DEPORTE
Todo lo que pasó en la final del Mundial: de la verdad sobre la arenga de Messi al emotivo discurso tras la derrota

Lionel Messi llora. Llora porque siente como todos, o como ninguno. Llora porque le duele. Llora como lloró de emoción después de sus tres goles contra Argelia o luego de la épica remontada frente a Egipto. Llora porque sobre su pecho tiene la medalla de plata y no la de oro, la que merecía luego de un Mundial deslumbrante en el que desmintió los 39 años que denuncian su pasaporte. Llora de cara a los hinchas argentinos en New Jersey, que también lloran, pero cantan; cantan con las tripas, cantan la identidad, cantan el compromiso, cantan el agradecimiento.
Lionel Messi llora. Llora mientras camina hacia el vestuario rodeado de sus compañeros, llora cuando a sus espaldas explotan los fuegos artificiales, los papelitos rojos y amarillos. El animal competitivo que habita en su interior lo traiciona, la vista se le desvía unos segundos hacia la tarima donde España alza el torneo que fue suyo de 2022 hasta el domingo. Y que estuvo a un partido de reposar en sus manos cuatro años más.
En el vestuario son varios los que lloran. “Habló el capitán, yo he hablado con algunos. Había poco para decir, sinceramente la tristeza era grande”, contó el entrenador Lionel Scaloni ya en territorio argentino. En efecto, en las entrañas del MetLife Stadium, el que toma la palabra es Messi. No hay análisis, mucho menos reproches. En su discurso se destacan dos palabras: “orgullo” y “agradecimiento” por el esfuerzo realizado durante más de 50 días lejos de las familias, con el físico desgastado o directamente lesionado en muchos casos; luego de un tránsito que requirió de tres tiempos extra y guiones épicos para un desenlace en el segundo tiempo de la prórroga del último partido. Como decía Carlos Bilardo: a las finales nunca hay que verlas por TV. Solo dos de 48 selecciones clasificadas no lo hicieron.
Esas palabras de Messi, que no incluyeron un mensaje de despedida (lo que alimenta las chances de que su historia con la Selección tenga nuevos capítulos y un epílogo más ajustado a su leyenda), fueron las últimas de la secuencia completa de la final del Mundial, de la que tanto se habla en las últimas horas, pero de la que solo se conocen retazos. El delantero, al igual que Rodrigo de Paul, se marchó a Miami y no regresó a Buenos Aires en el avión con la delegación. Sí desembarcó este martes en Rosario, para visitar a sus padres, Jorge y Celia, y a sus hermanos: tendrá varios días de descanso antes de reincorporarse al Inter Miami.
Desde que la Pulga bajó del micro, sonriente, junto al resto de la delegación, hasta que el plantel se marchó del estadio con la decepción por la caída, el capitán tomó la palabra en más de una oportunidad, no solo en el fragmento de arenga en el túnel antes de saltar al campo de juego que se hizo viral y fue carne de un sinfín de especulaciones y teorías conspirativas, fácilmente extinguibles si se comparan con situaciones similares del astro en otros partidos de la Selección. Lo más profundo, lo que generó que a algunos de sus compañeros se les vieran los ojos enrojecidos en los pasillos de la cancha, lo pronunció en camarines, sin testigos.
Allí, según pudo reconstruir Infobae, tocó los sentimientos de los jugadores. También habló de orgullo, de lo que sufrieron para llegar a la gran definición, de los sacrificios y los problemas físicos que arrastraron. En el aire quedó el hecho de que estaban viviendo -salvo un cambio de opinión de Messi gracias a sobrenatural biología- el último partido del capitán en un Mundial.
Ya cuando los futbolistas traspasaron la puerta del vestuario, el rictus en sus rostros pasó a ser de concentración. Fue ahí que el atacante ex Barcelona y PSG dijo “tranquilidad, pensemos en jugar nomás, eh. Olvidémonos de todo. Solo juguemos”.
Enseguida, proliferaron las especulaciones, algunas vinculadas a lo que sucedió al final del cotejo: la pelea entre jugadores de Argentina y España por las declaraciones previas de los ibéricos, que buscaron condicionar el arbitraje del juez Slavko Vincic.
