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ECONOMIA

El Gobierno autorizará la compra de Telefónica por parte de Telecom bajo ciertas condiciones

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El frente de la torre de Telecom Argentina

El gobierno de Javier Milei resolvió imponer una serie de condiciones para la compra de Telefónica Móviles Argentina por parte de Telecom, operador perteneciente al Grupo Clarín. Entre otros requisitos, la segunda firma deberá deshacerse de 6 millones de usuarios para que se pueda llevar a cabo la fusión.

La decisión del Tribunal de Defensa de la Competencia (TDC), órgano decisor de la Autoridad Nacional de la Competencia (ANC), fundamentada en un informe técnico elaborado por el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom), apunta a evitar que la operación derive en una posición dominante en el mercado de telecomunicaciones.

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Desde la ANC remarcaron que “la operación reduce a dos los operadores de red móvil independientes del país. Antes de la operación, el mercado nacional tenía tres jugadores: AMX (Claro, 41,8%), Telecom (Personal, 33,8%), y Telefónica (Movistar, 24,4%). Con la concentración, el operador resultante alcanzaría el 58% del mercado y AMX (Claro) quedaría con el 42%”.

A la vez, consideraron que “de no mediar remedios estructurales, la operación crearía un duopolio en servicios de comunicaciones móviles (voz, SMS y datos)”.

En simultáneo, se dispuso que Telecom deberá transferir a un adquirente independiente una base de 6.000.000 de clientes móviles activos: 4.000.000 en el Área Metropolitana de Buenos Aires y 2.000.000 en el resto del país. La transferencia contemplaría contratos, numeración e historial, sin generar costos para los usuarios.

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Telecom anunció la compra de Telefónica a principios de 2025.
Telecom anunció la compra de Telefónica a principios de 2025.

Además del traspaso de clientes, la empresa deberá ceder el espectro radioeléctrico necesario para prestar el servicio de manera adecuada. Según lo resuelto por el Tribunal, la cesión de clientes y la transferencia de espectro se consideran indivisibles. El diseño técnico de esta transferencia quedará a cargo del Enacom.

También se determinó que el nuevo operador ingresante tendrá acceso a acuerdos de compartición de red, lo que permitirá el uso conjunto de antenas y equipos de radio (RAN sharing), la prestación del servicio sobre la red de otro operador (roaming nacional e internacional) y el alojamiento de equipos en sitios compartidos (co-ubicación).

El plazo mínimo de esta modalidad será de tres años, con posibilidad de renovación hasta que el nuevo competidor cuente con una red propia operativa. Mientras tanto, Telecom deberá garantizar el acceso a sus sistemas de gestión comercial.

En materia de servicios fijos, corporativos y mayoristas, el TDC ordenó la desinversión de la cartera de abonados de Telefónica (Movistar) en 28 localidades de cinco distritos —Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Buenos Aires, Mendoza, Neuquén y Río Negro—, que comprenden 211.400 abonados.

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En aquellas localidades donde una desinversión estructural no resulte viable por cuestiones de escala, el Tribunal fijó obligaciones de conducta específicas: no se podrá reducir la calidad del servicio, deberán eliminarse las cláusulas de permanencia mínima y la paquetización obligatoria, y estará prohibido aplicar diferencias en precios, promociones o beneficios según la ubicación geográfica.

En paralelo, se estableció que la desinversión de los activos deberá finalizarse en un período máximo de 18 meses, bajo la supervisión de un Agente de Monitoreo independiente, que junto a la Secretaría de Concentraciones Económicas controlará el cumplimiento de los hitos establecidos por el Tribunal en sus requisitos.

“Estas condiciones estructurales y conductuales buscan prevenir una concentración excesiva en el mercado de las telecomunicaciones y resguardar la competencia efectiva en beneficio de los usuarios, cuestiones fundamentales para los consumidores que se veían comprometidas en las propuestas presentadas por Telecom”, explicó la administración libertaria.

