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Las razones detrás del desafío de Patricia Bullrich a Milei que reavivó la crisis política en el Gobierno

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El tuit de Patricia Bullrich sacudió al gobierno de Javier Milei. Como ocurrió con el caso Manuel Adorni, la jefa del bloque de La Libertad Avanza (LLA) en el Senado se desmarcó de una decisión tomada por el Presidente: anticipó que votará en contra del retiro del pliego de María Verónica Michelli, candidata a jueza federal de La Plata, y a quien los hermanos Milei ordenaron quitarle el apoyo por ser la cuñada del periodista Hugo Alconada Mon, que investigó el caso $LIBRA o la situación patrimonial del jefe de Gabinete.

La exministra de Seguridad desafió a Milei y armó un gigantesco revuelo en el Ejecutivo. Después de los últimos desencuentros con el Presidente, Bullrich se diferenció para preservar su identidad y, sobre todo, su crédito político. Está convencida de que conserva una porción del universo de votantes del antikirchnerismo que miran con atención los asuntos institucionales o las sospechas de corrupción. Ayer, pareció hablarle a ese público. “Bullrich es Bullrich, no es empleada. Tiene votos y un criterio propio”, remarca un interlocutor habitual de la senadora.

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Si bien ensaya desde hace meses gestos de autonomía, Bullrich no tiene en mente el armado de un proyecto propio para 2027. En la intimidad ya ha transmitido que no piensa enfrentar a Milei. Sabe que no hay lugar para una alternativa de derecha con el líder de LLA en la cancha. En otras palabras, sus señales de emancipación no implican el inicio de un proceso de fractura con el Presidente. Y solo contemplaría volver a la pelea nacional si Milei se bajara de la carrera de 2027, un escenario improbable en la actualidad. En su mensaje, subrayó que su compromiso con el proyecto de Milei “es total”.

En concreto, aún no siente un desamor con los libertarios y no piensa soltar amarras. Pero está atenta al proceso de desgaste del apoyo social al Gobierno, ante todo, por los errores en el manejo político. Ella, afirman sus allegados, no está dispuesta a resignar su capital o a cumplir meramente un papel de reparto en el Congreso.

Bullrich meditó la jugada durante el último fin de semana. Pocos de sus colaboradores estaban al tanto de que saldría a blanquear sus divergencias con el veto de Milei al ascenso de la jueza Michelli, quien obtuvo los avales de nueve de los 17 senadores que integran la Comisión de Acuerdos. Fue un nuevo golpe simbólico a la autoridad presidencial que llegó después de una semana en la que los altos mandos del oficialismo habían encontrado cierto alivio por los datos auspiciosos de la macroeconomía y el freno de la caída de la imagen de Milei en las encuestas. La postal de armonía en el balcón de la Casa Rosada tras el acto oficial por el 25 de mayo se esfumó en apenas una semana.

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Patricia Bullrich, en el SenadoHernan Zenteno –

En horas en que la atención de la opinión pública estaba centrada en el femicidio de Agostina Vega, Bullrich volvió a jugar a fondo. Se convenció de que la mejor alternativa era salir a explicar su posición antes de la sesión prevista para el jueves. Ayer llamó al Presidente para comunicarle que ejercería su derecho a “objeción de conciencia” para votar en contra de los intereses de la Casa Rosada. Milei escuchó las razones de la senadora, pero no las compartió. En las últimas horas, trascendió que ofreció renunciar a la jefatura del bloque, pero el primer mandatario lo rechazó. “Fue una charla sincera. Son los valores que ella profesa. No pueden castigarla por lo que escribe un familiar”, justifican cerca de Bullrich.

Anoche, en pleno revuelo interno por su tuit, la senadora compartió una actividad en Pilar organizada por el concejal local Andrés Genna. Allí se la vio junto a Diego Valenzuela y Luciano “Lucho” Olivera, uno de los laderos de Sebastián Pareja. “Estamos 100% comprometidos con el proyecto de cambio de país que lidera el Presidente”, responden en el núcleo duro de Bullrich, que hizo migrar a su tropa de dirigentes desde Pro a LLA tanto en el Congreso como en Buenos Aires. Por ahora, nadie arma las valijas.

El plan 2027

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Hace tiempo, Bullrich se imaginaba como una alternativa para acompañar a Milei en la fórmula en 2027. Está claro que no la entusiasma tanto como a su equipo la eventual candidatura a jefa de gobierno porteño, una alternativa que se abrió desde su performance en las legislativas de 2025 en el territorio de Pro y que se consolidó con la caída en desgracia de Adorni.

