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ECONOMIA

Semana financiera: la Bolsa cayó a su nivel más bajo en dos meses y el riesgo país se consolidó arriba de los 500 puntos

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Los índices de Wall Street alcanzaron máximos históricos el jueves 14.

Mientras el dólar continuó con un comportamiento lateral, las acciones y los bonos argentinos tuvieron un resultado negativo en la última semana, desacoplados de la tendencia alcista de Wall Street. Un dato de inflación en abril, que avaló las proyecciones de una desaceleración, brindó cierto sostén a las cotizaciones domésticas.

Aunque el viernes los índices de Nueva York ajustaron más de 1%, ante los temores inflacionarios en EE.UU. por la disparada de los precios de la energía, el jueves 14 se registraron máximos históricos, con el S&P 500 en los 7.500 puntos, el Dow Jones de industriales por encima de los 50.000 puntos y el tecnológico Nasdaq en los 26.700 puntos.

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El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires bajó un 2,2% en pesos, en los 2.707.868 puntos, mientras que en dólares cayó 2,5%, según la paridad del “contado con liquidación”, para tocar su nivel más bajo en dos meses, desde el 17 de marzo.

En cuanto a activos puntuales, el ADR de YPF subió un 2,8% en dólares, aún cerca de los USD 44, en base al salto de la cotización del petróleo. El crudo Brent del Mar del Norte escaló cerca de 15%, para finalizar por encima de los USD 109 el barril con entrega en julio. Vista Energy subió 10 por ciento.

“Aunque Irán permitió el paso de 30 navíos chinos esta semana, el flujo sigue siendo un 29% inferior al promedio histórico, manteniendo a la oferta global en una situación crítica”, advirtió Damián Vlassich, Team Leader de Estrategias de Inversión en IOL.

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Sobresalió Satellogic, la compañía de la red Endeavor especializada en la producción y puesta en órbita de satélites, que se disparó un 23% semanal, para ampliar a casi 400% el ascenso de sus acciones en el transcurso de 2026.

Del lado negativo, Mercado Libre cayó un 5,3% semanal, lastrado por su balance trimestral, mientras que también destacaron las pérdidas para Banco Supervielle (-4,3%) y Bioceres (-12,2%).

Iván Cachanosky, economista jefe en la Fundación Libertad y Progreso, afirmó que “la inflación estaría retomando su tendencia a la baja. Luego del 2,6% obtenido en abril, mayo ya estaría proyectándose en torno al 2 o 2,1%. Las bases para consolidar la desinflación están bastante firmes. Por un lado, hubo un apretón monetario de ocho meses, que tarde o temprano iba a surtir efecto y está empezando a hacerlo. Por otro lado, la demanda de pesos se está normalizando, lo que también contribuye a la estabilidad”.

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“Además, las próximas semanas son amigables en términos del mercado cambiario porque estamos en época de liquidación de dólares y no hay vencimientos sustanciales de deuda en dólares hasta julio. Si bien la cifra continúa elevada, estaría volviendo a recuperar su tendencia a la baja. Nuestros pronósticos para el 2026 rondan en torno al 26%”, continuó Cachanosky.

“La inflación núcleo, que fue la más baja desde octubre de 2025, apunta a una tendencia más amplia de desinflación, aunque todavía persiste cierta rigidez por encima del umbral de 2%”, enfatizaron desde Max Capital.

Un reporte de Aldazábal y Compañía indicó que “hacia adelante, coincidimos con el consenso en tanto esperamos que el proceso de desinflación se retome, aunque a un ritmo no lineal. Proyectamos una inflación en torno al 29%para el año, apenas por debajo de las expectativas de REM (30,5%) y la inflación implícita en los precios de mercado (29,8%)”.

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Juan Manuel Franco, economista jefe del Grupo SBS, optó que » la clave pasa más por la ‘película’ que por la ‘foto’, por lo que el análisis de la inercia, las presiones subyacentes y la continuidad en ajustes de precios relativos siempre debe considerarse hacia adelante”.

“Que Argentina rinda cerca del 10% cuando países con calificaciones similares operan bastante más abajo responde a varios factores. Por un lado, es la concentración de vencimientos futuros; por otro, la necesidad de consolidar previsibilidad respecto de la continuidad del programa económico. A eso se suma el historial de defaults y reestructuraciones argentinas en la percepción de riesgo y en la valuación de los activos soberanos” , consideró Emilio Botto, jefe de Estrategia de Mills Capital.

