POLITICA
Juan Manuel Olmos: “El peronismo debe llevar adelante una política con orden macroeconómico y fiscal”

Figura clave del PJ porteño, Juan Manuel Olmos enfatiza que este es el tiempo para discutir ideas, no candidaturas. Insiste en que el debate interno debe ser el primer eslabón en el proceso de transformar al peronismo de una fuerza de oposición a una alternativa real, proceso que, sostiene, debería derivar en un programa y un candidato competitivo que sean legitimados por elecciones primarias (PASO).
“No nos puede volver a pasar lo de 2019 cuando, con el Frente de Todos, creamos un frente electoral ‘anti Macri’, pero no un frente de gobierno”, alecciona Olmos, presidente de la Auditoría General de la Nación (AGN) y una de las voces cantantes del espacio federal que se presentó el 1 de mayo último en Parque Norte con tres propuestas para el debate interno: orden macroeconómico con producción y empleo; orden social y orden institucional con las PASO como herramienta para dirimir candidaturas.
-¿Cuál es el objetivo de este espacio federal que se convocó en Parque Norte? ¿Se trata del lanzamiento de otra corriente interna dentro del peronismo?
-No hubo ningún lanzamiento, y está muy lejos de ser el posicionamiento de candidatos de cara a las elecciones del año próximo. Cuando abrí el encuentro dije, parafraseando a Perón, que lo importante en el debate público es hablar mucho de las ideas, poco de las cosas y nada de las personas. Para nosotros es primordial, en esta instancia, abrir el debate para ver cómo se reorganiza el peronismo para que sea competitivo. Tenemos que pasar de ser oposición a ser nuevamente una alternativa. Para eso, lo prioritario es discutir qué programa vamos a implementar y que éste sea validado luego en una elección PASO, al igual que el candidato. Nuestra intención, entonces, fue dar inicio al debate para que se escuchen todas las voces del peronismo, no solo las del AMBA, sino que sean también protagonistas los compañeros y las compañeras del interior.
Como aporte, elaboramos un documento con cuatro ejes que son las ideas fuerza que queremos poner sobre la mesa: el eje macroeconómico, el del empleo, el institucional y el federal.
-En lo que se refiere al eje macroeconómico, ¿este espacio reivindica que haya orden en las cuentas públicas y equilibrio fiscal?
-Nosotros hablamos de orden social a través del orden macroeconómico. ¿Cuál sería la herramienta para lograr ese orden macroeconómico? Bueno, para nosotros no es el ajuste sin fin ni la paz de los cementerios que plantea el gobierno de Javier Milei, sino que tiene que ver con producir, trabajar, crear oportunidades y empleo. Ya lo vivimos en una época reciente de nuestra historia económica, durante el gobierno de Néstor Kirchner y el primer mandato de Cristina Kirchner, cuando tuvimos superávit fiscal y comercial, había crecimiento y desarrollo con inclusión en el país. En paralelo planteamos la necesidad del orden social, que no es con palazos a los jubilados ni con represión en las protestas, sino con eje en el empleo y el ingreso.
-Usted hizo referencia a los superávits gemelos de la época kirchnerista. Convengamos que en aquel tiempo hubo factores externos, como una suba exponencial de los commodities agropecuarios, que favorecieron al país y que permitieron esos superávits…
-Está bien, pero a diferencia de aquella época hoy el país tiene otros motores, además del agropecuario, que generan divisas, que son los de la minería, el gas y el petróleo. Esto le abre al país grandes oportunidades. La pregunta es, ¿qué vamos a hacer con esas oportunidades?
-La cuestión es que hay una percepción social, después de los niveles estratosféricos a los que llegó la inflación durante el gobierno de Alberto Fernández, de que el peronismo es refractario al orden fiscal. Después del ajuste en el gasto público que impuso Milei, éste es un activo que buena parte de la sociedad valora.
-Mire, lo pongo en estos términos. El orden fiscal o el orden macroeconómico no es una condición ideológica, es una condición técnica. Yo aspiro a que quede claro que el peronismo entiende y va a llevar adelante una política con orden macroeconómico. Yo entiendo que hay un problema, y es un problema por resolver, pero no es solo de percepción. Le diría que es un problema reputacional del peronismo y creo que, para ser alternativa y dejar de ser oposición, tiene que trabajar para modificarlo y dar el debate. Para nosotros, como ya dije, debe tener eje en el orden macroeconómico, el orden social con el trabajo como ordenador, y el orden político entendido como un proceso virtuoso de selección del candidato legitimado electoralmente junto con el programa de gobierno. Y para eso hay que apelar a las PASO. No nos puede volver a pasar lo de 2019.
-¿A qué se refiere?
-A que debemos priorizar el orden en nuestro propio espacio político. En 2019 nosotros creamos un frente “anti Macri” porque entendíamos que el gobierno de Cambiemos apuntaba hacia un modelo de país primarizado basado en un esquema financiero y no productivo, el cual generaba muchas desigualdades, caída en la actividad económica y fuerte endeudamiento. En la necesidad de terminar con ese modelo todos los espacios del peronismo nos unimos en un frente electoral, el Frente de Todos. Pero no fue un frente de gobierno. ¿Por qué? Por una serie de circunstancias, porque en ese momento el rol y el peso de Cristina Fernández era superlativo, era la que más votos aportaba y mayor representación política tenía en ese momento. Haberla tenido en el gobierno, en el segundo escalón institucional, no creo que haya sido virtuoso. Por eso creemos que ahora, para ordenar al peronismo, no hay que eliminar las PASO sino que hay que utilizarlas para legitimar tanto el programa como el candidato.
-Ese debate interno que a su juicio debe darse el peronismo para ser nuevamente una alternativa electoral, ¿no debería incluir también una autocrítica?
