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ECONOMIA

Andrés Borenstein, de BTG Pactual: “Se puede compartir o no lo que hace el Gobierno, pero no le podemos poner una vara suiza”

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«Creo que la economía andará bien en los próximos meses. No sé si serán los mejores, pero veo la actividad en mejora»

Las finanzas públicas y la acumulación de activos externos por parte del Banco Central de la República Argentina (BCRA) evolucionan de acuerdo con el plan del Gobierno. Ese proceso se tradujo en desinflación, estabilidad en el mercado cambiario y baja de las tasas de interés de los depósitos a plazo fijo. Aunque la actividad agregada registró récords, persiste malestar en sectores de la producción y el consumo, que retrocedieron frente a años anteriores y lo reflejaron en la mora del crédito, tanto bancario como, con mayor intensidad, en canales alternativos.

Ante ese panorama, Infobae entrevistó a Andrés Borenstein, economista de BTG Pactual y docente universitario en la UTDT y la UBA. Coautor del libro Puede Fallar y autor del podcast La Economía en 3 minutos, analizó los principales aciertos del nuevo esquema cambiario, las oportunidades de inversión y los riesgos internos y externos que podrían condicionar el crecimiento durante el resto del año.

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— ¿El ministro de Economía peca de optimismo al afirmar que espera “los mejores 18 meses” en más de dos décadas? ¿En qué indicadores se apoya esa proyección?

— No me corresponde decir si peca o no peca. Creo que la economía andará bien en los próximos meses. No sé si serán los mejores, pero veo la actividad en mejora. Hay empresas que anunciaron inversiones y, en la medida en que esos anuncios se concreten, la actividad mejorará y algunos sectores que hoy no vienen tan bien, como por ejemplo la construcción, probablemente arranquen.

“No creo que vaya a haber un boom de construcción, pero sí mejor actividad. Lo mismo vale para algunos sectores industriales. Y, sin duda, algunos servicios”

No creo que vaya a haber un boom de construcción, pero sí mejor actividad. Lo mismo vale para algunos sectores industriales. Y, sin duda, algunos servicios seguirán mejorando su performance. Es claro que no será homogéneo y que, aun en una buena economía, habrá gente que no esté bien. Corregir desequilibrios lleva mucho tiempo.

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— ¿Por qué conviven diagnósticos tan distintos entre economistas: unos sostienen que la economía va “por buen camino” y otros que “no está bien”? ¿Qué muestran los datos en actividad, salarios reales, empleo, pobreza e inversión para explicar esa divergencia?

— Bueno, todos tenemos sesgos. Y, por otro lado, la economía no es una ciencia exacta. Yo asumo que los precios internacionales seguirán siendo buenos para Argentina, que El Niño traerá otra buena cosecha. Creo que el Gobierno tuvo la filosofía correcta en arreglar las cuentas fiscales, romper con el proteccionismo y desregular muchos sectores. Hubo más controversias con la cuestión monetaria y cambiaria, pero fue haciendo cambios en la política económica que la mejoraron.

Economista Andres Borenstein
«El Gobierno tuvo la filosofía correcta en arreglar las cuentas fiscales, romper con el proteccionismo y desregular muchos sectores»

Los mejores ejemplos fueron la reducción de volatilidad de tasas de interés y la compra de reservas. Es decir, hay una plataforma que es mejor que antes. Y, por supuesto, hay gente a la que puede no gustarle el RIGI o que puede querer una apertura más rápida del cepo. Son opiniones válidas. No es blanco o negro.

No estoy diciendo que no haya riesgos. La política local, que incluye tanto lo que haga el Gobierno como lo que haga la oposición, puede complicar la situación. El escenario internacional puede cambiar para peor. Y también puede pasar que algo que uno predice finalmente no ocurra. Hay que asumir que todos erramos.

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“La economía no puede “estar bien” cuando crecimos casi nada en los últimos 15 años y todavía tenemos una inflación muy alta

Partamos también de decir que la economía no puede “estar bien” cuando crecimos casi nada en los últimos 15 años y todavía tenemos una inflación muy alta. Se puede compartir más o menos lo que hace el Gobierno, pero no le podemos poner una vara suiza.

— El Fondo Monetario Internacional, en la segunda revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas, destacó avances y también enumeró desafíos del programa. ¿Comparte ese diagnóstico? ¿En qué puntos coincide y en cuáles discrepa?