Los bonos soberanos en dólares -Globales y Bonares- perdieron el impulso luego de la recalificación de Fitch a “B-” y promediaron una pérdida de 1,5% semanal. El riesgo país de JP Morgan subió unas 26 unidades para Argentina, en los 538 puntos básicos.

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“Más entrada en la semana, la volatilidad y el risk-off productos de la falta de avances en la resolución del conflicto en Irán provocaron una caída en la demanda por crédito emergente de alto beta, y los bonos soberanos cayeron casi dos dólares en promedio desde el pico del lunes”, aportó el equipo de Research de Puente.

“Luego del cambio de calificación crediticia por parte de Fitch Ratings el riesgo país logró, momentáneamente, perforar la barrera de los 500 puntos básicos, un nivel que no se observaba desde comienzos de año. Sin embargo, a medida que transcurrieron las ruedas, parte de esa compresión se revirtió”, resumió IEB en un informe.

En cuanto a los bonos en pesos, un reporte de la gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia observó que “en la última licitación, el Tesoro logró captar más de $4,7 billones con vencimientos hacia 2028 y 2029, pero el creciente predominio de instrumentos a tasa variable evidencia una menor demanda por tasa fija y dudas sobre la estabilidad macro. Con vencimientos concentrados en el corto plazo y reservas limitadas, la sostenibilidad financiera y la estabilidad cambiaria siguen enfrentando desafíos estructurales”.

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El dólar mayorista quedó el viernes negociado a $1.394,50 para la venta. “En la semana que acaba de finalizar el tipo de cambio mayorista bajó 3,50 pesos (-0,3%), contra una suba de 7 pesos registrada en la semana anterior”, comentó Gustavo Quintana, agente de PR Corredores de Cambio.

Mientras que el dólar al público terminó sin variantes desde el viernes 8 a $1.420 para la venta en el Banco Nación, mientras que en el segmento blue la divisa subió 15 pesos o 1,1%, a $1.415, tras haber anotado operaciones en un máximo de $1.425 el viernes por la mañana.

El Banco Central compró en el mercado un total de USD 596 millones en las cinco ruedas operativas, mientras que las reservas internacionales, en los USD 46.024 millones, disminuyeron marginales 34 millones de dólares.

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) informó que su directorio se reunirá la semana próxima con el fin de evaluar la segunda revisión del programa vigente con Argentina para permitir el desembolso de 1.000 millones de dólares que reforzaran las reservas internacionales.

El Banco Central informó este jueves que pondrá a disposición del Tesoro Nacional $24,4 billones correspondientes a las utilidades obtenidas durante el ejercicio 2025.El monto más que duplica en términos nominales los recursos transferidos el año pasado y, ajustado por inflación, implica un aumento real cercano al 59 por ciento.



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ECONOMIA

Bancos y billeteras virtuales padecen morosidad récord: qué factores generaron esta bomba de tiempo

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El fuerte aumento de los índices de morosidad que se observa desde diciembre pasado en la mayoría de las tarjetas de crédito y los créditos bancarios y no bancarios otorgados a personas y familias es uno de los efectos no deseados del actual programa económico. Esto se debe a una fuerte suba de las tasas de interés el año pasado, muy por encima de la tasa de inflación, y a salarios con una indexación muy cercana a la inflación.

En la actualidad, tanto el sistema bancario como el no bancario argentino atraviesan una etapa de transición con una tasa de interés en baja, pero con niveles de mora en créditos personales, tarjetas de crédito bancarias y créditos no bancarios en niveles récord.

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El aumento de la morosidad bancaria y no bancaria provoca una gran preocupación en el Gobierno y en los bancos públicos, privados y provinciales, así como en las empresas dueñas de billeteras digitales.

El índice de morosidad aumentó con fuerza en los primeros meses de 2026. De acuerdo con informes del sector y según cálculos de la consultora 1816, la irregularidad en la financiación con tarjetas de crédito a familias llegó al 11%, lo que representa el mayor nivel desde la crisis de 2001-2002. En tanto, en el sector no bancario las cifras rondan el 25%, y el impacto más fuerte se da en muchos jóvenes y jubilados.

Esto genera intereses moratorios y punitorios, junto a reportes negativos en las centrales de riesgo y posibles acciones legales, como embargos, que los bancos podrían realizar sobre sus clientes.

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El sobreendeudamiento de hace seis meses explica la crisis actual

En relación con este problema, la consultora Qaly elaboró un análisis econométrico construido sobre datos del BCRA, donde identifica al sobreendeudamiento de seis meses atrás como el principal predictor de la irregularidad crediticia que se observa en la actualidad.