-Sí, para mí la etapa del debate incluye la autocrítica. Cuando en 2019 constituimos el Frente de Todos discutimos mucho cómo ganar, pero discutimos muy poco cómo gobernar. Y eso es lo que no se debe repetir. Yo escucho compañeros que plantean que tal o cual debería ser el candidato; yo creo que hoy no es el momento de debatir los candidatos. No lo digo en contra de nadie. Flaco favor le vamos a hacer a nuestra fuerza, sobre todo cuando le toque gobernar, si no nos damos primero este proceso de debate interno que alumbre el programa y, luego, la selección de los candidatos.
–¿No teme que en esas discusiones internas las diferencias terminen generando desmembramientos en el peronismo y que haya dirigentes que amenacen con competir por fuera?
-Cuando no hay método, se producen esos desmembramientos. Y el método tiene que ser el debate interno. Este espacio que presentamos en Parque Norte pretende ser el cauce para que todos vayamos para el mismo lado; creemos que el peronismo debería revisar algunas de sus posiciones para llegar a ese sector de la sociedad que será necesaria para ganar un balotaje. Tenemos que hablarle a ese sector que espera cosas de nosotros frente a este modelo que, entendemos, ha profundizado la caída en la actividad económica, salarios deprimidos y desempleo creciente.
-La pregunta, insisto, es si la propuesta que lleve el peronismo tendrá como premisa el orden fiscal con superávit. Hoy no parece claro que ése sea un activo para el kirchnerismo, por ejemplo.
-Y yo le di como ejemplo un período en la historia, el único en los últimos 60 años, en que hubo más de tres años consecutivos de superávits gemelos. ¿Y quién gobernaba? El peronismo. No es verdad que el peronismo no sabe cuidar las cuentas públicas. Se sabe porque nuestros gobernadores y nuestros intendentes lo hacen con equilibrio.
–Mencionó a Cristina Kirchner. ¿Qué lugar cree que debería tener en este debate interno que ustedes proponen y en el peronismo que debería surgir tras ese proceso?
-Su figura es ineludible. Todo está en discusión en el peronismo. Ella tiene muchísimo para aportar, y muchas de las ideas que parecieran como detenidas en el tiempo, yo entiendo que está dispuesta a discutirlas y a reversionarlas. Ella tiene, objetivamente, dos condicionantes fuertes. Una es su condena. Mi opinión es que es una condena política, donde la pena es que no se pueda presentar elecciones, o sea la inhabilitación para ejercer cargos públicos de por vida, y la accesoria es la detención. ¿Por qué es una condena política? Por el manejo de los tiempos judiciales; pareció calculado para que impedirle que sea candidata y legitime su proyecto político. Fíjese: ¿cuántos años tuvo la Corte Suprema la causa de Carlos Menem, y cuántas semanas tuvo la causa de Cristina Kirchner?
El segundo elemento objetivo es que su liderazgo no tenía discusión dentro de su espacio, el kirchnerismo. Hoy parece que está discutido por Axel Kicillof ¿no? Porque antes había un solo espacio político, el kirchnerismo, conducido por Cristina, y hoy está el Movimiento Derecho al Futuro, que es el movimiento que conduce Kicillof. Entonces, esa mayoría interna hoy tampoco está tan clara que la tenga. Así que creo que Cristina es una persona, por su historia y por su caudal político, ineludible en la discusión del peronismo, pero no es excluyente.
-Dijo que Cristina estaría dispuesta a revisar algunas de sus ideas. ¿Cómo lo ve plantado a Axel Kicillof en esta discusión sobre la necesidad de preservar un orden macroeconómico?
-Yo no soy exégeta de ningún compañero, ni de Cristina ni de Axel. Cuando dije que creo que Cristina está pensando en rediscutir algunas posturas que se daban por sentadas, lo infiero a partir de las últimas cartas que ha escrito en las que habló de repensar la estatalidad, la educación, los sistemas de salud. Pero no quiero analizar lo que piensan los demás. Habría que preguntárselo a ellos.
-Miguel Pichetto, Emilio Monzó y otros dirigentes también plantean la necesidad de discutir un programa primero para la construcción posterior de un frente para competirle a Milei. ¿Hay vasos comunicantes entre ustedes?
-Hoy estamos todos hablando con todos los compañeros, eso es muy importante. El encuentro de Parque Norte generó una sana expectativa. Acá el planteo es ir con todos adentro, nada es por afuera. Además, la sociedad lo definió en la última elección, donde la gente votó más por el espacio que por el candidato. En Buenos Aires ganó La Libertad Avanza y no el primer candidato, que en la boleta todavía llevaba la cara de José Luis Espert. El votante visualizó claramente el espacio oficialista, que conduce Milei, y el espacio opositor, el peronismo. Las terceras fuerzas no cuajaron. Y creo que se va a mantener así. Por eso es importante armar un frente, pero no alcanza con que sea opositor, sino que sea una alternativa real.
-El oficialismo se muestra confiado en lograr la reelección de Milei en 2027 a falta de alternativas en la oposición. ¿Usted qué piensa?
-Cuando Milei inauguró las sesiones ordinarias acababa de lograr la aprobación de la reforma laboral y parecía que se comía a los chicos crudos. Estaba empoderado, se mostraba agresivo. Hoy está discutiendo, incluso internamente, si sostiene al jefe de gabinete [Manuel Adorni], si lo cambia. Está en un problema de orden institucional, agravado por un contexto de mayor recesión en términos de economía real. Así que yo no daría por derrotado ni triunfador al gobierno, y menos un año y medio antes. De ninguna manera. Ni siquiera nos tendríamos que ocupar tanto de eso, sino de construir una alternativa, que es lo que realmente importa.
espacio federal que se presentó,Laura Serra,Conforme a
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El principio del fin: el día que una multitud desafió la cuarentena con un banderazo y sacudió al gobierno de Alberto Fernández

