ECONOMIA
Aldo Abram: “Las restricciones remanentes del cepo cambiario son un gran freno a las inversiones”

La última semana comenzó con la noticia de que una de las tres grandes calificadoras de riesgo soberano mejoró la nota para los bonos de la deuda de Argentina de CCC- a B-, A priori, “solo” sería subir un escalón y tres subcategorías, y constituye un paso en la búsqueda del desbloqueo de ingreso de un mayor universo de inversores que podrán colocar fondos en este tipo de riesgos, y por eso se redujo el índice de riesgo país en más de 40 puntos básicos.
Además, se conoció la desaceleración de la caída real de la recaudación tributaria y la aproximación a la inflación de lo ingresado por IVA Impositivo y la superó lo percibido por el Impuesto a los Créditos y Débitos Bancarios, indicadores de recuperación de la actividad productiva y comercial, en un mes en que el consenso del mercado pronosticó una suba del Índice de Precios al Consumidor muy inferior al pico de 3,4% que alcanzó en marzo.
Con ese escenario, Infobae entrevistó al economista Aldo Abram, director ejecutivo de Fundación Libertad y Progreso, quien delineó un diagnóstico de la coyuntura y sus expectativas para lo que resta de 2026 y el próximo año.
— Se cumplieron 10 meses desde que el ministro Luis Caputo respondió en una conferencia: “comprá, campeón”, a quienes consideraban que el tipo de cambio estaba barato. ¿Cómo evolucionaron los activos financieros y la demanda de dólares desde entonces?
— Creo que el ministro Luis Caputo apostó a que el tipo de cambio estaba en un valor realista, dada la unificación cambiaria y la parcial salida del cepo. Es cierto que, luego, la desprolija cancelación de las LEFI y la creciente incertidumbre electoral en 2025 pusieron en jaque su afirmación. Sin embargo, visto desde hoy, la realidad es que comprar dólares en aquel momento y durante el período previo a los comicios no terminó siendo la mejor opción.
“Reclamar que el BCRA devalúe es equivalente a pedir que se genere una transferencia artificial y coyuntural de recursos desde los consumidores a los productores de bienes que se pueden exportar o importar”
El problema es que, entonces, había que tener una gran confianza en que la solidez fiscal y la solvencia del Banco Central de la República Argentina (BCRA) podían aguantar la tromba por la que pasaron. De hecho, fue necesario el apoyo del Tesoro de Estados Unidos para contenerla. La realidad es que, al final, terminó siendo cierto que el que apostó a Argentina ganó y mucho.
— Algunos economistas afines a políticas liberales expresan preocupación por la apreciación cambiaria y su efecto contractivo en diversas industrias, y sugieren la necesidad de medidas correctivas. ¿Cuál es su visión sobre este planteo?
— Yo no creo que haya una apreciación cambiaria, por lo menos que sea relevante. De hecho, en 2025, con malos precios internacionales Argentina tuvo récord de cantidades exportadas; lo cual suena contradictorio con que, además, hubiera un dólar muy atrasado. El punto es que reclamar que el BCRA devalúe es equivalente a pedir que se genere una transferencia artificial y coyuntural de recursos desde los consumidores a los productores de bienes que se pueden exportar o importar. La prueba de ello es lo que sucedió antes de las elecciones; aunque dicha depreciación no la generó el BCRA, sino la gente que bajó fuertemente su demanda de pesos por temor.

A cualquier producto que le pase eso, verá su precio bajar. Lo mismo le pasó a la moneda argentina, perdió poder adquisitivo; que, inmediatamente, impactó en el tipo de cambio. Sin embargo, también esa alza se tenía que reflejar en el resto de los bienes y servicios que se miden en la unidad de cuenta local. Acá, eso lleva hasta nueve meses y, por eso, vimos una aceleración inflacionaria desde mediados de 2025. Los primeros que suben son los productos que se comercializan internacionalmente y que cotizan en dólares. Son la mayoría de los que están en la canasta básica; por lo que no extraña que a fines de año eso pegara duro en la pobreza. Luego, en la medida que van quedando menos bienes y servicios por verse plenamente impactados por la caída del peso, es lógico que se vea una desaceleración. Sobre todo, dada la estabilidad que mostró el peso desde los comicios de 2025, una vez recuperada la confianza por un resultado favorable al rumbo económico.
