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Mohamed en Rincón Stone: futuro en Boca, final con PSG, charlas con La Volpe y más

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“Huracán para mí es todo”. Antonio Mohamed fue uno de los grandes protagonistas de Rincón Stone, el ciclo de entrevistas que lleva adelante Daniel Osvaldo en una producción de Olé y La Canchita. El Turco repasó su historia como jugador y entrenador, recordó sus inicios junto a Dani en el Globo, habló de su paso por Boca, Independiente y México, y contó detalles de su manera de entender el fútbol: el grupo por encima de todo, la alegría como método y una identidad clara para salir a jugar. También se refirió a su deseo de dirigir a la Selección, la espina que le dejó Europa y la posibilidad de, algún día, volver a Huracán como presidente. Una charla imperdible con uno de los técnicos argentinos más ganadores.

—Venís de salir campeón como siempre, en el Toluca. ¿Te acordás de cuándo me tuviste en Huracán?

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—Obvio, Dani me puteó mucho en un partido en la cancha de Aldosivi. Él estaba vendido a Italia y yo no lo quise poner.

—“Sos un vigilante, ¿cómo no me vas a poner? Me vienen a ver hoy”.

—¿Sabés cómo estaba la cancha de Aldosivi? A ver si le arruino la carrera a este pibe. Te puse 15 minutos porque vinieron a verte y eran medio picantes. Me puteó a mí, y yo después lo encontré muchas veces y le dije: “Yo no voy a arriesgar al pibe”. No por él, sino porque nos pagaban el sueldo con su venta, jajaj…

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La entrevista de Daniel Osvaldo al Turco Mohamed en Rincón Stone.

—¿Seguís con el estilo de entrenamiento alegre, como hacías con nosotros en Huracán? Yo me acuerdo que era muy lúdico todo.

—Seguimos con el estilo de trabajo de mucha alegría. Obviamente, yo me acuerdo que en esa época tenía una idea táctica revolucionaria. Imaginate que vos te fuiste y llegó una evolución del equipo. El Cordobés, Larrivey, Poggi, hasta que se soltaron. El fútbol en general era tirársela al 9 en esa época. Era un equipo muy técnico. Cuando te fuiste, perdimos la final. Y después, al otro año, ascendimos ganandole bien a Godoy Cruz.

—A vos te gusta ganar con tu sello.

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—Llegamos al ascenso con nuestro sello e identidad. Yo con el Cordobés le expliqué todo. Le dije que tenía que jugar 20 metros más adelante porque lo tenían como un picapiedra, pero jugaba espectacular. De hecho, después de eso se lo lleva Estudiantes para reemplazar a Verón. No le fue bien porque se peleaba con todos, viste cómo era.

—¿De ahí te fuiste al Rojo? Te quieren mucho ahí, no solo porque saliste campeón. Yo tengo amigos que te adoran.

—No, me fui a Colón en Primera. Estuve dos años. Con Independiente salimos campeones de la Sudamericana con nada. Cuando llegué a Colón, el equipo estaba casi descendido, fui y nos salvamos del descenso. Una vez salvados, empezamos a construir un equipo. Busco pibes que tengan buena relación con el equipo. Me gustan los cancheros que sean queribles por el grupo. Yo, por encima de todo, pongo el grupo. A mí me gusta el jugador que sea técnico, que tome decisiones y que me desafíe, siempre y cuando tenga un ida y vuelta con respeto.

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—No sos un técnico que diga: “Es así o así”.

—No me pasan mucho esas charlas porque es lo que dijiste vos. Porque si vos jugás de delantero, te llegan 200 pelotas. Después depende del delantero. Cuando vas con el conocimiento y te ven que le das información, se va generando el vínculo. ¿Te acordás que practicamos los laterales de cabeza al arquero y salimos jugando? Me pasaba que cuando era jugador… Yo debuté 20 años antes que vos, en 1985. Yo veía que los tipos eran malísimos. Iba a la cancha de Cipolletti y me gritaban: “Marcá al 3, marcá al 4”. Yo quería jugar a la pelota, encararlo, uno contra uno. Después ibas a la cancha de Huracán y te divertías porque les pegabas un baile…

La entrevista de Daniel Osvaldo al Turco Mohamed en Rincón Stone.La entrevista de Daniel Osvaldo al Turco Mohamed en Rincón Stone.

