ECONOMIA
Radiografía de los “millonistas”: casi la mitad de los asalariados formales gana menos de un millón de pesos al mes

A la manera de los mileuristas de España, aquellos que deben subsistir con 1.000 euros por mes aún con un empleo fijo, la Argentina desarrolló “el fenómeno de los millonistas”. Con ese neologismo se refiere a los argentinos que ganan hasta un millón de pesos por mes un informe del Instituto Gino Germani, de la UBA, que brinda datos precisos sobre ese universo. El 86% de los asalariados informales y el 81% de los cuentapropistas de baja calificación debe sobrevivir con ese ingreso, que se ubica lejos de la línea de pobreza ($1.470.000) y no tan por encima de la de indigencia ($650.000). Incluso, el 46% de los trabajadores formales, aquellos que tienen empleo legal, también son “millonistas”.
El estudio presentó una segmentación del mercado de trabajo en función de los ingresos mensuales, tomando como umbral el millón de pesos. “En el extremo más desfavorable se ubican los asalariados informales y los cuentapropistas de baja calificación: el 86% y el 81% respectivamente perciben ingresos mensuales de hasta un millón de pesos, lo que implica que la enorme mayoría de estos trabajadores no logra superar dicho umbral”, explicó el reporte elaborado por los investigadores Eduardo Chávez Molina, Mariana Sosa y José Rodríguez de la Fuente.
El “fenómeno de los millonistas” es, según la investigación, que aquellos que perciben hasta un millón mensual por su trabajo constituyen el ocupante promedio del mercado laboral argentino: “En términos agregados, el 63% del total de ocupados percibe ingresos mensuales de hasta un millón de pesos, una cifra que expone la crisis salarial generalizada que atraviesa el mercado laboral argentino”.

La categoría no se restringe a la informalidad ni al trabajo precario: la propia estructura salarial formal quedó atravesada por el fenómeno. En el sector de los asalariados formales, el 46% se encuentra por debajo del millón de pesos, mientras que entre los patrones precarios la proporción es idéntica. La excepción más clara la constituyen los patrones formales, donde el 84% supera el umbral del millón de pesos. Les siguen los cuentapropistas de alta calificación, con un 44% que logra cruzar ese piso.
Estas cifras ilustran la profundidad de la segmentación laboral y la extensión del fenómeno. Según el informe, “la enorme mayoría de estos trabajadores no logra superar dicho umbral”. El contexto de deterioro del poder adquisitivo y de crisis salarial se refleja en la distribución de los ingresos reales, no sólo en la informalidad, sino también en sectores tradicionalmente asociados a mejores condiciones laborales.
En cuanto al ranking de ocupaciones informales según la mediana de ingresos, el informe resaltó que, excluyendo las ocupaciones de dirección de pequeños establecimientos, el promedio de ingresos laborales para los no registrados en el cuarto trimestre de 2025 fue de $500.000. Las actividades vinculadas al transporte, la construcción y la reparación de bienes son las que mayores ingresos lograron captar dentro de la informalidad, aunque ese monto continúa lejos de la canasta básica familiar.

La brecha entre ramas de actividad también resulta significativa. El sector de explotación de minas y canteras se destacó como el único que duplicó, y en algunos casos superó, los ingresos promedio del resto de las actividades económicas. Esta diferencia acentuó la segmentación, mostrando la desigualdad estructural dentro del mercado de trabajo argentino.
Frente a la crisis salarial y la insuficiencia de los ingresos laborales, las estrategias económicas de las familias para sostener el consumo adquirieron centralidad. El informe del Instituto Gino Germani examinó las prácticas y recursos a los que recurrieron los hogares argentinos, en particular a partir del impacto de la devaluación de finales de 2023. Gastar los ahorros le permitió a muchos amortiguar el golpe inicial de la pérdida de poder adquisitivo. El estudio señaló: “El principal recurso al que los hogares recurrieron luego de la devaluación de finales de 2023 fue la utilización de ahorros familiares. Luego, el uso de este activo fue descendiendo a niveles similares a los de años anteriores”.

El acceso a préstamos de amigos o familiares se mantuvo constante en torno al 16% de los hogares, mientras que la necesidad de recurrir a préstamos bancarios o financieros aumentó hacia fines de 2025 y alcanzó al 15%. El análisis por clase social mostró diferencias en la implementación de estas estrategias. La utilización de ahorros resultó transversal entre los grupos, pero los trabajadores manuales fueron quienes más recurrieron a este recurso, con una proporción cercana al 40%. En el caso de los préstamos bancarios o financieros, los trabajadores de grandes establecimientos encabezaron el acceso, en torno al 20%.
El fenómeno millonista, lejos de circunscribirse a sectores informales o precarios, se extendió a buena parte del mercado laboral formal. La investigación refleja un escenario social en el que la protección legal del empleo no garantiza por sí sola la superación del umbral del millón de pesos.
La segmentación del mercado laboral argentino quedó reflejada en los niveles de ingresos y en las estrategias de los hogares para hacer frente a la insuficiencia salarial. Los millonistas se consolidó como una característica central de la estructura social argentina, según la investigación. La persistencia de este fenómeno y la incapacidad de los ingresos laborales para superar el millón de pesos en la mayoría de los casos marcan el pulso de la crisis salarial y la fragmentación social.
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ECONOMIA
Fernando Navajas, de FIEL: “Hay algo peor a un sistema de bandas cambiarias, que es una banda de sistemas cambiarios”

