CHIMENTOS
Las primeras fotos de la mega fiesta de 15 de Allegra Cubero: la emoción de Fabián Cubero y una noche inolvidable

Y, finalmente, llegó el momento. Allegra Cubero disfrutó su segundo festejo de 15, esta vez organizado por su papá, Fabián Cubero, en medio de una expectativa altísima y con todos los ojos puestos en cada detalle. Después de meses de previa, tensión y polémicas, el cumpleaños de la hija de Nicole Neumann se realizó a lo grande.
La fiesta se hizo en un salón ubicado en Olivos, en la Zona Norte de Buenos Aires, un lugar elegido especialmente para que los 150 invitados la pasen bomba. El espacio ya había sido anticipado por Mica y Allegra en Instagram y fue escenario de una producción muy pensada, con ambientación, técnica y puesta diseñadas para una noche a todo lujo que la agasajada abrió atravesando una pantalla, junto a su hermanito Luca.
En los días previos, tanto Cubero como Mica fueron mostrando el detrás de escena. Desde recorridas por el salón hasta reuniones con la planner, todo dejó ver el nivel de detalle con el que se armó la fiesta que tanto lío armó por las peleas con Nicole. “Quiero que esté todo listo, que salga todo prolijo, que salga todo lindo”, había dicho Poroto, reflejando los nervios de un padre en un momento clave, sabiendo que iba a vivir una noche a pura emoción y lágrimas. “Me estoy preparando para llorar”, dijo.
Uno de los momentos más comentados de la previa fue la preparación de Allegra. La adolescente participó activamente en cada decisión: el vestido, diseñado por Laurencio Adot, la música de entrada y hasta su look final. Horas antes del evento, Viciconte había mostrado el make-up de la adolescente, anticipando lo que se vendría. «Primera tanda», escribió en sus historias de IG, exultante.


LA POLÉMICA ENTRADA DE ALLEGRA CUBERO A SU FIESTA DE 15
Allegra entró a lo grande, con una superproducción. Nada de elegir una canción y ya… La hija de Poroto y Nicole hizo una entrada triunfal, por pantalla y entre luces y brillos. Así, entre los aplausos y ovaciones de sus invitados, la joven ingresó al salón con su hermoso vestido strapless verde y el pelo suelto.
Pero hubo un detalle que no pasó desapercibido… Porque en su gran noche, el momento de mayor protagonismo, Allegra ingresó junto al pequeño Luca. ¿Habrá sido su decisión? Como sea, el golpe de efecto generó emoción y fue una gran postal para inaugurar el evento que tanto revuelo armó. Y que, seguramente, en los próximos días traerá cola y repercusiones.

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CHIMENTOS
La separación de Guido Kaczka y Flor Bertotti: la infidelidad más dolorosa de la historia y la novela maldita que marcó el final

