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La prohibición de las redes sociales en Australia está fracasando. ¿Aún puede ayudar a los niños más pequeños?

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A finales del año pasado, Australia se convirtió en el primer país del mundo en instaurar una prohibición a nivel nacional para que los menores de 16 años tengan cuentas en redes sociales.

Seis meses después de su entrada en vigor, todo indica que la ley ha fracasado en gran medida en su intento de mantener a los adolescentes alejados de las plataformas, lo que supone un comienzo decepcionante para una iniciativa observada con atención por padres y gobiernos de todo el mundo.

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Pero algunos padres australianos dicen que el verdadero efecto de la ley podría recaer sobre la próxima generación de niños más pequeños que aún no usaban las redes sociales y que podrían mantenerse alejados debido a la prohibición.

Tomemos como ejemplo a Ethan, el hijo de 12 años de Naomi Parrish, que recibió un teléfono inteligente por Navidad el mes en que entró en vigor la ley, y desde entonces ha estado intentando convencer a su madre para que le deje descargar TikTok.

Varias veces al día, el teléfono de Parrish vibra con solicitudes de permiso para descargar la aplicación.

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Sacó una vieja pizarra blanca para escribir una lista de razones por las que debería tener permiso para usarla.

Escribió dos cartas exponiendo su caso, las decoró con pegatinas y las dejó sobre la mesada de la cocina.

Parrish se ha mantenido firme en esta batalla de voluntades, rechazando sus súplicas día tras día, amparándose en la ley de redes sociales del país.

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“Me ha dado una razón por la que no puede tenerlo, y eso es muy importante”, dijo. “Le he dicho: ‘Es ilegal, nos multarán’”.

Un comienzo accidentado

La Comisión de Seguridad en Internet de Australia, el organismo regulador encargado de hacer cumplir la ley, informó en marzo que 7 de cada 10 padres cuyos hijos ya tenían una cuenta afirmaron que los adolescentes seguían utilizando alguno de los servicios con restricción de edad.

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Otras encuestas han arrojado resultados similares.

Los adolescentes han descrito soluciones sencillas:

dibujarse un bigote para que les escaneen la edad, crear una cuenta nueva con una fecha de nacimiento falsa o usar la cuenta de un padre o un hermano mayor.

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Otros afirmaron que sus cuentas siguieron funcionando sin problemas.

Naomi Parrish con su hijo, Ethan, en su casa en el barrio de Quakers Hill, Sídney, el 27 de mayo de 2026. A finales del año pasado, Australia se convirtió en el primer país del mundo en prohibir a nivel nacional que los menores de 16 años tuvieran cuentas en redes sociales, pero seis meses después, muchos adolescentes ya han vuelto a las plataformas que supuestamente debían tener bloqueadas. (Adam Ferguson/The New York Times)

“Los chicos se ríen, ‘¡Qué broma! No nos han quitado nada’”, dijo Lauren Hillier, de 42 años, quien comentó que esperaba con ansias que la ley entrara en vigor.

Tenía la esperanza de no ser la única “madre malvada y estricta” por controlar el uso del teléfono de su hijo de 13 años y su hijastra de 15.

Hillier afirmó que su hijo aún tiene acceso a Instagram y su hijastra sigue usando Snapchat, y añadió:

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«No conozco a nadie que haya perdido su cuenta».

Olivia Olsen, una joven de 15 años de Canberra, dijo que todavía tenía acceso a su cuenta de TikTok y que algunos amigos que fueron expulsados ​​pudieron volver a usar la aplicación.

“Siento que nada cambió ese día”, dijo.

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Hasta el momento, estas señales de falibilidad no han disuadido a otros países que planean introducir leyes similares.

El mes pasado, el ministro británico de seguridad en línea, Kanishka Narayan, viajó a Australia para conocer la implementación de la ley, ya que su país está considerando medidas similares para proteger a los niños.

Cambiar la norma

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Gran parte de la atención mediática, académica y regulatoria en torno a la eficacia de la ley se ha centrado en los adolescentes de entre 13 y 16 años que ya utilizaban las redes sociales y a quienes se suponía que la prohibición debía ayudar a dejarlas.

(La mayoría de las plataformas ya tenían establecida una edad mínima de 13 años en sus acuerdos de usuario, aunque rara vez se aplicaba).

Sin embargo, los padres con hijos menores de 12 años que aún no utilizaban aplicaciones de redes sociales afirman que los verdaderos beneficiarios podrían ser la próxima generación, que entrará en la adolescencia con la prohibición ya en vigor.

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Bec Barton, madre de dos niños en Quakers Hill, al oeste de Sídney, comentó que escuchaba conversaciones entre padres en los entrenamientos de fútbol y al dejar a sus hijos en la escuela que le parecían el inicio de un cambio cultural.

Según Barton, los padres estaban optando colectivamente por no darles teléfonos inteligentes ni cuentas en redes sociales a sus hijos, una medida que podría terminar reduciendo el atractivo de estas tecnologías para la próxima generación.

El hijo menor de Barton, de 10 años y en cuarto de primaria, ya siente que se está perdiendo algo porque la mayoría de sus amigos usan Snapchat y otras aplicaciones de mensajería.