Quién sabe si no fue el principio del fin o, diría Winston Churchill, el fin del principio, pero igual sacudió profundo y violento, un desplazamiento de placas tectónicas, a aquel gobierno de Alberto Fernández que caminaba con alegría y con soberbia hacia el abismo.
Hace seis años, el 13 de septiembre de 2020, una gigantesca marcha popular con epicentro en el Obelisco, y círculos concéntricos que llegaron hasta quince puntos diferentes de la ciudad y a varias provincias del interior, reunió a miles de manifestantes que expresaron su decidida oposición al gobierno. Marchaban opositores, es verdad, pero también marchaban miles de decepcionados con la política oficial, con el manejo de la pandemia del Covid-19, contra la corrupción, la inseguridad y con un reclamo a la justicia, a la que le pedían lo de siempre: celeridad, efectividad y que eludiera de alguna forma el intento de reforma judicial que impulsaba el kirchnerismo.
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La gigantesca manifestación pasó a la historia como el “Banderazo”, y fue impulsada desde principios de ese mes por cuentas de Twitter, vinculadas al macrismo, según señaló luego la consultora Scidata. La fuerza de la marcha sorprendió incluso a los organizadores o promotores, si los hubo. Fue de algún modo la culminación de marchas anteriores que ya en abril habían protestado, desde los balcones de los edificios céntricos, con cacerolas y aplausos, en contra del encierro obligado al que forzaba el gobierno, contra la liberación de presos comunes decretada por el kirchnerismo, entre ellos varios violadores, y hasta contra la expropiación de la cerealera Vicentín, de Santa Fe, que se había decretado en junio.
Aquel gobierno se deslizaba en un tobogán que el mismo kirchnerismo enceraba. Tres meses antes del banderazo de septiembre, la decisión de la gente que en vez de quedarse encerrada en su casa como proponía el gobierno, salía a correr por Palermo y por otros muchos otros sitios, se transformó en una cuestión de Estado. Fue un drama para los “runners”, que se empeñaron en desafiarlo todo. El 8 de ese mes, el entonces jefe de Gobierno de la ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, decidió flexibilizar la cuarentena y habilitó la salida de los corredores a las calles.
En ese momento, parece que hubieran pasado varios años, Larreta era un candidato opositor a tener muy en cuenta por el kirchnerismo, que le apuntó con todos sus cañones. El Jefe de Gobierno dispuso que los “runners” desplegaran su actividad física dentro de un horario especial y según el número final de su documento de identidad: 0, 2, 4, 6 y 8 en determinados días de la semana, y 1, 3, 5, 7 y 9 el resto de los días. Estalló entonces una polémica sobre si el número 0 debía o no ser considerado un número par. De verdad, eso pasó en el país, no hace mucho y no tan lejos.
El 19 de junio, en abierto desafío al sentimiento popular, algo extraño si no ajeno a un peronista, el presidente Fernández, en un discurso que rozó demasiado cerca a la soberbia, adjudicó el aumento de contagios de Covid a la flexibilización de la cuarentena en la Ciudad, un ataque a Larreta. Con un tono inusual y admonitorio, dijo entonces: “¿Querían salir a correr? Salgan a correr. ¿Querían salir a pasear? Salgan a pasear. ¿Querían tener locales de ropa abiertos? Abran los locales de ropa. Esta es la consecuencia”.
No era verdad. El descalabro en la prevención y atención de la pandemia provenía del mal manejo de los recursos sanitarios que había hecho el propio gobierno, emperrado en usar la vacuna rusa Sputnik, de la que sólo llegó la primera dosis porque a Vladimir Putin se le antojó no enviar la segunda, y a la ciega decisión de no aplicar los trece millones y medio de dosis que proveía Pfizer, en reconocimiento al país por haberse prestado a los primeros ensayos científicos.
En ese caldero se cocinó el banderazo. Y también en el cambio de condición de detenido, pasó a arresto domiciliario, del empresario K, Lázaro Báez, acusado de beneficiarse gracias a la entonces presidenta Cristina Kirchner con contratos del Estado y pagos irregulares por cuarenta y seis mil millones de pesos. La protesta también cayó sobre la decisión de Fernández de birlarle a la Ciudad parte de la coparticipación, nueve mil millones en lo que quedaba del año y cuarenta y un mil millones en 2021, para pagar los sueldos de la policía de la provincia de Buenos Aires, sublevada y furiosa. Aunque resulte curioso, esa protesta por el zarpazo a la Ciudad fue también bandera en el interior del país.
El 13 de septiembre era un domingo soleado, un anticipo de la primavera generosa. La ciudad, que llevaba encima seis meses de rígida cuarentena, había decidido protestar de dos formas: o marchaba hacia el Obelisco, o desbordaba los parques porteños y campeaba al aire libre. Basta ya de encierro. A las cuatro de la tarde, las cifras registraban entonces 9056 nuevos casos de Covid y habían muerto ya 89 personas, los primeros manifestantes se reunieron en el cruce de Corrientes y la 9 de Julio, ocuparon la mano hacia el sur y rodearon el Obelisco. Del lado Norte, la avenida ya había sido cortada por agentes de tránsito a la altura de Córdoba, y era allí de donde partía una larga hilera de autos que hacían sonar sus bocinas: gran parte de los manifestantes desfilaron en sus autos para respetar el protocolo de distanciamiento social que regía las vidas de los porteños. Otros, en cambio, ocuparon calles y veredas con banderas argentinas, cacerolas y barbijos. Una de las banderas, hubo de todo: diseñadas por profesionales y escritas a mano alzada, sintetizaba teoría y práctica de la protesta: “Nos tapamos la boca, pero no nos callamos”.
Lo de “banderazo” llegó porque las estrellas de la manifestación fueron las banderas y sus leyendas. Un breve repaso muestra: “¡Alberto! ¡No nos mientas más! ¡No a la reforma! (judicial)”; ¡Respeten la C.N. Basta de gobernar x DNU! ¡Sesiones presenciales ya!” Traducción acaso necesaria: Respeten la Constitución Nacional. Basta de gobernar por Decretos de Necesidad y Urgencia. Lo de “sesiones presenciales” refería al Congreso, que funcionaba en forma virtual. Otras banderas y pancartas rezaban: “Basta de prohibir el trabajo. Queremos trabajar. Bájense los sueldos. Basta de ser ‘solidarios’ con la nuestra”; “El mentiroso no cambia, solo se transforma”; “Somos malos y opulentos, pero defendemos la República y laburamos”; “Exigimos Justicia, Basta de Impunidad. Por una República”; “Para Cristina, cárcel ya”; “La corrupción mata y empobrece”. “La calle es nuestra”; “¡Que gobierno de mierd…!”.
Las protestas se extendieron a Bariloche, Córdoba, Mar del Plata, Rosario, Tucumán, Mendoza y La Plata. Llegaron incluso a la Quinta Presidencial de Olivos: sobre la Avenida Maipú, cientos de personas hicieron sonar bocinas y cacerolas y reiteraron, de otra forma, otra inusual protesta de la semana anterior: en el mismo sitio, oficiales de la Policía bonaerense habían lanzado un “sirenazo” de sus patrulleros, en reclamo de mejores salarios.
La respuesta del Gobierno a la marcha, todo se apagó alrededor de las siete de la tarde porque la multitud cumplía con los recaudos frente al Covid, fue el enojo. Algunos dirigentes del kirchnerismo desestimaron la manifestación popular y dijeron que se trataba de “cuatro viejas de Recoleta”. Tampoco era verdad: no eran de Recoleta, no eran viejas y no eran cuatro. Fernández, en cambio, impulsó otro “banderazo”: el de los “argentinos de bien”, con lo que puso a los manifestantes del lado del mal. La grieta. El kirchnerismo la ahondaba y la celebraba; a aquel disparate político le caía al pelo el viejo proverbio de Antonio Porchia: “Tú crees que me matas; yo creo que te suicidas”.