—¿Te acordás de esa época en Huracán, en 2005?

—Un día viene Guggi y me dice: “Turco, tenemos un problema”. Le pregunto si pasó algo con los pibes y me dice: “No tenemos dónde ir. Les debemos a todos los hoteles. Les debemos mucho”. Ese partido hiciste un golazo vos, picándola, con Racing de Córdoba. Ese día puse a todos los pibes: vos, Juancito Sosa…

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—Ese día ganamos bien, me acuerdo.

—Estaba Larrivey, estaba Dani, estaba Hernández. Ese terminó con vos adelante. Joaquín apareció a los 20 días en Alemania. Estabas vos fachero, él fachero con los ojos claros. Larrivey apareció y me dice: “Me fui a Alemania por una publicidad”. Mauro Milano y él, con el Cabezón.

—Estamos en el Senior con los chicos de Huracán.

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—Me escribió Fede Poggi. Voy a ir a verlos y a comer un asado.

—¿Te imaginabas, cuando jugabas, que ibas a ser entrenador?

—Sí, me lo imaginaba porque tuve una carrera corta. Yo todo lo que hice joven. Debuté en la mayor, tuve una lesión y mi carrera cambió. Me compró la Fiorentina y, cuando yo vuelvo acá… Allá me ofrecen ir al Zaragoza. En ese momento no existía España: era Barcelona, Real Madrid y el Calcio. A mí me compran con Bati y Latorre, los tres juntos. Bati se queda, Diego se vuelve, y yo tuve la chance de quedarme, pero como cuarto delantero. Ahí aparece Boca y me vengo a Boca. Ahí aparece el famoso gol con Huracán.

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—Te voy a mostrar algo. Mirá estos dos álbumes: en Boca y en el Rojo. ¿Cuánto valen ahora? Jaja.

—Primero fue Boca y después en Independiente. Me quedo con Mohamed de Boca, porque arranqué con cinco goles en seis partidos. Sucede el partido de Huracán…

El gol errado del Turco ante Huracán

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—No te creo que la tiraste afuera a propósito.

—Es mentira, es imposible. El Maestro Tabárez me dice: “Se está hablando esto”. Suceden cosas. Si buscás las imágenes, cuando yo salgo del túnel había cantos en esa época. Estaba Giunta, Navarro Montoya, Simón y yo. Salgo y toda la gente de Huracán empezó: “Turco, Turco”, y la de Boca también. Pasa este momento y la gente de Huracán empezó a cantar: “El Turco los cagó…”. No me ayudaron para nada. Me clavaron los clavos en el ataúd. Cada pelota me chiflaban y Tabárez me sacó, y no jugué más. Yo entrenaba todos los días y no jugaba. Un día me dijeron: “Jugá en Tercera”, y le dije que no. Ahí le agarré el gusto a la joda, cobraba de Boca y de Italia y no jugaba. ¿Qué hacía los fines de semana? Ahí volví a Independiente y no pude cambiar.

—Después te vas a México.

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—Tenía para ir a otros equipos de México. Me pagaban mucha plata. Me dicen que es un equipo que recién ascendió. Me puse a entrenar un mes y les pasé el trapo. Estos tipos fueron y le compraron mi pase a la Fiorentina a los siete meses. Yo les decía que no firmaba. El Coco me llevaba a la Selección del 94 porque ganábamos todos los partidos. Yo ya no estaba, yo solo ponía la música, jaja. En Inglaterra, en Wembley, meto los dos centros de gol. El Coco ahí dijo: “No lo sacó más”. Entraba antes en la lista que Ruggeri y Caniggia.

—¿Cómo era el Coco como DT?

—Era como yo. Valoraba el grupo. No era tan cercano, era un padre con la mirada. Muchas veces les digo a mis jugadores que no se pasen de la raya. Si estamos bien en Cancún, no te vayas a República Dominicana. No te pases de la raya. Si un día te tenés que pasar es con comunicación, y ahí está todo bien. Todo se mantiene dentro de la cancha: si rendís, seguís.