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Sin embargo, los niños más pequeños podrían tener más suerte, ya que menos de ellos tienen acceso a las redes sociales por defecto, explicó.

Escolares revisan sus teléfonos mientras esperan el autobús para regresar a casa en Sídney, Australia, el 19 de noviembre de 2025. Al mes siguiente, Australia prohibió las redes sociales para menores de 16 años. (Matthew Abbott/The New York Times)

“Los niños crecerán en un entorno donde ninguno de sus amigos tendrá acceso a ello”, dijo Barton.

“Ya no será lo habitual”.

El gobierno pretende hacer cumplir la prohibición, lo que recae sobre las empresas tecnológicas.

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Estas se enfrentan a multas de hasta 34,8 millones de dólares estadounidenses (49,5 millones de dólares australianos). La Comisión de Seguridad en Internet ha declarado que mantiene investigaciones en curso sobre cinco de las diez plataformas cubiertas por la ley por incumplimiento —Facebook, Instagram, Snapchat, TikTok y YouTube— y que decidirá sobre las medidas coercitivas a mediados de año.

(Los padres no serán multados, a pesar de lo que Parrish le ha dicho a su hijo).

Dany Elachi, padre de cinco hijos en Sídney, fundó en 2022 un grupo llamado Heads Up Alliance para que los padres tuvieran más fuerza que nunca a la hora de resistir la tentación de darles teléfonos inteligentes a sus hijos.

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La ley australiana, si hubiera funcionado a la perfección, habría convertido a todo el país en una alianza, afirmó Elachi, cuyos hijos tienen entre 9 y 16 años.

Comentó que los miembros de su grupo —en su mayoría padres con hijos en edad escolar primaria— expresaron su decepción por la falta de un efecto más inmediato de la ley.

Sin embargo, recalcó que siempre estuvo claro que el verdadero cambio debía comenzar en los hogares y que el gobierno tendría que exigir responsabilidades a las empresas tecnológicas.

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“En definitiva, los padres se están dando cuenta de que esta es una pieza clave para evitar que la próxima generación de niños caiga en la adicción”, afirmó. “Los padres aún deben ejercer un papel fundamental como guardianes”.

La unión hace la fuerza

Carol Greive, madre de Jimmy, un niño de 12 años, dijo que ha intentado entablar relaciones con familias que comparten su preocupación por las redes sociales y fomentar el interés de su hijo en actividades que no impliquen pantallas.

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En su casa de Newcastle, al norte de Sídney, también ha dejado libros de autoayuda por toda la casa, entre ellos «Cómo decirle no a tu teléfono», «Idiotas ocupados» y «Criando humanos tecnológicamente sanos».

Además, introdujo un incentivo económico, diciéndole a Jimmy que si logra abstenerse de las redes sociales hasta cumplir 18 años, recibirá 2000 dólares australianos, unos 1400 dólares estadounidenses.

Una tarde reciente, de camino a montar en sus bicicletas de montaña, Jimmy y su amigo Rocco Morgan, de 13 años, charlaron sobre cómo la mayoría de los chicos con los que montan están en YouTube, donde publican vídeos de sus trucos con una edición impecable.

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Aunque a Jimmy no le interesa demasiado estar en las redes sociales —“TikTok es lo peor”, murmura—, sus amigos le dicen constantemente que debería estar en YouTube, según cuenta.

“No creo que sea genial, pero creo que algunas personas piensan:

‘No eres genial porque no estás en las redes sociales’”, dijo.

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Para Ethan, el hijo de Parrish, el atractivo de TikTok se hace más evidente durante los 35 minutos que tarda en llegar el autobús después de clase.

Los aproximadamente 150 estudiantes de secundaria se pasan el tiempo mirando sus teléfonos y, según él, «no hay con quién hablar».

Parrish dijo que su objetivo era mantenerse firme durante otros 3 años y medio, hasta que su hijo cumpliera 16 años, y espera que la ley signifique que más padres la apoyen.

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Si no hubiera sido por la prohibición, dijo, tal vez habría cedido y le habría permitido usar Instagram, donde parece haber contenido útil sobre fútbol de entrenadores.

Pero la ley le ha dado la seguridad de que sus instintos son correctos.

En cambio, él puede entretenerse durante horas clavando clavos, persiguiendo su sueño de convertirse en carpintero.

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“Sigo diciendo que no”, le dijo Parrish una tarde reciente, por lo que, según ella, parecía la millonésima vez.

c.2026 The New York Times Company

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El día que Reagan desafió a la URSS frente al Muro de Berlín y la frase que anticipó el derrumbe del comunismo

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Fue un bombazo. Y además, sorpresivo. Y además, marcó el principio del fin del comunismo en gran parte de Europa primero y en la URSS después. La historia oficial le adjudicó al bombazo el sesgo de la improvisación, de la espontaneidad: por algo Ronald Reagan, entonces presidente de Estados Unidos, gustaba hablar de su gestión de gobierno como la del “triunfo de la imaginación”. Pero años después se supo, y hoy también se sabe aunque se repite poco, que fue un hecho planeado al milímetro, una decisión que Reagan discutió a cara de perro con sus más cercanos consejeros. Fue un acto de audacia que pudo salir mal, pero que salió bien.

