DEPORTE
River tendrá que esperar: qué necesita para terminar primero en su grupo de la Sudamericana

Finalmente, River no pudo asegurarse la clasificación directa a octavos de la Copa Sudamericana en esta fecha. Con su boleto a playoffs definido hace rato, luego del empate 1-1 con Bragantino el CARP esperaba un guiño de Blooming que no terminó sucediendo. Claro, necesitaba que Carabobo no le ganara al equipo boliviano para ya esquivar el Repechaje.
Sin embargo, el conjunto venezolano se impuso por 2-0, por lo que todo se definirá en la última fecha. De todos modos, River corre con ventaja ya que tiene 11 puntos y Carabobo nueve. Por eso, cuando este miércoles reciba al eliminado Blooming, un empate le bastará para asegurarse ese primer puesto.
De hecho, hasta puede meterse en octavos perdiendo ya que Carabobo se jugará en Brasil una final ante Bragantino, que tiene siete puntos y, en caso de que se impongan los brasileños o empaten, el CARP sería puntero ya que el equipo de Red Bull no lo puede alcanzar, mientras que la igualdad dejaría a los venezolanos con 10 unidades.
Por eso, Eduardo Coudet sabe que tiene el viento a favor aunque seguramente tampoco querrá arriesgarse. Por eso, dependiendo de cómo quede el equipo luego de la final ante Belgrano, pondrá lo mejor que tenga a disposición para meterse en octavos con una victoria y así ni mirar lo que ocurre en el otro partido del grupo.
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DEPORTE
A 50 años del día más dramático e inolvidable del boxeo argentino: del asesinato de Ringo Bonavena a la epopeya de Víctor Galíndez

“Probablemente haya sido la noche más dramática en la historia del boxeo argentino. Y, sin ninguna duda, el triunfo más épico”. Una frase concluyente. Pronunciada por uno de los mejores periodistas deportivos de nuestro país y testigo de una jornada inolvidable. Ernesto Cherquis Bialo, un verdadero maestro para las generaciones que vinimos después, ha dejado un legado de crónicas memorables, sobre ardientes combates en derredor del mundo. Pero ninguna como aquella. En consonancia con uno que entró en la leyenda, el 22 de mayo de 1976.
La pelea de Víctor Galíndez frente a Richie Kates. Podría haber sido fruto del ingenio de un buen guionista o surgido de la inspirada pluma de un escritor. Pero fue verdad. Cruda, lacerante, excitante y de una credibilidad impactante. Con el agregado de haberse desarrollado en la misma jornada donde fue asesinado Ringo Bonavena, para certificar que el boxeo argentino jamás tendrá otro día igual.

Galíndez había ganado el título mundial de la categoría pesado el 7 de diciembre de 1974 en el estadio Luna Park, siendo el primer pugilista argentino en lograrlo en ese mítico escenario. Superó al norteamericano Len Hutchins por abandono al concluir el 13° round, imponiéndose con autoridad, para alegría del público que colmó las instalaciones de Corrientes y Bouchard y para quienes lo siguieron en directo por Canal 7. En este caso con un bonus track: quien tuvo a su cargo los relatos fue Enrique Macaya Márquez.
En paralelo, Oscar Bonavena trataba de regresar a los primeros planos, realizando peleas, sobre todo en los Estados Unidos, con la obsesión de tener la chance de volver a combatir con Muhammad Alí, luego de la legendaria noche del Madison Square Garden en diciembre del ‘70, donde logró tirar a la leyenda, antes de caer por knock out técnico en el 15° asalto.

Entre ambos boxeadores argentinos se había dado una corriente de enorme afecto, potenciada por la inmensa idolatría que Galíndez le profesaba a Ringo, quien no solía halagar a sus colegas, pero hacía una excepción con él. Ese era el motivo principal por el que Víctor no debía conocer la noticia antes de subir al ring, como lo recordó Cherquis: “El gran problema, en esos casos, suelen ser los ansiosos y desubicados que nunca faltan. Lectoure, al conocer la noticia, nos encomendó a algunos argentinos que estábamos en el hotel, que tratáramos por todos los medios que nadie por fuera del entorno se le acercara. Porque no iba a faltar el que le dijera: ‘¿Viste Víctor que mataron a Ringo en Estados Unidos?’”.
En el mundo interno de cada deporte, todo se conoce. Y un pequeño detalle sería fundamental para aquel combate tan sangriento y dramático, como recordó Tito Lectoure: “Afortunadamente, un par de semanas antes de viajar, peleó Nicolino Locche en el Luna Park con Lorenzo Trujillo. Su manager me dijo: ‘Víctor Galíndez va a combatir ahora con alguien muy peligroso, sobre todo con la cabeza. Tiene una extraña habilidad para dar cabezazos que parecen accidentales’ Automáticamente me dio un pequeño frasco que contenía un poderoso coagulante”.

