ECONOMIA
Bancos y billeteras virtuales padecen morosidad récord: qué factores generaron esta bomba de tiempo

El fuerte aumento de los índices de morosidad que se observa desde diciembre pasado en la mayoría de las tarjetas de crédito y los créditos bancarios y no bancarios otorgados a personas y familias es uno de los efectos no deseados del actual programa económico. Esto se debe a una fuerte suba de las tasas de interés el año pasado, muy por encima de la tasa de inflación, y a salarios con una indexación muy cercana a la inflación.
En la actualidad, tanto el sistema bancario como el no bancario argentino atraviesan una etapa de transición con una tasa de interés en baja, pero con niveles de mora en créditos personales, tarjetas de crédito bancarias y créditos no bancarios en niveles récord.
El aumento de la morosidad bancaria y no bancaria provoca una gran preocupación en el Gobierno y en los bancos públicos, privados y provinciales, así como en las empresas dueñas de billeteras digitales.
El índice de morosidad aumentó con fuerza en los primeros meses de 2026. De acuerdo con informes del sector y según cálculos de la consultora 1816, la irregularidad en la financiación con tarjetas de crédito a familias llegó al 11%, lo que representa el mayor nivel desde la crisis de 2001-2002. En tanto, en el sector no bancario las cifras rondan el 25%, y el impacto más fuerte se da en muchos jóvenes y jubilados.
Esto genera intereses moratorios y punitorios, junto a reportes negativos en las centrales de riesgo y posibles acciones legales, como embargos, que los bancos podrían realizar sobre sus clientes.
El sobreendeudamiento de hace seis meses explica la crisis actual
En relación con este problema, la consultora Qaly elaboró un análisis econométrico construido sobre datos del BCRA, donde identifica al sobreendeudamiento de seis meses atrás como el principal predictor de la irregularidad crediticia que se observa en la actualidad.
El trabajo destaca que la irregularidad de la cartera de crédito a familias en la Argentina pasó del 2,8% en diciembre de 2023 al 11,2% en febrero de 2026, según datos del BCRA; pero en abril, de acuerdo con datos provisorios, esta mora habría llegado casi a un 12%.
En préstamos personales, el deterioro fue más pronunciado: del 4,3% al 13,8% en el mismo período. En tarjetas de crédito, del 1,8% al 11,6%. En el segmento no bancario, como fintech, billeteras digitales y financieras de consumo, las tasas de mora superan el 30% en varios casos, duplicando o triplicando los niveles del sistema bancario tradicional.
«Son números que señalan algo más que una mala racha. De acuerdo con nuestro análisis construido sobre datos del sistema financiero, se ofrece una explicación estructural: el principal predictor estadístico de la mora actual no es la inflación del momento, ni el nivel de actividad económica, sino el nivel de endeudamiento de seis meses atrás«, explicó a iProfesional la directora de Qaly, Anastasia Decish.
Un efecto bola de nieve con rezago: las dos fases del deterioro
La economista explica que se trata de un efecto bola de nieve con rezago. «El modelo identifica un proceso en dos fases. En la primera, el deterioro del ingreso real empujó a las familias a utilizar el crédito como sustituto parcial del salario. El ajuste fiscal y monetario de los últimos dos años generó una fuerte caída inicial del poder adquisitivo: hacia principios de 2026, el salario real registrado se encontraba todavía cerca de un 9% por debajo de sus niveles de noviembre de 2023. Pero el ajuste del gasto de las familias fue parcial, porque una parte importante de los egresos de los hogares es inelástica: transporte, energía, salud, educación y alquiler no pueden eliminarse aunque el ingreso caiga. La actualización de tarifas por encima de la inflación general potenció ese efecto, reduciendo el margen disponible para honrar deudas».
Decish explica que, en la segunda fase, esa acumulación de deuda se transforma en mora. «Entre diciembre de 2023 y enero de 2026, el endeudamiento total de las familias en el sistema bancario (en moneda corriente) creció 5,3 veces, con préstamos personales aumentando 9 veces y tarjetas 3,4 veces. La relación entre deuda (tarjetas más préstamos personales) y masa salarial pasó de 0,99 a 2,09 entre abril de 2024 y diciembre de 2025. Con tasas de interés reales que llegaron al 5,2% mensual en tarjetas y al 4,6% en personales durante el segundo semestre de 2025, esos niveles son incompatibles con los ingresos disponibles. El resultado: atrasos que derivan en impagos y, por efecto del interés compuesto, en una deuda creciente», destacó la economista.
