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La noche en que una función de ópera en Berlín puso al mundo al borde de la guerra nuclear

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La ópera tiene amantes y detractores. Los amantes son, como todos, apasionados. Los detractores esgrimen alguna tontería como la que afirma que es un género anticuado y vetusto, que lo es. También la guerra es anticuada y vetusta y sigue allí. Ahora, que un tipo esté dispuesto a desatar una guerra, probablemente atómica, porque le gusta la ópera, esa sí que es una tontería grande como una catedral.

Sin embargo, hace 65 años, a partir del domingo 22 de octubre de 1961, estuvimos a punto de ir a la guerra nuclear porque a Allen Lightner, el más alto cargo civil de la misión diplomática de Estados Unidos en la Alemania dividida y en el Berlín dividido, se le ocurrió ir junto a su esposa a escuchar ópera al sector Este de la ciudad. Eso era un desafío para las fuerzas de ocupación soviéticas que frenaron a Lightner, a su mujer y al auto del diplomático ni bien sus ruedas pisaron el sector ruso.

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Cinco días después, el viernes 27, treinta tanques de Estados Unidos se enfrentaron con treinta tanques soviéticos a poco más de 30 metros de distancia, cara a cara, cañón a cañón, a ver quién pestañeaba primero. El mundo se paralizó, estuvimos así de ir a la guerra, tuvo que intervenir un espía ruso para calmar las aguas y el fantasma de la guerra huyó, se agazapó en espera de otra oportunidad.

También es posible que, además de gustarle la ópera, Lightner fuese un provocador. Lo era. La historia es una muestra, quién sabe si simpática, del ardiente mundo de lo que se llamó Guerra Fría. Todo sucedió a dos meses de instalado el Muro de Berlín que, en principio, fue de alambres de púas y bolsas de arena. Muro, lo que se dice muro de cemento y piedra, se construyó después. En aquella ciudad dividida, los berlineses del Este tuvieron prohibido pasar al Oeste y los del Oeste ni pensaban en pasar al Este. Quienes lo hacían necesitaban un permiso oficial y presentar sus documentos a la policía de la RDA, la República Democrática Alemana, dominada por la URSS a cargo de Nikita Khruschev.

Convoyes militares estadounidenses y patrullas de la policía oriental en la frontera del muro. (Foto: National Archives and Records Administration)

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Khruschev quería Berlín para la URSS porque vigente estaba la idea que afirmaba que quien dominara Berlín dominaría Europa. Y había pensado en otorgar cierta independencia, figurada y figurativa, a la RDA que presidía entonces Walter Ulbricht, un comunista alemán que en 1933 había huido de los nazis y había ido a parar a los brazos de oso del dictador José Stalin. Por orden de Khruschev, Ulbricht había dispuesto que el muro en formación y crecimiento, alambres y arena, estuviese bajo vigilancia de la policía militarizada de la RDA, conocida como Volkspolizei y mucho más conocida como “vopos”, uniformados todos de un verde demasiado similar al de la destruida Whermacht de Adolf Hitler, y con unos cascos en forma de pequeña palangana. Eran los “vopos” los que pedían papeles a los occidentales que querían pasar al sector Este.

Pasar hacia el lado comunista no era para todos. Estaba reservado solo para militares o civiles empleados por las fuerzas aliadas, empleados de las embajadas, extranjeros, trabajadores permanentes de la República Federal Alemana, la occidental y funcionarios de la RDA. Para los aliados, aceptar la autoridad de los “vopos” para pedir papeles o cualquier otra cosa, implicaba el reconocimiento de cierta soberanía del sector oriental de Berlín, y eso era inaceptable: solo hablaban con autoridades o tropas soviéticas.

En ese ambiente volátil, a Lightner se le ocurrió aquel domingo ir a la ópera de Berlín para ver y escuchar a una compañía de teatro lírico experimental checoslovaca. Poner en peligro la paz del mundo por apostar a una compañía experimental checa es tener un par de narices de acero. Pero el tipo estaba empeñado en pasar un domingo musical. Le pidió a su mujer, Dorothy, que lo acompañara, treparon ambos al Volkswagen familiar y encararon para el estratégico Checkpoint Charlie que fue desmantelado y demolido el 22 de junio de 1990, después de la caída del Muro, y hoy es un museo; pero en esa época, y por casi tres décadas, fue uno de los puntos clave de la Guerra Fría.

