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A 40 años de Chernobyl, los errores humanos y las fallas de la URSS que desembocaron en la peor catástrofe nuclear de la historia

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Hace 40 años, una prueba de seguridad mal hecha en el reactor número 4 de la central nuclear de Chernobyl provocó la peor catástrofe nuclear de la historia. Durante un ensayo inapropiado a baja potencia se produjo una pérdida de control que derivó en una explosión y un incendio que destruyeron por completo el edificio del reactor y liberaron grandes cantidades de radiación a la atmósfera.

Al ignorar medidas básicas de seguridad, el combustible de uranio se sobrecalentó, se fundió y atravesó las barreras de protección. Lo que parecía una prueba técnica terminó en un desastre que afectó a millones de personas y convirtió a Pripyat en una ciudad fantasma. Pero Chernobyl no fue un accidente aislado: fue el resultado de una cadena de fallas que expuso errores humanos, problemas de diseño y un sistema sin control real.

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Desde aquel 26 de abril de 1986, Chernobyl es una advertencia global. No solo por la magnitud de la tragedia, sino porque obligó a cambiar para siempre la forma en la que el mundo controla la energía nuclear. Hoy, los especialistas coinciden en que un episodio idéntico sería mucho más difícil, aunque el riesgo nunca desaparece por completo.

Un contexto político y técnico que marcó el desastre

Hubo una combinación letal entre fallas técnicas y humanas en Chernobyl, pero lo más importante fue el contexto”, explicó a TN Julián Gadano, sociólogo y director del Programa de Estudios de Energía Nuclear e Innovación de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF).

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Todo ocurrió dentro de una Unión Soviética en crisis, con un régimen autoritario, en descomposición política y con graves problemas económicos. “En ese contexto fue posible tomar decisiones totalmente enfrentadas a la seguridad. Nadie podía decir que no”, señaló.

Pripyat quedó vacía después de la explosión en la central nuclear de Chernobyl y se convirtió en una ciudad fantasma. (Foto: Freepik)

En la misma línea, Darío Jinchuk, consultor senior en energía nuclear y no proliferación, explicó que esa noche los operadores realizaron una prueba sin respetar los protocolos establecidos y desactivaron sistemas automáticos clave, entre ellos el de refrigeración de emergencia y otros mecanismos de protección, para evitar que el experimento se detuviera. El objetivo era comprobar cuánto tiempo podían funcionar las bombas ante una parada de emergencia sin energía externa.

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Un reactor que tenía fallas desde su origen

Según Jinchuk, el RBMK-1000 tenía varias características que lo hacían especialmente vulnerable. Una de las más graves era el llamado coeficiente de vacío positivo, que hacía que cuando aumentaba la temperatura y se formaba vapor, también aumentara la reacción nuclear.

En lugar de estabilizarse, el reactor se volvía más inestable. Esa retroalimentación positiva podía descontrolar todo en segundos.

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A eso se sumaba un defecto crítico en las barras de control, que debían frenar la reacción pero primero aumentaban la potencia. “Era como si al apretar el freno de un auto, primero acelerara”, explicó Jinchuk.

Gadano agregó que el diseño del RBMK respondía a una lógica militar adaptada luego a la generación eléctrica, en línea con la política soviética de maximizar la inversión. Además, las barras tenían grafito en la punta, lo que en ciertas condiciones provocaba un efecto contrario al esperado: al ser insertadas, generaban primero un aumento brusco de potencia. “Ahí se produjo el descontrol total”, remarcó.

Interior de la central nuclear de Chernóbil tras la explosión del reactor número 4. (Foto: Freepik)

Interior de la central nuclear de Chernóbil tras la explosión del reactor número 4. (Foto: Freepik)

Otro problema era la velocidad: las barras tardaban unos 20 segundos en entrar completamente al núcleo, mientras que en los reactores occidentales lo hacían en dos segundos o menos.

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La combinación de estos factores provocó una subida de potencia incontrolable que terminó en dos explosiones y la destrucción total del reactor.

La ausencia de una barrera que agravó todo

Otro punto crítico fue la falta de un edificio de contención. A diferencia de los reactores occidentales, Chernobyl no tenía una estructura de hormigón armado y acero diseñada para contener explosiones internas o fugas radiactivas.