El estudio señala, además, que el nivel de actividad económica, medido por el EMAE, tiene menor capacidad explicativa sobre la mora que el endeudamiento previo.
La razón es que la recuperación del producto es marcadamente heterogénea: favorece a sectores exportadores y de commodities, pero no necesariamente a los hogares más endeudados, que se concentran en actividades ligadas al consumo interno. Una mejora del PBI agregado no resuelve el problema de la mora si no se traduce en ingresos para esos hogares.
El análisis distingue, por un lado, un problema de liquidez transitoria que se resolvería con refinanciaciones, quitas o tasas más bajas; pero destaca que se trata de un problema de solvencia estructural, donde el ingreso de las familias es insuficiente de manera persistente para atender sus compromisos financieros.
Además, lo que ocurre en el segmento no bancario amplifica el problema. «Las fintech y financieras de consumo cubrieron parte de la demanda con productos de acceso rápido, requisitos laxos y tasas reales muy elevadas. En un contexto de baja educación financiera y caída del poder adquisitivo, esos créditos funcionaron como catalizadores del sobreendeudamiento: un simple atraso genera intereses compuestos que rápidamente vuelven la deuda impagable. No es casual que la mora en ese segmento duplique o triplique la del sistema bancario«, explica el informe.
Por qué el crédito no puede reactivar la economía en el corto plazo
Hay que considerar para el análisis que el crédito es un instrumento clásico de reactivación económica, pero en la economía local su efectividad en el corto plazo está severamente limitada, y los datos permiten entender por qué.
En primer lugar, porque las familias ya están sobreendeudadas y, si se amplía la oferta de crédito sobre una base deteriorada, se profundizaría el problema. En segundo término, porque el sistema bancario reaccionó racionalmente endureciendo sus criterios.
La Encuesta de Condiciones Crediticias del BCRA del primer trimestre de 2026 confirma ese endurecimiento y registra una menor demanda de las familias. Ese ajuste, lógico desde la gestión individual del riesgo, genera un feedback negativo sistémico: una mayor mora implica una mayor cautela bancaria, lo que a su vez produce una restricción del crédito y, luego, un menor consumo y nivel de actividad.
En tercer lugar, el ahorro de mediano y largo plazo, que es condición necesaria para que los bancos puedan financiar proyectos de mayor plazo, es escaso.
Por lo tanto, frente a este escenario, una reducción de las tasas nominales o lanzar líneas específicas de crédito podría tener efectos marginales, pero no recompone un mercado crediticio estructuralmente débil.
El dato duro que emerge del análisis de la mayoría de los analistas consultados por iProfesional es que la primera condición para que el crédito opere como herramienta de reactivación es la recuperación genuina y sostenida del ingreso real de los hogares. Sin esta mejora, el crédito seguirá siendo un mecanismo de compensación de un desequilibrio estructural entre lo que los hogares ganan y lo que no pueden dejar de gastar.
La segunda condición es que se baje el costo financiero efectivo, el llamado Costo Financiero Total (CFT), que en el escenario actual combina tasas reales positivas con comisiones y cargos que elevan el costo muy por encima de la tasa nominal; en el segmento no bancario, esas tasas llegan a ser usurarias.
La mayoría de los expertos coincide en que una baja gradual y creíble de la inflación de manera tendencialmente decreciente y expectativas ancladas son esenciales para hacer viable el repago de deudas existentes y el otorgamiento de crédito nuevo.
Los créditos irrecuperables se cuadruplicaron en un año
Por su parte, un reciente estudio de la consultora Eco Go señala que la situación financiera de miles de familias argentinas volvió a encender señales de alarma y revela que la proporción de créditos no bancarios catalogados como «irrecuperables» se cuadruplicó en apenas un año y alcanzó niveles récord dentro del sistema financiero.
El relevamiento destaca que los préstamos considerados incobrables pasaron de representar el 2,6% de la cartera total en marzo de 2025 al 10,8% en marzo de 2026. En términos absolutos, el stock de deuda irrecuperable saltó desde unos $232.000 millones hasta $1,5 billones, y el deterioro se produjo en paralelo a un empeoramiento generalizado de la calidad crediticia, en un contexto marcado por tasas elevadas, caída del consumo y menor capacidad de compra.