La economía en 2026 avanza por el sendero de recuperar el proceso de desinflación que prevaleció hasta mayo de 2025 y también de reactivar la actividad agregada, interrumpida en la previa a las elecciones legislativas.
Con ese escenario, Infobae entrevistó a Fernando Navajas, economista jefe de FIEL, miembro titular de la Academia Nacional de Ciencias Económicas (ANCE), donde actualmente dirige el Instituto de Economía Aplicada. Fue presidente de la Asociación Argentina de Economía Política (AAEP) y durante cuatro décadas desarrolló su carrera docente en los departamentos de economía de las facultades de Ciencias Económicas de la UBA y la Universidad Nacional de La Plata, para analizar la coyuntura y conocer sus expectativas para el resto del año, en un contexto de incertidumbre y volatilidad interna e internacional.
— Ahora que se reanuda el proceso de desinflación, según las previsiones del REM del BCRA, los analistas centran la atención en la reactivación del consumo. ¿Existe un estado de insatisfacción permanente en el mercado?
— Yo diría que es un estado de preocupación más que de insatisfacción. Ahora, si uno cree que la inflación va a caer, también tiene que creer que el salario real y el consumo se van a recuperar. Creo que para la inflación se está mirando para adelante y en el consumo para atrás, por la debilidad del salario real, que sabemos va a perder si la inflación queda en un escalón alto, por más que el tipo de cambio esté constante, como muestran los datos (ver gráfico).
“Hay que mirar para adelante y ser consistente con la idea de que la inflación va a descender; de otro modo, para mí no es consistente el pronóstico de menor inflación y menor consumo”
Hay que mirar para adelante y ser consistente con la idea de que la inflación va a descender; de otro modo, para mí no es consistente el pronóstico de menor inflación y menor consumo. Otra cosa es que se diga que se espera desinflación, pero en realidad no se crea eso.

— Semana a semana se anuncian inversiones hiper millonarias en emprendimientos productivos; sin embargo, no parecen suficientes para recrear un clima de euforia en los mercados financieros. ¿El capital de riesgo orientado a equipos de producción se ha vuelto menos temeroso que el destinado a activos líquidos?
— Muy buena pregunta. En teoría, el capital de riesgo en activos físicos debería ser tan temeroso como el de activos financieros, si pensamos en que se trata de inversiones hundidas. Si miramos bien los datos, vamos a ver que lo que hay son anuncios, pero no tanto desembolsos. Por un lado, anuncios del RIGI que superan ampliamente los USD 120.000 millones y, por el otro, desembolsos que vienen lentos.
Una explicación es que los procesos de inversión tienen rezagos (el RIGI originalmente daba dos años para las inversiones, pero creo que va a haber flexibilidad).
“El capital físico, que desde 2003 en la Argentina experimentó expropiaciones parciales de inversiones hundidas, se estaría comportando con cautela para administrar ese riesgo”
Pero existe otra explicación, vinculada a que los anuncios se explican por una “corrida” para obtener los beneficios (rush to lock in) y luego esperar la transición política. Es decir, que también el capital físico, que desde 2003 en la Argentina experimentó expropiaciones parciales de inversiones hundidas, se estaría comportando con cautela para administrar ese riesgo.
Por último, sobre equipos de producción, los datos de la inversión bruta agregada (FBCF) y de la importación de bienes de capital vienen de una caída en 2025 en términos desestacionalizados, más allá de las expectativas de mejora, como se discute en el último Informe Monetario Mensual del BCRA.

