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CHIMENTOS

Las primeras fotos de la mega fiesta de 15 de Allegra Cubero: la emoción de Fabián Cubero y una noche inolvidable

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Y, finalmente, llegó el momento. Allegra Cubero disfrutó su segundo festejo de 15, esta vez organizado por su papá, Fabián Cubero, en medio de una expectativa altísima y con todos los ojos puestos en cada detalle. Después de meses de previa, tensión y polémicas, el cumpleaños de la hija de Nicole Neumann se realizó a lo grande.

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La fiesta se hizo en un salón ubicado en Olivos, en la Zona Norte de Buenos Aires, un lugar elegido especialmente para que los 150 invitados la pasen bomba. El espacio ya había sido anticipado por Mica y Allegra en Instagram y fue escenario de una producción muy pensada, con ambientación, técnica y puesta diseñadas para una noche a todo lujo que la agasajada abrió atravesando una pantalla, junto a su hermanito Luca.

En los días previos, tanto Cubero como Mica fueron mostrando el detrás de escena. Desde recorridas por el salón hasta reuniones con la planner, todo dejó ver el nivel de detalle con el que se armó la fiesta que tanto lío armó por las peleas con Nicole. “Quiero que esté todo listo, que salga todo prolijo, que salga todo lindo”, había dicho Poroto, reflejando los nervios de un padre en un momento clave, sabiendo que iba a vivir una noche a pura emoción y lágrimas. “Me estoy preparando para llorar”, dijo.

Uno de los momentos más comentados de la previa fue la preparación de Allegra. La adolescente participó activamente en cada decisión: el vestido, diseñado por Laurencio Adot, la música de entrada y hasta su look final. Horas antes del evento, Viciconte había mostrado el make-up de la adolescente, anticipando lo que se vendría. «Primera tanda», escribió en sus historias de IG, exultante.

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LA POLÉMICA ENTRADA DE ALLEGRA CUBERO A SU FIESTA DE 15

Allegra entró a lo grande, con una superproducción. Nada de elegir una canción y ya… La hija de Poroto y Nicole hizo una entrada triunfal, por pantalla y entre luces y brillos. Así, entre los aplausos y ovaciones de sus invitados, la joven ingresó al salón con su hermoso vestido strapless verde y el pelo suelto.

Pero hubo un detalle que no pasó desapercibido… Porque en su gran noche, el momento de mayor protagonismo, Allegra ingresó junto al pequeño Luca. ¿Habrá sido su decisión? Como sea, el golpe de efecto generó emoción y fue una gran postal para inaugurar el evento que tanto revuelo armó. Y que, seguramente, en los próximos días traerá cola y repercusiones.

 

TEMAS


 

Allegra Cubero, Fabián Cubero, Nicole Neumann, Allegra Cubero fiesta de 15

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CHIMENTOS

Jackita: “Me cerraron puertas por mi personalidad, me trataban de conflictiva”

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Nunca me faltes – Jackita

Jackita -nacida como Jacqueline Acosta Lera el 5 de marzo de 1988 en Ciudad de Buenos Aires-, transita la última etapa de su primer embarazo junto a su pareja, José Alegre. Esperan un hijo al que llamarán Isaac.

La cantante lleva editada más de una decena de discos, con tres trabajos nominados a los Premios Gardel (2013, 2015, 2019) en la categoría de Música Tropical, y en 2019 fue seleccionada por Spotify como referente de la cumbia latinoamericana.

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Sus inicios se remontan a 2003 con “La Loza”, la banda que formó junto a su hermano Marito en el barrio San Cristóbal. Durante esa época, gestionó de manera autodidacta sus primeras presentaciones, logrando hasta 10 shows seguidos en corsos de Capital Federal tras contactar personalmente a los organizadores.

Entre 2008 y 2009 adoptó el seudónimo “Jackita La Zorra”, inspirado por su rol de justiciera y por las letras de sus canciones feministas dentro de un género predominantemente masculino, desde 2010, utiliza solo “Jackita”.

«Los productores me decían: ‘Esa onda no va. ¿Por qué no te pones unas botas, una mini’, ¿viste? Y yo no quería saber nada con ser sexy. Quería mostrar que una también lo podía lograr sin tener que estar mostrando de más. Y lo logré», le contó Jackita a Manu Jove

Su carrera enfrentó un episodio crítico en 2016, cuando sufrió un accidente durante una gira en Salta y Jujuy que requirió una intervención de urgencia: un desprendimiento maxilofacial le provocó 40 puntos de sutura en el rostro, a causa de no llevar el cinturón de seguridad.

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Quizás una faceta desconocida de Jacki, es su trayectoria en el taekwondo con campeonatos sudamericanos, títulos en Poomsae y su reconocimiento como Miss Taekwondo Sudamericana 2004, la única argentina que ha recibido esta distinción. Además de ser instructora certificada y cinturón negro en este arte marcial, la artista también tiene un rol solidario como predicadora en el Ministerio Maná de Vida, brindando asistencia a personas en situación de calle.

Acá, los momentos más destacados de la entrevista:

—Hola, Jackita, bienvenida. Primera invitada femenina a “Nunca me faltes”.

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—Qué bueno, agradecida por eso.

—¿Cómo estás? ¿En qué momento te encontramos hoy?

—Totalmente embarazada (risas). Somos dos hoy, estoy con Isaac acá, de ocho meses y algo; es mi primer hijo. Y proyectando muchas cosas. Por más que esté embarazada, no es que me tiro a descansar, mi cabeza sigue trabajando.

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—De hecho estuviste en escenario hasta hace no mucho…

—Sí, hasta hace dos semanas que anduvimos en Uruguay y ahí dije “Ya está”. Porque la verdad que estaba bien físicamente, pero cuando entré en los ocho meses me cansé; como que ya no puedo caminar igual. Pero bien, la verdad que me dejó trabajar mi hijo.

