POLITICA
Aferrados a la tabla salvadora de la economía

Entre todas las excepcionalidades que rodean al experimento libertario de Javier Milei, hay una que empezó a cristalizarse con mayor nitidez en los últimos meses y que podría sintetizarse en una pregunta: ¿puede un gobierno mantener un grado de eficacia en la gestión, y una sintonía con la sociedad, mientras al mismo tiempo evidencia un nivel tóxico de confrontación política interna? Una respuesta clásica indicaría que es inviable porque las tensiones terminan afectando la dinámica de la administración, y esa disfuncionalidad genera descontento entre los votantes.
Pero Milei parece haber disociado ambos planos para enunciar que su único y absoluto objetivo es el crecimiento económico, porque al final del día será evaluado por su capacidad para controlar la inflación, estabilizar las variables macro y generar mayor bienestar. No es una decisión estratégica, es simplemente su naturaleza de economista.
Eso lo hace manifestarse prescindente de la política, también como un signo de impotencia. Incluso si las disputas domésticas ponen en juego su capital simbólico en materia de transparencia y diferenciación de la casta. Así como puede ser enérgico y rugir indicadores económicos, se muestra incapaz de dar tres gritos para aplacar las rencillas intestinas y motorizar su gabinete. Piensa que puede garantizar lo primero sin resolver lo segundo.
“A Javier lo votaron para resolver la economía, para combatir a la casta y cambiar la política. Pero cada vez más todo queda reducido a lo económico. En el resto, nos diferenciamos cada vez menos, y así perdemos capital simbólico. Entonces la única tabla de salvación es la economía”. El razonamiento pertenece a una figura clave del Gobierno y sintetiza una percepción interna generalizada: que el Presidente sólo está dispuesto a jugarse por el rumbo de la economía, por convicción, por conveniencia, por formación.
Esto le quedó claro a uno de los ministros que esta semana conversó con Milei, muy lateralmente, sobre los últimos escándalos. “Es una locura, hay que pararlos”, fue la respuesta que escuchó del mandatario, señal de que claramente está disgustado con ese tipo de peleas. Pero en ningún momento dio indicios de que él se disponía a actuar. “Hay que pararlos”, es una frase impersonal; no es lo mismo que decir “yo los voy a parar”. En ese matiz anidan los rasgos de un liderazgo reticente.
En sólo diez días el Presidente fue desautorizado dos veces, primero por Manuel Adorni al no presentar su declaración jurada como había prometido el mandatario, y esta semana por el Gordo Dan, cuando dijo que le habían mentido sobre los mensajes de Martín Menem. Milei invirtió los roles y se convirtió en el vocero público del Gobierno que sale en defensa de su equipo, sin red ni planificación.
La paralización del Presidente frente a estos temas tiene una razón emocional. Milei fue inflexible en otros momentos de su gestión para despedir en un solo movimiento a funcionarios como Guillermo Ferraro, Osvaldo Giordano, Sonia Cavallo o Nicolás Posse. Pero no se interponía en esos casos una sensibilidad personal. Lidiar con los lazos que mantiene con su hermana Karina o con Santiago Caputo es un desafío que tiene que ver más con la psicología que con la especulación política.
El paroxismo de esta situación se dio esta semana con el cruce entre el asesor y Martín Menem, un nudo que, como no podía ser de otra manera, se gestó en el mundo virtual. Menem habló con Milei apenas estalló el escándalo el fin de semana pasado y, según dicen en su entorno, el Presidente entendió la situación y por eso salió a decir en público que le habían “prefabricado” la filtración de mensajes en contra de Caputo y su entorno.
Caputo, por su lado, habló varias veces con Milei esta semana, mucho más que en todo el período previo. En ningún momento fue reprendido por exponer en público su encono con el titular de Diputados, y cuando el Presidente habló en un streaming esta semana lo describió “como un hermano” para él.
Este episodio entre Caputo y Menem, sumado a lo de Adorni, a las tensiones entre Karina y Patricia Bullrich y a los ruidos en la mesa política, parece marcar una dinámica constante. Es decir, el Gobierno incluye como parte de su funcionamiento una dosis de desorden y de internas con el cual se está acostumbrando a convivir. No es una situación excepcional, es el estado natural. Es difícil de describir el nivel de desconfianza y rencor entre facciones.