— ¿Los “mercados” le reclaman al Gobierno más velocidad en encarar reformas estructurales que las propias empresas, pese a que muchas dependen de la aprobación del Congreso y otras de gobiernos subnacionales?
— Yo no veo a los mercados, representados por inversores externos, si se quiere, quejarse por la falta de velocidad de las reformas.
— En una reciente exposición en EXPO EFI habló de los “cuatro riesgos que califican el cambio estructural en ciernes”. ¿Podría sintetizarlos?
—El tema da para largo, pero voy a tratar de sintetizar. Yo veo a la economía argentina atravesando un profundo cambio estructural producto de un salto tremendo en la producción de hidrocarburos concentrado en Neuquén, una fuerte reorganización industrial frente a una apertura importadora de origen chino y una reconfiguración del sector servicios en presencia de la digitalización y la IA. Hay cuatro riesgos de sostenibilidad asociados a esto:
“Veo un cambio estructural producto de un salto tremendo en la producción de hidrocarburos, una fuerte reorganización industrial, y una reconfiguración del sector servicios en presencia de la digitalización y la IA”
- Problema potencial del riesgo que supone un beneficio extraordinario (windfall) en el sector energético, que podría vulnerar las condiciones de sostenibilidad política y fiscal, dado que se basa en un régimen fiscal generoso para acelerar la inversión. A precios demasiado altos de las exportaciones, eso podría desencadenar futuras intervenciones políticas y, además, se concentra geográficamente a nivel subnacional.
- El cambio estructural se asocie a condiciones que, incluso con una liberalización comercial normal y dadas las brechas de productividad, podrían conducir a un proceso contractivo, en lugar de expansivo (como en la década de 1990, se ve el gráfico más abajo), para la producción manufacturera agregada. Esto subraya la necesidad de abordar la reorganización industrial ante la entrada de importaciones.
- La consolidación fiscal y la desvinculación del sector público nacional del gasto público en infraestructura, junto con una asociación público-privada incipiente pero lenta, no den lugar a una rápida transición hacia la inversión del sector privado (nuevamente, como en la década de 1990). Esto podría derivar en una inversión muy baja y, por lo tanto, en un bajo crecimiento de la productividad en infraestructura, con efectos indirectos negativos en la productividad sectorial y agregada.
- Los riesgos que los cambios tecnológicos y organizativos impacten negativamente en la capacidad del sector servicios para absorber empleo de calidad, que debe crecer para dar cabida a la reasignación desde el sector manufacturero en los mercados laborales geográficos relevantes (conurbano bonaerense).

— ¿Cómo cree que se deberían administrar estos cuatro riesgos?
— Lo que dije en EXPO EFI en abril fue que creo que se requieren reformas o instrumentos más específicos que los contenidos en las reformas estructurales convencionales:
- Debe estudiarse la introducción de cláusulas de escape en el régimen fiscal del RIGI para escenarios de precios altos del petróleo y se debería inducir a Neuquén a conformar un “wealth fund” para ahorrar el windfall petrolero.
- Se necesita un RIGI para la industria, pero distinto al reclamado por la UIA o al recientemente creado en la Provincia de Buenos Aires: más específico para mercados relevantes donde la entrada importadora está siendo, o va a ser, intensa y obliga a una reorganización que solo puede decidir el sector privado.
- Replantear la política de infraestructura para buscar fuentes de fondeo que reviertan el desplazamiento de los organismos multilaterales y evitar errores de mal diseño de política sectorial y de propensión a la captura regulatoria, algo que a mí me preocupa mucho en un país como la Argentina.
- El más difícil, llevar adelante una política de empleo en estrecho vínculo con la formación de capital humano.
— En 2026 la economía ha enfrentado un shock global dado por el cierre del estrecho de Ormuz, que en el caso del petróleo tiene efectos positivos en las exportaciones, pero también negativos en cuanto al precio de los combustibles. ¿Cómo ve este tema, dada su experiencia en temas de precios de energía?
— La parte positiva del shock es clara y hace saltar en valor a las exportaciones, así como los ingresos fiscales nacionales y especialmente subnacionales (estos, por regalías). El impacto por el traslado parcial a precios internos del shock petrolero es un aspecto verdaderamente novedoso y muy sui generis. Los países han venido usando instrumentos fiscales o apelado a fondos de estabilización, pero Argentina no puede hacer lo primero por razones fiscales ni tampoco armó en el pasado un fondo de estabilización.
“La parte positiva del shock es clara y hace saltar en valor a las exportaciones, así como los ingresos fiscales nacionales y especialmente subnacionales (estos, por regalías)”
Lo que terminó haciendo la Argentina es armar lo que yo llamo el “Fondo Marín”, que es una acción de coordinación para suavizar los aumentos, llevada adelante por YPF, equivalente a un “contrato implícito” (se llama así en economía a un contrato no escrito). Es cuasicolusivo, pero no contra los consumidores -como los acuerdos colusivos-, sino a favor de ellos y del interés público.
Es algo verdaderamente sorprendente como decisión empresarial y conlleva algo que no es común en un mundo en el que las empresas están para ganar dinero y solo así contribuyen al bien común (Milton Friedman dixit). Lo del “Fondo Marín” se aparta de eso y se alinea, en mi opinión, con visiones más avanzadas de gobernabilidad corporativa y sostenibilidad. El mensaje a la sociedad es distinto al de reglas de mercado de corto plazo: lo decidió la empresa, no el gobierno.