—O sea, cumbiero ya desde la panza.

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—Sí, ya tiene sus llantitas, las zapatillitas con resorte, va a nacer con eso (risas).

—¿Esa convivencia del escenario y el embarazo la llevaste bien?

—Súper bién porque al ser ahora mi propia productora, hoy por hoy tengo toda la carga encima del grupo, pero puedo organizarme bien con los shows y los lugares puntuales donde ir. La verdad, por mí no cortaba, pero bueno, hay que descansar.

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—Y te agarra también ya con mucho más recorrido en tu carrera. ¿Qué te pasa cuando pensás en esos inicios tuyos?

—Ayer, justamente, estuve mirando las fotos en mi primer Facebook y yo le decía a mi esposo, le digo: “Guau, mirá la cantidad de años que yo estoy haciendo esto”, ya estamos cumpliendo diecisiete años.

—¿Diecisiete ya?

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—Sí, y este es el momento para que yo sea madre, sinceramente. “Jackita” fue mi primer hijo en realidad, y como que cuidé mucho de mi carrera y le dediqué mucho tiempo, le dediqué mi vida y hoy estoy en una etapa donde tengo todo bajo control: me siento muy realizada, muy valorada. En otras épocas por ahí pensaba que si tenía un hijo iba a tener que parar un montón de tiempo y no era el momento. Este es el momento, así que lo disfruto mucho. Y si cuento mi primer grupo del barrio ya son más de veinte seguro.

—Y hace veinte años no era la misma escena que hoy en en un montón de aspectos, ¿no?

—Sí.

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—¿Y cómo es ser mujer en el ambiente y la movida de la cumbia?

—Yo creo que los logros son triples, y más en esa época. Cada logro mío valía por tres, porque realmente era una escena que no… (piensa). Hoy, gracias a Dios, ya hay muchas artistas femeninas. Pero en aquella época, en la movida tropical había una o dos cantantes. Cuando entro yo estaba Dalila, Ángela, Karina, vigentes te hablo. Y yo venía con una propuesta diferente encima: hacer cumbia base.

—No ibas por el lado romántico…

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—Claro, yo era barrio y quería cantar a favor de las mujeres. Y otro mensaje también: “Pará, no nos insultemos, vamos a levantarnos nosotras”. Yo hice una cumbia base tipo mezclado con plena uruguaya, una cosa rara. Y claro, también se lleva para el lado de la cumbia villera. Y me decían: “No, ¿qué querés con este material?” Pero vos no sabés la cantidad de lugares que yo llevaba mis CD y me decían: “No, mi amor, cantá romántico, cantás lindo, te armo la banda, te vas a Santa Fe y grabás allá. El sábado salís en el canal…” ¡Representantes grosos te hablo, ¡eh! Y yo decía: “No, está bien, si no tenés otra propuesta yo sé que se va a dar”. Dura, yo, ¿viste?, firme en mis convicciones. Y se dio en el 2009, pero tuve que esperar.

—Y todo ese momento de esperar, ¿te hizo sentir subestimada o no valorada? Una mujer en un mundo de hombres…

—Sí, todo eso, en ese orden (risas). Pero yo creía tanto en lo que hacía porque lo disfrutaba; era la música que yo escuchaba en ese entonces, yo soy fan de Leo Mattioli de toda la vida. Yo me sentía recómoda en ese estilo de cumbia. Y más con mi forma de vestir, parecía una manifestación. También me decían: “Pero vos, vestida así con lo deportivo”. Ponele, yo usaba los jeans sueltitos, los babuchas, las chombitas, la gorrita, la mochilita. Los productores me decían: “Mirá, esa onda no va. ¿Por qué no te pones unas botas, una pollera”, ¿viste? Y yo no quería saber nada con ser sexy, digamos. Quería mostrar que una también lo podía lograr sin tener que estar mostrando de más. Con eso tuve muchas guerras, muchos frentes que enfrentar realmente. Y bueno, lo logré. Pero antes me cerraron puertas por mi personalidad, me trataban de conflictiva.

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—¿Cómo fue ese momento? Porque vos estás convencida en lo que ofrecés como artista y te dicen: “Che, mostrame un poco más de piel, un poco más de…” (risas)

—Me daba mucha bronca. Una vez, me acuerdo, fui a una oficina y me miran, me hicieron dar una vueltita… a ver qué ofrecía…

—Antes de escucharte cantar querían verte.

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—Claro, querían ver si tenía cola, ¡Ay, Dios, pasé por muchas cosas de esas! Yo lo que tenía era fe. Si hay algo que yo tengo es fe. O sea, vos me podés decir no y yo sé que si lo tengo, yo lo veo, lo visualizo porque se va a dar. Eso me hacía no bajar los brazos ni venderme, porque era fácil venderme y salir más rápido.

—Sí, uno tiene la sensación de que tenés carácter fuerte…

—Sí, me enojé y les paré el carro por ese carácter que yo tengo de hacerme respetar y más en ese momento, ¿no? “No, esta piba es complicada”, decían. “No vas a trabajar con esta cantante, se te va a parar de manos con el tema de la plata, con la producción”. Porque es verdad, yo miraba todo. No era una pibita que estaba ilusionada nada más que con cantar. Y eso me complicó las cosas también. Pero bueno, fue porque ellos andaban en cosas raras, querían pasarme por encima, ¿viste? O tratarme como un objeto.

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—¿A qué te referís con “cosas raras”…?

—Que tienen cosas para ocultar. Los productores de antes, a los artistas, nos daban dos monedas y ellos cobraban un millón de pesos. Yo siempre estuve muy atenta con esas cosas y molestaba.

—Y ahí te plantás. ¿Y cómo te lográs imponer ante eso también?