El informe describe que el crédito no bancario totalizó $14,2 billones en marzo y, de ese monto, unos $3,9 billones quedaron dentro de categorías consideradas irregulares; es decir, créditos con riesgo medio, alto o directamente irrecuperables.
Por ese motivo, la irregularidad total de las carteras pasó al 27,5% en marzo contra el 10% registrado un año atrás, y se observa que la aceleración del deterioro fue constante durante los últimos meses, ya que en septiembre de 2025 la mora irregular era de 18,7%; en diciembre había subido al 23,1%; en enero llegó al 24,8% y ahora alcanzó su máximo reciente.
El dato más preocupante aparece en la categoría «irrecuperable», donde se concentran los préstamos con menores posibilidades de cobro, ya que hace un año esos créditos representaban el 2,6% del financiamiento no bancario y hoy el 10%.
En paralelo, la porción de créditos considerados regulares siguió perdiendo terreno. Las categorías «situación normal» y «riesgo bajo» pasaron de explicar el 90% de la cartera en marzo de 2025 al 72,5% en marzo de este año.
Las consultoras privadas vienen advirtiendo desde hace meses sobre el impacto de la caída del ingreso disponible, especialmente entre familias que dependen del financiamiento para sostener gastos corrientes y consumo cotidiano.
El problema ya no se limita al segmento no bancario, ya que según Eco Go, la irregularidad dentro de las entidades financieras tradicionales alcanzó el 6,7% en marzo, el nivel más alto desde febrero de 2020. En el caso de las familias, la mora bancaria llegó al 11,6%, también en máximos de varios años, mientras que otro informe de la consultora 1816 indicó que el incumplimiento en los pagos de hogares aumentó por decimoséptimo mes consecutivo. El reporte advirtió, además, que la recuperación económica todavía no se traduce en una mejora concreta de los ingresos familiares.
A eso se suma el peso de las tasas de interés. Durante los primeros días de mayo, los préstamos personales bancarios mantuvieron una tasa nominal anual promedio del 68,3%, prácticamente sin cambios frente a meses anteriores.
El estudio estima que el 92% del crédito no bancario está destinado a familias y, según el informe, el endeudamiento de los hogares con entidades no bancarias ya equivale al 36,7% de una masa salarial mensual; si se suma también el crédito bancario, la deuda total asciende al 145,4% de la masa salarial mensual. La situación es todavía más delicada entre trabajadores informales y cuentapropistas. En ese universo, el crédito no bancario equivale al 161% de la masa salarial estimada.
Pero, además del deterioro de la cartera, en marzo se observó una nueva caída del financiamiento. El crédito no bancario retrocedió 1,4% real respecto de febrero y acumuló dos meses consecutivos en baja. El crédito bancario al consumo también cayó 1,9% mensual real y ya suma cinco meses consecutivos de retroceso. A pesar de esa desaceleración, el estudio de Eco Go destaca que el volumen actual del crédito no bancario todavía se mantiene 139,8% por encima de marzo de 2024 en términos reales y un 20% superior al pico previo registrado en mayo de 2018.
Dentro del mercado, Tarjeta Naranja continúa liderando el financiamiento no bancario con una participación del 37,7%, y detrás aparecen Mercado Libre y otras firmas vinculadas al crédito digital y al consumo.
Los analistas consultados por iProfesional señalan que la combinación entre inflación persistente, caída del poder adquisitivo y dificultades para refinanciar pasivos terminó golpeando de lleno la capacidad de pago de millones de personas.
La morosidad actual es una señal de alerta potente. Ignorarla o abordarla con intervenciones de corto plazo o focalizadas en los efectos solo postergará o ampliará el problema. El diagnóstico, que distingue solvencia de liquidez, pone límites concretos a la efectividad de la baja de las tasas o del lanzamiento de nuevas líneas de crédito como herramienta para reactivar el consumo.
La situación crítica de las entidades no bancarias del interior
Pero uno de los problemas más graves son los altos niveles de morosidad que muestran muchas entidades no bancarias, en general mutuales, cooperativas y financieras del interior del país, por el aumento de la mora en préstamos realizados en su mayoría a trabajadores del sector público nacional, provincial y municipal a través de un sistema de código de descuento, y donde en algunos casos esos índices de morosidad trepan a valores superiores al 30% y son imposibles de refinanciar.