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El Muro había dejado apenas tres pasos abiertos a lo largo de todo Berlín y con los debidos controles fronterizos, se trataba de una ciudad dividida en dos en un país también dividido en dos. Los aliados les dieron el nombre del alfabeto fonético militar que es casi universal. Al primero de los pasos lo llamaron Checkpoint Alfa: estaba en la autopista que conectaba a Berlín con la zona del Rhur. Al segundo lo llamaron Checkpoint Bravo, se alzaba en la autopista Dreilinden, que también conectaba la zona del Rhur, pero por el Este. El tercero, el Checkpoint Charlie, se instaló en la Friedrichstrasse, la avenida más céntrica y comercial de Berlín de antes de la guerra, ahora también dividida en dos.

Lightner puso su Volkswagen en marcha en la puerta de su residencia del distrito de Dahlem, una mansión que le había sido confiscada a un jerarca nazi, con plena conciencia de lo que iba a suceder: su vida no corría peligro; su noche de ópera, sí. Cuando dejó atrás el Checkpoint Charlie y Berlín Oeste y entró en Berlín Este, los “vopos” le salieron al paso, interceptaron el auto y le pidieron papeles, documentos, autorizaciones; Lightner se negó: solo se identificaría ante oficiales soviéticos. Los policías le dijeron que era domingo y que no iban a hallar disponible a ninguna autoridad rusa: o mostraba los papeles o regresaba. Lightner dijo que de ninguna manera, que tenía entradas para la ópera y que tenía decidido pasar.

La discusión siguió durante 45 minutos, hubo gritos, amenazas y desafíos. Los “vopos” tenían orden de disparar a cualquiera que quisiera entrar al Este sin papeles, como si se tratara de alguien que pretendía huir a Berlín Oeste, pero sabían que matar a un diplomático estadounidense podía desencadenar una guerra. Desde el teléfono de su auto, un adelanto técnico de la época, Lightner llamó al general Lucius Clay y le contó en qué lío estaba metido.

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Un auto diplomático de los Estados Unidos rodeado de soldados americanos cruza hacia Berlín Oeste. (Foto: National Archives and Records Administration)

Un auto diplomático de los Estados Unidos rodeado de soldados americanos cruza hacia Berlín Oeste. (Foto: National Archives and Records Administration)

Clay era un héroe para los alemanes: había sido segundo del general Dwight Eisenhower durante la guerra y había enfrentado con éxito el bloqueo de Berlín ordenado por Stalin en 1948. Se había retirado en 1949, pero el presidente John Kennedy le pidió que regresara a Berlín como su enviado especial. Clay estaba en desacuerdo con la política apaciguadora de Estados Unidos frente al Muro, así que aquel domingo dijo a Lightner que siguiera adelante con su osada excursión hacia el peligro.

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Por su parte, Lightner no era solo un amante de la ópera. Como joven diplomático enviado a la Unión Soviética a fines de 1930, había huido con todos los documentos de la embajada estadounidense en Moscú cuando los nazis invadieron la URSS en 1941. Era un anticomunista fervoroso, que fue a parar a Londres para compartir con los británicos los refugios subterráneos durante los bombardeos alemanes. Su decisión de ir a la ópera formaba parte de un plan pergeñado y autorizado por Clay para saber hasta dónde se podía torcer el brazo a los soviéticos en Berlín.

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Soldado estadounidense monitoreando los tanques soviéticos. (Foto: National Archives and Records Administration)

Soldado estadounidense monitoreando los tanques soviéticos. (Foto: National Archives and Records Administration)

En pleno tira y afloje con la policía militarizada alemana, y cuando caía la tarde otoñal, uno de los “vopos” le advirtió al empecinado Lightner: “Va a tener que quedarse aquí toda la noche, hasta mañana, cuando aparezca algún oficial soviético, si es que aparece alguno”. Y Lightner, que a esta altura ya había olvidado a la compañía experimental checa de lírica, dijo: “Lo siento, voy a usar mi derecho como miembro de los aliados a entrar en cualquier sector de Berlín”. Apretó el acelerador, el Volkswagen pegó un salto, casi embiste a dos policías y fue a detenerse cerca de uno de los bloques de cemento colocados en forma escalonada, que impedían el paso veloz de cualquier vehículo. Los alemanes, armados hasta las cejas, volvieron a frenar el auto mientras desde el sector Oeste dos jeeps cargados con soldados del Grupo de Batalla 2, armados con fusiles M14 y bayoneta calada, todos a órdenes de Clay, estacionaron detrás del auto de Lightner y lo rodearon para protegerlo. Fue la primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial que tropas estadounidenses entraron en territorio soviético.

