ECONOMIA
Ajuste en los hogares: así quedó el mapa del gasto familiar con el fin de los subsidios

Los argentinos atraviesan un período de «compresión del ingreso disponible» o «squeeze en el bolsillo» por ajuste tarifario y de servicios. Traducción: suben las cosas que no podemos dejar de pagar.
En teoría económica más amplia, esto se relaciona con: efectos de oferta o shocks de costos en precios regulados, inflación por corrección de precios relativos (no es inflación monetaria pura, sino reordenamiento) y con el concepto de pobreza de energía o costo de vida asimétrico cuando afecta más a ciertos grupos.
Es un costo transitorio típico de los procesos de normalización económica después de distorsiones prolongadas. Durante años, el Estado pagó parte de la luz, el gas y el transporte de cada hogar argentino. Esa cuenta nunca desapareció: se cobró en forma de inflación. Ahora que se está saldando, el bolsillo la siente de otra manera — y el consumo lo acusa.
En diciembre de 2023, un hogar tipo del AMBA pagaba unos $3.664 por la electricidad y $1.380 por el gas. Hoy esas mismas facturas rondan los $42.887 y los $28.025 respectivamente. No es que la empresa distribuidora se haya vuelto más cara de un día para el otro: es que durante años esos precios estuvieron subsidiados por el Estado, y ahora se están acomodando a lo que cuesta producirlos y distribuirlos.
Para entender la magnitud del cambio, hay que ver los números con perspectiva. En marzo de 2023, el salario promedio formal (RIPTE) era de $239.883. Hoy es de $1.734.357: subió un 623% en tres años. Mucho, sí. Pero la mayoría de los servicios públicos subieron bastante más.
El colectivo, por ejemplo, pasó de costar $52 por viaje a $700 — una suba del 3.138%. Para ponerlo en términos concretos: alguien que viajaba 60 veces por mes pagaba en 2023 lo mismo que hoy paga por menos de dos viajes. El subte trepó un 2.079%. La electricidad, un 1.070%. El gas, un 1.930%. El agua, un 2.236%. En todos los casos, la suba de esos servicios superó ampliamente la del salario.
«En 2023 la luz y el gas eran baratos no porque fueran baratos: eran baratos porque el Estado pagaba la diferencia con emisión monetaria».
Ahora bien, ¿cuánto pesan esos servicios hoy en el sueldo de una familia, en comparación con antes?
En el caso del transporte, por ejemplo, el colectivo pasó de representar un 1,3% del salario a un 5,8%
El primer dato que sorprende es el de la medicina prepaga. Con una familia de cuatro en relación de dependencia, la cuota pasó de representar un 43,8% del salario en 2023 a un 40% en 2026. Algo parecido pasó con el colegio privado (de 16,1% a 11,9%) y el seguro de auto (de 7,1% a 5,9%). ¿Por qué? Porque esos servicios privados se ajustaron libremente con la inflación, pero no partían de un precio artificialmente deprimido como los públicos.
El caso opuesto es el del transporte. El colectivo pasó de representar un 1,3% del salario a un 5,8%. El subte, del 0,7% al 2,0%. El agua, del 0,6% al 2,0%. Son exactamente los servicios que más tenían el precio reprimido — los que más subsidio recibían — y por eso su corrección fue más brusca.
Y el ajuste en el transporte no terminó. Las líneas de tren del AMBA tienen aumentos escalonados programados hasta septiembre. Para usuarios con SUBE registrada, la tarifa de la sección más corta (hasta 12 km) pasa de $330 en mayo a $530 en septiembre. La sección media (12 a 24 km) va de $429 a $689, y los viajes más largos (más de 24 km) de $528 a $848. Quien viaje sin SUBE registrada pagará tarifa plana: $1.100 en mayo, $1.700 en septiembre. La corrección tarifaria, en otras palabras, todavía está en curso.
Lo que el subsidio escondía: emisión e inflación
Mantener esos precios artificialmente bajos no era gratis. En 2023, el Estado gastó $2.654 millones en subsidios energéticos y $1.008 millones en transporte, sumando un total de $4.092 millones entre energía, transporte y agua — equivalentes al 2,3% del PBI. Como esos fondos no alcanzaban con la recaudación, el Banco Central transfería pesos al Tesoro para cubrir la diferencia: solo en 2023, los adelantos transitorios del BCRA sumaron $1.775.685 millones. En 2026, ese número es cero.