Si bien aspira a ocupar un lugar relevante el año próximo, en la intimidad afirma que está cada vez más cómoda en el Senado. Desde allí se mantiene en contacto permanente con gobernadores y aliados. Hasta tiene más tiempo para jugar al paddle, uno de sus hobbies predilectos.

Los leales a la jefa de senadores de LLA argumentan que el costo para Milei hubiera sido más alto si Bullrich explicitaba su desmarque en el recinto. “Evitó el show”, arguyen.

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Desmarques y guiños a Macri

No fue la primera vez que ella se diferencia de una instrucción del Presidente o deja trascender sus matices con el proyecto político del oficialismo. Ya lo hizo el año pasado cuando pidió correr a José Luis Espert de la campaña bonaerense por las denuncias en torno a su vínculo con el empresario Federico “Fred” Machado, condenado por lavado y fraude en Estados Unidos. Tampoco ocultó su deseo de recomponer el vínculo con el líder de Pro, Mauricio Macri, a quien abrazó en la última cena de la Fundación Libertad. En el macrismo vislumbran que el destrato del Gobierno a Bullrich la acerca a Macri. En los entornos de ambos niegan que se hayan reunido. Pero el expresidente ha confesado que recibió mensajes de la exministra en los últimos meses. “No sé qué responderle”, le escucharon decir a Macri. La senadora es una de las referentes del oficialismo que calcula que la Ciudad podría ser una prenda de negociación con Pro para garantizar el apoyo de Macri a la reelección de Milei.

Bullrich también se diferenció en las últimas reuniones de Gabinete cuando blanqueó que avala la idea de apurar los acuerdos electorales con los gobernadores aliados para robustecer el programa económico y generar confianza en los mercados. Karina Milei y Martín Menem objetaron su planteo.

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El último movimiento para despegarse de los Milei fue el affaire Adorni. Primero, le reclamó que aclare lo antes posible su situación patrimonial. Luego, anticipó la presentación de su DDJJ en el Senado.

El abrazo de Patricia Bullrich y Mauricio Macri, en la Fundación LibertadRodriguez Yebra, Martin (Secretario de Política)

Bullrich suele asociar esos gestos con su carácter rebelde. En rigor, ella asume que tiene un estatus diferente al resto de las figuras centrales de LLA y entiende que debe cuidar al electorado “republicano” que apoya el rumbo económico, pero es reactivo frente a las denuncias de corrupción. Por eso, presumen sus seguidores, se atrevió a confrontar con la postura de Milei de sostener a Adorni. “Está consolidando su voto republicano. Y esto lo deja a Pro sin relato”, describe uno de sus consejeros. En su círculo de confianza presumen que los libertarios no terminan de fidelizar a la porción del 23% del electorado que la acompañó en los comicios generales de 2023.

En el caso del retiro del pliego de Michelli, Bullrich también visualizó que la mala praxis en materia política del Gobierno le iba a generar un nuevo cortocircuito en la negociación con los aliados de Milei en el Senado. La exministra viene tejiendo para acercar posiciones con los bloques afines en los pliegos de los jueces, la reforma electoral o el proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada.

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El plan de los Milei para bloquear la promoción de Michelli puso en una situación incómoda a los socios de LLA. Pro salió a decir que no acompañaría y el resto de los aliados pidió que el oficialismo explique las razones. La jueza había logrado los respaldos necesarios en la Comisión de Acuerdos para que su dictamen llegue al recinto. La mayoría de los nueve senadores que estamparon su firma para avalar el ascenso de Michelli son aliados: desde Maximiliano Abad, Mariana Juri y Carolina Losada hasta Flavia Royón (Primero los salteños), Carlos Espínola (Provincias Unidas), Martín Goerling (Pro). En el entorno de Bullrich creen que el Gobierno podría haber evitado el traspié si no incluía a Michelli en la terna. “Que se hagan responsables; no nos hagan tapar su error traicionando nuestras convicciones”, señalan en el bullrichismo.

Tras un nuevo desmarque, Bullrich sabe que camina por un campo minado. Ya toleró desplantes de un sector del Gobierno referenciado en los Menem y Karina Milei por haber levantado el perfil durante los debates más taquilleros en el Senado, como la reforma laboral. Los suyos afirman que no desconoce que la jugada de ayer, con alto impacto simbólico, podría generar represalias, incrementar los resquemores del núcleo duro de Karina Milei o condicionar su rol en el futuro. ¿Sus pares y socios la seguirán avalando como la interlocutora con la Casa Rosada? El riojano Juan Carlos Pagotto (LLA) suele jactarse de que él es la voz de Karina Milei en el Senado.