“Esto permitió la liberación masiva de radionúclidos como el yodo-131 y el cesio-137, que se dispersaron a gran distancia”, detalló Jinchuk. En la misma línea, Gadano fue más gráfico al describir la estructura del reactor: “Era algo parecido a un galpón”, lo que ayudó a que la explosión tuviera ese nivel de impacto y liberación radiactiva.

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La explosión del reactor 4 en Chernobyl desató el peor desastre nuclear de la historia. (Foto: Freepik)

La explosión del reactor 4 en Chernobyl desató el peor desastre nuclear de la historia. (Foto: Freepik)

Sin esa barrera física, el accidente pasó de ser un problema industrial a una crisis ambiental y sanitaria internacional.

El secreto soviético también fue parte del desastre

Chernobyl expuso también las fallas del sistema de control soviético. “No existía un organismo regulador independiente. El mismo sistema operaba y se controlaba a sí mismo”, explicó Jinchuk a TN.

La opacidad, el autoritarismo y la imposibilidad de cuestionar órdenes agravaron la situación. “Hoy eso es imposible en cualquier sistema nuclear del mundo”, señaló Gadano.

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Los operadores tampoco contaban con información completa sobre los riesgos del reactor. Durante horas, además, las autoridades minimizaron lo ocurrido, lo que retrasó la respuesta.

Cómo cambió el control nuclear después de 1986

Tras el desastre, la industria nuclear mundial cambió por completo. Se fortaleció el rol del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y se creó la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO) para mejorar la cooperación y el intercambio de información.

El cambio fue profundo. “Hoy es inconcebible un accidente como el de Chernobyl”, afirmó Gadano. Se consolidó la lógica de defensa en profundidad, con múltiples barreras físicas, sistemas redundantes y protocolos para evitar que una sola falla derive en una tragedia.

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También se incorporaron sistemas de seguridad pasiva, que funcionan sin intervención humana ni electricidad.

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Los reactores de generación III y III+ incorporan mejoras clave: coeficiente de reactividad negativo, edificios de contención robustos, sistemas de enfriamiento pasivo e instrumentación digital avanzada.

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Además, ya existen diseños de cuarta generación y reactores modulares pequeños con estándares aún más altos de seguridad. “Un evento idéntico al de Chernobyl es altamente improbable”, aseguró Jinchuk.

Vista general de la central nuclear de Chernóbil, en medio de la invasión de Rusia a Ucrania, en Pripyat. (Foto: Reuters)

Vista general de la central nuclear de Chernóbil, en medio de la invasión de Rusia a Ucrania, en Pripyat. (Foto: Reuters)

Eso igualmente no significa que el riesgo desapareció. Hoy las principales amenazas están vinculadas a eventos externos extremos como terremotos, tsunamis o conflictos armados, como Fukushima en 2011 o Zaporiyia en la guerra de Ucrania.

También continúan siendo desafíos la gestión de residuos, la ciberseguridad y la proliferación nuclear.

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“La seguridad es mucho mayor, pero requiere vigilancia constante”, concluyó Jinchuk.

Redacción: Lola Blasco

Sumario, energia nuclear, Chernobyl

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Panorama Internacional: algo más que las urnas polarizadas de las Américas

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Las elecciones en Colombia, con la victoria del empresario Abelardo De la Espriella, amplifican el giro a la derecha en la región luego de Argentina, Chile, Bolivia, Honduras o Costa Rica. Se trata del movimiento inverso hacia la centroizquierda o alternativas similares que marcó los primeros quince años del siglo. Aquella fue una etapa de cierta bonanza por los precios de los commodities alimenticios y energéticos; esta, en cambio, una de escaseces que pegan en un amplio espacio de las poblaciones, cancelando o comprometiendo el crecimiento personal. La CEPAL suele describir ese defecto como “una doble trampa de bajo crecimiento y alta desigualdad, y la erosión de la movilidad social que se vivió en la década previa”.

Es lo que ha ocurrido también en el balotaje peruano, con el agravante de que allí la división entre derechas y centroizquierdas ha dado paso a denuncias de fraude y al riesgo de violencia por parte del candidato perdedor, Roberto Sánchez, quien rechaza reconocer la victoria de Keiko Fujimori. Es una mitad del país que duda de la otra.

