CHIMENTOS
Mario Pergolini recordó el día que hizo enfurecer a Mariano Mores: “No toca un carajo”

Con el humor ácido que lo caracteriza y rodeado de risas en el estudio de Otro Día Perdido (Eltrece), Mario Pergolini volvió a demostrar que algunas de sus mejores anécdotas nacen de momentos incómodos. Esta vez, el conductor sorprendió al recordar un episodio tan insólito como inolvidable: el día que se cruzó con el legendario pianista y compositor Mariano Mores y terminó protagonizando una escena que hoy, con el paso del tiempo, le genera más vergüenza que orgullo.
Todo comenzó, según relató, cuando intentó incursionar en el piano en sus años más jóvenes. “Cuando intenté estudiar un poco, una de las cosas que aprendí a tocar es tango, porque te da otro ritmo”, explicó, marcando el contexto de su vínculo con la música. Entre las piezas que incorporó a su repertorio amateur estaba nada menos que “Uno”, una de las composiciones más emblemáticas del propio Mores.
El destino, caprichoso, hizo que en una ocasión coincidieran en un teatro, en un horario de ensayo. Allí estaba el maestro, acompañado por una orquesta que el conductor describió como “tremenda”. Lejos de achicarse ante la figura del músico, decidió acercarse. “Con la humildad de nadie”, bromeó, anticipando lo que vendría después.
El conductor se presentó y, con una mezcla de admiración y atrevimiento, lanzó la frase que desataría toda la situación: le dijo a Mores que él tocaba “Uno”. La respuesta del compositor fue inmediata y elegante: “Por favor, tóquelo”. Lo que podría haber sido un gesto protocolar terminó convirtiéndose en una invitación concreta. Mores se corrió del piano, le dejó el lugar y se dispuso a escucharlo.
“Encima se corre como diciendo: ‘Bueno, te escucho’”, recordó el animador, todavía sorprendido por la escena. Sin posibilidad de escapar, se sentó frente al instrumento y comenzó a tocar. Pero la ejecución duró apenas unos segundos. “Hago esto… tin, tin, ti, ti…”, recreó entre risas.
La reacción de Mores fue tan rápida como contundente. “Me para y me dice: ‘No, no, espere’… y me dice: ‘No toca un carajo’”, relató Pergolini, generando la carcajada generalizada en el estudio. El golpe de realidad fue directo, sin filtros, y dejó al conductor en una situación incómoda. “Me dice: ‘No, usted toca muy mal Uno’”.
El desconcierto fue total. Mario lo miró sin saber si se trataba de una broma. En ese instante, según contó, intervino una tercera persona para explicarle la situación y evitar que el momento escalara aún más. “Vino un señor y me dice: ‘Sí, es muy especial para él’”, recordó. Acto seguido, lo retiraron del lugar mientras el maestro, aún molesto, comentaba la situación con su entorno.
“Y este tipo viene y me dice que toca ‘Uno’. ¡Lo toca para el ort…!”, reprodujo Pergolini, imitando lo que escuchó mientras se alejaba. La escena, que en su momento fue incómoda, hoy se convirtió en una anécdota que mezcla humor, vergüenza y un toque de autocrítica.

También Pergolini recordó cuando en otra oportunidad comenzó a tocar un piano en un shopping de Estados Unidos que tenía un cartel que pedía que solo se siente a tocar allí personas que tenían conocimiento del instrumento. Pero nuevamente la experiencia no salió como esperaba. “Apareció un señor y me señaló el cartel como diciendo: ‘¿No leyó que es solo si sabe tocar?’”, contó, provocando nuevas risas en el estudio.
Ambas historias dejaron en evidencia un patrón que el propio Pergolini reconoció con ironía. “No lo toqué nunca más”, admitió sobre el piano, y agregó, exagerando el desenlace: “Prendí fuego el piano en casa”. La frase, claramente humorística, cerró el relato con el estilo irreverente que lo caracteriza.
Más allá del tono distendido, la anécdota también revela el peso simbólico de figuras como Mariano Mores dentro de la música argentina. Para Pergolini, aquel encuentro no solo fue un momento incómodo, sino también una experiencia que lo marcó. “Cada vez que lo veo me agarra como vergüenza”, reconoció.
CHIMENTOS
Las mil vidas de Wanda Nara: de sus inicios mediáticos al desafío de encabezar su propia serie vertical