No obstante, Bullrich prefirió avanzar. Y mantendrá su estrategia: no interrumpirá su gira por el interior -ya estuvo en Córdoba, Santa Fe e irá a Mendoza- ni sus spots propagandísticos. Quienes la conocen afirman que no le teme a la hermana del Presidente, que empujó al exilio a quienes consideró detractores o una amenaza al proyecto propio. Victoria Villarruel o Ramiro Marra pueden dar testimonio de eso. “No le debe nada; Patricia hace política hace 50 años”, afirman. Está claro que su banca en el Senado le da mayor margen para despegarse. Ya no está a tiro de un decreto. De hecho, ya le había dado un contrato de asesor a Gerardo Milman, resistido por el entorno de Karina Milei en el armado de las listas de 2025.

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Armado propio

En 2023, el sueño presidencial de Bullrich quedó trunco, pero ensayó un nuevo cambio de piel para subsistir. Tejió junto con Macri un pacto secreto con Milei en la casa del expresidente en Acassuso. Perdonó los agravios que le había dedicado el economista durante la campaña y jugó a fondo para apuntalar a los libertarios. Luego, se enfrentó a Macri por la negociación con Milei para colaborar con la gobernabilidad. Rompió con el líder de Pro cuando aceptó ser ministra de Seguridad de Milei.

Desde ese momento, Bullrich conserva una estructura propia. Son legisladores, funcionarios o dirigentes que le responden, como Juan Pablo Arenaza y Damián Arabia o Diego Valenzuela, su socio en Buenos Aires. Se reúne con su mesa chica cada 15 días y conserva las oficinas que utilizó para sus campañas desde hace años: la de Avenida de Mayo y la de Bulnes. La publicista Federica Suárez Santiago entra y sale del primer anillo de colaboradores.

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Derek Hampton, de Move Group, la consultora donde trabajaba Santiago Caputo, fue el estratega de Bullrich en la campaña de 2023. Pero se alejó poco a poco del entorno de la ministra. Cerca de la senadora niegan que haya ahora un acercamiento con el consultor Andrés “Andy” Rivas. “No contratamos a nadie”, dijeron.

Bullrich, junto a Arabia y Ajmechet, en el Luna Park

Bullrich también mantiene activa su fundación: Icona (Intercambio y Convergencia para una nueva Argentina), que maneja María Oneto, una colaboradora estrecha de Bullrich. De hecho, Oneto fue la encargada de recaudar fondos para la campaña de 2023. El think tank de Bullrich realizó distintos eventos con empresarios en el tercer piso de un edificio ubicado en la Avenida de Mayo al 953, búnker histórico de la senadora. Por allí desfilaron en el último tiempo el canciller Pablo Quirno, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, el titular del Banco Central, Santiago Bausili, el exjefe de Gabinete Guillermo Francos y Horacio Marín, de YPF, entre otros. Oneto se ocupa de organizar las convocatorias y cobrar las invitaciones a los seminarios. Es un canal que le permite a Bullrich preservar sus lazos con el “círculo rojo” y mantener una herramienta para recaudar fondos.

Por ahora, ninguno de los alfiles de confianza de Bullrich activó un plan presidencial. Solo lo analizarían en caso de que Milei no sea candidato. “Si Milei no juega, es Bullrich, no Macri”, lanzan.

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Bullrich, junto a Pilar Ramírez y Juan Pablo Arenaza durante una caminata por LuganoTadeo Bourbon



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De Gaulle en la Argentina: la visita que Perón, desde el exilio, convirtió en una batalla política

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Lo recibieron como se merecía, con los honores destinados a un gran héroe de la Segunda Guerra Mundial, como al general que había salvado a la Francia libre del nazismo. El 3 de octubre de 1964, el presidente francés, general Charles De Gaulle, pisó por primera y única vez la Argentina en la que sería una visita de amistad, la parte final de una gira por América Latina que había incluido Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Paraguay, Uruguay y Brasil. Francia se acercaba a la América hispana.

Pero luego, cuando el fervor pasó, cuando las bandas militares callaron sus vientos, sus bronces y sus tambores, cuando las formalidades dejaron paso al análisis; cuando se apagaron los gritos, callaron las manifestaciones y se disipó el humo de los gases lacrimógenos; cuando por fin se hizo el arqueo político, el balance de logros y frustraciones que había dejado tan ilustre visita, lo que quedó en claro que quien más provecho había obtenido de la visita de De Gaulle era otro general, Juan Perón, que vivía exiliado en España, que estaba prohibido en la Argentina al igual que su partido, y que, sin embargo manejaba como un experto titiritero el gran guignol político de un país convulsionado.

