CHIMENTOS
“Ya viví lo mío”, las reflexiones de Luis Brandoni sobre su resistencia a la tecnología y el presente sin celulares

La noticia de la muerte de Luis Brandoni hizo que, como un eco suave pero persistente, volvieran a circular sus palabras, sus gestos, sus modos de mirar el país y el tiempo que le tocó vivir. Las últimas entrevistas que dio se leen ahora como pequeños manifiestos cotidianos, donde Brandoni, sin impostura y con una sinceridad a veces desarmante, dejó claro cómo elegía vivir en un mundo que cambiaba a una velocidad que ya no le pertenecía.
En 2022, el actor conversó con María Laura Santillán para Infobae y durante esa charla se condensa su pensamiento, su visión de la actualidad del mundo y del país, y como la misma entrevistadora rememora ahora, al conocerse la trágica noticia: “Fue protagonista durante toda su existencia de la historia de nuestro país, como actor, dueño de un enorme talento y como dirigente, con su compromiso. Gracioso y chinchudo a la vez, disfrutó hasta el final de sus días lo que más amaba: subirse a un escenario”.
“No, yo ya viví lo mío y estoy conforme”, decía cada vez que le preguntaban por la tecnología. No era una frase de ocasión ni un escudo para eludir lo nuevo, sino una declaración de paz con su propia historia. “Y me he organizado. Por ejemplo, hasta me he llegado a ufanar de saber muchos números telefónicos, cosa que a los jóvenes no les pasa. No saben ningún número telefónico. O muy pocos, el del papá o el de la mamá. Está todo en el teléfono. Les afanan el teléfono y están desnudos, en bolas. ¿Cómo es? Entonces no, yo anoto, escribo”.
En ese acto de escribir, de anotar en una agenda, había una forma de resistencia y también una ternura: “Desde el año 65 hasta ahora”, contaba, y se le iluminaban los ojos. “Tengo las agendas de mi vida”. Cada año, una libreta distinta, la letra cambiando con el tiempo, las hojas sumando compromisos, recuerdos, días importantes y días comunes. “Pero no me siento inferior eh. Me siento un hombre de mi edad. Estoy contento, tengo mi libreta telefónica. Tengo mis maneras”.
No había en Brandoni desprecio por la juventud, ni por sus costumbres, solo una descripción precisa de la distancia: “La gente de mi edad ha visto un cine en la Ciudad de Buenos Aires que no se ha visto en muchos países del mundo, era una gloria. Nosotros disfrutamos ese cine que los jóvenes hoy no van a poder disfrutar. Porque nadie los induce. Nadie los induce a ver el cine italiano que hemos visto nosotros. A ver el cine francés, el cine polaco, el cine inglés. Todos los cines del mundo se dieron en Buenos Aires. Y hoy la cinematografía está dividida en lo que se produce en la Argentina y en lo que se produce en Estados Unidos. Porque la producción, la exhibición y la distribución están en manos de empresas norteamericanas”.
Cuando alguien le refutaba que desde las plataformas podía verse cine escandinavo, francés o español, Brandoni respondía con una mezcla de humor y honestidad: “Pero vos tenés tiempo y sabés manejar todo esto. A mí no me sale”. Y si le preguntaban si era porque no quería aprender, la respuesta era aún más cruda: “No tengo rapport, no tengo feeling con la tecnología. Me cuesta”.
La vida diaria también estaba llena de esas pequeñas batallas perdidas y aceptadas. “Dentro de unos pocos días, no sé qué voy a hacer con esa limitación que tengo fuera del país. Seguramente voy a ir acompañado de Saula (N de la R, su pareja), ella sí se maneja con una gran ductilidad y una gran facilidad. Ya no sé si voy a poder hablar en castellano siquiera, a ver si me entienden”. Pero Brandoni, lejos de resignarse, buscaba soluciones simples: “¿Sabés cómo lo resuelvo en Estados Unidos? ‘¡¿Alguien habla español?!’ Siempre aparece uno. Ahí lo resuelvo. Es perfecto eso”.
La memoria de Brandoni no era solo un archivo de teléfonos y agendas; también era un mapa de afectos. Al hablar de Robert De Niro, el relato se volvía íntimo: “Mi vínculo es un vínculo afectuoso. Yo lo conocí a él por Lito Cruz, apareció después de filmar una película que se llamó La misión. Ahí nos conocimos, estuvimos una noche juntos. Después otra vez otro almuerzo. Y después hubo otro encuentro. En el año ’86 nos tocó ir a filmar a Nueva York… el propósito era invitarme a pasar la Nochebuena a su casa porque él suponía que yo iba a estar solo o con el equipo técnico. Así que fuimos con Marta, estaba yo casado con Marta (Bianchi)”.
No era un hombre de tecnología, pero sí de recursos. “Tengo una deficiencia muy grande, que es la de no saber otro idioma”, admitía, y lo contaba sin vergüenza. “Le digo cosas en italiano y las entiende. Su papá era italiano. Me las rebusco porque escuché mucho ese idioma. No me moriría de hambre en Italia”.
Las anécdotas se desgranaban con la naturalidad de quien no necesita exagerar. “Hace seis años estuvo en mi casa acá en la calle Suipacha y trajo la cámara para sacarse una foto con nosotros”. Y en el lenguaje, ese territorio que a veces parecía un obstáculo, Brandoni encontraba puentes insospechados: “¿Vos le decís Bobby? —Sí. —¿Y él te dice Beto? —Sí”. No sabían bien en qué idioma hablaban, pero se entendían. “Él tiene pretensiones de hablar en porteño. Las palabras las sabe todas”.
En la descripción de De Niro, Brandoni encontraba una definición de autenticidad y de oficio: “La gente no lo conoce en la calle. Porque no va por la vida como un actor, va por la vida como lo que es. Nadie lo conoce, es extraordinario. Eso habla de lo buen actor que es, porque no se parece a ningún personaje de los que hizo en el cine”.
Luis Brandoni eligió habitar su tiempo con serenidad y sin renegar de lo que ya no era propio. Sus agendas, sus números de memoria, su manera de mirar a los otros, construyeron una forma de resistencia íntima. No era nostalgia: era gratitud por lo vivido y una ternura sin alarde por todo lo que, aunque pareciera pequeño, le daba sentido.
CHIMENTOS
Pampita pausó su agenda del Mundial para salir con Martín Pepa y amigos en Miami