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NUNCA ME FALTES - JACKITA
«El accidente fue en Chaco, una noche de mucha neblina, como a las cuatro d ela mañana, cuando ya íbamos por elq uinto show. Había una curva en una momtaña ¡y salimos todos volando, nos hicimos pelota! La que peor la pasó fui yo: se me había despegado todo esto del maxilar, me dieron cuarenta puntos en la boca», cuenta sobre su grave accidente en 2016

—Me costaba porque yo a su vez tenía una persona en el medio, el productor de la banda, y en realidad es como que él tenía la última palabra. Entonces yo ahí tenía mucho choque con esta persona. Pero bueno, fue cuestión de años hasta que me pude salir de todo ese sistema. Por ejemplo, trabajé tres años para dos representantes y me venía enterando que hacían mucha pero muuuuucha plata. Nos reunimos y le digo: “Chicos, me enteré que allá en Rosario se llenó el lugar y a mí me pasaron lo mínimo”. Y claro, los tipos me miraron y me odiaron. Y les digo: “Vamos a respetar la agenda hasta donde esté y después de eso ya no me vendas más”. Fue la primera vez que tuve como un encontronazo con un representante.

—¿Cómo es eso? ¿Vos te enterás que por un show que hiciste, ponele, se pagó cien y vos cobraste diez, y el resto se repartieron entre otros’?

—Entre millones de personas (risas). Había muchos intermediarios en esa época. Eran otros tiempos. Necesitabas el representante, necesitabas todo eso para poder trabajar. Y cuando les dije que me retiraba, me dijeron “Vos no vas a volver a trabajar nunca más en ninguna parte de la Argentina”. Y yo “Bueno, eso lo vamos a ver”, le digo. “Prefiero no trabajar, pero no hacerte ganar más plata a vos y yo llevarme un centavo”, porque yo me la pasaba en la camioneta.

—Entiendo…

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—Yo vivía en una combi, esto fue en el 2012. Me acuerdo de que un día llego al Chaco, me bajo de la camioneta y me desmayo. Dije: “¿Qué me pasó?” Claro, llevaba tres años sin parar de verdad. Salíamos jueves, viernes, sábado, domingo y lunes, el martes llegaba a mi casa destruida y ya el jueves salíamos de nuevo. O sea, no tenía vida, ¡y tampoco tenía plata! (risas). Porque de última vos me decís: “Te estás trabajando todo pero te estás llenando de plata”. O sea, podía vivir bien pero no era la plata que yo me tenía que llevar, ¿me entendés?

Estaba siendo tratada como un producto y me estaban exprimiendo, esa es la realidad. Pasa eso, me separo de esa oficina y con mi productor propongo hacer una oficina propia. Y ahí nos hicieron ver estrellas, nos iban cerrando las puertas. Pero gracias a Dios había otro empresario que no era tan importante que dijo “Che, Jacki, vamos, vení”. Y ahí trabajé en todas las provincias. Y nos fue súper bién. Pero sí, pasé por muchas cosas de estas, de tener que defendermi grupo. O sea, te estoy contando de que antes de entrar a la movida tuve que pasar por mucho también para que se me valorara como mujer, para que se me escuchara la propuesta que yo quería hacer, que no era solamente una cantante sino que venía con una producción. Decir: “Che, yo quiero cantar este estilo y vestirme así y decir esto”.

—¿En algún momento dudás o siempre firme y plantada?

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—No, firme y plantada. Prefería no ir a ningún lado y quedarme en mi casa diciendo: “Yo sé que esto es lo que yo quiero hacer”, porque yo lo veía. Dios fue muy bueno conmigo, me dio mucho más de lo que imaginé. Yo quería salir a cantar para tocar en Fantástico, Metropolis, que eran los boliches que yo iba, para mí eso ya era un montón porque ahí estaban todos mis amigos. Y todo lo que vino después fue enorme, grande en Uruguay y acá en Argentina. Como que me encontré con un universo nuevo y vi que había mucha gente detrás de la banda.

—Recién contabas esa anécdota en Chaco, desmayándote. Después pasó tu accidente, en 2016…

—Sí, eso fue en Salta. Estábamos llegando al quinto de la noche y el hombre que había armado la gira…

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—¿El quinto show de la noche, decís?

—Claro, íbamos al sexto, una cosa así, y había una neblina tremenda. Y el que había armado la gira me dice “Vamos en el auto”. Entonces llegamos primero, porque era la época que en Jujuy cerraban a las cuatro de la mañana. Imaginate de lo que te hablo, cinco bailantas a las cuatro mañana habíamos metido, ¡una locura! Estaba todo blanco y el tipo aceleró. Y había una curva y era una montaña (risas). ¡Imaginate! Salimos volando, nos hicimos pelota. La que peor la pasó fui yo: se me había despegado todo esto del maxilar, me dieron cuarenta puntos en la boca.

—Te reconstruyeron la cara.

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—Sí, pero gracias a Dios, fue solo piel y no hueso. Tenía la cara colgando. Llegué al hospital y le digo a los médicos: “¿Me pueden poner la gotita que yo me arreglo allá en Buenos Aires?” Se me rieron todos como diciendo: “No te ves la cara cómo la tenés. ¿no?” Me trataron bárbaro en el hospital de Orán, les mando un beso: me quedó la cara perfecta. Cuando vuelvo de ahí, yo quise parar y reorganizar las cosas, pero seguía teniendo este productor de por medio que no quería parar…

—¿Ni siquiera después del accidente?

—Sí, en un mes y medio ya estaba en la ruta de nuevo y con ataques de pánico. Me acuerdo que en la camioneta me caía agua de las manos del miedo que tenía. Me subía al escenario temblando, fue horrible. Aparte tenía la cara mal, comía papilla, la pasé re mal. Hoy me río, pero la pasé re mal.

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—Pero cuando tuviste el accidente, ¿después seguías con ataque de pánico en la gira? ¿No hay un momento en el que decís “Che, hay que parar un poco”?