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De Gaulle había recorrido gran parte del continente americano para estrechar vínculos, según la historia oficial; pero también para intentar, si eso era posible, atenuar, mitigar, disminuir la fuerte influencia de Estados Unidos en América Latina. El general francés tampoco iba a dejar de agradecer el apoyo que América del Sur había dado a Francia en los duros años de la ocupación nazi, entre 1940 y 1944. De Gaulle llegaba a casi dos décadas de terminada la Segunda Guerra Mundial.

Arturo Illia escucha el discurso de Charles de Gaulle en Plaza Francia. (Foto: AFP)

La verdad decía que De Gaulle no tenía demasiado que agradecer a la Argentina. En junio de 1943, cuando Francia llevaba tres años en manos de la Alemania de Adolf Hitler, un golpe militar había llevado a la Casa Rosada a un grupo de militares proalemanes, que veían en los nazis y en su guerrero espíritu wagneriano una posibilidad de liberar al país, y quién sabe si no al resto de América, de la influencia de Estados Unidos. Aquellos golpistas que tomaron el poder el 4 de junio de 1943, “jornada redentora de la Patria”, decía la marcha apologética, estaban unidos en una logia llamada GOU, que primero fue la sigla de “Grupo Obra de Unificación” y luego de “Grupo de Oficiales Unidos”. Uno de esos oficiales era un joven coronel, Juan Perón. La apuesta del GOU no dejaba de ser tardía y a perdedor: ya para junio de 1943, el Ejército Rojo perseguía a los nazis en retirada de la URSS después de su derrota en Stalingrado y la Segunda Guerra se había dado vuelta.

Aun a pesar de ese pasado vergonzante, De Gaulle incluyó a la Argentina en su gira de 1964 porque, pese al gobierno militar proalemán de aquellos años de guerra, en Buenos Aires se había creado un “Comité de la Francia Libre” que había enviado ropa, alimentos y dinero a la resistencia que De Gaulle lideraba desde Londres. En esos años y como enlace de De Gaulle actuaba en América Latina el secretario de la embajada francesa en Montevideo, Albert Ledoux.

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Anatomía de una negociación: Milei pone a prueba otra vez la gobernabilidad

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Un fallo a favor en el momento menos indicado. El Gobierno no logró ni celebrarlo. La Corte Suprema de Justicia le repuso a la Casa Rosada una de las decisiones más rechazadas de la administración de Javier Milei y lo expuso a una prueba de fuego para la gobernabilidad. Se inician dos semanas de negociaciones al límite. La administración libertaria idea estrategias para frenar la derogación de todo el decreto 70, ese frágil andamiaje legal y económico con el que arrancó su proyecto y que contenía la derogación de la ley de tierras. Y la oposición se ilusiona con conseguir el número para voltearlo por completo.

En los despachos oficiales se quedaron sin reacción el martes cuando se conoció la decisión judicial. Javier Milei ya estaba rumbo a París, y medio gabinete quedó mudo. Ni siquiera reaccionó favorablemente el autor jurídico de esa herramienta, Federico Sturzenegger. La oposición empezó a hacer números enseguida. En dos días se la jugó y pidió sesión especial. A esa hora, Martín Menem intercambiaba mensajes con sus diputados y los aliados para darle un cauce a la discusión que incomodó a todos.

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Lo más sorprendente es que desde las filas libertarias sostienen que el Gobierno no sabía de la decisión que se venía. Así lo dice un veterano dirigente opositor: “En la política la autoridad se ejerce en todo, en esto también. Acá se lesiona al Gobierno”. Apunta a la desinteligencia de no tener control propio y anticiparse a lo que vendrá.

El timing de la Corte es lo que terminó por desenfocar al Gobierno. Ahora tiene que hacer un arriesgado doble juego. Ir en contra de sus principios, esto es, terminar redactando una nueva ley de tierras contraria a sus ideales de liberalismo, o correr el riesgo de que una cerrazón argumentativa termine con su principal herramienta legal de gobierno.

En el despacho de Martín Menem empezaron a ordenar las estrategias. Hay tres escenarios para encontrarle una salida: lo primero que se decidió es separar la discusión. Una cosa es la ley de tierras, que quedó derogada por la decisión del máximo tribunal, y otra el decreto de necesidad y urgencia 70/23. Con este eje van a ir a dar la discusión. Para la oposición, la narrativa es inequívoca: para recuperar la ley de tierras hay que voltear el DNU. En esa dinámica se enfrentarán para ganar la opinión pública.

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Javier Milei junto a Emmanuel Macron y los gobernadores que participaron del viaje oficial a Francia.