A veces pasa.
A veces pasa la curiosidad de los apellidos que coinciden o combinan con las profesiones de sus dueños.
Por ejemplo, un neurólogo se puede apellidar Cabezas, un gomero Rueda, alguien que arregla o hace rejas Herrero, un militar Guerrero, un abogado Leyes, un arquitecto Paredes, un banquero o prestamista Cash, un árbitro de fútbol Amarilla, un bombero Cienfuegos, un nutricionista Delgado o el dueño de una inmobiliaria Casas. Sí, a veces pasa.
Cada tanto sucede, como esta vez: la historia del amante que se llama Federico Amador.
2010
Para mediados de 2010 Guido Kaczka ya pintaba para transformarse en lo que es hoy, el tipo más querido de la televisión argentina. El que mejor cae. El más simpático. El que convierte en oro (o en plata, porque ahora está segundo detrás de Gran Hermano) todo lo que toca o todos los proyectos que se pone entre manos. En la radio sí es Mister Rating, el conductor más escuchado de la FM en yunta con Santiago Del Moro. Ejem, el que le gana a la noche en la tele.
En fin, es 2010 y Guido ya se perfila como uno de los grandes proyectos de la pantalla chica. Es simpático, carismático, querible, afable, bonachón, talentoso, emprendedor y, sobre todo, laburador como pocos. O como ninguno: si hay que estar a las tres de la mañana filmando una escena, está. Si hay que grabar abajo de la lluvia no solo no dice ni mu: además, se saca la campera y se la da a una compañera para que se cubra. Si hay que salir al toro para cubrir a alguien que falta se muestra en vez de esconderse.
Igual que ahora -la gente, al fin y al cabo, no cambia- para Guido no hay primeros de mayo: todos son días buenos y oportunos para laburar. Esa presencia permanente en el candelero, esa fama de tipo bonachón y amiguero y esa pinta de hombre sencillo y padre de familia atento y ocupado lo van poniendo en carrera para volverse, en un momento dado, en un número uno indiscutido.
También lo ayuda a dar unos cuantos saltos en esa escalera rumbo al firmamento su matrimonio con Flor Bertotti, una de las más queridas de la escudería de Cris Morena, lo que es toda una definición en sí misma. Por ahí no pasa, ni mucho menos triunfa, cualquiera. Ese lugar está reservado para las elegidas: Lali Espósito, La China Suárez, Camila Bordonaba, Luisana Lopilato, Agustina Cherri. Al lado de esa «fórmula uno» Guido aceleró y avanzó un montón de casilleros.
Pero de pronto sucede lo inesperado y, para la enorme mayoría de la gente, lo inexplicable. Sin que ninguno de los dos dijera nada la información deja a todos absortos y patas para arriba: Guido y Florencia estaban separados. No era una crisis, no era algo pasajero, no era un cimbronazo y vemos, no era tomarse un tiempo ni darse un espacio. No, ruptura definitiva y a otra cosa. Cero chances para una reconciliación, para una nueva oportunidad, para una segunda vuelta. El casorio no fue para toda la vida, la ruptura sí. Para colmo, el silencio agigantó el misterio. ¿Qué pasó ahí para que la cosa se resolviera en un santiamén y de manera tan contundente?
2008
Dos años antes de ese final tan abrupto y tan intrigante, Guido siente que es momento de dar un paso más. Le hierve por la sangre el deseo de hacer algo también «atrás de cámaras». Tuvo al mejor maestro que podría haber tenido, al menos para esos menesteres. Aprendió de Gerardo Sofovich, uno de los hombres que «inventó» la televisión, y sabe que está a las puertas de convertirse en otra cosa. Ya fue un principiante, ya fue un secundón, ya fue segunda guitarra, ya fue protagonista y ahora quiere ser otra cosa. Quiere ser productor.
Guido, lo demostró su trayectoria, tiene buen ojo para las iniciativas televisivas. Pero no siempre se puede acertar. Ya dice el refrán que al mejor cazador se le escapa la liebre, y Guido no sabe que la idea que le cuenta a Flor Bertotti lo va a condenar a una de las peores experiencias de su vida, sino la más traumática. De haberlo sabido es probable que no le hubiera dicho nada, pero no lo sabe y termina convenciendo a su mujer de encarar un proyecto que sería la decisión más errada de todas, la novela Niní.

