INTERNACIONAL
Cruise ship outbreak leaves 3 dead as officials delay medical evacuations and probe hantavirus threat

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A suspected hantavirus outbreak aboard a cruise ship in the Atlantic Ocean has left three people dead and several others ill, the World Health Organization (WHO) said in a statement posted to X.
The U.N. health agency said one case of hantavirus infection has been laboratory confirmed, while five additional suspected cases are pending. Of the six people affected, three have died and one is currently in intensive care in South Africa.
The WHO said it is coordinating with governments and the ship’s operator to arrange the medical evacuation of two symptomatic passengers, while continuing to assess the public health risk to those still on board.
«Detailed investigations are ongoing, including further laboratory testing, and epidemiological investigations,» the WHO said. «Medical care and support are being provided to passengers and crew. Sequencing of the virus is also ongoing.»
WHAT IS HANTAVIRUS, THE CAUSE OF GENE HACKMAN’S WIFE’S DEATH?
The cruise ship MV Hondius is stationary off the port of Praia, Cape Verde, on May 3, 2026. An outbreak of severe acute respiratory illness on board the ship has resulted in two deaths and one patient in intensive care in Johannesburg, South Africa. The patient tested positive for hantavirus, according to South African health officials. (AFP/Getty Images)
The outbreak is linked to the m/v Hondius, a Dutch-flagged cruise ship sailing in the Atlantic Ocean off the coast of West Africa.
Oceanwide Expeditions, which operates the vessel, confirmed that three passengers died during the voyage and that one passenger is being treated in intensive care in Johannesburg.
Two crew members on board also require urgent medical care, the company said.
LEGIONNAIRES’ DISEASE OUTBREAK LINKED TO CRUISE SHIP HOT TUBS, CDC SAYS

The cruise ship MV Hondius is stationary off the port of Praia, Cape Verde, on May 3, 2026, amid an outbreak of severe acute respiratory illness that has caused two deaths and left a third patient in intensive care in Johannesburg, South Africa. The patient tested positive for hantavirus, according to South African health officials. (AFP via Getty Images)
As of late Sunday, authorities in Cape Verde had not authorized the disembarkation of passengers requiring medical treatment or broader medical screening, according to the company.
Local health officials have boarded the vessel to assess the situation but have not yet approved the transfer of symptomatic individuals to facilities on land.
«The priority of Oceanwide Expeditions is to ensure that the two symptomatic individuals on board receive adequate and expedited medical care,» the company said.
GENE HACKMAN’S HOME FOUND TO BE INFESTED WITH RODENTS AFTER WIFE DIED OF HANTAVIRUS

A 3D illustration shows the structure of hantavirus, an RNA virus transmitted to humans through rodent excreta that can cause severe illnesses including hemorrhagic fever, renal disease, and hantavirus pulmonary syndrome. (iStock)
Dutch authorities are working to coordinate the repatriation of those affected from Cape Verde to the Netherlands, though the effort depends on approval from local officials, Oceanwide Expeditions said.
Hantavirus infections are typically linked to exposure to infected rodents’ urine or feces and can lead to severe respiratory illness.
«While rare, hantavirus may spread between people, and can lead to severe respiratory illness and requires careful patient monitoring, support and response,» WHO said.
There is no specific cure for the virus, though early treatment can improve survival.
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WHO said it has notified global health authorities under international regulations and is continuing to support the response.
«We are currently establishing the full facts and working on appropriate medical care, screening, and next steps,» Oceanwide Expeditions said.
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INTERNACIONAL
Borís Nemtsov, el ‘playboy’ liberal que casi le ganó la presidencia a Vladímir Putin