El oficialismo dice tener consenso interno con los aliados para evitar el mal mayor. La idea que más apoyo tiene es la de incorporar al debate de la ley de soberanía nacional, el nuevo fetiche de la Casa Rosada, una nueva ley de tierras. Ya trabajan el equipo de Sturzenegger y el de la Secretaría de Legal y Técnica. Es la idea que les dejó Miguel Pichetto en las redes sociales, que buscó exponer la contradicción oficial de promover un nuevo relato nacionalista y malvinero pero estar a favor de la extranjerización sin límites de la tierra. El oficialismo tomó el guante y por estas horas es la opción que más les cierra. El problema es que el mismo Gobierno que defendió a capa y espada que un extranjero pudiera comprarse una provincia, como dijo el canciller Pablo Quirno, ahora tiene que desandar su posición. Para arrepentirse siempre hay tiempo.

En lo inmediato, esa postura entra en contradicción con la decisión que el mismo viernes tomaron el ministro de Economía, Luis Caputo, y el jefe de Gabinete, Diego Santilli, de lanzar la compra de ciudadanía por inversión por tan solo USD 350.000, lo que habilita a cualquier inversor extranjero a comprar de manera ilimitada la cantidad de tierras que quiera por el solo hecho de tener ciudadanía argentina. Otra vez entra en juego el desorden político interno. La oposición ya está en alerta con este tema. La diputada Florencia Carignano, ex titular de la Dirección Nacional de Migraciones, enumeró los países que venden su ciudadanía: San Cristóbal y Nieves, Dominica, Granada, Santa Lucía, Antigua y Barbuda, Vanuatu y Nauru, para dimensionar la decisión, y anunció que presentarán un proyecto para derogar la resolución. Además, anticipó que la medida le traerá al Gobierno problemas con la Unión Europea, que había “advertido que de suceder esto, impondría un visado a los argentinos porque nacionalidades que hoy no pueden entrar sin visa a Europa, lo podrían hacer comprando nuestra ciudadanía”.

La otra variable que estudian en el Gobierno es retomar el debate del proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada, que tiene media sanción del Senado pero que quedó desguazado al calor de las manifestaciones populares en contra de la extranjerización de la tierra. Por el escándalo nacional que generó el tema, el Gobierno lo había cajoneado. Ahora podría retomarlo para restablecer la ley de tierras del año 2011.

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La tercera opción, la más rápida para cortar de cuajo el debate, es que el propio Milei firme un decreto que derogue el artículo 154 del DNU 70, una opción que el peronismo presentó vía proyecto de ley en el Senado. Es el camino más ágil para darle un cierre al debate particular y dejar sin argumentos a la oposición. En los despachos oficiales no están tan seguros de la movida. Caerían otra vez en la fragilidad de la herramienta del DNU, sin una ley que lo sostenga.

La calle y el número

Mucho dependerá de cuánto permee el reclamo en la sociedad. La calle juega. La oposición ya convocó a sesión y la ató al debate del presupuesto para discapacidad y la morosidad récord, dos proyectos que llevarán juntos al recinto el 15 de octubre. Hicieron coincidir la sesión con la marcha universitaria que ya estaba convocada, y que trasladó su reclamo de tribunales al Congreso. El empuje que tome el tema será clave para la decisión.

La oposición todavía está lejos del número necesario para conseguir el quórum y lograr dar de baja el DNU 70, que ya fue rechazado en el Senado el 14 de marzo de 2024. En el mejor escenario, hoy le faltan 12 diputados. Difícil.

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La iniciativa la empujan, además del peronismo y la izquierda, sectores del desmembrado Provincias Unidas o de Marcela Pagano, más identificados con posiciones en contra del Gobierno. Pero la convocatoria llevó las firmas sorpresivas de María Inés Zigarán, que responde al gobernador de Jujuy, Carlos Sadir, uno de los integrantes de la comitiva de Milei en París. Los cuatro diputados por Misiones también serán clave. El gobernador Hugo Passalacqua presentó el viernes una medida cautelar para preservar el territorio. “Fiel a la postura que siempre sostuvimos en defensa de nuestro territorio y recursos naturales, y ante el reciente fallo de la Corte Suprema que habilita la libre adquisición de tierras a extranjeros, instruí al Fiscal de Estado a iniciar las acciones judiciales pertinentes para resguardar los derechos de Misiones en cada oportunidad y por todas las vías correspondientes”, planteó el gobernador, que tiene 90% de tierras de frontera.