Aunque hay muchas Wandas en el mundo, solo hay una capaz de reinventarse una y otra vez y sorprender en cada etapa. Desde sus primeros pasos en el espectáculo, Wanda Nara construyó una carrera que parece el relato de muchas vidas en una sola: modelo, vedette, empresaria, representante, conductora, cantante, influencer y ahora, protagonista y productora de una ficción innovadora que la vuelve a unir en pantalla con Maxi López. El próximo lunes 11 de mayo, Wanda suma un nuevo hito con el estreno de Triángulo amoroso, la primera serie vertical original de Telefe Studios, que promete romper moldes en el ecosistema digital y televisivo argentino. Así lo relató en una charla exclusiva con Teleshow desde Uruguay, donde está instalada por nuevos compromisos laborales.
En la previa al estreno, Wanda se mostró entusiasmada y, fiel a su estilo frontal, no dudó en comparar este formato con sus primeras experiencias en el teatro: “La serie vertical la relaciono más, quizás, con un sketch”, explicó. Además, el ritmo de trabajo fue tan vertiginoso como innovador. “Lo iba haciendo como sobre la marcha, pero era más Wanda. Yo creo que en la ficción vertical es Wanda. Es una parodia un poco nuestra”.
La ficción vertical es apenas el último capítulo en la extensa carrera de Nara, marcada por la audacia y la búsqueda permanente de nuevos horizontes. Modelo, presentadora, empresaria, cantante, manager de fútbol argentina, desde joven se animó a todo. Debutó como vedette en la temporada 2005-2006 de Humor en custodia y, en 2007, saltó a la fama como participante de Patinando por un sueño de la mano de Marcelo Tinelli.
Desde allí, su presencia en la televisión fue creciendo: en 2009 se sumó a El musical de tus sueños y en 2011 a Bailando 2011, donde debió abandonar la competencia por su embarazo, mudándose a Italia junto a Maxi. En su ausencia, su hermana Zaira tomó su lugar en el programa. Ya en Europa, Wanda dio un giro inesperado y se convirtió en agente de fútbol, asumiendo la representación de Mauro Icardi.



En 2017 publicó su primer libro, Campione in campo e nella vita, junto al escritor Paolo Fontanesi, y en 2018 debutó como corista y comentarista en el programa deportivo italiano Tiki-Taka. En 2020, durante la pandemia, fue panelista de Grande Fratello VIP en la televisión italiana. De regreso a la Argentina, su carrera no perdió impulso: participó y fue investigadora en ¿Quién es la máscara? (2022), ganó un premio Martín Fierro en 2023, y lanzó Wanda Cosmetics, su línea de belleza con llegada a Argentina y Estados Unidos.
El 2023 la tuvo como conductora de MasterChef, junto a Damián Betular, Germán Martitegui y Donato De Santis. Además, ese año publicó el tema y videoclip musical “Bad bitch”. En 2024 lanzó “O bicho vai pegar” y “Money” junto a Negro Dub, y en septiembre estrenó “Tóxica” junto a Kaydy Cain y Negro Dub. En paralelo, siguió al frente de MasterChef Celebrity y en 2026 repite ese rol.

La inquietud artística de Wanda no se agota. Aunque su experiencia teatral fue breve, no descarta regresar. “Yo hice teatro, pero sketches muy chiquititos, sobre todo. No descarto nada hoy en día, pero creo que la conducción me lleva mucho tiempo, muchos meses, muchas horas. MasterChef es muy difícil de hacerse. Ponés el cuerpo y no parece, pero después ves al aire una hora de programa, pero significa a mí entrar muy temprano, irme muy tarde a la noche”, aseguró.
Asimismo, Wanda nunca deja de soñar con nuevos géneros. “En su momento dije que era como un sueño que tenía de hacer una película de terror, me encantaría. En algún momento, sí. Siento que es más fácil que esto, que ya me equivoco”, bromea.