El trabajo destaca que la irregularidad de la cartera de crédito a familias en la Argentina pasó del 2,8% en diciembre de 2023 al 11,2% en febrero de 2026, según datos del BCRA; pero en abril, de acuerdo con datos provisorios, esta mora habría llegado casi a un 12%.

En préstamos personales, el deterioro fue más pronunciado: del 4,3% al 13,8% en el mismo período. En tarjetas de crédito, del 1,8% al 11,6%. En el segmento no bancario, como fintech, billeteras digitales y financieras de consumo, las tasas de mora superan el 30% en varios casos, duplicando o triplicando los niveles del sistema bancario tradicional.

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«Son números que señalan algo más que una mala racha. De acuerdo con nuestro análisis construido sobre datos del sistema financiero, se ofrece una explicación estructural: el principal predictor estadístico de la mora actual no es la inflación del momento, ni el nivel de actividad económica, sino el nivel de endeudamiento de seis meses atrás«, explicó a iProfesional la directora de Qaly, Anastasia Decish.

Un efecto bola de nieve con rezago: las dos fases del deterioro

La economista explica que se trata de un efecto bola de nieve con rezago. «El modelo identifica un proceso en dos fases. En la primera, el deterioro del ingreso real empujó a las familias a utilizar el crédito como sustituto parcial del salario. El ajuste fiscal y monetario de los últimos dos años generó una fuerte caída inicial del poder adquisitivo: hacia principios de 2026, el salario real registrado se encontraba todavía cerca de un 9% por debajo de sus niveles de noviembre de 2023. Pero el ajuste del gasto de las familias fue parcial, porque una parte importante de los egresos de los hogares es inelástica: transporte, energía, salud, educación y alquiler no pueden eliminarse aunque el ingreso caiga. La actualización de tarifas por encima de la inflación general potenció ese efecto, reduciendo el margen disponible para honrar deudas».

Decish explica que, en la segunda fase, esa acumulación de deuda se transforma en mora. «Entre diciembre de 2023 y enero de 2026, el endeudamiento total de las familias en el sistema bancario (en moneda corriente) creció 5,3 veces, con préstamos personales aumentando 9 veces y tarjetas 3,4 veces. La relación entre deuda (tarjetas más préstamos personales) y masa salarial pasó de 0,99 a 2,09 entre abril de 2024 y diciembre de 2025. Con tasas de interés reales que llegaron al 5,2% mensual en tarjetas y al 4,6% en personales durante el segundo semestre de 2025, esos niveles son incompatibles con los ingresos disponibles. El resultado: atrasos que derivan en impagos y, por efecto del interés compuesto, en una deuda creciente», destacó la economista.

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El estudio señala, además, que el nivel de actividad económica, medido por el EMAE, tiene menor capacidad explicativa sobre la mora que el endeudamiento previo.

La razón es que la recuperación del producto es marcadamente heterogénea: favorece a sectores exportadores y de commodities, pero no necesariamente a los hogares más endeudados, que se concentran en actividades ligadas al consumo interno. Una mejora del PBI agregado no resuelve el problema de la mora si no se traduce en ingresos para esos hogares.

El análisis distingue, por un lado, un problema de liquidez transitoria que se resolvería con refinanciaciones, quitas o tasas más bajas; pero destaca que se trata de un problema de solvencia estructural, donde el ingreso de las familias es insuficiente de manera persistente para atender sus compromisos financieros.

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Además, lo que ocurre en el segmento no bancario amplifica el problema. «Las fintech y financieras de consumo cubrieron parte de la demanda con productos de acceso rápido, requisitos laxos y tasas reales muy elevadas. En un contexto de baja educación financiera y caída del poder adquisitivo, esos créditos funcionaron como catalizadores del sobreendeudamiento: un simple atraso genera intereses compuestos que rápidamente vuelven la deuda impagable. No es casual que la mora en ese segmento duplique o triplique la del sistema bancario«, explica el informe.

Por qué el crédito no puede reactivar la economía en el corto plazo

Hay que considerar para el análisis que el crédito es un instrumento clásico de reactivación económica, pero en la economía local su efectividad en el corto plazo está severamente limitada, y los datos permiten entender por qué.

En primer lugar, porque las familias ya están sobreendeudadas y, si se amplía la oferta de crédito sobre una base deteriorada, se profundizaría el problema. En segundo término, porque el sistema bancario reaccionó racionalmente endureciendo sus criterios.