«El ciudadano pagaba una factura de luz barata, pero pagaba en otro lado: a través de precios más altos en el supermercado, en el alquiler, en todo»
Esa emisión se convertía en inflación. La misma inflación que licuaba salarios y ahorros. El resultado fiscal lo confirma: en 2023 el déficit primario fue del 2,9% del PBI. La proyección para 2026 es un superávit del 1,5% — un giro de más de cuatro puntos del producto en tres años.

La proyección para 2026 es un superávit del 1,5% , un giro de más de cuatro puntos del producto en tres años
El camino de la inflación
Los números del IPC cuentan esa historia con precisión. En diciembre de 2023, con el primer gran ajuste de tarifas ya en marcha, la inflación general fue del 25,5% en un solo mes — con el IPC núcleo al 28,3%, señal de que el problema era sistémico y no solo tarifario. A partir de ahí, la tendencia fue de baja sostenida: 4,2% en mayo de 2024, 2,4% en octubre, y desde entonces oscilando entre el 2% y el 4% mensual.
Hay un dato en la serie que vale la pena detenerse: el IPC de regulados. En los primeros meses de 2024 — enero a abril —, los precios regulados subieron al 26,6%, 21,1%, 18,1% y 18,4% mensual respectivamente, muy por encima de la inflación general y del índice núcleo. Era el momento más intenso de la corrección tarifaria. Después se normalizó. Hoy el IPC de regulados corre apenas por encima o en línea con el general.
«La inflación de 2024 no fue solo inercia: fue en buena parte la factura diferida de años de precios artificiales pasando al frente de golpe.»
Desde enero de 2023 hasta marzo de 2026, la inflación acumulada fue del 875% en el índice general y del 1.120% en el componente de precios regulados — 245 puntos porcentuales más. Esa brecha es exactamente la magnitud de la distorsión que se estaba corrigiendo.
Lo que hay de inflación hoy no es del mismo tipo que la de 2023. Ya no es inflación por exceso de emisión monetaria — el grifo de los adelantos transitorios está cerrado. Es, en buena medida, el reordenamiento final de precios relativos que todavía no terminó de acomodarse.
El presupuesto familiar se reorganiza… y el comercio lo siente
Cuando los servicios básicos pasan a ocupar una porción mucho más grande del sueldo, algo tiene que ceder en el presupuesto familiar. Y lo que cede, en general, es el consumo de bienes. Los datos lo muestran con claridad. El índice de ventas en supermercados —desestacionalizado— pasó de 93,1 en febrero de 2023 a 81,8 en febrero de 2026: una caída del 12,1% en términos reales en tres años. Para dimensionarlo: es como si uno de cada ocho productos que se vendían en 2023 hoy simplemente no se vendiera — como si todos los supermercados del país cerraran un día y medio por mes comparado con tres años atrás.
Los shoppings cayeron un 2,3% en el mismo período. Las ventas minoristas relevadas por CAME cuentan la historia con más detalle. El índice tocó su piso en enero de 2024 con una caída interanual del 28,5% — el momento más duro del ajuste. Desde ahí rebotó: en enero de 2025 llegó a crecer un 25,5% interanual, traccionado por la baja de la inflación y cierta recuperación del salario real. Pero ese rebote no se sostuvo. Desde mayo de 2025 el índice volvió a territorio negativo y no salió más: abril de 2026 marca una caída del 1,3% interanual, con un índice de 93,4 que está todavía por debajo de los niveles de fines de 2023. El rebote fue real, pero no alcanzó para recuperar el nivel previo al ajuste.

La plata que antes se destinaba al supermercado ahora va a pagar servicios
«El dinero no desaparece: cambia de destino. Lo que antes se gastaba en el supermercado hoy se va en el colectivo, el subte o la factura del gas.»
El caso de los electrodomésticos es el más ilustrativo del cambio de comportamiento. En 2023, las ventas acumuladas de línea blanca crecieron un 124% nominal respecto al año anterior. En 2024, un 159%. Números que a primera vista suenan bien, pero que hay que leer en contexto: con una inflación que llegó al 211% anual en 2023, comprar una heladera o un lavarropas era una forma de protegerse de la pérdida de valor del peso. La gente no compraba porque le sobraba el dinero — compraba para no perderlo. En 2025 ese crecimiento se desplomó al 36,3%, en línea con una inflación que también bajó fuertemente: el incentivo de «ahorrar en bienes» se diluyó.

