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ECONOMIA

Qué bonos en dólares le harán ganar más plata a inversores si el riesgo país vuelve a caer

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Con una diferencia relevante respecto de otros momentos de la Argentina, el Gobierno volvió a poner a los bonos en dólares en el centro de la discusión financiera. La estrategia oficial no pasa por salir cuanto antes a Wall Street, emitir deuda a gran escala y usar ese dinero para despejar el calendario, sino por combinar financiamiento local en moneda extranjera, préstamos de organismos multilaterales, privatizaciones y eventuales operaciones de mercado solamente cuando las tasas sean más convenientes.

Recientemente, Luis Caputo presentó el programa financiero para 2026 y 2027 con esa idea de fondo. El ministro de Economía dijo que el país buscará refinanciar deuda al menor costo posible y que cubrirá pagos con préstamos multilaterales y privatizaciones. Argentina enfrenta vencimientos de capital en moneda extranjera por más de u$s23.000 millones en 2027, o más de u$s32.000 millones al sumar intereses.

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En síntesis, Caputo aseguró que ya tiene los dólares para pagar los compromisos de deuda para 2027 sin salir al mercado internacional y, al mismo tiempo, está acrecentando la cantidad de reservas del Banco Central para generar más confianza en el mercado.

Durante buena parte de julio, el mercado acompañó y el riesgo país rozó el piso de 400 puntos básicos, su nivel más bajo en más de ocho años, y quedó a un paso de perforar una barrera clave. Sin embargo, en las últimas jornadas, el indicador fue trepando hasta ubicarse muy cerca de los 440 puntos. 

Este número importa porque funciona como termómetro del costo que debería pagar la Argentina para endeudarse afuera. Cuanto más bajo es el riesgo país, más barato se vuelve financiarse y más suben los bonos que ya están en circulación. Por eso, resulta clave analizar qué pasaría con los inversores posicionados en bonos en caso de que el riesgo país regrese a la senda bajista. 

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Qué bonos en dólares ganarían si el riesgo país vuelve a caer y perfora los 400 puntos

En un escenario de rendimiento anual de 8%, compatible con una Argentina que logra instalarse debajo de los 400 puntos de riesgo país, los bonos largos de ley local aparecen con el mayor recorrido. Entre los Bonares:

  • El AE38 ganaría 8,3%
  • El AL35 subiría 8,2%
  • El AL41 avanzaría 5,6%.

Más atrás quedarían el AN29, con una suba estimada de 4,2%, el AO28, con 2,5%, el AL30, con 2,3%, y el AL29, con 0,9%. La diferencia aparece porque algunos bonos ya están mucho más cerca de ese rendimiento de 8%, mientras que otros todavía tienen más tasa para comprimir.

Entre los Globales, que son los bonos de ley extranjera, el margen también existe, pero luce algo más acotado.

  • El GD41 podría subir 4,6%
  • El GD35 ganaría 3,8%
  • El GD46 avanzaría 3,4%
  • El GD38 tendría un recorrido de 2,7%. 

En los títulos más cortos, el escenario de 8% ya queda prácticamente incorporado en los precios, por eso el GD29 y el GD30 muestran una baja marginal de 0,3%.

Y es que, la primera diferencia fuerte queda ahí dado que, para quien espera que el riesgo país apenas perfore los 400 puntos, los bonos cortos ya no muestran demasiado premio. El mayor recorrido aparece en los papeles más largos, especialmente en ley local.

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Los bonos que más ganarían con una baja más fuerte

El escenario más favorable de la matriz aparece con un rendimiento anual de 7%. Eso ya no sería simplemente perforar los 400 puntos, sino avanzar hacia una compresión más profunda del riesgo país, más cerca de la zona de 300/350 puntos. Para llegar ahí, el mercado debería creer que la Argentina tiene despejado el frente financiero, que puede refinanciar vencimientos sin sobresaltos y que el Gobierno no necesita pagar tasas muy altas para conseguir dólares.

En ese caso, los mayores ganadores volverían a estar en el tramo largo. En ley local: 

  • El AL35 tendría una suba potencial de 14,1%
  • El AE38 avanzaría 13,4%
  • El AL41 ganaría 12%
  • El AN29 avanzaría 7,3%
  • El AO28 podría subir 4,6%
  • El AL30 tendría un recorrido de 4,1%
  • El AL29 avanzaría 2,3%.

En ley extranjera, los mejores números quedarían para el GD41, con 11%, el GD46, con 10,1%, y el GD35, con 9,5%. Luego aparecerían el GD38, con 7,6%, el GD30, con 1,5%, y el GD29, con 1%.