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La Encuesta de Condiciones Crediticias del BCRA del primer trimestre de 2026 confirma ese endurecimiento y registra una menor demanda de las familias. Ese ajuste, lógico desde la gestión individual del riesgo, genera un feedback negativo sistémico: una mayor mora implica una mayor cautela bancaria, lo que a su vez produce una restricción del crédito y, luego, un menor consumo y nivel de actividad.

En tercer lugar, el ahorro de mediano y largo plazo, que es condición necesaria para que los bancos puedan financiar proyectos de mayor plazo, es escaso.

Por lo tanto, frente a este escenario, una reducción de las tasas nominales o lanzar líneas específicas de crédito podría tener efectos marginales, pero no recompone un mercado crediticio estructuralmente débil.

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El dato duro que emerge del análisis de la mayoría de los analistas consultados por iProfesional es que la primera condición para que el crédito opere como herramienta de reactivación es la recuperación genuina y sostenida del ingreso real de los hogares. Sin esta mejora, el crédito seguirá siendo un mecanismo de compensación de un desequilibrio estructural entre lo que los hogares ganan y lo que no pueden dejar de gastar.

La segunda condición es que se baje el costo financiero efectivo, el llamado Costo Financiero Total (CFT), que en el escenario actual combina tasas reales positivas con comisiones y cargos que elevan el costo muy por encima de la tasa nominal; en el segmento no bancario, esas tasas llegan a ser usurarias.

La mayoría de los expertos coincide en que una baja gradual y creíble de la inflación de manera tendencialmente decreciente y expectativas ancladas son esenciales para hacer viable el repago de deudas existentes y el otorgamiento de crédito nuevo.

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Los créditos irrecuperables se cuadruplicaron en un año

Por su parte, un reciente estudio de la consultora Eco Go señala que la situación financiera de miles de familias argentinas volvió a encender señales de alarma y revela que la proporción de créditos no bancarios catalogados como «irrecuperables» se cuadruplicó en apenas un año y alcanzó niveles récord dentro del sistema financiero.

El relevamiento destaca que los préstamos considerados incobrables pasaron de representar el 2,6% de la cartera total en marzo de 2025 al 10,8% en marzo de 2026. En términos absolutos, el stock de deuda irrecuperable saltó desde unos $232.000 millones hasta $1,5 billones, y el deterioro se produjo en paralelo a un empeoramiento generalizado de la calidad crediticia, en un contexto marcado por tasas elevadas, caída del consumo y menor capacidad de compra.

El informe describe que el crédito no bancario totalizó $14,2 billones en marzo y, de ese monto, unos $3,9 billones quedaron dentro de categorías consideradas irregulares; es decir, créditos con riesgo medio, alto o directamente irrecuperables.

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Por ese motivo, la irregularidad total de las carteras pasó al 27,5% en marzo contra el 10% registrado un año atrás, y se observa que la aceleración del deterioro fue constante durante los últimos meses, ya que en septiembre de 2025 la mora irregular era de 18,7%; en diciembre había subido al 23,1%; en enero llegó al 24,8% y ahora alcanzó su máximo reciente.

El dato más preocupante aparece en la categoría «irrecuperable», donde se concentran los préstamos con menores posibilidades de cobro, ya que hace un año esos créditos representaban el 2,6% del financiamiento no bancario y hoy el 10%.

En paralelo, la porción de créditos considerados regulares siguió perdiendo terreno. Las categorías «situación normal» y «riesgo bajo» pasaron de explicar el 90% de la cartera en marzo de 2025 al 72,5% en marzo de este año.

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Las consultoras privadas vienen advirtiendo desde hace meses sobre el impacto de la caída del ingreso disponible, especialmente entre familias que dependen del financiamiento para sostener gastos corrientes y consumo cotidiano.

El problema ya no se limita al segmento no bancario, ya que según Eco Go, la irregularidad dentro de las entidades financieras tradicionales alcanzó el 6,7% en marzo, el nivel más alto desde febrero de 2020. En el caso de las familias, la mora bancaria llegó al 11,6%, también en máximos de varios años, mientras que otro informe de la consultora 1816 indicó que el incumplimiento en los pagos de hogares aumentó por decimoséptimo mes consecutivo. El reporte advirtió, además, que la recuperación económica todavía no se traduce en una mejora concreta de los ingresos familiares.

A eso se suma el peso de las tasas de interés. Durante los primeros días de mayo, los préstamos personales bancarios mantuvieron una tasa nominal anual promedio del 68,3%, prácticamente sin cambios frente a meses anteriores.