Uno de los soldados americanos invitó a Dorothy Lightner a bajar del auto y a regresar con uno de ellos al Checkpoint Charlie. La mujer no quiso. “Órdenes del general Clay –le dijo el soldado– Nuestras órdenes dicen que su presencia no es necesaria aquí”. La mujer volvió al Oeste y Lightner, con siete soldados que custodiaban su auto, entró con suma lentitud unos 150 metros en Berlín Este, sin que los “vopos” atinaran a hacer algo. El Volkswagen después giró en U y regresó a Berlín Oeste, solo para volver a ingresar al Este y repetir el paseíto, siempre con los soldados de Clay dispuestos a disparar. Frente al Checkpoint Charlie se alistaron un par de tanques americanos y unos bulldozers dispuestos a arrasar en parte aquel precario muro de alambre de púas y arena si era necesario. No fue necesario.

Así fue como terminó todo. O casi todo. Faltaba lo mejor. En Washington algunas almas temblaban. Kennedy, que vivió toda su presidencia con el temor de un conflicto nuclear desatado por error o por tontería, que había seguido el incidente minuto a minuto, para usar un lenguaje de hoy, y que además conocía al tozudo Lightner, preguntó: “¿Qué es lo que está haciendo ese tipo?” Dean Rusk, su secretario de Estado, le contó el motivo del incidente y quiso calmarlo: “Es una cuestión de los vopos. No hay soviéticos metidos en esto”. Y Kennedy: “Decíle a ese tipo que no lo mandamos a Berlín para que vaya a la ópera”.

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Los tanques americanos y soviéticos enfrentados en Check Point Charly en octubre de 1961. (Foto: National Archives and Records Administration)

Los tanques americanos y soviéticos enfrentados en Check Point Charly en octubre de 1961. (Foto: National Archives and Records Administration)

Después, el presidente se dio un baño de realidad: habló con el general Clay para enterarse de qué era lo que pasaba. El militar le reveló que él mismo había dado las órdenes esa agitada noche; dijo a Kennedy que si los soldados del Oeste retrocedían, Estados Unidos perdería toda su credibilidad en Alemania. Era más o menos lo que Kennedy le había dicho a Khruschev cuatro meses antes, durante su encuentro en Viena, el día en que ambos se amenazaron con la guerra. Así que Kennedy debió elegir entre dos alternativas: o abdicaba de su estrategia política, o confiaba en el general Clay. Confió en Clay.

El miércoles 25 de octubre, otro auto, identificado ahora con la patente de las tropas de ocupación y con diplomáticos estadounidenses en su interior, ingresó a Berlín Este. Aquí, justo es decirlo, Lightner ya no tenía nada que ver. Y la ópera checa menos. El jueguito del domingo anterior volvió a repetirse con una variante: ni bien los “vopos” pararon el auto de los diplomáticos, Clay ordenó que diez tanques marcharan hacia la Friedrichstrasse con sus cañones apuntando a las fuerzas policiales del Este. Tres jeeps, cada uno con cuatro soldados con fusiles y bayonetas caladas, atravesaron el puesto fronterizo, se formaron frente al coche de los diplomáticos y se adentraron en Berlín Este. Esta vez sí había oficiales soviéticos junto a la policía militarizada alemana. Pero solo miraron.

El viernes 27, otro auto con civiles estadounidenses a bordo fue detenido por los vopos y volvieron las discusiones; los americanos, apoyados por diez tanques desde el otro lado, pedían a un oficial soviético para identificarse y los policías alemanes se negaban a convocar a uno. No fue un oficial soviético el que apareció en el escenario en el que se jugaba la paz del mundo: fueron diez tanques rusos T-54 con sus cañones apuntando a los tanques americanos.

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El enfrentamiento de tanques en el Checkpoint Charlie en Berlín. (Foto: National Archives and Records Administration)

El enfrentamiento de tanques en el Checkpoint Charlie en Berlín. (Foto: National Archives and Records Administration)

El jueguito había terminado. Entre las dos fuerzas de blindados había menos de treinta metros de distancia: eso era lo que separaba a la paz del primer enfrentamiento de la era nuclear entre soviéticos y americanos. Era un espectáculo que seguían, como en un partido de fútbol, las cámaras de los corresponsales de medio mundo. Desde Washington, y por teléfono, Kennedy y parte de su gabinete seguían en vivo aquel duelo entre matones de barrio. Kennedy y Clay volvieron a hablar. Los documentos oficiales recogieron el diálogo:

Kennedy: -¿Cómo andan las cosas por allí, general?