Se hace en un momento en que los precios afuera vuelan y la sociedad va a mirar ingresos y beneficios extraordinarios de exportación, lo cual neutraliza críticas a la idea de que hay una fiesta para las empresas que no trae dividendos, sino malas noticias para la sociedad. Se vincula, vale decir, con la legitimidad de cómo se ve el régimen fiscal (RIGI) del sector petrolero.
Dicho todo esto, el “Fondo Marín” tiene el problema de cualquier otro fondo si las condiciones no son transitorias. En el caso argentino el problema se agravaría si la correlación negativa entre tipo de cambio y precio del petróleo se diera vuelta por el lado del tipo de cambio. También hay riesgos.
— El ministro de Economía afirmó que “se vienen los 18 mejores meses de las últimas dos décadas”. ¿Cuál es su previsión al respecto?
— Ojalá tenga razón. No puedo decir más frente a esa afirmación tajante. Necesitamos que el ministro de Economía sea optimista, porque para el pesimismo ya tenemos demasiado. Hay un tema no trivial: que el sector privado y la gente entiendan cuál es el modelo vigente, a los efectos de tomar decisiones, más allá de si les gusta o no.
“Necesitamos que el ministro de Economía sea optimista, porque para el pesimismo ya tenemos demasiado”
Formar expectativas cuando existen modelos o creencias diferentes complica los procesos de transición.
— ¿Cómo interpreta una banda cambiaria cuyo techo supera en más de $300 al valor de mercado y cuyo piso es inferior en más de $600 por dólar?
— La banda cambiaria inferior es irrelevante y hace rato que debería haberse actualizado, porque no es serio ese valor. El superior viene con una cláusula de ajuste o flexibilidad que me parece correcta. La brecha con ese límite superior no debería ampliarse, porque eso puede inducir creencias de ajustes a futuro, lo que lleva a expectativas de inflación postergada.
Habría que testear si el deslizamiento en los precios de los productos importados -mientras el tipo de cambio está planchado-, que se observa en varios casos, no hace la mímica del ajuste mensual de la banda superior. Pero yo no hice esa estimación y no tengo elementos para decir si lo que observo es casual y no generalizado.

— ¿Cuál considera que es el mejor indicador para medir la competitividad de la economía argentina?
— El market share de nuestras exportaciones en mercados relevantes (que son aquellos en los que las empresas compiten) y de productos locales bajo competencia importadora, también en mercados relevantes. Ese es el test último.
— ¿La relación entre el PBI y el empleo total es un buen indicador de la productividad en la economía?
— Es un indicador parcial. En economía se usa la relación con todos los insumos, o la productividad total de factores (TFP). También es uno de los indicadores para medir competitividad relativa entre economías. La productividad laboral se correlaciona estrechamente con el ingreso por habitante en el largo plazo. Nosotros hemos estado en el fondo de esa línea de correlación.

— El Gobierno dispuso un nuevo recorte de las partidas presupuestarias aprobadas por el Congreso para 2026. ¿Esta decisión refleja una señal de ajuste para consolidar la desinflación, o evidencia un exceso de presupuesto inercial que no responde a programas actuales?
— Refleja una señal de compromiso con la consolidación fiscal y va en línea con lo anunciado por el Gobierno desde el inicio del mandato. Este es uno de los elementos de comunicación del “modelo” del gobierno, que se le hace al sector privado para evitar multiplicidad de creencias y reforzar la credibilidad.
— ¿Cuál es su evaluación de la política monetaria del Gobierno?
— Se ha vuelto más consistente que lo que vimos en 2025 y, al mismo tiempo, no pierde el sesgo prudencial de acompañar con cuidado la remonetización de la economía sin perder el objetivo prioritario de volver a controlar la inflación. Creo que eso se lee bien en el último Informe de Política Monetaria.
La acumulación de reservas es lo que se puede. Más generaría riesgos de hacer descarrilar la meta de bajar la inflación y eso choca con restricciones políticas de cara a 2027. Y si en 2027 se instala un escenario político malo, no hay reservas que alcancen.
“La política monetaria no pierde el sesgo prudencial de acompañar con cuidado la remonetización de la economía sin perder el objetivo prioritario de volver a controlar la inflación”
Más allá de esto, entiendo perfectamente que puede haber un debate serio sobre cómo crear un régimen monetario y cambiario que derrote la tremenda inercia inflacionaria y de expectativas que nos condenó a una inflación de 2% plus bajo diferentes regímenes (pre 2015, 2016-18 con inflation targeting y parece que también ahora). Pero esto tiene el problema de que conduce a la incertidumbre de modelos o creencias múltiples. Y la incertidumbre de régimen es detrimental. Hay algo peor que un sistema de bandas cambiarias: una banda de sistemas cambiarios.
— Con la reactivación y la desinflación resurgió el crédito, aunque aún en niveles bajos; esto generó un aumento acelerado de la morosidad. ¿Es un fenómeno que debe preocupar?
— Es un reflejo del “mismatch” entre ingresos esperados y realizados de los hogares y se asocia con la sorpresa de aceleración inflacionaria de 2025, lo cual debería corregirse este año. Debe monitorearse.

