CHIMENTOS
Manuela Pal, la niña que nació en un estudio de TV y con la fe intacta en el teatro: “No hay IA que lo reemplace”

Hay personas a las que el escenario les llega como una elección. A otras, como un destino. En Manuela Pal parece haber ocurrido lo segundo.
Antes de ser actriz, incluso antes de ser consciente de sí misma, ya habitaba un mundo de luces, escenografías pintadas, pasillos de canal y olor a maquillaje. Nació en 1984, en pleno esplendor de Canal 9, cuando la pantalla de Alejandro Romay era una usina de ficciones populares y su madre, Graciela Pal, vivía prácticamente adentro de un estudio.
Por eso cuando recuerda sus comienzos, no habla de un debut: habla de una continuidad. Porque su primera aparición en televisión fue con apenas ocho meses. Un episodio casi mítico de la vieja televisión argentina.
Graciela extrañaba a su bebé durante las largas jornadas de grabación de Coraje mamá y pidió que su personaje quedara embarazado para poder tener a su hija a su lado. No fue un capricho, fue una escena de amor escrita dentro de una novela. Décadas después, todavía lo revive con ternura.

Caminando con su madre, esa imagen regresaría: “Justo el otro día nos cruzamos con Beatriz Spelzini y con Cacho Santoro y decían: ‘¿Te acordás que extrañabas a Manuelita y pediste que te escribieran embarazada para traerla a grabar?’… Y así fue. A los seis meses yo ya estaba en un estudio”, destacó en charla exclusiva con Teleshow.
La actuación no tardó en volverse deseo propio. A los siete años se animó a ir a ver a Romay para decirle, sin rodeos, que quería actuar. Don Alejandro le tomó casting él mismo. Quedó para Pijama Party, un proyecto con Pablo Echarri y Mariana Fabbiani que nunca se hizo, pero algo ya había quedado sellado.
Después vino Alta Comedia, con María Herminia Avellaneda. Un solo capítulo le alcanzó para saberlo. Su brújula estaba ahí. Más tarde llegó Chiquititas, la escuela sentimental de una generación y, para ella, una formación integral: “En Chiquititas aprendí todo, todo y más. Fue mi escuela espectacular de actuación, de disciplina, de laburo. No lo cambio por nada del mundo”.
Y agrega, con esa mezcla de humor y lucidez que atraviesa toda la charla, además de la sonrisa imborrable: “Le diría a la Manuela chiquita que estudie inglés. Que no sea boba. Pensaba que no me iba a servir para nada porque no quería hacer Hollywood… esas huevadas que uno dice”. Se ríe fuerte.Pero enseguida vuelve la reflexión. “El colegio sirve siempre”.

Hay algo entrañable en cómo se narra a sí misma: sin solemnidad, sin nostalgia impostada. También sin despegarse nunca de la genealogía. Porque el apellido no es un adorno. Es historia.
Su abuelo, Pablo Palitos, es una presencia viva aunque ella lo haya perdido siendo muy pequeña: “Se murió cuando yo tenía dos años. No lo viví, pero todo lo que me cuentan me fascina”. Y entonces aparece la imagen que parece salida de una película: “Me cuentan que entraba con un caballo al Politeama”. Hace una pausa. Se ríe. “Entraba con un caballo al Politeama… ¡imaginate eso hoy!”
Después enumera, casi como una letanía de admiración: “Bailaba, cantaba, hacía zapateo, hablaba alemán, inglés, portugués… era tremendo. Creo que era el más talentoso de todos”.
Su madre, sin dudas, sigue siendo otro faro: “Siempre lo será”, dice cuando le preguntan si sigue siendo su gran referencia. Y desarrolla: “La vi ensayar, frustrarse, tener éxitos, tener fracasos, arreglar mal un contrato. Vi la cocina”. No habla desde la idealización sino desde la intimidad del oficio. Y eso atraviesa también su presente.

