa con esta chica?’ Ahí, con mi mamá, tomamos la decisión de denunciar a mi papá», explica

—Y no le hacían caso a tu mamá.

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—Nada. “No, vaya, esto es problema de familia, no pasa nada, lo van a resolver”. Tenía un conocido con Fernando en ese momento, que yo no sabía que ese amigo había llamado a Fernando. El tipo dice: “Bueno, hoy les mando un móvil”. Fuimos a mi casa, cae todo: Prefectura, Gendarmería, la Policía. Claro, se ve que Fernando había…

—No estaba en tu vida, pero ya estaba en tu vida.

—Pero yo no tenía ni idea. O sea, yo lo había llamado a mi conocido, que se ve que era amigo de él.

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—Y tu mamá golpeada, ¡qué desesperación!

—¡No dábamos más! Vienen y se lo llevan preso. ¡Nunca sentí tanta paz y felicidad en el momento que lo estaban llevando!

—¿Y él qué te dice cuando llega la policía?

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—Nada, él estaba borracho, creo.

—Te hubiera gustado que se curara, tener ese papá que no tuviste.

—Sí, sí, pero ya no. Imposible. Imposible. Hicimos todo lo que hicimos, internarlo en la famosa granjita de rehabilitación. No, nada, nunca más.

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“Burlando me pidió matrimonio haciéndose el muerto”

—¿Qué pasó con el casamiento? Yo tengo el vestido listo. Voy a ir a esa propuesta. Ya una semana antes te empezó a decir que sentía mal del pecho.

—Sí, que le dolía el pecho. Dije: “Uy, le va a agarrar un paro, se va a morir”. Lo llamaba al cardiólogo. Y él me dice: “No, quedate tranquila, no tiene nada, pero puede ser que le pase”. Bueno, okey. Estaba en un partido de polo, tenía cámaras por todos lados. Empieza a decir: “Ay, me duele, me duele el pecho, me duele el pecho”. Se cae del caballo. Muerto.

—Un actor de película.

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—“¡Boluda, se murió, se murió! ¡Andá, andá!”. Y yo tipo: “¿Cómo que se murió?”. Y me empujaban para que vayan a verlo. Subo a la ambulancia. Y él así, muerto con la máscara. Electroshock, no sé qué. Digo: “No, no, ¿qué hago? ¿Cómo le digo a las hijas, que…?”. Los médicos me miran y dicen: “No, no podemos hacer más nada”. Yo llorando: “¿Cómo que no podés hacer más nada?”. Y él se levanta y me saca el anillo. Estuve con estrés postraumático, como dos semanas con fiebre. Me mató.

—Y ahí saca el anillo, ¿y qué le decís, Barby?

—¡Nada, lo reputeé! Obviamente le dije que sí y lo reputeé porque no podía creer toda la situación, y todo el mundo atrás aplaudiendo. Yo mirando a la situación, y pensando “pero si se acaba de morir”.

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—Y tu cabeza decía: “Ha muerto en serio”.

—Sí, sí, estuve retraumada. Bueno, le digo sí, organizo el casamiento, todo en dos, tres, cuatro meses. Y no sé qué pasó. Hice un chiste en la tele, no me acuerdo. Me dijo: “Suspendé todo”.

—¿Qué hiciste con el anillo?

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—¿Te acordás que lo había vendido por una aplicación? Mucho de marcas no entiendo. Pero hoy en día me entero que era un Piaget. Lo vendí por quinientos pesos. Salía como 15 mil dólares. ¡Yo qué sabía que era un diamante con no sé qué! ¡Ni idea! Ahí yo dije: “No, ya está, nunca más”.

—¿Hicieron terapia alguna vez?

—Nunca. Si hay amor, la vida sigue. Aunque yo investigo mucho.

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—Ojito, ambas investigamos mucho.

—¿Es verdad que te habías separado de Martín Pepa?

—Sí, obvio, pero dos semanas nada más.

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—¿Y por qué?

—Y porque nos cuesta la distancia. Cada tanto nos desesperamos. Pero me la estoy bancando rebién. Imaginate que estoy tres semanas acá, viajo una, tres semanas acá, viajo una, hago lo que puedo.

—Y él es re bueno.