— Diría que estoy bastante de acuerdo con lo que plantea el FMI. Obviamente la realpolitik es otro negocio. La reforma tributaria que proponen tiene todo el sentido del mundo. Pero sacarla (esta u otra versión) implica una negociación compleja con las provincias. Y no solo eso: es difícil por la política, pero también porque no todas las provincias quieren o necesitan lo mismo.

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Economista Andres Borenstein
«La reforma tributaria que proponen tiene todo el sentido del mundo. Pero sacarla (esta u otra versión) implica una negociación compleja con las provincias»

— A 30 meses del gobierno de Javier Milei, ¿El ordenamiento fiscal fue “demasiado rápido” o fue el ritmo necesario?

— Respecto de la velocidad, Milei tuvo el beneficio de aprender de lo que no salió bien del gobierno de Macri y, por otro lado, tenía un mandato social para hacerlo que quizás Macri no tenía. Desde lo teórico, la terapia de shock es mejor que el gradualismo. Además, la promesa de corte futuro en Argentina es una promesa liviana. Había que hacerlo rápido.

— En la relación entre ajuste fiscal e impuestos: ¿el recorte del gasto habilitó la baja o eliminación de tributos, o primero se redujeron impuestos y eso forzó un ajuste mayor? ¿Qué “tamaño de Estado” es consistente con sostener el superávit en 2026 y 2027?

— Creo que el Estado está llegando a un tamaño correcto. Probablemente el ajuste adicional ahora debería venir de lo provincial y municipal. Esto no quiere decir que no haya cosas para reasignar en el Gobierno federal.

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“Milei tuvo el beneficio de aprender de lo que no salió bien del gobierno de Macri y, por otro lado, tenía un mandato social para hacerlo que quizás Macri no tenía”

Siempre es conveniente evaluar el gasto y asignarlo donde tiene mayor valor social. Pero si se mira el gasto en base caja, entre jubilaciones, programas sociales e intereses de la deuda ya tenemos más del 75% del total.

— Mes a mes, la Secretaría de Finanzas informa que la deuda pública consolidada (Administración Central y Banco Central) baja en relación con el PBI y, según esas series, también en valores absolutos. ¿Qué tan robusta es esa lectura?

— La deuda argentina es baja. Cada uno la mide como le conviene. Si sube en dólares porque el tipo de cambio se aprecia, entonces también sube el PBI. Si el Gobierno esteriliza la compra de reservas con deuda, entonces sube la deuda, pero también los activos. Lo más relevante es no tener déficit, porque eso es lo que impide que la deuda suba más allá de las contabilizaciones que se hacen en función del PBI, en dólares o en pesos. No veo riesgos grandes en el perfil de vencimientos. Aunque es importante tratar de mostrarle al mercado que hay acceso, porque eso despeja la incertidumbre de quien la tenga.

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Economista Andres Borenstein
«Las cosas que más mira el mercado son la posición de reservas y el riesgo político. Si eso anda bien, dos puntos más de inflación no cambian el panorama»

— ¿Qué factores frenan una caída más marcada del índice de riesgo país? ¿Qué pesa más hoy: el frente fiscal, el externo, la dinámica de la deuda, el marco institucional o el riesgo político?

— Las cosas que más mira el mercado son la posición de reservas y el riesgo político. Si eso anda bien, dos puntos más de inflación no cambian el panorama. Lógicamente, una parte del riesgo político tiene que ver con que la economía crezca, pero el cóctel político depende de muchos factores, algunos de los cuales exceden a lo económico.

— ¿La combinación de desinflación, baja de tasas de interés para depósitos y apreciación del peso es un fenómeno transitorio o tiene fundamentos? ¿Qué variables deberían monitorearse para saber si ese equilibrio es sostenible?

— Creo que la tasa de interés relevante hoy, como la Tamar por debajo de la inflación, no es algo que vaya a durar para siempre. Esperemos que baje la inflación más de lo que suba la tasa.

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“Con los números en la cuenta corriente de la balanza de pagos, yo no creo que veamos una depreciación real de la moneda”

El tema de la apreciación del peso es siempre debatible. Con estos números en la cuenta corriente de la balanza de pagos, yo no creo que veamos una depreciación real de la moneda.

— ¿Qué espera para el resto del año en actividad, inflación, tipo de cambio y reservas? ¿Cuál es su escenario base y qué shock lo haría revisar ese pronóstico?

— El escenario base es un crecimiento superior al 3,5%, un tipo de cambio entre 1.650 y 1.700 pesos y compras del Banco Central por alrededor de USD 15.000 millones. Si los precios del petróleo se mantienen arriba de USD 90 por todo el año, es posible que se compren más dólares. Va a depender también de cuántos dólares decidan comprar los argentinos.