Hay una convicción plena entre los funcionarios de que Milei no va a intervenir y de que, en consecuencia, habrá que acostumbrarse. Esto implica convivir con un Adorni devaluado, con una Bullrich disgustada (que esta semana vio partir a un funcionario clave en Seguridad como Federico Angelini, monitor del plan Bandera), con un Caputo lastimado, con una Karina implacable. El paquete viene con todos estos ingredientes. Se abandonó la posibilidad de que se pueda recuperar algún tipo de organización.
Dentro de esta desconfiguración, emerge ahora un rasgo novedoso, que es la cristalización en el universo libertario de dos bandos que exceden al núcleo duro de Karina Milei o Santiago Caputo. Ya no se trata sólo de los Menem y Sebastián Pareja, por un lado, o del Gordo Dan y las Fuerzas del Cielo, por el otro.
Por ejemplo, Nicolás Márquez, el biógrafo de Milei, sorprendió con un posicionamiento público muy crítico sobre Adorni. Lo mismo ocurrió ahora con Agustín Laje, director de la Fundación Faro, quien cuestionó a Martín Menem esta semana. En la otra vereda, Lilia Lemoine ya actúa abiertamente como ariete del ala karinista, en una línea similar a la del cineasta Santiago Oría. Es decir, se van conformando dos alineamientos paralelos como si fueran ejércitos que se preparan para una guerra superior.
Los ministros, que están a tiro de decreto, no intervienen públicamente de las rencillas. Pero se asume que Pablo Quirno, Diego Santilli, Juan Bautista Mahiques, Alejandra Monteoliva y Carlos Presti orbitan con Karina; y que Luis Caputo y Mario Lugones, sumado a los funcionarios de organismos como la SIDE y la ARCA tienen afinidades con Santiago. Después están los mileistas puros, que sólo se referencian en el Presidente, como Federico Sturzenegger y Sandra Pettovello.
El enfrentamiento queda expuesto con cualquier tema de controversia que alcance estado público. Ocurrió con el escándalo Adorni, con la filtración del perfil de Martín Menem, con la denuncia judicial de Pareja contra tuiteros celestiales, con la licitación de la Hidrovía, con la filtración de audios y las sospechas de espionaje, hasta con la controversia por José Luis Espert, que el propio Milei reflotó esta semana (la pelea con Victoria Villarruel ya es de otra era glacial). Es decir, ya no se trata solamente de visiones diferentes sobre el proyecto libertario. Están en disputa cuotas de poder, intereses, negocios. Hay un actor clave del ecosistema violeta que desde hace tiempo vaticina que “todo esto va a terminar mal en la justicia”.
Es cierto que en todos los gobiernos hubo internas feroces, a veces entre facciones del partido gobernante, como ocurrió en el radicalismo de Raúl Alfonsín, entre “La Coordinadora” y la “Línea Nacional”, y en el peronismo de Carlos Menem entre “celestes” y “rojo punzó”. También pasó con las coaliciones, desde las disputas entre el Frepaso y la UCR en la Alianza de Fernando de la Rúa hasta la guerra epistolar entre el cristinismo y el albertismo en el último Frente de Todos.
La curiosidad libertaria es que alberga agrias rencillas dentro en una fuerza política unipersonal, que posee un capital que empieza y termina en Milei, cuyo liderazgo nadie cuestiona internamente. Pero esa centralidad individual no se traduce en un mayor ordenamiento interno, porque el propio líder reniega de esa tarea, y en vez de delegarla bajo su supervisión, se desentiende.
En este contexto, el proyecto libertario queda angostado al desempeño económico. Y en este plano, después de un primer trimestre muy adverso, Milei y Toto Caputo encuentran algunos motivos para ilusionarse con una mejora de las expectativas. Así como la semana anterior los datos de inflación, de la recaudación y de empleo le dieron señales favorables, ahora hubo alicientes con el índice de actividad económica de marzo, que fue 3,5% superior a febrero; con el dato de superávit comercial de abril, que mostró un crecimiento de las exportaciones del 33,6% respecto del mismo mes del año pasado, y de la aprobación del nuevo tramo del crédito del FMI.