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—Sí, él es lo más. Vale la pena el esfuerzo.

—Sí.

—Porque es una persona muy especial.

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—La nena viene y me dice: “Mamá, vino Jesús”. ¿Cómo que vino Jesús? “Sí, mamá, vino cuando yo estaba durmiendo en la cuna, vino Jesús. Me saludó y me dijo: ‘Hola, Sarah, ¿cómo estás?’”. Y yo digo: “No, está inventando”. O viste cuando decís: “No puede ser”. Y yo tipo ¡dura, pálida, intacta! A las dos semanas nos vamos al campo, Viernes Santo.

—Justo Viernes Santo también.

—Por eso, es como todo muy raro. Vamos manejando re tranquila, en ochenta, setenta, ahí por ruta tres. Súper relajada, ella atrás en su sillita, con la niñera, re bien. Y de la nada veo un rastrojero de color naranja, que yo… ¿viste?, ya tenés el instinto de “se va a mandar, se va a mandar”…

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—Que se va a mandar en contramano.

—¡Nunca pensé que se me iba a venir de frente! A todo esto, yo al lado tengo un camión de nafta. O sea, si yo me mandaba para allí, iba a chocar con el camión, iba a ser todo como un desastre. El tipo dobla, yo como que hago una maniobra, que estaba con esta camioneta que me regaló Burlando, que hoy en día tipo agradezco a la vida de haber estado con esa camioneta. Hago como el frenado letal, pero el de atrás, claro, me la pega a mí. Pero nada, por suerte no nos pasó nada, ella no se enteró de nada, fue como un golpecito, muy poquito. Ella no se enteró de nada, pero lamentablemente los de atrás sí se golpearon, una pareja de jubilados con un perrito… El tipo se mandó contramano por la banquina y siguió. Pudimos detectar al señor, tenía como ochenta años, que encima se dio a la fuga. El tipo cuando llega a su casa deja el rastrojero, agarra una camioneta para irse, se estaba yendo para la costa, nivel fuga. Y Burlando haciendo su trabajo legal, lo pudieron encontrar y le sacaron el carnet.

—Ahí estabas protegida.

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—Pero fue un milagro.

—Protegida. Jesús las protegió.

—Después yo también me quedé como todo un día en shock, como que empecé a unir todo, toda la situación: que yo había visto a Jesús, Viernes Santo, Pascuas, como que dije, bueno, no, Barby, ¡quedate tranquila que estás protegida!

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—¿Alguna vez te agarraste de los pelos con alguien?

—Sí, me robaron la cortina.

—¿Qué?

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—Había ahorrado un montón de plata para ponerme una cortina. ¿Viste esas que te ponen pelo y que quedás divina?

—Tu primer cortina.

Dos mujeres, Pampita y Barby Franco, se sientan sonrientes en un sofá. Una lleva camisa blanca y corbata negra, la otra un vestido blanco asimétrico. Fondo gris
«¿Y la que me hizo Burlando con el anillo de casamiento? Obviamente le dije que sí, pero también lo reputeé», reconoce

—Mi primer cortina, literal. Fui al boliche con amigas y en un momento había una piba que me miraba raro. Estaba ahí, en el VIP, viene la piba, me mira y medio que me empuja. Claro, yo tenía veinte años, me sale el barrio de adentro: “Eh, ¿qué hacés? ¿Qué me tocás?“, plum, plum, plum, plum, me arranca el pelo, me arranca la cortina, se queda con el gato en la mano. Yo la miro y digo: “No, mi cortina”. Y la hija de p… agarra el pelo y se lo lleva.

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—¡¿Salió corriendo con la cortina?!

—Humillada, pelada quedé.

—Es más, lo cara que la cortina.

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—No, no, no entendés lo que lloré.

—Aprendiste la lección, por cabrona.

—Y ahí nunca más, dije: “¡No me van a chorear otra vez el pelo!”

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Disfrutá la entrevista completa en el video.

Fotos: Maximiliano Luna



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Qué ver en Netflix: la película del Dibu Martínez ideal para palpitar el mundial

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A medida que crece la expectativa por el Mundial 2026, Netflix decidió jugar una carta fuerte para meterse de lleno en el clima futbolero. La plataforma estrenó Dibu Martínez: El pibe que ataja el tiempo, un documental que repasa la vida del arquero de la Selección Argentina y muestra el recorrido que lo llevó desde su infancia en Mar del Plata hasta convertirse en uno de los grandes héroes deportivos del país.