Sin embargo, fuentes cercanas a Messi le confirmaron a este medio que con el “olvidémonos de todo” se refería al entorno, a las presiones y tensiones que rodean a un partido con tanta carga. Pretendía el foco en el partido. En esa palabra que usa tanto en sus entrevistas: jugar. Es más, esa frase apareció en muchos otras porciones de arenga a lo largo de su carrera. El contexto, y que fuera frente a las cámaras, empujó la bola de nieve.
No fue lo único que se oyó en ese momento. En las últimas horas, ESPN difundió el video completo de ese ingreso al campo. Dibu Martínez le habló a Cristian Romero, Licha Martínez azuzó al propio arquero y le anticipó a Tagliafico que iba a “borrar” a Lamine Yamal, tal como ocurrió. Volvió a tomar la palabra Messi y le dio una indicación táctica al Cuti, quien luego volvió a darse ánimo junto al guardameta. La divulgación derrumba cualquier teoría sobre anomalías en la secuencia.
Messi también habló en el túnel durante el entretiempo, con el resultado 0-0, aunque fue el Dibu quien tomó mayor protagonismo. “Para atrás juegan los cagones, para atrás juegan los cagones, vamos para adelante”, soltó el golero del Aston Villa. “Tres pases y encontramos a Leo (Messi), vamos a hacerlo nosotros de atrás también. Vamos, más vivos que nunca estamos. A ganar, a ganar, a ganar”, agregó con la vehemencia con la que se suele hablar en el ámbito de un equipo de fútbol.
“¡Vamos, muchachos! ¡Personalidad, gente, personalidad! La tuvimos siempre, ¿no la vamos a tener ahora? Personalidad para jugar, vamos a jugarla, dale”, agitó luego el capitán.
En el césped, el carácter no alcanzó. Scaloni lo dejó claro en una de sus últimas apariciones ante la prensa, cuando llegó su pueblo, Pujato. “Nosotros llegamos justos, es la realidad. Hay veces que hay que reconocer y eso nos va a hacer mejores”, enfatizó.
Las señales estuvieron ahí, frente a las narices del mundo, mucho más luminosas que las conspirativas. Algo, incluso, había anticipado el Gringo en una de sus conferencias de prensa: que de acuerdo a como habían llegado al Mundial, tal vez “debió hacer más cambios en la lista”, pero confió en la base de los hombres que lo habían llevado a la gloria. Y esos hombres le devolvieron la confianza con una entrega descomunal. Con las botas puestas, sí. Y un compromiso contagioso. ¿Cómo discutir ese respeto a la esencia misma de La Scaloneta?
Por si hace falta refrescar la memoria: Lisandro Martínez y Cuti Romero debieron abandonar el campo en la final por sendas lesiones. Nicolás Tagliafico deberá ser objeto de estudio para determinar cómo logró terminar en partido cuando apenas podía mantenerse en pie. Argentina llegó a la Copa del Mundo con los dos laterales derecho (Nahuel Molina y Gonzalo Montiel) desgarrados, Dibu Martínez con un dedo fracturado, Messi con una sobrecarga muscular; Cuti, recién repuesto de un esguince de grado dos en el ligamento lateral interno de la rodilla derecha; Julián Álvarez, con un esguince en el tobillo derecho…
“Hemos tenido un montón de dificultades durante el Mundial. El peor momento fue en los días anteriores a dar la lista, estábamos en una situación difícil», había confesado el DT luego de la epopeya contra Inglaterra. Ese día, el equipo se fundió. Contra un España en mejores condiciones físicas y con el tiki-taka aceitado -más allá de que le haya faltado profundidad para lastimar-, Argentina solo pudo resistir. Resulta contrafáctico señalar que, con los dos planteles al 100%, la historia hubiera sido otra. O no. Tal vez pueda ser probado en la Finalissima, si se disputa en noviembre en Qatar.
“El resultado no define el camino recorrido. Superamos adversidades, hicimos posible lo que parecía imposible y nunca buscamos excusas: solo encontramos razones para seguir adelante”, escribió Lisandro Martínez en su contundente posteo en Instagram. Tal vez, la realidad es más aburrida que la ficción, y lo que sucedió en el estadio de New Jersey no responda al terraplanismo futbolístico o a las populares series de intriga basadas en las novelas de Harlan Coben. Pero le hace honor a la historia de La Scaloneta. Y a su legado, a sus lecciones, que atraviesan el fútbol.
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DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
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DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
North America,Sport,Tennis
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