“En 2026 la inflación se acercará al 25% anual y será de menos del 20% en 2027″
Esa pérdida de ritmo de aumento del índice de precios al consumidor (IPC) se empezó a notar en la segunda quincena de febrero y continuó hasta mediados de marzo; pero fue interrumpida por la suba del precio de los combustibles por la guerra en Irán.
Sin embargo, en abril volvió a moderarse y se estima que la inflación se habría acercado a 2,4% mensual y seguiría desacelerándose, si no hay nuevos ajustes por el alza del petróleo. Así que, en 2026, se acercará al 25% anual y será de menos del 20% en 2027.

Lo notable es que lo anterior lo vivimos recientemente y probó que una devaluación sólo genera un empobrecimiento de todos los argentinos, particularmente de los más pobres. Los único que ganaron coyunturalmente son los que venden bienes y servicios que se exportan o importan. Lo peor es que hoy estamos volviendo a discutir sobre atraso cambiario. O sea, pedir que sea ahora el BCRA el que devalúe; lo cual es absurdo.
— ¿Ve factible un escenario de recuperación sostenida sin un cambio en la política cambiaria actual?
— Creo que la economía se está reactivando. Sin embargo, que el BCRA no tenga que devaluar, no quiere decir que no haya cosas por hacer en materia de política cambiaria, que seguramente mejorarían muchísimo las perspectivas de actividad. Eso tiene que ver, por ejemplo, con sacar todas las condiciones de pago de las importaciones heredadas del cepo y que se pueda operar libremente. No tiene sentido pedirle competitividad a alguien que no puede comprar en el exterior a mejor precio lo que necesita para producir.
Una gran empresa puede respaldarse en su casa matriz para conseguir financiamiento. Una pyme tiene que pedirle a un empresario extranjero que confíe que le van a pagar, desde Argentina, después de que embarcó su producto con ese destino. Ya no debería haber más restricciones remanentes de este tipo u otras; aunque se puede entender cierta prudencia en el manejo del stock de dividendos que no se prohibió remitir al exterior en el pasado.
“No tiene sentido pedirle competitividad a alguien que no puede comprar en el exterior a mejor precio lo que necesita para producir”
Sin embargo, hay que aprovechar el fuerte aumento de las exportaciones que se espera para normalizar el comercio exterior. Puede que eso traiga un aumento del tipo de cambio; pero sólo significará que habrá cambios en los precios entre los bienes y servicios. Algunos subirán con la cotización del dólar, otros bajarán por la mayor competencia externa o la mayor productividad de los productores locales o la menor demanda. En algún momento, hay que empezar a acomodar esta situación. Demorarlo, sólo complota contra la caída del índice de riesgo país y el crecimiento.
Sin lugar a dudas, las restricciones remanentes del cepo cambiario son un gran freno a las inversiones que no se pueden hacer a través del RIGI y se necesita crear mucho empleo hacia adelante. Para que continúe la desaceleración de la inflación, la única condición que tiene que cumplir el BCRA es hacer lo que prometió: solamente emitir para comprar reservas propias y en la medida que aumente la demanda de pesos, cosa que ya estaría sucediendo.
De todas formas, el BCRA debería priorizar utilizar el inicial aumento de la preferencia por el atesoramiento del sector privado con otro objetivo más urgente. Eliminar las medidas de emergencia que se tomaron para obligar a los bancos a demandar parte de la base monetaria que, antes de las elecciones, la gente decidió desatesorar.

— ¿Qué opinión le merece el mensaje del presidente Javier Milei y del ministro de Economía sobre que “los próximos dieciocho meses serán los mejores de las últimas dos décadas”?
— Ojalá tengan razón, necesitamos que la recuperación sea lo más rápida posible para que la mejora del bienestar económico abarque una mayor una mayor proporción de argentinos. Sin embargo, hoy, parece difícil que sea así; por ejemplo, comparado con la reactivación que hubo desde mediados de 2024 hasta principios de 2025. De todas formas, hay que aclarar que a principios de esta gestión nadie apostaba a que esa mejora iba a ser tan fuerte. Quizás, también estemos siendo muy conservadores ahora.
