CHIMENTOS
Barby Franco en “Lo De Pampita”: “Era normal que mi papá, en vez de abrazarme, me pegue”

Barby Franco es una modelo argentina reconocida en el mundo del entretenimiento y la moda. Su carrera comenzó en televisión como azafata en el programa A todo o nada de Guido Kaczka, donde se ganó la simpatía del público por su espontaneidad y carisma.
Su rol en el ciclo le brindó popularidad y la impulsó a establecerse como figura mediática en Argentina. Además de su carrera televisiva, trabajó como modelo, participando en campañas publicitarias y programas de espectáculos.
Desde hace 16 años está en pareja con el abogado Fernando Burlando. Se conocieron en televisión y demostraron una gran conexión que perdura a lo largo de los años. La deseada llegada de Sarah, en 2022, marcó un punto de inflexión para la pareja.
Tras más de una década de relación, celebraron el nacimiento de su primera hija, un acontecimiento que consolidó aún más su vínculo y les permitió experimentar una nueva etapa personal.
Acá, los momentos más destacados de la charla:
—Y un día llega un señor, abogado. ¿Fue amor a primera vista? ¿Cómo fue esa situación?
—Trabajaba en el programa de Guido Kaczca y Burlando fue a acompañar a su hija Delfi. Él tenía un jopo rarísimo. De muchos colores. Digo, “¿qué le pasa a este señor?“. Yo lo vi y digo “qué lindo señor”. Yo nunca en mi vida había salido con alguien tan grande. Como que lo veía con músculos, grandote, con su impronta de conocer el mundo. Empiezo a preguntar: “Che, ¿quién es el señor que estaba ahí?“. ”Ah, no, un señor que es abogado”. Y Burlando también preguntaba: “Che, ¿quién es la chica que estaba ahí?“.
—Flashearon los dos.
—Sí, fue tremendo.
—¿Y quién llamó a quién?
—No me acuerdo si él me mandó un mensaje o yo. Yo estaba en mi barrio, ahí, con mis primos, me acuerdo, tomando una birra… “Conocí a un señor que me regustó”. Y ellos me decían, “ay, Barby, es reviejo, es regrande, ¿qué te va a dar bola?“. Pero había algo ahí, yo sabía que se iba a dar.
—¿Cuál fue la primera cita?
—Me invitó a cenar. Yo estaba renerviosa, no sabía qué ponerme. Y me puse un shortcito de jean matado. Era de esos shortitos de batalla, que los tenés hace un montón. Unas zapatillas horribles y una remera blanca. Me pasa a buscar y me dice: “Estoy con un autito rojo”. Nada, yo en ese momento no entendía mucho de autos.
—¿Y con qué cayó?
—Y cae con un coso que hacía un ruido. Digo, “¿qué es esto?“. Yo no sabía cómo abrir el auto. Ahora, que entiendo… había caído con una Ferrari.
—¡Nooo!
—Yo no entendía nada. Digo, “¿qué hace con este auto de mierda, que es horrible, que hace un reruido?“. Digo, ”bajá, bajá el volumen del auto». Y fuimos a cenar a un restaurant italiano, que hoy en día seguimos yendo y es como nuestro lugar. Y de ahí no nos separamos más. Fue como reloco.
—Con el señor Burlando estamos hace quince años juntos. Cuando nos pusimos realmente en pareja, al cien por ciento, como que nunca nos cuidamos. Era como que si pasaba, pasaba.
—Pero no pasaba.
