POLITICA
Tras 8 años de distancia, los hermanos Rodríguez Saá coquetean con unirse para volver al poder en San Luis

Hay una idea de forjar la unidad que atraviesa la discusión de todo el peronismo a nivel nacional. La gran mayoría de los dirigentes creen importante construir una coalición amplia que esté apoyada sobre la base de acuerdos provinciales. Así sucedió, en gran medida, durante el 2018, cuando se edificó el Frente de Todos. Esa experiencia, por más traumática que resultó en la gestión, tuvo resultados favorables en el plano electoral.
San Luis representa el 1,15% del padrón electoral a nivel nacional. Tiene cerca de 420.000 electores. Es una de las provincias con menor representatividad en las urnas. Sin embargo, lo importante de la discusión que tiene el peronismo por estos días, entre ellos la versión puntana de la fuerza política, es el valor simbólico de la unidad como método para ganar elecciones en todas las provincias. Y, sobre todo, que la unidad sea entre dos hermanos que ocuparon el poder del gobierno de San Luis en nueve períodos: Adolfo y Alberto Rodríguez Saá.
Adolfo Rodríguez Saá fue gobernador entre 1983 y el 2001 en forma ininterrumpida, mientras que su hermano Alberto ocupó la gobernación entre el 2003 y el 2011, y el 2015 y el 2023. Entre el 2001 y el 2003 estuvo a cargo de la provincia Alicia Lemme. Entre el 2011 y el 2015 el delegado en el gobierno de los Rodríguez Saá fue Claudio Poggi, que ocho años después volvió al poder pero divorciado de Alberto y aliado con Adolfo.
Los hermanos, que están en el borde las ocho décadas, se encuentran distanciados desde el 2018. Hay cuestiones personales y políticas que trazaron una línea divisoria en el vínculo. El conflicto político se profundizó cuando Adolfo apoyó la candidatura de Poggi en el 2023. Enfrente quedó Alberto, como principal promotor de la candidatura de Jorge “Gato” Fernández, el último candidato a gobernador del PJ. La diferencia fue de ocho puntos pero con un umbral alto para el peronismo. Obtuvo el 42,30% de los votos contra el 52,9% del actual mandatario.

Con ese piso de votos, en el justicialismo piensan que una eventual unidad entre los hermanos podría volver muy competitiva a la oposición. “¿Van a forjar la unidad para salvar San Luis?“, le preguntó una periodista militante a Adolfo Rodríguez Saá en una entrevista realizada pocos días atrás en la provincia. ”Dios quiera. Hoy no hay nada. Pero por su puesto que me gustaría. Hay que buscar los puntos que nos unen y dejar de costado las cosas que nos dividen», respondió.
El planteo fue explícito. Adolfo está dispuesto a firmar la paz. Tiene su partido y su vocación de ser candidato nuevamente. Pero, a esta altura del calendario, las expresiones y los gestos son parte de un combo de tensiones donde el objetivo real es tener fuerza para negociar la unidad para volver al poder. “Esto no es solo para mi hermano. Sino para todos los dirigentes. Tenemos que dejar de buscar la mugre y buscar lo que nos une. Las coincidencias tienen que servir para tener un programa común”, explicó en una entrevista brindada a FM La Nuestra 100.3.
Adolfo utilizó en ese diálogo un lema muy conocido en el peronismo. La unidad no se proclama, la unidad se construye con gestos, ideas y propuestas. Ese mensaje cercano al PJ provincial se da cuatro meses después de su distanciamiento del esquema político e institucional del gobierno de Poggi. Ese cambio abrupto es tolerado, pero no olvidado, por muchos dirigentes peronistas. Entre ellos su propio hermano.
La mayor parte del peronismo puntano está alineado detrás de la figura de Alberto Rodríguez Saá que, un puñado de días atrás, reapareció en un acto en la sede del PJ de San Luis, donde juntó a una gran cantidad de militantes que pidieron por una nueva candidatura provincial. Allí planteó la necesidad de volver más humildes al poder y le dio impulso a una idea que tuvo en el 2019: “Hay 2027”. Una expresión de deseo y convicción para sostener el proceso de armado político y electoral. Quienes lo frecuentan aseguran que ya no habla tan mal de su hermano como antes. El silencio parece ser una señal de aplacamiento.