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La observación es importante para medir el fenómeno y, de paso, desmontar algunos mitos sobre este proceso que exhibe dos características principales. Como ocurrió antes con el rumbo opuesto, los electores giran hacia un experimento de gobernanza en la otra vereda del abanico ideológico, erigiendo en algunos casos a desconocidos, pero lo hacen limitándole el poder a la novedad. Es el producto de comunidades en extremo polarizadas y descreídas, frustración que ha crecido de modo exponencial. Politólogos como Steven Levitsky advierten además que esa reacción tiene rasgos efímeros: al tiempo que se colapsa el sistema de partidos tradicionales “no crea identidades ideológicas fuertes, sino un voto de castigo reactivo y altamente volátil”.

Resulta claro que las sociedades intentan hallar un rumbo, por momentos a manotazos, en un espacio donde se vive peor que en el pasado, cuando se creía que el sistema funcionaba. En ese sentido, el voto opera más allá de qué bandera ideológica abrigue quien lidera. De ahí también que no se elija con la seguridad de que esas demandas serán resueltas por los ganadores, lo que ayuda a comprender tanto la polarización como los caudales de voto en blanco o anulado, o la ausencia directa de interés por sufragar.

La simplificación entre izquierda o derecha, como ya hemos señalado aquí, sigue siendo un vector confuso para caracterizar adecuadamente este panorama. La región, en su casi totalidad, está dentro del marco capitalista, con mayor o menor presencia estatal dependiendo de las condiciones coyunturales, pero la diferencia radica en cómo se distribuye la renta. Por supuesto, pesa también el furor por la desconexión o los gestos de subestimación de la dirigencia.

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Un caso interesante en relación con estas observaciones y sobre las razones profundas del voto lo ofrece EE.UU. en estas horas. El alcalde socialdemócrata de Nueva York, Zoran Mamdani, mostró un importante músculo político al imponer a tres de sus candidatos en las internas del Partido Demócrata, desplazando a la cúpula tradicional de la agrupación. Lo hizo apenas meses después de haber sorprendido al derrotar a Andrew Cuomo en las primarias partidarias para la alcaldía. Puede estar indicando una derivación inesperada para la oposición respecto a cómo erigirse como alternativa del extremismo trumpista.

El líder republicano frustró las expectativas de un amplio regimiento de votantes que suponían que resolvería los problemas de ingresos pendientes desde la pandemia. A eso agregó una persecución enfermiza de los inmigrantes —particularmente latinos, blanco de una cacería racista— y, adicionalmente, una alianza con el gobierno israelí de Benjamín Netanyahu. Esta última ha creado una fuerte resistencia en EE.UU. por la guerra de arrasamiento en Gaza y la confusión de suponer que una bandera palestina (entidad política reconocida por 157 de los 193 Estados miembros de la ONU) es un símbolo antisemita.

Si en América Latina la frustración por las gestiones fallidas de los experimentos socialdemócratas o supuestamente progresistas llevó a experimentar con formas de derecha, en EE.UU. sucedería, en cierta medida, lo contrario. No se trata de extremos, y no solo ocurre allí. El derribo del populista prorruso Viktor Orbán en Hungría, un dirigente que dio paso a una enorme estructura de corrupción, fue a manos de un politico de derecha aliado de Europa; un ejercicio que, de paso, dejó la pista de que el liberalismo conserva aún vigor.

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Crisis y distribución del ingreso

El apagón de la distribución del ingreso y la caída de las expectativas republicanas marcan particularmente a una región como la nuestra, que es actualmente la más desigual del planeta. Si bien entre 2000 y 2014 aproximadamente millones de personas salieron de la pobreza en este espacio por aquel boom de las materias primas e incluso surgieron nuevas clases media, ese camino se derrumbó por los efectos tardíos de la gran crisis económica global de 2008/2009, agravada luego por la que trajo la pandemia de Coronavirus.

Un reciente informe del Banco Mundial reconoce que «los avances sociales de una década en América Latina se estancaron de golpe; la vulnerabilidad económica actual hace que la clase media emergente corra un riesgo constante de caer nuevamente en la pobreza”. Al mismo tiempo la pérdida del desarrollo individual genera un enojo difuso en la población, que políticos populistas por izquierda o derecha canalizan con la promesa de romper el sistema.