—Pasaban cinco, seis, siete, ocho años y digo: “¿Qué está pasando?” Como mujer, ¿no? Digo, él tiene dos hijas, él no debe ser el problema, el problema debo ser yo. Me empiezo a estudiar yo, mi cuerpo, mis genes, el endometrio, toda la parte ginecológica: todo perfecto, todo impecable. Bueno, a los 28, 29 años, me saco óvulos. Digo, bueno, vamos, vamos con el primer intento. Yo estaba resegura que iba a quedar. Digo soy joven, tengo treinta años, voy a quedar. Me pongo el primer varón, que acá en Argentina ya tenés…
—Te pueden decir el sexo…
—Y yo quería el varón, moría por el varón. Me pongo el primer varón, digo, listo. A las dos semanas embarazada. Nada. La segunda vez que lo volvemos a intentar, dije listo, es mi año. Vamos a la casa de Punta del Este y dije “listo, acá con sol, tranquila”, capaz que la vez anterior estaba estresada. A las dos semanas me vuelven a decir: “No, mirá, no creció la hormona” y ahí nada, me empiezo a enroscar. Yo soñaba con ser mamá desde chiquita y dije “no debe ser para mí este señor”, como que yo no tenía tantas opciones. Y ahí caés vos y me dijiste vamos a Luján, venite.
—Y un día me dijiste “debo tener cáncer”. Y yo nunca sentí que tenías algo grave. “Vamos a caminar a la Virgen y vos pedile, entregale tu corazón”.
—Yo te juro que dije» uy, ¿voy a caminar 70 kilómetros? ¿Qué le digo? Si le digo que no, voy a quedar re mal. Si le digo que sí, no voy a llegar», decía yo por dentro. Y dije: Sí, vamos.
—No fue una caminata normal, yo camino todos los años. Vino un diluvio universal que terminamos con bolsas de residuos en la cabeza.
—Y habíamos empezado con el parlante que llevábamos. Íbamos meta cumbia, choripán, todo, caminando, diosas, no sé qué… ¡fue tremendo eso! Entramos a la basílica, saludamos a la virgen, rezamos y nos largamos a llorar todas.
—¿Ahí qué pediste? ¿Cómo de fuerte fue ese pedido?
—No, en alma y cuerpo como que yo no podía más, pero la vi a los ojos y dije: “Por favor, mandámela, mandámela, mandámela”. Y nada, y salimos de la basílica, ni una gota de lluvia. Y a los tres meses embarazada naturalmente, de la nada.
—Natural.
—De la nada.
—Para mí era re normal que desayune cerveza, que desayune vino, que meriende, que almuerce vino, como que todo el tiempo estaba, estaba con eso y yo lo veía como normal. Normal que venga y, en vez de darme un abrazo, me pegue, ¿entendés? Te estoy hablando yo de diez, once años.
—¿Le tenías miedo a tu papá?
—Sí, pánico. Sí, sí, sí.
—Ibas con moretones al colegio.
—Sí, sí, sí. Sin dormir, sin nada. Es más, en un momento me iba muy mal en el colegio y, claro, como que decían: “¿Qué pasa en la casa de esta chica?” Y nada: ahí tuvimos la decisión con mi mamá de denunciarlo.
—¿Vos la ayudaste?
—Sí, sí, con catorce, quince años de agarrar y decir: “Loca, vamos, dale”. Porque, pobre, mi mamá muy sumisa, una mujer como muy tímida, muy retraída, como que no agarraba la iniciativa. En ese momento no se escuchaba mucho a la mujer y en el barrio, menos. Hizo cinco, seis, siete denuncias…

—Y no le hacían caso a tu mamá.
—Nada. “No, vaya, esto es problema de familia, no pasa nada, lo van a resolver”. Tenía un conocido con Fernando en ese momento, que yo no sabía que ese amigo había llamado a Fernando. El tipo dice: “Bueno, hoy les mando un móvil”. Fuimos a mi casa, cae todo: Prefectura, Gendarmería, la Policía. Claro, se ve que Fernando había…
—No estaba en tu vida, pero ya estaba en tu vida.
—Pero yo no tenía ni idea. O sea, yo lo había llamado a mi conocido, que se ve que era amigo de él.
—Y tu mamá golpeada, ¡qué desesperación!
—¡No dábamos más! Vienen y se lo llevan preso. ¡Nunca sentí tanta paz y felicidad en el momento que lo estaban llevando!