El combate comenzó como se esperaba y dentro de una gran paridad hasta que ocurrió lo que le había predicho a Lectoure, como el mismo evocó: “Al tercer round Kates hizo uso de su habilidad para golpear con la cabeza y cortó a Víctor, dejándole un tajo inmenso. El árbitro, Stanley Christodoulou, se la iba a dar por perdida, entonces empecé a pedir la descalificación y él me respondía que no había sido intencional. Yo estaba como loco y les pedí a los periodistas argentinos que invadieran el ring y, por supuesto, se armó un lío bárbaro. El combate estuvo detenido casi cinco minutos. En ese momento subió un médico sudafricano de apellido Noble, que al revisar a Galíndez me dijo: ‘La herida es fea, pero no peligrosa. Si tenés coagulante, intentá seguir la pelea’. Era una tremenda herida, como una letra T acostada, por lo que era muy difícil solucionarle el problema, porque en los tajos normales, uno toma las dos partes y trata de unirlas, pero acá eso era imposible”.
Gracias a los éxitos de Carlos Monzón, para mucha gente se había convertido en una costumbre seguir las peleas de los argentinos los sábados por la tarde por televisión (en este caso por Canal 13) y también por radio, donde había excelentes relatores, como los casos de Osvaldo Caffarelli y Ricardo Arias, que con sus voces fueron detallando minuto a minuto la batalla que se iba a dar sobre ese lejano cuadrilátero de Johannesburgo.

A partir de ese incidente, nada fue igual. Ni a como venían las acciones ni a lo que se viviría después. Galíndez se iba diezmando físicamente y, al mismo tiempo, crecía en el plano anímico. Kates estaba firme, pero no podía asestar el golpe definitivo ante un rival en esas condiciones. Mientras se desarrollaba la pelea, comenzaban a llegar a las redacciones de los medios argentinos, las primeras precisiones sobre la muerte de Bonavena, asesinado por un disparo de un rifle de caza en las manos de Ross Brymer, cuando Ringo intentaba ingresar al Mustang Ranch, el prostíbulo de la ciudad de Reno, en Nevada, que regenteaba Joe Conforte, quien lo tenía contratado para boxear.

Los rounds avanzaban y el deterioro del púgil argentino también. Cada instante era un impacto más grande, como rememoró Lectoure: “A partir de ahí, en cada descanso, le trabajaba la herida con el coagulante. Recuerdo que era casi medio dedo el que le introducía en la zona. Una cosa tremenda. Cada intervalo era un suplicio, porque la herida se agravaba, el hermano de Galíndez lloraba en el rincón y el doctor Paladino se había ido, porque era una situación de un nerviosismo brutal, con las toallas blancas tintas en sangre”.
Galíndez, enceguecido, dolorido y maltrecho, estaba empecinado en no dejar pasar esa oportunidad, como confesó apenas terminada su noche más gloriosa: “Mientras peleaba, solo pensaba en que me estaban viendo por televisión y era la única posibilidad que tenía. Solamente muerto hubiera salido del ring. Ojalá que ésta pelea haya servido para convencer a todos que soy el verdadero campeón”. Y en esa dirección fue la histórica frase que le dijo a Lectoure en uno de los últimos descansos: “Me duele, no veo nada, pero de aquí me bajan muerto. Ajústeme los guantes, Tito”.
El drama recorría cada rincón de aquel estadio y de los millones que lo seguían por televisión. La sangre seguía brotando de esa herida a la que no había forma de cerrar en ese momento. “Galíndez se refregaba todo el tiempo en la manga de la camisa del árbitro, que era la única superficie seca arriba del ring. Y esa prenda está actualmente en el museo del boxeo”, recordó Tito Lectoure.