La pregunta latente detrás de esta biografía intensa y dinámica de 778 páginas sobre un político ruso poco conocido internacionalmente es la siguiente: ¿Qué tipo de mundo existiría hoy si el cosmopolita demócrata liberal Borís Nemtsov, y no Vladímir Putin, hubiera sucedido a Borís Yeltsin al mando del país? Más específicamente, ¿la democracia liberal habría continuado su avance imparable hacia el siglo XXI, libre de la nostalgia soviética y del atractivo del neoimperialismo?
Estas son las cuestiones que plantea el veterano periodista ruso Mijaíl Fishman en El Sucesor. “¿Cuándo fue el momento en que Rusia perdió su libertad?”, escribe. “¿Era inevitable la atroz guerra que Putin comenzó? ¿Era el desastre al que llevó a Rusia algo predestinado?”
Para Fishman, Nemtsov representa la promesa de una Rusia libre y democrática que comenzaba a surgir a principios de la década de 1990. Si hubiera cumplido su destino, tal vez no existiría la guerra en Ucrania, con sus cientos de miles de soldados muertos, 10 millones de civiles desplazados, temores de un enfrentamiento nuclear y el espectro de una Tercera Guerra Mundial.
Nemtsov era “un playboy alto, atractivo, de cabello rizado”, escribe Fishman, siete años más joven que Putin y físico de formación. Se interesó por la política en la década de 1980, cuando su madre empezó a asistir a protestas antinucleares tras el desastre de Chernóbil.

En pocos años, se transformó en el niño prodigio de la reforma rusa. En 1991, se convirtió en el gobernador de 32 años de Nizhni Nóvgorod, transformando la provincia al privatizar granjas colectivas, dar libertad a los periodistas e impulsar un auge de la construcción de viviendas y carreteras.
A los 37, era uno de los primeros viceprimeros ministros de Yeltsin y un heredero natural a la presidencia. En un momento, Yeltsin incluso le entregó a Nemtsov una fotografía de ambos con la inscripción: “Secreto: te paso la posta”.
Varios factores se combinaron para frenar el ascenso de Nemtsov, pero la causa principal fue la crisis financiera de 1998, cuando el Estado ruso, incapaz de recaudar impuestos para compensar la caída de los ingresos petroleros, entró en default. La inflación devastó el país y acabó con el optimismo de los años noventa. “La gente sentía nostalgia y estaba inquieta”, escribe Fishman.
Ante las arcas vacías, un público desencantado con las reformas y un Partido Comunista en auge, Yeltsin cambió de rumbo. Faltando dos años para las elecciones presidenciales, buscó un sucesor de otro perfil, alguien considerado duro y sin vínculos con los errores de las políticas de los “salvajes años noventa”. Las mismas condiciones que apartaron a Nemtsov del centro de la escena atrajeron a un burócrata poco conocido y exagente de la KGB llamado Vladímir Putin.
Cuando Yeltsin nombró a Putin primer ministro, apenas uno de cada cuatro rusos había oído hablar de él. “Era fácil proyectar en él cualquier esperanza o interés”, escribe Fishman. Algunos, incluido Nemtsov, creyeron al principio que mantendría el rumbo hacia Europa y Occidente.
Muchos más vieron a Putin como el redentor nacional, la mano de hierro que restauraría la grandeza del país. “La mayoría de los rusos estarían contentos con un líder agresivo, no con uno compasivo”, dijo una socióloga a una revista de prestigio en 1999. “La gente prefiere la fuerza y la brutalidad, esperando que estas cualidades ayuden a imponer el orden”.
Nemtsov nunca volvió a encontrar su lugar en la política nacional, salvo como un incordio para Putin. Fundó un bloque electoral reformista que nunca despegó, organizó manifestaciones, documentó los crímenes del Kremlin, presentó denuncias ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y presionó a gobiernos occidentales para sancionar a propagandistas rusos.
En 2013, cuando se postuló para un escaño en una legislatura provincial, su amigo y ocasional colaborador Alexéi Navalni se burló de él: “Tú y tu privatización, tus pantalones blancos, tu cara de Moscú. Nunca llegarás a ningún lado”. Nemtsov ganó el escaño, una posición modesta para un ex viceprimer ministro, avivando las últimas brasas del liberalismo en Rusia. Contra todo pronóstico, seguía esperando ver a un opositor, como Navalni, alcanzar la presidencia en 2018.