El aumento de la morosidad afecta hoy a una gran cantidad de familias y, en menor medida, a empresas. Esta situación genera una gran preocupación en las asociaciones bancarias como ADEBA, ABA y ABE, y también en las fintech dueñas de billeteras virtuales, donde el endeudamiento es más preocupante con esas deudas no bancarias en las que Mercado Libre lidera el mercado.
Las soluciones que ofrecen los bancos y alternativas posibles
Por el momento, los bancos solo ofrecen refinanciar el saldo total adeudado de la tarjeta de crédito en no más de 12 cuotas, en algunos casos a tasa fija, pero muchos tarjetahabientes responden que no lo pueden pagar y, en ciertos casos, deciden no pagar más. En otros casos, a los que aceptan la refinanciación les cancelan la tarjeta de crédito; por lo tanto, deben ir a otro banco a ver si pueden sacar otra tarjeta de crédito. Tal vez una solución alternativa podría ser como se realizó en la pandemia, donde los bancos refinanciaron el saldo deudor en hasta 12 cuotas fijas y sin cobrar la tasa de interés. Un ejemplo sería que, si una persona tiene un saldo adeudado de $1.200.000, pague $120.000 por mes en 12 meses.
La mora sube porque, con inflación baja, las cuotas ya no se licúan y la deuda pesa más sobre el salario, y las tasas reales positivas encarecen la refinanciación del saldo deudor.
La visión oficial: «el pico ya pasó»
La percepción del equipo económico en relación con los altos índices de morosidad es que el aumento de la mora bancaria se está saneando, y le restan importancia al salto en la morosidad.
Según una fuente cercana al Gobierno consultada por iProfesional, los bancos ya vieron el pico de la morosidad, por lo que el sistema financiero se está saneando y hay indicios alentadores en los datos de marzo y abril de que el impacto de la mora está perdiendo peso.
La fuente agregó que aparecen indicios alentadores sobre la recuperación del crédito y el nivel de deterioro en las carteras se desacelera; asimismo, la información que anticipan marzo y abril muestra mejoras adicionales.
Al respecto, hay que señalar que en su disertación en el evento de Expo EFI de hace 15 días, el presidente del BCRA, Santiago Bausili, apuntó hacia las entidades bancarias al afirmar: «los bancos tuvieron que reconstruir sus sistemas de scoring y hubo una primera ola de créditos que se otorgó a ciegas, sin saber a quién se le estaba prestando el dinero; y cuando volvió el crédito, apareció la mora».
A la vez, mencionó también el rol de los tomadores de crédito al afirmar: «para el deudor, la inflación se ocupaba de las últimas cuotas del crédito en pesos y ya no más; y con la baja de la inflación se diluye el efecto de licuación sobre las deudas, vigente durante años previos». Además, Bausili sostuvo que la suba de la inflación, que trepó 3,4% en marzo y acumula 9,1% en el primer trimestre, es lo que llamó un shock temporal.
Para dimensionar la situación de la mora bancaria y no bancaria actual, hay que destacar que en la prepandemia la morosidad promedio del sistema era del 7% en diciembre de 2019, con un 6% para las personas físicas y un 7,5% en empresas, cuando por ejemplo a fines de 2016 era del 3,2% para el promedio del sistema en su conjunto, del 3,9% para personas y del 2,8% para empresas. La crisis de 2018 explica el gran salto del 3,5% al 5,1% y luego al 7% en 2019.
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ECONOMIA
YPF, Petrobras y Dow realizaron una inversión de USD 260 millones para potenciar el crecimiento en Vaca Muerta

Compañía Mega dio un paso concreto en su estrategia de expansión. La firma, controlada en conjunto por YPF (38%), Petrobras (34%) y Dow (28%), puso en marcha en Bahía Blanca una nueva instalación para el fraccionamiento de líquidos del gas natural que demandó una inversión de USD 260 millones y que le permitirá procesar volúmenes crecientes de producción proveniente de Vaca Muerta. El acto contó con la presencia del presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, y del intendente bahiense Federico Susbielles, entre otros representantes del sector energético.
La obra forma parte de un programa de inversiones más amplio que la compañía lleva adelante entre 2023 y 2028, con un presupuesto total de 650 millones de dólares. La primera fase ya está concluida. La segunda, por USD 360 millones, fue presentada en abril bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y está en marcha.