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El estudio estima que el 92% del crédito no bancario está destinado a familias y, según el informe, el endeudamiento de los hogares con entidades no bancarias ya equivale al 36,7% de una masa salarial mensual; si se suma también el crédito bancario, la deuda total asciende al 145,4% de la masa salarial mensual. La situación es todavía más delicada entre trabajadores informales y cuentapropistas. En ese universo, el crédito no bancario equivale al 161% de la masa salarial estimada.

Pero, además del deterioro de la cartera, en marzo se observó una nueva caída del financiamiento. El crédito no bancario retrocedió 1,4% real respecto de febrero y acumuló dos meses consecutivos en baja. El crédito bancario al consumo también cayó 1,9% mensual real y ya suma cinco meses consecutivos de retroceso. A pesar de esa desaceleración, el estudio de Eco Go destaca que el volumen actual del crédito no bancario todavía se mantiene 139,8% por encima de marzo de 2024 en términos reales y un 20% superior al pico previo registrado en mayo de 2018.

Dentro del mercado, Tarjeta Naranja continúa liderando el financiamiento no bancario con una participación del 37,7%, y detrás aparecen Mercado Libre y otras firmas vinculadas al crédito digital y al consumo.

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Los analistas consultados por iProfesional señalan que la combinación entre inflación persistente, caída del poder adquisitivo y dificultades para refinanciar pasivos terminó golpeando de lleno la capacidad de pago de millones de personas.

La morosidad actual es una señal de alerta potente. Ignorarla o abordarla con intervenciones de corto plazo o focalizadas en los efectos solo postergará o ampliará el problema. El diagnóstico, que distingue solvencia de liquidez, pone límites concretos a la efectividad de la baja de las tasas o del lanzamiento de nuevas líneas de crédito como herramienta para reactivar el consumo.

La situación crítica de las entidades no bancarias del interior

Pero uno de los problemas más graves son los altos niveles de morosidad que muestran muchas entidades no bancarias, en general mutuales, cooperativas y financieras del interior del país, por el aumento de la mora en préstamos realizados en su mayoría a trabajadores del sector público nacional, provincial y municipal a través de un sistema de código de descuento, y donde en algunos casos esos índices de morosidad trepan a valores superiores al 30% y son imposibles de refinanciar.

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El aumento de la morosidad afecta hoy a una gran cantidad de familias y, en menor medida, a empresas. Esta situación genera una gran preocupación en las asociaciones bancarias como ADEBA, ABA y ABE, y también en las fintech dueñas de billeteras virtuales, donde el endeudamiento es más preocupante con esas deudas no bancarias en las que Mercado Libre lidera el mercado.

Las soluciones que ofrecen los bancos y alternativas posibles

Por el momento, los bancos solo ofrecen refinanciar el saldo total adeudado de la tarjeta de crédito en no más de 12 cuotas, en algunos casos a tasa fija, pero muchos tarjetahabientes responden que no lo pueden pagar y, en ciertos casos, deciden no pagar más. En otros casos, a los que aceptan la refinanciación les cancelan la tarjeta de crédito; por lo tanto, deben ir a otro banco a ver si pueden sacar otra tarjeta de crédito. Tal vez una solución alternativa podría ser como se realizó en la pandemia, donde los bancos refinanciaron el saldo deudor en hasta 12 cuotas fijas y sin cobrar la tasa de interés. Un ejemplo sería que, si una persona tiene un saldo adeudado de $1.200.000, pague $120.000 por mes en 12 meses.

La mora sube porque, con inflación baja, las cuotas ya no se licúan y la deuda pesa más sobre el salario, y las tasas reales positivas encarecen la refinanciación del saldo deudor.

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La visión oficial: «el pico ya pasó»

La percepción del equipo económico en relación con los altos índices de morosidad es que el aumento de la mora bancaria se está saneando, y le restan importancia al salto en la morosidad.

Según una fuente cercana al Gobierno consultada por iProfesional, los bancos ya vieron el pico de la morosidad, por lo que el sistema financiero se está saneando y hay indicios alentadores en los datos de marzo y abril de que el impacto de la mora está perdiendo peso.

La fuente agregó que aparecen indicios alentadores sobre la recuperación del crédito y el nivel de deterioro en las carteras se desacelera; asimismo, la información que anticipan marzo y abril muestra mejoras adicionales.