—Sí, me paró la pandemia (risas). Para mí fue un antes y un después. Me quedo en casa, como todo el mundo, y empecé a replantearme muchas cosas: la pandemia fue lo mejor que me pasó a nivel persona y a nivel espiritual. Ahí prácticamente me abro del productor este que tenía. Y empecé a darme cuenta de que yo sufría de ansiedad. O sea, en mi casa me doy cuenta de las cosas que padecía. Me encontré conmigo misma, digamos.

—Claro…

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—Que sufría de ansiedad, que sufría de pánico, que tenía un vacío tremendo. O sea, que todas las cosas que había logrado no me servían de nada. No me llenaba. No sabía qué hacer. Pensaba: si voy a, a los premios Gardel me voy a sentir bien, iba y me sentía horrendo. Hacíamos una gira por México, llegábamos y me sentía horrible. Como que yo siempre buscaba esos premios de mi trabajo, del reconocimiento… Pero de lo que nunca me voy a quejar es de que la gente siempre explotó en todos lados. Si yo estoy sentada acá todavía es por la gente. Y cuando me encuentro a solas conmigo me doy cuenta que yo tenía una necesidad tremenda, y que me sentía muy sola.

Y ahí es donde yo hago un click. Veo una película, “Cuarto de guerra”; parece que yo laburo para esa película porque lo cuento en todos lados (risas). Ahí veo que la mujer tenía una Biblia, la empieza a leer y le cambia la vida. Al otro día empecé a buscar una Biblia por todos lados. Fui a todas las iglesias. En una iglesia me dicen: “Mirá, hoy justo hay reunión y al final damos la Biblia”; me quedé, me dan la Biblia y empecé a leerla y me cambió la vida: literal. Lo primero que me pasó fue que me encuentro con Dios en mi casa. Y con el tiempo ese vacío se va, se me va la ansiedad, se me va el miedo, o sea, fue impresionante lo que me pasó. Yo sola en mi casa. Me empecé a replantear las cosas, a darme cuenta que yo tenía puesto mi corazón en el grupo, que era lo más importante para mí. Por eso también me fallaba, porque obviamente es un trabajo, es el afán de querer cada vez más y no, no te contentás. Eso trae muchas consecuencias, porque te agarra ansiedad, porque querés más…

—¿Como que antes te pasaba que no sabías a dónde ibas?

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—Sí, es que en este ambiente todos son muy competitivos. Entonces te ponen la vara muy alta. Y vos te empezás a comparar con los demás también. O decir “Che, ¿por qué yo no estoy en este circuito?» Boludeces.

—No, hoy lo ves como boludeces, pero en ese momento se te iba la vida ahí…

—Claro. Y no era de envidiosa sino porque yo amaba mucho a mi grupo y quería que crezca y que esté en todos lados. Y después que pasa eso, se me calmó todo: me ordené y pude empezar a disfrutar de mi trabajo. Antes me pasaba, en realidad, que no disfrutaba el momento. No sabía lo que era disfrutar todo lo que había logrado. Y es horrible, de verdad, que trabajaste tanto por algo, lo lográs y no lo podés disfrutar. ¿Me entendés? O sea, era, era feo para mí y eso me hacía mal, muy mal.

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—Y hoy que ya atravesaste todo esto, te ves más preparada para ese proyecto familiar, personal, ¿no?

—Sí, después de la pandemia, que logro separarme de este productor, el tipo hace quinientas maldades…

—¿Cómo qué?

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—Como querer bajarme todo el catálogo musical siendo que yo nunca le había firmado que él podía subir mi música a una compañía discográfica; él, por maldad, me quería borrar los quince álbumes que yo tenía. O cerrarme mi canal de YouTube, cosas así todo el tiempo… Ahí me tomé el 2022 para parar. Entendí que tenía que parar para reconstruirme. Y bueno, me puse mi productora; no tenía ni un contacto de teléfono porque esta persona manejaba todo. Empecé a subir contenido, a hacer cosas y se empezaron a comunicar. Fue maravilloso. Te digo que estos últimos tres años, ¡por lejos! fueron mucho mejor que los catorce años anteriores.

NUNCA ME FALTES - JACKITA
«Yo de ansiedad, sentía pánico… Y en México hago un clic. En una iglesia me dicen: ‘Mirá, hoy justo hay reunión y al final damos la Biblia’; empecé a leerla y me cambió la vida: literal. Lo primero que me pasó fue que me encuentro con Dios en mi casa. Y con el tiempo ese vacío se va, se me va la ansiedad, se me va el miedo, o sea, fue impresionante lo que me pasó», relata Jackita su encuentro con Dios

—¿En qué sentido?

—En todo. Económicamente, abismal, por lejos. Y de poder trabajar en paz, también.

—Digo, para entender la diferencia: lo que antes se tercerizaba -y mordían en cualquier show-, ahora es cien por ciento tuyo, digamos.

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—Claro, ya no hay vampiros (ríe). Y te repito, empecé a trabajar en paz también: si un finde no quiero trabajar, me lo tomo. Empecé a manejar mis tiempos.

—Y hoy, ¿cómo te imaginás a Jacki mamá?

—Estoy re preparada. Es el momento perfecto porque ya vengo de estar bien organizada con mi trabajo, con mi vida personal. Siento que este es el mejor momento de mi vida. Creo que voy a ser una buena mamá; voy a hacer lo mejor que esté a mi alcance para criar a Isaac y seguir con mi trabajo también.

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—Escúchame, ya vimos lo fuerte que es tu personalidad y carácter por cómo manejaste el tema productores. Como mamá, ¿crees que va a aparecer también esa personalidad?

—Sí, sí, sí, aunque igual yo quiero hacer el papel de la buena. Y que mi marido haga del malo (ríen).

—Vos aparte sos taekwondista, ¿no?

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—Sí, yo era cinturón negro, y tricampeona sudamericana de taekwondo.

—Bueno, Jackita, gracias por venir. ¿Le querés decir algo Isaac, por si algún día ve esta nota?