Creo que la recuperación económica ya empezó y para eso es bueno conocer los mecanismos defensivos que los argentinos aprendimos para sobrevivir a tantas crisis. Cuando asoma una de ellas en el horizonte, residentes y extranjeros empezamos a sacar nuestros ahorros e inversiones del país, desfinanciando la economía.
Además, aquellos que pueden, empiezan a ahorrar y a armar un “colchoncito” de dólares para morigerar el impacto negativo en el bienestar económico en su familia de una eventual debacle. Eso significa que dejan de consumir e invertir y lo mismo harán las empresas. Por lo tanto, todos estos factores repercutirán en la demanda interna llevando el nivel de actividad a desacelerarse, a estancarse o, incluso, a la recesión. Es lo que pasó con la creciente incertidumbre prelectoral.
“Hay que aclarar que a principios de esta gestión nadie apostaba a que esa mejora iba a ser tan fuerte. Quizás, también estemos siendo muy conservadores ahora”
Al final, los comicios legislativos mostraron que había un fuerte apoyo al cambio de rumbo; por lo que los “nubarrones negros” empezaron a disiparse. Así que algunos comenzaron a traer sus ahorros e inversiones, aumentando el financiamiento doméstico, y aquellos que dejaron de consumir e invertir por temor están volviendo a hacerlo. Ahora, hay que ver a qué velocidad pasa todo esto. La guerra de Irán no ayuda; porque aumenta el riesgo internacional y nadie quiere invertir en países riesgosos. Antes de este evento, algunas provincias y empresas tuvieron una ventana para colocar deuda en el exterior que, luego, se cerró. Sería bueno que este conflicto termine pronto y, así, se vuelva a contar con financiamiento extranjero que, incluso, pueda tomar el estado nacional a tasas más bajas.
Por otro lado, el Gobierno se ha enredado en una serie de escándalos, errores no forzados y discursos agresivos que le restan confianza; lo cual también es un factor moderador del consumo y de la inversión. La solución de la guerra no está al alcance de esta gestión; pero, hacer lo posible para cambiar la percepción de la gente sobre ella, sí.
— ¿La caída en la recaudación tributaria podría forzar un mayor ajuste del gasto público, o responde principalmente a la reducción de impuestos al comercio tras la recuperación del superávit fiscal?
— La caída de la recaudación tiene dos componentes:
- Con una economía estancada no se pagan más impuestos, sino menos. Sin embargo, en la medida que se recupere el nivel de actividad, este problema se resolverá.
- La fuerte baja de la presión tributaria que gestó el Gobierno, como eliminación y baja de las retenciones, de Sellos y PAIS).
La realidad es que, cuando la economía se reactiva o crece, los ingresos impositivos lo hacen más rápido aún. Por lo tanto, si bien hay que seguir recortando todo gasto innecesario, hoy sólo bastaría con mantener la austeridad y esperar al alza de la recaudación para nuevas bajas de gravámenes.

El Gobierno prometió que mantendría el peso del Estado nacional en términos de la producción y asignar los recursos excedentes para bajar impuestos. Hasta ahora lo ha venido cumpliendo y lo seguirá haciendo.
Donde sigue el descontrol es en la mayoría de las provincias y municipios. Les corresponden unos 110 de los, alrededor, de 150 gravámenes que existen. Si el gobierno nacional elimina o baja los suyos y los otros niveles de administración estatal suben o crean más de los propios, vamos mal.
Los argentinos nos vanagloriamos de ser federalistas; pero, después, le pedimos todas las soluciones al Poder Ejecutivo Nacional. Absurdo. Tenemos que aprender, también, que tenemos que exigirles austeridad y baja de tasas e impuestos a nuestros gobernadores, legisladores provinciales, intendentes y concejales.
“Los argentinos nos vanagloriamos de ser federalistas; pero, después, le pedimos todas las soluciones al Poder Ejecutivo Nacional”
Incluso, muchos de esos funcionarios son vecinos y viven más cerca que los de la Nación. En algunos lugares se está viendo que muchos ciudadanos empiezan a reclamar a quiénes corresponde, incluso por la vía judicial. Es un buen inicio para que se generalice asumir una mayor madurez cívica.