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Personal
Personal, la marca de Telecom Argentina

La resolución es excesiva y, sobre todo, está pensada con una cabeza más de los ’90 que de ahora. Es un encuadre competitivo antiguo que no refleja el mercado de telecomunicaciones actual. Tenemos a Starlink operando en banda ancha satelital, por ejemplo, y siguen contando los abonados uno por uno en las distintas regiones del país. Es erróneo. Nos obligan a una desinversión que es complicada y no tiene antecedentes. Estamos analizando las consecuencias porque cotizamos y es algo que tiene una consecuencia que son números. Vamos a analizar los pasos a seguir y no descartamos ninguna alternativa”, destacaron desde Telecom.

“Nos piden que dejemos lo que representa el 40% de usuarios móviles de Movistar y quieren armar un competidor al que tenemos que garantizarle las condiciones. Quieren que haya tres operadores móviles y crean uno que va a tener condiciones escuálidas en un mercado que no da para tres jugadores. La única forma de crecer es invirtiendo y con mercados más consolidados, no menos”, detallaron desde la empresa compradora.

Y sumaron: “Es lo que pasa en el mundo. Este año solo nosotros vamos a invertir en infraestructura unos USD 1.300 millones, y desde 2018 desembolsamos USD 9.000 millones. Son cifras grandes para una competencia que no es local, es global. Flow compite con el mundo, con todas las plataformas, y requiere una red en condiciones que consume cada vez más datos”.

  • Desprendimiento de casi el 50% de su cartera: Telecom deberá transferir 6 millones de usuarios de telefonía móvil -4 millones del AMBA y 2 millones en el resto del país- además de la infraestructura correspondiente, a un nuevo operador del sector, con una distribución estratégica en el AMBA, la Región Norte y la Región Sur.
  • Acceso a infraestructura: la empresa deberá permitir que un nuevo operador utilice su infraestructura, espectro, sistemas y condiciones de interconexión durante un período de dos años, manteniendo la continuidad y calidad del servicio mientras el nuevo competidor despliega su red propia.
  • Devolución del espectro radioeléctrico: la medida incluye la restitución de 130 MHz en total, con una devolución inmediata de 60 MHz a nivel nacional, devoluciones adicionales en áreas con alta concentración y la asignación del remanente al mercado secundario para que otras compañías puedan acceder a ese espectro.
  • Reestructuración en internet fija: También se establece la obligación de transferir clientes a otros operadores en aquellas localidades donde, tras la adquisición, la participación minorista supere el 50 por ciento.

Según estimaciones oficiales, estas exigencias buscan evitar que una sola empresa concentre cerca del 70% del sector de telecomunicaciones, limitando su participación a alrededor del 50% del mercado.

Desde el Gobierno indicaron que la fusión solo será viable si se implementan estas medidas que “evitan la consolidación de posiciones dominantes y garantizan que no se reduzcan las opciones disponibles para consumidores, empresas y potenciales competidores”.

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“El objetivo final es consolidar un mercado de telecomunicaciones abierto, dinámico y competitivo, libre de posiciones dominantes que puedan perjudicar a los usuarios y al desarrollo del país”, destacaron en un comunicado oficial.

El 24 de febrero de 2025, la casa matriz de Telefónica en España anunció la venta de su filial argentina al Grupo Telecom. El acuerdo abarcó todos los servicios que la empresa ofrecía en el país, entre ellos telefonía móvil, acceso a internet y telefonía fija, configurando un cambio de relevancia en el sector de las telecomunicaciones nacional.

La operación contempló la transferencia de los activos y la cartera de clientes de Movistar Argentina, consolidando la presencia de Telecom en el mercado local. Esta maniobra estratégica despertó inquietudes entre autoridades y especialistas, debido al riesgo de una mayor concentración en un segmento ya dominado por pocos actores.

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Luego del anuncio, el Gobierno intervino y, el 21 de marzo de ese año, la Secretaría de Industria y Comercio dispuso la suspensión preventiva de la transacción. Ahora, el Tribunal de Defensa de la Competencia dispuso la desinversión de Telecom para dar luz verde a la compra de Telefónica.