—¿Y él qué te dice cuando llega la policía?
—Nada, él estaba borracho, creo.
—Te hubiera gustado que se curara, tener ese papá que no tuviste.
—Sí, sí, pero ya no. Imposible. Imposible. Hicimos todo lo que hicimos, internarlo en la famosa granjita de rehabilitación. No, nada, nunca más.
“Burlando me pidió matrimonio haciéndose el muerto”
—¿Qué pasó con el casamiento? Yo tengo el vestido listo. Voy a ir a esa propuesta. Ya una semana antes te empezó a decir que sentía mal del pecho.
—Sí, que le dolía el pecho. Dije: “Uy, le va a agarrar un paro, se va a morir”. Lo llamaba al cardiólogo. Y él me dice: “No, quedate tranquila, no tiene nada, pero puede ser que le pase”. Bueno, okey. Estaba en un partido de polo, tenía cámaras por todos lados. Empieza a decir: “Ay, me duele, me duele el pecho, me duele el pecho”. Se cae del caballo. Muerto.
—Un actor de película.
—“¡Boluda, se murió, se murió! ¡Andá, andá!”. Y yo tipo: “¿Cómo que se murió?”. Y me empujaban para que vayan a verlo. Subo a la ambulancia. Y él así, muerto con la máscara. Electroshock, no sé qué. Digo: “No, no, ¿qué hago? ¿Cómo le digo a las hijas, que…?”. Los médicos me miran y dicen: “No, no podemos hacer más nada”. Yo llorando: “¿Cómo que no podés hacer más nada?”. Y él se levanta y me saca el anillo. Estuve con estrés postraumático, como dos semanas con fiebre. Me mató.
—Y ahí saca el anillo, ¿y qué le decís, Barby?
—¡Nada, lo reputeé! Obviamente le dije que sí y lo reputeé porque no podía creer toda la situación, y todo el mundo atrás aplaudiendo. Yo mirando a la situación, y pensando “pero si se acaba de morir”.
—Y tu cabeza decía: “Ha muerto en serio”.
—Sí, sí, estuve retraumada. Bueno, le digo sí, organizo el casamiento, todo en dos, tres, cuatro meses. Y no sé qué pasó. Hice un chiste en la tele, no me acuerdo. Me dijo: “Suspendé todo”.
—¿Qué hiciste con el anillo?
—¿Te acordás que lo había vendido por una aplicación? Mucho de marcas no entiendo. Pero hoy en día me entero que era un Piaget. Lo vendí por quinientos pesos. Salía como 15 mil dólares. ¡Yo qué sabía que era un diamante con no sé qué! ¡Ni idea! Ahí yo dije: “No, ya está, nunca más”.
—¿Hicieron terapia alguna vez?
—Nunca. Si hay amor, la vida sigue. Aunque yo investigo mucho.
—Ojito, ambas investigamos mucho.
—¿Es verdad que te habías separado de Martín Pepa?
—Sí, obvio, pero dos semanas nada más.
—¿Y por qué?
—Y porque nos cuesta la distancia. Cada tanto nos desesperamos. Pero me la estoy bancando rebién. Imaginate que estoy tres semanas acá, viajo una, tres semanas acá, viajo una, hago lo que puedo.
—Y él es re bueno.
—Sí, él es lo más. Vale la pena el esfuerzo.
—Sí.
—Porque es una persona muy especial.
—La nena viene y me dice: “Mamá, vino Jesús”. ¿Cómo que vino Jesús? “Sí, mamá, vino cuando yo estaba durmiendo en la cuna, vino Jesús. Me saludó y me dijo: ‘Hola, Sarah, ¿cómo estás?’”. Y yo digo: “No, está inventando”. O viste cuando decís: “No puede ser”. Y yo tipo ¡dura, pálida, intacta! A las dos semanas nos vamos al campo, Viernes Santo.
—Justo Viernes Santo también.