No alcanza para configurar un cambio de tendencia y el ingreso a una senda de repunte sostenido de la economía, pero sí para pensar que la caída puede haber encontrado un límite. Hay varios sectores empresariales, no sólo en minería, energía y agro, muy dinámicos a la búsqueda de nuevos negocios y aliados. Pero el problema mayor persiste en la economía callejera, en el consumo y el poder adquisitivo. Ahí la realidad es otra, como quedó reflejado esta semana en los datos del Indec de marzo, con caídas interanuales de ventas en supermercados (-5,1%), autoservicios (-7,2%) y shoppings (-13,3%).
Luis Caputo dejó una frase clave en su última entrevista: “Seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil”. Lo dice después de un fuerte recorte presupuestario, pero estaría indicando que no hay más remedio que crecer fuertemente para mantener el equilibrio en las cuentas. Se trata de un cambio sustancial, ya que denota un intento por pasar de la fase esencialmente fiscalista a otra más productivista, que probablemente sienta más ajena, pero más necesaria. Habrá que ver cómo lo digiere Milei, quien siempre se sintió identificado con la motosierra como símbolo de su política económica.
El ministro de Economía parece resignado a que su propuesta de un gran acuerdo político con los gobernadores para dar señales de estabilidad y previsión nunca atravesarán el filtro de Karina Milei. Por eso en su conferencia de prensa del viernes acotó sus aspiraciones a un pacto fiscal con las provincias para reducir impuestos provinciales y tasas municipales. En la mayor dependencia del éxito económico, Toto Caputo es la figura troncal del gobierno de Milei. Es el único que le puede dar insumos al proyecto de reelección presidencial. La idea de la reparación de la política, de la lucha contra la casta y de la honestidad como bandera quedaron desgarradas.
El Gobierno está especialmente entusiasmado con la idea de que el papa León XIV visite la Argentina. Generaría una expectativa positiva y le permitiría a Milei mostrarse como el primer presidente después de Alfonsín en recibir a un Sumo Pontífice. Convocaría una movilización masiva que la Casa Rosada podría capitalizar en algún modo. Pero habría que tener en cuenta que si viene al país, León traería consigo señales de amor y paz, pero también un mensaje social de prioridad a los más pobres, una apuesta por el diálogo interreligioso y su prédica contra los “delirios de omnipotencia”, con los que identificó a Donald Trump.
El Papa les ha comentado a algunos obispos argentinos sobre su intención de visitar la Argentina este año. Y hubo señales en estos días que abonaron ese camino. Uno fue la designación de Michael Banach como nuncio apostólico en el país. Inmediatamente después, el Gobierno confirmó como secretario de Culto a Agustín Caulo. Con este doble movimiento quedó normalizada la vía diplomática.
Después vino el candombe uruguayo, que empezó cuando el exembajador Carlos Enciso dijo que estaba confirmada la visita a la región y generó un revuelo que llevó a la Conferencia Episcopal de ese país a emitir una carta en la que precisaba que todavía no tenían una fecha definitiva. Quirno pareció intentar no quedarse atrás de esa movida cuando tuiteó al día siguiente: “Vine a reunirme con el Presidente Milei para darle ‘la Buena Noticia’ que hará feliz a todo el pueblo argentino. Solo resta definir la fecha… qué linda Primavera…!”.
De todos modos, en algunos sectores de la cúpula eclesiástica no cayó bien esa ansiedad por adelantarse en la noticia, porque la confirmación oficial sólo puede venir del Vaticano. Ni el Gobierno ni los obispos argentinos pueden hacerlo. Y quienes conocen los movimientos en Roma aseguran que León quiere ver el desenlace de las elecciones del 7 de junio en Perú, para terminar de definir su itinerario, no porque su decisión dependa de quién resulta ganador, sino para asegurarse de que el proceso no se enturbie. No encararía una visita a América latina sin incluir el país que lo marcó en su tarea pastoral. En la curia notan que ahora el Vaticano recuperó sus procedimientos tradicionales, lejos de las informalidades que había impuesto Bergoglio.
Quirno, junto con Pettovello, recibió el jueves en la Cancillería al presidente y al secretario general de la Conferencia Episcopal, Marcelo Colombo y Raúl Pizarro, y al arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva. Quienes estuvieron allí aseguran que no se habló de la posible visita del Papa.