—Que lo amo, que vino a completar esa felicidad que a mí me faltaba: ser mamá… ¡Ay, voy a llorar!

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Ya vamos a volver con él… (ríe)

Fotos: Jaime Olivos

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CHIMENTOS

La separación de Guido Kaczka y Flor Bertotti: la infidelidad más dolorosa de la historia y la novela maldita que marcó el final

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A veces pasa.

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A veces pasa la curiosidad de los apellidos que coinciden o combinan con las profesiones de sus dueños.

Por ejemplo, un neurólogo se puede apellidar Cabezas, un gomero Rueda, alguien que arregla o hace rejas Herrero, un militar Guerrero, un abogado Leyes, un arquitecto Paredes, un banquero o prestamista Cash, un árbitro de fútbol Amarilla, un bombero Cienfuegos, un nutricionista Delgado o el dueño de una inmobiliaria Casas. Sí, a veces pasa.

Cada tanto sucede, como esta vez: la historia del amante que se llama Federico Amador.

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2010

Para mediados de 2010 Guido Kaczka ya pintaba para transformarse en lo que es hoy, el tipo más querido de la televisión argentina. El que mejor cae. El más simpático. El que convierte en oro (o en plata, porque ahora está segundo detrás de Gran Hermano) todo lo que toca o todos los proyectos que se pone entre manos. En la radio sí es Mister Rating, el conductor más escuchado de la FM en yunta con Santiago Del Moro. Ejem, el que le gana a la noche en la tele.

En fin, es 2010 y Guido ya se perfila como uno de los grandes proyectos de la pantalla chica. Es simpático, carismático, querible, afable, bonachón, talentoso, emprendedor y, sobre todo, laburador como pocos. O como ninguno: si hay que estar a las tres de la mañana filmando una escena, está. Si hay que grabar abajo de la lluvia no solo no dice ni mu: además, se saca la campera y se la da a una compañera para que se cubra. Si hay que salir al toro para cubrir a alguien que falta se muestra en vez de esconderse.

DOS NENES. GUIDO Y FLORENCIA HICIERON BUENAS MIGAS EN VERANO DEL 98. DESPUES NO LES QUEDO NI ESO.

Igual que ahora -la gente, al fin y al cabo, no cambia- para Guido no hay primeros de mayo: todos son días buenos y oportunos para laburar. Esa presencia permanente en el candelero, esa fama de tipo bonachón y amiguero y esa pinta de hombre sencillo y padre de familia atento y ocupado lo van poniendo en carrera para volverse, en un momento dado, en un número uno indiscutido.

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También lo ayuda a dar unos cuantos saltos en esa escalera rumbo al firmamento su matrimonio con Flor Bertotti, una de las más queridas de la escudería de Cris Morena, lo que es toda una definición en sí misma. Por ahí no pasa, ni mucho menos triunfa, cualquiera. Ese lugar está reservado para las elegidas: Lali Espósito, La China Suárez, Camila Bordonaba, Luisana Lopilato, Agustina Cherri. Al lado de esa «fórmula uno» Guido aceleró y avanzó un montón de casilleros.

Pero de pronto sucede lo inesperado y, para la enorme mayoría de la gente, lo inexplicable. Sin que ninguno de los dos dijera nada la información deja a todos absortos y patas para arriba: Guido y Florencia estaban separados. No era una crisis, no era algo pasajero, no era un cimbronazo y vemos, no era tomarse un tiempo ni darse un espacio. No, ruptura definitiva y a otra cosa. Cero chances para una reconciliación, para una nueva oportunidad, para una segunda vuelta. El casorio no fue para toda la vida, la ruptura sí. Para colmo, el silencio agigantó el misterio. ¿Qué pasó ahí para que la cosa se resolviera en un santiamén y de manera tan contundente?

TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR: LOS JUVENILES FLORENCIA Y GUIDO PASEAN A ROMEO, EL HIJO QUE YA ES UN ADOLESCENTE.
TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR: LOS JUVENILES FLORENCIA Y GUIDO PASEAN A ROMEO, SU HIJO. AQUEL BEBE YA ES UN ADOLESCENTE.

2008

Dos años antes de ese final tan abrupto y tan intrigante, Guido siente que es momento de dar un paso más. Le hierve por la sangre el deseo de hacer algo también «atrás de cámaras». Tuvo al mejor maestro que podría haber tenido, al menos para esos menesteres. Aprendió de Gerardo Sofovich, uno de los hombres que «inventó» la televisión, y sabe que está a las puertas de convertirse en otra cosa. Ya fue un principiante, ya fue un secundón, ya fue segunda guitarra, ya fue protagonista y ahora quiere ser otra cosa. Quiere ser productor.

Guido, lo demostró su trayectoria, tiene buen ojo para las iniciativas televisivas. Pero no siempre se puede acertar. Ya dice el refrán que al mejor cazador se le escapa la liebre, y Guido no sabe que la idea que le cuenta a Flor Bertotti lo va a condenar a una de las peores experiencias de su vida, sino la más traumática. De haberlo sabido es probable que no le hubiera dicho nada, pero no lo sabe y termina convenciendo a su mujer de encarar un proyecto que sería la decisión más errada de todas, la novela Niní.

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NINI, EL COMIENZO DEL FINAL. LA NOVELA ARRASO CON EL MATRIMONIO Y CON LA RELACION DE FLORENCIA Y CRIS MORENA
NINI, EL COMIENZO DEL FINAL. LA NOVELA ARRASO CON EL MATRIMONIO Y CON LA RELACION DE FLORENCIA Y CRIS MORENA. AMADOR LA ENAMORO PERDIDAMENTE.

Nadie sabe bien por qué, pero para acompañar a Florencia Bertotti, que encarnará el protagónico femenino, el elegido es Federico Amador, un muchacho que venía en ascenso pero que nunca había interpretado un rol central. La principal hipótesis, aun hoy, es que querían a alguien que al menos en la previa «no le hiciera sombra» a ella, que con esa jugada de ajedrez se garantizaba ser la que recogiera (¡Ejem II!) los frutos del éxito en caso de que existiera.