El 12 de junio de 1987, hace ya 39 años, Reagan llegó Berlín para celebrar el 750° aniversario de la ciudad en lo que era casi una visita protocolar destinada a apoyar, una vez más, a aquella histórica capital partida en dos por el Muro de Berlín, una construcción soviética levantada en 1961 que dividió a la ciudad, dividió a Alemania, dividió a Europa y dividió al mundo entero: aquel Muro de la vergüenza fue un símbolo de la Guerra Fría, que ni fue guerra, ni fue fría.

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Reagan habló a los berlineses mientras daba su espalda a la legendaria Puerta de Brandeburgo, que hace más de un par de siglos fue el centro comercial y social de Berlín y a la que el Muro había dejado en el sector Este de la ciudad. A espaldas de Reagan no estaba sólo la Puerta de Brandeburgo; casi pegado al presidente se alzaba otro muro, de cristal blindado, para protegerlo de algún eventual francotirador comunista. Esos panes se horneaban en esos meses.

El expresidente Ronald Reagan en un acto conmemoratorio por el 750 aniversario de la fundación de Berlín. (Foto: AFP)

En lo que se suponía iba a ser un discurso evocador de los esfuerzos aliados en la Segunda Guerra Mundial, del apoyo económico de Estados Unidos para la reconstrucción de Alemania y de los resultados fantásticos conocidos como “el milagro alemán”, Reagan esquivó el protocolo y la emprendió contra el Muro de Berlín y terminó por pedir al entonces secretario general de la Unión Soviética, Mikhail Gorbachov, que terminara con aquel oprobio. No usó ningún eufemismo. Dijo: “Señor Gorbachov, ¡tire abajo este Muro!”. Ese fue el bombazo que tuvo poco eco en principio, salvo la ovación con la que los berlineses festejaron la frase.

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Al día siguiente, en los diarios estadounidenses, el mensaje presidencial fue a parar a las páginas tres de las ediciones, sin escarbar demasiado en su contenido. The Times, en Londres, sí publicó el 13 de junio una foto de Reagan junto al canciller Helmut Kohl con un epígrafe que decía: “Reagan pide a Gorbachov que derribe el Muro de Berlín”. El Muro cayó dos años y medio después, en noviembre de 1989. Y en diciembre de 1991, dejó de existir la URSS, nació la Federación Rusa, se arrió la histórica bandera roja de la hoz y el martillo y llegó a su fin un mundo que hoy quiere restaurar, a cualquier precio, Vladimir Putin. Si el bombazo de Reagan pasó a la celebridad, fue gracias a la televisión, que lo hizo llegar a todo el mundo; hoy se diría que se “viralizó”, esa palabra denigrante que asocia el conocimiento con la enfermedad, pero en esos años no se hablaba con semejantes metáforas.

Berlín fue la preocupación del mundo ni bien terminó la Segunda Guerra. Capital del Reich de Adolf Hitler, tomada por los soviéticos que izaron su bandera en la cumbre de la Cancillería, donde en sus jardines todavía humeaba el cadáver del Führer, la ciudad quedó dividida en dos sectores, sin fronteras, pero bien definidos: uno en mano de los rusos y el otro en manos de americanos, británicos, franceses y canadienses.

Alemania había quedado también dividida en dos, Este y Oeste, por lo que el país estaba dividido en cuatro: en dos Alemanias y en dos Berlín. Para llevar provisiones, alimentos, carbón para el invierno, combustible y medicamentos, los aliados debían atravesar territorio soviético. En 1948, el dictador soviético José Stalin dio el primer paso para apoderarse de Berlín, bloqueó los accesos a la ciudad e impidió el paso de las fuerzas aliadas, que organizaron de inmediato un gigantesco puente aéreo que puso fin a las ambiciones soviéticas.

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Ronald Reagan junto a la primera dama, Nancy Reagan, durante el acto del aniversario de fundación de Berlín. (Foto: AFP)

Ronald Reagan junto a la primera dama, Nancy Reagan, durante el acto del aniversario de fundación de Berlín. (Foto: AFP)

En junio de 1961, el presidente John Kennedy y el primer ministro soviético Nikita Khruschev se encontraron en Viena y se amenazaron con una guerra nuclear. Khruschev quería “independencia” para Berlín, lo que implicaba el total dominio soviético sobre la ciudad y el retiro de las fuerzas aliadas. Kennedy dijo no. Khruschev le dijo: “Entonces habrá guerra”. Y Kennedy: “Será un largo invierno…” Dos meses después, la URSS levantó el Muro y dividió a Berlín. La historia de ese Muro es apasionante, pero es otra historia. Primero, fue una alambrada de púas, bolsas de arena y torretas de vigilancia a lo largo de cuarenta y tres kilómetros. Khruschev pensó que si Occidente reaccionaba, siempre podía retirar las alambradas. Pero Occidente no dijo nada, y el Muro se hizo de piedra poco después.