El principio del fin, o el fin del principio, extendió su sombra ominosa a lo largo de todo un año. Con azarosa precisión, otro domingo, el 12 de septiembre de 2021, hace cinco años, el gobierno de Alberto Fernández sufrió una dura derrota electoral en las PASO: el kirchnerismo perdió en casi todo el país, incluida la provincia de Santa Cruz, un baluarte electoral de la entonces vicepresidente Cristina Fernández. Si esas elecciones primarias plebiscitaron la gestión de Alberto Fernández, el resultado fue el de un voto castigo al gobierno que llevaba menos de dos años
La alianza opositora de Juntos por el Cambio fue entonces la gran ganadora, con triunfos contundentes en todo el país. Y, en especial, en el distrito menos pensado: la provincia de Buenos Aires, un bastión del peronismo. Allí, el actual ministro del Interior, Diego Santilli, triunfó por cinco puntos sobre la candidata del Frente de Todos, Victoria Tolosa Paz. Además, la oposición triunfó en otros grandes distritos del país: la ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza, y se extendió a provincias gobernadas por el peronismo como Entre Ríos, Chaco, La Pampa y Chubut. El Frente de Todos sólo pudo festejar en Tucumán, Formosa, La Rioja y San Juan.
El resultado electoral estaba atado al derrumbe económico, el gobierno de Fernández responsabilizaba de la debacle a su antecesor, Mauricio Macri, y de la incertidumbre con la que el gobierno enfrentaba la pandemia de Covid. El día de la elección, el país padecía ya 5.224.534 contagios y 113.402 muertes. Un mes antes de las PASP, una denuncia había talado cualquier posibilidad de éxito electoral del kirchnerismo: en julio del año anterior, mientras más fuerte era la presión del gobierno por mantener a los argentinos encerrados en sus casas, en Olivos, la entonces primera dama, Fabiola Yañez, había festejado su cumpleaños junto a un grupo de invitados. Fernández quiso eludir su responsabilidad en el desaguisado, intentó hacer pequeño un desastre que era mayúsculo y se refirió al hecho como la fiesta de “mi querida Fabiola”. Este hecho se sumó a uno de los primeros escándalos del gobierno de Alberto: el llamado “vacunatorio VIP”, la decisión del entonces ministro de Salud, Ginés González García, de vacunar a una serie de funcionarios y amigos. La idea de que a la hora de las indispensables vacunas, existían hijos y entenados, mostraba una cara de la corrupción hasta ese momento desconocida: ahora estaba en juego la vida de las personas.
El desastre electoral de las PASO, que de alguna forma rediseñó el mapa político del país con miras a las elecciones presidenciales de 2023, paralizó al gobierno y a sus principales dirigentes: el proyecto político del kirchnerismo había sido herido en su línea de flotación. Recién a las once y media de la noche de ese domingo 12, la plana mayor del Frente de Todos, el Presidente, Cristina Fernández, Sergio Massa, Máximo Kirchner, el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, subieron demudados al escenario de un bunker levantado en Chacarita, una alegoría, ensombrecido y callado. Sólo habló Alberto Fernández, rodeado por caras largas y abatidas. Dijo poco. Llamó a “dar vuelta la elección” en noviembre, una expresión de deseos, admitió que habían “escuchado con atención el mensaje de las urnas”, como si existiera otra posibilidad, y expresó su intención de resistir: “No voy a bajar los brazos”.
Poco dijo también de la cuarentena más larga del mundo, de los más de ciento diez mil muertos por el Covid, del cincuenta y uno por ciento de inflación, del cuarenta y dos por ciento de pobreza y de las escuelas cerradas y del proyecto de educación virtual en la pandemia, en un país donde el veinte por ciento de los chicos no tenía conexión a Internet, más de trescientos cincuenta mil alumnos había dejado la escuela y casi la mitad de los hogares no tenían Tablet, ni computadora, según cifras de Unicef. A su lado, la vicepresidente observaba.
Cristina Fernández no se limitó a ser testigo de aquella dura derrota: el resultado electoral, de confirmarse en noviembre y todo parecía indicar que así sería, le haría perder al Frente de Todos la cómoda mayoría con la que contaba en el Senado que presidía la propia Cristina. El terremoto político que sacudía al gobierno tendría fuertes réplicas.
El 15 de septiembre, tres días después de las elecciones, el ministro del Interior, Eduardo de Pedro puso su renuncia a disposición de Alberto Fernández y lo mismo hicieron otros once miembros del gabinete, todos cercanos a Cristina Fernández. Al día siguiente, jueves 16, con el gobierno fracturado, la vicepresidenta profundizó la crisis con una violenta carta, en Twitter, que apuntó directo al Presidente: le recordó que había sido ella quien lo había postulado para el cargo y le exigió cambios en el gabinete, en especial, que se deshiciera del entonces ministro de Economía, Martín Guzmán y de su jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.
La carta, titulada “Como siempre… sinceramente”, decía: “Cuando tomé la decisión, y lo hago en la primera persona del singular porque fue realmente así, de proponer a Alberto Fernández como candidato a Presidente de todos los argentinos y las argentinas, lo hice con la convicción de que era lo mejor para mi Patria. Sólo le pido al Presidente que honre aquella decisión. Pero por sobre todas las cosas, tomando sus palabras y convicciones también, lo que es más importante que nada: que honre la voluntad del pueblo argentino”. Reveló también una serie de reuniones con el Presidente, muchas, todas reservadas o cuasi secretas y en la quinta de Olivos, con lo que habló sin mencionarlo de un cogobierno, tal vez una reedición aplacada del famoso “doble comando” que había llevado adelante con su esposo, Néstor Kirchner.
La carta reveló también que Cristina Fernández había hecho fuertes críticas a la política económica del gobierno del que era vicepresidenta: “También señalé –decía el documento– que creía que se estaba llevando a cabo una política de ajuste fiscal equivocada que estaba impactando negativamente en la actividad económica y, por lo tanto, en el conjunto de la sociedad y que, indudablemente, esto iba a tener consecuencias electorales. No lo dije una vez: me cansé de decirlo. Y no sólo al Presidente de la Nación”.
Si existía una posibilidad, lejana, de que hubiese una tregua entre el kirchnerismo duro y la Casa Rosada, la carta de Cristina Fernández la demolió. Alrededor del presidente hablaron de “Mantener la cabeza fría y pensar los movimientos a seguir”, sin dar más detalles. Era admitir la desorientación. Los ataques se hicieron más intensos a través de los fieles seguidores de Cristina: la diputada Fernanda Vallejos, según un audio filtrado a la prensa, habló de Alberto Fernández como de un “okupa” y un “mequetrefe”.
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La crisis no cesó. En las elecciones de medio término del 14 de noviembre quedó ratificado el resultado de las PASO; el kirchnerismo perdió el dominio del Senado, algo que no sucedía en el peronismo desde 1983; la gran ganadora fue la coalición de Juntos por el Cambio por sobre el Frente de Todos. Los resultados también mostraron un crecimiento de La Libertad Avanza, liderada por Javier Milei.
Eran los ecos de aquel banderazo de septiembre de 2020.
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El Gobierno celebró la voluntad de Trump para intervenir en Malvinas: “Es importante”