Nadie sabe bien por qué, pero para acompañar a Florencia Bertotti, que encarnará el protagónico femenino, el elegido es Federico Amador, un muchacho que venía en ascenso pero que nunca había interpretado un rol central. La principal hipótesis, aun hoy, es que querían a alguien que al menos en la previa «no le hiciera sombra» a ella, que con esa jugada de ajedrez se garantizaba ser la que recogiera (¡Ejem II!) los frutos del éxito en caso de que existiera.
El primer capítulo se emitió el 8 de setiembre de 2009 por Telefe, el mismo canal que transmitió las 137 episodios distribuidos en el curioso fixture de «de lunes a jueves de 18 a 19 horas». Hoy en día, los 19,1 puntos que promedió aquel punto de partido serían una verdadera locura. Aquella vez se celebró con un dejo medio amargón por no llegar a los 20 puntos. Igual la novela anduvo bien, hasta que, como dijo alguna vez un presidente de la Nación, pasaron cosas.
Niní finalmente fue considerada «la novela maldita» para aquellos que aun siguen atentamente los pasos de Guido y de Florencia. Llevarse «todo el trabajo a la casa» y estar prácticamente las 24 horas juntos desgastó completamente a la pareja. Los dos reaccionaron diferente frente a la abulia y el aburrimiento: a él lo hizo pensar en nueva ideas y en nuevos emprendimientos televisivos, y a ella la acercó más de lo aconsejable a Amador, que estaba casado y tenía dos hijos. Era un problema para los dos, que resolvieron de la única manera que se puede en estos casos: dejaron todo y se fueron a vivir su amor contra todo y contra todos.
La «maldición de Niní» se completó poco tiempo después, cuando Cris Morena pateó el tablero y les metió un terrible juicio por la filosa acusación de plagio sobre sus productos Chiquititas y Floricienta. Para colmo, se los ganó y logró un fallo que puede considerarse histórico. La decisión de la justicia precipitó el final de la tira, que salió al aire por última vez el 10 de abril de 2010 c un capítulo doble cuyo rating se midió en 16,1 puntos. La separación trascendió poco antes, en marzo. Más claro, imposible.
1998 Y 2006
Cris Morena. Siempre Cris Morena. En 1997 ella pensó que una novela llena de pibes podía funcionar. Algunos se le rieron y ella siguió adelante. Y con fuerza, tesón, garra y también un par de gritos armó uno de los éxitos más grandes que recuerde la televisión argentina, Verano del 98. No hay adolescente de aquella pibe que haya sido indiferente a esa novela. Para amarla o para rechazarla, para seguirla o para hacer zapping, para soñar con uno de esos galanes o para ilusionarse con encontrar a una de esas doncellas en algún lado. Avasallante.
Hubo, claro, historias de amor. Algunas furtivas, otras importantes. Y hubo una que fue más allá y llegó a convertirse en matrimonio. Guido Kaczka, medio timidón entre tantos galanes aunque ya tenía la experiencia televisiva que les faltaba ella, empezó a flirtear con una de las más bonitas del elenco. Florencia Bertotti le correspondió el interés y allí nació todo.
El noviazgo fue largo. Uno, dos, tres…siete años. El 2 de diciembre de 2006, cuando sus carreras ya habían tomado sus rumbos definitvos, se convirtieron en marido y mujer. Dos años más tarde llegó uno de los días más felices de su vida. Romeo, un hermoso bebé, hoy un prometedor adolescente, llegó al mundo para iluminarles aquellas vidas. A los pocos meses a él se le ocurrió hacer Niní.
2026
Curiosamente, Guido sigue sin hablar de aquella separación. En aquel momento prefirió no hacerlo, o no pudo, y con el correr del tiempo la historia fue perdiendo peso y presencia en los medios, que se interesaron más por las nuevas parejas de los dos, más que nada con la de Bertotti y Amador. Un tiempo más tarde él blanqueó con Soledad Rodríguez, su actual mujer, con quien tuvo tres hijas más. Con Florencia tuvo a Romeo, el mayor de sus herederos. Bertotti y Amador no tuvieron hijos pero ensamblaron su familia y con los míos y los tuyos son cinco: ella, él, el hijo de ella y los dos dos de él, Vito y Cirio.
Muy por arriba, hace unos añitos, dijo en una entrevista que «las madres de mis hijos por suerte se llevan bien y hablan por cosas de Romeo, de los chicos. La convivencia tiene que ser buena por ellos» pero jamás dijo nada de los motivos que los llevaron a separarse. Cuentan, algunos que los conocen, que le costó mucho superar lo que había pasado. Que salió adelante y «le debe todo, literalmente todo», a su actual mujer. Incluso todo lo que es hoy, adelante y atrás de cámara. Bertotti tampoco dijo mucho de la cuestión, pero en su caso se entiende un poco más. ¿Qué iba a decir? «¿Sí, lo engañé?» Difícil, ¿Verdad?
Para eso no hay apellido ni identidad que alcance. Nunca. Jamás. Antes y ahora, ayer y hoy, en el pasado y en el presente, hay dolores y situaciones que no tienen nombre.