Clay: -Fantástico, señor presidente. Estamos iguales: diez tanques de cada lado. No, espere: los rusos han traído ahora veinte tanques más. Ahora son treinta. Eso prueba que tienen información exacta sobre nuestras tropas. Es el número de tanques que nosotros tenemos en Berlín. Así que vamos a traer nuestros restantes tanques también.

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Kennedy: -¿Está nervioso, general?

Clay: -¿Nervioso? Aquí no hay nadie nervioso, señor. Si hay alguien nervioso probablemente sea alguien en Washington.

Kennedy: -Bueno, general: aquí hay un montón de gente nerviosa. Yo no soy uno de ellos.

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¡El mundo entero estaba nervioso! Y Clay también. En algún momento pensó: “Dios mío, un subteniente soviético puede desatar la tercera guerra mundial…” La guerra dependía de una interpretación semántica, de un imbécil inquieto o con vocación de héroe, de un yerro o de un mal cálculo. Era raro que hubiera disparos, pero podía suceder. Ahora que ambas potencias se habían mojado las orejas, restaba solucionar el drama más agudo del conflicto: cómo retroceder con cierta dignidad. Kennedy y Khruschev dialogaban sin hablarse. El hermano del presidente, Robert Kennedy, que era fiscal general, algo así como ministro de Justicia, mantenía entonces una estrecha relación con Georgi Bolshakov, un ruso acreditado en la Casa Blanca como editor periodístico de una revista de novedades de la Unión Soviética. De periodista, nada: era un espía. Los Kennedy habían decidido llevar adelante un diálogo con Khruschev por encima de la CIA y de la KGB, del Departamento de Estado a cargo de Rusk y de la cancillería soviética a cargo de Andrei Gromyko y por encima de los jefes militares de los dos bandos. Era peligroso, pero así jugaban.

El mensaje de Kennedy a Khruschev, vía Bolshakov, propuso, palabras más o menos, que si la URSS retiraba sus tanques dentro de las veinticuatro horas, “los nuestros harán lo mismo media hora después”. En la mañana del 28 de octubre, los tanques soviéticos se retiraron. Primero, Khruschev tuvo que convencer al mariscal Iván Koniev, su viejo amigo y héroe de guerra de la URSS. Lo hizo con un argumento sencillo y realista: “Iván, creéme, nada de esto vale una guerra”. El mariscal hizo lo que le ordenaban, pero ubicó sus tanques detrás de los edificios de la Friedrichstrasse, fuera de la vista de los aliados, y con sus motores en marcha. Los tanques americanos hicieron lo mismo y el incidente se dio por terminado. Para evitar peligrosas repeticiones, el gobierno de Ulbricht decretó de inmediato que los únicos en no ser identificados por los vopos serían de ahora en más, el personal aliado que viajara a Berlín Este de uniforme.

John Kennedy y Nikita Khrushchev reunidos. (Foto: Google)

John Kennedy y Nikita Khrushchev reunidos. (Foto: Google)

El Muro de Berlín cayó en 1989, dos años antes del fin del comunismo en la URSS. Al año siguiente, el Checkpoint Charlie fue desmantelado y demolido. Ulbricht, el obrero comunista que se hizo político y presidió la República Federal Alemana, fue desalojado del poder en 1971 por Erich Honecker. Murió en agosto de 1973, a los ochenta años, cerca de Berlín.

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Lucius Clay, el general que defendió Berlín, siguió en funciones en Alemania hasta el asesinato de Kennedy en 1963. Murió en Massachusetts, en abril de 1978, una semana antes de cumplir 80 años. Está enterrado en el cementerio de la Academia Militar de West Point. En su tumba hay una placa de piedra que donaron los berlineses. Dice: “Demos gracias al preservador de nuestra libertad”.

Allan Lightner, el hombre al que le gustaba la ópera, siguió en funciones en Berlín. Participó de unas cuantas operaciones secretas de la Guerra Fría, entre ellas, el intercambio del piloto americano Francis Gary Powers por el espía soviético Rudolf Abel, que Steven Spielberg hizo famoso en la película “Puente de espías”, protagonizada por Tom Hanks. Luego fue embajador en Libia entre 1963 y 1965 y profesor de la Escuela Nacional de Guerra de Estados Unidos entre 1967 y 1970. Murió en septiembre de 1990, a los ochenta y dos años.

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Sumario, Segunda Guerra Mundial, Berlín, Alemania nazi

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Obama Center visitors say project symbolic of ‘Black excellence,’ claim scandal-free legacy while Trump ripped

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

CHICAGO — Opening weekend visitors at the Barack Obama Presidential Center called the 44th president’s legacy an example of unifying, scandal-free «Black excellence,» while they lamented what they view as a dark turn for the U.S. under President Donald Trump.