A la hora de hablar de perseverancia y compromiso, Wanda recuerda su paso por el Bailando en Italia: “Yo siento que si uno se prepara con la gente que tenés que preparar y lo encarás desde la responsabilidad de lo que el proyecto tiene y conlleva, creo que puedo hacer cualquier cosa. Cuando formé parte del certamen nunca me imaginé que iba a llegar a la final y mucho menos que lo iba a ganar». También recordó las expectativas que tenía ante de cara la final en ese entonces. “Competía con una mujer que era como la Susana Giménez de Italia, que en el medio del certamen confesó que había sido bailarina clásica toda su vida. Yo nunca había bailado, no coordinaba, no tenía oído… Y era querer hacerlo, querer ganar. Y me metí y terminé ganando contra ella una final que fue histórica en Italia. Entonces, a partir de ahí es que pienso que cuando uno se compromete con algo lo puede lograr”, ahondó.
Así, la historia vuelve al presente y a Triángulo amoroso, donde Nara demuestra que su capacidad de reinventarse es inagotable. De cara al estreno de Triángulo amoroso, la cuenta regresiva no solo suma ansiedad en el ecosistema digital y televisivo, sino también en el universo personal de Wanda, que parece decidida a sorprender en cada etapa. La serie vertical, tan novedosa en formato como en su apuesta por mezclar ficción y realidad, humor y guiños autobiográficos, es apenas el último episodio en una biografía que nunca deja de mutar. Como si su carrera estuviera hecha de capítulos y géneros diferentes, Wanda transita cada uno con la misma curiosidad y audacia que la llevaron de sus primeros pasos a manager, de madre a empresaria y de conductora a protagonista de su propia ficción.


En este presente, a horas de debutar como actriz en una serie que la reúne con Maxi en un juego de parodias, enredos y complicidades, Wanda suma un nuevo motivo de orgullo: la nominación a Labor en Conducción Femenina en la inminente edición de los premios Martín Fierro de la televisión 2026, que se celebrarán el próximo lunes 18 de mayo. El reconocimiento no hace más que confirmar que, pese a todo lo que ya conquistó, Wanda sigue encontrando formas de reinventarse y de ponerle su sello a cada desafío.
Así, mientras se prepara para una nueva “primera vez” y anticipa el vértigo del estreno, la reconocida empresaria demuestra que, aunque haya muchas Wandas en el mundo, solo ella puede vivir tantas vidas distintas y hacer de cada reinvención una celebración propia. Desde el escenario hasta la pantalla vertical, la empresaria, conductora y ahora actriz sigue escribiendo una historia donde la única regla es nunca dejar de sorprender.
wanda nara
CHIMENTOS
¿Está bien o es cualquiera? Daniela Celis se hizo una sanación de útero para vivir a pleno el amor con Nick: “Sentía asco en el cuerpo”

Sin dudas, la maternidad genera todo tipo de cambios en la mujer, ya sean emocionales, anímicos y físicos. Y fue este último el que, según manifestó la propia Daniela Celis en el verano, más le afectó ya que le costaba sentirse cómoda con sus nuevas curvas.
Y si bien para sus compañeros de streaming es una diosa y tiene un cuerpo hermoso, la ex participante de Gran Hermano hizo saber sus inseguridades post parto. A fin de sentirse mejor y amigarse con la imagen que le devuelve el espejo, Pestañela tomó una determinación.
¡Se sometió a una curación mediante un ritual! Luego de realizarlo, y apostando nuevamente al amor en medio de un gran presente profesional, Celis dialogaba con sus colegas del streaming de Telefe cuando, en charla con Fede Popgold se animó a revelar que “De repente mi cuerpo estalló”.
“Necesitaba saber qué estaba pasando conmigo. Hay algo que me daba asco. Sentía asco en el cuerpo, en todos lados. Como que no sabía qué me estaba pasando. Yo no soy así. Estaba baja de energía, muy mala”, detalló la ex de Thiago Medina.
EL RITUAL QUE LE VOLVIÓ LA SEGURIDAD Y FEMENEIDAD A DANIELA CELIS
A lo que Daniela, tratando de explicar los síntomas que la llevaron a buscar ayuda, continuó: “Lo que me hice, chicos, es una sanación de útero… . vieron cuando hacen como reiki o esas cosas, o los chacras. Me siento otra después de eso”.
“Dejé de llorar y volví a recuperar mi energía», remató Celis, quien actualmente se muestra feliz, sonriente, mostrando su lado sensual y apostando nuevamente al amor tras comenzar una relación con Nick Sicaro, el músico e influencer que pasó también por la casa de GH y que busca volver.
Daniela Celis
CHIMENTOS
Malena Guinzburg: “Quiero dedicarme a esto toda la vida”