—Por eso, es como todo muy raro. Vamos manejando re tranquila, en ochenta, setenta, ahí por ruta tres. Súper relajada, ella atrás en su sillita, con la niñera, re bien. Y de la nada veo un rastrojero de color naranja, que yo… ¿viste?, ya tenés el instinto de “se va a mandar, se va a mandar”…
—Que se va a mandar en contramano.
—¡Nunca pensé que se me iba a venir de frente! A todo esto, yo al lado tengo un camión de nafta. O sea, si yo me mandaba para allí, iba a chocar con el camión, iba a ser todo como un desastre. El tipo dobla, yo como que hago una maniobra, que estaba con esta camioneta que me regaló Burlando, que hoy en día tipo agradezco a la vida de haber estado con esa camioneta. Hago como el frenado letal, pero el de atrás, claro, me la pega a mí. Pero nada, por suerte no nos pasó nada, ella no se enteró de nada, fue como un golpecito, muy poquito. Ella no se enteró de nada, pero lamentablemente los de atrás sí se golpearon, una pareja de jubilados con un perrito… El tipo se mandó contramano por la banquina y siguió. Pudimos detectar al señor, tenía como ochenta años, que encima se dio a la fuga. El tipo cuando llega a su casa deja el rastrojero, agarra una camioneta para irse, se estaba yendo para la costa, nivel fuga. Y Burlando haciendo su trabajo legal, lo pudieron encontrar y le sacaron el carnet.
—Ahí estabas protegida.
—Pero fue un milagro.
—Protegida. Jesús las protegió.
—Después yo también me quedé como todo un día en shock, como que empecé a unir todo, toda la situación: que yo había visto a Jesús, Viernes Santo, Pascuas, como que dije, bueno, no, Barby, ¡quedate tranquila que estás protegida!
—¿Alguna vez te agarraste de los pelos con alguien?
—Sí, me robaron la cortina.
—¿Qué?
—Había ahorrado un montón de plata para ponerme una cortina. ¿Viste esas que te ponen pelo y que quedás divina?
—Tu primer cortina.

—Mi primer cortina, literal. Fui al boliche con amigas y en un momento había una piba que me miraba raro. Estaba ahí, en el VIP, viene la piba, me mira y medio que me empuja. Claro, yo tenía veinte años, me sale el barrio de adentro: “Eh, ¿qué hacés? ¿Qué me tocás?“, plum, plum, plum, plum, me arranca el pelo, me arranca la cortina, se queda con el gato en la mano. Yo la miro y digo: “No, mi cortina”. Y la hija de p… agarra el pelo y se lo lleva.
—¡¿Salió corriendo con la cortina?!
—Humillada, pelada quedé.
—Es más, lo cara que la cortina.
—No, no, no entendés lo que lloré.
—Aprendiste la lección, por cabrona.
—Y ahí nunca más, dije: “¡No me van a chorear otra vez el pelo!”
Disfrutá la entrevista completa en el video.
Fotos: Maximiliano Luna
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CHIMENTOS
Marilina Bertoldi habló tras cantar con Lali y Tini: “Años ninguneada por el rock, y ellas me abrieron las puertas del pop”

Marilina Bertoldi celebró el lugar que encontró junto a Lali Espósito y Tini Stoessel después de participar en el tercer recital de la cantante en el Estadio Monumental de River Plate. La música, identificada con la escena del rock, compartió en redes sociales un mensaje en el que contrastó esa experiencia con las dificultades que, según relató, atravesó al buscar reconocimiento dentro de ese circuito.
La artista se sumó al cierre de la era de No vayas a atender cuando el demonio llama, en una noche que también tuvo como invitada a Tini Stoessel. El encuentro reunió a las tres figuras en el escenario de Núñez y generó repercusión entre sus seguidores.