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El primer capítulo se emitió el 8 de setiembre de 2009 por Telefe, el mismo canal que transmitió las 137 episodios distribuidos en el curioso fixture de «de lunes a jueves de 18 a 19 horas». Hoy en día, los 19,1 puntos que promedió aquel punto de partido serían una verdadera locura. Aquella vez se celebró con un dejo medio amargón por no llegar a los 20 puntos. Igual la novela anduvo bien, hasta que, como dijo alguna vez un presidente de la Nación, pasaron cosas.

EN UN MOMENTO DADO, LA PASION ERA INOCULTABLE. LOS DOS TENIAN "LO SUYO", PERO CUANDO EL CORAZON MANDA ES IMPOSIBLE CONTENERLO. FLORENCIA Y FEDERICO TERMINARON JUNTOS.
EN UN MOMENTO DADO, LA PASION ERA INOCULTABLE. LOS DOS TENIAN «LO SUYO», PERO CUANDO EL CORAZON MANDA ES IMPOSIBLE CONTENERLO. FLORENCIA Y FEDERICO TERMINARON JUNTOS.

Niní finalmente fue considerada «la novela maldita» para aquellos que aun siguen atentamente los pasos de Guido y de Florencia. Llevarse «todo el trabajo a la casa» y estar prácticamente las 24 horas juntos desgastó completamente a la pareja. Los dos reaccionaron diferente frente a la abulia y el aburrimiento: a él lo hizo pensar en nueva ideas y en nuevos emprendimientos televisivos, y a ella la acercó más de lo aconsejable a Amador, que estaba casado y tenía dos hijos. Era un problema para los dos, que resolvieron de la única manera que se puede en estos casos: dejaron todo y se fueron a vivir su amor contra todo y contra todos.

La «maldición de Niní» se completó poco tiempo después, cuando Cris Morena pateó el tablero y les metió un terrible juicio por la filosa acusación de plagio sobre sus productos Chiquititas y Floricienta. Para colmo, se los ganó y logró un fallo que puede considerarse histórico. La decisión de la justicia precipitó el final de la tira, que salió al aire por última vez el 10 de abril de 2010 c un capítulo doble cuyo rating se midió en 16,1 puntos. La separación trascendió poco antes, en marzo. Más claro, imposible.

LOGICAMENTE, PAPARAZZI LE DIO UNA AMPLIA COBERTURA AL ESCANDALO QUE SE ARMO EN 2010.
LOGICAMENTE, PAPARAZZI LE DIO UNA AMPLIA COBERTURA AL ESCANDALO QUE SE ARMO EN 2010.

1998 Y 2006

Cris Morena. Siempre Cris Morena. En 1997 ella pensó que una novela llena de pibes podía funcionar. Algunos se le rieron y ella siguió adelante. Y con fuerza, tesón, garra y también un par de gritos armó uno de los éxitos más grandes que recuerde la televisión argentina, Verano del 98. No hay adolescente de aquella pibe que haya sido indiferente a esa novela. Para amarla o para rechazarla, para seguirla o para hacer zapping, para soñar con uno de esos galanes o para ilusionarse con encontrar a una de esas doncellas en algún lado. Avasallante.

Hubo, claro, historias de amor. Algunas furtivas, otras importantes. Y hubo una que fue más allá y llegó a convertirse en matrimonio. Guido Kaczka, medio timidón entre tantos galanes aunque ya tenía la experiencia televisiva que les faltaba ella, empezó a flirtear con una de las más bonitas del elenco. Florencia Bertotti le correspondió el interés y allí nació todo.

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El noviazgo fue largo. Uno, dos, tres…siete años. El 2 de diciembre de 2006, cuando sus carreras ya habían tomado sus rumbos definitvos, se convirtieron en marido y mujer. Dos años más tarde llegó uno de los días más felices de su vida. Romeo, un hermoso bebé, hoy un prometedor adolescente, llegó al mundo para iluminarles aquellas vidas. A los pocos meses a él se le ocurrió hacer Niní.

HASTA QUE EL AMOR -O EL AMADOR- NOS SEPARE: GUIDO Y FLORENCIA SE CASARON EL DOS DE DICIEMBRE DE 2006. DESPUES PASO LO QUE TODO EL MUNDO SABE.
HASTA QUE EL AMOR -O EL AMADOR- NOS SEPARE: GUIDO Y FLORENCIA SE CASARON EL DOS DE DICIEMBRE DE 2006. DESPUES PASO LO QUE TODO EL MUNDO SABE.

2026

Curiosamente, Guido sigue sin hablar de aquella separación. En aquel momento prefirió no hacerlo, o no pudo, y con el correr del tiempo la historia fue perdiendo peso y presencia en los medios, que se interesaron más por las nuevas parejas de los dos, más que nada con la de Bertotti y Amador. Un tiempo más tarde él blanqueó con Soledad Rodríguez, su actual mujer, con quien tuvo tres hijas más. Con Florencia tuvo a Romeo, el mayor de sus herederos. Bertotti y Amador no tuvieron hijos pero ensamblaron su familia y con los míos y los tuyos son cinco: ella, él, el hijo de ella y los dos dos de él, Vito y Cirio.

Muy por arriba, hace unos añitos, dijo en una entrevista que «las madres de mis hijos por suerte se llevan bien y hablan por cosas de Romeo, de los chicos. La convivencia tiene que ser buena por ellos» pero jamás dijo nada de los motivos que los llevaron a separarse. Cuentan, algunos que los conocen, que le costó mucho superar lo que había pasado. Que salió adelante y «le debe todo, literalmente todo», a su actual mujer. Incluso todo lo que es hoy, adelante y atrás de cámara. Bertotti tampoco dijo mucho de la cuestión, pero en su caso se entiende un poco más. ¿Qué iba a decir? «¿Sí, lo engañé?» Difícil, ¿Verdad?