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Economista Andres Borenstein
«Si los precios del petróleo se mantienen arriba de USD 90 por todo el año, es posible que se compren más dólares. Va a depender también de cuántos dólares decidan comprar los argentinos»

— ¿Ese escenario alcanza para que el Gobierno vuelva al mercado internacional de deuda? ¿Qué condiciones de tasa, plazo y señal política serían necesarias, y qué diferencia esa eventual vuelta de las emisiones recientes de empresas energéticas y bancos?

— Con menos de 500 de índice de riesgo país, la ventana se puede abrir. Si a eso le sumáramos otra calificación de riesgo en B-, también ayudaría.

— ¿Cómo evalúa el esquema cambiario vigente: hay atraso cambiario o todavía hay margen? ¿Qué nivel de tipo de cambio real considera consistente con acumular reservas sin reactivar la inflación?

— En términos históricos, el peso puede estar caro. Pero la historia tiene valor relativo. Estamos frente a un cambio de régimen en lo macro y tenemos un potencial exportador que parece materializarse. De manera que esos términos taxativos como atraso cambiario son debatibles.

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“En términos históricos, el peso puede estar caro. Pero la historia tiene valor relativo. Estamos frente a un cambio de régimen en lo macro y tenemos un potencial exportador que parece materializarse”

El dólar se ha debilitado frente a las monedas emergentes y el euro en el último año y medio. Desde lo macro, este año tendremos equilibrio o superávit de cuenta corriente en base caja, el BCRA compra dólares y no creo que nadie se anime a decir que los salarios en Argentina en dólares son caros. Esas cosas no son tan compatibles con un tipo de cambio sobreapreciado.

Hay gente que puede argumentar que los salarios son caros ajustados por productividad. Pues entonces veamos cómo aumentamos la productividad.

— ¿Dónde ve hoy el principal cuello de botella para crecer: crédito, impuestos, costo laboral no salarial, infraestructura, energía, o incertidumbre regulatoria?

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— Entiendo que los temas impositivos deberían tener prioridad. No digo coparticipación porque eso es institucionalmente imposible. Pero sí hay que hacer algo con las tasas de seguridad e higiene y ingresos brutos. Por supuesto que no es fácil, porque no se trata de que las provincias y municipios queden desfinanciados. Hay que buscarle la vuelta a eso.

— ¿Una reflexión final?

Aflojemos con la ansiedad. No estamos ni vamos a estar en el paraíso por mucho tiempo porque venimos de una situación muy mala. Las reformas que se hicieron van en la dirección correcta y, en más o en menos, nos deberían llevar por un camino de crecimiento con menor inflación. El trayecto no es lineal.

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Fotos: Adrián Escandar

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ECONOMIA

Bolivia, en el camino a Venezuela

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Con raíces en las políticas populistas aplicadas durante dos décadas de poder del Movimiento al Socialismo (MAS). Bolivia se convirtió en otra víctima del “socialismo del siglo XXI”» en Sudamérica (Foto: Reuters)

La inestabilidad política y social que sacudió a Bolivia fue la consecuencia directa y previsible de una crisis macroeconómica profunda, con raíces en las políticas populistas aplicadas durante dos décadas de poder del Movimiento al Socialismo (MAS). Bolivia se convirtió en otra víctima del “socialismo del siglo XXI”» en Sudamérica.

De manera análoga a lo ocurrido en Venezuela a comienzos de los años 2000 con el petróleo, Bolivia atravesó un período de prosperidad gracias al super ciclo de materias primas y al alza de los precios internacionales de la energía, en particular del gas natural.

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Durante la etapa comprendida entre 2008 y 2014, el país andino incrementó su producción de gas de forma sostenida: elevó los volúmenes extraídos desde un promedio de 40 millones de metros cúbicos por día hasta un pico histórico de 59,6 millones en 2014.

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Durante la etapa comprendida entre 2008 y 2014, el país andino incrementó su producción de gas de forma sostenida

Aproximadamente el 80% de ese volumen se destinaba al mercado externo: abastecía primero a Brasil y luego a Argentina, que se vio forzada a incrementar sus importaciones tras años de políticas populistas que erosionaron su propia matriz energética.