La decisión personal de los hermanos es lo que realmente vale para sostener el consenso. Pero por fuera de ese diálogo, hay una mayoría de dirigentes del peronismo que presionan para construir un acuerdo de unidad y presentar una opción competitiva para el año que viene. Algunos miran con atención el 17 de octubre, cuando se celebre el día de la Lealtad peronista. Advierten que puede haber un gesto de acercamiento con un trasfondo histórico que lo sostenga.
Alberto cree en la concentración de fuerzas como parte de la edificación política. Trazar una línea y contar quienes están de un lado y quienes del otro. Y, una vez seguro de los propios, avanzar en una discusión sobre roles, candidaturas y funciones. El último gobernador peronista pretende que el PJ, que actualmente preside, tenga un candidato provincial antes de fin de año.
Las especulaciones están a la orden del día en San Luis. Hay dos caminos visibles para la unidad. Uno es que haya un acuerdo entre ambos y alguno decida apoyar al otro como candidato a gobernador. En ese juego el que mejor parado está es Alberto, porque tiene el mayor caudal dirigencial desde su lado y porque es el que mejor mide en las encuestas como referente del peronismo.
El otro camino es que logren un acuerdo para respaldar la candidatura de un dirigente que no lleve su apellido. Así como lo hicieron en el 2015 con Poggi. En ese escenario hipotético empieza a correr el nombre del diputado nacional Ernesto “Pipi” Alí, que está alineado a Alberto, pero que recibió halagos de Adolfo por su decisión de estar en la trinchera enfrentando al gobierno de Poggi.

La semana pasada Alí se fue del bloque de Fuerza Patria y se unió al bloque del “Gato” Fernández. Fue una decisión basada en el reacomodamiento territorial. Alberto Rodríguez Saá pretendía que el “Pipi” esté afuera del bloque. El ex gobernador nunca tuvo un buen vínculo con el kirchnerismo. Y el legislador, que tiene voluntad de ser candidato si su jefe político no se presenta, movió su ficha en el tablero legislativo.
Detrás de bambalinas hay un trasfondo más complejo en la convivencia parlamentaria. Pero la base de la decisión está basada en el ordenamiento político del peronismo en el territorio. En un encuadramiento local. Alí es parte del esquema político del PJ Federal donde están Juan Manuel Olmos, Victoria Tolosa Paz, Guillermo Michel y Federico Achával. Su cara podría ser la que encarne una renovación. Sin embargo, el diputado sabe con claridad que si Alberto decide ser candidato, su vocación tendrá un freno brusco.
Otro nombre que sonaba hasta hace poco es el del “Gato” Fernández, último candidato del peronismo para la gobernación. Pero el legislador no tiene voluntad de afrontar una nueva campaña. Trabajará para la unidad pero sin la expectativa de volver a ser. La situación es diferente en el universo de Alberto. En su entorno creen que podría ser un candidato de la unidad que contenga a su hermano, pero también algunas vertientes del kirchnerismo y el massismo, minoritarias en la superficie política de la provincia.
Tanto Alberto como Adolfo están muy activos. Recorriendo distintas localidades de la provincia y subidos a la vida pública de la política. El año que viene no solo habrá elecciones nacionales, sino que también se llevarán a cabo elecciones constituyentes, ya que Poggi decidió avanzar con un proyecto para reformar la constitución provincial. En ese contexto, la negociación de unidad gana preponderancia y altera la estabilidad política de la provincia. Hay distintos espacios en el frente para ocupar y representar.

Los hermanos no tienen interlocutores. Y la discusión que se va a dar en los próximos días es netamente provincial. El peronismo puntano no quiere que la interna nacional, anclada en las peleas de la provincia de Buenos Aires, contaminen la negociación dentro de los márgenes de San Luis. Por eso nadie habla de ni de Cristina Kirchner ni de Axel Kicillof, ni de La Cámpora ni del Movimiento Derecho al Futuro (MDF). Realidades diamentralmente opuestas.
“Hay que dejar de estar con el peronómetro en la puerta del partido. Hay que frenar los pases de factura. Y hay que poner toda la carne al asador para ganar el año que viene. El peronismo necesita la unidad del Alberto y el Adolfo. El tiene que unirse para ganar”. Así definió el estado de situación del justicialismo puntano un dirigente que conoce bien a los hermanos Rodríguez Saá. Sus palabras bien podrían ser la de tantos otros dirigentes de base que buscan, en un gesto de extremo pragmatismo, que haya perdón, para después encontrar el amor.
POLITICA
El fuerte pedido del hijo de Jorge Julio López: “No permitamos que desaparezca por tercera vez”