La explicación no tiene demasiado misterio ya que los bonos largos se mueven más cuando cambia la tasa que exige el mercado. Cuando todo sale bien, eso juega a favor porque suben más. Cuando el escenario se complica, también caen con más fuerza.

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Qué pasa si el mercado empieza a pedir más tasa

La misma cuenta sirve para mirar el riesgo de entrar tarde al rally. Un escenario de rendimiento anual de 9% implicaría que el mercado deja de convalidar precios tan altos y vuelve a pedir algo más de premio para quedarse con deuda argentina. No sería necesariamente una crisis, pero sí un freno para la suba.

En ley local, ese escenario todavía dejaría algunos números positivos porque varios Bonares rinden hoy cerca o por encima de ese nivel. El AE38 subiría 3,5%, el AL35 ganaría 2,8%, el AN29 avanzaría 1,3%, el AL30 subiría 0,5% y el AO28 tendría una mejora de 0,4%. En cambio, el AL29 caería 0,4% y el AL41 perdería 0,3%.

En los Globales, una tasa de 9% ya implicaría pérdidas casi generalizadas. El GD41 caería 1,3%, el GD35 perdería 1,4%, el GD29 bajaría 1,6%, el GD38 retrocedería 1,8%, el GD30 caería 2,1% y el GD46 perdería 2,7%.

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Esto muestra que los Globales vienen más exigidos por precio en algunos tramos. Para seguir subiendo necesitan que el riesgo país continúe bajando. En cambio, varios Bonares todavía tienen algo más de colchón por el rendimiento inicial desde el que parten.

Cuánto pueden caer los bonos argentinos si vuelve el castigo

El escenario más incómodo aparece cuando el mercado empieza a exigir rendimientos de 10% u 11% anual. Traducido a riesgo país, sería una suba importante del castigo sobre la deuda argentina. No es lo que hoy está priceando el mercado, pero sirve para medir qué pasaría si se corta el buen clima y los inversores vuelven a reclamar más tasa para comprar bonos soberanos.

Con un rendimiento de 10%, los Globales caerían entre 2,9% y 8,1%. El golpe más fuerte sería para el GD46, con una baja de 8,1%, seguido por el GD41, con una caída de 6,6%, el GD35, con 6,3%, el GD38, con 6%, el GD30, con 3,7%, y el GD29, con 2,9%.

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Entre los Bonares:

  • El AL41 perdería 5,7%
  • El AL35 caería 2,3%
  • El AN29 y el AO28 bajarían 1,6%
  • El AL29 perdería 1,7%
  • El AL30 retrocedería 1,2%
  • El AE38 mostraría una baja menor, de 0,9%.

Con una tasa de 11%, el daño sería bastante más grande. En ley extranjera, el GD46 caería 13%, el GD41 perdería 11,5%, el GD35 bajaría 10,9% y el GD38 retrocedería 9,9%. Los Globales cortos también sufrirían, aunque menos, con caídas de 5,3% para el GD30 y 4,2% para el GD29.

En ley local, el golpe más fuerte quedaría para el AL41, con una caída de 10,7%. Luego aparecerían el AL35, con una baja de 7,1%, el AE38, con 5%, el AN29, con 4,3%, el AO28, con 3,5%, el AL29, con 3%, y el AL30, con 2,8%.

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ECONOMIA

Dólar hoy: a cuánto operan todas las cotizaciones minuto a minuto este lunes 28 de septiembre

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¿A cuánto se vende el dólar en bancos?

El dólar al público gana cinco pesos o 0,3% este lunes, a $1.550 para la venta en el Banco Nación, un nuevo máximo nominal. El BCRA informó que en entidades financieras el dólar minorista promedió $1.545,12 para la venta y $1.493,40 para la compra.

El dólar blue también gana cinco pesos, a $1.565 y a cinco pesos de distancia de su récord del 28 de julio.

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ECONOMIA

De cuánto será la PUAM de ANSES en octubre 2026

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La actualización de las prestaciones previsionales utiliza como referencia la inflación de agosto informada por el INDEC (ANSES)

Una mujer mayor sonriente con un suéter beige recibe billetes de una empleada en un escritorio blanco con el logo azul de Anses de fondo. Varias personas esperan sentadas.
La Pensión Universal para el Adulto Mayor alcanzará los $ 348.598,81 en octubre de 2026 tras aplicar un ajuste del 1,66 % (Imagen Ilustrativa Infobae)
  • Tener 65 años o más.
  • No cobrar ni tener derecho a una jubilación, retiro o pensión de organismos nacionales, provinciales o municipales.
  • No percibir la prestación por desempleo al momento de iniciar el trámite.
  • Ser argentino nativo o cumplir con la residencia exigida según la nacionalidad.
  • Acreditar, en el caso de argentinos naturalizados, al menos 10 años de residencia en el país previos a la solicitud.
  • Demostrar una residencia mínima de 20 años en la Argentina para las personas extranjeras.
  • Mantener la residencia en el país una vez otorgada la prestación.