— ¿Por qué se ve tanta disparidad en la recuperación del nivel de actividad con el consecuente impacto heterogéneo en la evolución de los ingresos y el empleo de los argentinos?
— Lamentablemente, esta heterogeneidad va a ser inevitable. Son más de 80 años de creciente anormalidad a la que tuvieron que adaptarse para sobrevivir quienes trabajan y producen. Es imposible que esa estructura productiva sea exactamente la misma que la que será viable en el país normal que queremos ser. Un claro ejemplo son los sectores que hasta ahora han estado protegidos contra las importaciones. Ahora deberán invertir para ser competitivos o achicarse o desaparecer.
Sin embargo, hay sectores que van a prosperar, no sólo los vinculados al agro, petróleo y energía o minería. En la medida que la economía se ordene y crezca, también lo hará el poder adquisitivo de la población, incrementándose el consumo de los servicios, que es donde predominan los trabajos no registrados y han sido los más beneficiados en términos de aumento de sus ingresos. Por ello, no es casualidad que bajara la pobreza. Además, cuando se desacelera la inflación, la canasta básica que consumen los que tienen menos recursos, lo hace más rápidamente. Por eso es importante que la inflación siga bajando.

— ¿Cuáles son los errores más frecuentes en el diagnóstico sobre la economía argentina que observa en el debate público?
— Uno de ellos, es no entender los cambios de la estructura de producción y trabajo que tienen que vivir los argentinos para ser un país normal. Si no cambia nada, es porque volvemos a la anormalidad. Por eso, es tan importante que se haya aprobado la reforma laboral y sería bueno que se profundice. Va a ser necesario pasar muchos trabajadores de los empleos inviables a los muchos que se van a ir generando.
Por otro lado, es lógico que en el AMBA se haya generalizado la sensación de que no alcanza la plata, más allá del impacto del estancamiento económico por el que pasamos. Durante muchas décadas, los gobiernos les sacaban la plata a los contribuyentes, principalmente del interior, para subsidiar a los que vivían en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano. No sólo a quienes estaban en sensación vulnerable, sino que a todos. Llegaron a pagar más del 60% de los servicios públicos que consumían los ciudadanos de la gran urbe; mientras que en las provincias se abonaba lo que correspondía. ¿Cómo muchos no iban a optar por venir a hacinarse al GBA?
Ahora, se bajan los impuestos y se suben las tarifas; por lo que el ajuste para pagar lo que se usa lo tiene que hacer uno y no un tercero. Como quedará más plata en donde se la genera, será allí donde estarán las oportunidades. Por lo que, sin subsidios absurdos, habrá muchos menos incentivos a la concentración de la población, como lo hubo hasta ahora y desde hace más de ocho décadas. Así que, a futuro, el AMBA debería perder participación en el total de la población de Argentina.
“Sin subsidios absurdos, habrá muchos menos incentivos a la concentración de la población, como lo hubo hasta ahora y desde hace más de ocho décadas”
Por último, en un país donde se iba de crisis en crisis, la demanda de dólares tenía que ser mucho mayor que en uno normal. Acá la gente ahorra en moneda extranjera. Además, todos quieren sacar sus ahorros e inversiones de la economía local; por lo que demandan divisas del exterior. Así que el poder adquisitivo del dólar en Argentina tenía que ser mucho mayor que en un país estable.
En la medida que se avance hacia la normalidad, la demanda de dólares también lo hará y, además, los ahorros e inversiones que vendrán serán mayores que los que se irán. Por lo tanto, en el futuro las divisas extranjeras van a comprar menos de aquello que es “argentino”. La buena noticia es que nuestros ingresos van a ganar más poder adquisitivo.
— Si tuviera que resumir en una frase el momento económico actual, ¿Cuál elegiría?