Pampita encontró un respiro en medio de su agenda mundialista en Miami. La modelo y conductora está instalada en la ciudad estadounidense para cubrir el Mundial 2026, que se disputa en Estados Unidos, Canadá y México, pero entre compromisos laborales se dio un tiempo para disfrutar de la compañía de su pareja, Martín Pepa, y un grupo de amigos argentinos que también coincidieron en la ciudad.
La jornada arrancó de día, con un almuerzo al aire libre rodeado de vegetación tropical. Pampita se sentó a la mesa junto a María Albero, Analía Castellanos y Claudia Albertario, con copas de vino blanco sobre el mármol y el verde exuberante de Miami como fondo. Las tres posaron para una selfie que Albero compartió en sus stories, etiquetando a sus compañeras de mesa. El clima era distendido y el grupo se completó con Hernán Arriaga, Max Orlandi, Marta Fort y Leonel Saleh, todos acomodados alrededor de una mesa larga bajo el cielo abierto.
Antes de que cayera la noche, Pampita y María Albero también tuvieron su momento a solas. Las dos posaron juntas en una selfie más íntima, con tonos tierra en sus looks y el jardín de fondo, en una imagen que Albero subió a sus propias stories con emojis de estrella y corazón.



La velada tuvo una segunda etapa con más producción. Pampita y Claudia Albertario se trasladaron al evento Miami Fashion Sunset, organizado en La Fernetería Miami. Allí posaron juntas ante el cartel del show, que lucía los colores dorados y rojos del evento. Pampita eligió para esa noche un conjunto de dos piezas negro con detalles brillantes, crop top con forma de corazón y falda larga de tejido, completado con una pequeña cartera verde y sandalias de tiras. Albertario optó por un minivestido marrón con sandalias de taco.
El cierre de la noche reunió a la pareja. Martín Pepa y Pampita posaron junto a María Albero y Hernán Arriaga frente a La Fernetería, en una foto grupal que el propio Pepa compartió en sus stories con la etiqueta “Miami” y destellos dorados. Otra imagen, tomada con la luz azul del atardecer tardío, muestra a los cuatro en una versión más relajada del mismo momento, con Arriaga en el centro y las sonrisas de quienes terminan una buena jornada lejos de casa.