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«The community is great, we’re just kind of glad it’s here,» Lauren Tillman, who lives about 40 minutes outside of Chicago, told Fox News Digital. «We needed something like this. Chicago looks like a certain place to certain people who are not from the area… so I just think this brought everybody together, like, ‘oh there’s something for the community,’ for Black people, and on Juneteenth, so I thought that was great, too.»

The presidential center’s opening weekend began with a star-studded private ceremony and concert on Thursday night, and the 19.3-acre campus opened to the public on Friday during the Juneteenth holiday, which celebrates the day Black slaves were declared free in 1865.

TOM HANKS, OPRAH, STEVEN SPIELBERG TURN OBAMA’S PRESIDENTIAL CENTER OPENING INTO HOLLYWOOD’S HOTTEST TICKET

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The Obama Presidential Center building is shown with its glass facade and surrounding trees. (Peter D’Abrosca/Fox News Digital)

«Just knowing that Chicago doesn’t always get the best rep, to know that we’ve had a Black president come from this place, and then to memorialize his legacy is just great,» said Ashley Woods, who joined Tillman at the opening.

«To know that [Obama] was going to try to do at least something for his people, that meant a lot to me and being here means a lot,» added Tillman.

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«And I think, to piggyback off that, I think the legacy is Black excellence,» continued Woods. «Again, growing up in a place like Chicago, you don’t really think you can do much besides being a rapper or, you know, going into sports, but so see that somebody actually made it to the top per se, they were able to run the nation, there was very little scandal around him and his family, like it just shows you that we can be more than what America tells us we can be.»

OBAMA’S LEGACY PROJECT OFFERS LITTLE HOPE FOR CHICAGO’S SOUTH SIDE RESIDENTS

obama presidential center

Lauren Tillman and Ashley Woods speak with Fox News Digital at the Barack Obama Presidential Center in Chicago on Friday. (Peter D’Abrosca/Fox News Digital)

Sheryl Rogers and Peggy Neely-Harris made the trip from St. Louis for the weekend’s festivities.

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«What it means for African Americans [is] a coming together, a reckoning, a remembrance of the excellence that is within each one of us, particularly in African Americans and particularly at this time when our very existence is under attack,» Rogers told Fox News Digital.

Neely-Harris agreed, and said that the brand new presidential center is a symbol of hope and renewal, and that the center is a «light in this present darkness.»

OBAMA PRESIDENTIAL CENTER SLAMMED FOR PROMOTING ‘FAR-LEFT’ AGENDA ON PUBLIC LAND

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barack obama presidential center opening

Sheryl Rogers and Peggy Neely Harris speak with Fox News Digital on the opening weekend of the Barack Obama Presidential Center in Chicago, Friday. (Peter D’Abrosca/Fox News Digital)

«[Obama] has left an excellent example of how you should live, what type of character you should have and the love of family and community,» Rogers continued. «You can see love just exudes from them, and I love to see love in action.»

«No scandal,» she added.

However, Obama did face some major scandals and controversies during his two terms in the White House.

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Obama’s DOJ infamously seized records of Fox News’ phone lines, including a phone number that belonged to the parents of a reporter.

The seizure was approved after a warrant was granted by a judge, and in an affidavit seeking the warrant, an FBI agent called reporter James Rosen a likely criminal «co-conspirator» in a violation of the Espionage Act.

Obama also faced government weaponization claims when his IRS allegedly slow-rolled the tax-exempt nonprofit approval of grassroots conservative organizations that set out to oppose his agenda.

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Groups with words such as «Tea Party» or «Patriot» in their names were allegedly hindered from forming for months and years.

OBAMA CENTER SUBCONTRACTOR FILES $40M DISCRIMINATION LAWSUIT AGAINST ENGINEERING FIRM FOR OVERRUNS

obama at presidential center podium

Barack Obama speaks during the dedication of the Barack Obama Presidential Center, Thursday, in Chicago. (Kent NISHIMURA / AFP via Getty Images)

Operation Fast and Furious was another chart-topping Obama scandal.

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ATF agents intentionally allowed illegal straw purchases of weapons near the U.S. southern border with Mexico, in hopes that tracking the firearms would lead them directly to high-level cartel kingpins. But the Obama-era agency failed to monitor at least 2,000 of the weapons, which did in fact make their way into the hands of dangerous characters.

One of the weapons in the ill-fated sting was used to kill Border Patrol Agent Brian Terry in 2010.