— Finalmente, ¿qué proyecciones tiene para la economía argentina en lo que resta de 2026 y para 2027 en materia de actividad, inflación, reservas y empleo?
— Yo soy respetuoso de la sabiduría agregada detrás del promedio de muchas opiniones (lo que se llama “the wisdom of crowds”) y, por lo tanto, la respuesta debería ser: proyecciones parecidas a las del REM. En materia de precios y actividad apuntan a un cierre con “30% plus” de inflación y 2,5% de crecimiento, con valores que mejoran a, digamos, 20% y 3,5%, respectivamente, en 2027.
Yo creo que existe un escenario más favorable hacia fin de este año, en el que la economía crece al 4% y la inflación se ubica en 1,5% mensual; es decir, volvemos al mejor momento de 2025. También, en materia de reservas y empleo, las cosas pueden ir mejor que el promedio actual de las expectativas del mercado.
Fotos: Maximiliano Luna
ECONOMIA
Guerra por las ventas: por qué algunas rebajas de precios de 0km pueden ser un búmeran para el mercado automotor

La dinámica de un mercado automotor sigue sorprendiendo a las marcas y está generando una situación tan inusual como sorpresiva en términos de precios de los autos nuevos, como pocas veces se vio en la Argentina. Para algunos se trata de captar más clientes sin importar el método. Para otros hay un límite que de pasarse puede terminar en un búmeran.
Ernesto Cavicchioli, presidente de Hyundai Argentina y también de la Cámara de importadores y distribuidores oficiales de automotores (CIDOA), explicó cómo funciona el mercado automotor argentino.
“El sistema no está cartelizado. Las marcas nos matamos para vender, para que el cliente nos elija a nosotros y no a las demás marcas. No es como en otras industrias de la economía argentina, donde hay posiciones dominantes con uno, dos, o tres jugadores que fijan el precio. En el auto hay mucha competencia”.
La última semana fue la muestra más cabal de esta situación: a sólo 7 días hábiles de terminar el mes, al menos dos automotrices cambiaron sus listas de precios, entre el martes y el viernes.
La primera fue Volkswagen, que además de aplicar una rebaja de entre el 19 y el 26% en algunos modelos, lanzó a la venta una nueva versión base, denominada Sense, para poder ofrecer una nueva versión de acceso a tres de sus modelos sin tener que tocar el precio original de los Trendline MSI, hasta ahora los más baratos de su cartera de productos.

Los modelos Virtus y Saveiro bajaron su precio en todas las versiones, entre un 19,3 y un 26,3% en el primer caso, y entre el 24,4 y el 26,9% en la pickup compacta. Al reemplazarle el nombre y algo de su equipamiento para permitir una baja mayor de precio, el nuevo VW Nivus Sense cuesta ahora un 23,6% menos: pasó de $45.645.750 a $33.659.100; mientras que el VW T-Cross Sense bajó un 25,3%, desde los $50.766.550 a 37.915.300 pesos.
Al cierre de la semana, General Motors también sacó una lista de precios actualizada, aunque con solo dos leves modificaciones. Una de ellas también es una baja de precio. La restante fue un aumento, aunque dado por una actualización de la configuración de otro vehículo que empezó a comercializarse en la versión MY2026 (model year 2026), es decir con la especificación correspondiente a este año.
La baja fue en el Chevrolet Spark EUV, el B-SUV 100% eléctrico que importa GM desde China, sobre el que se aplicó una baja del 9,4%, pasando de $40.402.900 a $36.600.900.
El modelo que se actualizó es la pickup Full size Silverado, que incorporó las versiones 2026 de las Z71 Trail Booss y High Country, que aumentaron un 1,2% y un 4,9% respectivamente.