La modelo no llegó sola a Estados Unidos, sino que lo hizo acompañada de Zaira Nara y estuvieron presentes en el debut de Argentina ante Argelia en el Arrowhead Stadium de Kansas City, llegaron con credenciales de prensa y muchas ganas de trabajar y disfrutarlo a pleno, pero sin un plan de contingencia en caso de mucho tráfico.
La masiva concurrencia de hinchas convirtió los accesos al estadio en un embotellamiento sin salida. La fila de autos no avanzaba y el tiempo corría, así que el grupo tomó una decisión que pocas personas tomarían voluntariamente antes de un partido: bajarse del micro y seguir a pie. Lo que fue un momento complejo ya que ninguna de las dos estaba vestida para la ocasión.
La previa soñada dentro del estadio terminó siendo una previa improvisada entre autos detenidos. Zaira lo documentó con una foto grupal en medio de la calle, todos con camisetas de la selección y equipos de cámara al hombro: “Caminamos 8k para llegar al estadio. Y lo que iba a ser la previa en el estadio, fue entre los autos. Este equipo es todo terreno”. En el video que compartió en su feed, se escucha decir: “La chica del corset, la chica de los tacos”.
Pero Argentina ganó. Y cuando la Scaloneta gana, cualquier sacrificio previo adquiere otro color. En un video que subió a su feed junto a Pampita, con las dos caminando al costado de la ruta con la camiseta albiceleste, Zaira lanzó la pregunta que ya circula entre sus seguidores: “Yo nunca fui de cábalas… ¿Pero será que tendremos que ir al próximo partido también caminando 8k?”. La respuesta de Pampita no tardó en llegar: tres emojis de carcajada en los comentarios.
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Si una libélula se acerca a vos, la explicación de por qué lo hace te va a sorprender

Ver una libélula cerca puede llamar la atención de inmediato. Su vuelo rápido, sus alas transparentes y su forma delicada hicieron que, durante mucho tiempo, distintas creencias populares la asociaran con mensajes simbólicos, cambios internos y momentos de transformación personal.
Según estas miradas, la aparición de una libélula suele interpretarse como una señal de movimiento. No necesariamente como un anuncio literal, sino como una invitación a prestar atención a una etapa de cambio, a una decisión pendiente o a una forma distinta de mirar lo que está pasando.
Uno de los significados más repetidos en las creencias populares es el de transformación. Esto se relaciona con el propio ciclo de vida de la libélula: antes de volar, pasa buena parte de su desarrollo en el agua. Por eso, muchas interpretaciones la vinculan con la idea de dejar atrás una etapa y avanzar hacia otra con más claridad.
También se la asocia con la ligereza, la adaptación y la capacidad de moverse sin quedar atrapado en lo viejo. En algunas tradiciones, su presencia se interpreta como una señal de buena suerte, equilibrio o renovación de energía. En otras, aparece como símbolo de libertad y de conexión con lo emocional.
Más allá de lo espiritual, hay una explicación natural: las libélulas suelen estar cerca de lugares con agua dulce, como lagunas, arroyos, jardines húmedos o espacios con vegetación. Su presencia no debe tomarse como algo extraño ni peligroso. Al contrario, son insectos que suelen alimentarse de otros insectos pequeños y forman parte del equilibrio del ambiente.
Qué puede representar una libélula según las creencias populares
- Cambio personal o cierre de una etapa.
- Renovación de energía.
- Buena suerte o armonía.
- Adaptación frente a una situación nueva.
- Ligereza para soltar preocupaciones.
- Conexión con el agua, las emociones y la intuición.
- Una invitación a mirar algo desde otra perspectiva.
Como ocurre con todas las creencias populares, no hay una única interpretación ni una prueba de que la aparición de una libélula tenga un mensaje concreto. Pero su presencia puede funcionar como una imagen poderosa: la de un cambio que se acerca, una etapa que se transforma o una señal simple para detenerse y observar mejor el momento que se está viviendo.
Insectos; Libélula
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“Te celebro para siempre”: la familia de Alejandra Darín la recordó en el que hubiera sido su cumpleaños 63