A los 41 años, Manuela vuelve a ocupar el centro de escena con El chat de mamis, una comedia en el cole, fenómeno en calle Corrientes que protagoniza junto a Eugenia Tobal, Carla Conte, Mica Riera, Karina Hernández, Berenice Gandullo y Lionel Arostegui.
La obra parte de una situación reconocible —una reunión escolar detonada por un conflicto con la nena nueva del grado— para convertirse en un caos hilarante donde se desnudan prejuicios, maternidades, miserias y contradicciones. Y claro, no es sólo para mamis, porque los papis tambén están atravesados por la historia y se sienten juez y parte desde las butacas.
Le llegó el guion hace más de un año. Fue amor inmediato. “Desde el primer momento dije: ‘Esta la rompe’. No lo dudé nunca”. Y no era casual. Ella está metida, como cualquier madre, en el universo del chat escolar. “Soy muy fiel al chat de mamis”, dice entre risas.
Su personaje, Sonia, es controladora, filosa, excesiva. Ella aclara rápido: “Muy poco tengo de Sonia. Casi nada”. Y se explaya: “Yo tengo carácter fuerte, sí. Pero jamás me comportaría como ella”.

Entonces aparece una escena doméstica que revela mucho más: “El otro día mi hija me dijo: ‘Me saqué un ocho’ y estaba angustiada. Y le dije: ‘Yo con un seis bailaba la sevillana’. A mí no me interesa que se saque un diez. Me interesa que aprenda y que se divierta”.
Su hija Amparo —fruto de su relación con un productor televisivo— vio la obra. Le encantó: “Se divirtió mucho. Hay algo muy colorido, muy lúdico… aunque es una obra para adultos”.
La maternidad transformó sus modos de organizar la vida, no su vínculo con el escenario: “Malabares”, definió. Pero nunca resignación. “Me encanta hacer teatro. Es mi mundo”. El elenco, dice, sale físicamente extenuado. “Esta obra te agota. No hay relajo. No paramos”. Y el público responde: “Vienen mamis del cole, docentes, parejas, gente que nunca pisó un teatro”.
Eso la conmueve especialmente: “Nos pasa mucha gente que viene por primera vez al teatro. Y es una responsabilidad enorme”.

Entonces lanza una de esas frases que quedan suspendidas: “No hay inteligencia artificial que pueda reemplazar lo que te da el teatro”. No es solo una defensa del oficio. Es casi una declaración de fe.
Porque también habla con melancolía de la ficción perdida: “Extraño muchísimo grabar doce horas”. Y cuando recuerda aquellos sets eternos, no hay queja sino deseo: “Doble citación, repetir veinte veces una escena… me encantaba”.
Le duele la falta de ficción argentina: “En México el prime time son novelas. En Brasil también. Acá tuvimos eso”. Y se ilumina al nombrar a Romay: “Qué hermosura esa época”. Evoca una industria donde había lugar para todos, proque “hasta el actor que hacía bolos podía vivir”.
Hoy el panorama la preocupa: “Las plataformas están cerradas, siempre son los mismos”. Aunque no pierde esperanza, porque en un punt, está convencida de que “el día que vuelva la ficción, no para”.

Hay una zona especialmente deliciosa cuando habla de sus villanas —esas que marcaron a quienes hoy tienen treinta y tantos y todavía la recuerdan por Casi Ángeles: “Me dicen: ‘Te amaba y te odiaba’”. Y responde con orgullo que justamente eso es una villana.
Y enseguida profundiza: “Yo a mis villanas siempre las justifico. Nadie nace así. Algo les pasó”. Como si estuviera hablando, en el fondo, de todas las personas.
Cuando la conversación deriva hacia la fragilidad de la profesión, aparece una Manuela menos luminosa y más brutalmente honesta: “Me arrepiento de no haber tenido un plan B”. Y revela lo que le dice a su hija si algún día decide seguir sus pasos: “Si querés ser actriz, hacelo. Pero aprendé otra cosa también”. No habla solo de dinero. Habla del ánimo.