Guido Kaczka, Flor Bertotti, Federico Amador, Niní
CHIMENTOS
Manuela Pal, la niña que nació en un estudio de TV y con la fe intacta en el teatro: “No hay IA que lo reemplace”

Hay personas a las que el escenario les llega como una elección. A otras, como un destino. En Manuela Pal parece haber ocurrido lo segundo.
Antes de ser actriz, incluso antes de ser consciente de sí misma, ya habitaba un mundo de luces, escenografías pintadas, pasillos de canal y olor a maquillaje. Nació en 1984, en pleno esplendor de Canal 9, cuando la pantalla de Alejandro Romay era una usina de ficciones populares y su madre, Graciela Pal, vivía prácticamente adentro de un estudio.
Por eso cuando recuerda sus comienzos, no habla de un debut: habla de una continuidad. Porque su primera aparición en televisión fue con apenas ocho meses. Un episodio casi mítico de la vieja televisión argentina.
Graciela extrañaba a su bebé durante las largas jornadas de grabación de Coraje mamá y pidió que su personaje quedara embarazado para poder tener a su hija a su lado. No fue un capricho, fue una escena de amor escrita dentro de una novela. Décadas después, todavía lo revive con ternura.

Caminando con su madre, esa imagen regresaría: “Justo el otro día nos cruzamos con Beatriz Spelzini y con Cacho Santoro y decían: ‘¿Te acordás que extrañabas a Manuelita y pediste que te escribieran embarazada para traerla a grabar?’… Y así fue. A los seis meses yo ya estaba en un estudio”, destacó en charla exclusiva con Teleshow.
La actuación no tardó en volverse deseo propio. A los siete años se animó a ir a ver a Romay para decirle, sin rodeos, que quería actuar. Don Alejandro le tomó casting él mismo. Quedó para Pijama Party, un proyecto con Pablo Echarri y Mariana Fabbiani que nunca se hizo, pero algo ya había quedado sellado.
Después vino Alta Comedia, con María Herminia Avellaneda. Un solo capítulo le alcanzó para saberlo. Su brújula estaba ahí. Más tarde llegó Chiquititas, la escuela sentimental de una generación y, para ella, una formación integral: “En Chiquititas aprendí todo, todo y más. Fue mi escuela espectacular de actuación, de disciplina, de laburo. No lo cambio por nada del mundo”.
Y agrega, con esa mezcla de humor y lucidez que atraviesa toda la charla, además de la sonrisa imborrable: “Le diría a la Manuela chiquita que estudie inglés. Que no sea boba. Pensaba que no me iba a servir para nada porque no quería hacer Hollywood… esas huevadas que uno dice”. Se ríe fuerte.Pero enseguida vuelve la reflexión. “El colegio sirve siempre”.

Hay algo entrañable en cómo se narra a sí misma: sin solemnidad, sin nostalgia impostada. También sin despegarse nunca de la genealogía. Porque el apellido no es un adorno. Es historia.
Su abuelo, Pablo Palitos, es una presencia viva aunque ella lo haya perdido siendo muy pequeña: “Se murió cuando yo tenía dos años. No lo viví, pero todo lo que me cuentan me fascina”. Y entonces aparece la imagen que parece salida de una película: “Me cuentan que entraba con un caballo al Politeama”. Hace una pausa. Se ríe. “Entraba con un caballo al Politeama… ¡imaginate eso hoy!”
Después enumera, casi como una letanía de admiración: “Bailaba, cantaba, hacía zapateo, hablaba alemán, inglés, portugués… era tremendo. Creo que era el más talentoso de todos”.
Su madre, sin dudas, sigue siendo otro faro: “Siempre lo será”, dice cuando le preguntan si sigue siendo su gran referencia. Y desarrolla: “La vi ensayar, frustrarse, tener éxitos, tener fracasos, arreglar mal un contrato. Vi la cocina”. No habla desde la idealización sino desde la intimidad del oficio. Y eso atraviesa también su presente.