En 2025, el crecimiento en el rubro electro se desplomó al 36,3%, en línea con una inflación que también bajó fuertemente
El único rubro que muestra números positivos en toda la serie es el de los autos 0Km: los patentamientos acumulados de enero a marzo pasaron de 77.404 unidades en 2023 a 106.994 en 2026, un salto del 38%. Pero este caso tiene su propia lógica: el crédito prendario se reactivó con la desinflación, y el segmento de autos tiene una demanda embalsada de años de restricciones a las importaciones. Es la excepción, no la regla.
La regla es otra: cuando los servicios básicos se encarecen relativamente, el consumo de bienes absorbe el golpe. No es una caída por empobrecimiento generalizado, pero tampoco es un proceso indoloro. Mientras la inflación acumulada desde enero de 2023 a marzo de 2026 fue del 875%, el salario promedio formal (RIPTE) subió un 623% en el mismo período. Esa diferencia significa que el salario real perdió poder de compra. Las familias no solo están reasignando su gasto hacia servicios más caros: lo están haciendo con un ingreso que en términos reales vale menos que hace tres años. Eso explica buena parte de la presión que se siente en el consumo cotidiano, y también por qué la recuperación del poder adquisitivo es la otra cara indispensable de cualquier proceso de normalización que se sostenga en el tiempo.

El único rubro que muestra números positivos en toda la serie es el de los autos 0Km
Qué queda por delante: estabilización sin recuperación salarial
Lo que estamos viendo no es, en su mayor parte, una crisis de consumo: es un reordenamiento. Durante años, los precios de los servicios públicos estuvieron tan por debajo de su costo real que millones de familias habían perdido la noción de cuánto valía realmente enchufar un aire acondicionado, tomar el subte o abrir la llave del gas. El Estado pagaba la diferencia, y la diferencia se cobraba en inflación.
El proceso de corrección es costoso y no es neutral: las familias de menores ingresos son las más expuestas, porque destinan una proporción mayor de su presupuesto a los servicios básicos y tienen menos margen para absorber el ajuste. Pero la alternativa — seguir financiando subsidios con emisión monetaria — tenía un costo aún mayor: una inflación que destruía el salario real mes a mes, mucho más rápido y de forma mucho más regresiva que cualquier suba de tarifas.
La señal más clara de que el mecanismo cambió está en el Banco Central: en 2023 transfirió al Tesoro $1.775.685 millones en adelantos transitorios para financiar, entre otras cosas, esos subsidios. En 2026, esa cifra es cero. El déficit primario de 2,9% del PBI se convirtió en un superávit proyectado del 1,5%. Y la inflación mensual bajó del 25,5% en diciembre de 2023 a un rango del 2% al 3% en los últimos meses.
La inflación que queda no es del mismo tipo que la de entonces. Es, en buena medida, el precio de normalizar lo que estuvo distorsionado por años. Una vez que ese proceso cierre, la estructura de costos de la economía debería estabilizarse sobre bases más sólidas.
Pero la estabilización de precios es solo la mitad de la ecuación. La otra mitad — la que todavía está pendiente — es la recuperación del poder adquisitivo del salario. El RIPTE subió un 623% entre 2023 y 2026, mientras la inflación acumulada fue del 875%. Esa brecha de 252 puntos porcentuales tiene una traducción muy concreta: un trabajador formal necesita hoy casi cuatro meses de sueldo para comprar lo que en 2023 compraba en tres. La corrección de precios relativos puede ser el principio del orden, pero el capítulo de la recomposición salarial está, por ahora, sin escribir.
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ECONOMIA
Mercados: la Bolsa subió por cuarto día y avanzaron las acciones argentinas en Wall Street

Las acciones argentinas atravesaron otro día favorable tanto en el mercado doméstico como en el exterior, y el panel líder de la Bolsa porteña encadenó su cuarta suba consecutiva.
Los indicadores de Wall Street terminaron negativos tras alzas intradiarias: el S&P 500 cedió 0,1% y el panel tecnológico Nasdaq cayó 0,6%, a la vez que el Dow Jones de Industriales quedó neutro en 52.218 puntos.
El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires subió 3%, en los 3.379.772 puntos, un récord nominal de cierre medido en pesos. Medido en dólares “contado con liquidación” el panel de acciones líderes alcanzó los 2.159 puntos, un máximo desde el 19 de junio.