En esos años, el gas natural se consolidó como la principal fuente de divisas para Bolivia. Por el efecto combinado de altos volúmenes y cotizaciones internacionales récord, las exportaciones gasíferas escalaron desde una media de USD 3.000 millones anuales hasta USD 8.000 millones entre 2013 y 2015. En ese período, los hidrocarburos concentraron la mitad de todas las exportaciones del país.

Al asumir Evo Morales en 2006, su primera medida fue expropiar todas las empresas extranjeras. Desde entonces, sostiene este análisis, nadie volvió a invertir en Bolivia y el Gobierno se limitó a usufructuar las inversiones realizadas antes de su llegada al poder.

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La consecuencia se manifestó a partir de 2014, cuando cayeron los precios internacionales del gas. A ese shock se sumó la contracción de la capacidad productiva por falta de mantenimiento de infraestructura y por la ausencia de inversión en nuevos yacimientos.

Al shock de precios de 2014 se sumó la contracción de la capacidad productiva por falta de mantenimiento de infraestructura y por la ausencia de inversión en nuevos yacimientos

Durante los años de abundancia, la administración boliviana se limitó a explotar los yacimientos activos y canalizó la renta excedente hacia gasto público corriente y subsidios orientados al consumo directo, con el objetivo de sostener consenso político de corto plazo. Esa política asfixió incentivos y anuló la inversión en exploración e infraestructura.

Al agotarse la presión natural de las cuencas en producción y no existir nuevos descubrimientos, la oferta hidrocarburífera inició un declive drástico e irreversible que todavía no tocó piso. Hacia 2025, la producción sectorial se desplomó hasta 29 millones de metros cúbicos por día, una pérdida de más de la mitad del volumen registrado durante el auge.

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En paralelo, el valor de las exportaciones de gas natural se hundió a USD 1.500 millones en 2025, lo que estranguló la principal vía de financiamiento externo de la economía.

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El valor de las exportaciones de gas natural en Bolivia se hundió a USD 1.500 millones en 2025

A ese colapso interno de la oferta se sumó un giro geopolítico y comercial: Bolivia dejó de exportar gas a Argentina porque la producción argentina volvió a crecer con fuerza gracias a cambios políticos que posibilitaron el desarrollo de Vaca Muerta.

Bolivia, que hasta ese momento exhibía cuentas públicas relativamente equilibradas por el flujo de divisas energéticas, se negó a convalidar un ajuste fiscal una vez disipada la renta hidrocarburífera. Para sostener la continuidad de la asistencia social, las autoridades recurrieron de manera sistemática al endeudamiento.

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A partir de 2015 se registraron déficits anuales superiores al 5% del PBI. Esa trayectoria culminó en un déficit de 11,6% del PBI en 2025

A partir de 2015 se registraron déficits anuales superiores al 5% del PBI. Esa trayectoria culminó en un déficit de 11,6% del PBI en 2025. Ese pico se explicó por el intento del gobierno del MAS de retener poder político mediante un programa de expansión del gasto que terminó por dinamitar la sostenibilidad de las finanzas públicas.

Ese desequilibrio fiscal disparó la deuda pública. En poco más de una década, la deuda pasó de representar el 30% del PBI a alcanzar el 85% del PBI en 2025.

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El desequilibrio fiscal disparó la deuda pública

Ante la pérdida de acceso al financiamiento internacional, el Estado comenzó a liquidar sus reservas: pasaron de un máximo histórico de USD 15.100 millones en 2014 a tocar un piso crítico de USD 1.600 millones en 2024.

El repunte contable observado hacia 2025, que situó las reservas en USD 3.700 millones, se explicó por la suba del precio del oro y no por una recomposición genuina.

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El repunte contable observado hacia 2025, que situó las reservas en USD 3.700 millones, se explicó por la suba del precio del oro

Luego, ante la pérdida de acceso al financiamiento internacional y el agotamiento de las reservas del Banco Central, los déficits fiscales pasaron a financiarse a través de la emisión monetaria del propio Banco Central.

El resultado directo de ese esquema fue la aparición y el ensanchamiento de una brecha cambiaria en el mercado paralelo, que actualmente se ubicó en el orden del 50%. A eso se sumó la escasez de productos importados esenciales, que afectó de manera crítica el abastecimiento interno de combustibles. Esa dinámica explicó el despertar de la inflación en los últimos años.

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Se afectó de manera crítica el abastecimiento interno de combustibles y resurgió la inflación

También conviene advertir el espejismo del litio. Bolivia posee los mayores recursos teóricos globales junto con Argentina, pero su producción es prácticamente nula. Al igual que en hidrocarburos, el Estado nacionalizó la totalidad de la cadena de valor y, sin tecnología ni capitales suficientes, se mostró estructuralmente incapaz de desarrollar la producción.