Además de dividir a Berlín, a Alemania, a Europa y al mundo, el Muro también dividió familias, amores, amigos, proyectos y la vida entera de los alemanes. De la noche a la mañana, nunca mejor dicho porque las alambradas se instalaron en la madrugada del domingo 13 de agosto de 1961, un abismo separó a una nación; tanto, que los berlineses del Este que habían ido a bailar a las confiterías del Oeste aquel sábado a la noche, quedaron de ese lado en la madrugada del domingo y ya no pudieron, o no quisieron, regresar al clima opresivo del Este. Desde entonces, huir al otro lado del Muro, siempre hacia el Oeste, fue una meta, una meca también, para los berlineses que no adherían al duro régimen de la URSS. Un baño de sangre tiñó durante varios años aquellos intentos desesperados de vivir en libertad.

En 1963, en su última gira al exterior antes de ser asesinado en Dallas, Kennedy dio un discurso también célebre ante medio millón de personas desde la alcaidía del oeste de la ciudad. Sugirió a quienes pensaban que el comunismo garantizaba la libertad y el progreso: “Como ciudadano libre del mundo, yo digo Ich bin ein Berliner”. Es decir: “Yo soy berlinés”. Reagan llegó a Berlín dispuesto a dar el golpe de efecto, con el recuerdo de la visita de Kennedy, 24 años antes, aún muy presente. Se había propuesto superarlo.

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Aquellos no eran buenos tiempos para Reagan. Transcurría el último año de su segundo mandato, las elecciones presidenciales serían en noviembre de 1988 y Reagan no podía ser reelecto una tercera vez. Conformaba junto al papa Juan Pablo II y a la primera ministra británica Margaret Thatcher un triángulo dispuesto a acabar con el comunismo, llamaba a la URSS “el imperio del mal” y en siete años de gobierno, en previsión de un conflicto, había aumentado el presupuesto de las fuerzas armadas mientras recortaba las partidas destinadas a la educación, la salud y las ayudas económicas.

El expresidente Ronald Reagan hablando con el líder comunista Mijail Gorbachov en Genova. (Foto: AFP)

El expresidente Ronald Reagan hablando con el líder comunista Mijail Gorbachov en Genova. (Foto: AFP)

Su gestión también estaba sacudida por un par de escándalos. En 1984 se había revelado que Reagan había apoyado a la llamada “contra nicaragüense”, que enfrentaba al sandinismo que había derrocado en 1979 al dictador Anastasio Somoza. Reagan había financiado a la “contra” a espaldas del Congreso, que había negado esa ayuda económica, a través del desvío de fondos, cuarenta y siete millones de dólares de la época, obtenidos por la venta de armas a Irán, el eterno enemigo de Estados Unidos.

La aparición en la escena política soviética de Mikhail Gorbachov y su política de apertura, transparencia y reestructuración, “glasnost y perestroika”, hizo que Reagan dejara en parte de lado su recelo hacia el comunismo soviético para iniciar un acercamiento con Gorbachov, que estaba empeñado en modernizar aquel imperio regido todavía por el alma de los zares y las normas de Stalin.

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La madrugada del domingo 13 de agosto de 1961 Berlin, Alemania y el mundo quedaron divididos en 2 por el muro. (Foto: AFP)

La madrugada del domingo 13 de agosto de 1961 Berlin, Alemania y el mundo quedaron divididos en 2 por el muro. (Foto: AFP)

Ese era el escenario europeo cuando Ronald Reagan y su mujer, Nancy, visitaron el Reichstag, el parlamento alemán, para luego a las dos de la tarde, de espaldas a la puerta de Brandeburgo y protegido por los cristales blindados, el presidente estadounidense habló a los alemanes y, en especial, a Gorbachov. Después de recordar a Kennedy, era difícil obviarlo en esas circunstancias, evocó también su “Yo soy berlinés”. Dijo Reagan: “Delante de la Puerta de Brandeburgo, todo hombre es un alemán separado de sus compatriotas. Todo hombre es un berlinés, obligado a contemplar una cicatriz.” Antes había descrito al Muro como “un vasto sistema de barreras que divide a todo el continente europeo. (…) Sigue habiendo guardias armados y puestos de control y una restricción al derecho a viajar; sigue siendo un instrumento para imponer sobre los hombres y mujeres comunes la voluntad de un estado totalitario”.

Enseguida hizo una breve reseña histórica de la posguerra y del “milagro alemán”. Poco a poco su voz, era un actor consumado aunque no de los buenos, ganó en dramatismo; elevó un poco el tono, algo que era inusual. Habló de la “nueva política de reforma y apertura” de la URSS y osciló entre la duda y la esperanza. Dijo: “¿Son estos los comienzos de cambios profundos en el Estado soviético? ¿O son gestos simbólicos que pretenden dar falsas esperanzas a Occidente y fortalecer el sistema soviético sin cambiarlo? Nosotros damos la bienvenida al cambio y la apertura; pues creemos que la libertad y la seguridad van unidas, que el avance de la libertad del ser humano sólo puede fortalecer la causa de la paz mundial”.