Veinte años después de aquel 18 de septiembre de 2006, Rubén López sigue buscando respuestas. Ese día, su padre, Jorge Julio López, iba a atravesar uno de los momentos más importantes de su vida: tenía que estar cara a cara al represor Miguel Etchecolatz, luego de haber declarado en su contra. Sin embargo, horas antes de la lectura de la sentencia, el testigo clave desapareció y nunca más se volvió a saber de él.
“Es una mancha en la democracia, el problema de no saber qué pasó con una persona que fue a dar su testimonio en un juicio tan importante contra los genocidas es algo que molesta, no solo como familia, a toda la sociedad”, sostiene Rubén en diálogo con TN.
Y marca una diferencia que, para él, resume la dimensión de lo ocurrido: “Lo raro de todo esto es que, luego de casi seis meses de la primera desaparición en dictadura sabíamos que estaba vivo. Hoy, a 20 años, no sabemos qué pasó”.
Rubén no estaba en La Plata el día que desapareció su padre, se encontraba trabajando en Capital, pero cuando le avisaron de la falta de noticias, no consideró en un primer momento que se debía al contexto que encontraba atravesando. “Creímos que le había pasado algo físico porque iba a estar frente a frente Etchecolatz. Tiempo después nos dimos cuenta que por la declaración, estos personajes pensaron en hacerle algo”, reconoce.
Diferente fue el relato del resto de los sobrevivientes que llevaban adelante el juicio. Nilda Eloy, otra testigo clave ya fallecida, había advertido acerca de los peligros a los que se enfrentaban y la falta de cuidados. Y sobre esta segunda desaparición, nunca dudó que se tratara de un ataque por parte de los genocidas: “Alguna vez la van a estudiar como el monumento a la impunidad”, aseveró.
Durante las semanas que duró el debate, tanto sobrevivientes como sus familiares recibían amenazas. Sin embargo, con la desaparición de López, las llamadas telefónicas aumentaron: eran durante la madrugada, brindaban datos personales y en muchas ocasiones les ponían audios de torturas, muchas, consideraban, correspondían a las ocurridas durante la dictadura. Es por eso que, a pesar de las décadas transcurridas, el reclamo sobre la apertura de los archivos del golpe y el pedido para que confiesen lo que hicieron, sigue vigente.
Las primeras hipótesis
En los primeros meses, la familia pensó que podía tratarse de un problema de salud o de una desorientación. “No entendíamos qué estaba sucediendo, por eso insistimos tanto tiempo con esa situación, con el tema físico”, recuerda Rubén.
Incluso, asegura que en un principio, entre los familiares, solo su madre pensó que detrás de la desaparición podía estar Etchecolatz. “Los fiscales tampoco nos lo dijeron, nadie nos lo dijo”, lamenta y agrega: “No teníamos otra cosa en la cabeza. Si nos hubiésemos dado cuenta que por esa declaración algo había pasado, hubiésemos accionado de otra manera”.
Para Rubén, uno de los principales problemas estuvo en cómo se actuó durante las primeras horas de la desaparición. “El problema radica en que la Policía pensó lo mismo que nosotros y en eso se quedó. Tenían que haber abierto el panorama en el marco de un juicio tan importante y no lo hicieron”, plantea.
Aunque destaca lo que ocurrió cuando su hermano fue a realizar la denuncia: “Hay gente que sí se había dado cuenta que era grave el tema. Por ejemplo, cuando mi hermano fue a hacer la denuncia, en aquel entonces te decían que había que esperar 48 horas para que la tomaran y lo aplicaban. Fue recién cuando se acercó a la Comisaría 3° de Los Hornos que un cabo le respondió ‘esto es otro tema’ y empezaron a actuar”, cuenta.
Sin embargo, asegura, ya se había perdido tiempo valioso: “No buscaron en forma inmediata. Si hubiesen investigado todas las hipótesis, quizás esas 48 horas que se perdieron al principio hubiesen sido clave, pero hoy no nos permite saber qué pasó”.