Tampoco consolidó socios estratégicos confiables: se apoyó en acuerdos con consorcios rusos y chinos que, hasta el momento, quedaron en letra muerta. En contraste, Argentina proyectó exportar este año litio por un valor cercano a USD 2.000 millones.

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Bolivia posee los mayores recursos teóricos globales de litio junto con Argentina, pero su producción es prácticamente nula (Foto: Reuters)
Bolivia posee los mayores recursos teóricos globales de litio junto con Argentina, pero su producción es prácticamente nula (Foto: Reuters)

El drama de Bolivia reflejó el patrón histórico desplegado por el modelo chavista en Venezuela y que previamente vivió Cuba. La primera fase se caracterizó por expropiaciones generalizadas que el Estado utilizó para estimular artificialmente el consumo interno.

En la segunda etapa, el gasto público asistencialista ideado para sostener apoyo político sustituyó a la inversión y asfixió el desarrollo de sectores estratégicos.

La falta de inversiones derivó en un colapso de la producción y de los ingresos por exportaciones

Finalmente, la falta de inversiones derivó en un colapso de la producción y de los ingresos por exportaciones. Ese colapso económico culminó en una crisis política y social sin precedente para el país.

CASTI 17
Bolivia se ubicó en el último estadio del “socialismo del siglo XXI”

Luego de 20 años, Bolivia se ubicó en ese último estadio del “socialismo del siglo XXI”. Si no frenó la dinámica actual, las consecuencias serán aceleración de la inflación, desabastecimiento crónico de insumos básicos, conflicto social creciente y caos político.

Bolivia corrió el riesgo de caer en hiperinflación, lo que iniciará un flujo migratorio masivo capaz de transformar la crisis interna en un problema regional, con la frontera con Argentina como epicentro.

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Paolo Rizzo es Magister en Economía de la Universidad de Tilburg en Holanda y en Management de la universidad Luiss, Italia; Ramiro Castiñeira es director de la consultora Econométrica



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ECONOMIA

Asistencia Laboral: cinco claves para entender cómo funcionará el fondo para pagar indemnizaciones por despido

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La imagen ilustra la implementación del Fondo de Asistencia Laboral y las modificaciones en los recibos de sueldo introducidas por la reforma laboral argentina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los puntos clave de la reforma laboral, la aparición del FAL (Fondo de Asistencia Laboral), los fondos para pagar indemnizaciones por despido, comienza a tomar forma. Esta semana, el Gobierno publicó el decreto reglamentario que trajo algunas certezas que el mercado financiero y las empresas estaban esperando. A la vez, la Comisión Nacional de Valores (CNV) convocó a una reunión a las Alycs (Agentes de liquidación y compensación), que serán grandes protagonistas en la administración de los fondos y saldrán a captar empresas empleadoras de todos los tamaños para ingresar al negocio.

Se trata de una medida que, más allá de su impacto laboral, también puede modificar sustancialmente el mercado de capitales argentino creando un flujo de dinero nada despreciable: cada mes 550.000 empleadores de todos los tamaños aportarán una porción de los aportes de 6,2 millones de trabajadores privados.

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Cinco interrogantes y cinco respuestas que pueden ayudar a entender el nuevo sistema que entrará en vigencia el 1° de noviembre, según fuentes consultadas por Infobae que participaron de esa reunión:

1) ¿Cómo va a funcionar el Fondo de Asistencia Social (FAL)?: Cada empleador privado de la Argentina aportará en forma obligatoria el 1% (si es una empresa grande) o el 2,5% (si es una pyme) a un fondo para pagar indemnizaciones laborales. El empleador girará cada mes ese aporte a la ARCA y le informará a qué banco o alyc debe dirigirlo para engrosar un FAL. El pago deberá hacerse con las cargas sociales, lo que se conoce como el formulario 931.

Las instituciones financieras armarán un FAL para una empresa en particular o bien un FAL multiempresa, que captarán aportes de cientos o miles de pequeños empleadores.

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Para el trabajador, el nuevo mecanismo no trae ningún cambio ni está obligado a hacer ningún trámite.

2) ¿En qué activos se va a invertir el dinero? La regla central ya se fijó: los FAL estarán integrados exclusivamente por “instrumentos financieros o valores negociables” argentinos. Se estima que habrá depósitos, acciones, obligaciones negociables, bonos y otros activos, en pesos o en dólares, siempre que no sean extranjeros. Esta regla excluyó, por caso, a los Cedears.