El Gobierno de Javier Milei celebró las nuevas declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en torno al conflicto que Argentina mantiene con Reino Unido sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y el territorio antártico.
Desde Balcarce 50 consideran que el pronunciamiento del mandatario norteamericano pone en valor la estrategia que sigue Milei desde las últimas semanas y sostuvieron, según TN, que “es importante”.
Sobre esta disposición de Trump, el Gobierno analiza solicitar a Washington una mediación en el conflicto con Reino Unido. Sin embargo, aún no hay una definición sobre el mecanismo que podría utilizarse.
Trump habló de una posible guerra por Malvinas y dijo que podría intervenir para resolverla
La reacción de la gestión libertaria acaece después de que Donald Trump considerara la disputa entre Argentina y el país europeo podría derivar en un “desastre potencial”, a lo que sumó que si Estados Unidos se involucra, podría resolverla.
En el Ejecutivo remarcaron a TN que los dichos del presidente norteamericano ayudan a mantener la causa de Malvinas en la agenda internacional: “Todo lo que sea tema Malvinas nos sirve”.
A su vez, afirman que los pronunciamientos del magnate republicano no se tratan de hechos aislados, sino que son la manifestación de un trabajo previo y bilateral entre la diplomacia argentina y estadounidense sobre la cuestión: “Lo que viene sucediendo no es casualidad”.
El Gobierno ampliará las denuncias penales por la explotación de recursos en las Islas Malvinas
El próximo paso tendrá lugar en la próxima Asamblea General de las Naciones Unidas, entre el 22 y 28 de septiembre, instancia en la cual Milei y Trump tienen previsto volver a verse las caras con las Islas Malvinas como uno de los temas centrales.
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Uno por uno, quiénes son los gobernadores que ingresaron a la casa Rosada en lo que va de este año y los que nunca fueron