Sobre el escenario, las cantantes rindieron homenaje a Madonna con una versión de “Like a Virgin”, en una reinterpretación de la presentación que la Reina del Pop realizó junto a Christina Aguilera y Britney Spears en los MTV Video Music Awards de 2003. Al igual que en aquella actuación, Lali y Tini aparecieron vestidas de novia, en una referencia a sus respectivos casamientos. Más tarde, Marilina Bertoldi se sumó a la escena y protagonizó un beso con ambas, en un guiño a aquella presentación y al “Chape Tour”, que la artista de “Fanático” llevó adelante durante su gira “Disciplina”.
En un video dirigido a su público, Bertoldi se mostró conmovida por la recepción que recibió de sus colegas. “Años sufriendo, años siendo ninguneada”, expresó al referirse a su vínculo con sectores del rock. Luego destacó que las artistas del pop le abrieron las puertas “inmediatamente” y las describió como “muy generosas y muy amorosas”.
Con tono irónico, Marilina Bertoldi dijo que podría pasarse al pop, aunque aclaró que imagina esa búsqueda desde una sonoridad propia. “Voy a hacer un pop más duro, más oscuro”, planteó antes de cerrar su mensaje con un agradecimiento por el afecto recibido.
Horas después del show, Stoessel publicó imágenes de su participación junto a Lali Espósito y dejó un mensaje sobre el significado personal del encuentro. “Por las niñas que fuimos y sobre todo por las mujeres en las que nos convertimos”, escribió la cantante en Instagram, en alusión a las palabras que Espósito había dicho sobre el escenario.
La intérprete de “La Triple T” sostuvo que, desde la invitación de Espósito, ambas construyeron un camino compartido. “Lo que vivimos anoche tuvo un significado muy hermoso y profundo para mí”, señaló. También expresó su admiración por la anfitriona y agradeció “su abrazo, su cariño y la generosidad” de haber compartido el momento en River.
El reconocimiento de Stoessel incluyó a Bertoldi, a quien conoció durante esa presentación. “Dios mío, qué bestia. Un honor haberte conocido. Qué talento, y qué lindo fue compartir juntas”, escribió la artista al referirse a la guitarrista.
Antes de subir al escenario del tercer show de Lali Espósito en River, Marilina Bertoldi anticipó parte de la sorpresa en una charla con Evita Luna para la cuenta de Instagram de No vayas a atender cuando el demonio llama. Sin revelar el nombre de la artista que la había convocado, contó que quedó sorprendida ante la invitación y que el público especulaba con posibles presencias internacionales.
“Yo me quedé tiesa. Le dije: ‘¿Te parece? La gente está sospechando que es Madonna, Dua Lipa’. Ahora estoy bien, porque vine acá a charlar y me olvidé lo que va a pasar”, relató la cantante, minutos antes de subir al escenario, sobre su respuesta tras la invitación de Lali. La guitarrista también adelantó que elegiría vestirse de negro para la presentación. Ante la consulta de Luna sobre si usaría traje, respondió que no porque quería “estar hot”, y admitió que la expectativa por lo que ocurriría esa noche la había distraído durante la entrevista.
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Mateo, el hijo de Leo Messi, tuvo un gesto inolvidable en la despedida de su padre: “Admiración”

Pasó. Finalmente Leo Messi abandonó la Selección Argentina como ya había prometido meses atrás. En el medio queda un sensación de nostalgia y de alegría por haber tenido la oportunidad de ver al Diez hacer su magia. Durante su último partido con la Albiceleste en el Monumental, el futbolista protagonizó una escena que, sin duda, quedará para el recuerdo: la del apoyo de sus seres queridos quienes estuvieron incondicionalmente.
Mientras sonaba el Himno Nacional Argentino, sus tres hijos Ciro, Mateo y Thiago, acompañaron a Messi y por supuesto, los chicos también fueron parte de esa mezcla de nervios y adrenalina. Mientras la Pulga cantaba las estrofas, uno de sus hijos tuvo un gesto que no pasó desapercibido en las redes sociales y que traduce todo lo que significó este momento para él. Mateo, de tan solo 11 años, observó atentamente cada gesto de su papá como dándole toda su fuerza.