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ECONOMIA

El dólar sigue subiendo, supera a la inflación del mes y se frena el proceso de apreciación cambiaria

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De mantenerse la tendencia alcista, el dólar podría superar a la inflación en junio. (REUTERS/Willy Kurniawan)

La nueva suba del dólar, que ayer cerró a $1.470 para la venta en el mercado oficial, representa un cambio de tendencia respecto a lo que venía ocurriendo en los primeros meses del año. El tipo de cambio acumula con este ajuste un incremento de 2,7% en el mes y supera la inflación proyectada para junio, que podría perforar el 2 por ciento.

La cotización oficial había cerrado mayo a $1.430, en un mes que había mostrado récord de compra de dólares por parte del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Sin embargo, el billete verde casi no se había movido.

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En junio, la dinámica cambiaria es bastante diferente. El Central sigue comprando pero a un ritmo mucho menor al del quinto mes del año. A modo ilustrativo, en la última jornada la autoridad monetaria adquirió USD 70 millones y casi todos los días viene por debajo de ese nivel. A pesar de que hubo una menor demanda oficial, igual el tipo de cambio viene operando en alza.

Las opciones son dos: bajó la oferta de divisas o bien aumentó la demanda. Es posible que se estén dando ambas situaciones a la vez. Además, con el pago del medio aguinaldo también se estarán inyectando más pesos en las cuentas de los empleados y es probable que parte de ese dinero termine canalizándose hacia el dólar.

En los meses anteriores, la compra de dólares por parte de las personas se mantuvo relativamente alta, en el orden de los USD 2.300 millones mensuales. Esto significa que aún con un tipo de cambio muy planchado el público igual prefiere comprar. De hecho, alrededor de 1,5 millones de argentinos adquieren divisas por mes.

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En los cinco primeros meses del año, el dólar oficial se apreció alrededor del 10%. En otras palabras, la economía argentina se encareció en dólares de manera bastante rápida. Ahora, al menos en lo que va de junio, se frenó este proceso y proyecta lo que podría ocurrir en el segundo semestre de 2026.

De acuerdo a los datos que surgen del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) divulgado por el Banco Central, los analistas esperan que en lo que resta del año el dólar se mueva muy parejo con la evolución de la inflación. Esto implica que el tipo de cambio finalizaría el año levemente por debajo de los 1.700 pesos.

Sin embargo, algunas consultoras, como el caso de Invecq que dirige Esteban Domecq, piensan que el dólar podría acelerarse en relación a la evolución de la dinámica inflacionaria. Esto implica que habría una reversión parcial en el proceso de apreciación cambiaria, respondiendo a quienes advierten que el encarecimiento en dólares de la economía resulta peligroso.

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La suba del tipo de cambio también se produjo en el contado con liquidación, que ayer trepó hasta 1.511 pesos. La brecha con el oficial se mantiene en niveles inferiores al 3 por ciento.

Pese a la apreciación cambiaria de los últimos meses, Argentina registró en mayo de 2026 un superávit comercial récord de USD 3.504 millones, sumando así 30 meses consecutivos con saldo positivo en la balanza. Este resultado sin antecedentes se logró gracias a la combinación de exportaciones récord y una caída en las importaciones

Las exportaciones alcanzaron la cifra histórica de USD 9.537 millones (un crecimiento interanual del 34,4%) impulsadas principalmente por combustibles, energía y productos del agro.

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En tanto, las importaciones cayeron un 7% interanual, hasta USD 6.033 millones. Con estos números, el acumulado de los primeros cinco meses del año alcanzó un superávit cercano a los USD 11.800 millones, superando ya el total positivo de todo el año 2025.