“El hambre que te genera no tener laburo… no es literal, es del alma”. Y remata: “Es muy aburrido esperar que te llamen”. Quizá allí esté la confesión más cruda de toda la charla. En una profesión construida sobre el deseo, lo más doloroso es la espera.
¿Y el futuro? No habla de premios, ni de personajes soñados. Solo pide seguir: “Ojalá seguir laburando siempre”. Y desea que El chat de mamis tenga larga vida. “Los grupos de mamis se renuevan. Puede durar”. Lo dice riéndose. Pero lo cree.
Porque en el fondo Manuela Pal parece seguir siendo aquella nena que entró al estudio en brazos de su madre y nunca quiso salir. Una actriz nacida en la ficción. Y todavía, profundamente, enamorada de ella.
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CHIMENTOS
Todo sobre la final de Gran Hermano Generación Dorada: a qué hora se define el reality y cuáles son los premios

La definición de Gran Hermano Generación Dorada ya entró en modo cuenta regresiva. Este miércoles 16 de septiembre, Solange Abraham y Yisela Yipio Pintos se enfrentarán por el título de la edición después de varios meses de aislamiento, convivencia y competencia dentro de la casa más famosa del país. La gala final marcará el cierre de una temporada que dejó distintos cruces, eliminaciones y momentos de tensión, y que ahora se prepara para conocer a la participante elegida por el público.
Según informó Telefe a través de sus redes sociales, el programa comenzará a las 22:15. Desde ese momento, Santiago del Moro se comunicará con las dos finalistas y acompañará el desarrollo de la última gala hasta anunciar el veredicto de los espectadores. La emisión definirá cuál de las dos participantes se consagrará campeona, quién ocupará el segundo puesto y cómo quedará conformado el podio de esta edición.
Como sucedió durante buena parte del ciclo, las redes sociales comenzaron a funcionar como un espacio para anticipar posibles resultados. Los usuarios realizaron distintos sondeos para medir el apoyo que tenían las finalistas, aunque esta vez las diferencias no fueron tan marcadas como en otras instancias del programa. Con solo dos opciones disponibles, las encuestas mostraron una competencia más pareja, aunque Yipio apareció con una leve ventaja en varios de los relevamientos publicados.

La participante que gane recibirá un premio de 70 millones de pesos, una casa prefabricada y un reintegro de gastos con tarjeta de crédito mediante una billetera virtual. La persona que quede en el segundo puesto obtendrá una casa y 20 millones de pesos, mientras que quien complete el tercer lugar recibirá 10 millones de pesos. Santiago del Moro informó que los premios serán entregados un día después de la final, durante la emisión especial de Noche de las Campeonas.
El conductor también adelantó que habrá regalos especiales para el resto de los jugadores que formaron parte de la temporada. De esta manera, el cierre no estará destinado únicamente a las dos finalistas, sino que también reunirá a otros participantes que atravesaron la experiencia de aislamiento y convivencia durante la edición. La entrega de premios se realizará en el programa previsto para el jueves 17 de septiembre, que marcará el cierre total del formato.
Antes de llegar a la gala final, Sol y Yipio tuvieron la posibilidad de reencontrarse con sus familiares. El martes 15 de septiembre por la noche, ambas recibieron visitas durante algunas horas en el último programa previo a la definición. La dinámica se repitió como en otras ediciones del reality y permitió que las participantes rompieran el aislamiento definitivo antes de enfrentarse a la decisión del público.
Del Moro fue el encargado de anunciarles que estaban a punto de encontrarse con personas importantes de sus vidas. Cada una ingresó por turnos al SUM de la casa, donde sus familiares las esperaban. Sol fue la primera en atravesar la puerta y se encontró con su madre, Norma. Apenas la vio, ambas se abrazaron entre lágrimas. Después ingresaron su hermana Noelia, su sobrino Felipe y su hija Delfina, quien también se quebró al reencontrarse con su madre. La escena estuvo marcada por los abrazos y la emoción de la familia después de varias semanas sin verse.
Luego llegó el turno de Yipio, que vivió uno de los reencuentros más comentados de la temporada. La primera persona en ingresar fue su pareja, Mathias Centurión. Cuando lo vio cruzar la puerta, la finalista se acercó y ambos se fundieron en un beso. Centurión es luchador de kickboxing, practicante de Jiu-Jitsu brasileño y tiene un emprendimiento textil de sublimación de remeras.
Su presencia también estuvo vinculada con un momento anterior del programa. Semanas atrás, Centurión había informado a la producción que la madre de Yipio no se encontraba bien de salud. Esa situación provocó la salida temporal de la participante del reality, aunque luego regresó a la competencia mediante un Golden Ticket y logró avanzar hasta la final.
Después del reencuentro con su pareja, ingresó Lara, la hija de Yipio, quien días atrás había cumplido la mayoría de edad. La primera frase que le dijo la finalista al verla fue: “Estás hermosa”. Durante la charla, la joven le contó que se encontraba próxima a realizar su viaje de egresados y que ya había retomado sus salidas nocturnas. El dato sorprendió a su madre, que escuchó la novedad en medio de la emoción por volver a verla.
Con ese reencuentro familiar, Sol y Yipio quedaron listas para atravesar la última gala de la temporada. Este miércoles 16 de septiembre, desde las 22:15, el público definirá cuál de las dos se convertirá en la nueva campeona de Gran Hermano Generación Dorada. El jueves 17, con Noche de las Campeonas, Telefe emitirá el último programa de una edición que allí bajará definitivamente el telón.
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Condenaron a un famoso tiktoker a 16 años de prisión por matar a una madre y su hija