When, in 2012, then-Attorney General Eric Holder was subpoenaed during a House Oversight Committee investigation into the matter, he refused to comply, disallowing the committee from seeing thousands of pages of records pertaining to the operation. He later became the first U.S. cabinet official to be held in contempt of Congress, but the Obama DOJ failed to prosecute him.

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Obama ordered the extrajudicial drone strike killings of four terror-tied Americans in Yemen without due process.

TRUMP OFFERS TO HELP OBAMA WITH PRESIDENTIAL LIBRARY’S ‘DISASTER’

barack obama presidential center opening

Valerie Reynolds speaks to Fox News Digital during the opening weekend of the Barack Obama Presidential Center in Chicago, Friday. (Peter D’Abrosca/Fox News Digital)

Twenty-six-year-old Chicago resident Valerie Reynolds told Fox News Digital she thinks the center will improve the image of the city’s South Side, which often finds itself in news headlines for violence and poverty.

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«I think Barack Obama’s legacy is and will continue to be the inspiration of togetherness, of the power of what can be done and what can be created when we all come together,» she said. «It’s absolutely something that we are missing today. I’ve seen divisions in this country in ways that I’ve never seen before, and I was reminded of just how vast those divisions are being out here today, because it’s the first time I’ve felt this closeness since he ran for office in 2008.»

An emotional Kia Ware, a woman from Virginia, said the grand opening of the center was a sad reminder of the direction of the U.S. since Obama left office.

OBAMA REMAINS DEM HEADLINER WHILE PRESIDENT WITH MOST VOTES EVER FADES INTO BACKGROUND: ‘IT WAS ALL A DREAM’

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barack obama presidential center opening

Kia Ware speaks with Fox News Digital during the opening weekend of the Barack Obama Presidential Center in Chicago on Friday. (Peter D’Abrosca/Fox News Digital)

«It makes me sad because I was so proud of everything that was accomplished during that legacy in terms of, you know, fighting for vulnerable people and vulnerable lands and protection of so many things that are now being erased forever, and I feel like it’s setting us back,» she said.

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Ware added that Obama is still a «powerhouse» in the Democratic Party, and said that people who believe in his legacy want him to «step back in.»

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«I guess it just means, like for me, I just am feeling very thankful that we have those eight years of history for putting women forward, putting minorities forward,» she said. «I felt like that unification, just seeing all people of different backgrounds and ages and generations here, I get that same feeling.»

barack obama, chicago, donald trump, illinois, politics

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Balotaje en Colombia: el izquierdista Iván Cepeda enfrenta al ultraderechista Abelardo de la Espriella, favorito en las encuestas

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Entre fuertes medidas de seguridad por temor a la violencia armada, Colombia elegirá este domingo a su nuevo presidente en un balotaje histórico entre dos modelos ideológicos y económicos enfrentados.

El favorito Abelardo de la Espriella, un “outsider” de ultraderecha que busca emular al presidente salvadoreño Nayib Bukele con su política de “mano dura”, se enfrenta al heredero del presidente Gustavo Petro, el senador izquierdista Iván Cepeda.

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La mayoría de las encuestas, divulgadas en los últimos días, auguran un claro triunfo de De la Espriella, postulante respaldado por Donald Trump, con una ventaja de entre tres a siete puntos. Solo Celag Data vaticinó una victoria del candidato del Pacto Histórico por muy escaso margen en un escenario de empate técnico.

“La muerte anunciada, como decía (Gabriel) García Márquez, indica que va a ganar Abelardo por una diferencia tan considerable como para invalidar reclamos por fraude, que ha sido el único argumento que en primera vuelta manejaron Petro y su candidato Cepeda como reacción” a su inesperada derrota, dijo a TN el asesor y analista argentino Ángel Beccassino, considerado un verdadero “gurú” de las campañas electorales en Colombia.

En la primera ronda del 31 de mayo, el candidato del partido ultraderechista Defensores de la Patria ganó con alrededor de tres puntos de ventaja (43% a 40%) sobre Cepeda.

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La Constitución colombiana prohíbe la reelección consecutiva. Por ello Petro no pudo ser el candidato natural de la izquierda. El ganador asumirá el gobierno el 7 de agosto por los próximos cuatro años (2026-2030) .

Inseguridad y desafíos

Más de 41 millones de colombianos están habilitados para votar en un clima crispado por una ola de violencia vinculada a la guerrilla y el narcotráfico que sacude el país desde hace tiempo y que incluyó el asesinato de un precandidato presidencial el año pasado.

El gobierno estima que 27.000 hombres están hoy en armas en 16 zonas en disputa territorial entre las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN), grupos paramilitares y organizaciones criminales y del narcotráfico.

