POLITICA
28 acusados, siete en la horca y un emperador intocable: la historia de Tokio que pocos recuerdan

28 acusados, un emperador sorpresivamente ausente, una nación dolorido y en vilo, muchísimos harakiris, un hombre que enloquece en medio del proceso, 18 condenados a larga penas de prisión y siete llevados a la horca.
La historia no suele recordarlo, ni siquiera tiene un nombre propio en el inconsciente colectivo. 80 años atrás comenzó en Tokio el juicio contra los jerarcas japoneses responsables de la Segunda Guerra Mundial. Se lo llamó el Nuremberg Japonés. Pese a que no es tan célebre ni referido como su antecesor alemán, este juicio muestra matices más interesantes y ofrece mayores contradicciones y ambigüedades.
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El tribunal a cargo llevó un nombre pomposo, marcial: Tribunal Penal Militar Internacional para el Lejano Oriente.
A partir de septiembre de 1945, el General MacArthur y otros jefes norteamericanos en Japón se pusieron en marcha para cumplir lo que había decidido los líderes de las potencias vencedoras en sus encuentros en Teherán, Yalta y Postdam: juzgar a los jerarcas de las naciones derrotadas.
En Nuremberg se sentarían los líderes máximos, casi indiscutibles. En Tokio la lista inicial era muy extensa y poco representativa. MacArthur pretendía que cada uno de los estamentos importantes de los que participaron en la guerra estuvieran representados en el banquillo de los acusados. Los soviéticos tenían cuestiones personales. No iban a permitir que se dejara en libertad a aquellos que habían sido en extremo hostiles o crueles con ellos. Deseaban vengarse. Sus socios, para evitar disputas en el bando ganador, le dieron el gusto.
Primeros ministros, cancilleres, ministros, jefes de las distintas armas y hasta un civil acusado de ideólogo. Los elegidos, los señalados, fueron 28. Muchos de los que integraban las listas posibles no llegaron al juicio: varios de los prominentes líderes militares prefirieron el harakiri al deshonor de la derrota.
Era evidente que en esa lista, profusa y repleta de hombres célebres en su tiempo y que habían detentado un poder enorme, faltaba alguien: el emperador Hirohito.
No fue un olvido casual sino deliberado. También quedó fuera de los juzgados todo miembro de la familia imperial japonesa. Hirohito era considerado una divinidad. El mensaje radial en el que informó a su pueblo la capitulación fue la segunda vez en que los japoneses escucharon su voz. La mayoría de los historiadores coinciden que el emperador conocía las grandes decisiones de sus primeros ministros y de sus generales y que prestó su anuencia a las más importantes.
Pero nadie quiso bajarlo del trono al estrado. MacArthur buscó alejarlo de los juicios desde el principio. Con ese movimiento, intentaba darle legitimidad a la ocupación norteamericana y preservar al menos esa institución y tradición japonesa. MacArthur utilizó al emperador y a la institución imperial para conseguir más poder, para poder manejar a ese Japón de posguerra. Los abogados defensores recibieron instrucciones para que los acusados desligaran a Hirohito de las decisiones. Ni siquiera dejaron que fuera citado como testigo.
El modelo obvio del juicio fue Nuremberg. No sólo en la parte operativa y logística. También en sus motivaciones y fundamentos. Más allá de tener como fin castigar a los líderes que llevaron a Japón a la guerra, un objetivo primordial era contarle a Japón (y a los japoneses) y al mundo lo que había sucedido, dar a conocer el panorama general y los hechos (desde el punto de vista de los Aliados) que habían quedado tapados en el fragor de la contienda bélica.
Uno de los fiscales dijo: “El Juicio fue una de las fases más importantes de la ocupación. Recibió gran cobertura en la prensa japonesa y reveló a millones de personas por primera vez muchos sucesos que desconocían y entender otros que les habían sido retaceados”.
Las primeras disputas fueron alrededor de la nacionalidad de los jueces. Los juristas locales exigían que los juzgadores fueran japoneses. Estados Unidos se opuso de manera terminante.
El proceso quedó a cargo de un tribunal internacional. El presidente era Jim Webb, un jurista australiano. Los otros integrantes provenían de diversas nacionalidades, de potencias vencedoras y de países que habían sufrido la agresión nipona. Los jueces provenían de Estados Unidos, Inglaterra, Unión Soviética, China, India, Filipinas, Canadá, Nueva Zelanda, Francia y Países Bajos. La fiscalía estuvo a cargo de un norteamericano. Los abogados defensores provenían de Japón y de Estados Unidos.