A los desafíos del teatro de elenco se suma el nombre propio de una figura ya consolidada: Malena Guinzburg sigue ampliando su camino en los escenarios argentino. Ahora forma parte del elenco de “Casual”, comedia que explora vínculos y contradicciones actuales en la cartelera porteña. Hija de Jorge Guinzburg, reconocida por su trabajo en stand up y en el grupo Las Chicas de la Culpa, Malena cruza con naturalidad la frontera entre el humor individual, la actuación en grupo y la televisión, impulsando una voz propia en el mundo del espectáculo.
El estreno de “Casual” marcó un nuevo desafío para Guinzburg, que alterna las funciones en el Multiteatro de Buenos Aires con giras, televisión y sus proyectos con Las Chicas de la Culpa. La comedia, escrita por Federico Viescas y dirigida por Pablo Fábregas, aborda identidades y vínculos en la era digital a través de descubrir los secretos de un celular. Con un elenco que integran Carlos Belloso, Diego Gentile, Mica Lapegüe, Claudio Martínez Bel, Julián Ponce Campos y Lucas Wainraich.
Con funciones semanales a cuesta y una reciente nominación al Martín Fierro con Las Chicas…, la artista conversa sobre temores, aprendizajes y autenticidad en diálogo con Teleshow.

—En “Casual” das un salto importante al teatro de elenco tras muchos años de stand up. ¿Cómo viviste este proceso y qué aprendizajes te dejó?
—Fue un cambio enorme para mí. Ya el primer desafío fue modificar totalmente mi manera de actuar: dejar de ser yo misma, como en el stand up, y pasar a aprenderme una letra, a componer un personaje con cuarta pared. Sentí muchos miedos e inseguridades, sobre todo por compartir escenario con actorazos como Diego Gentile y Carlos Belloso. Una semana antes de estrenar lo agarré a Pablo Fábregas, al director, y llorando le dije: “Soy malísima”. Y me respondió: “Dejá de hinchar las bolas, divertite”. Me animó a disfrutar y hoy estoy muy feliz. Quiero que la vea todo el mundo y ahora siento mucho orgullo.
—¿Te planteaste en algún momento posponer tu carrera como humorista por este desafío?
—Soy medio cagona evidentemente. Tuve el temor de alejarme un poco del stand up, que venía funcionando bien y donde quería armar otro unipersonal, pero las ganas de hacer algo nuevo ganaron siempre. El proyecto, la obra, el elenco y el director me gustaban mucho más que cualquier miedo. Además, sigo con Las Chicas de la Culpa, así que el deseo pesó más que la inseguridad.
—¿Sentís que esta experiencia abre nuevas puertas en tu carrera actoral?
—Ojalá. Me divierto mucho. Al principio dudaba si hacer seis funciones por semana, repitiendo el mismo texto, me iba a aburrir. Pero no me faltaron ganas ni un solo día, siempre encontré cómo hacerlo de una forma nueva. Ahora quiero dedicarme a esto toda la vida.

—La trama de “Casual” gira en torno a los secretos y lo privado en la vida actual. ¿Te identificás con esta temática?
—Creo que, como todos, tengo algunos secretos. Mi Depende quién encuentre mi celular, tal vez pueda ver cosas que preferiría que no. Mi novio tiene mi clave, no oculto nada grave, pero me daría vergüenza que vean charlas tontas, como mis preguntas al ChatGPT por un grano o alguna playlist de música y que me digan “qué grasa”. Son esas “microvergüencitas” que uno no quiere mostrar. Eso sí: en mi vida de pareja no reviso celulares ni oculto nada, pero reconozco que soy algo chusma, incluso con los amigos.
—¿Creés que hoy el celular es literalmente nuestra extensión, como muestra la obra?
—Totalmente. Si alguien analiza tu celular puede saber todo: en qué gastás, qué hacés, cuánto tiempo pasás con cada cosa. Es como la caja negra de quiénes somos.
— Y en el Instagram de tu novio, ¿no mirás si alguna chica le pone un corazoncito, por ejemplo?
—No, igual, la verdad que mi novio casi no usa las redes sociales. Cero, cero, cero. Las usa por laburo nada más. No me da esa ni esa chance. A ver, tampoco me quiero hacer la recontrasuperada en la vida. Tal vez si yo viera que sí pasa eso de: “Che, siempre te pone corazones”, no haría ningún escándalo, pero miraría para ver quién es, ¿entendés?