Quedaban apenas 14 segundos. Los 15 rounds en que estaba pautado el combate, casi se habían consumido en su totalidad. Lo del púgil argentino ya era una hazaña sin precedentes, más allá de lo que dijeran las tarjetas al concluir. Pero esa fe, esas ganas de ganar y de demostrar, pudieron más que todo. No hubo que recurrir a las tarjetas, porque allí llegó el instante supremo, el que ni el imaginativo guionista ni el inspirado escritor podrían haber plasmado. Con el último resabio de fuerzas que anidaban en su ser, cuando su rostro ya era una máscara deforme, Galíndez sacó el zurdazo eterno, que impactó de lleno en la pera de su adversario, quien cayó de espaldas a la lona.
El estadio estalló en un grito, como lo hicieron tantos hogares a lo largo de la geografía nacional. Mientras el árbitro le hacía la cuenta de 10, Víctor también acompañaba del mismo modo, en una danza frenética. Mientras Stanley Christodoulou cruzaba sus brazos indicando el knock out, sonó la campana. Y entonces la invasión. Y ese abrazo eterno de Galíndez con Lectoure, como mutuo testimonio de agradecimiento. De los dos únicos hombres que pensaron que la epopeya era posible.
Pero aquella noche trepidante no iba a terminar allí. Al llegar al vestuario, Tito Lectoure se desvaneció por todo lo que había vivido. El doctor Paladino, siempre presente en los combates de los argentinos, consiguió un lugar para suturar la inmensa herida: el General Hospital, distante pocas cuadras del estadio. Cherquis Bialo fue parte de la reducida comitiva que estuvo presente en ese instante y lo testimonió de este modo: “Mientras lo cosían. Lectoure tomó la mano derecha del campeón al tiempo que el doctor Paladino y yo le sujetamos los brazos. Tito tiró la primera frase sobre la peor noticia…
-Víctor, mirá… te lo tenemos que decir
-¿Qué pasó?, dele Tito ¿pasó algo en mi casa?
-No, no, en tu casa no pasó nada, quedate tranquilo
-¿Y entonces, dónde, con quién?
-Bueno, te lo digo porque igual ya no hay nada que podamos hacer, dijo Paladino. Y tras él completé la penosa información: ‘Víctor, esta mañana, en Reno, Nevada, asesinaron a Ringo. Si a Bonavena’“.

Aún quedaban un par de puntos de sutura para aplicarle, pero Galíndez, que había resistido en condiciones antinaturales esa pelea descarnada y que estaba soportando una dolorosa sutura sin anestesia, se quebró. Y lloró en forma desconsolada la muerte de su ídolo.
El miércoles 26, Galíndez fue paseado en una autobomba por las calles de Buenos Aires, al llegar desde Sudáfrica. El agasajo se hizo en un Luna Park repleto, que lo ovacionó como nunca. Era el mismo recinto donde habían velado a Ringo apenas tres días antes. Desde allí salió el acongojado y multitudinario cortejo, que desafió el estado de sitio de la junta militar, para llegar hasta el cementerio de la Chacarita, con previa pasada por el estadio de Huracán.
Desde Sudáfrica y para la revista El Gráfico, el maestro Cherquis escribió una crónica extraordinaria del combate. Y también una página entera de despedida a Ringo. Pieza de colección. Baste este párrafo como muestra: “Un cable cruel, frío como tu cuerpo muerto, me paraliza los dedos ante la máquina, obligándome a hablarte este idioma absurdo de un chau que no entiendo. Un cable cruel, frío como tu cuerpo muerto me acelera el corazón trayendo a mi mente la evocación tierna de los días tristes. Bajo la máscara prepotente, la mentira de tu fanfarronería”. Así se despide a una grande. Así lo despidió un grande.
DEPORTE
Noruega ya tiene sus convocados: Haaland encabeza la ilusión mundialista