A los 41 años, Manuela vuelve a ocupar el centro de escena con El chat de mamis, una comedia en el cole, fenómeno en calle Corrientes que protagoniza junto a Eugenia Tobal, Carla Conte, Mica Riera, Karina Hernández, Berenice Gandullo y Lionel Arostegui.
La obra parte de una situación reconocible —una reunión escolar detonada por un conflicto con la nena nueva del grado— para convertirse en un caos hilarante donde se desnudan prejuicios, maternidades, miserias y contradicciones. Y claro, no es sólo para mamis, porque los papis tambén están atravesados por la historia y se sienten juez y parte desde las butacas.
Le llegó el guion hace más de un año. Fue amor inmediato. “Desde el primer momento dije: ‘Esta la rompe’. No lo dudé nunca”. Y no era casual. Ella está metida, como cualquier madre, en el universo del chat escolar. “Soy muy fiel al chat de mamis”, dice entre risas.
Su personaje, Sonia, es controladora, filosa, excesiva. Ella aclara rápido: “Muy poco tengo de Sonia. Casi nada”. Y se explaya: “Yo tengo carácter fuerte, sí. Pero jamás me comportaría como ella”.

Entonces aparece una escena doméstica que revela mucho más: “El otro día mi hija me dijo: ‘Me saqué un ocho’ y estaba angustiada. Y le dije: ‘Yo con un seis bailaba la sevillana’. A mí no me interesa que se saque un diez. Me interesa que aprenda y que se divierta”.
Su hija Amparo —fruto de su relación con un productor televisivo— vio la obra. Le encantó: “Se divirtió mucho. Hay algo muy colorido, muy lúdico… aunque es una obra para adultos”.
La maternidad transformó sus modos de organizar la vida, no su vínculo con el escenario: “Malabares”, definió. Pero nunca resignación. “Me encanta hacer teatro. Es mi mundo”. El elenco, dice, sale físicamente extenuado. “Esta obra te agota. No hay relajo. No paramos”. Y el público responde: “Vienen mamis del cole, docentes, parejas, gente que nunca pisó un teatro”.
Eso la conmueve especialmente: “Nos pasa mucha gente que viene por primera vez al teatro. Y es una responsabilidad enorme”.

Entonces lanza una de esas frases que quedan suspendidas: “No hay inteligencia artificial que pueda reemplazar lo que te da el teatro”. No es solo una defensa del oficio. Es casi una declaración de fe.
Porque también habla con melancolía de la ficción perdida: “Extraño muchísimo grabar doce horas”. Y cuando recuerda aquellos sets eternos, no hay queja sino deseo: “Doble citación, repetir veinte veces una escena… me encantaba”.
Le duele la falta de ficción argentina: “En México el prime time son novelas. En Brasil también. Acá tuvimos eso”. Y se ilumina al nombrar a Romay: “Qué hermosura esa época”. Evoca una industria donde había lugar para todos, proque “hasta el actor que hacía bolos podía vivir”.
Hoy el panorama la preocupa: “Las plataformas están cerradas, siempre son los mismos”. Aunque no pierde esperanza, porque en un punt, está convencida de que “el día que vuelva la ficción, no para”.

Hay una zona especialmente deliciosa cuando habla de sus villanas —esas que marcaron a quienes hoy tienen treinta y tantos y todavía la recuerdan por Casi Ángeles: “Me dicen: ‘Te amaba y te odiaba’”. Y responde con orgullo que justamente eso es una villana.
Y enseguida profundiza: “Yo a mis villanas siempre las justifico. Nadie nace así. Algo les pasó”. Como si estuviera hablando, en el fondo, de todas las personas.
Cuando la conversación deriva hacia la fragilidad de la profesión, aparece una Manuela menos luminosa y más brutalmente honesta: “Me arrepiento de no haber tenido un plan B”. Y revela lo que le dice a su hija si algún día decide seguir sus pasos: “Si querés ser actriz, hacelo. Pero aprendé otra cosa también”. No habla solo de dinero. Habla del ánimo.