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En el caso de Colombia se advierte ese trasfondo, pero también la cautela del electorado. El gobierno saliente de Gustavo Petro deja un país con 31,8% de pobreza, la cual fue reducida desde el 34,6%, pero sigue alta- y otro tanto del orden de 30% que vive al borde de sus necesidades mínimas. Poco más de la mitad de la mano de obra permanece en la informalidad. Petro mejoró el ingreso de los sectores más vulnerables, pero no resolvió las expectativas de desarrollo de la sociedad.

Sobre esa frustración se montó De la Espriella, un abogado con una pintoresca admiración por Trump, que hizo campaña prometiendo el despido de 700 mil empleados públicos para reducir el déficit estatal, además de otras ideas un poco aventuradas sobre cómo combatir con bombardeos a las bandas guerrilleras o retirar a su país de organizaciones como la ONU. Los colombianos le dieron el gobierno, pero le limitaron el poder, particularmente en el Congreso fragmentado entre bloques semejantes de derecha centro e izquierda que obligará a una cuidadosa y sutil negociación.

Iván Cepeda, el candidato oficialista, que, al revés de las denuncias alocadas de Petro sobre fraudes o manipulaciones, reconoció la victoria de su rival, será desde ahora el principal líder opositor. La importancia de ese lugar la mide un dato básico: De la Espriella ganó con una ventaja de apenas 250 mil votos sobre 25 millones de sufragios. Deberá aprender política en un curso rápido para entenderse con la mitad del país que no lo aceptó.

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Keiko Fujimori, ganadora de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Perú. Foto EFE

El caso de Perú tiene claves semejantes, pero también importantes diferencias. La división del país es mucho más aguda e imprevisible. Los dirigentes enfrentados, que fueron rechazados por el 80% de la poblaciones en la primera vuelta, son políticos veteranos, en particular Keiko Fujimori, quien ha manejado el país el último lustro o poco más desde el Parlamento, incluyendo el control de la caja del Presupuesto nacional a despecho de que lo prohíbe la Constitución. No es claro si cederá ese privilegio, que es una demanda clara de las cámaras empresarias.

El interior del país que sostuvo la candidatura socialista, ya no confía en la capital desde las masacres de Ayacucho y Puno durante el pasado gobierno de Dina Boluarte, quien fue una empleada directa de la argamasa clientelar del Congreso. Ese sector desengañado de las sierras, de los espacios que no son tenidos en cuenta, no quiere negociar con la capital, quiere ser la capital, y esa demanda comprometerá la gobernabilidad de la nueva presidente.

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Socialism vs capitalism: House Dems clash over what NY election results mean for party

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

House Democrats offered sharply different takes Wednesday after a surge in socialism proved victorious in the Democratic Party when three far-left candidates swept the floor in key races in New York’s primary elections.

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The new wave of socialist candidates, who were backed by the Democratic Socialists of America, beat out moderate Democrats in Tuesday night’s race has fueled mixed reactions from lawmakers over whether these new ideals will be at the center of the entire Democratic Party.

«It’s sort of dismissed as a fluke or an outlier, but whenever more moderate Democrats win, people say that that’s a blueprint for Democrats to continue winning,» Rep. Ayanna Pressley, D-Mass., said when asked about what the streak of progressive wins means for the Democratic Party.

She continued, «So people should take heed.»

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RISING SOCIALIST STARS ON TRACK TO CONGRESS: WHO ARE DARIALIZA AVILA CHEVALIER, BRAD LANDER AND CLAIRE VALDEZ?

Rep. Ayanna Pressley listens during a news conference near the U.S. Capitol Building in Washington, D.C., on Sept. 25, 2025. (Anna Moneymaker/Getty Images)

Other Democrats quickly distanced themselves from the far-left movement, or at least the socialist identity.

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«I’m a capitalist, not a socialist,» Rep. Thomas Suozzi, D-N.Y., told Fox News Digital. «And I believe in safety, not lawlessness. And I’m proud of America. I’m not ashamed of America

 Rep. Gregory Meeks, D-N.Y., struck a similar note.

«Now for me, you know, I believe in capitalism, so I’m not a socialist,» Meeks said. «So I don’t know whether that’s an issue or not.»

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The debate comes as New York City’s socialist Mayor Zohran Mamdani dominated in the primaries as he endorsed three candidates — Darializa Avila Chevalier, Brad Lander and Claire Valdez — who won their key races by promoting the same socialist agenda Mamdani has in their campaigns.