El 19 de junio Alejandra Darín hubiese cumplido 63 años. Su ausencia, sin embargo, no impidió que quienes la quisieron la celebraran: sus hijos Fausto y Antonia Bengoechea, Florencia Bas —esposa de Ricardo Darín y cuñada de Alejandra— y Clara Darín, hija de Ricardo y Florencia, la recordaron este jueves en sus historias de Instagram con fotos de archivo y palabras que hablan de una presencia que todavía se extraña.
Alejandra murió tras batallar contra un cáncer. La hermana del actor dejó dos hijos que, en cada ocasión que pueden, la recuerdan públicamente y mantienen viva su memoria en redes sociales.
Fausto fue el primero en publicar. Eligió una foto antigua en la que su madre aparece de pie, con el brazo en alto y una sonrisa abierta, como si estuviera bailando en medio de una reunión. La acompañó con una sola frase, cargada de afecto: “felicumpleañito”.


Antonia, por su parte, compartió dos imágenes. En la primera, Alejandra aparece riendo a carcajadas en una mesa, con una musera amarilla de Nike, completamente ajena a la cámara. La segunda es una foto más íntima: Alejandra junto a una niña pequeña, ambas muy cerca, en un registro que transmite ternura. Antonia eligió tres palabras para acompañarla: “tu cumple”.
Clara Darín eligió la misma foto que usó su primo Fausto: Alejandra de pie, con el brazo levantado y la misma sonrisa amplia, en lo que parece una reunión familiar. El texto que la acompañó fue directo y contundente: “Tía mía te celebro para siempre”.
La que se sumó con un mensaje más extenso fue Florencia Bas. La actriz publicó una foto en la que aparece junto a Alejandra y otra persona, los tres riendo alrededor de una mesa. La imagen es del mismo evento que la que eligió Antonia, pero tomada desde otro ángulo, lo que permite ver a Florencia en el cuadro. Su texto no dejó dudas sobre lo que siente: “Hoy es tu cumple Ale! Te celebro y extraño mucho tu risa, las charlas, las discusiones y los abrazos”.


Si bien el actor de Nueve Reinas no publicó nada, el dolor por la muerte de su hermana quedó expuesto en mayo del año pasado, cuando el actor habló por primera vez del tema en una entrevista con el diario El País, desde Madrid, en el marco de la presentación mundial de El Eternauta, la superproducción de Netflix. Alejandra había muerto en enero de ese año.
Ricardo la describió como su compañera de crianza y su testigo de vida. “Yo voy a estar toda mi vida en duelo. Era mi hermana pequeña, no tan pequeña, murió con 62, pero menor que yo. Mi hermanita. Con la que me crie. Mi testigo”, dijo.
La pérdida lo dejó sin palabras y sin herramientas para elaborarla. “Uno, de alguna forma, a partir de ciertas edades, puede estar preparado para la muerte de sus padres, viendo que es inexorable. Pero nunca estás preparado para la desaparición de un hermano menor. Como no se está nunca preparado para la pérdida de un hijo. No hay palabras. Tampoco las busco. No me funciona eso. Lo que sí sé es que voy a estar en duelo toda mi vida por mi hermanita. Me voy tratando de agarrar de una liana a otra para convivir con este dolor, con esa ausencia”, afirmó.
Frente a ese desgarro, el actor reconoció una envidia profunda hacia quienes tienen fe. Dijo que desearía poder depositar su duelo en la certeza de que Alejandra está en manos de Dios, pero que eso no le ocurre. “Envidio a los creyentes porque ellos tienen la posibilidad de confiar en que la muerte de quien quieres es una decisión del Señor. Y si yo fuera creyente, ahora estaría tan, pero tan enojado con Dios que casi es una suerte para ellos que no lo sea”, cerró.
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