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ECONOMIA

Bancos y billeteras virtuales padecen morosidad récord: qué factores generaron esta bomba de tiempo

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El fuerte aumento de los índices de morosidad que se observa desde diciembre pasado en la mayoría de las tarjetas de crédito y los créditos bancarios y no bancarios otorgados a personas y familias es uno de los efectos no deseados del actual programa económico. Esto se debe a una fuerte suba de las tasas de interés el año pasado, muy por encima de la tasa de inflación, y a salarios con una indexación muy cercana a la inflación.

En la actualidad, tanto el sistema bancario como el no bancario argentino atraviesan una etapa de transición con una tasa de interés en baja, pero con niveles de mora en créditos personales, tarjetas de crédito bancarias y créditos no bancarios en niveles récord.

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El aumento de la morosidad bancaria y no bancaria provoca una gran preocupación en el Gobierno y en los bancos públicos, privados y provinciales, así como en las empresas dueñas de billeteras digitales.

El índice de morosidad aumentó con fuerza en los primeros meses de 2026. De acuerdo con informes del sector y según cálculos de la consultora 1816, la irregularidad en la financiación con tarjetas de crédito a familias llegó al 11%, lo que representa el mayor nivel desde la crisis de 2001-2002. En tanto, en el sector no bancario las cifras rondan el 25%, y el impacto más fuerte se da en muchos jóvenes y jubilados.

Esto genera intereses moratorios y punitorios, junto a reportes negativos en las centrales de riesgo y posibles acciones legales, como embargos, que los bancos podrían realizar sobre sus clientes.

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El sobreendeudamiento de hace seis meses explica la crisis actual

En relación con este problema, la consultora Qaly elaboró un análisis econométrico construido sobre datos del BCRA, donde identifica al sobreendeudamiento de seis meses atrás como el principal predictor de la irregularidad crediticia que se observa en la actualidad.

El trabajo destaca que la irregularidad de la cartera de crédito a familias en la Argentina pasó del 2,8% en diciembre de 2023 al 11,2% en febrero de 2026, según datos del BCRA; pero en abril, de acuerdo con datos provisorios, esta mora habría llegado casi a un 12%.

En préstamos personales, el deterioro fue más pronunciado: del 4,3% al 13,8% en el mismo período. En tarjetas de crédito, del 1,8% al 11,6%. En el segmento no bancario, como fintech, billeteras digitales y financieras de consumo, las tasas de mora superan el 30% en varios casos, duplicando o triplicando los niveles del sistema bancario tradicional.

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«Son números que señalan algo más que una mala racha. De acuerdo con nuestro análisis construido sobre datos del sistema financiero, se ofrece una explicación estructural: el principal predictor estadístico de la mora actual no es la inflación del momento, ni el nivel de actividad económica, sino el nivel de endeudamiento de seis meses atrás«, explicó a iProfesional la directora de Qaly, Anastasia Decish.

Un efecto bola de nieve con rezago: las dos fases del deterioro

La economista explica que se trata de un efecto bola de nieve con rezago. «El modelo identifica un proceso en dos fases. En la primera, el deterioro del ingreso real empujó a las familias a utilizar el crédito como sustituto parcial del salario. El ajuste fiscal y monetario de los últimos dos años generó una fuerte caída inicial del poder adquisitivo: hacia principios de 2026, el salario real registrado se encontraba todavía cerca de un 9% por debajo de sus niveles de noviembre de 2023. Pero el ajuste del gasto de las familias fue parcial, porque una parte importante de los egresos de los hogares es inelástica: transporte, energía, salud, educación y alquiler no pueden eliminarse aunque el ingreso caiga. La actualización de tarifas por encima de la inflación general potenció ese efecto, reduciendo el margen disponible para honrar deudas».

Decish explica que, en la segunda fase, esa acumulación de deuda se transforma en mora. «Entre diciembre de 2023 y enero de 2026, el endeudamiento total de las familias en el sistema bancario (en moneda corriente) creció 5,3 veces, con préstamos personales aumentando 9 veces y tarjetas 3,4 veces. La relación entre deuda (tarjetas más préstamos personales) y masa salarial pasó de 0,99 a 2,09 entre abril de 2024 y diciembre de 2025. Con tasas de interés reales que llegaron al 5,2% mensual en tarjetas y al 4,6% en personales durante el segundo semestre de 2025, esos niveles son incompatibles con los ingresos disponibles. El resultado: atrasos que derivan en impagos y, por efecto del interés compuesto, en una deuda creciente», destacó la economista.