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ECONOMIA

La nueva era del consumo: crece el pesimismo, se recortan gastos y aparece la “bolucompra”

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Durante los últimos dos años, el deterioro de la situación cotidiana convivió con una expectativa: que una mejora de la economía terminara por trasladarse al bolsillo y al bienestar personal. Sin embargo, esa percepción empieza a cambiar. La recuperación de los indicadores macroeconómicos ya no alcanza para sostener las expectativas individuales y esa distancia modifica tanto el humor social como las decisiones que toman los argentinos a la hora de administrar su dinero.

El informe Social Mood del tercer trimestre de 2026, elaborado por la consultora Moiguer, sintetiza el escenario con una frase: “Argentina mejora, yo no”. El trabajo identifica un cambio de etapa en el humor social, en el que el futuro pierde fuerza como organizador del presente y los consumidores concentran su capacidad de decisión en aquello que todavía pueden administrar: dónde, cómo y en qué gastar.

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La investigación combina un estudio cuantitativo continuo, focus groups, más de 15 fuentes secundarias y análisis de conversaciones en redes sociales. El relevamiento abarca personas de 16 a 75 años de distintos niveles socioeconómicos y toma información de diferentes puntos del país.

Moiguer

Uno de los datos centrales aparece en las expectativas. Por primera vez en la serie, el porcentaje de personas que cree que el país empeorará durante los próximos 12 meses supera al de quienes consideran que mejorará. Las respuestas negativas llegan al 41%, mientras que las positivas se ubican en 38%. De acuerdo con Moiguer, el optimismo retrocede así a niveles de 2023.

El cambio resulta especialmente marcado entre algunos de los grupos que más sostuvieron las expectativas positivas. Frente al primer trimestre de 2025, la proporción de personas que considera que el país mejorará baja 14 puntos porcentuales en el total de la población. Pero la disminución alcanza 24 puntos entre el segmento ABC1 y 17 puntos entre los jóvenes de 16 a 25 años.

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Moiguer

En el caso del ABC1, el estudio vincula el retroceso con la pérdida de poder adquisitivo y un escenario más débil para invertir y emprender, factores que erosionan la confianza que caracterizó a ese segmento. Entre los jóvenes, en tanto, la promesa de progreso que sostenía el optimismo choca con un mercado laboral que el informe describe como cada vez más precario e incierto.

El bolsillo y una brecha que se profundiza

Detrás de ese cambio de expectativas aparece el deterioro de algunas variables directamente relacionadas con la economía de los hogares. Según la elaboración incluida en el informe, el poder adquisitivo de los salarios registra una caída de 11 puntos frente a enero de 2023, mientras que el ingreso disponible de los hogares muestra una disminución de 17 puntos.

Al mismo tiempo, el peso de los servicios y el transporte sobre el salario promedio aumenta 11 puntos respecto de diciembre de 2023. La consultora resume esa combinación con otra definición: “el ingreso se achica y los gastos fijos crecen”.

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El informe también marca una diferencia entre la evolución de la actividad económica y la del consumo. Mientras la primera crece, el consumo masivo lleva casi dos años de caída. La serie que incorpora el estudio ubica al índice correspondiente al consumo masivo en 100 en 2021 y en 77 en junio de 2026, mientras que el indicador de actividad pasa de 100 a 116 en ese mismo período.

Es en ese contexto donde, según Moiguer, empieza a instalarse una nueva certeza entre los consumidores: el crecimiento del país no necesariamente se traduce en bienestar individual. Uno de los testimonios recogidos en los focus groups lo expresa a partir de una situación cotidiana: “Yo veo cómo Vaca Muerta no para de crecer, pero el gas y la nafta nos salen cada vez más caros”.

“Yo veo cómo Vaca Muerta no para de crecer, pero el gas y la nafta nos salen cada vez más caros”, planteó uno de los encuestados, citados por el informe

La consecuencia se observa en la manera de administrar el presupuesto. Ante un futuro que deja de funcionar como garantía, el consumidor concentra su capacidad de acción en el presente. Y allí aparece una paradoja: los gastos variables son administrables, mientras que los fijos se vuelven impredecibles.

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Una persona entrevistada en el estudio compara las boletas de servicios con un “unboxing”: recién cuando las abre descubre cuánto le toca pagar esa vez.