La oposición convocó a una sesión en el Congreso para el 15 de octubre en coincidencia con la marcha universitaria. (Gustavo Gavotti)

La oposición puede ir a buscar votos entre los gobernadores que se fueron alejando del Gobierno, como Osvaldo Jaldo, en plena campaña electoral por su reelección. El problema es que pueden estar dispuestos a reponer la ley de tierras, pero es poco probable que estén dispuestos a dar de baja todo el DNU. No está en los planes, por ejemplo, del salteño Gustavo Sáenz. Tampoco del santacruceño Claudio Vidal, que con poco peso en el recinto (solo tiene un diputado que le responde) no quiere levantar malestar con la Casa Rosada. Necesita jugar con los libertarios de aliados en su proyecto de reelección. En la misma situación está Ignacio Torres, de Chubut, o Marcelo Orrego, de San Juan, que quedaron más volcados al oficialismo. La gran incógnita surge a partir de la vocación de colaboración del gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, o del de Santa Fe, Maximiliano Pullaro. También necesitan arreglar con Karina Milei para sus reelecciones, pero les es más adverso. No viajaron a París. Podrían jugar mitad y mitad. Tampoco Llaryora maneja a los 6 diputados de su provincia. Entre ellos está el ex gobernador Juan Schiaretti, y su mujer, la senadora Alejandra Vigo, fue determinante en el debate en la cámara alta. El problema que le surge a la oposición a la hora de hacer los números es que una cosa es reponer la ley de tierras y otra dar de baja todo el DNU 70.

La última opción es que si el número no lo tiene la oposición, que lo tenga el oficialismo y que logre blindar el decreto con su aprobación. Pero otra vez caería en la misma trampa. Quedaría rehenes de una herramienta de baja calidad legal. La Corte Suprema tiene aún por resolver cautelares sobre la desregulación en el mercado de la medicina privada y las Sociedad Anónimas Deportivas (SAD), este último tramo frenado por el juzgado federal de Mercedes y la Cámara Federal de San Martín que avalaron medidas cautelares de la AFA.

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¿Qué hay ahí?

El decreto 70 es inabarcable. Su caída sería el derrumbe de la estructura económica y jurídica del Gobierno. Solo a modo de ejemplo: se incluyó la desregulación de las tarjetas de crédito, esto es la eliminación de los topes de intereses punitorios, tema candente si los hay, y se habilitó el cobro de adicionales y de montos fijos por atrasos, además de eliminar la obligatoriedad de la autoridad de aplicación de aprobar los contratos entre el emisor y el proveedor. También afectó a los comercios perjudicados con comisiones más altas. Todo el comercio exterior quedó desregulado vía decreto. Ahí entró un caso emblemático: se derogó la ley que prohibía la importación de neumáticos usados. Tiempo después vino el cierre de Fate. También entró la desregulación sobre la producción de yerba mate. O se derogó la ley de promoción industrial. Otro de los temas que quedaron sin sostén regulatorio fue el sector minero, con el boom de inversiones que se habilitaron con las normativas que cayeron. Con el DNU se eliminó la obligatoriedad de informar producción, comercialización, precios, ocupación, distribución de la renta minera, entre otros, herramientas que servían para erradicar las operaciones de subfacturación y sobrefacturación.

El inmenso mundo del DNU 70 dio de baja regulaciones en materia energética con la liberación del precio de los combustibles o en el aumento en las tarifas eléctricas y de gas.

Ruido en tribunales

Los despachos de la Corte Suprema fueron estos días un hervidero de versiones con reproches cruzados. La tensión interna entre los tres cortesanos quedó en evidencia cuando al otro día del fallo, Ricardo Lorenzetti y Horacio Rosatti se unieron para emitir un comunicado aclaratorio sobre la decisión sin que el otro integrante del máximo tribunal, Carlos Rosenkrantz, estuviera al tanto. “No se enteró y no comparte el contenido”, hicieron saber desde ese sector. Al otro día, el propio juez, que había padecido una protesta en una actividad en San Martín de los Andes, dijo que tenían que tener “temple” para soportar las críticas. Quedó apuntado por haber sido quien promovió el tratamiento de ese tema. A su lado desmienten que haya sido una propuesta propia y que en todo caso es responsabilidad de todos los jueces evaluar las consecuencias. “Hubo negligencia”, refirieron en otro despacho sobre la falta de visión política por la repercusión negativa que iba a tener la decisión.