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El estudio señala, además, que el nivel de actividad económica, medido por el EMAE, tiene menor capacidad explicativa sobre la mora que el endeudamiento previo.

La razón es que la recuperación del producto es marcadamente heterogénea: favorece a sectores exportadores y de commodities, pero no necesariamente a los hogares más endeudados, que se concentran en actividades ligadas al consumo interno. Una mejora del PBI agregado no resuelve el problema de la mora si no se traduce en ingresos para esos hogares.

El análisis distingue, por un lado, un problema de liquidez transitoria que se resolvería con refinanciaciones, quitas o tasas más bajas; pero destaca que se trata de un problema de solvencia estructural, donde el ingreso de las familias es insuficiente de manera persistente para atender sus compromisos financieros.

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Además, lo que ocurre en el segmento no bancario amplifica el problema. «Las fintech y financieras de consumo cubrieron parte de la demanda con productos de acceso rápido, requisitos laxos y tasas reales muy elevadas. En un contexto de baja educación financiera y caída del poder adquisitivo, esos créditos funcionaron como catalizadores del sobreendeudamiento: un simple atraso genera intereses compuestos que rápidamente vuelven la deuda impagable. No es casual que la mora en ese segmento duplique o triplique la del sistema bancario«, explica el informe.

Por qué el crédito no puede reactivar la economía en el corto plazo

Hay que considerar para el análisis que el crédito es un instrumento clásico de reactivación económica, pero en la economía local su efectividad en el corto plazo está severamente limitada, y los datos permiten entender por qué.

En primer lugar, porque las familias ya están sobreendeudadas y, si se amplía la oferta de crédito sobre una base deteriorada, se profundizaría el problema. En segundo término, porque el sistema bancario reaccionó racionalmente endureciendo sus criterios.

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La Encuesta de Condiciones Crediticias del BCRA del primer trimestre de 2026 confirma ese endurecimiento y registra una menor demanda de las familias. Ese ajuste, lógico desde la gestión individual del riesgo, genera un feedback negativo sistémico: una mayor mora implica una mayor cautela bancaria, lo que a su vez produce una restricción del crédito y, luego, un menor consumo y nivel de actividad.

En tercer lugar, el ahorro de mediano y largo plazo, que es condición necesaria para que los bancos puedan financiar proyectos de mayor plazo, es escaso.

Por lo tanto, frente a este escenario, una reducción de las tasas nominales o lanzar líneas específicas de crédito podría tener efectos marginales, pero no recompone un mercado crediticio estructuralmente débil.

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El dato duro que emerge del análisis de la mayoría de los analistas consultados por iProfesional es que la primera condición para que el crédito opere como herramienta de reactivación es la recuperación genuina y sostenida del ingreso real de los hogares. Sin esta mejora, el crédito seguirá siendo un mecanismo de compensación de un desequilibrio estructural entre lo que los hogares ganan y lo que no pueden dejar de gastar.

La segunda condición es que se baje el costo financiero efectivo, el llamado Costo Financiero Total (CFT), que en el escenario actual combina tasas reales positivas con comisiones y cargos que elevan el costo muy por encima de la tasa nominal; en el segmento no bancario, esas tasas llegan a ser usurarias.

La mayoría de los expertos coincide en que una baja gradual y creíble de la inflación de manera tendencialmente decreciente y expectativas ancladas son esenciales para hacer viable el repago de deudas existentes y el otorgamiento de crédito nuevo.

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Los créditos irrecuperables se cuadruplicaron en un año

Por su parte, un reciente estudio de la consultora Eco Go señala que la situación financiera de miles de familias argentinas volvió a encender señales de alarma y revela que la proporción de créditos no bancarios catalogados como «irrecuperables» se cuadruplicó en apenas un año y alcanzó niveles récord dentro del sistema financiero.