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La producción, de poco más de una hora de duración, propone un viaje por los momentos más importantes de la carrera de Emiliano Martínez. Desde sus primeros pasos en el fútbol hasta las noches más gloriosas con la camiseta argentina, el film reconstruye una historia marcada por la perseverancia, los sacrificios y la convicción de perseguir un sueño que parecía lejano.

Uno de los grandes atractivos del documental es la presencia de figuras fundamentales en la vida profesional del arquero. Entre los testimonios aparecen Lionel Messi y Lionel Scaloni, quienes aportan su mirada sobre el impacto que tuvo el Dibu dentro del grupo campeón del mundo y la importancia que adquirió en los momentos más decisivos de la historia reciente de la Selección.

Además de las entrevistas, la película incorpora material de archivo inédito, recuerdos familiares y secuencias animadas ilustradas por Liniers. Esa combinación le aporta un tono dinámico y emotivo que busca conectar tanto con los fanáticos del fútbol como con quienes simplemente disfrutan de las historias de superación personal.

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LA SERIE DEL DIBU MARTÍNEZ QUE LA ROMPE

Basada en un relato de Hernán Casciari, la propuesta también pone el foco en el costado más humano del arquero. Lejos de quedarse únicamente en sus atajadas históricas o en los títulos obtenidos, la producción intenta mostrar quién es Emiliano detrás de los guantes y cómo construyó una personalidad que hoy despierta admiración en millones de personas.

Con el Mundial cada vez más cerca, Netflix encontró una forma ideal de encender la pasión futbolera. Y lo hizo contando la historia de un chico que soñó con defender un arco, trabajó durante años para lograrlo y terminó transformándose en una de las figuras más queridas del deporte argentino.

 

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Grego Rossello lució un edredón en su cama que generó debate y le hizo un planteo a Wanda Nara: “Fue toda su culpa”

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Grego Rossello alteró las redes sociales al compartir una insólita polémica de su departamento que terminó salpicando a nada menos que Wanda Nara. Todo comenzó cuando el influencer mostró en sus stories de Instagram una imagen de su cama, con un edredón color bordó oscuro que generó una catarata de comentarios, debates y memes entre sus seguidores y amigos. El propio Grego reconoció que no esperaba semejante repercusión y, fiel a su estilo descontracturado, le echó la culpa a Wanda por no pasarle la marca del edredón que le había gustado en una de sus historias.

Grego Rossello desató una fuerte polémica en redes sociales al mostrar el acolchado bordó de su dormitorio en Instagram
Grego Rossello desató una fuerte polémica en redes sociales al mostrar el acolchado bordó de su dormitorio en Instagram
La foto del edredón bordó generó debates, memes y comentarios virales sobre decoración y estilo en la comunidad de seguidores
La foto del edredón bordó generó debates, memes y comentarios virales sobre decoración y estilo en la comunidad de seguidores
Influencers y usuarios compararon la habitación de Grego con célebres figuras como Hugh Hefner, Sandro o Leo Mattioli por el estilo del edredón
Influencers y usuarios compararon la habitación de Grego con célebres figuras como Hugh Hefner, Sandro o Leo Mattioli por el estilo del edredón

Todo empezó de la manera más inocente: el presentador de Ferné con Grego (Telefe) subió la foto de su dormitorio y preguntó a sus seguidores si era “muy polémico el bordó”. “Me gustaba que haga juego con las mesas de luz. Pero parece el cuarto de Hugh Hefner”, bromeó, abriendo una encuesta para saber si la su comunidad bancaba el color o si, como temía, era demasiado jugado. Por si acaso, admitió que también lo había comprado en gris “por las dudas”.

La reacción fue inmediata y feroz. Los mensajes iban desde el elogio (“Hermoso, pero parece cama de telo”) hasta la crítica despiadada (“Es un espanto. Perdón. Pero parece buena calidad jajajaja”; “Un horror”; “Me da a telo”). Algunos seguidores lo acusaron de haber montado un prostíbulo, otros sugirieron que era la habitación de Sandro, Leo Mattioli o “un telo low cost”. Incluso, sex shops lo contactaron por privado para ofrecerle juguetes y productos para “ese telo”, a lo que el conductor respondió entre risas: “¡Es mi cuarto lpm no es un telo!”.