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—Nosotros en Toluca tenemos una manera de jugar que los chicos están convencidos que vamos a someter al rival, más de local. Movemos la pelota, tac, tac, tac… Recuperamos la pelota, los centrales juegan en mitad de cancha y eso es porque también tenemos un césped mojado y bien cortado, y además tenemos altura. Toluca es el lugar que más altura tiene, alrededor de 2600 metros. Bolivia tiene altura y no marca la diferencia. Tenés que tener un buen equipo. En el Toluca estoy cómodo.

—Monterrey fue muy importante.

—Monterrey es el equipo que más cariño le tengo. Toluca también, en este último año. Yo jugué en Monterrey. Jugué cinco años en Toros Neza y ahí me compra Monterrey, donde jugué tres años. Yo, en el 2000, tenía tendinitis con el tendón rotular. Era operarse o todos los días hacer recuperación, pero no podías hacer fuerza en las piernas. La fui perdiendo. Entonces, ¿qué hacía? Les decía: “Andá para allá, para acá”. Ya era técnico a los 30 años y a los 32 me retiré. A los 33 años fui técnico-jugador en el Zacatepec, un club de la segunda de México. Me sacaba solo, porque quería que el equipo jugara de una manera, pero conmigo no se podía. Le decía al profe que me mande a calentar, para dar indicaciones. Era buenísima.

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—Vos siempre fuiste un jugador más, pese a ser el técnico. ¿Lo seguís siendo? ¿Seguís haciendo trampa en el fútbol tenis?

—Vos me agarraste muy joven. Ahora ya no juego más. Desde que te gané no juego más.

—Yo jugaba con vos. ¿Te pensás que soy boludo? La única manera que tenía de ganar era jugar con el técnico. Yo te la dejaba a media altura y vos sacabas unos latigazos… Pero si no se la dejabas perfecta, te liquidaba. ¿Y qué significa Huracán en tu vida?

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—Para mí es todo. Me crié y fue mi primer club como DT. Yo vuelvo de afuera tras el fallecimiento de mi viejo. Me cayó la ficha. Porque cuando vos estás afuera, decís: “No vuelvo más”. Es distinto como jugador, porque sabés que te ibas. Pero cuando volvés y ves a los afectos… Me encuentro con mi hermano, con mis hermanas y mis amigos. Les dije que me quedo hasta mitad de año y justo me llamó Huracán. Me llamó Labruna y no conocía nada. Fui a ver el partido ante Tiro Federal y decía: “Lo que tenemos que trabajar con estos pibes…”. La gente se alteraba, era la herencia. Hoy sigue siendo parecido. La gente necesita un campeonato, pero no se consigue de un día para el otro. Es trabajo.

—Vos hasta que ascendiste tuviste dos años para prepararlo.

—Yo chocaba mucho con los dirigentes, porque me decían que tenía que ascender ya. Yo les decía que si potenciábamos a algunos chicos, el club iba a crecer, y me pedían ya. Vos podés traer cinco jugadores de Nacional B. Nosotros enfrentamos grandes equipos contra ustedes, que eran todos pibes. Vos, Migliore, Zellay, Andújar, Ale Alonso, Monzón, Sosa…

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Su sueño de ser presidente de Huracán

—¿Volverías a Huracán como DT? ¿Cómo presidente?

—Como entrenador ya no. Ser presidente me gustaría, pero lo miro de reojo en los últimos años. No digo que no. Es un anhelo mío. Veo lo que pasa con Milito, Riquelme, y la ingratitud es pesada. Lo pienso. A Milito, que está hace poco, lo insultan. Cuando entrás a conducir, hay otra. La gente te empieza a mirar diferente porque piensan distinto, pese a que todos deben mirar el club. A mí me decían que fui a robar a Huracán. Yo le daba plata a Guggi para que vaya a comprar al Mercado Central y haya para comer. Hacíamos todo con amor. Ponía videos, teníamos películas en DVD, queríamos concentrar ahí. Había un mexicano que filmaba los entrenamientos y partidos y nosotros se los mostrábamos. Ustedes no se van a acordar porque eran pendejos.