Los cargos se dividieron en cuatro grandes grupos de delitos: los delitos contra la paz y crímenes de guerra, los delitos contra la humanidad, genocidio (la extinción de un grupo étnico) y complot en guerra (atentar contra la paz interior de un país soberano).
El sitio en el que se llevó a cabo había sido una academia militar y en los últimos tiempos de la guerra, la sede del Estado Mayor Conjunto. Más allá de su valor simbólico fue elegido porque se trataba de una anomalía en esa Tokio desolada, llena de escombros y tierra. Fue uno de los pocos grandes edificios que quedó en pie y mantuvo su lujo original. La sala era imponente, gigantesca. Albergaba a más de cien abogados defensores, los jueces, los colaboradores, los intérpretes, mecanógrafos, asistentes y a los 28 acusados.
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La lista la encabezaba Hideki Tojo, el primer ministro de prominentes bigotes que lideró al país durante casi toda la guerra. Cuando el 11 de septiembre de 1945 los soldados norteamericanos ingresaron a su casa para apresarlo, Tojo se pegó un tiro en el corazón. Pero el disparo falló. Destrozó su estómago y lastimó otros órganos, casi se desangra; a pesar de eso los doctores lograron salvarle la vida. “Lamento mucho que me tome tanto tiempo morir. La guerra fue justificada. Espero el justo juicio de la historia. Quería suicidarme, pero eso, a veces, falla”, dijo. Estados Unidos centró sobre Tojo, entre otras acusaciones, la de ser el responsable último del ataque a Pearl Harbor.
Luego hubo primeros ministros, los que estaban a cargo de las ocupaciones en China y en Filipinas, los embajadores ante los otros países del Eje y los jefes de las fuerzas armadas.
Shumei Okawa, el único de los acusados que no había sido militar ni funcionario, llamado el Goebbels japonés, parecía un Modigliani. Alargado, anteojos redondos, la mirada perturbada, una sonrisa inquietante y ondulada. Negaba la legitimidad del tribunal, sostenía, muchas veces a los gritos, que todo se trataba de una farsa. Estaba acusado de ser uno de los ideólogos que condujo a Japón a la guerra. Filósofo y escritor de una enorme erudición era un nacionalista que sostenía que el choque entre las civilizaciones era inevitable, y que Japón, junto a otros países asiáticos, debía enfrentarse y derrotar a Estados Unidos y Occidente. Durante su vida pública estuvo cerca del poder y participó en varios golpes de estado.
En las primeras audiencias su conducta empezó a llamar la atención. Había algo más que indignación en sus frecuentes gritos de Esto es una comedia y similares. En algunas ocasiones asistió en pijama, en otras descalzo. Tal vez, el límite del tribunal se quebró el día que Okawa se puso de pie y utilizó la cabeza pelada del ex primer ministro Hideki Tojo mientras gritaba en un perfecto alemán: “Vamos Indio, vamos”. El psicólogo oficial certificó que no se encontraba en sus cabales y los jueces lo declararon inimputable y lo enviaron a un hospital psiquiátrico. A los pocos meses, Okawa estaba en su casa. En los años posteriores encaró una impecable (según dicen) traducción del Corán al japonés, una de las pocas existentes. Son muchos los que creen que Shumei Okawa simuló su locura para librarse de la condena.
Entre los 419 testigos, las miles de pruebas, los alegatos y la escritura de una sentencia de casi 1800 páginas, el proceso se extendió por dos años y medio cuando inicialmente habían calculado una duración de seis meses nada más. La lectura de la sentencia llevó casi una semana y cada sesión se transmitió por radio. Pese a lo farragoso del texto jurídico concentró la atención de los japoneses. Los ciudadanos nipones recibieron las sentencias con pesar y fatalismo, como un nuevo e innecesario recordatorio de que la guerra había sido perdida. “En lugar de ayudar a los japoneses a comprender y a aceptar su pasado, el juicio los dejó con una actitud de cinismo y resentimiento. De todas maneras, se debe tener en cuenta que condenar al juicio no es negar la culpa japonesa”, escribió Ian Buruma en su notable libro El Precio de la Culpa.