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El presentador de Ferné con Grego (Telefe) admitió haber comprado también un acolchado gris ante la presión y críticas por el color
El presentador de Ferné con Grego (Telefe) admitió haber comprado también un acolchado gris ante la presión y críticas por el color
Lo que arrancó como una duda de decoración terminó en críticas, chistes y consejos de todo tipo
Lo que arrancó como una duda de decoración terminó en críticas, chistes y consejos de todo tipo
Grego Rossello compartió con humor los ingeniosos mensajes de sus seguidores y la intervención graciosa de su propia madre sobre la decoración
Grego Rossello compartió con humor los ingeniosos mensajes de sus seguidores y la intervención graciosa de su propia madre sobre la decoración

El propio influencer no pudo evitar reírse de la cantidad de mensajes y del ingenio de la gente: “Récord de mi Instagram, la cantidad de gente que votó por el acolchado horrendo. Son malos, ¿eh? Porque si pongo algo lindo, no aguanta nadie. Pongo algo feo, cómo me dan, hijos de p…”.

La polémica siguió cuando Grego decidió probar con distintas luces y estilos de fotografía. “Con la luz cálida no queda tan chillón y me gusta bastante. Pero con la luz de día realmente es un telo”, admitió, compartiendo otra imagen de la habitación teñida de rojo intenso. “Con esta luz encima que puse ahora, realmente es el cuarto de Christian Gray del tercer cordón del conurbano. A mí me gusta. Me la banco”, sentenció, aceptando con humor el veredicto popular.

La votación en Instagram y los mensajes que comparaban el cuarto con un “telo” aceleraron el cambio de plan
La votación en Instagram y los mensajes que comparaban el cuarto con un “telo” aceleraron el cambio de plan
La imagen que compartió en sus stories de Instagram provocó una catarata de comentarios, debates y memes
La imagen que compartió en sus stories de Instagram provocó una catarata de comentarios, debates y memes

Entre los consejos de sus seguidores, uno se destacó por intentar “salvar” la decoración: “Combínalo con más almohadas de color gris y tal vez una manta en los pies”. Rossello no tardó en confesar que había comprado un acolchado gris de repuesto, cediendo ante la presión de la comunidad y de su propia madre, que intervino a través de un mensaje: “¡No compres solo! Volando llegó el gris. Es re lindo”. El influencer, resignado, replicó: “Tengo 34 años, puedo comprar solo”.

La historia dio un giro inesperado cuando el creador de contenido mostró la conversación privada que mantuvo con Wanda Nara. Todo había comenzado días antes, cuando Wanda subió una foto de uno de los cuartos de su casa y Grego, rápido de reflejos, aprovechó la excusa del edredón para escribirle: “Hola Wan, vi la historia del cuarto en tu casa. ¿Te puedo preguntar de dónde es el edredón? Y de paso si tenías ganas que vayamos a tomar algo juntos”. Wanda, lejos de esquivarlo, le siguió el juego: “Ja, ja,ja. Es hermoso el edredón. Pero no sé si me decís de verdad o es una excusa ja, ja, ja, ja”. Rossello respondió con honestidad: “Me encantó el edredón”.

El humorista confesó que su consulta a Wanda Nara sobre la marca del edredón originó un intercambio divertido y viral en redes sociales
El humorista confesó que su consulta a Wanda Nara sobre la marca del edredón originó un intercambio divertido y viral en redes sociales
Sex shops aprovecharon la viralización para ofrecerle productos y juguetes a Grego Rossello tras la polémica por su cuarto
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El intercambio, que el influencer compartió con sus seguidores, terminó viralizándose y desató una ola de especulaciones sobre si realmente había habido un coqueteo o si todo quedó en una divertida anécdota virtual. “Después les cuento si funcionó la del edredón”, bromeó el humorista.

Fiel a su estilo, Grego cerró la secuencia con un mensaje que resumió la experiencia: “Fue todo culpa de Wanda que no me pasó su marca de edredón”.

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