Mega opera desde 2001 como eslabón central del segmento de transporte y procesamiento de hidrocarburos en la Argentina. Su infraestructura conecta la Cuenca Neuquina con el puerto de Bahía Blanca a través de un poliducto de 600 kilómetros, y la compañía procesa actualmente cerca del 40% del gas natural que se produce en esa cuenca. Es también el principal exportador argentino de GLP y gasolina natural, y el mayor abastecedor de etano para la industria petroquímica local.
Con el nuevo tren de fraccionamiento en funcionamiento, la producción de líquidos del gas natural (NGLs) podrá crecer hasta un 50%. El incremento responde a la mayor disponibilidad de esos líquidos asociados que trae consigo la expansión de la actividad en Vaca Muerta, y a la necesidad de contar con infraestructura capaz de procesarlos sin cuellos de botella.

El CEO de la compañía, Tomás Córdoba, explicó el significado de la inversión en términos de posicionamiento estratégico: “Refleja la confianza de nuestros accionistas en las oportunidades concretas que ofrece la Argentina en materia energética. Y, sobre todo, nos permite estructurar el próximo ciclo de crecimiento de la compañía, acompañando la expansión de Vaca Muerta con más capacidad y eficiencia para seguir dando valor a la producción energética del país y continuar exportando energía a diferentes mercados internacionales”.
Mientras el nuevo tren entra en operación, la compañía ya trabaja en la siguiente fase del plan. El proyecto presentado bajo el RIGI contempla obras en cuatro provincias —Neuquén, Río Negro, La Pampa y Buenos Aires— e incluye la construcción de dos nuevas plantas de rebombeo, junto con ampliaciones y mejoras en la infraestructura existente.
El objetivo es sumar más de 500.000 toneladas anuales adicionales de NGLs y llevar la producción total de la empresa a un nivel un 27% superior al actual. De ese volumen incremental, se estima que cerca del 80% tendrá como destino los mercados externos, principalmente en forma de propano, butano y gasolina natural. El 20% restante abastecerá el mercado interno, sobre todo a través del suministro de etano al sector petroquímico.

Horacio Marín subrayó la dimensión del proyecto en el acto de inauguración: “Con la segunda etapa de ampliación de Mega, un proyecto que fue presentado en el RIGI, vamos a poder procesar entre 40 y 42 millones de metros cúbicos de gas de Vaca Muerta. Ampliar Mega es darle valor agregado al gas natural”.
La ciudad bonaerense es el punto de llegada del poliducto y la sede del fraccionamiento y despacho de productos. Para el intendente Susbielles, la inversión tiene un efecto que va más allá de la planta: “Genera empleo, dinamiza la economía regional y posiciona a la ciudad como un nodo clave para la exportación de energía argentina”, señaló durante el acto.
La puesta en marcha del nuevo tren cierra la primera etapa del plan de inversión y deja a Mega en condiciones de encarar la siguiente con mayor infraestructura, en un momento en que la producción de Vaca Muerta sigue creciendo.
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ECONOMIA
Oil & Gas y energía, entre los principales sectores detrás del boom de emisiones en el mercado

El Oil & Gas y la energía se ubicaron en el tope tres de los sectores que dieron impulso al mercado local de capitales que registró un desempeño histórico durante el primer cuatrimestre de 2026, consolidando una tendencia de financiamiento corporativo que no se observaba desde hace más de una década.
De acuerdo con datos relevados por la consultora internacional PWC, las emisiones primarias alcanzaron un dinamismo extraordinario impulsado por la paulatina estabilización macroeconómica y un renovado apetito de los inversores por instrumentos de renta fija.
Este escenario permitió viabilizar proyectos de gran envergadura tecnológica e industrial en todo el territorio nacional, y las colocaciones de obligaciones negociables y fideicomisos financieros superaron los u$s6.200 millones medidos al dólar financiero de liquidación, marcando la cifra más elevada de la serie histórica iniciada en 2015 para un periodo similar.
En términos de volumen, el reporte de PWC señaló que el sistema financiero registró un total de 142 emisiones individuales y logró establecerse como la segunda mejor marca histórica, solo superada por los registros del año 2018. Este repunte denota una fuerte liquidez y la urgencia de diversos sectores productivos por acelerar sus planes de inversión.
El sector de Oil&Gas, sin embargo, se consolidó como el motor principal de esta expansión en términos de montos nominales, concentrando las mayores necesidades de capital para el desarrollo de infraestructura estratégica y operaciones de extracción a gran escala.