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ECONOMIA

El FMI pone la mira en el Monotributo y propone un cambio que afectará a millones de contribuyentes

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Cuando el monotributo nació, en 1998, el techo máximo para quedarse en el régimen era de $144.000 anuales. En plena convertibilidad, eso equivalía a u$s144.000. Hoy, ajustados por la inflación acumulada en Estados Unidos durante esos 27 años, esos mismos dólares representarían aproximadamente u$s270.000. Sin embargo, la categoría más alta del monotributo vigente en junio de 2026 permite facturar hasta $108 millones anuales, poco más de u$s74.000 al tipo de cambio oficial. Es decir: el techo real del régimen se redujo a menos de la mitad de lo que era cuando fue creado.

Esa brecha no es un accidente. Es el resultado de décadas de actualizaciones insuficientes que fueron comprimiendo el régimen hacia abajo, empujando en teoría a los contribuyentes de mayores ingresos hacia el régimen general. Lo que ocurrió en la práctica fue otra cosa: millones de trabajadores independientes permanecen inscriptos en el monotributo según los últimos datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) a febrero de 2026, una cifra que los propios técnicos reconocen podría estar subestimada dado que ARCA, el organismo recaudador, no publica estadísticas desagregadas por categoría. Nadie sabe con certeza cuántos monotributistas están acumulados en las categorías superiores, facturando cerca del techo y evaluando cada año si les conviene pasarse al régimen general o seguir en el gris.

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Ahora el Fondo Monetario Internacional (FMI) pone el tema sobre la mesa y propone reformarlo en el documento técnico que acompaña a la segunda revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas firmado con Argentina.

El diagnóstico de partida es contundente. El sistema tributario argentino es, según el texto del FMI, «complejo, altamente distorsivo e inestable, y pesa sobre el crecimiento y la competitividad». Con una presión fiscal equivalente al 27% del PBI en 2025, Argentina no tiene un problema de recaudación insuficiente sino de recaudación mal construida: más de 155 impuestos, tasas nominales elevadas y una base imponible estrecha por la proliferación de regímenes especiales.

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Dentro de ese mapa, el Monotributo ocupa un lugar destacado. El FMI estima que el régimen genera un gasto tributario de aproximadamente 1 punto porcentual del PBI, lo que lo convierte en la segunda fuente de erosión de la base imponible después del IVA. El organismo reconoce sus virtudes: «simplifica el cumplimiento, promueve la formalización y amplía la cobertura de salud y jubilación». Pero al mismo tiempo señala sus problemas estructurales.

El primero es la brecha de carga fiscal. El Monotributo «impone una carga efectiva mucho menor que el régimen general, lo que genera fragmentación de empresas y limita el crecimiento de los negocios». El segundo es el efecto escalón: «la estructura de pagos fijos crea saltos bruscos en la obligación tributaria entre categorías que desincentivan el pasaje a tramos superiores de facturación». En criollo: el sistema premia quedarse quieto.

La recomendación del FMI es directa. Cualquier reforma del monotributo debería:

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  • Reducir los efectos de umbral
  • Alinear las tasas efectivas y las contribuciones a la seguridad social con el régimen general
  • Aprovechar las herramientas digitales para simplificar el cumplimiento

Y pone número a la apuesta: alinear el Monotributo con el sistema general del Impuesto a las Ganancias podría generar una ganancia fiscal de 1 punto porcentual del PBI.

El mapa de los contribuyentes

El monotributo tiene once categorías. Las primeras siete funcionan como debería funcionar un régimen simplificado: una carga fiscal modesta, entre el 3 y el 5% de la facturación, para trabajadores independientes de ingresos bajos y medios. El problema empieza cuando se llega a las categorías superiores, donde el régimen revela su verdadera tensión con el sistema general.

Tomemos el caso de un profesional independiente, un contador, un arquitecto, un desarrollador de software, que factura cerca del techo de la categoría H: $70 millones anuales, unos u$s48.000 al tipo de cambio oficial de junio de 2026. En el monotributo, ese profesional paga una cuota mensual de $447.346 si presta servicios, lo que representa una carga anual del 7,7% sobre su facturación. Si en cambio ese mismo año su facturación supera el techo y queda obligado a pasarse al régimen general, la carga estimada salta al 42%. De un año al otro, la presión fiscal se multiplica por cinco y medio.