Antes de iniciar el proceso, los jueces se pusieron de acuerdo en respetar las mayorías y que a pesar de las diferencias, cada decisión saliera a la luz como si hubiera sido unánime para no mostrar resquicio, para no afectar la legitimidad de un juicio que recibía múltiples cuestionamientos. Los jueces de diferentes orígenes deliberaron arduamente. Hubo en la sentencia votos en disidencia pese a que había un compromiso previo de acompañar a las mayorías. El magistrado filipino sostuvo que el tribunal carecía de validez. El holandés, por su parte, se quejó amargamente de la ausencia de Hirohito. Otro dejó constancia de que el proceso ignoraba el bombardeo a Tokio y las dos bombas atómicas, hechos que configuraban delitos similares a los tratados allí. La sentencia recibió críticas de juristas japoneses y extranjeros por considerar que se trató de “justicia de vencedores”. Otros creen que la sentencia fue ecuánime y que los acusados no vieron conculcado su derecho de defensa aunque en estos casos nunca pueda dejarse de lado el aspecto político de la cuestión.
Pese a que el modelo fue Nuremberg, las acusaciones no fueron similares. William Webb, el australiano presidente del tribunal, reconoció que los que estaban en el banquillo no eran sólo unos nazis con rasgos orientales: “Los crímenes de los reos alemanes eran mucho más abominables, variados y amplios que los de los acusados japoneses”. Esto no significa que los japoneses no hayan cometido actos atroces y abominables desde antes de la guerra como la Matanza de Nanking, el programa de experimentos científicos con humanos (Unidad 731), uso de armas químicas, matanza de civiles y el trato cruel con los enemigos, prisioneros y habitantes de las tierras ocupadas y arrasadas. Los del Juicio de Tokio fueron condenados por delitos contra la paz y no contra la humanidad como los alemanes. Sin embargo, al contrario que en Nuremberg, los 25 que llegaron a la sentencia (dos murieron en el medio y Okawa fue declarado inimputable) recibieron condenas severas. 7 a muerte, 16 a cadena perpetua, 1 prisión por 20 años y otro sólo por 7 años.
Los 7 condenados a muerte fueron ejecutados en la prisión de Sugamo. Algunos de ellos pidieron ser fusilados. Creían que esa era una forma más noble de morir. Las autoridades aliadas no lo permitieron. Los ahorcaron de madrugada.
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Los restos de varios de ellos -de los detenidos y de los ejecutados-, tiempo después de su muerte, fueron enterrados en el Santuario de Yasukuni, el cementerio oficial de los grandes guerreros de Japón.
Los otros 18 condenados estuvieron en prisión hasta que a los pocos años comenzaron a recibir conmutaciones de la pena e indultos.
Hirohito no se expidió sobre los juicios. Continuó siendo emperador hasta el día de su muerte en 1989.
Japón sorprendió al mundo con su recuperación económica y social. Se integró al mundo deslumbrando con sus avances tecnológicos y manteniendo tradiciones.Habiendo aprendido del pasado pero sin quedar atado a él, con los ojos puestos en el futuro.
El edificio en el que tuvieron lugar las audiencias fue demolido. La cárcel de Sugamo tampoco sigue en pie. Contrariando los augurios y recomendaciones de manosantas y videntes por su pasado trágico, a mediados de la década del setenta, en ese terreno, se construyó un moderno rascacielos. Lo bautizaron Sunshine 60.
Segunda Guerra Mundial, Hirohito, Japón, Sumario
POLITICA
El Gobierno activa la estrategia por la reforma del BCRA: Milei volverá a reunirse con legisladores libertarios

“Que le expliquen a los argentinos que los quieren seguir estafando”, planteó el presidente Javier Milei cuando la periodista Julieta Tarrés le señaló que la oposición difícilmente acompañaría sus planes para modificar la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina en la que trabaja junto al equipo económico. El mandatario lo sabe, por eso convocó a una nueva reunión de diputados y senadores de La Libertad Avanza para brindar los principales detalles del proyecto, pero también para empezar a delinear la estrategia legislativa que desplegará el oficialismo en el Congreso para su aprobación.
El intercambio tendrá lugar este lunes a las 15 en el Salón Héroes de Malvinas de Casa Rosada y contará además con la participación del equipo legislativo que responde a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. De esta forma, se descuenta las presencias del jefe de Gabinete, Diego Santilli; del vicejefe de Gabinete, Ignacio Devitt; del secretario de Comunicación, Fabián Fernández; del armador nacional, Eduardo “Lule” Menem; de la senadora Patricia Bullrich; y del titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem.
Mientras delega la construcción política, el libertario está particularmente enfocado en la iniciativa, que definió durante la última reunión con legisladores como una de las prioritarias, y el pasado jueves citó a su Gabinete luego del Te Deum del 9 de julio para dar precisiones del articulado. “El Banco Central tiene un instrumento que se llama la política monetaria. No se le puede pedir cinco objetivos. Es una declaración de ignorancia. La reforma de la Carta Orgánica que hizo el kirchnerismo está diseñada para que usted pase por el Banco Central, levante la mano y le tiran con un fajo de dinero. Es un disparate”, explicó durante la última entrevista que brindó a Radio Now.