FAR-LEFT SURGE: MAMDANI-BACKED CANDIDATES OUST DEM ESTABLISHMENT INCUMBENTS

Mamdani and endorsed candidates in NY primary

Congressional candidate Claire Valdez, Congressional candidate Brad Lander, Mayor Zohran Mamdani, and Congressional candidate Darializa Avila Chevalier raise their hands during a Get Out the Vote (GOTV) rally at King’s Theater on June 18, 2026 in New York City. Sen. Bernie Sanders (I-VT) joined Mayor Zohran Mamdani ahead of next week’s primary, and the start of early voting on Saturday, as the pair campaigned for Brad Lander, Claire Valdez and Darializa Avila Chevalier, who are challenging incumbents in Democratic primary contests. (Michael M. Santiago/Getty Images)

Some Democrats attribute the trend of far-left progressive voting to only being popular in a place like New York.

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«I think what happens in New York City is sort of just what happens in New York City,» Rep. Joseph Morelle, D-N.Y. said. «I don’t think it’s necessarily an indication of anything outside New York City. Their politics is somewhat unique.»

Progressive Democrat Rep. Pramila Jayapal, D-Wash., agreed with Pressley that the election results in New York indicate a larger movement within their party.

«Fabulous energy, momentum, giant repudiation of special interests, including the impact of others,» Jayapal said when asked how she feels about the election results. 

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She continued, «And real energy for us to continue to turn out young people and make sure that we’re getting everyone voting and committed to a government that actually works for working people.

The divide shows a broader ongoing debate within the Democratic Party over whether far-left ideology will take over as the blueprint for the party, and whether these progressive campaigns can be a legitimate roadmap to national success for the party.

 NY DEM SAYS HE ‘DISAGREES’ WITH MAMDANI, MAKES COMPARISON TO TRUMP

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split of Pressley and Suozzi

Rep. Ayanna Pressley, D-Mass., and Rep. Thomas Suozzi, D-N.Y., emerged on opposite sides of the debate over whether New York’s progressive primary victories should shape the Democratic Party’s future. (Mel Musto/Bloomberg via Getty Images; Nathan Posner/Anadolu via Getty Images)

Suozzi used economic concerns as an example of needing to find some middle ground between extremes in both parties — calling for people to focus on solutions to better the lives of Americans rather than working to dismantle entire systems.

«They’re saying ‘the whole system sucks, let’s tear it down,’» Suozzi said. «I don’t believe that’s the right answer. I believe that we, those of us that disagree with the DSA and those of us who disagree with MAGA, have to do a better job of saying, ‘Yes, you have reasons to have economic insecurity. We understand that.’» 

«We have to do a better job of understanding, saying that we understand what people are going through and proposing solutions that will make their lives better,» he said.

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Pressley argued Democrats should embrace the momentum she believes the New York results represent, saying voters want leaders willing to aggressively pursue their agenda.

«What the American people want to see right now and going forward is that we know how to be the fighters in the room and that when we have the power, we’re not afraid to use it,» Pressley said.

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Cómo reaccionará el chavismo a la crisis humanitaria por el doble terremoto: entre la apertura política y la presión de Trump

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La tragedia humanitaria que golpea a Venezuela, cuyas secuelas sociales y económicas se extenderán durante largo tiempo, dejan al gobierno de Delcy Rodríguez en la disyuntiva de avanzar hacia una apertura política o postergar el inicio de un proceso electoral bajo una ambigüa presión de Donald Trump.

La economía, el principal trofeo del presidente estadounidense, volverá a resentirse justo cuando distintos indicadores mostraban una recuperación incipiente. Washington, con la lógica del presidente devenido en una especie de “virrey” en Caracas, no se mostraba tan apurado en presionar al chavismo en materia política.

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Lo que importa es la billetera.

La situación es compleja. Hoy los venezolanos están enfocados en las tareas de rescate y búsqueda de sobrevivientes en medio de una catástrofe causada por dos poderosos terremotos de 7,5 y 7,2 grados que sacudieron el país con una cifra aún no precisada de víctimas.

Pero la oposición, además de sus llamados a la solidaridad, quiere diálogo y mucho más en una situación de emergencia nacional como la que atraviesa el país. La pregunta es ¿qué hará ahora el chavismo en esta terrible coyuntura? y, por supuesto, ¿cómo responderá Trump?