La categoría K, la más alta del régimen, hace la diferencia aún más elocuente. Un contribuyente que factura hasta 108 millones de pesos anuales, equivalentes a 74.000 dólares, paga en el monotributo el 15,3% si presta servicios, o apenas el 6,7% si vende bienes. Frente al 45% del régimen general, la brecha llega a casi 40 puntos porcentuales.

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Esos números explican por sí solos por qué millones de trabajadores independientes permanecen en el monotributo según los datos del SIPA a febrero de 2026, y por qué muchos de ellos hacen lo imposible por no cruzar el umbral. Pero hay un factor adicional que el debate público casi nunca menciona y que termina de cerrar la trampa: quien supera el techo del monotributo y pasa al régimen general no puede volver hasta que transcurran tres años calendario completos, contados desde el primero de enero del año siguiente a la exclusión. Tres años pagando el 42 o el 45% antes de poder solicitar el regreso.

La categoría K del monotributo, la más alta del régimen, hace la diferencia aún más elocuente

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Las propuestas del FMI a la luz de la historia

El régimen nació en 1998 con una lógica de emergencia social. La Argentina de los 90 había expulsado del mercado laboral formal a miles de trabajadores: las privatizaciones, el achicamiento del Estado y la reconversión productiva volcaron al cuentapropismo a una generación que anteriormente era asalariada. Gente que había perdido la corresponsabilidad del patrón y necesitaba urgente una jubilación y una obra social a bajo costo. El monotributo fue, en ese contexto, menos un instrumento fiscal que una política de inclusión social con forma de impuesto.

Esa matriz de origen explica buena parte de sus resistencias actuales a cualquier reforma. Cada vez que el sistema fue modificado, la lógica dominante fue la de ampliar la cobertura, no la de acercarlo al régimen general. La reforma de 2004 incorporó a las cooperativas de trabajo y a las sociedades de hecho. La de 2009 elevó los topes de facturación. La de 2016 le sumó asignaciones familiares y recategorización de oficio. En ninguna de esas instancias se abordó la brecha de carga fiscal entre el monotributo y el régimen general como un problema en sí mismo. Se la administró, se la contuvo, pero nunca se la discutió de frente.

El resultado, visto desde 2026, es un régimen que cumplió sus objetivos originales de formalización e inclusión pero que creció en una dirección que sus creadores no habían previsto del todo: se convirtió en el techo contributivo para millones de trabajadores independientes que, ante la alternativa de pagar el 42 o el 45% en el régimen general, encontraron en el monotributo no un escalón hacia la formalidad plena sino un destino permanente. Lo que el FMI llama «fragmentación de empresas y limitación del crecimiento de los negocios» es, visto desde adentro, la respuesta racional de contribuyentes que aprendieron que crecer fiscalmente en Argentina tiene un costo prohibitivo.

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El costo político y la viabilidad de la reforma

Reformar el monotributo es, en términos políticos argentinos, un ejercicio de equilibrismo sobre un cable sin red. Los millones de contribuyentes inscriptos en el régimen no son solo un dato estadístico: son votantes, son familias, son el tejido productivo de barrios y ciudades del interior que identifican al monotributo no como un privilegio fiscal sino como el único puente que los conecta con la salud y la jubilación. Tocar ese puente tiene un costo electoral que ningún gobierno desde 1998 estuvo dispuesto a pagar de manera frontal.

El FMI lo sabe. Y su propuesta, leída con atención, no es una reforma de shock sino una hoja de ruta gradual. El Selected Issues Paper no pide eliminar el monotributo ni fusionarlo abruptamente con el régimen general. Pide tres cosas más acotadas: reducir los saltos bruscos entre categorías, alinear progresivamente las tasas efectivas y las contribuciones a la seguridad social con el régimen general, y aprovechar las herramientas digitales para mantener la simplicidad del cumplimiento durante la transición. La ganancia fiscal estimada de 1 punto del PBI no es el punto de llegada de una reforma inmediata sino el horizonte de una convergencia gradual.