Para eso no hay apellido ni identidad que alcance. Nunca. Jamás. Antes y ahora, ayer y hoy, en el pasado y en el presente, hay dolores y situaciones que no tienen nombre.

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ARRIBA CON GUIDO, ABAJO CON FEDERICO AMADOR. ¿SALIO GANANDO O PERDIENDO FLOR BERTOTTI?
ARRIBA CON GUIDO, ABAJO CON FEDERICO AMADOR. ¿SALIO GANANDO O PERDIENDO FLOR BERTOTTI?

 


 

Guido Kaczka, Flor Bertotti, Federico Amador, Niní

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CHIMENTOS

Manuela Pal, la niña que nació en un estudio de TV y con la fe intacta en el teatro: “No hay IA que lo reemplace”

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Manuela Pal, interpretando a Sonia en la obra teatral ‘El chat de mamis’, posa sonriente y vibrante, mostrando la esencia de su personaje en el escenario.

Hay personas a las que el escenario les llega como una elección. A otras, como un destino. En Manuela Pal parece haber ocurrido lo segundo.

Antes de ser actriz, incluso antes de ser consciente de sí misma, ya habitaba un mundo de luces, escenografías pintadas, pasillos de canal y olor a maquillaje. Nació en 1984, en pleno esplendor de Canal 9, cuando la pantalla de Alejandro Romay era una usina de ficciones populares y su madre, Graciela Pal, vivía prácticamente adentro de un estudio.

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Por eso cuando recuerda sus comienzos, no habla de un debut: habla de una continuidad. Porque su primera aparición en televisión fue con apenas ocho meses. Un episodio casi mítico de la vieja televisión argentina.

Graciela extrañaba a su bebé durante las largas jornadas de grabación de Coraje mamá y pidió que su personaje quedara embarazado para poder tener a su hija a su lado. No fue un capricho, fue una escena de amor escrita dentro de una novela. Décadas después, todavía lo revive con ternura.

Manuela Pal sonríe en una escalera. Viste blazer y pantalones negros con apliques plateados, un top corto y un collar de cadenas plateadas
Manuela Pal sonríe con alegría luciendo un elegante conjunto negro con detalles brillantes mientras posa en una escalera de madera.

Caminando con su madre, esa imagen regresaría: “Justo el otro día nos cruzamos con Beatriz Spelzini y con Cacho Santoro y decían: ‘¿Te acordás que extrañabas a Manuelita y pediste que te escribieran embarazada para traerla a grabar?’… Y así fue. A los seis meses yo ya estaba en un estudio”, destacó en charla exclusiva con Teleshow.

La actuación no tardó en volverse deseo propio. A los siete años se animó a ir a ver a Romay para decirle, sin rodeos, que quería actuar. Don Alejandro le tomó casting él mismo. Quedó para Pijama Party, un proyecto con Pablo Echarri y Mariana Fabbiani que nunca se hizo, pero algo ya había quedado sellado.

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Después vino Alta Comedia, con María Herminia Avellaneda. Un solo capítulo le alcanzó para saberlo. Su brújula estaba ahí. Más tarde llegó Chiquititas, la escuela sentimental de una generación y, para ella, una formación integral: “En Chiquititas aprendí todo, todo y más. Fue mi escuela espectacular de actuación, de disciplina, de laburo. No lo cambio por nada del mundo”.

Y agrega, con esa mezcla de humor y lucidez que atraviesa toda la charla, además de la sonrisa imborrable: “Le diría a la Manuela chiquita que estudie inglés. Que no sea boba. Pensaba que no me iba a servir para nada porque no quería hacer Hollywood… esas huevadas que uno dice”. Se ríe fuerte.Pero enseguida vuelve la reflexión. “El colegio sirve siempre”.

Una mujer rubia y una niña rubia sonríen y posan juntas. La niña guiña un ojo y saca la lengua, llevando gafas de sol en la cabeza y una chaqueta floral
La actriz Graciela Pal y su nieta Amparo, hija de Manuela Pal

Hay algo entrañable en cómo se narra a sí misma: sin solemnidad, sin nostalgia impostada. También sin despegarse nunca de la genealogía. Porque el apellido no es un adorno. Es historia.

Su abuelo, Pablo Palitos, es una presencia viva aunque ella lo haya perdido siendo muy pequeña: “Se murió cuando yo tenía dos años. No lo viví, pero todo lo que me cuentan me fascina”. Y entonces aparece la imagen que parece salida de una película: “Me cuentan que entraba con un caballo al Politeama”. Hace una pausa. Se ríe. “Entraba con un caballo al Politeama… ¡imaginate eso hoy!”

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Después enumera, casi como una letanía de admiración: “Bailaba, cantaba, hacía zapateo, hablaba alemán, inglés, portugués… era tremendo. Creo que era el más talentoso de todos”.

Su madre, sin dudas, sigue siendo otro faro: “Siempre lo será”, dice cuando le preguntan si sigue siendo su gran referencia. Y desarrolla: “La vi ensayar, frustrarse, tener éxitos, tener fracasos, arreglar mal un contrato. Vi la cocina”. No habla desde la idealización sino desde la intimidad del oficio. Y eso atraviesa también su presente.

Dos mujeres en un escenario teatral. Una en traje azul turquesa gesticula con enojo, la otra de púrpura, con las manos en la cintura, mira sonriente
Manuela Pal con una expresión de enojo y Mica Riera observando detrás en una dinámica escena de la obra teatral ‘El Chat de Mamis’.

A los 41 años, Manuela vuelve a ocupar el centro de escena con El chat de mamis, una comedia en el cole, fenómeno en calle Corrientes que protagoniza junto a Eugenia Tobal, Carla Conte, Mica Riera, Karina Hernández, Berenice Gandullo y Lionel Arostegui.