Tampoco del tedeum de mañana, en el que García Cuerva buscará mostrar nuevamente su capacidad de interpelar sin confrontar, de pacificar sin conceder. El arzobispo porteño supo trabar una relación personal, y hasta cierto punto afectuosa con Milei, quien llegó a recibirlo en secreto en la Casa Rosada. Pero después el Presidente enfrió ese vínculo como el que mantiene con toda la Iglesia católica. De hecho una queja habitual de los obispos es que el mandatario nunca los volvió a recibir desde un primer encuentro protocolar que mantuvieron.
En esa reunión del jueves, Quirno se identificó como el interlocutor principal con la Iglesia a partir de ahora, ya que la secretaría de Culto está bajo su esfera. Para algunos de los que estuvieron ahí fue una señal positiva esa aclaración porque muchas veces el Gobierno los desconcierta; otros, en cambio, lo vieron como un intento excesivo de centralización.
Pero la figura más activa en ese vínculo siempre ha sido Pettovello, con quien la Iglesia ha mantenido una relación cordial y constante, aunque tengan diferencias en materia social. Este contrapunto volvió a emerger esta semana, porque los obispos plantearon su preocupación por la situación económica en los barrios populares y las carencias de las personas con discapacidad, y la ministra insistió en que no hubo una disminución en la ayuda sino una redefinición en las lógicas de asignación. Aunque nadie lo mencionó, el espíritu de la posible visita papal ayudó a entender que tanto la Iglesia como el Gobierno tienen incentivos comunes para que ese proyecto se concrete satisfactoriamente.
Hoy Pettovello parte hacia Roma para un encuentro de ministros de Iberoamérica convocado por el Vaticano. Su agenda incluye una audiencia grupal con el papa León XIV. Habrá mucha atención puesta hasta en los susurros del pontífice.
Jorge Liotti,Conforme a
POLITICA
Milei no le suelta la mano a Adorni, el encuentro reservado de Karina y Bullrich y el gesto que esperaban los aliados

El jueves, Patricia Bullrich había dicho en público, otra vez, lo que pocos se animaban a decir en voz alta: que la situación patrimonial de Manuel Adorni no era un error sino una omisión ética, y que la Justicia tendría la última palabra. Cuarenta y ocho horas después, Karina Milei apareció en el cumpleaños de Bullrich. El gesto no pasó desapercibido para nadie que siga de cerca la geometría del poder dentro de La Libertad Avanza.
El sábado a la noche, en la terraza del bar Uno —a metros del Congreso—, Bullrich festejó sus 70 años con un grupo de unas 50 personas entre amigos de la política y de la vida, según pudo confirmar Infobae. El salón fue alquilado por los propios invitados y los gastos se dividieron a la romana. Había sido un viernes intenso: el día de su cumpleaños real, lo había pasado con su familia extendida. El sábado era la noche de los suyos. En un momento de la velada llegaron Karina Milei y Pilar Ramírez. No fue una visita protocolar. En medio del escándalo Adorni, con el oficialismo en estado de crisis y una ofensiva opositora sobrevolando el Congreso —con el Senado forzando una citación anticipada y Diputados queriendo iniciar una interpelación y posterior moción de censura—, la secretaria general de la Presidencia eligió ese lugar para estar. Eso habló por sí solo.
Puertas adentro del oficialismo, el gesto fue leído como lo que era: una señal de que, más allá de las turbulencias, el vínculo entre Karina y Bullrich se mantiene intacto. Para los aliados que venían mirando con inquietud el nivel de tensión interna, fue exactamente el gesto que esperaban ver.

Milei sostuvo a Adorni desde las redes
Mientras la tormenta política sacudía los despachos de Casa Rosada, Javier Milei eligió el domingo para hacer pública su posición. Sin pronunciarse directamente sobre las explicaciones patrimoniales de su jefe de Gabinete, el Presidente reposteó en su cuenta de Instagram un mensaje de un militante libertario que auguraba que el mandatario saldría fortalecido por sostener a Adorni, como había ocurrido —según el texto— con otras operaciones en su contra. En X hizo lo propio con una columna del escritor libertario Leonardo Facco que enmarcaba el caso bajo el título “Adorni y la defensa del ahorro”. El mensaje presidencial era nítido: no hay marcha atrás.