En los primeros siete meses del año, 18 gobernadores, dos vicegobernadoras y el jefe de Gobierno porteño fueron a la Casa Rosada para reunirse con funcionarios del Gabinete de Javier Milei.
Los motivos fueron varios pero coincidentes: reclamos por la reactivación de la obra pública nacional y la falta de mantenimiento de rutas nacionales en sus provincias; la merma en la transferencia de recursos desde la Nación; las deudas previsionales; el envío de ATN para emergencias climáticas o presupuestarias. Desde el Gobierno, los intereses se centraron en dos ejes: negociaciones conseguir apoyo a las iniciativas impulsadas por el oficialismo en el Congreso, y la estrategia electoral para 2027 en los distintos distritos y a nivel nacional.
Todos los mandatarios aliados, tanto del PRO y la UCR como de fuerzas provinciales con posiciones más autónomas, pasaron por Balcarce 50 entre enero y julio. Pero también concurrieron cuatro peronistas. Dos de ellos de muy buen vínculo con la gestión libertari – el catamarqueño Raúl Jalil y el tucumano Osvaldo Jaldo -, y dos opositores duros, el pampeano Sergio Ziliotto y Gustavo Melella, de Tierra del Fuego. Si bien pertenece a FORJA, el fueguino se enrola en el peronismo-kirchnerismo.
Así surge de los ingresos a la Casa Rosada del 1 de enero al 31 de julio que obtuvo Infobae a través de un pedido de Acceso a la Información Pública realizado a la Secretaría General de Presidencia. La respuesta incluyó 23.249 registros que fueron procesados por la Unidad de Datos. De ese análisis surge que no figuran ingresos de gobernadores a la Quinta Presidencial de Olivos, según la respuesta brindada por casa Militar.
Si bien no figura en las planillas, el peronista cordobés Martín Llaryora estuvo en una oportunidad este año en Balcarce 50, pero para asistir a la jura de Diego Santilli como jefe de Gabinete, como se ve en las fotos de la asunción. Fue el 30 de junio pasado, y estuvo junto a otros 12 gobernadores locales y el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, una concurrencia de volumen político excepcional en una jura de un ministro de Milei.
Llaryora tiene posturas críticas respecto de la gestión libertaria, y es uno de los mandatarios que viene reclamando por la deuda de Nación con la Caja de Jubilaciones provincial, por el parate en la obras viales y la eliminación o reducción de las retenciones al agro.