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¿Qué hará el chavismo?

El titular de la Asamblea Nacional de Venezuela, Jorge Rodríguez, hermano de la presidenta interina, recibió en los últimos días en su despacho a la opositora Dinorah Figuera, bajo “mediación” (o más bien presión) del Departamento de Estado estadounidense. Fue un tímido primer paso de diálogo político.

Figuera, a quien un sector de la oposición reconoce como presidenta del Parlamento elegido en 2015, es una figura más moderada y “potable” a los ojos del chavismo que la enemiga pública número uno, María Corina Machado.

La líder opositora venezolana Maria Corina Machado (Foto: REUTERS/Enea Lebrun)

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“Estamos en un juego de suma cero. Machado se sienta a hablar con los (dirigentes) cercanos y el gobierno se sienta con los que le son afines” dentro de Venezuela, dijo a TN el analista venezolano Andrés Cañizalez, investigador de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas.

Trump no presiona a Delcy Rodríguez por una apertura política, pero le marca el territorio. Figuera fue precisamente uno de esos hitos que señalan la frontera entre la política y la billetera. Al presidente republicano le interesan más los negocios que una apertura democrática. El chavismo cumple todos sus “pedidos”, aprueba leyes a la medida de Washington y garantiza su supervivencia. Gana tiempo.

Ahora, más allá de los discursos de unidad ante la emergencia nacional, el chavismo está ante una situación que puede presentarle serios desafíos sociales. La disyuntiva es cerrarse o abrirse.

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“El gobierno va a aprovechar esto como una excusa para no hablar del tema elecciones. Le viene como anillo al dedo porque tiene que hacerle frente a la reconstrucción. La cuestión electoral se pateará para adelante, para dentro de un año o año y medio”, afirmó Cañizalez.

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Para el analista, Trump tiene una agenda muy centrada en la economía.

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“Esa agenda también sufrirá un quiebre con esta tragedia. Estaban proyectando un crecimiento de nivel alto en la economía. Ahora se van a pausar estas etapas previstas por Washington”, dijo.

Pero la situación social puede ser el gran disparador que ponga en serios aprietos al chavismo.

“Aunque no hay tantas protestas, la catástrofe puede exacerbar el malestar social porque probablemente mucha de la ayuda humanitaria no va a llegar a destino, no va a haber una atención adecuada a las víctimas y la gente se va a quedar largo tiempo sin casa. Esa es la historia de Venezuela, no es la historia del chavismo”, indicó.

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Ese malestar es evidente en la calle. Un sondeo reciente de la Universidad Católica Andrés Bello reveló que casi siete de cada diez venezolanos tienen una opinión negativa del gobierno y nueve de cada diez quieren un cambio.

“La crisis social va a aumentar y puede alimentar un caldo muy negativo para quienes gobiernan”, apuntó.

Caracas busca a sobrevivientes de los dos terremotos que golpearon la capital (Foto: REUTERS/Leonardo Fernandez Viloria)

Caracas busca a sobrevivientes de los dos terremotos que golpearon la capital (Foto: REUTERS/Leonardo Fernandez Viloria)

La oposición pide diálogo

Desde la oposición en el terreno, el pedido de apertura sigue vigente.

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Agustín Berríos, presidente del opositor Partido de la Reconciliación Nacional, dijo a TN que ahora es momento de “mostrar espíritu de unidad” nacional.

“Ahora estamos buscando y rescatando a miles de desaparecidos. Y si actuamos con ese espíritu, cuando pase la emergencia y se retome la normalidad, será el momento del diálogo político. La mesa va a estar servida para que el diálogo de frutos”, aseguró.

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La excandidata presidencial opositora Corina Yoris dijo a TN que el gobierno debería dejar de lado su posición intransigente y mostrar signos de apertura en medio de la tragedia.

Según afirmó, la mejor muestra de apertura es dejar libres a todos los presos políticos.

“Ellos (los funcionarios del gobierno) son los que tienen que dar el primer paso y abrir el camino para que el pais se encamine a una vida de estado de derecho que es fundamental. Además, es indispensable hablar de la justicia. Eso es imperativo”, concluyó.

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Venezuela, Delcy Rodriguez

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