Entonces sí, llegó el bombazo que pareció espontáneo y fruto de la pasión del orador, pero que estaba calculado al milímetro por un político astuto y decidido: “Hay una señal que los soviéticos pueden hacer y que sería inequívoca, que promovería de manera espectacular la causa de la libertad y la paz. Secretario general Gorbachov, si busca usted la paz, si busca usted la prosperidad de la Unión Soviética y Europa Oriental, si busca usted la liberalización: Venga aquí, hasta esta puerta. Señor Gorbachov, ¡abra esta puerta! Señor Gorbachov, ¡tire abajo este Muro!”.

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John F. Kennedy y su gabinete reunidos en 1961 para discutir la situación de Berlín tras la construcción del muro. (Foto: AFP)

John F. Kennedy y su gabinete reunidos en 1961 para discutir la situación de Berlín tras la construcción del muro. (Foto: AFP)

El discurso continuó durante varios minutos. Pero lo que Reagan quería decir, estaba dicho. En Occidente, el desafío de Reagan recibió un tratamiento frío, casi distante; no hubo conciencia inmediata, incluso entre quienes escucharon a Reagan de cerca, de que se había vivido un momento trascendente de la Guerra Fría. Quien sí lo notó fue el canciller alemán Helmut Kohl: dijo luego que jamás olvidaría haber estado cerca de Reagan en ese momento: “Fue un golpe de suerte para el mundo y en especial para Europa”. Los dirigentes comunistas de Alemania del Este tacharon el mensaje de absurdo; la agencia soviética de noticias TASS, acusó a Reagan de “provocador” y de “alentar un discurso de guerra”. En Estados Unidos, “The New York Times lo publicó en la página tres, señalando que el presidente había usado tres frases en alemán. La mejor, según los analistas, era de una vieja canción, Ich hab noch einen Koffer in Berlin: “Todavía tengo una maleta en Berlín”. La única propuesta de Reagan que el diario destacó, se refería a la cooperación entre los aeropuertos internacionales a ambos lados de la ciudad.

Leé también: Un chip de 46 centavos puso al mundo al borde de una guerra nuclear y desató una alarma en el Pentágono

Sin embargo, 29 meses después del discurso de Reagan, el Muro cayó, derribado por la impotencia soviética y el fervor de los alemanes que empezaron a taladrar la enorme muralla con picos y martillos. La noche del 9 de noviembre de 1989, miles de alemanes del Este cruzaron por fin al lado oeste de la ciudad sin que nadie pudiera impedirlo: durante 28 años les habían prohibido viajar al exterior de Berlín oriental. Entre los tantos jóvenes que pasaron al otro lado, había una mujer de treinta y cinco años a quien le auguraban un brillante futuro político: Ángela Merkel.

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Con los años, el discurso en apariencia apasionado de Reagan quedó al desnudo: no sólo había estado planificado palabra por palabra, sino que había sido discutido como lo que era: un asunto de Estado. Peter Robinson, uno de los escritores de discursos de Reagan, reveló: “Unas semanas antes del viaje a Alemania del Presidente, el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional se habían opuesto a ese pasaje en el que Reagan pedía a Gorbachov: ‘¡Abra esta puerta!; ¡Señor Gorbachov, tire abajo este muro!’. Sostenían que esas palabras sonarían excesivamente provocadoras.

Le pregunté al Presidente cuál era el mensaje que quería transmitir y le dije que su discurso iba a ser escuchado por radio en toda Alemania Oriental. Entonces Reagan destacó precisamente esa parte del borrador. «Ese muro tiene que caer, -me dijo- Eso es lo que quiero decirles”. Más tarde, el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional intentaron varias veces bloquear o suprimir ese pasaje del discurso. Pero Reagan lo impidió”.

El expresidente John F. Kennedy junto al excanciller de Alemania Occidental, Konrad Adenauer, durante su visita a Berlín en 1963. (Foto: AFP)

El expresidente John F. Kennedy junto al excanciller de Alemania Occidental, Konrad Adenauer, durante su visita a Berlín en 1963. (Foto: AFP)

Richard Allen, quien años más tarde sería asesor de seguridad de Reagan, reveló que a fines de 1978, nueve años antes de su discurso en Berlín, había acompañado a Reagan, que era entonces gobernador de California, en un viaje inicial a Alemania vía Londres, donde se entrevistó con Margaret Thatcher. En Berlín, Reagan visitó el Muro y se detuvo frente al sitio donde en agosto de 1962 había sido asesinado por los guardias soviéticos Peter Fechter, un chico de 18 años que había intentado escapar al Oeste. “Aquel día nublado de noviembre de 1978 –confió Allen– el gobernador Reagan, de pie frente al Muro, lo miró con fijeza y después, con la mandíbula apretada, se volvió hacia nosotros y dijo: ‘Tenemos que encontrar la manera de derribarlo’”.