Entre los ADR y acciones de compañías argentinas que son negociados en dólares en Wall Street hubo mayoría de alzas. Encabezaron la suba Adecoagro (+5,4%), Banco Macro (+5,2%) y Banco Supervielle (+5,2%).

Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS, subrayó que “el dato saliente del martes para el mercado argentino fue la suba de la calificación crediticia por parte de la agencia Moody’s, poniéndose en línea con lo que habían hecho previamente Fitch y S&P”. y observó que “el mercado el miércoles refleja el buen tono de la noticia, con subas de bonos en dólares y acciones, sobre todo del sector bancario. Esto llevó a una compresión mayor del riesgo país, que cede nuevamente a la zona de 410 puntos tras la mejora en las cotizaciones de los bonos”.
“Hacia adelante, la normalización económica será fundamental para continuar la compresión y el costo de la deuda en dólares, para poder pensar en una emisión internacional que ayude a descomprimir el programa financiero, sumando una fuente como el mercado internacional voluntario”, explicó Franco.
“La mejora se fundamenta en la reducción del riesgo de default de Argentina como consecuencia de la estabilización macroeconómica, que dio lugar a una mejora más duradera de los fundamentos crediticios. Moody’s también destacó la continuidad de los superávits fiscales, la desaceleración de la inflación y el avance del proceso de liberalización económica, factores que fortalecieron la credibilidad de la política económica y redujeron la volatilidad macroeconómica”, aportó Max Capital.
También se registraron ganancias para las acciones petroleras, ante una nueva suba de los precios del crudo. El barril de Brent del Mar del Norte para entregar en septiembre ascendió 2,9% a USD 93,60, mientras que el crudo intermedio de Texas también para septiembre sumó 2,3%, a 86,30 dólares.
En dicho contexto, el ADR de YPF ganó 2,5%, a USD 52,63, Vista Energy subió 1,9% y Tenaris avanzó 2,3 por ciento.
“La empresa YPF (YPFD) ejecutará un split de acciones el 4 de agosto de 2026 para accionistas con tenencia al 3 de agosto. La operación divide cada acción de valor nominal $10 en 10 acciones de valor nominal $1. El cambio busca aumentar la liquidez y facilitar el acceso a inversores minoristas en el mercado local», indicó Rava Bursátil.
“Los precios del crudo tocaron este miércoles un pico de casi seis semanas, debido a la creciente preocupación por las interrupciones en las rutas de suministro de Oriente Medio a causa de la escalada de hostilidades entre Estados Unidos e Irán y las amenazas al transporte marítimo por parte de la milicia hutí, aliada de Irán, en Yemen”, indicó Reuters.
El ejército estadounidense afirmó que había llevado a cabo su undécima noche consecutiva de bombardeos contra Irán. Los ataques se produjeron poco después de que el ejército kuwaití anunciara que sus defensas aéreas estaban interceptando drones iraníes.
Además del recrudecimiento del conflicto por el control del Estrecho de Ormuz, los hutíes han abierto un nuevo frente en la guerra al amenazar con atacar a los buques que transportan petróleo saudí en el estrecho de Bab el-Mandeb y anunciaron un bloqueo naval de Arabia Saudita.
“El mercado energético se enfrenta ahora a la preocupación por los dos estrechos, ya que el de Bab el-Mandeb parece que podría sumarse al de Ormuz como punto conflictivo, mientras los operadores siguen de cerca las cifras de tráfico marítimo en el mar Rojo”, afirmó Tim Waterer, de KCM Trade.
Bab el-Mandeb, situado en la entrada sur del Mar Rojo, se convirtió en una ruta cada vez más importante para las exportaciones de crudo de Riad, ya que el tráfico a través del Estrecho de Ormuz volvió a caer de forma drástica desde que se rompiera el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán más temprano en el mes.
Tres petroleros cargados con crudo saudí con destino a China e India dieron media vuelta el martes en el mar Rojo, dirigiéndose hacia el canal de Suez en lugar de aventurarse por la costa yemení.
“La amenaza (de los hutíes) ha llevado a los petroleros a desviar su ruta, lo que podría ejercer una mayor presión sobre el mercado físico y las exportaciones saudíes, contribuyendo a impulsar los precios al alza”, afirmó Frank Walbaum, analista de mercado de la plataforma de negociación Naga.com.