Noruega prensetó su lista mundialista. Foto: Instagram @herrelandslaget
La selección de Noruega confirmó su lista de convocados para disputar el Mundial 2026 en Estados Unidos, México y Canadá. Con Erling Haaland como máxima figura, el conjunto europeo afrontará una nueva oportunidad de destacarse en la máxima cita del fútbol.
Los noruegos disputarán su cuarta participación en Copas del Mundo, luego de haber estado presentes en Francia 1938, Estados Unidos 1994 y Francia 1998. Justamente en esta última edición lograron su mejor actuación, alcanzando los octavos de final, un registro que buscarán igualar o incluso superar en esta oportunidad.
Una lista con talento y poder ofensivo
Noruega presenta un plantel competitivo, con varios futbolistas que se desempeñan en las principales ligas de Europa, lo que le otorga jerarquía y experiencia internacional al equipo.
La lista está compuesta por Orjan Haskjold Nyland (Sevilla FC), Egil Selvik (Watford) y Sander Tangvik (Hamburgo) en el arco; Julian Ryerson (Borussia Dortmund), Marcus Holmgren Pedersen (Torino), David Moller Wolfe (Wolverhampton), Fredrik Bjorkan (Bodo/Glimt), Kristoffer Vassbakk Ajer (Brentford), Torbjorn Heggem (Bolonia), Leo Ostigard (Génova), Sondre Langas (Derby County) y Henrik Falchener (Viking) en defensa; Martin Odegaard (Arsenal), Sander Berge (Fulham), Fredrik Aursnes (Benfica), Patrick Berg (Bodo/Glimt), Kristian Thorstvedt (Sassuolo), Morten Thorsby (Cremonese), Thelonious Aasgaard (Rangers), Antonio Nusa (RB Leipzig), Andreas Schjelderup (Benfica) y Jens Petter Hauge (Bodo/Glimt) en el mediocampo; y Erling Haaland (Manchester City), Alexander Sorloth (Atlético de Madrid), Jorgen Strand Larsen (Crystal Palace) y Oscar Bobb (Fulham) en la delantera.
Un grupo exigente y con grandes desafíos
Noruega integrará el Grupo junto a Irak, Senegal y Francia, en una zona que combina potencia europea y africana, lo que exigirá el máximo nivel del equipo en cada presentación.
El debut será el 16 de junio frente a Irak en el Gillette Stadium de Boston. Luego se medirá ante Senegal el 22 de junio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey y cerrará la fase de grupos el 26 de junio frente a Francia nuevamente en Boston.
El objetivo: volver a ser protagonista
El principal objetivo de Noruega será repetir o mejorar lo conseguido en Francia 1998 y meterse entre los mejores equipos del torneo.
Con Haaland como estandarte ofensivo y un equipo que mezcla juventud y experiencia, los noruegos llegan con expectativas renovadas y la ilusión de convertirse en una de las sorpresas del Mundial 2026.
Noruega
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Dembélé se apunta a la final de la Champions: ‘Estaré listo’

Ousmane Dembélé hizo saltar las alarmas en la pasada y última jornada de la Ligue 1 McDonald’s al pedir el cambio antes de cumplir la media hora de juego por lesión. El francés se retiró del terreno de juego y se dirigió directamente a los vestuarios.
Según el comunicado médico del PSG, el pasado Balón de Oro fue sustituido «por precaución debido a una distensión muscular en la pantorrilla derecha», manteniéndose en reposo y bajo tratamiento para mejorar la lesión. A menos de 10 días para la final de la UEFA Champions League, el francés ha concedido una entrevista a ‘RMC Sport’ en la que ha querido dar tranquilidad a los aficionados parisinos y ha confirmado que estará recuperado para el partido ante el Arsenal el 30 de mayo en Budapest (Hungría).
«Estoy muy bien. Tuve un pequeño susto contra el Paris FC, pero estoy bien y estaré listo para la final», dijo Dembélé en el programa ‘Rothen s’enflamme’.
El extremo dijo que cree que estará «listo» y al «100%» para la final: «No tengo ninguna duda al respecto, espero estar en el campo el 30 de mayo, si el entrenador me elige«.
Durante la entrevista, el ex de Borussia Dortmund o FC Barcelona afirmó que a lo largo de su carrera ha aprendido a comprender su cuerpo y a manejar estos episodios lo mejor posible: «He tenido tantos sustos menores o lesiones graves en mi carrera, ya sea aquí en el PSG o incluso antes, especialmente con los partidos importantes que se avecinan, especialmente esta final, preferí parar y, sobre todo, no correr ningún riesgo».
A nivel individual, Dembélé no se cerró a soñar con un segundo Balón de Oro, pero aseguró que en su cabeza la prioridad son ahora los éxitos colectivos
«Lo más importante es ganar la Liga de Campeones y mi objetivo es hacer un muy buen Mundial. Después es verdad que cuando ganas una vez el Balón de Oro, quieres ganar más. Pero ahora pongo más prioridad en lo colectivo», afirmó el ’10’.
«En cada balón y en cada partido quiero dar lo mejor de mí mismo y de ser un ejemplo. Ese es la conversación que he tenido con Luis Enrique. Y estos dos últimos años me ha ido bien así. El entrenador me dijo que tendría un rol importante en el equipo y me enseñó el ejemplo. Yo quiero seguir respondiendo, en los partidos importantes y los menos importantes. Quiero seguir haciendo goles y dando asistencias», añadía.
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