— Estamos pasando los “dolores del parto” para llegar a ser una nación normal. A partir de los años 30 del siglo pasado, fueron muchos los países que tomaron el mismo rumbo económico de decadencia que Argentina. La única diferencia es que el resto lo fue abandonando y hoy son economías prósperas, que son las que nuestros hijos han estado eligiendo para buscar oportunidades de progreso. No les fue gratis; ya que implicó que una generación hiciera un gran sacrificio para cambiar su nación. Pues en ese proceso de “parto” estamos los argentinos. Tenemos dos opciones, abortarlo y dejarle el problema a los que vendrán, “disfrutando” de la decadencia como se hizo hasta ahora. La otra, hacemos nosotros el esfuerzo y sacamos a Argentina de décadas de empobrecimiento. La buena noticia es que, seguramente, quienes ahora afrontaremos este desafío también veremos que nuestra calidad de vida mejorará en los próximos años.
ECONOMIA
Ingreso Universal Básico: cuando la IA se cruza con la doctrina social de la Iglesia

En los últimos años, el Ingreso Universal Básico dejó de ser una idea marginal para convertirse en un tema central de debate. Su impulso proviene de dos mundos que rara vez dialogan: el de la tecnología de punta y el de la religión.
Por un lado, referentes de la inteligencia artificial advierten que la automatización podría dejar a millones de personas sin empleo. Por el otro, el papa Francisco y otros religiosos de peso sostienen que un salario básico universal es una cuestión de justicia social y dignidad humana.
La coincidencia resulta llamativa: Silicon Valley y el Vaticano, cada uno desde su lógica, terminan defendiendo la misma propuesta.
Líderes de la IA como Sam Altman, Elon Musk y Geoffrey Hinton sostienen que el avance de los algoritmos y los robots hará desaparecer muchas tareas humanas. Frente a ese escenario, el Ingreso Universal Básico aparece como un ingreso garantizado que permita a las personas vivir con seguridad, aun si el mercado laboral se achica.
El Ingreso Universal Básico aparece como un ingreso garantizado que permita a las personas vivir con seguridad, aun si el mercado laboral se achica
La idea es pragmática: si la IA multiplica la productividad, parte de esa riqueza debería distribuirse. El ingreso básico funcionaría como puente entre un futuro más automatizado y una sociedad que intenta evitar la exclusión.
El papa Francisco hablaba desde la doctrina social de la Iglesia y entendía el salario universal como un mandato ético frente a la exclusión. Sin embargo, el texto plantea que esa discusión alcanzó su máxima jerarquía magisterial con el papa León XIV, a partir de la encíclica Magnifica Humanitas (mayo de 2026), con la que la Iglesia Católica habría oficializado y elevado el debate a un plano doctrinal.

Francisco insistía en que no se trata de asistencialismo: el ingreso básico reconoce el valor de trabajos invisibles, como el cuidado familiar, y busca liberar a las personas para actividades que den sentido a la vida. En tiempos de crisis y automatización, lo presentaba como una medida de justicia elemental.
Según el texto, León XIV advirtió que la inteligencia artificial no es moralmente neutra y pidió un “desarme tecnológico” regulado por instituciones públicas independientes. También comparó el peligro de los algoritmos corporativos con el del armamento nuclear y planteó que el avance descontrolado de la IA no solo amenaza el empleo: también pone en riesgo la soberanía del pensamiento humano y la democracia.
León XIV advirtió que la inteligencia artificial no es moralmente neutra y pidió un “desarme tecnológico” regulado por instituciones públicas independientes
En ese marco, medidas de compensación económica como el Ingreso Universal Básico ya no se discuten solo como respuesta al desempleo, sino como un resguardo para la dignidad humana y un límite a la vigilancia automatizada.
El discurso tecnológico y el religioso terminan en el mismo lugar: la IA lo propone como solución práctica ante la reducción del empleo; la Iglesia, como exigencia moral frente a la exclusión. En ambos casos, el Ingreso Universal Básico aparece como un mecanismo para garantizar que nadie quede fuera de los bienes esenciales.
La convergencia sugiere un problema de fondo: los desafíos del futuro -automatización y pobreza estructural- obligarán a repensar la economía desde la perspectiva de la dignidad humana. En ese cruce, algoritmos y fe convergen en un lenguaje común.

También llama la atención que la tecnología y la religión, dos ámbitos que suelen transitar por carriles separados, se encuentren en un punto compartido. El Ingreso Universal Básico queda, así, como símbolo de esa convergencia: una forma de articular productividad y solidaridad.