Con mucha empatía, el pequeño eligió estar atento a Leo y reconociendo en él todas sus emociones. El video, breve pero muy significativo, pronto inundó las redes sociales y se colmó de mensajes dedicados tanto a Messi como a sus futuros herederos. Ellos no solo fueron parte de cada paso en su carrera sino que también vieron lo que acompaña a la gloria: la tristeza, enfrentar las críticas más feroces, la angustia de cumplir con las expectativas de los demás.
Sin embargo, su familia siempre estuvo allí y lo siguió demostrando en cada pequeño detalle como unas palabras, un abrazo o en el caso del niño, una mirada que lo resume todo. Mateo aun es muy joven y tal vez no alcanza a comprender lo enorme de su gesto, aprendido seguramente de la empatía de sus lazos más cercanos, que logró conmover a cientos de hinchas que se acercaron para darle a su padre el último adiós.
CÓMO JUEGA MATEO MESSI Y QUÉ DIJO SU PAPÁ SOBRE ÉL
A diferencia de su papá, Mateo tiene como pierna hábil la derecha y suele desempeñarse en posiciones ofensivas. Messi describió a sus tres hijos y marcó una diferencia clara entre ellos: mientras definió a Thiago como más pensante y organizador, señaló que Mateo es “más delantero”, que le gusta hacer goles y permanecer cerca del arco.
Ese perfil ya pudo verse en algunos de los videos que circularon de sus partidos. El chico mostró capacidad para definir, rapidez para resolver cerca del área y una personalidad competitiva que también aparece cuando festeja sus goles. En octubre de 2024, además, fue campeón invicto de la Legends Cup Miami con la categoría Sub 10 del Inter Miami y convirtió uno de los tantos de su equipo durante el torneo.
Durante la Copa Naples disputada en septiembre de este año, el segundo hijo de Messi volvió a sumar una experiencia importante en su formación. La Academia del Inter Miami participó con diferentes categorías juveniles y Mateo integró el plantel que terminó levantando el trofeo. Además, distintos reportes señalaron que el chico tuvo un rol de liderazgo dentro del equipo y apareció como capitán durante la competencia.
Mientras tanto, Lionel suele acercarse a las canchas de la Academia para acompañar a sus hijos y seguir de cerca sus partidos. Su presencia, lógicamente, genera una revolución entre los chicos y las familias que participan de las jornadas juveniles. Sin embargo, para Mateo ese escenario también representa una oportunidad para crecer lejos de las exigencias del fútbol profesional y disfrutar de una etapa que todavía es de aprendizaje.
Por ahora, transita sus primeros años como futbolista y todavía tiene muchísimo camino por recorrer antes de pensar en una carrera profesional. Lo que ya consiguió, sin embargo, permite observar un presente prometedor: juega en una de las academias vinculadas a un club de la MLS, suma títulos y empieza a mostrar un estilo propio. El apellido pesa, pero dentro de la cancha el hijo de Leo empieza a escribir su propia historia.
Messi, Mateo Messi
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La tribuna de Pergolini le dio la espalda por la despedida de Messi y Mario le dedicó a Leo un mensaje a flor de piel

Otro día perdido, el ciclo que conduce Mario Pergolini y que se emite por eltrece, convirtió la coincidencia horaria con el partido de despedida de Lionel Messi en un divertido momento en la apertura del programa. Mientras Rada comenzaba la presentación habitual, los integrantes de la tribuna aparecieron concentrados en sus teléfonos y sin atención a lo que ocurría en el estudio.
La escena incluyó un intercambio con el conductor, quien interrumpió la introducción para preguntar qué hacía el público. Desde la tribuna, una persona respondió: “Mario, queremos ir a ver a Messi”. Ante la respuesta del conductor de que la transmisión ya había terminado, el participante sostuvo que aún faltaba “la parte emotiva” y le reprochó: “Vos no tenés sentimientos. Pero esta tribuna sí”.