—Con Las Chicas de la Culpa saltaste del teatro al horario central de los domingos en El Trece. ¿Cómo fue esa adaptación del humor al formato televisivo?
—Entendimos desde el comienzo que eran dos cosas distintas.En el teatro somos muy zarpadas, podemos hablar de todo sin filtro. En la televisión, los domingos a las 21 horas, ni siquiera es después del horario de protección al menor, así que tuvimos que armar un código propio y empezar a filtrar. Ahora también sumamos entrevistas, lo que cambió mucho la dinámica. De a poco encontramos nuestro estilo, nos divertimos e incluso vemos el impacto en la calle; mucha gente nos habla del programa, más allá de los números.
—Siguen manteniendo la “picardía” propia pese a los nuevos límites. ¿Cómo lo logran?
—Obvio, nadie nos puede quitar la esencia. Nuestro humor tiene eso picante y natural. Aunque en tele no podemos hacer lo del teatro, tratamos de conservar la chispa.
—¿Recibiste alguna reacción inolvidable por algún chiste o situación en teatro?
—En el teatro somos cuidadosas, no nos metemos con el público porque puede ser un caos, sobre todo con mil personas en el Nacional. Lo que sí pasa es que a veces decimos cosas muy graciosas en el teatro, pero si las subís a redes pueden tomarse mal porque salen de contexto. Ya nos pasó: subimos un recorte y alguien, un famoso, se ofendió. No te voy a decir quién es porque nadie se enteró. Nos llamó directamente y lo bajamos enseguida. Es el riesgo de que el humor, fuera de su entorno, pierda sentido.
—¿Cómo lidian con esos riesgos en la era digital?
—Simple: mucho cuidado al elegir qué subimos. Sabemos que el lenguaje de las redes es distinto y hay cosas que solo funcionan cuando todos están en la misma sintonía. Con humor negro, sobre todo, hay que estar atentos a no herir.

—Hablando de tu papá, Jorge Guinzburg, ¿cómo vivís el peso del apellido y tu propia independencia profesional?
—Siento que hice mi propio camino. Ya van más de 20 años trabajando y toda mi carrera fue sin mi viejo, que falleció en 2008. Eso no quita que me llene de orgullo cuando lo recuerdan con cariño en el medio. No busqué nunca imitarlo ni podría hacerlo, pero no reniego de mi apellido, al contrario: estoy muy orgullosa.
—¿Te inspiran algunos consejos o miradas de Jorge en tu faceta de entrevistadora?
—No busco copiarlo ni repaso sus entrevistas, pero sí me acuerdo de consejos sobre escuchar al entrevistado, que es lo básico para una buena charla. Viéndolo trabajar aprendí mucho y lo valoro.
—Con un ritmo tan intenso de compromisos, ¿cómo manejás tu vida personal y la exposición?
—Por suerte puedo salir a la calle y hacer mi vida normal. Me gusta tener contacto con el público, recibir el cariño de quienes agradecen que los hagas reír. Lo difícil es el poco tiempo libre; entre “Las Chicas de la Culpa”, las funciones de “Casual” y las grabaciones para tele, no tengo un día de descanso. Es más, ahora termino esta entrevista y tengo una reunión.

—El grupo Las Chicas de la Culpa es famoso por su trabajo en equipo y amistad. ¿Esa unión es real fuera del escenario?
—Es así, somos muy amigas y eso hace posible el éxito. Tuvimos diferencias, claro, pero las resolvimos. Venimos de una gira espectacular por Europa y hasta nos tomamos vacaciones juntas. Ahora estamos nominadas al Martín Fierro por la televisión y ya alquilamos una habitación para prepararnos juntas. Para que podamos divertirnos y decirnos lo que nos decimos en el grupo tiene que haber verdadera amistad.
—En las giras y funciones internacionales, ¿qué diferencias notaste con el público y el humor local?
—En Ámsterdam y Londres el público era latino, pero en España el 80% eran españoles, algo que nos sorprendió y nos encantó. El humor es universal, todos nos reímos de lo mismo aunque algunos públicos sean más tímidos. Como pasa acá también: en algunos lugares en el interior tardan un poco en soltarse, pero después es igual.
—¿Tienen que ajustar mucho el lenguaje o los códigos del humor dependiendo del público?
—Sí, con Las Chicas de la Culpa nos pasa seguido que alguna palabra no se entiende afuera. Entonces preguntamos: “¿Esto se entiende?”, y buscamos adaptarnos sobre la marcha. A veces, como público, te perdés alguna palabra, pero el contexto hace que todos nos entendamos.
—¿Cómo vivís la nominación al Martín Fierro? ¿Tenés algún discurso preparado para la ceremonia?
—No, nunca prepararía un discurso. Estar nominada ya es muy lindo, es un reconocimiento. El lunes iremos a divertirnos, a celebrar y ojalá ganemos, porque siempre está bueno ganar.
Fotos: Rosario González del Cerro
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