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Al respecto, hay que señalar que en su disertación en el evento de Expo EFI de hace 15 días, el presidente del BCRA, Santiago Bausili, apuntó hacia las entidades bancarias al afirmar: «los bancos tuvieron que reconstruir sus sistemas de scoring y hubo una primera ola de créditos que se otorgó a ciegas, sin saber a quién se le estaba prestando el dinero; y cuando volvió el crédito, apareció la mora».

A la vez, mencionó también el rol de los tomadores de crédito al afirmar: «para el deudor, la inflación se ocupaba de las últimas cuotas del crédito en pesos y ya no más; y con la baja de la inflación se diluye el efecto de licuación sobre las deudas, vigente durante años previos». Además, Bausili sostuvo que la suba de la inflación, que trepó 3,4% en marzo y acumula 9,1% en el primer trimestre, es lo que llamó un shock temporal.

Para dimensionar la situación de la mora bancaria y no bancaria actual, hay que destacar que en la prepandemia la morosidad promedio del sistema era del 7% en diciembre de 2019, con un 6% para las personas físicas y un 7,5% en empresas, cuando por ejemplo a fines de 2016 era del 3,2% para el promedio del sistema en su conjunto, del 3,9% para personas y del 2,8% para empresas. La crisis de 2018 explica el gran salto del 3,5% al 5,1% y luego al 7% en 2019.

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ECONOMIA

Fiesta de 15 o casamiento en 2026: cuánto cuesta para 50 y 100 personas y qué salones convienen

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Organizar un cumpleaños de 15 o un casamiento en la Argentina se transformó en un proyecto que requiere planificación financiera. En 2026, el costo de estos eventos escaló fuerte y ya se mide en millones de pesos, con diferencias marcadas según la cantidad de invitados, el tipo de salón y el nivel de servicios contratados.

El dato clave es el valor por cubierto, que hoy funciona como referencia principal del mercado y define gran parte del presupuesto total. Para eventos de 50 personas, los valores actuales arrancan en torno a los $8 millones a $15 millones en versiones más simples, mientras que propuestas de nivel medio se ubican entre $15 millones y $25 millones. En opciones premium, el presupuesto puede superar los $25 millones con facilidad.

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Cuando la lista se amplía a 100 invitados, el salto es significativo. Un evento económico se mueve entre $12 millones y $18 millones, mientras que las opciones intermedias oscilan entre $20 millones y $35 millones. En el segmento más alto, los costos ya parten de los $40 millones y pueden superar ampliamente ese nivel dependiendo de la locación, el catering y los servicios adicionales.

En términos de precio por persona, el mercado muestra una banda que va desde los $100.000 hasta más de $250.000, con picos superiores en propuestas de alta gama.

Salones y formatos: cuánto influye el tipo de espacio

Uno de los factores que más impacta en el precio final es el tipo de salón. Hoy conviven tres grandes modelos: los espacios económicos o barriales, los salones intermedios con servicios incluidos y las propuestas premium all inclusive.

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Un club barrial sencillo suele cobrar entre $300.000 y $900.000 solo el alquiler del salón para unas 50 personas. Para 100 personas, el rango normalmente sube a entre $800.000 y $2.000.000, dependiendo de la zona, si incluye cocina, parrilla, mesas, vajilla, seguridad o limpieza. Si además se agrega comida, bebida, DJ y decoración, el presupuesto cambia bastante.

La diferencia de precio también está muy vinculada al día elegido. Los sábados por la noche suelen ser los más caros, mientras que los domingos al mediodía o los viernes pueden tener descuentos importantes. Además, algunos clubes cobran extras por seguridad, limpieza, uso de vajilla o horas adicionales.

Según operadores del mercado, un evento en salones intermedios para 50 invitados puede ubicarse entre $9 millones y $18 millones, dependiendo del paquete, mientras que para 100 personas los valores suelen ir de $16 millones a $30 millones, con opciones que superan los $35 millones en sedes premium o con servicios reforzados.

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Entre los espacios más buscados para este tipo de eventos aparecen cadenas como Jano’s lugares como Casa Meraki – Eventos, Espacio Amenábar, Gran Córdoba y Craigmhor, que suelen trabajar con fiestas de 15, casamientos y eventos sociales completos. También marcan tendencias con formatos llave en mano y propuestas también exclusivas como Puerto Salguero, ROOFTOP o Sitio Buenos Aires, donde el costo sube fuerte por ubicación, vista, infraestructura y nivel de servicio.