La reacción formó parte del paso de comedia preparado por el programa ante la competencia televisiva con el último adiós del futbolista a la selección argentina. Pergolini les pidió a los asistentes que bajaran los celulares y, tras algunos intercambios, decidió reiniciar la apertura. “Vamos desde cero”, indicó el conductor antes de que Rada retomara la presentación del envío.
Sin embargo, el conductor no dejó pasar el momento y compartió su emoción. “Terminó siendo una fecha importante, el día que Messi ya no está más con la selección argentina. Alguien que nos ha atravesado en este siglo, sin duda, a todos los argentinos y a otra gente que no es de nuestro país”, explicó.
“A mí me parece que los argentinos no somos como Messi. Nadie piensa que todas las características que se ven en él, por lo menos las que son conocidas, representen a los argentinos. Pero a todos los argentinos nos encanta que él nos represente. Porque todos nos gustaría ser como él”, afirmó.
El conductor sostuvo que la trascendencia del futbolista excede su desempeño deportivo: “Va más allá de que juegue a la pelota, porque rápidamente podríamos decir que hay un montón de gente que juega a la pelota, hay un montón de jugadores que nos gustan. Yo creo que él ha trascendido y le ha dado a la argentinidad una definición que nos encanta que sea así”.

“Si un argentino lo define Messi, nos deja muy bien parados a todos. Lamentamos que a lo mejor nosotros no te dejemos tan bien parado a vos, Messi, pero bueno, muchas gracias por todo este tiempo que nos has dedicado en la selección argentina. Sé feliz en la vida”, cerró Pergolini. Luego remató con una broma: “Gordo, culón, comiendo, viendo la tele, medio pelado por el pelo finito”.
El sketch de Otro día perdido coincidió con el último partido de Lionel Messi en la selección argentina. El equipo de Lionel Scaloni venció 3-0 a Benín en el Estadio Monumental, ante más de 85.000 espectadores, durante el cierre de la ventana de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA).
Messi ingresó al campo junto a sus hijos Thiago, Mateo y Ciro. Su esposa, Antonela Roccuzzo, y su madre, Celia Cuccittini, siguieron la jornada desde un palco. Durante la interpretación del himno nacional, a cargo del excombatiente de Malvinas Fabio Santana, el capitán y Scaloni se mostraron conmovidos.
El partido se detuvo a los 10 minutos para un homenaje al histórico dorsal del rosarino, con aplausos y fuegos artificiales. Los futbolistas de Benín se acercaron a saludarlo. La primera etapa terminó sin goles, pese a cuatro intentos de Messi, que se encontró con intervenciones del arquero Marcel Dandjinou y una definición que pasó junto a un palo.
En el complemento, Nicolás Otamendi abrió el marcador tras un córner ejecutado por Messi. A los 61 minutos, Nico Paz amplió la diferencia luego de una combinación con el capitán. El 3-0 definitivo llegó a los 70, cuando Messi convirtió de penal tras una falta sobre Agustín Giay. El gol fue el número 126 de Messi con la camiseta argentina.
Con el cierre del encuentro, el árbitro Véjar le entregó la pelota a Messi y los jugadores de ambos equipos lo saludaron. La despedida continuó con un show de drones y una canción interpretada por Soledad Pastorutti. Antes del partido, el capitán de Benín, Sessi D’Almeida, le había obsequiado una camiseta de su selección y una réplica de una escultura histórica de Cotonú.
El ciclo de Messi con la Albiceleste abarcó 21 años y seis títulos: el Mundial Sub 20 de 2005, la medalla de oro en Pekín 2008, las Copas América de 2021 y 2024, la Finalissima de 2022 y el Mundial de Qatar 2022. El próximo proceso de la selección argentina tendrá como objetivos la Copa América 2028 y el Mundial 2030.
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