En su gran mayoría, los mandatarios se reunieron en 24 oportunidades con Santilli, quien ocupó el Ministerio del Interior antes de pasar a la Jefatura de Gabinete. El otro interlocutor frecuente fue Eduardo “Lule” Menem, subsecretario de Gestión Institucional y armador de La Libertad Avanza a nivel nacional, que los recibió en otras 7 ocasiones. Karina Milei y Manuel Adorni, el antecesor de Santilli, también estuvieron en varias de esas reuniones.
Mientras que Santilli participó en las negociaciones sobre la transferencia de recursos, obra pública y búsqueda de apoyo legislativo, Lule Menem se sumó a los encuentros de mayor contenido político. Particularmente, con gobernadores afines o potencialmente aliados para la estrategia legislativa y electoral del oficialismo.
El mes de mayor cantidad de reuniones con los gobernadores fue junio: 17 en total. No es causal, fue cuando se intensificó la negociación en busca de apoyo para la eliminación de las PASO en el Congreso. Participaron en distintos encuentros Frigerio, Jalil, Jaldo, Melella, Zdero, Sadir y Valdés, según relevó Infobae.

Los que nunca fueron a la Casa Rosada
Solo cinco mandatarios no figuran en los registros de los que asistieron a la Casa Rosada. Tampoco hay registro fotográfico o en los medios de que hayan estado. Tres son los peronistas más críticos de la gestión de Milei: el bonaerense Axel Kicillof, el formoseño Gildo Insfrán y el riojano Ricardo Quintela.

El cuarto es Elías Suárez, del Frente Cívico por Santiago, que responde políticamente a su antecesor y actual senador Gerardo Zamora, con posturas enfrentadas al Gobierno.
Tampoco pasó por la Casa Rosada el misionero Hugo Passalacqua, del partido provincial Frente Renovador de la Concordia. Aliado crítico, la reciente ruptura con su padrino político y ex mandatario de esa provincia, Carlos Rovira, derivó en un alejamiento de la gestión libertaria, sin romper los puentes del todo.
El ranking de los que más fueron
El gobernador que más veces atravesó la puerta de Balcarce 50 fue Frigerio. Lo hizo 5 veces entre enero y julio de este año. Estuvo en marzo, en abril, en mayo y dos veces en junio. El mandatario del PRO se reunió con Santilli todas las veces, aunque el 14 de abril también se sumó al encuentro gobernador mendocino, Alfredo Cornejo, y participaron Karina Milei y Lule Menem.
En la mayoría de los encuentros, se abordó el tema del parate de la obra pública en Entre Ríos, la situación fiscal de la provincia y la reforma política que busca el Gobierno.

Frigerio es uno de los mandatarios de mejor llegada al Ejecutivo nacional. Busca su reelección sin tener competencia de LLA en su distrito, a cambio de apoyo a la reelección de Milei. Esta semana hizo pública su postura a favor de eliminar las PASO, en sintonía con lo que quiere el oficialismo nacional.
Le siguen en cantidad de ingresos Rolando Figueroa, del partido provincial La Neuquinidad, y el radical Leandro Zdero, de Chaco, quienes fueron en 4 ocasiones.
El neuquino estuvo en febrero, marzo, mayo y junio para ver a Lule Menem y/o Santilli, cuando todavía era ministro del Interior. Figueroa planteó cuestiones de obra pública e infraestructura, y escuchó el pedido de apoyo al Gobierno para la reforma electoral.

El chaqueño Zdero tuvo reuniones en febrero, abril, mayo y junio con Lule Menem, Karina Milei y/o Santilli. La última tuvo como eje, también, a la reforma política.

Con tres visitas aparecen los aliados Claudio Poggi, de San Luis, y el sanjuanino Marcelo Orrego, ambos ex Juntos por el Cambio. El mismo número registra el catamarqueño Jalil, del PJ.
Este mandatario peronista, de muy buen vínculo con el Gobierno, visitó la casa Rosada en mayo y dos veces en junio, la última junto al salteño Gustavo Sáenz y el tucumano Jaldo. El catamarqueño estuvo especialmente interesado en las inversiones en minería en su provincia a través del RIGI, un régimen de incentivo para favorecer rlas grandes inversiones.