Las operadoras de hidrocarburos aprovecharon las ventanas de oportunidad para estructurar instrumentos de largo plazo que sostengan la producción en yacimientos no convencionales. La envergadura de estas emisiones posicionó al segmento energético en la cúspide del financiamiento corporativo local.
Factores macroeconómicos e instrumentos financieros en auge
Los analistas del sector coinciden en que la marcada compresión del riesgo país tras los últimos acontecimientos políticos actuó como el principal catalizador para la reapertura sostenida del crédito internacional. Las colocaciones en los mercados externos representaron una porción significativa del financiamiento total del cuatrimestre, alcanzando un volumen no visto en los últimos tres años.
El segmento corporativo del Régimen General evidenció una preferencia casi absoluta por los instrumentos denominados en moneda dura, conocidos técnicamente como Hard Dollar, los cuales explicaron la casi totalidad de las colocaciones corporativas.
Esta marcada tendencia contrasta con la drástica pérdida de terreno de las alternativas atadas al dólar oficial o a la inflación mediante cláusulas UVA. La búsqueda de cobertura directa en activos financieros tradicionales prevaleció como la estrategia de preferencia por parte de los administradores de carteras.
En paralelo, el mercado local experimentó una notable reducción de las tasas de interés en pesos, lo cual alivió de manera sustancial el costo financiero real para las empresas emisoras. Las tasas promedio de colocación sufrieron una compresión superior a los mil puntos básicos a lo largo del cuatrimestre, tocando mínimos históricos para la actual gestión de gobierno.
Esta trayectoria bajista generó un entorno propicio para que medianas empresas y proyectos de menor escala consideraran al mercado de capitales como una alternativa viable frente al crédito tradicional. Los fideicomisos financieros también mostraron síntomas claros de recuperación institucional, registrando incrementos interanuales tanto en cantidad de contratos como en montos totales adjudicados.
Estos vehículos de inversión mantuvieron su atractivo gracias a las estructuras de garantías subyacentes que ofrecen al mercado en momentos de reordenamiento de cartera. Su solidez operativa permitió mitigar los riesgos asociados a la mora sectorial y apuntalar el financiamiento al consumo.
Minería, pymes y proyecciones para el mediano plazo
El sector minero tuvo una participación sumamente acotada pero simbólica mediante una única colocación registrada por la firma Minas Argentinas S.A., correspondiente a sus obligaciones negociables Clase I por un valor de u$s3,6 millones.
Esta operación, que metodológicamente se encuentra contabilizada dentro del segmento global de energía, marca un antecedente relevante para los proyectos metalíferos que buscan estructurar financiamiento local. Se prevé que el sector incremente su presencia a medida que maduren los marcos de incentivo para grandes inversiones de capital.
Las pequeñas y medianas empresas también ganaron un protagonismo histórico en este primer tercio del año, logrando niveles récord de emisión nominal bajo el régimen simplificado de ON PYME.
El volumen total de operaciones en este estrato ratificó la consolidación de los avales recíprocos como herramientas eficientes para democratizar el acceso al financiamiento productivo. Los márgenes de colocación para este segmento alcanzaron incluso terrenos de rendimiento real negativo, evidenciando el fuerte respaldo de los inversores institucionales.
El flujo de colocaciones observado durante las primeras semanas de mayo sugiere que la inercia positiva del mercado de capitales se mantendrá firme durante la mitad del año. Las empresas contiúan presentando prospectos de emisión ante los reguladores con el firme objetivo de capturar las tasas vigentes y asegurar fondos frescos. Los fideicomisos financieros, aunque con un ritmo ligeramente más pausado que el segmento corporativo puro, comienzan a exhibir señales de aceleración estructural.
Las perspectivas hacia el cierre del año se presentan favorables, condicionadas a la persistencia de la estabilidad en las variables macroeconómicas clave, y así la expectativa de una paulatina extensión en los plazos de vencimiento de la deuda corporativa representa el próximo desafío madurativo para consolidar la profundidad del mercado.
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ECONOMIA
Jornada financiera: Wall Street cayó con fuerza, arrastró a las acciones argentinas y subió el riesgo país

Una rueda extremadamente negativa en Wall Street condicionó el desempeño de las acciones y los bonos de la Argentina, mientras que el dólar negoció con leve suba en el mercado de cambios doméstico.