North America
ECONOMIA
El dólar blue subió y su precio rompió un récord pero en la City aseguran que aún sigue barato

El precio del dólar blue se despertó y volvió a recalentarse en los últimos días al subir entre $5 y $10 por rueda. De esta manera, alcanzó este miércoles los $1.555, su precio nominal histórico más alto. Por ende, empieza a encender determinadas alarmas al tratarse de la principal referencia cambiaria del mercado informal.
En la última jornada, la cotización aumentó $10, por lo que acumula un alza de $25 en los primeros tres días de la semana y ya avanza un 3% en todo julio. Esto lo convierte en el dólar que más escala en el mes, considerando que el oficial —que se ubica en $1.505 a la venta al público en el Banco Nación— aumenta en el mismo período «apenas» un 0,3%.
Así, superó nominalmente el máximo valor que había alcanzado en su historia: los $1.550 del 22 de octubre de 2025.
Este fuerte incremento en el blue se debe a una menor oferta y a una mayor demanda estacional por viajes al exterior debido a las vacaciones de invierno, lo cual «se lleva buena parte de los billetes de ese segmento», indica un operador cambiario de la City.
«Esta suba en el precio puede estar asociada a una mayor demanda por vacaciones, con una oferta en el mercado formal que le permite al BCRA comprar divisas, pero a un ritmo menor al que veníamos viendo. Ese vaso comunicante puede generar menos oferta en el blue, entre otros segmentos», aclara Fernando Baer, economista jefe de la consultora Quantum.
De hecho, el Banco Central viene adquiriendo un volumen acotado de divisas para las reservas en las últimas jornadas. Por ejemplo, el miércoles compró apenas unos u$s25 millones y en las últimas cuatro ruedas acumula un total de u$s141 millones.
Por qué el dólar blue pegó saltó y marcó un récord histórico
«En el mercado oficial hubo poca actividad este miércoles; se operó poco menos de la mitad que en la rueda anterior. En ese escenario, la demanda superó a la oferta disponible y el mercado corrigió su cotización. De todos modos, todavía estamos por debajo de los máximos de junio. El recorrido del dólar luce algo errático, aunque no me parece que haya nada especial», detalla a iProfesional Gustavo Quintana, analista de PR Cambios.
En cuanto al blue, considera que es un «mercado muy chico que perdió significación, con baja profundidad y liquidez, aspectos que hacen que cualquier cambio de tendencia impacte de lleno en los precios».
Es decir, el volumen del mercado informal es tan acotado que provoca que cualquier operación puntual fuera del promedio incida directamente en el valor final del billete. En concreto, no hubo una avalancha de transacciones que explicara la suba, sino compras aisladas por encima de la media.
Una fuente consultada por iProfesional en la plaza informal puntualiza: «Está todo frenado en cuanto a las operaciones; apenas hubo algo más de demanda durante el Mundial, pero nada significativo».
Dólar blue en récord histórico y el regreso de la brecha cambiaria: vuelve el «dólar puré»
Además, los operadores destacan que el precio del blue estuvo estancado durante varios meses, al igual que el dólar spot, pero en los últimos días se despegó de la referencia de la plaza formal mediante operaciones puntuales. Esto generó una brecha que orilla los $50 entre el valor de venta del oficial y el del informal.
De esta manera, reapareció una maniobra que había quedado en el olvido: el «dólar puré».
Esta operación de arbitraje financiero consiste en comprar dólares al tipo de cambio oficial (o MEP) en el circuito legal —a los $1.505 actuales— y revenderlos de inmediato en el mercado informal o bursátil para obtener una ganancia rápida en pesos gracias a la diferencia de cotización.
En este caso, el margen obtenido es de $30 por billete revendido. Por lo tanto, si se compran y luego se revenden u$s1.000, ese pasaje de manos entre mercados genera, en cuestión de segundos, una ganancia limpia de $30.000.
El dólar blue tocó un récord histórico pero la
Ahora bien, el foco cambia cuando se analiza la cotización del blue más allá de julio y se evalúa si se encuentra caro o barato respecto a la evolución general de los precios de la economía.
En lo que va de 2026, el billete estadounidense en la plaza informal asciende apenas un 1,6%, cifra que se ubica muy por debajo de la inflación acumulada en el mismo período, estimada en torno al 17,5% desde el primero de enero hasta la actualidad.