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La Selección de Argentina y de México

—¿La Selección te gustaría dirigir?

—Yo podría dirigir México o Argentina. Tuve chances de otras selecciones, pero no me veo cantando otro himno que no sea el argentino. En México llevo media vida y media acá en Argentina. Pero a México le cerré las puertas porque me tenían que elegir para este Mundial, estuve candidateado, me reuní con todos, pero no. Ya estoy en equipos. De los 26 de la lista, dirigí alrededor de 16. A Raúl Jiménez lo hice debutar en el América y lo llamé al Cholo para que lo lleve al Atlético Madrid. Me hubiese gustado, porque conozco mucho el fútbol mexicano. Lo de jugar bien lo saqué de la liga de México. Yo juego con nueve u ocho extranjeros. Tengo un lateral izquierdo y Alexis Vega que van a la selección de México. Después tengo dos uruguayos, tengo a Santi Simón, Paulinho, que es portugués; Franco Romero, que es el 5 que la rompe, y Nico Castro, que lo trajimos del Elche. Yo encontré a Castro, Simón y Romero.

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—De Europa te quedó la espina.

—A los DT argentinos en España no nos quieren. Allá es bloque corto, posesión. Cuando llegué al Celta no me dieron tiempo. Yo quería ajustar en lo defensivo. Es un equipo que siempre tiene que jugar bien. Recibían 60 goles, pero me dieron solo 12 fechas. Había un partido con el Getafe, el equipo más sudamericano de Europa, entonces qué se me ocurre hacer: cuando meten dos delanteros para tirar pelotazos, saco un volante y meto un central. En ese momento, me hacen el gol. Sacaron los pañuelos y me tildaron de defensivo. Ahí no la revertís más. Yo no me sentía querido. Yo necesito eso. En Toluca es así. Me quieren. En Boca me sentí querido en el murmullo de la gente, cuando soné esta última vez. Ya va a llegar Boca… Yo en España no me sentía de esa manera.

-Estoy de acuerdo con eso de Boca. En el último tiempo, con respeto a todos los entrenadores que estuvieron, no se viene haciendo…

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—Yo creo lo mismo, que hay que hacer carrera para dirigir a Boca. Yo lo dije con Scaloni, que salió bien. Algunos dijeron que había que respaldarlo y salió bien. Yo creo que hice todo, pero ahora apunto a enfrentar al campeón de la Libertadores (en la Copa Intercontinentasl de fin de año), que sé que le vamos a hacer un gran partido, y después el PSG (campeón de Champions). Que, obvio, lo voy a salir a atacar. Con Monterrey tuvimos once tiros contra seis ante el Liverpool. Lo perdimos al 91’ y Alisson fue la figura. Obvio que quería ganar, pero me quedé con eso. Lo único que le pedía a Dios era tener ese partido. Yo quiero tener el arco cerca y vamos a jugarle mano a mano. Yo, si juego con el PSG, voy a salir a jugarle mano a mano. Me gusta Luis Enrique, pero no me gusta que regale la pelota cuando la tira afuera. Es como regalar a tu novia, no la podés regalar, la pelota.

—¿Qué técnicos te gustaban cuando arrancaste?

—Yo comparto muchas cosas de La Volpe. Aprendí mucho de él, me gusta cómo juegan los equipos de Guardiola y Luis Enrique. Me gusta más Luis, porque sus equipos tienen verticalidad.

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—Con Luis, en la Roma, jugábamos más a perder la pelota y recuperar rápido.

—Yo en Toluca busco lo mismo, porque muchas veces se me tiran atrás.

—Ahora que nombraste a La Volpe, ¿qué le pasó en Boca?

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—Él no tiene empatía con los pibes. Hay un momento cuando llegan esas cosas, es difícil. Yo, en ese momento, estaba en Huracán, nos concentramos a metros de ellos. Yo todas las noches me iba a tomar un café con él y me quedaba con él hablando de fútbol. Me acuerdo que él me hacía una pregunta. Yo tenía a Joaquín Larrivey y Mauro Milano. Él me decía: “Pero, ¿a quién marca el 5 acá en Argentina?”. Y yo le dije: “Viene un 9”. Y él me dijo: “¿Cómo hago yo para que Palacio o Palermo sigan al 5?”. Ahora juego contra todos mano a mano.