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En la primera vuelta de las elecciones se desplegaron 248.000 policías y militares para custodiar el proceso electoral. Se prevé ahora un escenario similar.

La violencia endémica que enfrenta el país desde hace décadas será sin dudas uno de los principales desafíos del nuevo presidente, además de afrontar un pronunciado déficit fiscal del 7% del PBI y una crisis sanitaria que puso en jaque al sistema de salud.

Ivan Cepeda, candidato del Pacto Histórico (Foto: REUTERS/Sergio Acero)

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Dos estilos opuestos

En ese marco, De la Espriella y Cepeda no solo representan dos modelos ideológicos enfrentados. También dos estilos opuestos.

El candidato ultraderechista, apodado “El Tigre” se ha mostrado en campaña descontracturado. Así, ha subido a sus redes sociales videos en los que se lo ve haciendo flexiones de brazos con su hija a cuestas, tocando el piano, bailando con su esposa o hasta cantando ópera.

Por el contrario, Cepeda muestra un estilo sobrio, alejado de los discursos incendiarios de Petro, aunque en las últimas semanas buscó confrontar con su rival y lo acusó de poner en peligro la democracia y la soberanía nacional.

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Beccassino, quien ha asesorado a varios candidatos presidenciales, entre ellos al propio Petro, dijo que la campaña de De la Espriella superó a la de Cepeda.

“La campaña de Cepeda es muy floja frente a una profesional. De la Espriella repitió un guión que ha funcionado en otros países, comenzando por Argentina (con Javier Milei) y que sobresalió como espectáculo en unas elecciones grises”, indicó.

Leé también: Para calmar a Donald Trump, Cuba debate un plan de reformas económicas pero sin apertura política

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Liberal en lo económico, De la Espriella promete convertirse en el “Bukele colombiano”. No solo imita sus poses, su corte de pelo y su barba. También su discurso de mano dura. Así, promete bombardear a los grupos armados ilegales y criminales que azotan el país y construir megacárceles.

Abelardo De La Espriella busca la presidencia de Colombia (Foto: REUTERS/Cesar Quiroz)

Abelardo De La Espriella busca la presidencia de Colombia (Foto: REUTERS/Cesar Quiroz)

Por su lado, Cepeda defiende el modelo de Petro con una fuerte influencia estatal y políticas sociales. Su histórica actuación en el campo de los derechos humanos lo convirtieron en un político de prestigio en sectores progresistas de la sociedad colombiana.

Además, como Petro, apuesta al diálogo con los grupos armados para pacificar el país.

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Sin embargo, los sondeos lo muestran en una posición de desventaja. De la Espriella no solo parte de una elevada base electoral alcanzada en la primera vuelta con el 43% de respaldo.

La tercera candidata más votada, Paloma Valencia, del Centro Democrático (derecha tradicional), logró alrededor del 6% de respaldo y llamó a votar por De la Espriella.

Admirador de Bukele, Milei y Trump, otro “outsider” se encamina a asumir el poder en un país de la región.

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Colombia, Abelardo de la Espriella, Iván Cepeda, Sumario

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Trump-backed ‘El Tigre’ looks to crush cartels, end Colombia’s socialist era in pivotal election

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As Colombia heads into a pivotal presidential runoff on Sunday, conservative outsider Abelardo de la Espriella is riding a wave of voter frustration over crime, cartels and economic uncertainty.

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His rise comes as outgoing President Gustavo Petro faces mounting political turmoil, turning the election into a high-stakes battle over the future of one of America’s most important allies in Latin America.

De le Espriella’s campaign is built on a platform of law and order, anti-cartel crackdowns and repairing U.S.-Colombia relations as he faces leftist politician Iván Cepeda in the presidential runoff. Cepeda is from Petro’s socialist party.

COLOMBIAN PRESIDENT PETRO THREATENS MILITARY RESPONSE AFTER TRUMP WARNS COLOMBIA MAY BE NEXT TARGET

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Colombia’s presidential candidate Abelardo de la Espriella, of the Defensores de la Patria party, speaks behind bulletproof glass during his closing campaign rally in Medellin, Colombia on May 24, 2026. Colombia will hold presidential elections on May 31.  (Jaime Saldarriaga/AFP Via Getty Images)

In a region increasingly defined by larger-than-life political figures, de la Espriella is known universally as «El Tigre,» and has transformed his nickname into a political movement. Campaign rallies feature tiger imagery, merchandise and slogans built around strength and fearlessness.

He has openly embraced comparisons to President Trump, presenting himself as a political outsider willing to confront entrenched elites, challenge progressive orthodoxies and restore what supporters describe as strength and order to government.