Por lo tanto, si se ajustara por el índice de precios al consumidor (IPC), el valor de $1.530 con el que el blue empezó el año debería ubicarse hoy cerca de los $1.798. Incluso, si se toma como punto de anclaje el 22 de octubre de 2025, fecha en la que alcanzó su máximo previo de $1.550, el dólar blue tendría que cotizar hoy a casi $1.930, dado que la inflación acumulada en ese lapso fue del 24,5%.
De esta forma —y la premisa aplica para todas las referencias cambiarias—, desde la City se considera que el precio del dólar se encuentra atrasado y en uno de los niveles más bajos de los últimos 10 años.
Por caso, en diciembre de 2023, al asumir el presidente Javier Milei, el blue cotizaba a $1.070. Un mes y medio después, en febrero de 2024, llegó a un máximo de $1.255. Hoy, dos años y medio más tarde, se ubica en $1.555, un valor nominal apenas un 23,9% superior al de aquel entonces. En contraste, la inflación acumulada durante la gestión del actual gobierno alcanza un estimado del 212%, considerando el arrastre de los primeros meses.
Por otra parte, el nivel más elevado registrado por el dólar informal en los últimos 10 años ocurrió en octubre de 2020, en plena crisis por la pandemia de COVID-19, cuando alcanzó un valor equivalente a $5.390 de hoy. Es decir, un 250% más alto que la cotización presente.
Qué le pide el FMI al Gobierno con respecto al dólar
En este contexto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) sugirió semanas atrás que el precio actual del dólar en la Argentina afronta problemas de competitividad que podrían agravarse si empeora el escenario internacional. Por ello, le reclamó al Gobierno una mayor flexibilidad cambiaria y exigió que la tasa de interés reemplace al control de agregados monetarios como herramienta clave.
El staff del FMI recomendó:
Según datos de la Fundación Mediterránea, el tipo de cambio real multilateral (TCRM) se ubica un 2% por encima del observado en noviembre de 2023, durante el último mes del gobierno de Alberto Fernández, pero resulta un 28% inferior al promedio del período 2000-2026, el cual «equivaldría actualmente a un tipo de cambio de $1.921».
«El precio del dólar sigue estando barato y las expectativas indican que se encarecerá tanto en valores absolutos como relativos durante este semestre. Un nivel más cercano a los $1.900 sería más realista que el actual, y el blue quedará circunscripto a la fluidez del mercado oficial», concluye Andrés Méndez, director de AMF Economía.
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ECONOMIA
Jornada financiera: la Bolsa marcó un nuevo récord y cayó el riesgo país tras la mejora de la nota crediticia de Moody’s

La respuesta de los mercados financieros a la decisión de Moody’s de mejorar la calificación crediticia de la Argentina fue palpable este miércoles, con un ascenso de las acciones, con los papeles bancarios al frente, un récord nominal en la Bolsa y la baja del riesgo país, otra vez cerca de la barrera de los 400 puntos.
La mejora en la calificación soberana conocida el martes se sumó a la que meses atrás habían brindado otras entidades internacionales como Standard & Poor’s y Fitch Ratings.
Las acciones argentinas atravesaron otro día favorable tanto en el mercado doméstico como en el exterior, y el panel líder de la Bolsa porteña encadenó su cuarta suba consecutiva.
Los indicadores de Wall Street terminaron negativos tras alzas intradiarias: el S&P 500 cedió 0,1% y el panel tecnológico Nasdaq cayó 0,6%, a la vez que el Dow Jones de Industriales quedó neutro en 52.218 puntos.
El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires subió 3%, en los 3.379.772 puntos, un récord nominal de cierre medido en pesos. Medido en dólares “contado con liquidación” el panel de acciones líderes alcanzó los 2.159 puntos, un máximo desde el 19 de junio.
Entre los ADR y acciones de compañías argentinas que son negociados en dólares en Wall Street hubo mayoría de alzas. Encabezaron la suba Adecoagro (+5,4%), Banco Macro (+5,2%) y Banco Supervielle (+5,2%).
“La plaza financiera argentina convalidó un impulso alcista gracias al respaldo internacional otorgado por la agencia de calificación de riesgo crediticio y celebró una gran noticia institucional: la agencia Moody’s se sumó a Fitch y S&P al elevar la calificación crediticia soberana de Argentina de Caa1 a B3 con perspectiva positiva. El anuncio provocó que el Riesgo País se comprimiera hasta los 410 puntos básicos, al tiempo que las acciones y los ADR bancarios treparon cerca de un 5%”, sintetizó Damián Vlassich, Team Leader de Estrategias de Inversión en IOL.