Lo que llamó la atención fue que en ambos casos se podía esperar unos días y aplicar la modificación directamente en las listas de precios de junio, sin embargo, estratégicamente puede ser una buena solución para ser noticia y generar algunas ventas más antes de cerrar los cómputos de patentamientos de mayo, que nuevamente están por debajo de la referencia interanual.
Y ese parece ser el tono de discusión del momento para el sector. “Bajar los precios por debajo de los márgenes no tiene lógica porque no es sostenible en el tiempo. Pero además de ser un mal negocio, sino porque “embarra la cancha” y genera confusión en los usuarios, que si estaban dudando respecto a comprar un 0 km o no, en muchos casos pueden decidirse por postergar la decisión esperando mayores bajas de precios. Terminará perjudicándonos a todos“, dijeron desde una automotriz en las últimas horas.
Esta misma semana, otros dos ejecutivos de relevancia hablaron públicamente de la situación que se está dando. Pablo García Leyenda es el Director Comercial de Stellantis, quién maneja los precios de Fiat, Peugeot, Citroën, DS, Jeep y Ram; y Martín Galdeano, presidente de Ford Argentina.
“Hay una competencia feroz, muy agresiva. Hoy hay tantos precios de un mismo auto como cantidad de concesionarios”, dijo el ejecutivo de Stellantis durante el lanzamiento del Citroén C5 Aircross, que fue el primer vehículo que se pudo nacionalizar bajo el nuevo esquema de arancel de importación del 17,5%, y no del 35% usual, para autos de extrazona, en el marco del acuerdo comercial del Mercosur y la Unión Europea.

“Este auto que estamos presentando hoy lo planificamos hace un año, cuando ni siquiera se hablaba del acuerdo con la UE”, dijo García Leyenda. “Pero gracias a este convenio de intercambio comercial lo pudimos reposicionar y sacarlo con un precio mucho más competitivo. El auto iba a costar entre 65 y 66 millones de pesos, y ahora lo podemos lanzar en $59.900.000”, explicó.
Pero esta baja se dio por una quita de impuestos que el ejecutivo remarcó especialmente en el contexto actual de precios.
“La única condición que podría generar una baja de precios hoy sería un reacomodamiento del tema impositivo, que es lo que venimos hablando históricamente. Creería que estamos llegando a un piso”, sentenció.
Apenas unas horas después, en una entrevista exclusiva con Infobae, Martín Galdeano fue más duro aún con esta situación de volatilidad de precios.
“Nosotros fuimos coherente en nuestra forma de movernos con los precios. Dijimos que el problema de los autos son los impuestos, y cada vez que sacaron impuestos bajamos los precios. Pero hay un exceso de oferta que convive con tasas de interés altas que generan niveles de actividad no orgánicos. Tenés descuentos acá, descuentos allá. Y eso hace que el precio fluctúe tanto. Eso no ayuda a nivelar la cancha”, explicó.

La referencia a los movimientos de precios no orgánicos es una forma elegante de decir que algunas bajas de precio no son lógicas y están impulsadas o por un sobreprecio anterior o por una baja forzada para ganar ventas, que no se puede sostener por sí misma. Debajo de los márgenes.
“Hoy, con la economía como está, los precios están muy bien. Si los comparamos con el mercado más abierto de la región, Chile, los precios en dólares están ahí. Así que no hay mucho más espacio para seguir bajando, salvo que se sigan bajando impuestos”, remarcó.
Pero el presidente de Ford insistió con el perjuicio que puede causar una guerra de precios fuera de la lógica al señalar que “si pasamos mensajes cruzados, lo único que se hace es confundir a un cliente que está tomando una decisión sobre la segunda inversión más importante que tiene en su economía, que son una casa y un auto”, concluyó.
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Clima de Negocios: la increíble historia del unicornio de internet argentino que sobrevivió a todo y cómo planea seguir creciendo

Año 1998. «Roby» Souviron, un joven contador egresado de la UBA que cursaba un MBA en la Universidad de Duke, en Carolina del Norte, había regresado a Buenos Aires para las fiestas. Fue a comprar un pasaje de regreso en Asatej, la agencia especializada en turismo estudiantil que entonces reinaba en ese mercado, pero la larga cola en el local no se movía. Después de un largo rato sin avanzar, Souviron se hartó y se fue. Encendió su computadora y compró el pasaje en Travelocity, una empresa digital que había sido fundada dos años antes, en los albores de Internet, por Sabre Corporation, dueña de uno de los mayores sistemas informáticos de venta de pasajes del mundo. Las compras en el mundo digital eran aún cuestiones para valientes.
Souviron volvió a EEUU y allí germinó la idea de fundar su “copycat”, o réplica de un modelo ya existente y adaptarlo a un país o región para que funcione (porque comprar en Travelocity y usarlo desde Argentina tampoco fue una experiencia automática t del todo satisfactoria). Una forma de emprender, sobre todo para proyectos de Internet, muy usada y reivindicada al menos hasta que llegó la ola del “winners takes all” que encabezaron Google y Facebook. Es el mismo modelo “replicante” que usaron Mercado Libre (eBay), OLX (Craigslist y otras) y Globant (Cognizant y varias compañías de servicios informáticos), por nombrar algunos de los primeros unicornios locales, como los emprendedores llaman la empresas tech que alcanza valuaciones de al menos USD 1.000 millones, un monto mítico para cualquier startup.