Las acciones estadounidenses cayeron bruscamente, con el sector tecnológico a la cabeza de las pérdidas tras la publicación del informe de empleo de mayo, que superó con creces las expectativas, mientras continuó la rotación de inversiones fuera de las acciones tecnológicas y de los fabricantes de chips.
El promedio industrial Dow Jones cayó un 1,4 por ciento. El índice de referencia S&P 500 retrocedió un 2,6%, mientras que el Nasdaq Composite, con fuerte presencia de empresas tecnológicas, se desplomó 4,1 por ciento.
El equipo de Balanz Research explicó que “la creación de empleo no agrícola en Estados Unidos sorprendió nuevamente al alza con 172.000 nuevos puestos en mayo, muy por encima de los 88.000 esperados”, mientras que “la creación de empleo privada fue la que impulsó la sorpresa positiva con una creación de 120.000 nuevos puestos”. La tasa de desempleo en los EEUU se mantuvo estable en 4,3%, tal como se esperaba, con una participación laboral en 61,8%, también en línea con lo esperado.
“Las tasas de interés dieron un salto después de la sorpresa en los datos de empleo, reflejando una menor probabilidad de que la Reserva Federal pueda cortar su tasa de política monetaria en un entorno de presiones inflacionarias y un mercado laboral que se mantiene sólido”, completaron desde Balanz.
El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires restó 2,8%, a 3.084.617 puntos. Entre los ADR y acciones de compañías argentinas negociados en dólares en Wall Street
Entre las acciones y ADR argentinos negociados en dólares en Wall Street hubo bajas generalizadas, con Satellogic (-12,5%) al frente. Le siguió Bioceres (-7,7%), Adecoagro (-5,7%) y Ternium (-4,2%).
“La firme lectura del payrolls empujó al alza las tasas de los bonos del Tesoro de EEUU, y ello activó una vez más mayor cautela en Wall Street, la cual de inmediato se trasladó a los activos domésticos que -tras un breve repunte- retoman la tónica más floja y así es que se extiende la toma de ganancias», resumió Gustavo Ber, economista del Estudio Ber.
“Ante el surgimiento de indicios de volatilidad, cada gran fase de inversión concentrada en un sector tiende a redistribuir el capital hacia donde el mercado percibe mayor solidez relativa. Después de 2008, esa solidez se encontró en la liquidez. Tras la crisis de 2020, en la deuda soberana. Hoy, con una Reserva Federal que enfrenta limitaciones para utilizar recortes agresivos de tasas como herramienta de estímulo y con los tenedores extranjeros de bonos del Tesoro mostrando señales de desconfianza creciente, ninguno de esos dos refugios clásicos ofrece la misma certeza de antes”, explicó el economista Marcos Victorica, CEO de BAS Storage.
Los bonos soberanos en dólares de la Argentina cayeron 0,7% en promedio, mientras que el riesgo país de JP Morgan avanzó once unidades, a 499 puntos básicos.
“Más allá de la volatilidad en el frente internacional, el balance se mantiene favorable para la deuda argentina. En lo que va del año, los títulos bajo ley extranjera acumulan ganancias cercanas al 5,5%, mientras que los instrumentos bajo ley local avanzan aproximadamente un 4.8%. De esta manera, la deuda soberana continúa consolidando la recuperación iniciada a comienzos de año”, estimaron los analistas de IEB.
El dólar mayorista subió cuatro pesos o 0,3%, a $1.440,50, su precio más alto desde el 5 de febrero. El monto operado en el segmento de contado alcanzó importantes 689,6 millones de dólares.
El BCRA estableció un techo para su esquema cambiario en los 1.768,68 pesos. Así, el tipo de cambio oficial quedó a 328,18 pesos o 22,8% de ese límite para la libre flotación.
El dólar al público subió cinco pesos o 0,3%, a $1.460 para la venta en el Banco Nación. El Banco Central informó que en las entidades financieras el dólar minorista promedió $1.462,88 para la venta y $1.411,50 para la compra.
El dólar blue, que tocó un piso intradiario en los $1.430, terminó sin variantes respecto del jueves, a 1.435 pesos.
El Banco Central absorbió USD 45 millones a través de su intervención cambiaria del día, el 6,5% de la oferta spot. Las reservas internacionales brutas del BCRA retrocedieron USD 502 millones, a USD 47.867 millones, principalmente debido a una baja de USD 300 millones en la cotización de activos (el oro perdió 3,6% en el día) y el pago de USD 35 millones a organismos multilaterales.
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