Foto de archivo - Un billete de 1.000 pesos argentinos sobre varios billetes de dólar estadounidense a modo ilustrativo. Oct 17, 2022. REUTERS/Agustin Marcarian/
Foto de archivo – Un billete de 1.000 pesos argentinos sobre varios billetes de dólar estadounidense a modo ilustrativo. Oct 17, 2022. REUTERS/Agustin Marcarian/

Los FAL deben crearse específicamente a los fines de cumplir con la ley laboral. No se podrán mezclar con los fondos comunes de inversión ya existentes, aunque tendrán una estructura parecida. Muchos bancos y alycs están preparando una “familia de FAL”, con opciones de inversión más conservadoras o más riesgosas, a gusto de cada empresa y su perfil, del mismo modo que ya ofrecen una “familia de FCI” a todos sus clientes.

No se espera que se establezca un “menu de inversiones” o normas excesivamente estrictas acerca de qué porcentaje de cada FAL debe destinarse a cada activo, tal como ocurría, por caso, con las AFJPs. Prevalecerá un criterio de aplicar la mayor flexibilidad posible.

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3) ¿Qué deben hacer los empleadores y para qué pueden usar el fondo? Deberán elegir un FAL, que le ofrecerán un banco o una alyc, y girar allí cada mes los aportes por sus empleados. No se podrá subdividir ese aporte: deberán depositar el 100% de ese dinero en una única entidad. Y habrá “portabilidad”, de manera que la empresa podrá llevarse su FAL de un banco a otro si le ofrece mejores condiciones. Habrá un límite de veces para cambiar, que aún no fue fijado.

Empleado sentado frente a un escritorio leyendo una carta, con gráficos en la pared y colegas al fondo.
Un empleado preocupado recibe una carta de despido en su escritorio (Imagen Ilustrativa Infobae)

El dinero, cuyo rendimiento crecerá mes a mes, se utilizará únicamente para pagar indemnizaciones por despido o retiros voluntarios. No podrá usarse con otro destino que no sea ese. El dinero tampoco podrá retirarse o rescatarse en ningún caso. Solamente si una empresa quiebra o desaparece podrá recuperar el dinero remanente en su FAL.

4) ¿Cuánto le costará el nuevo sistema a las empresas? Absolutamente nada. Las empresas, sea un kiosco con 3 empleados o una megaempresa con 10.000, ingresarán al FAL el mismo dinero que hoy aportan a la Anses como parte de los aportes laborales, por lo que no habrá ningún costo extra. De ese aporte también surgirá la comisión para los bancos y alycs administradores, que tendrá un máximo del 1% de los fondos administrados.

El modelo de un FAL exclusivo para una sola empresa será excepcional, solamente para grandes compañías que puedan aspirar a un fondo propio por su gran cantidad de trabajadores.

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En el otro extremo, se abrirá un registro de alycs dispuestas a atender a pymes o micropymes con pocos empleados, de manera que todos los empleadores de la Argentina tendrán un FAL a su disposición.

5) ¿Qué regulaciones falta sancionar? El ministerio de Economía, según el artículo 11 del decreto conocido esta semana, deberá establecer los límites para la inversión de los fondos, con las características ya explicadas. En el mercado se estima que esa regulación será flexible, dejando el mayor grado de libertad posible para invertir cada fondo.

No se espera que haya un piso de liquidez al que los FAL deban ajustarse, para que de esa forma puedan responder ante la necesidad de cubrir indemnizaciones. Un detalle de la normativa es que el aporte al FAL es obligatorio, pero una empresa puede afrontar las indemnizaciones con su propia caja si evalúa, financieramente, que le conviene no tocar el FAL.

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Una vez dictada esa norma pendiente de Economía llegarán otras, en algunos casos de carácter operativo, provenientes de la CNV, ARCA y la secretaría de Trabajo.



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ECONOMIA

La fiebre del Mundial dispara la venta de televisores: cuáles son los modelos más vendidos, cuánto cuestan y cómo financiarlos

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La cercanía del Mundial aceleró la renovación de televisores en los hogares argentinos y empujó las ventas de una de las categorías más dinámicas del mercado de electrodomésticos

(Imagen Ilustrativa Infobae)

La cuenta regresiva para el Mundial ya se siente en el mercado argentino de televisores. A pocos días del inicio del torneo, las cadenas de electrodomésticos, fabricantes y consultoras coinciden en un diagnóstico: las ventas se aceleran, los consumidores buscan pantallas cada vez más grandes y las tecnologías premium ganan terreno dentro de las preferencias de compra.