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Los jueces Ricardo Lorenzetti y Horacio Rosatti emitieron un comunicado aclaratorio sin la firma de Carlos Rosenkrantz. (REUTERS)

Por parte de dos ministros de raíz más política como son Lorenzetti y Rosatti, es difícil creer que se les haya pasado la repercusión que podía tener. En uno de los despachos de la Corte explicaban la decisión como parte de las “micronegociaciones”, así las llaman, que muchas veces tienen que llevar adelante un máximo tribunal integrado por solo tres miembros. Esas mismas fuentes sostienen que el tema terminó complicando al Gobierno porque le abrió un nuevo frente que la Casa Rosada pretendía superar. Incluso, hubo señales de advertencia de los secretarios letrados que hicieron sus respectivos informes. Al menos en uno de los despachos, plantearon que técnicamente era correcto el rechazo al Centro de ex Combatientes de La Plata (Cecim), pero que la decisión conllevaría un fuerte rechazo social. “Hay una cuestión ideológica”, plantearon fuentes cercanas a uno de los cortesanos sobre Rosenkrantz, de extracción empresarial. “Nadie les agarró la lapicera para que firmen”, contestan del otro lado.

En la Corte hay varias cautelares más que esperan tratamiento sobre la ley de tierras. Una tiene como actora a la Asociación Civil Arbol de Pie, de Bariloche, y otra a Brenda Junín, titular de una fundación ambientalista en Mendoza. Una salida política podría ser que avalen a estos actores.

El Gobierno se dejó estar. La Corte venía planteando que la política tenía que resolver la cuestión de fondo. En despachos oficiales cuentan que lo había hecho en diálogos informales pero también por decisiones jurídicas. Algo parecido pasó con el financiamiento universitario, cuando los jueces devolvieron la cautelar al juzgado de primera instancia con la intención de darle tiempo al Ejecutivo para que resolviera sobre el fondo de la cuestión, es decir, la validez del decreto. ¿La Casa Rosada no lo supo leer?

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En paralelo, Miguel Pichetto y Nicolás Massot presentaron el viernes otra cautelar para reponer la ley que recayó en el juzgado contencioso administrativo 1, a cargo de Enrique Alonso Regueira. “Estoy tratando de que no se realicen operaciones en estas horas y quiero saber qué operaciones se hicieron en este tiempo”, aclaró el diputado, que quedó apuntado porque un freno judicial a la derogación de la ley podría hacerle perder peso a toda la oposición para dar de baja el decreto completo. “Yo pedí sesión y voy a estar dando quórum porque creo que es inconstitucional, pero mientras tanto hay que evitar que se venda todo”, aclaró. Massot, incluso, va a presentar un proyecto aparte para derogar la ley de alquileres, un caballito de batalla del oficialismo para conseguir aliados.

París era una fiesta: de la croissant a la rosca

El Gobierno recuperó aire la semana pasada con la Argentina Week en París, donde logró llevarse promesas de inversiones por US$27.000 millones y mostrar sustento político, con el apoyo de 13 gobernadores. Hubo un giro completo de Milei. Si en Nueva York ni los había cruzado, y en Tucumán, para el 9 de Julio, los hizo ir a todos a una vigilia para dejarlos plantados, acá al menos los recibió y los sumó a todas las actividades oficiales. La mayoría de los mandatarios más díscolos notó el cambio. En Nueva York, no habían logrado ni reunirse con los funcionarios. En París sí. Los recibió Milei, que bajó la línea general de por qué cree que reelegirá y les agradeció el acompañamiento, y los recibieron Luis Caputo, Karina Milei y Santilli. De la croissant a la rosca. Aunque aún no hubo anuncios, sí hubo gestos más amables para terminar en un acuerdo político que les garantice a los gobernadores sus reelecciones a cambio de que voten la eliminación de las primarias. Según relataron varios de los presentes en París, es muy probable que en las próximas semanas el Gobierno avance en el acuerdo político con al menos 10 gobernadores. ¿Cómo? Con alguna declaración pública de apoyo a sus candidaturas. Quedarían afuera del acuerdo Córdoba, donde La Libertad Avanza tiene chances de dar el batacazo; Salta, porque la candidatura del gobernador deberá pasar por la revisión de la Corte; y Río Negro, donde el gobernador Alberto Weretilneck no pasa por el mejor momento y Karina promueve al senador Enzo Fullone o al diputado Aníbal Tortoriello. A los gobernadores se los vio empoderados por el giro, por necesidad, de Milei.