Lo que siguió fue uno de los casos más emblemáticos del emprendedorismo argentino. Despegar nació en agosto de 1999 con una inversión inicial de USD 15.000 por cabeza que pusieron cinco amigos, todos “sub 30” que la cofundaron: Souviron, Martín Rastellino, Alejandro Tamer, Christian Vilate y Mariano Fiori. Ninguno sabía nada de turismo. Todos sabían de negocios: se conocieron estudiando y en sus primeros trabajos, y se lanzaron a la aventura puntocom.
Esta es la historia de una empresa digital emblemática que tiene casi 30 años, presencia en 19 países de la región y que, a diferencia de otras que nacieron la misma época de ebullición puntocom –como el gigante del e-commerce que fundó Marcos Galperin– pasó por todas y sigue ahí, como un claro ejemplo de resiliencia. Una compañía argentina que supo salir de las fronteras del país con éxito y renovarse las veces que fue necesario.
El sitio estuvo en línea recién el 11 de diciembre de 1999, el día después de que Fernando de la Rúa asumiera la presidencia. Los fundadores eligieron esa fecha a propósito: querían montar su campaña de lanzamiento en uno de los días con los diarios con sus tiradas a full.

Levantaron cientos de millones de dólares de inversión de fondos como HMT&F, Tiger, Sequoia, Acell Partner, L Catterton y Expedia. Fue una montaña rusa. La empresa estuvo a punto de quebrar varias veces y se reinventó otras tantas hasta convertirse en “la” agencia digital de viajes de América Latina. Sobrevivió a la burbuja puntocom, al derrumbe del turismo global post caída de las Torres Gemelas y a la pandemia, cuando sus ingresos cayeron más de 7o%, registró pérdidas millonarias y tuvo que despedir a parte de su staff.
Despegar había salido a la bolsa en Wall Street unos años antes, en 2017, y se convirtió en un unicornio. Llegó a valer más de USD 2.000 millones y por el Covid se convirtió en un “unicorpse”. Un cadáver de unicornio, literalmente.
Con los años, sus fundadores fueron dejando la compañía de a poco, que pasó a ser dirigida por ejecutivos de los fondos de inversión que se habían quedado con la empresa. El año pasado Prosus, un gigante holandés de negocios de internet, compró todas sus acciones por unos USD 1.700 millones y la sacó de Wall Street. O sea, es otra vez una compañía privada que no cotiza y con un único dueño. Prosus asegura que buscará convertirla en una empresa con un valor de mercado de USD 6.000 millones en tres años.

“Tenemos el objetivo estratégico de triplicar la compañía en un plazo de tres años en términos de volumen de transacciones y operaciones. La tasa de crecimiento que nos proponemos de cara al futuro es mucho más agresiva que la registrada en los años anteriores. A través de los años y hasta hoy logramos mantener el espíritu de startup, pero con la escala de una gran empresa tecnológica”, le dijo a Infobae el CEO de la empresa, Gonzalo García Estebarena.
“Ese objetivo solo será posible si seguimos liderando la transformación tecnológica de la industria, como lo hicimos desde nuestros inicios. Fuimos pioneros en la venta online de viajes en la región, en el desarrollo mobile y ahora en inteligencia artificial. Contamos con un AI Workforce que representa el 20% de capacidad adicional dentro de la compañía y estamos construyendo tecnología para potenciar no solo nuestra operación, sino también la de hoteles, aerolíneas y partners en toda Latinoamérica. Ser parte del ecosistema Prosus nos permite acelerar esta visión de largo plazo, manteniendo el espíritu emprendedor con el que nacimos, pero ahora con la escala y las capacidades de una big tech”, agregó.
En los últimos años, Despegar compró en la región a Best Day, HotelDO, Viajes Falabella, Koin, ViajaNet y Stays.net, todas empresas digitales vinculadas con el turismo. El share de sus ingresos es similar al histórico, con Brasil a la cabeza, con el 40% del negocio. México tiene cerca del 20%, Argentina entre el 15 y el 20%, y el resto se reparte entre los demás países.