«Los formatos all inclusive crecieron mucho porque permiten tener previsibilidad. El cliente sabe desde el inicio cuánto va a gastar», explica una organizadora de eventos que trabaja con salones de CABA y zona norte. Sin embargo, aclara que los adicionales —como shows, barra premium o ambientación especial— pueden elevar el presupuesto final varios millones de pesos.

En un escalón similar se ubican espacios como Axioma Eventos o Espacio Gabu, que combinan infraestructura, tecnología y gastronomía en propuestas integrales. En estos casos, los valores suelen ubicarse en la franja media a alta del mercado.

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Los eventos más exclusivos ya trabajan con valores por cubierto que pueden ir desde u$s150 hasta más de u$s300 por persona, especialmente cuando se contratan chefs reconocidos, barras internacionales, shows en vivo o decoración de alto nivel. En muchos casos, además, se suman extras como pantallas LED gigantes, pistas 360°, cabinas de streaming, fuegos fríos, drones y experiencias inmersivas.

En el segmento más alto, una fiesta para 50 personas difícilmente baje de los $15 millones a $25 millones si incluye catering premium, barra libre, DJ profesional, ambientación, fotografía y coordinación integral. Para 100 invitados, los presupuestos normalmente arrancan entre $30 millones y $60 millones, aunque pueden superar ampliamente esas cifras dependiendo del nivel gastronómico y la producción.

Por otro lado, las quintas y estancias, como Finca Madero o Quinta El Tata, ofrecen espacios abiertos muy demandados, especialmente para casamientos. Allí, el costo inicial puede ser más bajo, pero se deben contratar servicios por separado, lo que agrega complejidad y puede encarecer el resultado final.

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Qué incluye el precio y qué se paga aparte

En la mayoría de los salones, el paquete base incluye catering completo (recepción, plato principal y postre), bebidas, DJ, sonido, iluminación, mobiliario y coordinación. En propuestas más completas se suman pantallas LED, pista, shows y organización integral.

Sin embargo, hay costos que muchas veces no están incluidos: fotografía y video extendido, ambientación especial, vestimenta, souvenirs o música en vivo. Estos extras pueden representar entre un 20% y un 40% adicional sobre el presupuesto inicial.

La comparación: qué opción conviene hoy

El mercado muestra una tendencia clara. Los salones económicos permiten reducir el costo total, pero requieren mayor coordinación y pueden implicar sorpresas en el presupuesto final. Las quintas ofrecen flexibilidad, aunque con más logística. En cambio, los espacios all inclusive simplifican la organización y aportan previsibilidad, pero con un ticket más alto.

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«Hoy vemos que muchas familias achican la lista de invitados para sostener la calidad del evento. Prefieren 60 personas con buen servicio antes que 120 con un nivel más bajo», explican desde el sector.

En tal sentido, el fuerte aumento de costos está redefiniendo la forma de festejar. Tanto en fiestas de 15 como en casamientos, crecen los eventos más íntimos, pero con mayor inversión por invitado. También ganan terreno los formatos de día y las celebraciones en un solo lugar, que permiten optimizar la logística.

En este contexto, el salón deja de ser solo el escenario y se convierte en el principal componente del presupuesto. Elegir bien no solo define la experiencia, sino que puede significar una diferencia de decenas de millones de pesos en el costo final.

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ECONOMIA

El Gobierno ya devolvió casi 90% de los fondos que adeudaba del swap con China

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El BCRA canceló la mayor parte del monto activado del swap con China.

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) cerró el ejercicio 2025 con una fuerte reducción del tramo activado del swap de monedas con el Banco Popular de China, que llegó a escalar hasta 5.000 millones de dólares durante el mandato de Alberto Fernández.

Según el informe de Estados Contables del Ejercicio 2025 del organismo presidido por Santiago Bausili, los fondos en uso cayeron de 21.000 millones de yuanes —unos 3.097 millones de dólares— al cierre de 2024, a 7.000 millones de yuanes —aproximadamente 1.032 millones de dólares— al 31 de diciembre de 2025, según surge de los Estados Contables del Ejercicio 2025 publicados por la entidad.

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La tendencia continuó en los primeros días de 2026. Al 14 de enero, los fondos en uso dentro del acuerdo bilateral descendieron a 4.600 millones de yuanes, equivalentes a unos 679 millones de dólares, con vencimientos graduales a lo largo del año. El dato figura como información posterior al cierre del ejercicio en el propio balance del BCRA y confirma que la devolución de los tramos activados mantuvo su ritmo tras el fin del período fiscal.

De este modo, la deuda por uso del swap se redujo en 78% a lo largo de 2025 y en 87% desde el inicio del actual gobierno.