El presidente francés, Emmanuel Macron, y su esposa, Brigitte Macron, dan la bienvenida al presidente de Argentina, Javier Milei, y a su hermana, Karina Milei. (REUTERS)

La fiesta parisina choca con la economía argentina. La semana pasada se conocieron datos de inflación poco alentadores. Tanto la consulta EcoGo como Equilibra marcaron una aceleración nuevamente de los precios minoristas. La primera marcó 2% y 2,1% en alimentos y bebidas mientras que la segunda publicó una suba general de 2,1%. La recaudación mejoró con una suba de 3,7%, traicionada por retenciones y el anticipo de Ganancias, pero mostró datos preocupantes en consumo: en IVA cayó 5,4%. El Fondo Monetario Internacional celebró el rumbo económico tras el final de la misión del organismo, pero su vocera, Julie Kosack dijo en conferencia de prensa que el Gobierno debía ser más equitativo en el reparto, como si copiara el discurso de Patricia Bullrich. El riesgo país volvió a subir. Esta vez Caputo moderó sus apreciaciones. Arrancó la semana diciendo que la culpa la tenía Axel Kicillof, a quien llamó el “anticristo”, y la cerró adjudicando el salto al contexto externo.

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La Iglesia comenzó a endurecer las críticas respecto a la situación económica en la previa a la llegada del Papa León XIV. La pastoral social de la conferencia episcopal alertó además sobre los recortes en discapacidad, que tensionan la relación entre el ala política y el ala económica. El Gobierno se niega aún a invitar a los ex presidentes a la cita con el Papa, y eso sigue trayendo ruido tras el pedido de la iglesia argentina para ampliar la convocatoria. La decisión final depende de Karina Milei.

Los nadie y el 70

Milei reiteró la semana pasada, dos veces, que será reelegido porque el 70 por ciento de los argentinos no quiere volver al pasado. ¿Es así esa cifra? En principio, era. Y todo depende de cómo se formule la pregunta. Para la consultora Opinaia, por ejemplo, se puede sacar un cálculo aproximado vía pisos y techos de cada fuerza. Y lo dividen en tres: los que nunca votarían a determinado candidato, los que podrían votarlo, y los que seguramente lo votarían. La Libertad Avanza tiene un 27% que seguramente los votaría y 22% que podría hacerlo, contra 51% que no lo haría. El peronismo, sobre todo si incluye en la pregunta al kirchnerismo, arranca con un 23% que seguro lo votaría, un 21% que podría hacerlo y un 56% que nunca lo acompañaría. No es 70%, es 56%, que de todas maneras le abre la puerta al Gobierno a un triunfo en segunda vuelta, más finito.

Pero el problema que están viendo varios encuestadores son los apáticos, aquellos que no se vuelvan por ninguna opción. Los nadie. Los que rechazan las dos opciones llegan al 30%. Están arriba. La primera opción es nadie, después viene el pelotón de candidatos. Es una pecera estable, que se mantiene en el tiempo, y tiene un condimento. Nadie los representa ni los va a representar. No hay outsider que prenda porque la característica central de un outsider es que sea disruptivo, polémico, un Milei, y ya probaron. Moderación y outsider no van de la mano. El peronismo necesita que esos desencantados no vayan a votar. El oficialismo, reconquistarlos.

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Martín Lousteau propuso un gran frente político para enfrentar a Javier Milei. (Maximiliano Luna)

Martín Lousteau lanzó la idea del frente antimilei. Lo viene trabajando hace rato. Habla con todos. Desde Myriam Bregman hasta Axel Kicillof. Cree que el gobernador tiene que ir a ampliar hacia Córdoba y Santa Fe, cerrar acuerdos subterráneos que garanticen que el peronismo no interferirá en las reelecciones de esos gobernadores, igual que lo que se le exige a Karina Milei. El problema de ese frente es que necesita un candidato de consenso, que venga de afuera. Hoy, la única que explora esa opción es Cristina Kirchner. Por ahora no lo encontró.

Como en toda reelección, Milei compite contra sí mismo. Nadie capitaliza el descontento. El Gobierno tiene que reformular la motosierra. Hoy, la principal variable de reclamo es la laboral. Para Opinaia, el desempleo se mantuvo en septiembre como la principal preocupación de los argentinos, con 61%, seguido por la pobreza, con 55%. El Presidente reescribe su presente vendiendo un futuro mejor recién para su segundo mandato. Tendrá que encontrar una narrativa que bloquee que las colas de personas con curriculum en mano le gane a sus promesas.

Milei – Gobernadores / Argentina week Paris

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POLITICA

Milei cambia la motosierra por la bazuca: los tres “riesgos” que acechan al Gobierno y qué hay detrás del fallo de la Corte

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Javier Milei atado al mástil del modelo económico, con una “bazuca de 75.000 millones de dólares”. El Presidente avisó desde París que está parapetado para enfrentar “intentos desestabilizadores y golpistas” en el año electoral. Pero cada vez más acechan riesgos: el “riesgo país”, que el viernes escaló hasta los 650 puntos, el valor más alto del año; el agitado “riesgo kuka” y ahora el “riesgo Patricia” Bullrich. Entre todos, el más temido: que la Argentina ingrese en una recesión.

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