La administración libertaria impulsa una serie de cambios para dotar de mayor independencia al organismo que Milei prometió cerrar durante la campaña. La reforma pasa por eliminar los cinco objetivos actuales para reemplazarlos por un único mandato: preservar el valor de la moneda.

Junto al titular del organismo, Santiago Bausili, y los ministros Luis Caputo (Economía) y Federico Sturzenegger (Desregulación y Transformación del Estado), Milei diseña el articulado que deberá enviar al Congreso para su sanción. El martes pasado, luego del triunfo de la Selección Argentina ante Egipto, los funcionarios lo visitaron en la Quinta de Olivos y le acercaron el borrador con las propuestas.
En detalle, espera avanzar con la prohibición de la emisión monetaria para financiar el déficit fiscal y aspira a incorporar el concepto de “shutdown”, un mecanismo que obligaría al Poder Ejecutivo a restringir el funcionamiento del Estado cuando se agoten las partidas previstas en el Presupuesto aprobado por el Congreso.
Asimismo, tiene en mente la idea de potenciar la gobernanza del organismo y endurecer las condiciones para remover al presidente y al directorio con el objetivo de reforzar su independencia. “Usted no lo puede echar al presidente del Banco Central y al directorio de cualquier manera porque, si trabajan bien, entonces los van a echar los políticos populistas”, denunció.
Por su parte, precisó que aspira a eliminar la posibilidad de distribuir utilidades contables o “ficticias”, salvo en circunstancias excepcionales vinculadas a un escenario de deflación, y busca poner fin al esquema de letras intransferibles utilizado para asistir al Estado. Además, planteó un sistema de sanciones penales para los funcionarios que vulneren la autonomía del organismo o habiliten la emisión para financiar el gasto público.

El mandatario argumentó que busca dar fin a “91 años de abuso de la política al sector privado vía inflación”. Con esa premisa, expondrá ante diputados y senadores los últimos avances de la propuesta para dar curso a la estrategia que desplegarán los alfiles legislativos para su sanción.
Aún no está formalmente definido si la iniciativa ingresará por la Cámara de Senadores o por Diputados, tampoco hay fecha para su envío. Se trata de una de las próximas definiciones que deberá adoptar la mesa política que volverá a reunirse este martes.
Tras la salida de Manuel Adorni, el Poder Ejecutivo parece haber retomado el ritmo político, en particular con el objetivo de motorizar la agenda legislativa, y concretará el segundo intercambio con diputados y senadores en el plazo de dos semanas, aunque desde Balcarce 50 sostienen que por el momento no se realizarán semanalmente.
POLITICA
Murió Néstor Santos, histórico director del diario La Calle, de Avellaneda

Con la muerte de Néstor Santos, el histórico director por más de seis décadas del diario La Calle, de Avellaneda, el periodismo pierde una voz comprometida con los valores que inspiraron el desarrollo del país, la defensa de la libertad de prensa y el desafío renovado de acercar cada día la información a los vecinos. Fue un referente del periodismo local, que mantuvo en alza los valores cívicos en períodos de turbulencia política.
En 1958, a los 20 años, asumió la dirección de La Calle, el diario que su padre Adrián Alicio Santos había fundado el 20 de diciembre de 1946, en tiempos de fuerte inestabilidad política en el país e inciertos destinos en el mundo. El fallecimiento de su padre lo puso al frente de La Calle, que había ganado un espacio entre dos diarios de líneas opuestas que se disputaban el mercado periodístico en Avellaneda: los periódicos La Opinión, del dirigente conservador Alberto Barceló, y Libertad, del radical Fabián Onzari.
En ese difícil contexto asumió la misión de prolongar la obra de su padre y brindar un servicio informativo que la comunidad de Avellaneda y Lanús reconoció. Su renovado impulso por afianzar la presencia del diario favoreció el crecimiento de la influencia de La Calle, que en diciembre próximo cumplirá 80 años.
A lo largo del tiempo renovó la realización del diario y contribuyó al crecimiento de la actividad periodística. Creó nuevas secciones y mantuvo un estilo que se afianzó con la fidelidad de sus lectores.
Santos tuvo una presencia permanente en la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), a la que se sentía entrañablemente unido, especialmente por su activo compromiso en favor de la libertad de expresión. Presidió, además, el Círculo de la Prensa de Avellaneda y Lanús.