Recortar y darse gustos al mismo tiempo

Esa incertidumbre no deriva únicamente en una reducción generalizada del gasto. El estudio detecta una administración mucho más selectiva del dinero, en la que los hogares deciden qué recortar y qué consumos preservar.

En concreto, 4 de cada 10 hogares presentan lo que Moiguer denomina un perfil “compensador”. Son familias que recortan gastos esenciales y, al mismo tiempo, se permiten gustos en rubros como ropa, electrónica, salidas y viajes.

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La lógica consiste en preservar aquellos consumos que sienten que realmente “valen la pena”. Es justamente dentro de ese comportamiento donde el informe identifica la aparición de la “bolucompra”: pequeñas adquisiciones de bajo costo que satisfacen el deseo de consumir sin comprometer demasiado el presupuesto.

El fenómeno se inserta en un cambio más amplio de las referencias que utiliza el consumidor. Ya no alcanza con determinar si algo es caro o barato en términos absolutos. La pregunta que aparece, según el estudio, es otra: “¿Qué me devuelve este gasto?”

Moiguer identifica tres dimensiones que se transforman en las decisiones de compra: acceso, precio y valor. En el primer caso, los datos muestran la expansión de nuevas alternativas para conseguir productos. El 54% de los encuestados compró algo en un bazar chino en los últimos meses, mientras que las importaciones puerta a puerta crecieron 641% frente a 2024.

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Carne, zapatillas y nuevas referencias de precios

El segundo cambio se relaciona con los precios relativos. El informe compara cuántos productos podían adquirirse con un salario promedio en 2022 y cuántos se pueden comprar en 2026, y los resultados varían considerablemente según el bien elegido.

En 2022, un salario promedio equivalía a 156 kilos de carne, mientras que en 2026 permite comprar 95 kilos: una pérdida equivalente a 61 kilos. Con las zapatillas de primera marca sucede exactamente lo contrario. La capacidad de compra pasa de 3,4 pares en 2022 a 10,1 pares en 2026, casi siete unidades más.

En 2022, un salario promedio equivalía a 156 kilos de carne, mientras que en 2026 permite comprar 95 kilos: una pérdida equivalente a 61 kilos(Imagen Ilustrativa Infobae)

Moiguer resume ese cambio de precios relativos bajo el concepto “lo cotidiano se encarece, lo dolarizado se abarata”.

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El estudio utiliza otro ejemplo para mostrar cómo se transforma la evaluación de un gasto. Un combo para tres personas en un local de comidas rápidas cuesta $65.000, mientras que una airfryer cuesta $70.000. La diferencia entre ambos desembolsos resulta mínima y obliga al consumidor a evaluar qué recibe a cambio de cada uno.

Esta modificación también explica comportamientos que, a primera vista, pueden parecer contradictorios. Uno de los testimonios recogidos por Moiguer corresponde a una persona de entre 30 y 50 años, del segmento C2/C3, residente en Salta. Cuenta que recorre comercios y compra carne únicamente cuando la encuentra barata. Pero, al mismo tiempo, relata que sus hijas viajaron a Bariloche y les compraron siete outfits diferentes a través de Shein por $100.000, con botas incluidas.

La comparación expone la lógica que atraviesa el informe: la restricción presupuestaria no necesariamente elimina los consumos vinculados con el disfrute, sino que obliga a seleccionar con mayor precisión dónde colocar el dinero disponible.

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La competencia también cambia para las marcas

El nuevo comportamiento plantea además modificaciones para las empresas. Según Moiguer, frente a un consumidor que redefine dónde, cómo y en qué gastar, las marcas necesitan cambiar su juego.

Una de las principales implicancias es que ya no compiten solamente contra otras compañías o productos de su misma categoría. Ahora deben “competir por el presupuesto, no solo por la categoría”: cualquier producto o servicio que ofrezca mayor valor por el mismo dinero puede convertirse en una alternativa para el consumidor.

También cambia la definición de valor. De acuerdo con el informe, la funcionalidad y el precio ya no explican por sí solos una elección. En la decisión pesan también el disfrute, la duración y la oportunidad. El desafío para las marcas pasa por identificar qué retorno espera recibir una persona por cada peso que gasta.

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A eso se suma la necesidad de demostrar que un producto efectivamente “vale lo que cuesta”. Con la modificación de los precios relativos, el valor percibido deja de darse por sentado y las empresas necesitan ofrecer argumentos funcionales y emocionales que justifiquen las diferencias de precio.

El informe plantea además la necesidad de “dar acceso y permiso al deseo”. Esto supone ofrecer nuevos canales, formatos y alternativas de financiación, pero también construir motivos que habiliten la compra. Entre las expresiones que Moiguer identifica en esa lógica aparecen “me lo merezco” y “es una inversión en mí”.

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