El relevamiento destaca que los préstamos considerados incobrables pasaron de representar el 2,6% de la cartera total en marzo de 2025 al 10,8% en marzo de 2026. En términos absolutos, el stock de deuda irrecuperable saltó desde unos $232.000 millones hasta $1,5 billones, y el deterioro se produjo en paralelo a un empeoramiento generalizado de la calidad crediticia, en un contexto marcado por tasas elevadas, caída del consumo y menor capacidad de compra.

El informe describe que el crédito no bancario totalizó $14,2 billones en marzo y, de ese monto, unos $3,9 billones quedaron dentro de categorías consideradas irregulares; es decir, créditos con riesgo medio, alto o directamente irrecuperables.

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Por ese motivo, la irregularidad total de las carteras pasó al 27,5% en marzo contra el 10% registrado un año atrás, y se observa que la aceleración del deterioro fue constante durante los últimos meses, ya que en septiembre de 2025 la mora irregular era de 18,7%; en diciembre había subido al 23,1%; en enero llegó al 24,8% y ahora alcanzó su máximo reciente.

El dato más preocupante aparece en la categoría «irrecuperable», donde se concentran los préstamos con menores posibilidades de cobro, ya que hace un año esos créditos representaban el 2,6% del financiamiento no bancario y hoy el 10%.

En paralelo, la porción de créditos considerados regulares siguió perdiendo terreno. Las categorías «situación normal» y «riesgo bajo» pasaron de explicar el 90% de la cartera en marzo de 2025 al 72,5% en marzo de este año.

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Las consultoras privadas vienen advirtiendo desde hace meses sobre el impacto de la caída del ingreso disponible, especialmente entre familias que dependen del financiamiento para sostener gastos corrientes y consumo cotidiano.

El problema ya no se limita al segmento no bancario, ya que según Eco Go, la irregularidad dentro de las entidades financieras tradicionales alcanzó el 6,7% en marzo, el nivel más alto desde febrero de 2020. En el caso de las familias, la mora bancaria llegó al 11,6%, también en máximos de varios años, mientras que otro informe de la consultora 1816 indicó que el incumplimiento en los pagos de hogares aumentó por decimoséptimo mes consecutivo. El reporte advirtió, además, que la recuperación económica todavía no se traduce en una mejora concreta de los ingresos familiares.

A eso se suma el peso de las tasas de interés. Durante los primeros días de mayo, los préstamos personales bancarios mantuvieron una tasa nominal anual promedio del 68,3%, prácticamente sin cambios frente a meses anteriores.

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El estudio estima que el 92% del crédito no bancario está destinado a familias y, según el informe, el endeudamiento de los hogares con entidades no bancarias ya equivale al 36,7% de una masa salarial mensual; si se suma también el crédito bancario, la deuda total asciende al 145,4% de la masa salarial mensual. La situación es todavía más delicada entre trabajadores informales y cuentapropistas. En ese universo, el crédito no bancario equivale al 161% de la masa salarial estimada.

Pero, además del deterioro de la cartera, en marzo se observó una nueva caída del financiamiento. El crédito no bancario retrocedió 1,4% real respecto de febrero y acumuló dos meses consecutivos en baja. El crédito bancario al consumo también cayó 1,9% mensual real y ya suma cinco meses consecutivos de retroceso. A pesar de esa desaceleración, el estudio de Eco Go destaca que el volumen actual del crédito no bancario todavía se mantiene 139,8% por encima de marzo de 2024 en términos reales y un 20% superior al pico previo registrado en mayo de 2018.

Dentro del mercado, Tarjeta Naranja continúa liderando el financiamiento no bancario con una participación del 37,7%, y detrás aparecen Mercado Libre y otras firmas vinculadas al crédito digital y al consumo.

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Los analistas consultados por iProfesional señalan que la combinación entre inflación persistente, caída del poder adquisitivo y dificultades para refinanciar pasivos terminó golpeando de lleno la capacidad de pago de millones de personas.

La morosidad actual es una señal de alerta potente. Ignorarla o abordarla con intervenciones de corto plazo o focalizadas en los efectos solo postergará o ampliará el problema. El diagnóstico, que distingue solvencia de liquidez, pone límites concretos a la efectividad de la baja de las tasas o del lanzamiento de nuevas líneas de crédito como herramienta para reactivar el consumo.