El problema es que en Argentina lo gradual tiene una historia propia. Cada vez que un gobierno intentó actualizar los topes del monotributo por debajo de la inflación real, lo que ocurrió fue exactamente lo contrario de lo que pretendía la política: no hubo migración ordenada al régimen general sino profundización de la zona gris. Contribuyentes que dividieron su facturación entre familiares, que postergaron obras, que dejaron de emitir comprobantes por encima del umbral. La presión descendente sobre los topes, lejos de empujar hacia arriba, empujó hacia los costados.

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La administración Milei enfrenta este desafío en un momento peculiar. Por un lado, tiene el mandato político más sólido en años para avanzar en reformas impositivas de fondo: el propio Staff Report celebra la aprobación de la Ley de Blanqueo Fiscal y la Ley de Modernización Laboral como señales de capacidad legislativa. Por otro lado, cualquier reforma del monotributo que se perciba como un aumento de la carga para trabajadores independientes choca de frente con el discurso libertario de reducción impositiva que es la columna vertebral de la identidad política del gobierno. Subir la presión fiscal sobre millones de monotributistas, aunque sea gradualmente y aunque el objetivo declarado sea acercarlos al régimen general, es difícilmente vendible como una baja de impuestos.

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ECONOMIA

¿La Argentina dejará de ser un mercado aislado?: se conoció un informe clave de MSCI que miran todos los inversores

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MSCI mantuvo sin cambios un informe clave sobre la Argentina. (REUTERS/Thomas White)

La publicación del informe anual de Morgan Stanley Capital International (MSCI) generaba una fuerte expectativa entre analistas e inversores, en un contexto donde se aguarda otro momento clave para la plaza local: la próxima semana se analizará si corresponde iniciar una consulta pública para una eventual reclasificación de Argentina. Sin embargo, el reporte difundido hoy confirmó que no hubo cambios en la evaluación del país respecto a las dos ediciones anteriores.

El informe, titulado Global Market Accessibility Review, detalló que persisten barreras y limitaciones para inversores extranjeros en varios aspectos del mercado local, así como algunas condiciones que continúan restringiendo el acceso de capital internacional.

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El análisis evaluó a los países según criterios como grado de apertura a la inversión extranjera, restricciones a los flujos de capital, funcionamiento operativo, acceso a distintos instrumentos financieros y solidez del entorno institucional.

MSCI advirtió que, si bien en abril de 2025 se flexibilizaron algunos controles de capital y se permitió a los inversores extranjeros repatriar nuevas ganancias provenientes de inversiones en acciones, “esto sigue sujeto a condiciones documentales”. El reporte detalló que las utilidades obtenidas con anterioridad continúan bajo restricciones y “no pueden ser repatriadas libremente”.

En cuanto al mercado cambiario, señaló que “no existe un mercado de divisas en el exterior y existen limitaciones en el mercado cambiario local”, detallando que las operaciones deben estar vinculadas directamente a transacciones de valores. Adicionalmente, el documento precisó que “toda la documentación debe presentarse en español” para el registro de inversores y la apertura de cuentas.

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El informe de MSCI expone cada una de las condiciones vigentes para inversores internacionales en el mercado argentino:

  • Derechos iguales para inversores extranjeros: la información empresarial no siempre está disponible en inglés.
  • Restricción al flujo de capitales: la flexibilización de restricciones en abril de 2025 permitió repatriar nuevas ganancias, pero esto depende de la presentación de documentación y las utilidades previas siguen sujetas a restricciones.
  • Liberalización del mercado cambiario: ausencia de mercado de divisas en el exterior y restricciones locales, como la obligación de vincular operaciones cambiarias a transacciones de valores.
  • Registro de inversores y apertura de cuentas: toda la documentación debe ser presentada en español.
  • Regulaciones de mercado: no todas las normativas están disponibles en inglés.
  • Flujo de información: la información detallada del mercado bursátil no siempre se divulga en inglés.
  • Compensación y liquidación: no existe la figura de custodio nominal y las facilidades de sobregiro permanecen prohibidas.
  • Operaciones: la competencia entre agentes de bolsa es limitada, lo que puede traducirse en costos de negociación más altos.
  • Transferibilidad: se permiten operaciones fuera de mercado, aunque existen restricciones.
  • Disponibilidad de instrumentos de inversión: las limitaciones sobre el uso de datos bursátiles restringen la oferta de instrumentos.
  • Estabilidad institucional: el informe menciona intervenciones gubernamentales que han puesto en duda la estabilidad de la economía de “libre mercado”, incluso en lo que respecta a la actividad de inversores extranjeros.