El debate no se agota en lo económico. Sam Altman lo resumió así: “Lo que la gente realmente quiere es prosperidad, autonomía, la capacidad de tener una vida interesante, sentirse realizado y tener algún impacto”. La pregunta es cómo lograrlo en un mundo donde la IA desplaza tareas humanas a gran escala.
La IA no solo reordenará la distribución de la riqueza: también puede redefinir el sentido de las horas de trabajo, la identidad y la necesidad de sentirse útil.
Lo que la gente realmente quiere es prosperidad, autonomía, la capacidad de tener una vida interesante, sentirse realizado y tener algún impacto (Altman)
Elon Musk propuso una “renta alta universal” financiada por el Gobierno Federal, bajo la premisa de que la productividad de la IA y la robótica generará bienes y servicios en abundancia. En el texto, esa visión se contrasta con la posición de Francisco, para quien el ingreso universal es un derecho ligado a la dignidad humana. Ambas posturas reflejan la dificultad de encontrar respuestas frente a un cambio que amenaza tanto al trabajo manual como al de oficina, al mismo tiempo y a una velocidad inédita.
Quizás el desafío no sea solo económico, sino existencial: cómo construir un mundo donde la prosperidad tecnológica se traduzca en vidas plenas y no en sociedades sin propósito. En ese cruce entre religión y tecnología, el Ingreso Universal Básico se vuelve un concepto que obliga a repensar no solo cómo vivimos, sino por qué vivimos.
En conclusión, el futuro del trabajo y la justicia social ya no se discuten solo en laboratorios de inteligencia artificial ni en templos: se discuten en ambos. Eso abre una oportunidad para pensar un modelo de sociedad más justo, más humano y más inclusivo, en el que la IA se integre a un sistema económico distinto del que hoy conocemos.
El autor es economista, Mg Globalización, Comercio Internacional y Mercados emergentes (Universitat de Barcelona) y consultor
Business,Religion,Corporate Events,Europe,Religion / Belief
ECONOMIA
Las dos realidades económicas de Argentina

Argentina atraviesa dos realidades económicas que conviven con tensión: una mejora en algunos indicadores macro y sectores puntuales, y un deterioro en la vida cotidiana de empresas y hogares. Los cambios no impactan de la misma manera en todos los actores. La pregunta central es si estos resultados son deseables o esperables, y si el Gobierno puede modificar los efectos no deseados. También cabe preguntarse si la macroeconomía está desconectada de la microeconomía.
Una forma de interpretar la situación actual del país exige retroceder algunos meses. Antes de las elecciones de octubre de 2025, cuyo resultado implicó un triunfo para el Gobierno y sorprendió al mercado, el Poder Ejecutivo adoptó una política fuertemente sesgada para asegurar la continuidad. Eso implicó subir la tasa de interés para sostener estable el dólar.
Las tasas de interés llegaron a niveles muy altos: por ejemplo, el descuento de cheques superó el 80% anual. Ese costo del dinero impacta en toda la economía: en las empresas, al tomar capital de trabajo, invertir, financiar a sus clientes; y en los consumidores, al tomar créditos personales, pagar tarjetas, acceder a pagos mínimos y financiar compras, entre otras decisiones.
La suba de las tasas de interés impacta en toda la economía: en las empresas, al tomar capital de trabajo, invertir, financiar a sus clientes; y en los consumidores en el costo del crédito y capacidad de repago
Durante varios meses, la economía argentina convivió con esas tasas. El resultado fue una actividad resentida: se encareció vender a plazo, pagar a plazo, comprar a plazo, y tomar y otorgar crédito. Las utilidades de muchas empresas quedaron golpeadas porque el componente financiero del giro se volvió muy costoso y, en numerosos casos, derivó en un virtual corte de la cadena de pagos.
Los consumidores vieron una carga de intereses y valores de cuota mucho más elevados. En muchos casos, eso imposibilitó pagar créditos, obligó a demorar cuotas o directamente a recortar consumos para priorizar necesidades básicas, según los criterios de cada familia. A eso se sumó la caída de los ingresos reales -es decir, del poder adquisitivo del ingreso ajustado por inflación-, que viene retrocediendo desde agosto de 2025 en los sectores formales. El salario nominal creció a una tasa menor que la inflación, que se aceleró desde mayo de 2025.