Por su audacia, los medios estatales insinuaron que Nemtsov era un agente del Departamento de Estado de EE. UU. y un “schizo-dem”, un término peyorativo que significa “activista democrático que ha perdido el contacto con la realidad y ha enloquecido luchando contra el régimen”. Activistas juveniles progubernamentales lanzaron consoladores a su auto, arrojaron bombas fétidas en sus actos públicos y le tiraron Coca-Cola mezclada con amoníaco en la cara. Las autoridades lo detuvieron repetidas veces, y los aliados de Putin lo sometieron a demandas judiciales infundadas.
Mientras tanto, Nemtsov observaba con creciente horror cómo sus compatriotas se volvían cada vez más “agresivos, zombificados, intoxicados”. En 2014, se sintió tan desmoralizado que se marchó a Israel, aunque regresó a las pocas semanas. Su impulso por seguir luchando en la oposición era como una adicción que no podía dejar, recordó un amigo. Al año siguiente, Nemtsov fue asesinado por sicarios vinculados a Ramzán Kadírov, líder checheno y aliado de Putin.
¿Qué habría pasado si Rusia hubiera tomado ese camino alternativo? Si Yeltsin hubiera mantenido la confianza en Nemtsov, a quien llegó a considerar “como a un hijo”, ¿sería Rusia hoy una democracia liberal plenamente consolidada, un país europeo normal en buenos términos con sus vecinos?
Casi con certeza, no. Por supuesto, la psicología de los líderes importa; resulta difícil imaginar a un presidente Nemtsov ordenando asesinatos de opositores políticos, tildando a periodistas independientes de “agentes extranjeros” e iniciando la guerra más sangrienta en Europa desde 1945. Pero son las fuerzas mayores las que empujan a los individuos al poder, y las corrientes de la historia favorecieron a un déspota.
Incluso si Nemtsov hubiera logrado asegurar el respaldo de Yeltsin y ganar las elecciones presidenciales de 2000, probablemente habría salido del cargo poco después. Fishman, que ahora vive exiliado en Países Bajos, lo admite. “Probablemente Nemtsov no habría llegado a ser presidente de Rusia”, escribe. “Lo impulsó la revolución a fines de los años ochenta y principios de los noventa. Unos años después, ya era demasiado libre y demasiado idealista para los tiempos”.
Hasta la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, Fishman no había perdido la esperanza en su tierra natal. Cerró la edición rusa de “El Sucesor”, publicada dos semanas antes de la guerra, con una nota optimista: “Los héroes no mueren, y los valores tampoco. Los ideales que sustentan la Rusia de Nemtsov serán demandados en el próximo giro de la historia, y ayudarán a que la historia tenga un buen final”.
Ese epílogo esperanzador fue eliminado de la edición en inglés. “¿Sigue siendo posible ese otro futuro?”, escribe Fishman en el nuevo prólogo. “Sigo creyéndolo hoy, aunque no estoy seguro de seguir aquí cuando suceda”.
Tras un cuarto de siglo de represión creciente, cualquier alternativa democrática a Putin ha sido encarcelada, asesinada o expulsada del país. Y el público ruso, expuesto a una propaganda incesante, no parece pensar que sea posible, ni siquiera deseable, otro tipo de política. Según el Centro Levada, la única agencia de encuestas independiente que queda en Rusia, incluso después de años de guerra y estancamiento económico, la aprobación de Putin ronda el 80 por ciento.
Aun así, como bien saben los rusos, el cambio político suele ocurrir poco a poco, y luego de golpe. Al final, “El Sucesor” justifica su amplio tratamiento de una figura relativamente menor porque ofrece una visión de la Rusia abierta y pluralista que casi fue, y que tal vez aún pueda ser. Incapaz de ignorar el mundo tal como es, Fishman lucha por imaginar ese futuro alternativo, aunque sea solo como una fantasía. Pero tenía razón antes: Putin puede eliminar físicamente a Nemtsov, a Navalni e incluso a Fishman, pero las ideas no pueden ser fusiladas, envenenadas ni exiliadas. Las semillas que sembraron Nemtsov y Navalni pueden aún madurar, a su tiempo.
Fuente: The New York Times
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Ataques ucranianos golpearon el puerto de Primorsk y otros activos navales rusos en el mar Báltico