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El fenómeno no es nuevo. Los años mundialistas suelen funcionar como un disparador para la renovación de televisores y adelantan decisiones de consumo vinculadas al entretenimiento en el hogar. Sin embargo, la dinámica de este año presenta además otro rasgo distintivo: el fuerte avance de las pantallas de gran tamaño, un segmento que gana participación a medida que se acerca el debut de la competencia.

Los datos de NielsenIQ muestran que la categoría TV atraviesa un momento positivo. Entre enero y abril, las ventas acumularon un crecimiento de 11% en unidades, mientras que abril registró una expansión interanual de 17% en volumen, acelerando la tendencia observada durante los primeros meses de 2026. Si bien desde la firma no anticiparon datos de mayo, desde la industria aseguraron que el crecimiento durante ese mes fue ampliamente superior.

Brenda Marengo, Senior Specialist CSM de NielsenIQ, explicó que el contexto mundialista constituye uno de los principales motores de la demanda. “Al ser un año mundialista, históricamente impulsa la renovación de televisores y adelanta decisiones de compra”, señaló.

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La ejecutiva destacó además que el crecimiento no se concentra únicamente en la cantidad de equipos vendidos. También se observa una transformación en el tipo de producto elegido por los consumidores. Los segmentos de mayor tamaño, especialmente desde las 55 pulgadas en adelante, lideran la expansión de la categoría.

Ese cambio impacta directamente sobre los valores promedio del mercado. Según NielsenIQ, el precio promedio de la categoría acumula un incremento de 12% interanual, impulsado en buena medida por la creciente participación de televisores de mayores dimensiones.

El impulso también se reflejó durante el último Hot Sale. De acuerdo con la consultora, los televisores se ubicaron como la categoría más vendida del evento. Durante esa semana, las unidades comercializadas crecieron 26% respecto del Hot Sale anterior, mientras que el ticket promedio avanzó 46 por ciento.

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Ilustración de una laptop con "HOT SALE" en pantalla, rodeada de bolsas de compra coloridas, globos y etiquetas de precio brillantes, simbolizando ventas en línea
El Hot Sale potenció la demanda de televisores en la previa del Mundial y convirtió a la categoría en una de las más dinámicas del evento de comercio electrónico

(Imagen ilustrativa Infobae)

Desde la industria también observan una aceleración marcada. Según datos de la Asociación de Fábricas Argentinas Terminales de Electrónica (Afarte), el mercado argentino de televisores comenzó el año con un crecimiento acumulado cercano al 10% hasta abril frente al mismo período de 2025.

Sin embargo, mayo marcó un cambio de ritmo. La entidad señaló que las ventas aumentaron más de 50% interanual durante ese mes, impulsadas por la cercanía del Mundial y el efecto promocional del Hot Sale. Como resultado, el acumulado de los primeros cinco meses del año muestra un crecimiento cercano al 20% respecto del mismo período del año anterior.

La asociación también identifica una modificación importante en la composición de las ventas. Actualmente, los televisores de 50 pulgadas o menos representan el 35% de la facturación de la industria, mientras que las pantallas de 55 pulgadas o más ya concentran el 65% del negocio.

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El mercado mantiene además una fuerte concentración en materia de marcas. Seis fabricantes explican más del 85% de las ventas de televisores en Argentina. El ranking está encabezado por Samsung, seguido por TCL, Noblex, Philips, RCA y BGH.

El furor por las pantallas más grandes

La tendencia hacia equipos de mayor tamaño aparece también en las estadísticas de las cadenas de retail.

Desde Frávega explicaron que la expectativa para este año es alcanzar un crecimiento de entre 30% en unidades frente a 2025. La compañía señaló además que los años mundialistas suelen concentrar gran parte de las ventas durante el primer semestre. Mientras que en un año habitual las operaciones se distribuyen de manera relativamente equilibrada entre ambas mitades del calendario, durante los años de Mundial cerca del 60% de las ventas anuales se concretan antes de mitad de año.

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Alejandro Taszma, director comercial de Frávega, aseguró que la actividad se aceleró de manera significativa en las últimas semanas.