También se registraron ganancias para las acciones petroleras, ante una nueva suba de los precios del crudo. El barril de Brent del Mar del Norte para entregar en septiembre ascendió 2,9% a USD 93,60, mientras que el crudo intermedio de Texas también para septiembre sumó 2,3%, a 86,30 dólares.
En dicho contexto, el ADR de YPF ganó 2,5%, a USD 52,63, Vista Energy subió 1,9% y Tenaris avanzó 2,3 por ciento.
“El mercado global cerró una sesión marcada por la máxima tensión geopolítica y una intensa actividad en el sector tecnológico, donde los inversores sopesaron el impacto de las políticas monetarias y los conflictos energéticos. En el frente macroeconómico internacional, la escalada bélica en Oriente Medio alcanzó un punto difícil tras la campaña de ataques nocturnos de Estados Unidos en territorio iraní y las advertencias del presidente Donald Trump sobre posibles bombardeos a infraestructuras clave si continúan las hostilidades en el Estrecho de Ormuz, un cuello de botella energético importante que mantiene el tráfico petrolero colapsado y al crudo cotizando al alza”, evaluó Laura Torres, directora de Inversiones IMB Capital Quants.
Los bonos hard dollar de Argentina –Bonares y Globales- promediaron una suba de 0,2%, mientras que el indicador de JP Morgan restó ocho unidades, a 410 puntos básicos. El 10 de julio último el riesgo país tocó los 402 puntos, un mínimo desde el 20 de abril de 2018 (400 puntos), tras el pago semestral de capital e intereses de estos títulos públicos.
En el orden macroeconómico, el equipo de Research de Balanz detalló que el EMAE de mayo registró una caída de 0,5% mensual desestacionalizado tras la contracción de abril, mientras que el crecimiento interanual se desaceleró a 0,2% interanual. Al igual que en los meses previos, la composición sectorial continuó siendo altamente heterogénea. Agricultura, ganadería, caza y silvicultura (+4,6% anual) fue el sector de mayor aporte positivo al crecimiento, seguido por Explotación de minas y canteras (+15,7% anual). En conjunto, ambos sectores contribuyeron 1,2 punto porcentual al crecimiento interanual. En contraste, Pesca (-29,3% anual), Industria manufacturera (-5,6%) y Comercio mayorista, minorista y reparaciones (-4,3%) fueron los principales factores de arrastre, restando en conjunto 1,4 punto al crecimiento».
Con una reducción del volumen de operaciones, que cayó casi a la mitad respecto del martes, con USD 389,7 millones en el segmento de contado, el dólar mayorista retomó la suba y avanzó 5,50 pesos o 0,4%, a 1.483 pesos, para volver al nivel del 8 de julio.
“Con un volumen que no lograba recuperarse, el mercado mostró una mayor presión compradora. Ante una oferta que se retiró parcialmente, la cotización ganó posiciones hasta alcanzar un máximo intradiario de $1.483″, afirmó Nicolás Merino, operador de ABC Mercado de Cambios..
El BCRA fijó el techo del régimen cambiario en los $1.833,77, por lo tanto el dólar mayorista quedó a 350,77 pesos o 23,7% de la banda superior del régimen de flotación.
El dólar al público subió cinco pesos o 0,3%, a $1.505 para la venta en el Banco Nación. El BCRA informó que en las entidades financieras el dólar minorista promedió $1.502,35 para la venta y $1.451,15 para la compra.
El dólar blue ganó diez pesos o 0,7% este miércoles, a $1.555 para la venta un récord nominal, por encima de los $1.550 del 22 de octubre del año pasado. En 2026 el precio del billete informal aumentó 25 pesos o 1,6%, aún muy lejos de la inflación acumulada, del orden del 18% en el período.
La divisa en esta plaza informal es tomada por las agencias de cambio a sus clientes a $1.535, esto es 85 pesos o 5,9% más que los $1.450 que pagan los bancos, brecha que justifica liquidar billetes atesorados en este segmento.
El BCRA absorbió USD 25 millones con su intervención cambiaria del día, el 6,4% de la oferta de contado. Las reservas internacionales brutas de la entidad crecieron en USD 117 millones, a USD 49.036 millones, con el aporte de la suba de 1,8% en la posición de oro, a USD 4.151,20 la onza.
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