Ucrania lanzó el domingo una de las mayores ofensivas con drones de las últimas semanas contra territorio ruso, con el puerto báltico de Primorsk como objetivo central. Los ataques dejaron un incendio en el terminal de exportación de crudo, alcanzaron un navío militar de la clase Karakurt, una lancha patrullera y un petrolero en el Báltico, y se extendieron a otras regiones del país, dejando al menos tres muertos y varios heridos. El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, calificó la operación de exitosa y aseguró que causó daños significativos a la infraestructura portuaria.
El gobernador de la región de Leningrado, Alexander Drozdenko, confirmó que más de 60 drones fueron derribados durante la noche. Según su versión, el incendio fue extinguido con rapidez y no se registró derrame de petróleo. Zelensky describió en Telegram la destrucción de instalaciones del puerto y aseguró que la flota en la sombra también recibió golpes frente a Novorossiysk, el principal terminal exportador ruso en el mar Negro. “Estos petroleros eran utilizados activamente para transportar petróleo. Ya no”, escribió el mandatario.
Primorsk opera como terminal principal de Transneft para el envío de crudo al exterior, con capacidad para un millón de barriles diarios. Ya había sido atacado en varias ocasiones desde marzo. Según datos de Bloomberg, los ataques combinados a Primorsk y al puerto de Ust-Luga provocaron en la semana del 22 al 29 de marzo una caída del 43% en las exportaciones rusas de petróleo, con un coste estimado de más de 970 millones de dólares en ingresos perdidos para Moscú en solo siete días.
El ataque del domingo no es un hecho aislado. Primorsk fue golpeado al menos en tres ocasiones desde finales de marzo, en una campaña de hostigamiento sistemático diseñada para impedir las reparaciones antes de que el terminal recupere capacidad operativa. Según el Atlantic Council, los ataques ucranianos de 2026 han dejado de ser esporádicos para convertirse en oleadas coordinadas y repetidas sobre los mismos objetivos de alto valor. El propio Kremlin admitió que su defensa antiaérea no puede proteger “al cien por cien” la infraestructura crítica, una concesión inusual que revela la magnitud del problema.
Vantor/Handout via REUTERS
El objetivo estratégico de la campaña ucraniana es privar al Kremlin de los ingresos extraordinarios que le ha generado la guerra en Medio Oriente. El conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán disparó el precio del crudo por encima de los 110 dólares por barril. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, reconoció el domingo que nuevas interrupciones podrían elevar aún más los precios, y sostuvo que menores volúmenes compensados por cotizaciones más altas seguirían siendo rentables para el Estado. Los analistas del Carnegie Endowment for International Peace han matizado esa ecuación: el crudo no exportado ahora podría llegar al mercado cuando los precios ya hayan bajado, convirtiendo la interrupción temporal en pérdida real.
El domingo, los ataques se extendieron a otras regiones. En Belgorod, un dron alcanzó un automóvil y mató a un hombre de 21 años y a su padre. En la región de Moscú murió el sábado un hombre de 77 años, y el alcalde Sergei Sobyanin confirmó que cuatro aparatos fueron derribados antes de llegar a la capital. En Smolensk, tres personas, entre ellas un niño, resultaron heridas cuando un dron impactó en un bloque de apartamentos.
En el frente terrestre, las fuerzas rusas avanzaban hacia Kostiantynivka, en el este de Donetsk. Las negociaciones de paz mediadas por Washington permanecen bloqueadas: las tres rondas celebradas este año en Abu Dabi y Ginebra no produjeron avances, en parte porque el conflicto con Irán ha desviado la atención de la Casa Blanca. La UE aprobó el 23 de abril su vigésimo paquete de sanciones, que eleva a 632 el número de buques rusos con prohibición de acceso a puertos europeos. La combinación de ataques directos, sanciones internacionales y golpes a la flota en la sombra configura una presión acumulada sobre las exportaciones energéticas rusas que Kyiv no tiene intención de aflojar.
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