Con el paso del tiempo, la familia comenzó a advertir situaciones que hicieron cambiar aquella primera mirada. “Cuando aparecieron las llaves en el jardín, el momento en el que le quisieron abrir el auto a mi hermano. Nunca supimos si fueron casualidades o tuvieron que ver con su desaparición, pero estas cosas nos llevaron a pensar que algo más había pasado”.
Ninguna hipótesis cierra
A lo largo de estos 20 años aparecieron numerosas pistas, testimonios y versiones sobre el posible paradero de López. Nada permitió establecer qué ocurrió. “Ninguna hipótesis cierra, no tenemos algo certero de dónde investigar porque no lo hay”, afirma Rubén.
Y recuerda una de las búsquedas que más expectativas generó dentro de la familia: “Salvo alguna cosa, sabíamos que generalmente era información trucha. Lo que pasó en las vías del Tren Roca, en la estación del Parque Pereyra, que dijeron que había sido enterrado ahí, que lo había escuchado una tercera persona. Nos aferramos a esa idea porque queríamos encontrarlo”.
“Después empezamos a abrir el paraguas para no aferrarnos a una idea, que pasaron todas, pero siempre terminaban en la nada misma”, explica.
Rubén también diferencia entre quienes aportaron información de buena fe y quienes pudieron haberlo hecho con otras intenciones. Sin embargo, nada aportó datos certeros: “Lo cierto es que todas esas pistas nunca fueron algo concreto. Nunca estuvimos cerca de pensar en que lo íbamos a encontrar. Ninguna de todas las cosas te podían haber acercado”.
Actualmente, según cuenta el hijo de López, la investigación está enfocada en revisar el enorme volumen de información acumulada durante dos décadas en comunicaciones telefónicas.
“Hoy están trabajando mucho, depurando las llamadas de aquel 18 de septiembre de 2006. La causa busca tratar de sacar cuerpos de anexos de investigación que son truchos y enturbian la causa. Están tratando de clarificar 10 millones de llamadas después de 20 años”, detalló.

Sumado a ello, en los últimos meses, la Provincia de Buenos Aires aumentó la recompensa, que pasó de 5 a 10 millones de pesos. “Los gobiernos siempre han tratado de colaborar, actualmente no pasa desde Nación, pero no esperamos mucho”, agrega.
Para Rubén, pese al paso del tiempo, todavía debería investigarse el entorno de Etchecolatz. “Cuando mostró un papelito que decía ‘Jorge Julio López’ y ‘secuestrar’ nunca se investigó. En esa oportunidad fui a hablar con el fiscal Molina. Me dijo que lo iba a convocar”, cuenta. “Todavía estamos esperando que lo convoquen”, agrega con ironía, debido a que el represor murió hace cuatro años en prisión.
Es por eso que hoy, para la familia, “todas las preguntas siguen sin respuestas”. “¿Qué pasó?, ¿quiénes fueron?, ¿por qué no se protegió a los testigos?, ¿por qué después de la desaparición de mi papá empezaron a cuidarlos?, ¿por qué le pasó a él?, ¿por qué lo eligieron a él? Son las mismas de hace 20 años”, lamenta el hombre.
Para Rubén, la falta de respuestas está vinculada con el silencio de quienes podrían aportar información: “Esto es como el pacto de los genocidas de la dictadura: hay un manto de silencio que no se corrompe ni con toda la plata que les pongas. No hay más que dos o tres que ejecutaron y un instigador, porque esto sigue quedando impune como con los 30 mil compañeros detenidos desaparecidos”.
“Se fueron muriendo y nunca contaron, nunca dijeron nada, nunca tuvieron un signo de respeto hacia las familias. Nunca se arrepintieron”, sostiene.
Una ausencia que permanece en lo cotidiano
El hijo de López cuenta que la familia nunca pudo atravesar el duelo de la manera habitual. “Vivís con la misma esperanza de que en algún momento va a aparecer. Este año mi viejo cumpliría 97 años, quizás por la edad ya no estaría vivo, pero podría ser que sí y ahí estamos nosotros, pidiendo su aparición con vida hasta que algo demuestre lo contrario”.
“Los psicólogos dicen que las personas llevan un año de duelo luego de una pérdida. Nosotros hace 20 años esperamos el primer año de duelo”, lamenta, todavía con angustia.
La ausencia, dice, también aparece en las cosas más simples: “Él está en todo momento presente: cuando uso sus herramientas, su bicicleta, la carretilla, la pala, el limonero que cuidó tanto y se nos secó igual. Todo lo cotidiano que no le dábamos bola y hoy se extraña”.
Es por eso que, sostiene: “Seguir buscándolo significa un montón de cosas. López es bandera en muchos reclamos. Cuando pasó lo de Santiago Maldonado mi viejo fue bandera en muchas de las marchas, también cuando han pasado otras situaciones similares. En La Plata está siempre presente, varias plazas llevan su nombre por reclamos populares”.
Y ante un dato que pueda esclarecer el caso, el pedido es concreto: “Si alguien sabe algo le diría que aporte a la causa. Que cuente es un deber cívico, salvo que seas el perpetrador de la situación, aunque también te podés arrepentir”.
Para Rubén, mantener presente la historia de su padre también es una forma de impedir que su desaparición vuelva a repetirse en la memoria colectiva. “Esto que hacemos hoy y en cada aniversario lo mantiene en la memoria. En algún momento, en un documental, una señora dijo: ‘no permitan que López desaparezca por tercera vez’”.
Y cierra con el pedido que, veinte años después, sigue vigente: “Eso pedimos. Si sale de los medios, de las manifestaciones, de los reclamos, vuelve a desaparecer. No lo permitamos”.
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POLITICA
Condenaron a la ex vicegobernadora de Neuquén a pagar una millonaria indemnización por daños e injurias