“El hambre que te genera no tener laburo… no es literal, es del alma”. Y remata: “Es muy aburrido esperar que te llamen”. Quizá allí esté la confesión más cruda de toda la charla. En una profesión construida sobre el deseo, lo más doloroso es la espera.
¿Y el futuro? No habla de premios, ni de personajes soñados. Solo pide seguir: “Ojalá seguir laburando siempre”. Y desea que El chat de mamis tenga larga vida. “Los grupos de mamis se renuevan. Puede durar”. Lo dice riéndose. Pero lo cree.
Porque en el fondo Manuela Pal parece seguir siendo aquella nena que entró al estudio en brazos de su madre y nunca quiso salir. Una actriz nacida en la ficción. Y todavía, profundamente, enamorada de ella.
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CHIMENTOS
La Mari de Chambao en Argentina tras su operación de un segundo cáncer de mama: “La vida vino a enseñarme sus colores”

Un viaje emocionante a través de los 25 años de historia de la banda de La Mari, rodeada de amigos y compañeros de profesión para celebrar un legado musical que sigue inspirando a millones de personas (Video: Instagram/ Chambao_Oficial)
“Tengo muchas ganas de mostrar esta nueva criatura”. Del otro lado del continente, María del Mar Rodríguez Carnero o La Mari de Chambao, atiende la videollamada de Teleshow mientras el sol por la ventana le da en la cara y su sonrisa aparece amplia, como quien abre las cortinas del ventanal. Su último orgullo es Chambao 25 Aniversario, álbum celebratorio donde recibe a amigos del calibre de Alejandro Sanz, Joan Manuel Serrat, Ricky Martin y Rosario Flores para darle nuevos horizontes a sus canciones más queridas.
Con fechas para el 27 de Mayo en Buenos Aires en el Teatro Broadway y Córdoba el 28 de Mayo en el Quality Espacio, Argentina es la próxima parada.
“Me he visto con las puertas abiertas al merecimiento, porque no siempre es fácil, por lo menos en mi caso, el creerte merecedora de todo ese cariño”, confiesa, sobre los artistas de diferentes generaciones que componen su último trabajo musical, de Camilo a Pablo Alborán, de Rozalén a Pedro Capó. Estopa, Bebe, incluso Pau Donés de Jarabe de Palo. Y la lista sigue. Un aluvión de arte y afecto que llegó en un momento agridulce de la malagueña, justo cuando recibió un diagnóstico de cáncer de mama el año pasado, dos décadas después de superar el primero, cuando tenía 30 años y su carrera comenzaba a cruzar fronteras.
“Me hicieron una mastectomía y quitaron la mama”, cuenta la cantante sobre la compleja operación de 5 horas que tuvo gracias a la salud pública española, un reconocimiento que pone en valor en tiempos de desfinanciación en ese país, nada ajenos a la actualidad local. “El espíritu positivo es una actitud ante la vida: la vida viene a enseñarme sus colores y yo estoy aquí para aprender”, sintetiza La Mari con la melena plateada y un suéter rojo no tan fino ni tan grueso sobre eso que llaman resiliencia y que podría llamarse “ir pa’lante”.