Más de un año después de un accidente que terminó con dos muertes, la Justicia de Rosario condenó a 16 años de prisión a Agustín López Gagliasso, el joven tiktoker que protagonizó el fatal choque en el que murieron Tania Gandolfi, de 41 años, y su hija Agustina García, de 17. Además, recibió una inhabilitación de 10 años para conducir.
El hecho ocurrió el 21 de enero de 2025, cuando Gagliasso circulaba en un Peugeot 206 por la avenida Arturo Illia. Según la reconstrucción realizada durante el juicio, el joven había comenzado a perseguir a un motociclista luego de una discusión y, en medio de esa situación, aceleró hasta alcanzar los 120,7 kilómetros por hora, prácticamente el doble del límite permitido en ese tramo.
La secuencia terminó de la peor manera al llegar a la intersección con Presidente Roca. De acuerdo con la Fiscalía, Gagliasso no frenó, realizó maniobras de sobrepaso entre otros vehículos, perdió el control del Peugeot, derrapó y terminó subiendo a la vereda, donde atropelló a las personas que se encontraban junto a una columna del semáforo.
Gandolfi y García murieron como consecuencia del impacto. Una nena de seis años y un hombre de 45 también resultaron heridos, mientras que una joven de 20 años que viajaba dentro del Peugeot sufrió lesiones leves. Fue justamente esta joven una de las personas que brindó un testimonio clave durante el proceso judicial.
CONDENARON A UN TIKTOKER POR MATAR A DOS PERSONAS EN UN ACCIDENTE VIAL
“Estaba cegado. Yo tenía miedo, pensé que me moría. Me agarré fuerte. No sentí el impacto”, relató la joven, quien recordó que después del choque logró salir del vehículo por sus propios medios, aunque estaba cubierta de sangre y tenía vidrios incrustados en la cara.
En su declaración, además, apuntó directamente contra la conducta que había tenido Gagliasso antes del choque. “Agustín siempre estuvo enfocado en seguir a la moto. Estaba en la suya, no le importó nada, ni si yo me moría o si chocaba con otros autos”, aseguró. Y cerró su relato con una definición contundente: “Un inconsciente”.
La Fiscalía había solicitado una pena de 18 años de prisión, además de 10 años de inhabilitación para conducir, al considerar que había actuado con dolo eventual. “El condenado representó el resultado como una posibilidad seria, sin que ello haya implicado desistir o renunciar a dicha acción inusitadamente peligrosa para la vida de las personas y la propia”, señalaron durante el juicio.
Finalmente, el tribunal integrado por Silvana Lamas González, Valeria Pedrana y Paula Álvarez resolvió condenarlo a 16 años de prisión por el homicidio simple con dolo eventual de Tania Gandolfi y Agustina García, además de lesiones leves con dolo eventual. A más de un año de aquella persecución que terminó en tragedia, la Justicia estableció así la pena para el joven de 22 años.
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Bautista, el hijo de Emanuel Ortega: “Desde que Julieta Prandi llegó a la vida de mi papá, él está más contento”