La estrategia de Milei espeja la del propio Adorni. Desde que se conoció el salto patrimonial de más de 500.000 dólares en su última declaración jurada —justificado en operaciones con bitcoins realizadas entre 2013 y 2018 y en ahorros que, según sus propias palabras, nunca habían sido declarados formalmente— el jefe de Gabinete intentó encuadrar su situación como un caso de evasión antes que de enriquecimiento ilícito. La frase “ahorramos en negro como todos los argentinos” resumió esa estrategia y, tal vez, le costó más de lo que calculó.
En ese contexto, la diputada Lilia Lemoine —que responde de manera vertical a Javier y Karina Milei— fue la voz libertaria que salió públicamente a defenderlo, tanto en las redes sociales como en la televisión. A través de su cuenta de X, calificó a Adorni de inocente y atribuyó las denuncias a una operación política de Marcela Pagano, diputada que desde hace más de un año se convirtió en una de las voces más críticas del oficialismo dentro del propio Congreso. La aparición de Lemoine no fue casual: es la espada mediática que Milei reserva para las batallas que considera propias. Su salida pública a defender a Adorni fue, en ese sentido, una extensión de la misma señal que el presidente había dado desde sus redes.
La mesa política y el diálogo áspero
El jueves, horas antes del cumpleaños de Bullrich, la mesa política se había reunido en Casa Rosada con una atmósfera que nadie describió como distendida. Adorni encabezó el encuentro junto a Karina Milei, Santiago Caputo, Diego Santilli, Ignacio Devitt y Eduardo y Martín Menem. Luis Caputo no estuvo. Lo que ocurrió en esa sala, según fuentes que hablaron con Infobae, tuvo un momento de tensión.
En ese ámbito, Adorni le reclamó a Bullrich que la exposición pública de las consideraciones sobre su situación podían perjudicar al Gobierno. La respuesta de la titular del bloque de senadores oficialistas no fue conciliadora: le marcó la diferencia entre las reglas que rigen el manejo del dinero privado y las obligaciones éticas que impone el ejercicio de un cargo público, y adelantó que en el Congreso la moción de censura podía prosperar. Karina Milei intervino para defender a su hombre de confianza. Santiago Caputo intentó bajar la tensión, aunque reconoció ante los presentes que las mediciones propias mostraban un daño enorme: un nivel de penetración negativa en la sociedad que, según los trabajos de campo que supervisa, no tenía antecedentes en la gestión.

El diagnóstico que circulaba en el entorno de Bullrich era más crudo todavía. Analistas especializados que siguieron la conversación en redes registraron que el 97% de las menciones sobre las explicaciones de Adorni eran negativas —un índice que, según le dijeron a Infobae, no tenía precedentes—. La paradoja central era que Adorni seguía convencido de que había actuado bien y de que lo que le ocurrió a él le ocurre a todos los argentinos. Pero hay una diferencia que el oficialismo no puede ignorar: Adorni es funcionario público. Y había dicho públicamente que no tenía nada que ocultar. Es una opinión que —dicen los que hablaron con ella este fin de semana— Bullrich comparte.
La propuesta rechazada y el fantasma de Kueider
Según pudo saber Infobae, en conversaciones reservadas se propuso que Adorni solicitara al menos una licencia hasta que el fiscal Gerardo Pollicita definiera los próximos pasos de la investigación por enriquecimiento ilícito y el panorama judicial se aclarara. La propuesta no tuvo recepción. Karina es, en este momento, el principal sostén político del jefe de Gabinete, y su posición no tiene fisuras visibles. “No es Karina la que lo sostiene, no se confundan. Es una decisión que tomó el Presidente que Karina ejecuta”, explicó a Infobae una de las personas que estuvieron sentadas en la mesa política.
Lo que sí tiene fisuras es el escenario parlamentario. En el Senado circula con insistencia la comparación con el caso Kueider: el senador entrerriano que iba a ser suspendido y terminó siendo expulsado en cuestión de horas, cuando el efecto cascada llevó a que nadie quisiera pagar el costo político de sostenerlo. La analogía inquieta a los propios: si la presión opositora se intensifica, sostener a Adorni en una votación podría volverse inviable para los aliados. La destitución requiere 37 votos en el Senado —mayoría absoluta— y el kirchnerismo ya presentó el pedido de interpelación como paso previo.