El acuerdo bilateral de swap de monedas entre ambas instituciones tiene una historia que se remonta a 2009, cuando se firmó el primer convenio. Fue complementado en 2014 y 2015, y el marco vigente fue renovado el 6 de agosto de 2023 por un plazo de tres años, con vencimiento el 6 de agosto de 2026.

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El BCRA anunció que redujo a un mínimo el monto adeudado a China por el tramo activado del swap. REUTERS/Irina Dambrauskas
El BCRA anunció que redujo a un mínimo el monto adeudado a China por el tramo activado del swap. REUTERS/Irina Dambrauskas

El techo total del acuerdo asciende a 130.000 millones de yuanes —alrededor de 19.174 millones de dólares al tipo de cambio actual—, y durante 2025 todos los tramos fueron renovados. Los próximos vencimientos operarán en julio de 2026. Cabe destacar que el monto total del swap con China forma parte de las reservas brutas que el Central informa a diario.

El mecanismo de funcionamiento del instrumento está descripto con precisión en el balance del BCRA. Según el documento, “el banco que requiera una transacción de swap debe depositar en una cuenta en sus libros a nombre de la otra parte el monto equivalente en su moneda local”, mientras que “el banco requerido deposita en una cuenta en sus libros a nombre de la otra parte el monto equivalente en su moneda local”.

El reporte oficial aclara que “ambas cuentas son no remuneradas en tanto no se apliquen efectivamente los fondos requeridos” y que “al vencimiento de cada transacción de swap cada banco debita el mismo monto depositado originalmente”.

En términos prácticos, el mecanismo permite que la Argentina disponga de yuanes chinos para los usos autorizados en el acuerdo —entre ellos, el pago de importaciones— sin necesidad de desembolsar reservas propias en el momento de la operación. La contraparte asume el mismo compromiso en pesos. El costo financiero solo se activa cuando los fondos son efectivamente utilizados; mientras permanecen depositados sin aplicar, las cuentas no generan rendimiento para ninguna de las partes.

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La reducción del tramo activado del swap se inscribe en el proceso de normalización de las reservas internacionales. En los años previos, la Argentina había recurrido al instrumento como fuente de liquidez en moneda extranjera ante la escasez de reservas netas en el BCRA.

El swap con China estará vigente hasta comienzo de agosto de 2026 y el Banco Central deberá decidir si lo renueva o no. EFE/Lenin Nolly
El swap con China estará vigente hasta comienzo de agosto de 2026 y el Banco Central deberá decidir si lo renueva o no. EFE/Lenin Nolly

El descenso sostenido refleja que la entidad monetaria redujo su exposición al instrumento chino para cubrir necesidades de corto plazo. El acuerdo marco, renovado en agosto de 2023, mantiene su vigencia hasta agosto de 2026, fecha en que ambas partes deberán decidir si extienden el convenio. Los próximos vencimientos de los tramos operarán en julio de 2026, según consigna el balance del ejercicio 2025 del BCRA.

Un swap entre bancos centrales es un acuerdo mediante el cual dos entidades monetarias se intercambian sus monedas por un período determinado y se comprometen a revertir la operación al tipo de cambio acordado al inicio.

Estos convenios tienen dos propósitos centrales: garantizar liquidez en divisas y contribuir a la estabilidad del sistema financiero. Si un país necesita dólares para abastecer la demanda de importadores o entidades locales, su banco central puede activar un swap con la Reserva Federal de Estados Unidos o con el banco central chino para obtenerlos.

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La operación sigue tres pasos. Primero, el banco central entrega su moneda a la contraparte y recibe a cambio la divisa extranjera. Segundo, durante la vigencia del acuerdo, utiliza esos fondos para atender necesidades de liquidez. Tercero, al vencimiento, devuelve la moneda extranjera, recupera la propia y abona los intereses pactados.

  • Crisis de divisas: permiten cubrir faltantes de moneda extranjera en el mercado local.
  • Comercio bilateral: habilitan transacciones directas en monedas locales, sin necesidad de pasar por el dólar como intermediario.
  • Respaldo monetario: funcionan como señal de apoyo internacional y refuerzo de las reservas.
  • El intercambio es reversible: no hay transferencia definitiva de fondos.
  • Las divisas recibidas pueden tener restricciones de uso: en algunos acuerdos, solo se aplican al comercio bilateral y no permiten intervención libre en el mercado cambiario.
  • El costo financiero suele ser menor al de la deuda externa, dado que se trata de operaciones entre bancos centrales.



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