La obra parte de una situación reconocible —una reunión escolar detonada por un conflicto con la nena nueva del grado— para convertirse en un caos hilarante donde se desnudan prejuicios, maternidades, miserias y contradicciones. Y claro, no es sólo para mamis, porque los papis tambén están atravesados por la historia y se sienten juez y parte desde las butacas.

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Le llegó el guion hace más de un año. Fue amor inmediato. “Desde el primer momento dije: ‘Esta la rompe’. No lo dudé nunca”. Y no era casual. Ella está metida, como cualquier madre, en el universo del chat escolar. “Soy muy fiel al chat de mamis”, dice entre risas.

Su personaje, Sonia, es controladora, filosa, excesiva. Ella aclara rápido: “Muy poco tengo de Sonia. Casi nada”. Y se explaya: “Yo tengo carácter fuerte, sí. Pero jamás me comportaría como ella”.

Cinco actores en escena: Lionel Arostegui, Manuela Pal, Mica Riera, Carla Conte y Eugenia Tobal, cada uno concentrado en su teléfono móvil con diferentes expresiones
Lionel Arostegui, Manuela Pal, Mica Riera, Carla Conte y Eugenia Tobal concentrados en sus teléfonos celulares durante una representación teatral, reflejando la omnipresencia de la tecnología.

Entonces aparece una escena doméstica que revela mucho más: “El otro día mi hija me dijo: ‘Me saqué un ocho’ y estaba angustiada. Y le dije: ‘Yo con un seis bailaba la sevillana’. A mí no me interesa que se saque un diez. Me interesa que aprenda y que se divierta”.

Su hija Amparo —fruto de su relación con un productor televisivo— vio la obra. Le encantó: “Se divirtió mucho. Hay algo muy colorido, muy lúdico… aunque es una obra para adultos”.

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La maternidad transformó sus modos de organizar la vida, no su vínculo con el escenario: “Malabares”, definió. Pero nunca resignación. “Me encanta hacer teatro. Es mi mundo”. El elenco, dice, sale físicamente extenuado. “Esta obra te agota. No hay relajo. No paramos”. Y el público responde: “Vienen mamis del cole, docentes, parejas, gente que nunca pisó un teatro”.

Eso la conmueve especialmente: “Nos pasa mucha gente que viene por primera vez al teatro. Y es una responsabilidad enorme”.

Manuela Pal, una mujer de cabello castaño corto, mira directamente a la cámara mientras viste un blazer oscuro cubierto de lentejuelas brillantes
La reconocida actriz Manuela Pal posa elegantemente con un blazer de lentejuelas, destacando su sofisticado estilo en este retrato.

Entonces lanza una de esas frases que quedan suspendidas: “No hay inteligencia artificial que pueda reemplazar lo que te da el teatro”. No es solo una defensa del oficio. Es casi una declaración de fe.

Porque también habla con melancolía de la ficción perdida: “Extraño muchísimo grabar doce horas”. Y cuando recuerda aquellos sets eternos, no hay queja sino deseo: “Doble citación, repetir veinte veces una escena… me encantaba”.

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Le duele la falta de ficción argentina: “En México el prime time son novelas. En Brasil también. Acá tuvimos eso”. Y se ilumina al nombrar a Romay: “Qué hermosura esa época”. Evoca una industria donde había lugar para todos, proque “hasta el actor que hacía bolos podía vivir”.

Hoy el panorama la preocupa: “Las plataformas están cerradas, siempre son los mismos”. Aunque no pierde esperanza, porque en un punt, está convencida de que “el día que vuelva la ficción, no para”.

Primer plano de Manuela Pal riendo a carcajadas con la cabeza hacia atrás, labios rojos, blazer oscuro y collar plateado, sobre fondo verde de hojas
La reconocida actriz Manuela Pal se muestra feliz, riendo a carcajadas con el rostro hacia arriba y labios pintados de rojo, en un entorno natural.

Hay una zona especialmente deliciosa cuando habla de sus villanas —esas que marcaron a quienes hoy tienen treinta y tantos y todavía la recuerdan por Casi Ángeles: “Me dicen: ‘Te amaba y te odiaba’”. Y responde con orgullo que justamente eso es una villana.

Y enseguida profundiza: “Yo a mis villanas siempre las justifico. Nadie nace así. Algo les pasó”. Como si estuviera hablando, en el fondo, de todas las personas.

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Cuando la conversación deriva hacia la fragilidad de la profesión, aparece una Manuela menos luminosa y más brutalmente honesta: “Me arrepiento de no haber tenido un plan B”. Y revela lo que le dice a su hija si algún día decide seguir sus pasos: “Si querés ser actriz, hacelo. Pero aprendé otra cosa también”. No habla solo de dinero. Habla del ánimo.

Manuela Pal sentada en una escalera de madera y blanca, vestida con un traje negro con brillo y un top escotado. Tiene el pelo castaño suelto y mira a cámara
La actriz Manuela Pal posa elegantemente sentada en una escalera de madera, luciendo un llamativo conjunto negro adornado con detalles brillantes.

“El hambre que te genera no tener laburo… no es literal, es del alma”. Y remata: “Es muy aburrido esperar que te llamen”. Quizá allí esté la confesión más cruda de toda la charla. En una profesión construida sobre el deseo, lo más doloroso es la espera.

¿Y el futuro? No habla de premios, ni de personajes soñados. Solo pide seguir: “Ojalá seguir laburando siempre”. Y desea que El chat de mamis tenga larga vida. “Los grupos de mamis se renuevan. Puede durar”. Lo dice riéndose. Pero lo cree.

Porque en el fondo Manuela Pal parece seguir siendo aquella nena que entró al estudio en brazos de su madre y nunca quiso salir. Una actriz nacida en la ficción. Y todavía, profundamente, enamorada de ella.

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