Tienda de electrónica con pantallas de gran tamaño. Un vendedor señala una TV de 85 pulgadas. Las pantallas muestran el Glaciar Perito Moreno, el Obelisco y fútbol.
Fabricantes y cadenas comerciales coinciden en señalar un crecimiento de las ventas y una marcada preferencia por equipos de 55, 65 y hasta 75 pulgadas (Imagen Ilustrativa Infobae)

“A un mes del Mundial y con el Hot Sale en pleno estamos vendiendo siete veces más que en una semana normal de venta de televisores”, indicó. Según el ejecutivo, el desempeño actual también supera al registrado en la previa del Mundial anterior. “Estamos vendiendo un 30% más en unidades que en la misma fecha previa al Mundial pasado”, afirmó.

La evolución de las preferencias de compra resulta uno de los aspectos más notorios. Taszma explicó que las pantallas de 75 pulgadas y 65 pulgadas lideran actualmente la demanda, mientras que los equipos de 85 pulgadas ya aparecen entre las opciones con mayor crecimiento. También destacó la creciente adopción de tecnologías de mayor calidad de imagen. Entre ellas sobresale QLED, una alternativa que gana espacio frente a los modelos LED tradicionales.

Una situación similar describen desde Cetrogar. Juan Manuel Almeida, gerente de Marketing de la compañía, señaló que el mercado registra un crecimiento cercano al 50% en las ventas de Smart TV respecto del mismo período del año pasado y que “si en el Mundial de 2022 el estándar estaba en las 43 pulgadas, hoy las 50 y 55 pulgadas se consolidaron como los tamaños más buscados por los consumidores”, indicó.

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El ejecutivo agregó que incluso los modelos de más de 65 pulgadas ganaron protagonismo dentro de las ventas. Actualmente, entre los veinte televisores más vendidos aparecen equipos de 65 y hasta 75 pulgadas, algo que años atrás estaba reservado para un segmento mucho más reducido del mercado.

La transformación no se limita al tamaño de pantalla. Según Cetrogar, existe una búsqueda creciente de tecnologías premium vinculadas con una mejor experiencia visual. Entre las más demandadas figuran QLED, Mini LED, OLED y ULED, opciones que ofrecen mejoras en calidad de imagen, brillo, contraste y rendimiento.

La evolución de los precios acompaña el cambio de preferencias observado en el mercado.

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Actualmente, el precio promedio de un televisor en Argentina se ubica en una franja cercana a los $650.000 a $750.000, aunque el valor varía significativamente según el tamaño de pantalla, la resolución y la tecnología del panel. Los modelos más vendidos son los Smart TV 4K de entre 50 y 55 pulgadas, considerados el punto de equilibrio entre precio y experiencia de visualización.

infografia

Dentro de los tamaños más demandados, los televisores de 50 pulgadas se comercializan en un rango que va aproximadamente de $600.000 a $900.000, dependiendo de la marca y las prestaciones. Se trata de la medida que domina las ventas masivas por su relación entre costo y tamaño de pantalla. En el segmento de 55 pulgadas, que concentra gran parte de la oferta disponible para quienes buscan una experiencia más inmersiva, los precios parten desde alrededor de $650.000 y pueden superar el millón de pesos en versiones QLED o de gama superior.

A medida que aumenta el tamaño de pantalla, la inversión crece de manera considerable. Los televisores de 65 pulgadas se ubican mayormente entre $1,1 y $1,7 millones, mientras que los modelos de 75 pulgadas suelen encontrarse en una franja de $1,7 a $2,5 millones. En ambos casos, la mayoría de las opciones disponibles ya incorporan resolución 4K y funciones inteligentes, mientras que los equipos premium con tecnologías OLED o Mini LED pueden superar ampliamente esos valores

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La financiación volvió a ocupar un lugar central en la venta de televisores. Mientras los planes de 12 cuotas sin interés son prácticamente un estándar del mercado, algunas cadenas y bancos elevaron la apuesta con esquemas de 18, 24 e incluso 30 cuotas sin interés en la previa del Mundial 2026, especialmente para equipos de gran tamaño y modelos 4K

Según explicaron desde Cetrogar, “en un contexto donde el acceso al crédito continúa siendo clave para las decisiones de consumo, las cuotas sin interés y las distintas alternativas de financiación permiten acercar tecnologías que de otra manera serían más difíciles de alcanzar. Hoy las 12 cuotas sin interés o más —llegando incluso en determinados momentos a 24 cuotas sin interés— se han convertido en un requisito indispensable para impulsar el consumo, aun cuando las tasas de financiación continúan siendo elevadas y generan presión sobre los márgenes de rentabilidad del sector».



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