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En su excelente “President Reagan: The Triumph of Imagination – Presidente Reagan – El Triunfo de la imaginación”, el escritor e historiador Richard Reeves revela las intenciones de Reagan y su férrea decisión de retar a las autoridades soviéticas a que derribaran aquella muralla vergonzosa. “La comitiva presidencial se dirigió a Berlín para participar en la celebración del 750° aniversario de la ciudad. Reagan quería dar un discurso que compitiera con el de “Ich bin ein Berliner” del presidente Kennedy en 1963. Quería hablar sobre derribar el Muro de Berlín, erigido por los alemanes orientales en agosto de 1961 (…)”

Sobre el desafío a Gorbachov, Reeves recuerda: “No todos estaban de acuerdo con el Presidente, empezando por su jefe de gabinete Howard Baker, quien argumentaba que no era propio de un presidente decir eso, que no serían las palabras las que derribarían el Muro. En una de las reuniones finales antes del 12 de junio, el redactor de discursos Peter Robinson, que había pasado tres semanas reelaborando esas dos frases que serían famosas, reconstruyó la conversación entre el Presidente y sus consejeros: ‘Yo soy el presidente, ¿verdad?’ preguntó Reagan. Ante la obvia respuesta, volvió a preguntar: ‘Así que yo decido, ¿verdad?’ ‘Sí señor presidente’ fue la respuesta. ‘Bueno –dijo por fin Reagan– entonces esa frase queda”.

Y quedó.

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Sumario, Ronald Reagan, Unión Soviética, comunismo, Guerra Fría

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WATCH: Trump DHS escalates pressure over migrant child warnings it says Biden ignored: ‘Move heaven and hell’

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

Homeland Security Secretary Markwayne Mullin accused the Biden administration of turning a «blind eye» to widespread reports of sexual abuse targeting migrants during a Thursday press conference. 

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«We’re going to enforce our nation’s laws, and we’re going to right the wrongs that the Biden administration turned a blind eye to,» Mullin said. «It’s horrific to what’s happening right in our own country because of four years of a blind eye that allowed unvetted sponsors to come pick up 450,000 kids on our borders … their own reports [were] reporting that over a third of the females, regardless of age, was sexually assaulted before they made it to their border.»

In May 2025, Sen. Chuck Grassley, R-Iowa, obtained Department of Health and Human Services data showing that 65,605 reports regarding migrant children were ignored or dismissed under President Joe Biden, including 7,346 reports of human trafficking. Within 100 days of assuming power, the Trump administration had opened dozens of legal investigations from the previously inactive reports.

Acting Attorney General Todd Blanche arrives for the House Appropriations Commerce, Justice, Science, and Related Agencies Committee Subcommittee hearing titled «Oversight Hearing – Department of Justice» in the Rayburn Building in Washington, D.C., on June 2, 2026. (Tom Williams/CQ-Roll Call, Inc)

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NOEM SAYS TRUMP ADMINISTRATION HAS LOCATED 127K MISSING MIGRANT CHILDREN LOST UNDER BIDEN

During the press conference, acting Attorney General Todd Blanche announced that three individuals, all purportedly illegal immigrants from Guatemala, had been indicted in the Northern District of Ohio for allegedly conspiring to smuggle more than a dozen children into the United States by «exploiting the loopholes created by the last administration.»

«This is one example, one indictment, but it is not unique. There are over 15,500 super-sponsor cases that we have identified, along with DHS. And again, these sponsor cases are when somebody sponsors more than three children, unrelated,» Blanche said. 

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Mullin took an emotional tone later in the press conference.

«What’s inhumane about taking care of our kids?» he asked. «As a father of six with three young girls, I’ll do whatever I have to do, I will. I will move heaven and hell to go find these kids.»

«We’re going to bring you to justice. We’re going to charge you, and we’re going to work side by side with Todd Blanch and DOJ to make sure you pay for your crimes,» Mullin added.

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HUNDREDS OF JAILED ILLEGAL ALIENS RELEASED BACK ONTO BLUE-STATE STREETS DESPITE ICE DETAINERS, RECORDS SHOW

Sen. Markwayne Mullin testifying during Senate Committee on Homeland Security and Governmental Affairs hearing on Capitol Hill

Sen. Markwayne Mullin, President Donald Trump’s pick for Homeland Security secretary, testifies during a Senate Committee on Homeland Security and Governmental Affairs hearing on Capitol Hill in Washington on March 18, 2026. (Manuel Balce Ceneta/AP Photo)

A 2021 HHS Office of Inspector General report found that large numbers of child migrant sponsors were not properly vetted before minors were released to them, including 19% of sponsors who authorities never received FBI fingerprint or state child abuse and neglect registry checks.  

ICE SWEEPS UP CHILD PREDATORS, RAPISTS ACROSS US AS MULLIN TAKES HELM OF DHS

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joe biden with milkshake on nantucket

President Joe Biden carries a milkshake while visiting Nantucket for the Thanksgiving holiday in 2023. (BRENDAN SMIALOWSKI/AFP via Getty Images)

While internal government probes uncovered problems in the Biden administration’s processing of migrant children, the administration did take some action in response to abuse concerns and sponsor-vetting failures.

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In July 2024, for instance, the Biden administration sued Southwest Key, a company that operated a processing facility for unaccompanied migrant children, alleging that employees sexually abused and harassed the minors in their care. The administration also accepted recommendations for reform following the 2021 HHS OIG report.  