La fecha del 2 de julio para la presentación de Adorni ante la Cámara alta fue el resultado de negociaciones que Bullrich encaró con los bloques dialoguistas para ordenar los tiempos y reducir la presión. Un senador aliado confirmó a Infobae que la fijación de la fecha descomprimió bastante la situación e hizo menos probable una acción inmediata. El propio Diego Santilli pasó el viernes y el fin de semana al frente de las negociaciones con gobernadores y legisladores aliados para explicar la situación y consolidar apoyos, según supo este medio. Las señales que llegaban desde ese flanco eran, por el momento, más tranquilizadoras: los senadores y diputados que responden a los gobernadores habían comprometido no sumarse a la ofensiva que impulsa, principalmente, el kirchnerismo.
El miércoles hay Labor Parlamentaria y el caso Adorni tendrá protagonismo. En el oficialismo predomina una cautela que no alcanza para disimular la incomodidad: la estrategia es sostener, llegar al 2 de julio y ver cómo evoluciona el escenario judicial. Por ahora, la fecha funciona como válvula. Pero en el Senado saben que las válvulas, cuando la presión es suficiente, también ceden.
POLITICA
Solo en Off | Karina Milei y Patricia Bullrich volvieron a festejar, pero sin foto y, sobre todo, sin Adorni

En la semana en la que volvió a enfrentarse con el complicado jefe de gabinete Manuel Adorni, Patricia Bullrich quiso evitar un festejo desmedido de su cumpleaños número 70. Pero, finalmente, a la sobria celebración con torta y velitas, el jueves en su despacho del Senado, y a un festejo similar en la reunión de mesa política, en Casa Rosada, le siguió un tercer ágape, esta vez un poco más amplio, en la tarde del sábado en un hotel del barrio de Congreso. Estuvo allí, como invitada estelar, nada menos que Karina Milei, como para demostrar que lo pasado pisado, y que a pesar de su insistencia para que el jefe de gabinete decida salir del Gobierno, las relaciones con El Jefe siguen en buenos términos.
“Karina estaba invitada desde antes del último conflicto con Adorni”, contaban allegados a Bullrich, que antes de la reunión de mesa política había tildado de “omisión ética” la confesión de Adorni ante el periodista José Del Rio en LN+, cuando dijo haber ahorrado “en negro” medio millón de dólares, invertidos luego en cripto monedas.
“Ella le trajo un regalito. Se quedó como dos horas y no hablaron nada de Adorni”, se apuró a aclarar otro de los referentes cercanos a la senadora que fue testigo del intercambio. Llegada junto a la presidenta del bloque de legisladores porteños Pilar Ramírez, a quien muchos ven como su candidata a jefa de gobierno en la ciudad, Karina Milei se sumó pasadas las siete de la tarde al cantito de feliz cumpleaños, del que participaron –en dos tandas-familiares de Bullrich, y dirigentes políticos cercanos y “un poco más que compañeros de trabajo”, como Eduardo Amadeo, Silvana Giúdici, Juan Pablo Arenaza y Diego Valenzuela, y algunos ausentes con aviso como Sabrina Ajmechet y Damián Arabia, ambos de viaje.
Al no hablar de Adorni, Bullrich y Karina Milei evitar aguar la fiesta, y dejar en claro que desde hace rato tienen posturas distintas en relación al caso. Mientras la secretaria general de la Presidencia es una de los principales sostenes de la continuidad del exvocero presidencial, la exministra de Seguridad sostiene que la continuidad de Adorni la hace un daño considerable a la imagen del Gobierno. “A ninguna de las dos le conviene pelearse”, afirmó otro bullrichista con tono pragmático.
Monzó busca el sueño imposible: la unidad Macri-Massa
Dolido con algunos de sus ex compañeros de Pro por “avalar” como funcionarios al gobierno de Javier Milei, Emilio Monzó continúa “hablando con todos” en su difícil pelea para lograr la conformación de una opción electoral de centro, equidistante del kirchnerismo y de La Libertad Avanza. En sus charlas con dirigentes de distintas tribus, el extitular de la Cámara de Diputados les plantea una idea, a esta altura, casi revolucionaria: la unidad de dos dirigentes “centristas” con los que tiene diálogo permanente: nada menos que Mauricio Macri y Sergio Massa.
Ante propios y extraños, el ex ministro porteño aclara que el mayor problema para juntarlos es, lisa y llanamente, que el expresidente y el exministro de Economía “no se pueden ver”, un obstáculo casi insalvable a la hora de las alianzas políticas.