La Justicia Civil de primera instancia de Neuquén hizo lugar parcialmente a la demanda promovida por Marcelo Severini, el presidente de la Cooperativa Provincial de Servicios Públicos Comunitarios de Neuquén (CALF), y condenó a la ex vicegobernadora Gloria Ruiz a pagar $5 millones por daño moral. El fallo concluyó que la denuncia penal que Ruiz había presentado contra Severini carecía de elementos suficientes para sostener la acusación.
En línea con esto, la sentencia dispuso medidas destinadas a reparar los perjuicios que el tribunal consideró derivados de la difusión pública de aquella presentación. Entre ellas, ordenó la eliminación de menciones vinculadas a la denuncia contra Severini en las plataformas digitales de la ex funcionaria.
De esta manera, el juzgado fijó un plazo de diez días para el cumplimiento de esa medida. En caso de que no se concrete, Ruiz quedará bajo apercibimiento de sanciones económicas progresivas. Las costas del proceso, en tanto, fueron impuestas a la demandada.
La decisión representa un nuevo capítulo judicial relacionado con la ex vicegobernadora, luego de la crisis institucional que atravesó la Legislatura provincial hacia el final de 2024. El expediente civil se apoyó, entre otros antecedentes, en el archivo de la causa penal que había sido iniciada en la Justicia Federal y luego remitida al fuero provincial.
De acuerdo con la información del medio local Diario Río Negro, el origen del conflicto se remonta a los primeros días de diciembre de 2024. En ese período, Ruiz fue suspendida preventivamente en la Legislatura de Neuquén, en el marco de un proceso institucional que más adelante derivó en su separación de la presidencia del cuerpo.
Tras esa decisión, la entonces vicegobernadora anunció acciones judiciales y presentó una denuncia ante los tribunales federales de Buenos Aires. El escrito apuntó contra ministros provinciales, legisladores y referentes institucionales. Entre las personas mencionadas figuraba Severini, titular de la cooperativa eléctrica neuquina.
La demanda fue impulsada por los abogados de Ruiz, encabezados por Carlos Broitman. En ella se incluyeron acusaciones por los presuntos delitos de asociación ilícita, falsa denuncia, abuso de autoridad, cohecho y lavado de activos.
Según el planteo de la defensa, los denunciados habrían intervenido en una maniobra dirigida a apartar a Ruiz de la conducción de la Legislatura. La ex funcionaria vinculó esa secuencia con lo que definió como un intento de alterar el funcionamiento institucional de la provincia.
Sin embargo, de acuerdo con los argumentos que luego fueron considerados en el proceso civil, la denuncia no describió hechos concretos que permitieran establecer cuál habría sido la intervención material de Severini en los delitos señalados. Tampoco se habrían aportado elementos mínimos de convicción para sostener la imputación en su contra.