La situación crítica de las entidades no bancarias del interior

Pero uno de los problemas más graves son los altos niveles de morosidad que muestran muchas entidades no bancarias, en general mutuales, cooperativas y financieras del interior del país, por el aumento de la mora en préstamos realizados en su mayoría a trabajadores del sector público nacional, provincial y municipal a través de un sistema de código de descuento, y donde en algunos casos esos índices de morosidad trepan a valores superiores al 30% y son imposibles de refinanciar.

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El aumento de la morosidad afecta hoy a una gran cantidad de familias y, en menor medida, a empresas. Esta situación genera una gran preocupación en las asociaciones bancarias como ADEBA, ABA y ABE, y también en las fintech dueñas de billeteras virtuales, donde el endeudamiento es más preocupante con esas deudas no bancarias en las que Mercado Libre lidera el mercado.

Las soluciones que ofrecen los bancos y alternativas posibles

Por el momento, los bancos solo ofrecen refinanciar el saldo total adeudado de la tarjeta de crédito en no más de 12 cuotas, en algunos casos a tasa fija, pero muchos tarjetahabientes responden que no lo pueden pagar y, en ciertos casos, deciden no pagar más. En otros casos, a los que aceptan la refinanciación les cancelan la tarjeta de crédito; por lo tanto, deben ir a otro banco a ver si pueden sacar otra tarjeta de crédito. Tal vez una solución alternativa podría ser como se realizó en la pandemia, donde los bancos refinanciaron el saldo deudor en hasta 12 cuotas fijas y sin cobrar la tasa de interés. Un ejemplo sería que, si una persona tiene un saldo adeudado de $1.200.000, pague $120.000 por mes en 12 meses.

La mora sube porque, con inflación baja, las cuotas ya no se licúan y la deuda pesa más sobre el salario, y las tasas reales positivas encarecen la refinanciación del saldo deudor.

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La visión oficial: «el pico ya pasó»

La percepción del equipo económico en relación con los altos índices de morosidad es que el aumento de la mora bancaria se está saneando, y le restan importancia al salto en la morosidad.

Según una fuente cercana al Gobierno consultada por iProfesional, los bancos ya vieron el pico de la morosidad, por lo que el sistema financiero se está saneando y hay indicios alentadores en los datos de marzo y abril de que el impacto de la mora está perdiendo peso.

La fuente agregó que aparecen indicios alentadores sobre la recuperación del crédito y el nivel de deterioro en las carteras se desacelera; asimismo, la información que anticipan marzo y abril muestra mejoras adicionales.

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Al respecto, hay que señalar que en su disertación en el evento de Expo EFI de hace 15 días, el presidente del BCRA, Santiago Bausili, apuntó hacia las entidades bancarias al afirmar: «los bancos tuvieron que reconstruir sus sistemas de scoring y hubo una primera ola de créditos que se otorgó a ciegas, sin saber a quién se le estaba prestando el dinero; y cuando volvió el crédito, apareció la mora».

A la vez, mencionó también el rol de los tomadores de crédito al afirmar: «para el deudor, la inflación se ocupaba de las últimas cuotas del crédito en pesos y ya no más; y con la baja de la inflación se diluye el efecto de licuación sobre las deudas, vigente durante años previos». Además, Bausili sostuvo que la suba de la inflación, que trepó 3,4% en marzo y acumula 9,1% en el primer trimestre, es lo que llamó un shock temporal.

Para dimensionar la situación de la mora bancaria y no bancaria actual, hay que destacar que en la prepandemia la morosidad promedio del sistema era del 7% en diciembre de 2019, con un 6% para las personas físicas y un 7,5% en empresas, cuando por ejemplo a fines de 2016 era del 3,2% para el promedio del sistema en su conjunto, del 3,9% para personas y del 2,8% para empresas. La crisis de 2018 explica el gran salto del 3,5% al 5,1% y luego al 7% en 2019.

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ECONOMIA

Con garantías de organismos, el Gobierno busca financiarse con bancos internacionales a una tasa cercana al 6% anual

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El ministro de Economía, Luis Caputo, busca tomar deuda por hasta USD 5.000 millones con las garantías ofrecidas por el Banco Mundial y el BID. (Jaime Olivos)

Varios bancos internacionales ya presentaron ofertas al Gobierno para participar en la licitación de la nueva deuda que colocará Argentina con garantías de organismos multilaterales. La tasa de interés, según adelantó el propio ministro de Economía, Luis Caputo, estaría cerca del 6% anual en dólares.