Alberto Weretilneck del partido Somos Río Negro, si bien no tiene legisladores que le respondan directamente en el Congreso, también estuvo tres veces en la Casa Rosada, la última para la jura de Santilli. En las anteriores, uno de sus reclamos principales fue avanzar en un convenio para que Río Negro asumiera la administración de las rutas 22 y 151, algo que se concretó en agosto finalmente.
Pese a pertenecer al grupo de mandatarios opositores más críticos, el pampeano Ziliotto, se reunió en febrero, en marzo y en julio con Santilli. En esta última, abordaron la situación de la Caja previsional provincial y el traspaso de obras del plan de viviendas PROCREAR.

En los primeros 7 meses del año, visitaron dos veces la Casa Rosada los radicales Maximiliano Pullaro, de Santa Fe; Carlos Sadir, de Jujuy; y Juan Pablo Valdés, de Corrientes. Todos son aliados del Gobierno nacional.
Pullaro tuvo entre sus principales reclamos el estado de las rutas nacionales en su provincia. El 22 de julio, el gobernador de Santa Fe firmó en la Casa Rosada con Santilli, Karina Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, el traspaso por 20 años de la administración, mantenimiento y ejecución de obras de la Ruta Nacional A012.

También estuvieron dos veces en la sede del Ejecutivo nacional Ignacio Torres (PRO), de Chubut; y Sáenz, del Partido Identidad Salteña.
Torres fue el 20 de marzo a reunirse con Lule Menem y el 2 de julio para ver a Santilli, recién asumido como jefe de Gabinete por las obras de infraestructura para Chubut. En la reunión, Santilli buscó sumar el respaldo del mandatario a la reforma política, aunque el mandatario patagónico fue cauto sobre la posible eliminación de las PASO.

Sáenz, de buen diálogo con el Gobierno aunque con posturas críticas, se reunió el 6 de mayo con Karina Milei y Santilli para analizar un posible acuerdo electoral en Salta de cara a 2027, tanto en la provincia como a nivel nacional. Apenas 20 días después, volvió a la Casa Rosada para verse con Santilli y Lule Menem, para abordar “proyectos estratégicos para la provincia” y “avanzar en una agenda de políticas de desarrollo federal”, según la información difundida por el gobierno salteño.

Con una sola reunión en Balcarce 50 aparece el radical Cornejo, de Mendoza. Fue el 14 de abril cuando, junto a Frigerio, fueron recibidos por Santilli, Lule Menem y Karina Milei. Según el comunicado oficial de la Secretaría General, el Gobierno confirmó en ese encuentro que iba a avanzar con un decreto para que las provincias puedan, mediante inversiones privadas, llevar adelante obras de infraestructura en tramos de rutas nacionales que atraviesen sus territorios.
El mendocino y el entrerriano son dos de los mandatarios de mejor sintonía con la gestión nacional. Ambos estuvieron el 30 de junio en la asunción de Santilli como jefe de Gabinete.

El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, registró un solo ingreso a la Casa Rosada, ese mismo 30 de junio para asistir al ascenso de Santilli dentro del Gabinete libertario. Macri arrastra un reclamo por la coparticipación con el Ministerio de Economía nacional y tiene una disputa solapada con LLA por el control del distrito de cara a 2027.
También figuran con un solo ingreso a la Casa Rosada el tucumano Jaldo, el fueguino Melella, y Claudio Vidal, de Santa Cruz. Este último estuvo el 14 de julio. Es otro dialoguista, pero que se mueve en forma independiente de los deseos libertarios. Los legisladores que le responden, si bien acompañaron varias iniciativas del Gobierno, suelen moverse como líberos en el Congreso.
Intendentes en la Casa Rosada
En cuanto a los intendentes, aparecen muy pocas visitas a la Casa Rosada en los registros brindados por la Secretaría General, y ninguna a la Quinta de Olivos.
Un grupo de 17 intendentes de Córdoba de diversas fuerzas políticas (PRO, UCR y vecinalistas) concurrieron el 17 de junio pasado para reunirse con Santilli, en un encuentro coordinado por el jefe de bloque de LLA en la Cámara de Diputado, el cordobés Gabriel Bornoroni, del que también participó su colega de bancada Laura Rodríguez Machado.
Según la información oficial, el objetivo fue analizar los temas de la agenda legislativa y la situación financiera de los distintos municipios cordobeses.

Diego Valenzuela, intendente de 3 de Febrero en uso de licencia fue dos veces, ambas en enero de este año, cuando ya había asumido como senador provincial por LLA, el 10 de diciembre último.
El 30 de junio, Sebastián Abella, jefe comunal de Campana del PRO, asistió a la asunción de Santilli como jefe de Gabinete.
En tanto, Daniel Escalante, intendente radical de Roldán, Santa Fe, ingresó el 22 de julio pasado, junto al gobernador Pullaro para la firma del convenio por el cual Nación delegó la administración de la Ruta Nacional A012.
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