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The DOJ and Biden’s office did not immediately respond to requests for comment.

DHS directed Fox News Digital to Mullin’s comments during the press conference when approached for additional comment. 

«We found 146,000 kids so far. Some of these kids claimed that they were raped over 600 times. I don’t care who you are. If you can’t stand for law enforcement to go find these kids, who are you?» Mullins said during the press conference. 

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La hepatitis A y E reavivan la alerta sanitaria en Argentina

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La hepatitis A muestra un crecimiento sostenido entre adultos jóvenes, grupo no alcanzado por la vacunación obligatoria desde 2005 (Imagen Ilustrativa Infobae)

La aparición de casos de hepatitis A y E en aguas residuales del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) despertó la preocupación de la Dirección de Epidemiología del Ministerio de Salud de Argentina, que ubicó a estos virus entre los “eventos priorizados y emergentes”.

El aumento de diagnósticos, en particular entre adultos jóvenes no vacunados, y la detección constante del virus de hepatitis E en plantas depuradoras, marcan un cambio en la dinámica epidemiológica que desafía las políticas de prevención vigentes.

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La información publicada por el Boletín Epidemiológico Nacional (BEN) en junio de 2026 refleja que la hepatitis A, históricamente bajo control gracias a la vacunación, experimentó una aceleración significativa en los contagios.

Infografía con mapa de Argentina y símbolos de virus que ilustra la alerta sanitaria por hepatitis, mostrando el aumento de casos en jóvenes, detección en aguas residuales y baja vacunación.
La vigilancia epidemiológica identificó rebrotes de hepatitis A y circulación persistente de hepatitis E, especialmente entre adultos jóvenes no vacunados, lo que obliga a revisar las estrategias de prevención y fortalecer la inmunización. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En solo cinco años, los diagnósticos pasaron de 2 a 53, y en el primer cuatrimestre de 2026 ya se notificaron 34 casos. Este incremento llevó a que la vigilancia sanitaria supere la “zona de seguridad”, con registros sostenidos por encima de los valores esperados a partir de la semana epidemiológica 5. El crecimiento se concentró en mayores de 20 años, un grupo que no recibió la vacuna obligatoria instaurada desde 2005.

La autoridad sanitaria nacional atribuye el fenómeno a la combinación de factores sociales y ambientales. Según el BEN, los casos se distribuyeron principalmente en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Provincia de Buenos Aires y Salta. En esta última, la cifra anual de 2025, que fue de 10 personas, ya casi iguala el registro de 2026, con 7 positivos en menos de medio año.

El informe destaca que “durante el primer trimestre de 2026, la cantidad de casos confirmados ha superado la zona de seguridad, ubicándose sostenidamente por encima de los valores esperados a partir de la Semana Epidemiológica 5”. La tendencia pone la mira sobre los adultos jóvenes, sobre todo varones de 30 a 39 años, que no integraron la campaña de vacunación neonatal obligatoria y hoy constituyen el segmento más afectado.

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El monitoreo de aguas residuales en el AMBA permitió detectar hepatitis A y E, reforzando la vigilancia epidemiológica en Argentina. (Dr. Erskine Palmer/CDC via AP, Archivo)
El monitoreo de aguas residuales en el AMBA permitió detectar hepatitis A y E, reforzando la vigilancia epidemiológica en Argentina. (Dr. Erskine Palmer/CDC via AP, Archivo)

El seguimiento de aguas residuales, resultado de un trabajo conjunto entre el Instituto ANLIS “Dr. Carlos G. Malbrán” y la empresa AySA, permitió identificar la presencia de hepatitis A y E en diversas plantas depuradoras. El análisis, iniciado en 2021, abarcó puntos estratégicos del conurbano bonaerense y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ofreciendo un panorama ampliado sobre la circulación de estos virus.

La Dirección de Epidemiología resalta que “la detección viral en aguas residuales permite abarcar a poblaciones numerosas mediante un único análisis, incorpora a individuos asintomáticos o presintomáticos, y brinda señales tempranas sobre la evolución de epidemias”. Este método complementa el sistema de vigilancia tradicional y refuerza la necesidad de políticas preventivas a escala municipal, provincial y nacional.

El contagio de la hepatitis A ocurre principalmente por vía fecal-oral, lo que sitúa el foco en la seguridad del agua y los alimentos, además de la higiene en contactos sexuales. La crisis económica actual agrava las condiciones de vida y la falta de acceso a servicios básicos, facilitando la transmisión. Los brotes recientes se detectaron sobre todo en varones adultos jóvenes, sector excluido históricamente de la inmunización universal.