Lo que se vive en la calle y en el mundo de los negocios -oferentes y demandantes- es heterogéneo. Parecen coexistir realidades opuestas: por un lado, la situación cotidiana de una proporción grande de la sociedad; por el otro, el discurso oficial, con narrativa y datos que subrayan lo positivo del rumbo y proyectan un futuro favorable.
El EMAE de marzo arrojó un crecimiento interanual de 5,5%. La actividad de la construcción mostró en el primer cuatrimestre, medida por el índice Construya, un incremento interanual de 0,6%: leve e incipiente, pero positivo.
En sentido contrario, el Índice de Ventas Minoristas Pyme de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) registró en abril una caída de 3,2% a precios constantes frente al mismo mes del año anterior, con 12 meses consecutivos de baja.
Desde noviembre de 2023 cerraron 24.437 empresas, un número que representó 4,8% del total (Fundar)
Desde noviembre de 2023, un mes antes de que iniciara el gobierno del presidente Milei, un informe de la fundación Fundar con datos de la SRT mostró que cerraron 24.437 empresas, un número que representó 4,8% del total. La única provincia que incrementó el número de empresas fue Neuquén.
Además, un informe de la consultora Scentia destacó que, entre abril de 2026 y abril de 2025, el total del consumo masivo disminuyó 3,8%. La medición incluyó categorías como supermercados de cadena y autoservicios independientes, entre otros. El rubro farmacia fue levemente positivo, mientras que el e-commerce creció 40,4 por ciento.
Sin duda, hay ganadores y perdedores. Energía, minería y parte del sector agrícola presentan signos positivos y perspectivas aún más alentadoras. Los sectores que sufren contracción son la industria, el comercio y la construcción, entre otros.

A esta altura se pueden extraer algunas conclusiones:
- Hay una realidad vinculada con la dirección que va tomando la economía y otra vinculada con la transición de ese proceso;
- La dirección es correcta: una economía más libre, con menor intervención del Estado; un Estado más chico y eficiente;
- Un país abierto al mundo y a las inversiones;
- Seguridad jurídica e institucional; tres poderes independientes; y
- Un sector privado pujante, competitivo y eficiente.
No obstante, no considero que el proceso haya sido ordenado o planificado. La vida económica de un país no es una planilla de cálculo ni un cúmulo de informes: funciona con tiempos, fricciones y adaptación. Se trata de pensar un proceso de ajuste y de generar herramientas que permitan a los actores económicos flexibilidad para adaptarse.
La vida económica de un país no es una planilla de cálculo ni un cúmulo de informes: funciona con tiempos, fricciones y adaptación
Hay que tener en cuenta que el EMAE -un indicador adelantado de la variación del PBI- asigna a sectores como industria, comercio mayorista y minorista, actividades inmobiliarias, construcción, transporte y comunicaciones un peso cercano al 50%. A la vez, son sectores con altas proporciones de empleo dentro de la economía.
Por eso, el Gobierno debería generar condiciones:
- En lo impositivo, bajar la carga de manera significativa para las empresas;
- En lo monetario, sostener un esquema de tasas de interés estables, acordes y razonables para invertir, consumir y ahorrar; y
- En lo laboral, reducir los costos sobre las plantas de personal actuales, no solo sobre nuevas incorporaciones, para que la mayor parte de la sociedad y de los mercados argentinos puedan crecer y competir en igualdad de condiciones.
El autor es Economista, director de Authentica Consulting
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ECONOMIA
Semana financiera: las acciones y los bonos argentinos “volaron” y están en los precios más altos en cuatro meses

El mercado financiero argentino siguió exhibiendo la última semana un tono optimista. El panel S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires anotó una ganancia de 11,2% semanal, en los 3.166.407 puntos, que aproximó al panel líder a su reciente récord nominal de 3.259.829 puntos del 29 de enero.
Acompañaron también los bonos soberanos, que en sus emisiones en dólares -Globales y Bonares- ascendieron un 1,5% respecto del viernes 22. En este sentido, resalto el descenso del riesgo país de JP Morgan, otra vez debajo de los 500 puntos básicos y en un mínimo desde el 2 de febrero. El riesgo país hilvanó siete ruedas operativas en baja.