La denuncia se había comenzado a tramitar en el fuero federal porteño, hasta que el juez Sebastián Casanello se declaró incompetente por razón del territorio y resolvió remitir el expediente a los tribunales federales de Neuquén, donde correspondía analizar los hechos.
En esa jurisdicción, intervino la fiscal Mariana Querejeta, quien también declinó la competencia. La fiscal entendió que el caso no contenía materia federal, por lo que el legajo debía continuar su recorrido dentro de la Justicia provincial.
El expediente llegó finalmente a la Fiscalía provincial, a cargo de Diego Azcárate. Allí, se dispuso el archivo de las actuaciones por falta de tipicidad, es decir, porque los hechos expuestos no encuadraban en una figura penal que justificara la continuidad de la investigación.
Ese archivo tuvo relevancia en la demanda posterior que Severini promovió por daños y perjuicios. En este sentido, el presidente de CALF sostuvo que la denuncia y su difusión pública habían afectado su honor y reclamó una reparación económica, junto con medidas para limitar la permanencia de las publicaciones en entornos digitales.
En este sentido, la acción civil también incluyó el pedido de suprimir contenidos que el funcionario público consideró injuriosos y de divulgar los aspectos principales de la sentencia en medios gráficos regionales. El tribunal admitió parcialmente el reclamo.
Al resolver el caso, el magistrado valoró que la denuncia original fue archivada sin que avanzara una investigación penal. La sentencia señaló la ausencia de pruebas y la falta de precisión sobre las conductas que se atribuían al demandante.
El juez sostuvo que el derecho a denunciar no habilita la formulación de acusaciones sin una descripción concreta de los hechos ni elementos que permitan respaldarlas. Bajo esa interpretación, consideró que el caso excedió el ejercicio regular de ese derecho y encuadró la conducta dentro de los parámetros de la acusación calumniosa.
De esta manera, la resolución ordenó que Ruiz pague a Severini una indemnización de $5 millones por daño moral. A esa suma deberán agregarse intereses, calculados mediante tasa pura y tasa activa del Banco Provincia del Neuquén.
POLITICA
Peter Lamelas, embajador de EE.UU. en la Argentina: “Los argentinos que cumplen las reglas deberían ingresar a Estados Unidos sin visa”

El embajador de Estados Unidos en la Argentina, Peter Lamelas, publicó un mensaje el miércoles en el que anticipó que trabaja para que el país pueda volver a ingresar al Visa Waiver Program, el régimen que permite viajar a territorio estadounidense por turismo o negocios sin necesidad de tramitar una visa B1/B2.
“Somos dos naciones occidentales unidas por la libertad y los valores democráticos. Los argentinos que viajan de buena fe, cumplen las reglas y vienen por turismo o negocios deberían poder ingresar a Estados Unidos sin visa”, destacó el funcionario designado por el gobierno del presidente Donald Trump.
El embajador acompañó el mensaje con una placa en la que destacó que 687.444 argentinos viajaron a Estados Unidos en 2024, un 15,3% más, y remarcó que el Visa Waiver todavía no está vigente para la Argentina.
En agosto de 2025, el Departamento de Seguridad Nacional en Estados Unidos (DHS, por sus siglas en inglés) ya había anunciado el inicio del trámite de la Argentina para ingresar al Programa de Exención de Visa (VWP, por sus siglas en inglés) a fines de julio de ese año.
“Estoy trabajando para traer más inversiones estadounidenses a la Argentina. Pero la confianza no se declama: se construye. Y cuando hablamos de infraestructura crítica, la respuesta es clara: tecnología confiable”, añadió Lamelas en el mismo posteo de la red social X.
Y cerró: “Más inversión. Más confianza. Más seguridad. Más libertad. La Argentina y Estados Unidos, juntos”.
La aplicación de este paso podría permitir a ciudadanos argentinos ingresar a Estados Unidos sin visa para estancias de 90 días como máximo. El país republicano exige el cumplimiento de rigurosos estándares en materia de seguridad, control migratorio y antiterrorismo. Para participar del VWP, un país debe:
Este último punto representa un desafío para Argentina, ya que la tasa de rechazo de visas superó el 8% en 2024.
Aunque en el Gobierno son optimistas sobre el avance de las negociaciones con Estados Unidos, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, evitó poner una fecha concreta en la que podría anunciarse el reingreso de la Argentina al VWP luego de 24 años, pero sería en algún momento de 2027, antes de que culmine el gobierno del presidente Javier Milei. La implementación dependerá de los plazos y los procesos internos de ambas administraciones.
La Argentina ingresó al programa el 8 de julio de 1996, durante los gobiernos de Carlos Menem y de Bill Clinton, pero su participación fue cancelada el 21 de febrero de 2002, tras el estallido de la crisis de diciembre de 2001.
El proceso que ahora lleva adelante el Gobierno es visto como un fuerte gesto de la Casa Blanca en el marco del estrecho vínculo entre el mandatario estadounidense, Donald Trump, y Milei, que se tradujo en un respaldo financiero crucial de Estados Unidos el año pasado y varios acuerdos entre ambos países.
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