“Los dos son políticos de centro, el tema son los extremos de los que ninguno de los dos se puede soltar”, cuentan cerca del ex diputado, que se juntó con Macri hace dos semanas y de todos modos continúa en el paciente tejido de una alternativa moderada para 2027.
Yamandú Orsi, en Buenos Aires y sin contacto con Milei
Aprovechando la cercanía entre ambas orillas, y al margen de encabezar un gobierno ubicado en las antípodas ideológicas del de Javier Milei, el presidente de Uruguay Yamandú Orsi, llegó al menos dos veces en las últimas dos semanas a Buenos Aires. La primera de ellas fue días atrás, en el homenaje a ciudadanos uruguayos desaparecidos, organizado en la legislatura porteña por el legislador porteño, radical en Fuerza Patria, Leandro Santoro. El segundo ocurrió esta semana, cuando Orsi encabezó la entrega de premios del Centro Ana Frank, entidad que homenajeó a los miembros de la Cámara Federal Porteña que condenara, en diciembre de 1985, a las Juntas Militares.
Allí, Orsi se saludó de modo cordial con el jefe de gobierno porteño, Jorge Macri, y también habló de “la importancia de la defensa de la democracia, la memoria y los derechos humanos como valores compartidos por las sociedades latinoamericanas”, según publicara el Centro Ana Frank. Sin libertarios a la vista (Pilar Ramírez sí estuvo con los directivos de la entidad días antes del evento), Orsi volvió a Montevideo sin contacto con el Gobierno.
La sonrisa de Caputo, cada vez más difícil de ver en la Rosada
En tiempos de restricciones que impiden desde hace más de un mes el libre desarrollo de sus tareas, dos de los periodistas acreditados se alegraron el miércoles, cuando en un pasillo de la planta baja de la Casa Rosada se cruzaron con el mismísimo asesor presidencial Santiago Caputo. “¿Y ustedes que hacen acá?” dijo el consejero ante la incrédula mirada de los periodistas, quienes le explicaron que entre las restricciones vigentes figura la de respetar un “corralito” entre el comedor, en el subsuelo de la casa, y la sala de prensa, en el primer piso.
Luego de los saludos, el consejero dejó claro que nada podía hacer para aliviar la situación de la prensa acreditada y partió hacia su despacho, tan sonriente como había llegado. Curiosamente, 24 horas después, los vidrios de las puertas ventana que comunican la sala de prensa con el despacho de Caputo aparecieron cubiertas por un vidrio tan opaco como el que impide visualizar el movimiento en los pasillos que dan al salón de los Científicos o al Eva Perón, también en el primer piso. Los periodistas se quedaron con la intriga sobre quien dio la orden, un día después del casual encuentro con el asesor del Presidente.
Lamelas baila con libertarios pero se reúne con opositores
La imagen, difundida esta semana, llamó la atención entre políticos y diplomáticos. El embajador norteamericano en Buenos Aires, Peter Lamelas, bailó al son de ritmos centroamericanos junto a la sonriente legisladora porteña libertaria, Lucía Montenegro, un video de marzo pasado que la propia diputada se encargó de difundir a través de sus redes sociales. “La próxima, el bombón asesino”, posteó la joven legisladora, en el texto que acompaña el video, tomado en la celebración de la independencia de República Dominicana.
Dispuesto a demostrar que su agenda es bien amplia, el diplomático también posó días atrás junto al canciller Pablo Quirno y el ministro de Defensa, Carlos Presti, en el ejercicio militar conjunto Daga Atlántica, del que participaron fuerzas argentinas y estadounidenses. Y para concluir la semana, en su visita a Rosario, Lamelas se reunió con el gobernador radical Maximiliano Pullaro, a quien llenó de elogios por su política de seguridad. “La transformación de Santa Fe en materia de seguridad demuestra lo que es posible cuando hay liderazgo, decisión y compromiso para enfrentar al crimen organizado”, expresó el diplomático de orígenes cubanos, luego del encuentro con un gobernador que suele marcar diferencias con la Casa Rosada.