El sesgo ganador de los activos argentinos se encuadró en un escenario positivo de Wall Street, donde los principales indicadores registraron nuevos máximos históricos, con un panel tecnológico Nasdaq al filo de los 27.000 puntos (+2,2% semanal), el Dow Jones de Industriales en torno a los 51.000 puntos (+1%), y el promedio S&P 500 (+1,4%) cerca de los 7.600 puntos.
La realidad es que todo el mes de mayo se mostró alcista para los activos argentinos. El S&P Merval ganó 11,5% y varias acciones argentinas cristalizaron excepcionales desempeños, como Banco Francés (+28,7%), Banco Macro (+26,4%), Telecom (+23,2%), Grupo Galicia (+22,6%), Supervielle (+18,4%), YPF (+17,5%, a USD 53,04) y Central Puerto (+11,6%).

Un caso particular fue el de la acción de la compañía especializada en satélites Satellogic, que escaló un 53% en mayo y registra en el transcurso de 2026 un salto de 380%, luego haber firmado en marzo un contrato como proveedor de la Armada de Estados Unidos, entre otros proyectos.
Los bonos en dólares redondearon un alza mensual de 2,5%, con un riesgo país que descontó más de 60 puntos básicos, en los 493 puntos básicos.
Juan Manuel Franco, economista Jefe de Grupo SBS, afirmó que “lo mejor para la renta fija soberana en dólares pasando por el tramo largo, nuestro favorito. El alto beta de Argentina lo hace sensible a cambios en el temperamento del mercado internacional, y eso se reflejo en fuertes subas para el sector bancario, que venia muy rezagado. Así, el Merval se impone tanto en nivel absoluto como relativo a comparables emergentes desde el inicio de la guerra en Medio Oriente, cuando había tenido semanas pasadas algo flojas en el relativo».
“En las últimas dos semanas, el riesgo país pasó de 550 puntos básicos a perforar los 500 puntos básicos, impulsado por un mejor contexto global, mejores datos de actividad económica local en los últimos días y señales sobre financiamiento para los vencimientos de este año”, subrayaron los analistas de IEB.
“El contexto internacional volvió a marcar un tono positivo durante la semana con el S&P 500 alcanzando un nuevo máximo histórico impulsado por una sólida temporada de resultados y el entusiasmo sobre inteligencia artificial e infraestructura. A lo que se sumó el avance en las negociaciones de paz entre EEUU e Irán desencadenando una caída en los rendimientos de los bonos del tesoro estadounidense”, añadieron desde IEB.
“La sólida temporada de resultados en las empresas americanas es un espaldarazo para la renta variable en momentos de incertidumbre por la situación en Medio Oriente y el elevado precio del petróleo“, definieron desde Balanz.
A 1.408 pesos, el dólar mayorista terminó la semana con una ganancia de cinco pesos o 0,4%, mientras que en el balance de mayo ascendió 17 pesos o 1,2 por ciento.
Un reporte de la consultora Qualy advirtió que “el segundo semestre llegará con más exigencias: la estacionalidad favorable del ingreso de divisas agrícolas comenzará a reducirse, el FMI aprobó un nuevo desembolso pero exige metas de reservas ambiciosas”.
El Banco Central informó que para la fecha la banda superior del régimen cambiario alcanzó los $1.757,34, de modo que el dólar se ubicó a 349,34 pesos o 24,8% de ese límite para la flotación teórica.
El dólar al público quedó a $1.430 para la venta, según la referencia del Banco Nación. En la semana el dólar minorista subió cinco pesos o 0,4 por ciento. El Banco Central informó que en las entidades financieras el dólar promedió $1.431,57 para la venta y $1.380,10 para la compra.
El dólar blue también finalizó estabilizado en los $1.430 para la venta, con un incremento de cinco pesos respecto del viernes 22.
El BCRA efectuó compras en las cuatro sesiones operativas por un total de USD 761 millones, para totalizar un saldo positivo por su intervención cambiaria de USD 2.596 millones en mayo. Las reservas internacionales brutas crecieron en USD 1.388 millones, a USD 48.191 millones, tras haber anotado el jueves 28 un máximo desde el 30 de septiembre de 2019 (USD 48.511 millones).
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