—Gran celebración, 25 artistas, 25 canciones, un trabajo enorme. ¿Qué expectativas tenés con la gira en la Argentina?
—Me gusta ir sin expectativas, a ver qué pasa. Quiero que todas las personas que quieran ver cómo está hoy Chambao, qué estamos haciendo y cómo está la banda, se acerquen al Teatro Broadway el 27 de mayo y al Teatro Quality de Córdoba el 28 de mayo. Prefiero no ir con ideas preconcebidas, así todo lo que llegue será bienvenido.
—Viniste varias veces al país. ¿Tenés amigos argentinos? ¿Te tentás con el asado o el dulce de leche?
—¡Siempre! Tengo amigos argentinos allá y aquí: rosarinos, de Córdoba, de Buenos Aires y de Mendoza. Tengo muchas ganas de compartir con todos. Es doble celebración: por un lado, presentar el disco y, por otro, para volver con mis amigas y amigos y darnos un buen achuchón, un buen abrazo (risas).
—Este disco tiene artistas enormes: Serrat, Rosario Flores, Alejandro Sanz, Ricky Martin, Pablo Alborán. ¿Cómo lograste reunir a tantos artistas con agendas tan ocupadas?
—Lo hice de una manera sencilla: llamé por teléfono y allí estaban. El primero fue Alejandro Sanz, que me dijo que quería estar en el proyecto del 25 aniversario y hacer “Ahí Estás Tú”. Me hizo muy feliz porque es una canción muy solicitada. Cuando Alejandro, a quien llamo “el jefe”, dijo que sí, me quitó un peso de encima. Este disco no habría sido posible sin la generosidad de todos esos artistas. Me he visto con las puertas abiertas al merecimiento, porque no siempre es fácil, por lo menos en mi caso, el creerte merecedora de todo ese cariño. Y es un ejercicio muy bonito. La verdad que es un momento muy dulce.
—Son muchos los artistas que te prodigan su cariño en este disco: Camilo, Rozalén, Pedro Capò, Malú, Estopa, Estrella Morente, Manuel Carrasco y la lista sigue.
—Este proyecto fue una muestra de afecto de todos. También, por otro lado, la generosidad con su imagen, porque yo les pregunté a todos si cabía la posibilidad que fuese con un cámara para el estudio, para grabar en video esos momentos porque realmente no iba a haber ningún videoclip de ninguna canción, solamente del single “Es para tí”. Imagínate esa generosidad que al final se ha convertido en tanto material que he tenido que hacer cuatro capítulos de entre 20 y 30 minutos cada uno, que están en YouTube de Chambao.
La cantante habló de su especial colaboración con el artista fallecido en 2020 y Estrella Morente (Instagram/ Chambao_oficial)
—¿Con qué artista argentino te hubiera gustado colaborar? Hay muchos que la están rompiendo como Paco Amoroso, Ca7riel, Milo J, Nathy Peluso y tantos más.
—Me hubiera encantado colaborar con Fito Páez, me fascina. También con Perotá Chingó, que son amigas. Intentamos una canción para este disco aniversario, pero no era la adecuada y, como el disco ya estaba avanzado, quedaron fuera. Pero si voy a Argentina y quieren subirse al escenario, serán bienvenidas. Seguro que las llamo.
—¿Sabías que una de tus canciones es muy popular en el programa de Mirtha Legrand? “Rosa María” suena siempre en el ciclo de esta diva que es todo una institución para la Argentina.
—Sí, me lo dijeron varias veces. “Rosa María” es una versión de un tema de Camarón de la Isla, muy conocido y versionado en España. Yo la grabé para un disco y a Mirtha parece que le encantó. Me encantaría hacer un programa con ella y cantarle “Rosa María” en vivo.