Bautista Ortega, hijo de Emanuel Ortega y Ana Paula Dutil, habló por primera vez de manera pública sobre la relación de su padre con Julieta Prandi, luego de haber presenciado el casamiento civil de la pareja este martes 15 de septiembre en San Isidro. El joven, que suele mantener un perfil bajo y evita hablar públicamente sobre su familia, se mostró conmovido durante una entrevista con el ciclo de Luis Ventura y Marina Calabró en América TV a la salida de la ceremonia.
“Hermoso, la verdad. Me tocó vivirlo de primera mano y la verdad que estoy muy contento por los dos”, expresó Bautista en diálogo con el programa, al referirse a la emoción que le generó ser testigo directo de la boda de su padre. El joven remarcó, además, el vínculo afectivo que construyó con la actriz a lo largo de los años de relación con Emanuel. “Yo a Julieta la quiero muchísimo”, sostuvo.
Bautista compartió también las palabras que le dedicó a la pareja en el momento del intercambio de anillos durante la ceremonia. “Es lo que le dije cuando le entregaron los anillos, que desde que llegó a la vida de mi papá, mi papá está mucho mejor, mucho más contento. Se lo ve en los ojos, en la mirada, en la cara”, relató el joven, y agregó una reflexión personal sobre ese cambio. “Eso me pone muy feliz por él”, remarcó.
El hijo del cantante también se refirió al lugar que Prandi ocupa dentro de la familia Ortega desde el comienzo de la relación con su padre, que superó los seis años de pareja antes de formalizarse legalmente. “Obviamente la aceptamos el primer día. Julieta siempre fue una más de la familia, pero hoy se puede decir que se oficializó y ya es Ortega”, afirmó Bautista, entre risas, ante la definición que utilizó para describir el nuevo estatus de la actriz dentro del núcleo familiar.
Consultado por Marcela Coronel sobre la manera en que Emanuel les había comunicado la noticia del casamiento, Bautista relató un episodio que reflejó el estilo reservado de su padre para este tipo de anuncios. “Mi papá no es una persona de muchas palabras. Me enteré una vez que fui a la casa y me dijo: ‘Tenemos algo para contarte con Julieta’. Y me dijeron que se iban a casar. Me mostraron el anillo y obviamente me puse muy contento por los dos”, contó el joven.

El propio Bautista remarcó lo espontáneo que resultó ese momento, sin ningún tipo de aviso o preparación previa por parte de su padre. “No es que me llamó para reunirnos. Fue espontáneo. Fui a la casa de casualidad y me contó, porque si no, no sé si me contaba”, cerró entre risas, en referencia al hermetismo que la pareja mantuvo en torno a la organización de la boda.
Durante la misma entrevista, Ventura consultó a Bautista sobre su vínculo con el fútbol, luego de que trascendiera que en algún momento de su vida había sido convocado para desarrollarse en las divisiones formativas de River Plate. El joven confirmó ese antecedente y relató su paso posterior por Miami, donde llegó a jugar en primera división antes de una lesión que lo obligó a dejar la actividad. “Me fui a Miami a jugar. Jugué allá un tiempo en la primera y me lesioné y tuve que frenar. Me volví para acá y dejé el fútbol. Pero sí, el deporte toda la vida me gustó”, relató.
La boda de Emanuel Ortega y Julieta Prandi se realizó al mediodía en el Registro Civil de San Isidro, en una ceremonia íntima a la que asistieron, además de Bautista, la otra hija del cantante, India Ortega, junto a Palito Ortega y Evangelina Salazar, padres del músico. También estuvieron presentes la hermana y los padres de la actriz. Tras la formalización del vínculo, la pareja compartió un almuerzo reservado junto a sus allegados más cercanos en un restaurante, en el marco de los festejos por una relación que ya lleva más de seis años.
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