Este reporte constituye un examen técnico y cualitativo que se realiza cada año para identificar los obstáculos operativos que enfrentan los inversores institucionales extranjeros, y funciona como una auditoría previa antes de la revisión anual de clasificación de mercados.

“El informe del MSCI de hoy no implica que la semana que viene no se anuncie un período de consulta para una posible reclasificación. No ayuda, pero no descartemos nada”, aclaró Sebastián Maril, analista de Latam Advisors.

Morgan Stanley proyectó ingreso de flujos por USD 4.500 millones a la Argentina en caso de una eventual reclasificación. (REUTERS/Lucas Jackson)
Morgan Stanley proyectó ingreso de flujos por USD 4.500 millones a la Argentina en caso de una eventual reclasificación. (REUTERS/Lucas Jackson)

Los próximos días resultan determinantes para el proceso de revisión de la calificación de la Argentina por parte de MSCI, ya que el 23 de junio está prevista la publicación del Market Classification Review.

Actualmente, la economía argentina figura en la categoría más baja del sistema, conocida como “Standalone Market”. En esta clasificación se encuentran también países como Panamá, Jamaica y Trinidad y Tobago en América Latina, y otros como Malta, Bosnia, Palestina, Nigeria, Zimbabue, Líbano y Ucrania en otras regiones, todos señalados por atravesar crisis o por su escasa integración financiera internacional.

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El 23 de junio se evaluará si se inicia la consulta pública de los inversores que podría abrir la puerta a un cambio de estatus para el país con una decisión final recién prevista para 2027.. La concreción de los requisitos técnicos y el respaldo de la comunidad inversora internacional son condiciones necesarias antes de cualquier modificación de categoría, lo que podría favorecer la llegada de capitales y alterar la percepción de riesgo sobre Argentina.

El procedimiento de revisión que aplica MSCI se caracteriza por su exhaustividad y está basado en pautas técnicas y de accesibilidad para los inversores. El objetivo de la administración local es que el país recupere el rango de “mercado emergente”, al que ya pertenecen Brasil, Chile, Colombia, México y Perú dentro de la región.

Para lograrlo, Argentina debe demostrar avances en la apertura a inversores extranjeros, regulaciones más claras, mayor liquidez y capitalización en sus empresas. Aun así, persisten restricciones cambiarias para las compañías y, antes de alcanzar el estatus de emergente, existe una instancia intermedia: la de “mercado de frontera”.

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El avance hacia una eventual reclasificación implicaría que numerosos fondos de inversión comenzarían a modificar la composición de sus carteras para ajustarse a la presencia de Argentina en los índices internacionales. Según estimaciones, una eventual inclusión en la categoría de mercado fronterizo otorgaría al país una participación cercana al 5% en ese segmento.

Un reporte de Morgan Stanley calcula que la entrada de capitales internacionales para la compra de acciones argentinas podría alcanzar los USD 4.500 millones, dado que varios fondos globales deberían sumar títulos locales para reflejar la integración de Argentina en los índices.

No obstante, desde la entidad advierten que el proceso no será inmediato. “Argentina ha realizado las reformas necesarias para aspirar a una mejor clasificación y regresar al grupo de mercados emergentes. Sin embargo, estimamos que esto recién podría concretarse a fines de 2027 o, eventualmente, en 2028”, señalaron desde el organismo financiero.

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