Fue un referente del periodismo de Avellaneda y al frente del diario La Calle se contribuyó a reflejar la voz y las preocupaciones de los ciudadanos en el período democrático, así como la identidad cultural de la comunidad y las demandas e intereses de los vecinos. Durante más de seis décadas condujo el diario La Calle, acompañando el desarrollo político, social, cultural e institucional de Avellaneda.
Medios,Conforme a,Medios,,Medios. La tormenta perfecta: asfixia económica, asedio estatal y el desafío de la IA acorralan al periodismo en las Américas,,Iñigo de Juan, experto en suscripciones. “Si se consigue enganchar al usuario, el precio pasa a ser secundario”,,Disputa legal. Medios de EE.UU. piden “sanciones severas” contra OpenAI por presunta destrucción de pruebas
POLITICA
Milei viaja a Brasil para apoyar la candidatura de Flavio Bolsonaro: desde el Planalto lo trataron de “imbécil”

El anuncio del viaje de Javier Milei a fines de julio a Brasil para apoyar a quien será el candidato a presidente de la -opositora- centro derecha, Flavio Bolsonaro, no cayó bien en el Planalto: el secretario general de la Presidencia de “Lula” da Silva, Guilherme Boulos, trató al primer mandatario argentino de “imbécil”.
“¡GRAN NOTICIA! Javier Milei anunció hoy que vendrá a Brasil para participar en la campaña de Flavio Bolsonaro. Es el presidente más rechazado de América Latina, que elevó la jornada de trabajo a 12h por día y quiere legalizar el tráfico de órganos humanos. Va a quitar votos al Bolsonarinho. ¿Qué cree este imbécil que tiene para enseñarle al pueblo brasileño?“, manifestó el funcionario brasileño en la red social X el viernes pasado.
Durante la misma jornada, Milei dio detalles de una agenda internacional cargada para las próximas semanas, que incluye viajes a Brasil, Perú, Colombia y Ecuador, en una secuencia que el líder de La Libertad Avanza vinculó, de manera directa, con su política exterior y la búsqueda de más comercio e inversiones para la Argentina.

El jefe de Estado precisó que el 25 de julio viajará a Brasil, donde estará en San Pablo por el acto en el que, según dijo, será ungido candidato presidencial Flavio Bolsonaro. En ese contexto, agregó el dato que ya empujó la furia en el espacio de “Lula” da Silva, durante una entrevista con radio Now 97.9.
“Argentina tendría que tener el triple de comercio que el que tiene”, afirmó Milei y, tras ello, defendió la utilidad política y económica de sus giras. En ese sentido, sostuvo: “Funcionan bastante bien“. Tras su visita a Brasil, el primer mandatario contó que estará en el país para asistir a la inauguración de la muestra en La Rural. Será una estadía fugaz, debido a que el 28 se encontrará en Perú para la asunción de Keiko Fujimori.
En el mismo sentido, más adelante tendrá que dirigirse hacia Colombia para acompañar al electo Abelardo de la Espriella, en un evento previsto para el 7 de agosto. Y aprovechará para estar en Ecuador para ver a su par de dicha nación, Daniel Noboa, con quien -afirmó- que tiene acuerdos pendientes de firma.
Durante la entrevista, Milei resaltó que “ir a mostrar el caso argentino en el mundo” está dando resultados “en términos de conseguir inversiones”. Y reiteró el blindaje a los sistemas RIGI -ya vigente- y súper RIGI -aprobado por Diputados y a la espera de una sanción por el Senado- pese a gobernadores que aún no se acoplaron.
“Pregúntele a Rolando Figueroa cómo se siente con el RIGI”, alentó el presidente libertario, en referencia al gobernador de Neuquén, y deslizó que a “todos los que adscribieron al RIGI les está yendo muy bien”. Seguido a ello, remarcó que los únicos distritos que no se sumaron a esos beneficios son Buenos Aires, Formosa y La Rioja, cuyas gestiones, “por cuestiones ideológicas o por oponerse a todo lo que hace el gobierno”, están “condenando a sus poblaciones”.
La iniciativa del súper RIGI -inversiones de, al menos, USD 1.000 millones- forma parte de un paquete de casi una docena de proyectos que esperan luz verde definitiva en la Cámara alta. Allí, tras períodos de sesiones extraordinarias exitosos en diciembre y febrero pasados, la agenda se trabó y el oficialismo no halla una salida. Para el jueves próximo está fijado un encuentro en el recinto, pero todavía hay dudas por el número para aprobar la ley de inviolabilidad de la propiedad privada.
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