—Otra de las novedades del disco es la colaboración con Ricky Martin en “Duende del Sur” después de “Tu recuerdo”, esta canción que se volvió un súper éxito de su Unplugged en 2006. ¿Cómo fue este reencuentro?
—Con Ricky nos vemos cada dos o tres años, así que no fue un reencuentro lejano y con él estamos al día. Cuando vino a Málaga hace un par de años, me invitó a cantar “Tu recuerdo” en el escenario. Lo curioso es que “Duende del Sur” iba a ser con Pablo Alborán. Pablo y yo somos muy amigos y cada vez que nos hemos visto en celebraciones acabado cantando “Duende del Sur”, porque a él le gusta mucho y le queda súperbonita esa canción. Entonces, yo no tuve ninguna duda que cuando él me dijo: “Sí, amiga, quiero estar en el 25 aniversario”. Le dije: “Vale, listo. ‘Duende del Sur’ pa ti”. Entonces me llamó de vuelta y me dijo: “Querida, fíjate que es verdad que yo quería ‘Duende del Sur’ y yo la he cantado mucho contigo en las reuniones, en casa con amigas, pero no es para esta celebración, no es la canción que a mí me está encantando para romper, para ese Pablo Alborán desgarrador y tal’. Y le dije: ”Dale, pues tengo tu canción, que es una balada que habla del amor que es “Desconocido” y a ver qué tal». “Esta sí es”, me respondió. Entonces, “Duende del Sur” se me quedó sola y Ricky todavía no me había respondido.
—¿Cómo al final llegó este clásico de Chambao a Ricky?
—Cuando ese hombre me respondió y me dijo: “Querida, me encantaría estar, por supuesto que sí en tu 25° celebración. ¿Qué canción has pensado?“. “No sé si te apetecería hacer ‘Tu recuerdo’, porque creo que es una canción cómoda para ti, una canción que tú conoces”, le contesté. “Esa canción ya fue, ya la hicimos y para mí tiene más sentido en la celebración de Chambao que sea una canción de Chambao”, me respondió. “¿Y qué te parece ‘Duende del Sur’?“. ”Justo quería esa”, fue su respuesta. ¡El universo está manipulando todo! (Risas). Así que fíjate que yo escogí 25 canciones, 25 artistas, pero el disco también ha hecho él solo sus movimientos. Eso es maravilloso.
—¿Cómo es tu proceso de escritura?
—No tengo un momento específico para componer. A veces, cuando estoy de gira o promoción, no hay mucho tiempo, pero me organizo para escribir, grabar ideas o juntar melodías y letras. No tengo un momento muy concreto como tener que estar sentada en mi casa, con una vela encendida y no sé qué. O sea, olvídate (risas). Puede suceder, pero muy rara vez. Muchas veces, la creatividad surge en el estudio durante la grabación.
—A los 30 años superarse un cáncer de mama y el año pasado, dos décadas después, tuviste que ser operada nuevamente. ¿Cómo te encontrás hoy de salud?
—En 2005 me diagnosticaron cáncer de mama y lo hice público, incluso escribí un libro. Desde entonces, he tenido revisiones en la sanidad pública. Es muy importante aquí en España que valoremos y apoyemos la sanidad pública.
—En España, en Argentina y en todo el mundo.
—Total. No sabemos el tesoro que tenemos de poder apoyarnos en la sanidad pública. Desde entonces yo he tenido alguno que otro tratamiento, pero también empecé con las revisiones anuales. El año pasado, 20 años después de mi primer cáncer, me diagnosticaron otro. Fue en julio, justo cuando grababa el disco y estaba de gira. Era parecido al primero, pero esta vez fue in situ, no infiltrante. La buena noticia fue al ser in situ así no recibí quimioterapia, pero la operación fue más compleja. He estado cinco horas en el “camerino” y al ser una segunda vez, me hicieron una mastectomía, quitaron la mama.

—Una operación fuerte.
—Cuando hay un cáncer de mama suelen por precaución quitar los bordes alrededor del tumor. Prudencialmente, suelen quitar algo de mama, algo de musculatura y de piel. Al hacerte una mastectomía te ponen prótesis. Entonces, como en la primera operación, prudentemente se llevaron más parte. En esta ocasión para que la prótesis tuviese una sujeción y hubiese piel, me cogieron de la dorsal de atrás. O sea, tengo parte del dorsal en el pectoral para dar sujeción. Estuve tres meses sin levantar peso ni conducir, pero me recuperé súperbien. Ahora tengo que cuidarme porque no estoy como antes, pero ahí voy.
—¿De dónde surge ese espíritu tan positivo y para arriba que impregna tu música?
—El espíritu positivo es una actitud ante la vida: la vida viene a enseñarme sus colores y yo estoy aquí para aprender. Mi actitud va a favor de hacer mucho más llevadero este plano, ¿no? Más llevadero, más rico. No me voy a quedar enganchada a algo que ya pasó. Por ejemplo, si esta mañana la puerta del garaje no se abrió y no pudiste sacar el coche a tal hora para llegar a no sé qué cita, y ya tú te enojas y te quedas todo el día con “la puerta del garaje no se abrió”… Basta (risas). Prefiero no quedarme enganchada a las cosas que no salen como espero y aprovechar lo que sí llega.
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