pic.twitter.com/yQPCM4XjY7,June 11, 2026,Jaime Rosemberg,Karina Milei,Patricia Bullrich,Conforme a,Karina Milei,,¿Sin las Fuerzas del Cielo? Karina Milei quiere ampliar la tropa digital en medio de la interna con Santiago Caputo,,La fantasía de un edén imaginario. Inmersos en una extravagante burbuja de sentido,,Minuto a minuto. Santilli, ministro del Interior, se reunió con los gobernadores de Chaco y San Juan
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Senado: dudas por el ascenso de grado de un militar en una comisión que La Libertad Avanza confeccionó a gusto

La jefa libertaria en el Senado, Patricia Bullrich, perdió el control del recinto días atrás -mientras aprovecha el caso Adorni para limar a su propio Gobierno- y le sumó un nuevo inconveniente a los hermanos Javier y Karina Milei por el ascenso del titular de la Casa Militar y general de brigada, Sebastián Ibáñez, quien es defendido a rajatabla por el Ejecutivo. No se sabe aún si esto se repite en la Cámara alta, tras los groseros tropiezos del oficialismo legislativo -a cargo de la porteña- de las recientes semanas.
Bullrich terminó de ceder varios botones del comando tras el escándalo por un pliego judicial en el que su propio bloque, La Libertad Avanza, votó a favor, en contra y tuvo la abstención de la ex ministra de Seguridad. Complejo operar un futuro prominente para alguien que fractura en tres a una bancada de 21 integrantes. A esto se agrega que, desde hace meses, la otrora líder macrista no resuelve simples ascensos diplomáticos ya dictaminados, los cuales inhiben al resto en la carrera de la Cancillería. También aportó lo suyo Pablo Quirno.
Otra lupa grande se direcciona hacia el presidente de la comisión de Acuerdos, el aparente “karinista” Juan Carlos Pagotto. Fue él quien pisoteó y no publicó el despacho judicial que generó el embrollo. Días atrás, por orden de la Casa Rosada, buscó acelerar las firmas. Si esto ocurriese el miércoles y, de aprobarse pronto en el recinto, el postulante quedaría a tiro de una idea que circuló por el Ejecutivo: ubicarlo como número uno del Ejército. El conflicto surgió por el inevitable freno que activó la oposición dialoguista, clave para que salga todo lo que desea Balcarce 50.

“En la última sesión tuvimos que aplazar la discusión de la ley de propiedad privada y quedó para los próximos días, si logramos llegar en paz al recinto. En vez de serenarse, Pagotto y Bullrich llamaron sin avisar a Acuerdos. Para un punto solo. Un delirio. Piensan que es gratis tomar el pelo a quienes suelen ayudar. Si llegamos a la comisión, espero no aparezcan nuevas cosas raras con el pliego”, sentenció un aliado a Infobae. La referencia apunta hacia informes periodísticos relacionados con supuestas irregularidades en compras militares.
Lo más curioso es que, en Acuerdos, Bullrich sobrepasó todos los límites de convivencia -gracias a que fue avalada por el número en el recinto- y le aplicó al kirchnerismo una fuerte piña: de 17 lugares, le dejó dos en vez de cinco, que era el plan “original” avalado por oficialismo y dialoguistas. ¿Qué hizo la porteña? Como el cristinismo no se quería presentar a trabajar, le dio un lugar extra a la tucumana Sandra Mendoza, a la salteña Flavia Royón y al riojano Fernando Rejal.
Vale recordar que aquí es donde se inició el estallido por el pliego judicial que tanto dañó a la Casa Rosada y sobre el que se subió la ex ministra para hacer política. En la definición en el recinto y, luego de tanto drama, se abstuvo en vez de apoyar a una candidata observada sólo por ser familiar de un periodista que no cae bien en Balcarce 50.
Ibáñez está propuesto para pasar de general de brigada a general de división. Tras ello, le restaría el grado de teniente general, que es el máximo. La oposición dialoguista se pregunta por qué tanto apuro y si vale la pena acompañar el miércoles con las firmas. A partir de ahí, se ramifica: por fuera de la dupla Milei, en el Senado hay quienes comentan que al ministro de Defensa, Carlos Presti, no le agradaría el ascenso en cuestión. En tanto, otros le restan importancia a las acusaciones y creen que el militar tiene una carrera sólida que le permite soñar con lo que la secretaria general de Presidencia tenía pensado tiempo atrás y, por ahora, se encuentra bloqueado.
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