En total, la intención oficial es colocar USD 5.000 millones, que servirían para refinanciar vencimientos el año que viene. Mientras el Banco Mundial encabezó la iniciativa con garantías por USD 2.000 millones, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) también se sumó con otros 550 millones de dólares.

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Ahora la expectativa es a qué plazo se conseguirá este financiamiento de grandes entidades internacionales y también cuál será finalmente la tasa de interés.

Caputo remarcó que los fondos no serán utilizados para incrementar el stock de deuda, sino para reemplazar pasivos existentes por otros más convenientes en términos de costo financiero.

Desde el Ministerio de Economía consideran que este mecanismo permitirá reducir el peso de los intereses futuros y mejorar el perfil de vencimientos de la deuda pública.

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El ministro de Economía, Luis Caputo, se reune con el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, en el marco de las reuniones de primavera del FMI y el el Banco Mundial.
El ministro de Economía, Luis Caputo, se reunió con el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, en el marco de las reuniones de primavera del FMI y el el Banco Mundial.

En ese contexto, el ministro también comparó la estrategia actual con la de administraciones anteriores y aseguró que el kirchnerismo dejó obligaciones por USD 177.000 millones a tasas elevadas. Además, sostuvo que la actual gestión ya canceló cerca de USD 20.000 millones de deuda gracias al ajuste fiscal implementado desde diciembre de 2023.

En el mercado creen que éste es el primer paso para un regreso del Gobierno a los mercados voluntarios de deuda. Una vez que se complete esta colocación, la expectativa es que se logre colocar nuevos bonos bajo ley neoyorkina, pero ya sin estas garantías especiales.

La baja del riesgo país, que se mantiene por debajo de los 450 puntos básicos, implica que ese objetivo esta más cerca. Sin embargo, como también subió el piso que es la tasa de los bonos norteamericanos, por lo que financiarse a estos niveles todavía es muy caro.

El rendimiento del bono norteamericano bajó de 4,60% a 4,40% anual, pero sigue muy alto. Esto significa que una emisión argentina debería todavía pagar en un rango del 8,5% a 9% anual. El equipo económico pretende tasas menores.

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Uno de los puntos resaltados por el FMI fue la reducción del riesgo país y el cambio de percepción de los mercados internacionales respecto de la Argentina.

La vocera del FMI, Julie Kozack, enfatizó ayer que los spreads soberanos se ubican actualmente por debajo de los 450 puntos básicos, reflejando una mejora en la confianza de los inversores. La portavoz sostuvo que este cambio responde a que “el sentimiento de mercado con respecto a Argentina se ha vuelto más favorable”, algo que también se vio reflejado en las recientes mejoras de calificación otorgadas por agencias internacionales de riesgo.

Pese a reconocer la mejora de las condiciones financieras, el FMI evitó pronunciarse sobre una posible emisión de deuda en los mercados internacionales. “La decisión sobre el momento y las condiciones de acceso a los mercados corresponde a las autoridades argentinas”, afirmó la funcionaria.

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No obstante, el organismo señaló que la continuidad de las políticas orientadas a fortalecer las reservas y sostener la credibilidad macroeconómica contribuirá a facilitar un acceso más sólido y duradero al financiamiento internacional en el futuro.

También aparecieron los críticos a esta iniciativa del Gobierno. El ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, indicó que “es muy mala idea” tomar el préstamo del Banco Mundial para colocar deuda en el mercado. “Debería utilizarse esa ayuda para financiar obras de infraestructura, porque este Gobierno no invirtió nada y hay un gran déficit en ese terreno”.

Además, reiteró que la mejor manera de conseguir financiamiento en los mercados es “liberar totalmente el flujo de capitales y no mantener los controles que existen actualmente. Eso genera incertidumbre entre los inversores, porque las reglas de juego siguen sin estar claras”.