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Colombia’s president speaks at a military academy ceremony.

Colombia’s President Gustavo Petro delivers a speech during a troop recognition ceremony at the Jose Maria Cordova Military Cadet School in Bogota on March 11, 2025. (Raul Arboleda/AFP via Getty Images)

Earlier this week Trump endorsed him stating in part on social media that: «Colombian Presidential Candidate, «El Tigre (THE TIGER),» Abelardo de la Espriella, is a Smart, Strong, and Tough Leader, who fights tirelessly for, and loves, his Great Country and People, just like I do for the United States of America.»

Trump added, «Because of his tremendous accomplishments in life, and his political support for me, it is my Honor to give Abelardo my Complete and Total Endorsement. GET OUT AND VOTE FOR «EL TIGRE» ABELARDO DE LA ESPRIELLA — HE WILL NOT LET THE WONDERFUL PEOPLE OF COLOMBIA DOWN. It will rise to a new height of Greatness!»

Trump and Bukele face media outside White House

President Donald Trump, left, waves as he greets El Salvador’s President Nayib Bukele as Bukele arrives at the White House, Monday, April 14, 2025, in Washington.  (AP Photo/Manuel Balce Ceneta)

TRUMP DOUBLES DOWN ON COLOMBIA CRACKDOWN, CALLS PETRO ‘LUNATIC,’ VOWS TO END ALL US PAYMENTS OVER DRUGS

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Aside from the Trump comparison, he’s also been likened to El Salvador’s President Bukele. Like Bukele, he has built a political brand around toughness, disruption and public frustration with crime. His campaign rhetoric frequently emphasizes restoring state authority and defeating criminal organizations through overwhelming force.

Petro’s ally, Iván Cepeda, has pledged to continue the administration’s social and economic agenda while expanding negotiations with armed groups.

Cepeda’s campaign did not respond to a Fox News Digital request for comment on his campaign and hopes for the country.

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Ivan Cepeda

Colombia’s presidential candidate Ivan Cepeda, of the Pacto Historico party, speaks to supporters during his final campaign rally in Barranquilla, Atlantico department, Colombia on May 24, 2026.  (Vanessa Romero/AFP via Getty Images)

Carlos Chacón, executive director of Instituto de Ciencia Política (ICP), a think tank in Colombia told Fox News Digital, «Colombia is torn between two models and two visions: the leftist model, which seeks to increase state intervention in the economy, a model already proven to generate fiscal deficits and economic crises; a model that prioritizes negotiations and appeasement over security, resulting in the strengthening of criminal networks nationwide; and, above all, a model whose political agenda is to alter the Constitution.»

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Chacón said the difference between the two candidates is clear, saying that Abelardo’s model «favors free enterprise and seeks to ensure security, regain territorial control, downsize the state, revitalize strategic sectors, and mend international relations, would be implemented entirely within the framework of the 1991 Constitution.» He added, «Abelardo has never spoken of replacing the constitutional model with an authoritarian one, as is the case with the project proposed by Petro, Cepeda.»

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Colombian presidential candidate Abelardo De La Espriella

Colombian presidential candidate Abelardo De La Espriella of the political movement Defenders of the Homeland reacts after the results of the first round of the presidential election, in Barranquilla, Colombia May 31, 2026.  (Sergio Acero/reuters )

One of the recurring themes of de la Espriella’s campaign has been rebuilding a close relationship with Washington and pursuing a more aggressive security partnership against narcotrafficking and armed groups. He has advocated U.S.-backed operations against narco-terrorist camps and stronger bilateral cooperation on security issues.

De la Espriella rise comes as the outgoing Colombian President Petro faces a battle over allegations of improper involvement in the country’s presidential election. The head of Colombia’s congressional investigative commission has proposed suspending president Petro while authorities examine allegations that he improperly intervened in the presidential campaign on behalf of his political movement.

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Colombia election

A supporter of Colombia’s presidential candidate for the Defensores de la Patria party, Abelardo de la Espriella, takes a selfie as she awaits his arrival to his last campaign rally in Barranquilla, Colombia, on May 23, 2026. Colombia will hold presidential elections on May 31.  (Vanessa Romero/AFP via Getty Images)

The proposal has triggered fierce debate across Colombia, with supporters describing it as necessary accountability and critics arguing it exceeds constitutional authority. Petro has denied wrongdoing and remains in office.

The outcome of this election will help determine not only the future of Colombia’s security strategy, but also the trajectory of one of Washington’s most important allies in the Western Hemisphere.

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