—Ahora le tenés que ganar al PSG.

—Primero tenemos que jugar contra el campeón de la Libertadores, a ese le vamos a ganar. Y si jugamos contra el PSG, venís vos allá a ver el partido.

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Alerta en Boca Juniors en el mercado de pases

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Boca Juniors en la victoria por 1 a 0 frente a Athletic Paranaense. Foto: Twitter @BocaJrsOficial

Boca Juniors estaría por perder a uno de sus mejores jugadores para este semestre. En pleno mercado de pases, el Napoli tomó la delantera para quedarse con los servicios de Exequiel «Changuito» Zeballos y ya aparecen versiones que indican que la negociación podría cerrarse en los próximos días. La situación contractual del futbolista obliga a la dirigencia encabezada por Juan Román Riquelme a evaluar seriamente una venta para evitar que el jugador pueda marcharse sin dejar dinero en las arcas del club.

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El contrato del Changuito finaliza en diciembre de 2026 y, pese a los intentos de Boca Juniors por renovar el vínculo, las conversaciones con el entorno del futbolista no llegaron a un acuerdo. Ese escenario cambió por completo el panorama y abrió la puerta a una transferencia durante este mercado de pases.

Napoli, el mejor posicionado

El conjunto del sur de Italia aparece como el principal candidato para quedarse con Zeballos. Según trascendió, el interés del Napoli es concreto y las conversaciones ya comenzaron para intentar cerrar una operación que rondaría los 10 millones de dólares, una cifra que Boca considera razonable teniendo en cuenta la situación contractual del delantero.

En el Xeneize entienden que el extremo todavía tiene un importante potencial de crecimiento y que el fútbol europeo representa una oportunidad ideal para continuar su carrera. Además, el propio jugador siempre manifestó su intención de dejarle un rédito económico al club que lo formó, por lo que una venta aparece como la salida más beneficiosa para todas las partes.

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Boca espera una oferta formal

Por el momento, la negociación todavía no está cerrada y en Boca Juniors aguardan una propuesta oficial para comenzar a definir el futuro del futbolista. Mientras tanto, Zeballos continúa entrenándose con normalidad y mantiene el foco puesto en la competencia, aunque todo indica que podría estar transitando sus últimos días con la camiseta azul y oro.

Si el Napoli presenta una oferta que satisfaga las pretensiones económicas de la dirigencia, el Changuito tendría su primera experiencia en el fútbol europeo y pondría punto final a un ciclo en el que mostró destellos de su enorme talento, aunque también estuvo marcado por las lesiones que frenaron su crecimiento en varias oportunidades.

Con el dinero que podría ingresar por esta venta, el Xeneize podría terminar de cerrar la vuelta de Sebastián Villa en este mercado de pases. Uno de los pedidos primordiales que realizó Rodolfo Arruabarrena a la dirigencia para afrontar el Torneo Clausura de la Liga Profesional y la Copa Sudamericana.

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Boca Juniors,mercado de pases

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El Dortmund da por perdido a Adeyemi y negocia por su sustituto

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El Borussia Dortmund rechazó la primera oferta del Barcelona por Karim Adeyemi. Los alemanes, no obstante, están abiertos a negociar por un futbolista que vence su contrato el próximo verano y esperan sacar la mayor tajada posible antes de que se marche con la carta de libertad en 2027.

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Qué tenemos que saber de Suiza, un viejo conocido de la selección argentina

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Suiza se prepara para enfrentar a la Argentina (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las victorias se saborean poco en una Copa del Mundo. Las hazañas emocionan durante unas horas. Al rato, el reloj vuelve a correr y obliga a preparar lo que viene. No hay tiempo para la nostalgia cuando el sueño sigue en juego.

Los cuartos de final ya están a la vuelta de la esquina y enfrente aparecerá un viejo conocido. Imposible no viajar doce años en el tiempo. Imposible no recordar aquel cruce de octavos de final en el Mundial de Brasil 2014, cuando Ángel Di María, en el minuto 118 del tiempo suplementario, rompió la resistencia suiza y le dio a la Argentina el pasaje a la siguiente instancia.