Primer plano de un modelo anatómico de hígado humano transparente con una zona roja intensa y visible. Frascos de laboratorio con líquido azul están desenfocados al fondo.
Los casos de hepatitis A pasaron de dos en 2021 a cincuenta y tres en 2025, con treinta y cuatro notificados en solo cuatro meses de 2026
(Imagen Ilustrativa Infobae)

El BEN ofrece un panorama novedoso sobre la hepatitis E, un virus poco frecuente en Argentina pero con circulación confirmada en aguas residuales del AMBA. Aunque los reportes clínicos siguen siendo bajos —menos de cinco casos confirmados en 2026—, el análisis de residuos cloacales arrojó resultados llamativos. El virus de la hepatitis E se detectó en todas las plantas estudiadas, con porcentajes de positividad que oscilaron entre el 49% y el 76%. Para la hepatitis A, la presencia fue más irregular, con picos que llegaron al 22% en algunas instalaciones.

La hepatitis E, aunque de “baja magnitud” según el BEN, puede circular de modo asintomático y tiene la particularidad de transmitirse de forma zoonótica, en el caso del genotipo 3. Un estudio encabezado por Flischman en 2020 señaló que la seroprevalencia en donantes de sangre alcanzó el 11,3%. “Uno de los problemas con quienes no manifiestan síntomas es que son buenos contagiadores para terceros que podrían tenerlos”, detalló el investigador.

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La vigilancia de aguas residuales evidencia la persistencia del virus en la comunidad, aun cuando no se reportan brotes ni cuadros agudos. La presencia sostenida de hepatitis E en las plantas depuradoras representa un llamado de atención para epidemiólogos y autoridades sanitarias, que ven en este fenómeno una posible antesala de nuevos desafíos en salud pública.

Mano enguantada sosteniendo un tubo de ensayo rojo con etiqueta "Hepatitis A Positive", que contiene sangre, y más tubos de ensayo borrosos al fondo.
La vigilancia con aguas residuales incorpora a individuos asintomáticos, brindando señales tempranas sobre la evolución de epidemias
(Imagen Ilustrativa Infobae)

Los datos del Boletín Epidemiológico Nacional revelan que la hepatitis A duplicó su incidencia respecto de la mediana 2022-2025, con 48 casos acumulados en 2026 frente a una mediana de 19 en el periodo anterior. La hepatitis B mostró un ascenso de 214 a 266 casos y la hepatitis C se mantuvo estable, aunque con una leve tendencia a la baja en las últimas semanas.

En hepatitis E, la incidencia fue muy baja, apenas 7 casos confirmados frente a una mediana previa de 2. La vigilancia de transmisión vertical de hepatitis B y los casos en embarazadas se ubicaron en niveles mínimos, sin incrementos significativos.

La cobertura de vacunación para hepatitis A (dosis única al año de vida) se ubicó en el 82% a nivel nacional en 2024, aún por debajo del ideal cercano al 90%. El Ministerio de Salud recomienda la inmunización de quienes no la recibieron oportunamente, en especial personas de grupos de riesgo como varones que mantienen relaciones sexuales con otros varones, mujeres trans, trabajadores sexuales, personas con desórdenes de la coagulación, enfermedad hepática crónica, personal de laboratorio, gastronómicos, y quienes viajan a zonas de alta o mediana endemia.

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Hepatitis B - Minsa- Perú - 19 de junio
La cobertura de vacunación para hepatitis A en el país fue del 82 por ciento en 2024, todavía lejos del ideal de noventa por ciento
– Minsa

En el caso de la hepatitis B, la inmunización se compone de varias dosis: la primera dentro de las primeras 12 horas de vida, seguida de tres refuerzos. Solo el 84% de los recién nacidos recibió la dosis inicial en 2024, y menos del 69% completó el esquema con el refuerzo al año y medio. Los nacidos antes de 2000 podrían no haber accedido a la vacuna, aunque desde 2014 está disponible de forma gratuita para todos los grupos etarios.

La hepatitis C, que carece de vacuna, mantiene un nivel de casos dentro de lo esperado, con 494 confirmaciones en 2026 según el BEN, y una mediana previa de 424. La transmisión ocurre por vía sexual y sanguínea, y el seguimiento epidemiológico no detectó brotes ni eventos agudos de relevancia.

La vigilancia epidemiológica se mantiene activa, con capacidad para emitir alertas ante aumentos bruscos o variaciones anómalas en la dinámica de los virus. No se emitieron advertencias internacionales ni jurisdiccionales específicas para hepatitis en el periodo analizado. Tampoco se registraron recomendaciones extraordinarias para la población o los equipos de salud, más allá del refuerzo en la importancia de la vacunación y el monitoreo de aguas residuales.

Mujer de mediana edad con piel y ojos amarillentos (ictericia) se toca el abdomen superior derecho en una consulta médica, con monitor de ultrasonido y tubos de muestra de sangre al lado.
La hepatitis C mantiene una tendencia estable, mientras que la hepatitis B presenta un leve aumento respecto de años anteriores
(Imagen Ilustrativa Infobae)

La situación de las hepatitis virales en Argentina, especialmente en el AMBA, pone de relieve la eficacia y los límites de las estrategias de salud pública.

El hallazgo de los virus en aguas residuales, la tendencia ascendente de casos en adultos jóvenes y la baja pero sostenida circulación de la hepatitis E delinean un escenario en el que la vigilancia, la inmunización y la investigación epidemiológica se posicionan como herramientas centrales para anticipar y responder a los desafíos de un entorno sanitario en constante cambio.

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