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ECONOMIA

El dólar vuelve a los $1.500 y en la City están convencidos de que hay un cambio de estrategia

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En medio de una fuerte escalada, vuelve la demanda de cobertura y la autoridad monetaria sorprende con movimientos que generan incertidumbre

25/06/2026 – 19:00hs

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El Banco Central protagonizó ayer un hecho poco frecuente en el mercado cambiario: compró u$s70 millones con el tipo de cambio al alza.

En general, suele darse lo contrario. La Argentina se acostumbró a que si el dólar se va para arriba, entonces la autoridad monetaria sale al rescate para ponerlo en un escalón más abajo.

La suba del dólar está asociada a las crisis. No es, para nada, lo que está sucediendo en estos momentos.

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Concretamente, ayer el dólar mayorista cerró en $1.479 -$8 por encima del cierre del martes- y acumula un avance del 5,0% en lo que va de junio.

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En el tramo minorista, los bancos vendieron billetes verdes a $1.495, con un alza intradiario del 0,3%. Se trata de un precio que no se veía desde la primera semana de este año.

También fue llamativo que el dólar MEP superó la barrera de los $1.500 y se estableció en los $1.506.

¿Cambio de reglas?

Ya hace largos meses que el tipo de cambio no sube más rápido que la inflación. Venía siendo lo contrario. Hasta ahora, el Gobierno utilizó al dólar como ancla contra la suba de los demás precios de la economía.

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El cambio de estrategia sobrevino cuando desde distintas consultoras y bancos volvían a sospechar de un atraso cambiario, con una paridad que estaba prácticamente inmóvil conviviendo con una inflación en torno al 2% mensual.

Sin embargo, esa estrategia podría estar cambiando. Esa es, al menos, la señal concreta que está enviando el Gobierno.

Razones detrás de la movida

Hay un par de cuestiones que sirven para entender la actual coyuntura:

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  • Un cambio en las perspectivas globales. La expectativa en los mercados globales es que la Reserva Federal (banca central estadounidense) aplique una sola suba de la tasa de interés de corto plazo, en lugar de las dos que hasta ahora estimaban los financistas.
  • Este cambio redundó en un fortalecimiento del dólar a nivel internacional. Incluso en la región: el dólar en Brasil subió ayer 0,3% y ya cotiza a R$5,20.
  • Mayor demanda interna. En las últimas semanas en el mercado se detectaron mayores compras de divisas por parte de inversores particulares, tal vez envalentonados por un dólar bajo.
  • Sin embargo, las mayores compras -creen en la City- provinieron de los productores que en las últimas semanas les vendieron la producción de soja a las cerealeras, recibieron pesos, y con ellos salieron a dolarizar sus tenencias.
  • A punto de ingresar al tercer trimestre del año, luce previsible que haya un aumento en la presión sobre el mercado de divisas. Esta tendencia responde a una estacionalidad bien conocida: el mercado suele anticiparse al fin de la cosecha gruesa, un periodo donde los flujos de dólares provenientes de las exportaciones agrícolas comienzan a mermar de manera natural.

«No es una suba que preocupe, todo lo contrario: vemos como positivo que el peso no se siga atrasando y recupere algo de terreno. Por el momento, tampoco se lo ve al Gobierno demasiado preocupado por este movimiento», sostuvo el economista Miguel Kiguel en el último informe de la consultora EconViews.

Menores compras de dólares, pero compras al fin

La autoridad monetaria continuó moderando sus compras. Ayer fueron u$s70 millones, pero el martes había adquirido apenas u$s20 millones, el menor volumen desde el 3 de marzo (esa vez fueron u$s17 millones) y la cuarta compra más baja de todo el programa de acumulación de reservas iniciado este año.

«En la misma línea, las compras representaron apenas 4,1% del volumen operado, la proporción más baja desde el 20 de enero», recordó en su informe PPI.

Mientras que durante los meses de abril y mayo la entidad monetaria lograba compras diarias que promediaban los u$s138 millones, esa cifra cayó drásticamente a un promedio de u$s79 millones en lo que va de junio.