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De aquel equipo argentino solamente queda Lionel Messi, el único al que, evidentemente, los años le pasan distinto. Del lado suizo, todavía permanecen vigentes Granit Xhaka y Ricardo Rodríguez. Ambos son titulares y piezas importantes del equipo, sobre todo el primero: Xhaka es el eje futbolístico de Suiza, el encargado de manejar los tiempos y darle sentido a la mitad de la cancha. Juntos ya compartieron cuatro Copas del Mundo.

Granit Xhaka, uno de los futbolistas más destacados de Suiza (Foto REUTERS/Lee Smith)
Granit Xhaka, uno de los futbolistas más destacados de Suiza (Foto REUTERS/Lee Smith)

El equipo helvético, dirigido por Murat Yakin, viene de eliminar a Colombia por penales, tras un partido muy cerrado y de poco fútbol. En una Copa del Mundo en la que fue de menos a más —tras empatar con Qatar en la primera jornada y evidenciar una preocupante falta de eficacia—, tendrá ahora el mayor desafío de todos: derrotar por primera vez en su historia a la vigente campeona del mundo. Suiza no brilla ni vuela, pero es un equipo pragmático, equilibrado y competitivo. De esos que, por alguna razón, siempre encuentran la manera de aparecer en las fases eliminatorias.

La selección argentina viene de abrazarse a la épica como método de supervivencia bajo el ala del mago torcedor Lionel Messi. Mejoró considerablemente respecto a su partido con Cabo Verde, pero todavía expuso algunas falencias defensivas cuando el equipo queda volcado sobre campo adversario. De una manera u otra, los rivales le fueron encontrando la vuelta y entendieron que, bloqueando el centro del campo, pueden complicarlo. Por ese sector pasa la mayor parte del fútbol argentino, animado por las características de los volantes que tiene Lionel Scaloni. Todos con pie de enganche.

Los equipos que lograron anular esa zona del campo obligaron al conjunto de Scaloni a apelar a otras variantes: pelotas largas para las proyecciones de los laterales, sobre todo de Nicolás Tagliafico; pelotas pinchadas de los mediocampistas para Messi cuando pica a espaldas de los centrales; y centros al área para explotar el juego aéreo. Todas esas respuestas surgieron a raíz de no encontrar la ecuación por dentro.

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Murat Yakin, entrenador de Suiza
Murat Yakin, entrenador de Suiza

Suiza es un equipo al que también le gusta jugar con la pelota y hacerlo desde la salida. Tanto Manuel Akanji como Nico Elvedi, sus dos centrales, son dúctiles con el balón y los primeros encargados de iniciar la circulación.

Akanji, el central del Inter de Milán, tiene una característica muy similar a la de Lisandro Martínez. Es un defensor que, en cualquier momento, te pone un pase vertical capaz de romper líneas y dejar a un compañero de cara al ataque.

Granit Xhaka suele ser el primer pase en la gestación. Es el bastión que decide hacia dónde va a jugar el equipo. En esa mitad de la cancha, el jugador del Sunderland comparte con Remo Freuler, un mediocampista de menos juego, pero de mucho despliegue físico. Se complementan muy bien. El del Bologna es el que le permite a Xhaka encontrar mayores libertades para adelantarse en el campo y tener peso en el ataque.

Sin embargo, la selección europea no destaca por sus ataques internos. Más bien elabora por dentro para explotar por afuera con sus extremos, apoyados generalmente por los laterales. Rubén Vargas y Ndoye suelen acaparar las bandas: dos futbolistas rápidos y bravos en el uno contra uno. Creo que gran parte de las alarmas de Argentina deberían pasar por las bandas, teniendo en cuenta que viene mostrando problemas defensivos a partir de ellas. Fortaleza de uno y debilidad del otro.