También ponen foco en un negocio no tan visible, el B2B o ventas a otras empresas. Es un segmento que ya representa el 20% de sus ingresos y en el que tienen clientes como Liverpool Viajes (México), BBVA Viajes (Argentina), los paquetes de la aerolínea Volaris, unas 17.000 agencias en la región y un proyecto en marcha para entrar al mercado de Estados Unidos con una alianza white label con una entidad financiera de gran escala, cuyo nombre aún revelan.
Prosus, que antes fue el fondo sudafricano Naspers (que compró en su momento OLX, otro unicornio local fundado por el actual embajador en EEUU, Alec Oxenford), es una empresa global de tecnología que es dueña de unas 100 compañías que suman 2.000 millones de clientes. Es el principal accionista de la china Tencent –dueña de Wechat, entre muchas otras– y parte de su objetivo es replicar en otras regiones el modelo de ecosistemas de servicios y aplicaciones virtuales en un mismo entorno. Tiene foco en servicios Entrega de Alimentos, Clasificados y Fintech y en la región es dueña de marcas de peso como iFood, Sympla y OLX Brasil, además de Despegar. Hoy, el 20% de las transacciones de Decolar (así se llama tourist tech en Brasil) provienen de clientes de iFood, un gigante del delivery de comida. Esa es la sinergia que busca Prosus. De hecho, Fabricio Bloisi, ex CEO de iFood es el actual CEO del Grupo Prosus.
“La empresa tiene muy buenas perspectivas, se reconstruye y supo adaptarse a todos los contextos. Es un orgullo ver cómo pasa todo eso, ahora desde afuera”, le dijo a Infobae Alejandro Tamer, uno de los cofundadores que ahora es funcionario del gobierno de Javier Milei. Se desempeña como subsecretario de Reforma Estatal dentro del ministerio de Desregulación de Federico Sturzenegger.
Despegar nació el 3 de agosto de 1999 con una inversión inicial de USD 15.000 por cabeza que pusieron cinco amigos, todos “sub 30” que la cofundaron
«Fueron casi 20 años de manejarla y los primeros años después de la salida se extrañó un poco, pero ahora ya no. Estoy muy contento con lo que hago desde el Gobierno para ayudar a que el país crezca y mejore”, destacó Tamer.
Los cinco fundadores y amigos siguen haciendo negocios juntos por medio del fondo Blue Sky Ventures, con inversiones en real estate y una startup de créditos, entre otros. Souviron se volcó también a la educación: es uno de los fundadores de los Colegios María Guadalupe, en Garín y Tigre (este último fue la primera escuela argentina en ganar el World’s Best School Prize, en 2024) y Amundsen. Además, junto a Tamer, es miembro de Argentinos por la Educación.
La estrategia de Despegar combina tecnología, distribución e IA. La empresa busca llevar su volumen de “gross bookings” de los actuales USD 6.000 millones a un rango de USD 18.000 millones con una inversión anual cercana a los USD 100 millones en tecnología, inteligencia artificial y desarrollo de producto.
“Hoy, definitivamente, es el mejor momento de Despegar en toda su historia. Está creciendo más rápido que nunca, porque está desarrollando tecnología a una gran velocidad», aseguró en charla con este medio Marcelo Grether, Chief Travel Partners de la compañía.
«Ya no somos una empresa standalone de viajes sino que formamos parte de un ecosistema: le vendemos viajes a gente que está comprando comida o eventos, por ejemplo; clientes que confían en la marca. Despegar se posiciona como el one stop shop, el lugar donde se compra todo: vuelos, hoteles, paquetes, autos, actividades”, agregó el ejecutivo.
— ¿Cuánto factura la empresa?
— En 2025, Despegar facturó cerca de USD 6.500 millones, con un crecimiento superior al 20% respecto al año anterior. En una industria donde los crecimientos típicos son de entre el 8 y 12%, es un ritmo agresivo. Para este año vamos a estar en torno al 30 por ciento. El objetivo a tres o cuatro años es multiplicar el tamaño de la empresa más de tres veces, el ritmo de una startup.
— ¿Qué rol juega la inteligencia artificial en esa estrategia?
— Despegar siempre usó machine learning para marketing, producto y revenues. La nueva IA lo que hace es acelerar todo mucho más. No se trata solo de reemplazar tareas manuales: es reconfigurar la manera completa de operar. Un ejemplo concreto es Sofía, nuestro asistente de viajes con IA, lanzado hace dos años. Hoy más del 3% de las ventas online se generan a través de Sofía, y ese número sigue creciendo. Asesora al cliente como lo haría una persona desde un call center. Además, nuestro servicio posventa es el mejor de la industria, algo que hace diez años no pasaba.
— ¿Cuál es la clave de la resiliencia de Despegar?
— Son cuatro factores. El primero es la apuesta consistente por la tecnología: eso permitió escalar siempre. En la región, el 50% de los viajes se compra online, contra el 75% en Estados Unidos y Europa. Fuimos la única empresa local que apostó por lo digital desde el principio y no dejó de invertir. El segundo es la diversificación geográfica: Brasil, México, Colombia, Chile, Argentina y Perú son realidades muy distintas, y no todos los mercados van al mismo ritmo. El tercero es el contenido turístico: la oferta disponible es la más amplia del mercado, lo que genera confianza en el consumidor. El cuarto es el talento: Despegar siempre apostó por profesionales de primer nivel.
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