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ECONOMIA

Pese a la desaceleración de las compras, el Banco Central ya adquirió más de USD 11.000 millones en 2026

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El BCRA acumula 115 jornadas consecutivas con saldo comprador de divisas. (REUTERS/Irina Dambrauskas)

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) acumuló 115 días consecutivos con saldo comprador en el mercado de cambios, tras haber sobrepasado la meta anual de reservas. Este jueves, la autoridad monetaria adquirió USD 50 millones, llevando el total de divisas sumadas en 2026 a más de 11.000 millones de dólares.

Desde la puesta en marcha del nuevo régimen monetario en enero, el BCRA incorporó USD 11.043 millones mediante compras tanto en el mercado como a través de operaciones directas. Solo el 2 de enero se registró un saldo vendedor; el resto de los días, la entidad finalizó con compras, alcanzando el mayor monto diario el 10 de abril, con 457 millones de dólares.

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Las estimaciones oficiales proyectaban para este año un saldo neto comprador de entre 10.000 y 17.000 millones de dólares, en función de la entrada de divisas y la demanda de pesos. El titular del BCRA, Santiago Bausili, sostuvo que la evolución de estos factores será clave para mantener los objetivos del banco.

Durante la tercera semana de junio, el BCRA sumó USD 233 millones de dólares, por debajo de los USD 436 millones acumulados en la semana anterior. La diferencia se explica, en parte, por el feriado del lunes 15 de junio, que redujo la cantidad de días operativos. No obstante, el Central redujo el ritmo de compras para evitar un salto mayor del tipo de cambio. En lo que va del mes, las adquisiciones totalizan USD 1.296 millones y todo indica que cerrarían por debajo del mes previo, cuando llegaron a 2.596 millones de dólares.

La autoridad monetaria ya superó la meta de compras de divisas para este año. En los primeros meses, el aumento de las reservas netas estuvo condicionado por las necesidades de financiamiento del Tesoro. Para mantener el ritmo de intervención, el BCRA amplió la emisión monetaria sin absorber los pesos excedentes, mientras que el Tesoro colocó deuda en moneda local para moderar el impacto sobre el tipo de cambio y la inflación.

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El aporte del sector agropecuario y el energético fue fundamental para el ingreso de dólares. Además, la colocación de deuda por parte de empresas y provincias en el exterior amplió las posibilidades de intervención del Banco Central. En mayo, el monto emitido alcanzó los 1.500 millones de dólares, y desde las elecciones legislativas, el total supera los 12.000 millones de dólares.

Al cierre de la última jornada, las reservas brutas del BCRA ascendieron a USD 46.961 millones, mostrando una suba diaria de USD 24 millones, una pérdida semanal de USD 407 millones y una caída mensual de 1.230 millones de dólares. En mayo, el stock de reservas había crecido USD 3.708 millones, ubicando el nivel de reservas en el punto más alto de los últimos siete años y superando el récord de febrero de la gestión actual.

Con un volumen de USD 622,6 millones negociados en el segmento de contado, el dólar mayorista retrocedió dos pesos (-0,1%) este jueves y cerró a $1.477 para la venta. De este modo, interrumpió la tendencia alcista que lo llevó a marcar el miércoles su valor más alto desde el 3 de noviembre. El tipo de cambio oficial acumuló una suba de 51 pesos, equivalente a un 3,6%, desde el 12 de junio.

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Durante junio, el dólar mayorista registra un incremento de 69 pesos, lo que representa una variación del 4,8%. En lo que va de 2026, el avance es de 22 pesos, o un 1,5% acumulado en el año.

“La baja de hoy interrumpió una seguidilla de siete ruedas consecutivas con subas del dólar mayorista. Con solo una rueda por delante para terminar esta semana el tipo de cambio mayorista acumula una suba de 16 pesos, lejos del aumento de 33 pesos registrado en toda la semana anterior”, indicó Gustavo Quintana, agente de PR Corredores de Cambio.

El Banco Central fijó un tope de $1.799,21 para el actual esquema cambiario. Con el cierre de hoy, el dólar mayorista se ubicó 322,21 pesos o 21,8% por debajo de ese límite para la libre flotación.

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El dólar para el público se mantuvo estable en $1.495 en el Banco Nación. En el transcurso de junio, el tipo de cambio minorista acumula un alza de 65 pesos, equivalente a un 4,5%. Por su parte, el dólar blue cerró sin cambios a $1.530, su valor más alto desde el 2 de enero.



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