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Manuel Akanji durante el partido entre Suiza y Colombia por los octavos de final del Mundial (Foto REUTERS/Albert Gea)
Manuel Akanji durante el partido entre Suiza y Colombia por los octavos de final del Mundial (Foto REUTERS/Albert Gea)

Siguiendo con la radiografía de Suiza, podemos identificar a un nueve corpulento como Breel Embolo, especialista en jugar de espaldas y pivotear para quienes llegan de frente. Aquí vale la pena detenerse para remarcar que la selección europea tendrá una ausencia de peso: no podrá contar con el joven Johan Manzambi, que todavía se recupera de una contusión en la rodilla. El chico de Friburgo era quien jugaba con mayor libertad por detrás del centrodelantero, moviéndose hacia donde el equipo lo necesitara para generar superioridades.

Esa es una gran noticia para Argentina, teniendo en cuenta que el rival pierde a su mayor joya ofensiva, autor de tres goles y dos asistencias en lo que va del Mundial. Fue una pieza clave para el equipo, aportando ruptura desde su verticalidad y mucha claridad para potenciar a sus compañeros.

En cuanto a la presión, Suiza suele pararse en un bloque medio. No es un equipo que trabaje una presión asfixiante ni que se caracterice por ello. De hecho, su entrenador, Murat Yakin, prioriza el orden defensivo para luego contraatacar, algo que el conjunto helvético hace realmente bien.

En todos los momentos de este Mundial en los que le tocó asumir el protagonismo, le costó mucho llegar al arco rival con claridad. Cayó en tenencias previsibles y mostró una evidente falta de ideas. Es un equipo que golpea mucho mejor a campo abierto.

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Por eso, todo hace suponer que le convendrá esperar a la Argentina y buscar atacarla como ya lo hicieron la mayoría de sus rivales: con transiciones rápidas, aprovechando los espacios que muchas veces concede el equipo de Scaloni.

Hay algunas falencias que Argentina puede aprovechar seriamente. Suiza es un equipo ordenado, pero sus centrales no siempre se sienten cómodos cuando tienen que correr hacia atrás. En general, el equipo no repliega bien. Si la Selección logra atraer la presión y atacar rápido los espacios a espaldas de Akanji y Elvedi, puede encontrar un camino. Las rupturas de Julián Álvarez o Lautaro Martínez serán fundamentales, pero también la movilidad del mediocampo y la enorme calidad técnica de sus volantes. Mac Allister, Enzo Fernández o Leandro Paredes tienen la sensibilidad para detectar esos espacios y la precisión para explotarlos. Y, por supuesto, si alguien puede poner ese pase imposible, ese sigue siendo Lionel Messi.

También será importante que los laterales argentinos interpreten bien cuándo pasar y cuándo quedarse. Porque Suiza puede dejar espacios, pero también castiga cualquier desorden con sus extremos. Ahí estará una de las claves del partido: atacar con paciencia, pero sin perder equilibrio. Animarse a lastimar, sin regalarle al rival el escenario que más disfruta.

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Tampoco habría que descartar a la bendita pelota parada. Ese partido dentro del partido que tantas veces termina inclinando la balanza. Cuando el juego asociado no encuentra caminos, Argentina ha demostrado que también sabe lastimar desde el juego aéreo, una variante que ya le dio resultados en este Mundial.

Como vemos, cada capítulo presenta nuevas oportunidades y nuevas advertencias. Cada partido plantea preguntas diferentes. Lo que nunca cambia en esta Selección es el amor por la camiseta. La entrega. La rebeldía de competir hasta el último segundo. Sea cual sea el once que salga a la cancha, hay una certeza que este grupo se ganó: va a representar a la Argentina con toda honra. Porque los nombres cambian. Los rivales cambian. Los escenarios cambian. Lo que permanece intacto es la manera de defender ese escudo. Y mientras eso ocurra, el Sol de Mayo siempre volverá a asomar.

Las lágrimas de Messi luego del épico triunfo frente a Egipto (Foto Reuters/Brett Davis)
Las lágrimas de Messi luego del épico triunfo frente a Egipto (Foto Reuters/Brett Davis)

Y recuerden: este puede ser el último o, si Dios quiere, el antepenúltimo partido de Lionel Messi con la camiseta argentina en una Copa del Mundo. Sus lágrimas después de Egipto expusieron su costado más humano y sensible, pero también nos acercaron a una verdad que duele asumir. Nuestro rock nacional ya lo dijo todo: nada es para siempre.



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