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ECONOMIA

Bonos soberanos versus bonos corporativos: cuáles elige la City y por qué

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La baja del riesgo país y la mejora de la calificación argentina devolvieron atractivo a los títulos del Estado, especialmente entre quienes buscan una ganancia por la suba de precios. Las Obligaciones Negociables -ONs- conservan una ventaja entre los inversores que priorizan cobrar dólares y reducir la volatilidad en el precio de los instrumentos.

Y es que los inversores que tienen dólares disponibles enfrentan una decisión que se volvió más pareja.

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  • Los bonos soberanos recuperaron espacio a partir de la mejora de las cuentas públicas, el regreso del Tesoro al mercado y la posibilidad de que una nueva caída del riesgo país empuje sus precios.
  • Las Obligaciones Negociables (ONs) continúan ocupando un lugar importante gracias a los pagos programados y a que permiten elegir empresas con capacidad propia para generar dólares.

Las últimas recomendaciones no muestran un reemplazo completo de un instrumento por otro. Los soberanos aparecen con mayor peso en las carteras que buscan una ganancia adicional y pueden soportar movimientos fuertes, mientras que las ON son utilizadas para darle mayor estabilidad a la inversión y repartir el riesgo entre distintas empresas.

La diferencia también aparece al observar los plazos dado que parte de la City acepta vencimientos más largos en ON de empresas sólidas, pero prefiere acortar la deuda del Estado ante la volatilidad internacional y las elecciones presidenciales que Argentina tendrá en 2027.

Qué diferencia a un bono soberano de un bono corporativo (ON)

Gustavo Araujo, Head of Research de Criteria, explicó que la primera diferencia está en quién recibe el dinero y queda obligado a devolverlo.

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«La diferencia principal radica en el emisor. Un bono soberano en dólares representa deuda emitida por el Estado Nacional, mientras que una Obligación Negociable (ON) es deuda emitida por una empresa. En consecuencia, el riesgo de cada instrumento depende de la capacidad de pago de su emisor. En el caso de los soberanos, será la solvencia fiscal y el contexto macroeconómico; en el de las ON, la fortaleza financiera y operativa de la compañía emisora», afirmó.

En un bono soberano, el inversor necesita seguir las cuentas fiscales, las reservas del Banco Central, los vencimientos de deuda, el acceso al financiamiento y la capacidad del Gobierno para mantener su programa económico. También importan la legislación del título, el plazo que resta hasta el vencimiento y la manera en la que devuelve el capital.

El análisis de una ON pone el foco en la deuda de la empresa, la generación de caja, sus próximos pagos, las exportaciones, las garantías y la posibilidad de conseguir dólares. Por ese motivo, las compañías de energía, petróleo, gas y servicios públicos suelen ocupar un lugar importante, ya que una parte de sus ingresos está vinculada a negocios que generan divisas.

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Esto no vuelve automáticamente segura a la deuda empresarial dado que una compañía puede tener buenas cuentas y quedar expuesta a cambios regulatorios, restricciones para acceder a dólares o una caída de su actividad. Algunas ONs también tienen menos operaciones diarias -volumen- que los bonos soberanos, algo que puede complicar la venta cuando el inversor necesita recuperar rápidamente su dinero.

Los bonos soberanos recuperan terreno

El renovado interés por la deuda soberana quedó expuesta en la colocación del Bonar 2029, identificado con el ticker AO29. Entre la primera y la segunda vuelta, el Tesoro recibió ofertas por un valor efectivo total de u$s1.245 millones y terminó adjudicando u$s611 millones.

El título fue colocado a u$s943 por cada u$s1.000 de valor nominal, con una tasa interna de retorno efectiva anual del 8,29%. La demanda superó ampliamente el monto adjudicado, lo que confirmó que existe dinero dispuesto a financiar nuevamente al Estado cuando el precio, el plazo y el rendimiento resultan atractivos.

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A este contexto se sumó la decisión de Moody’s de mejorar la calificación soberana argentina desde Caa1 hasta B3 y cambiar la perspectiva de estable a positiva. La calificadora sostuvo que bajó el riesgo de incumplimiento por el avance de la estabilización económica, los superávits fiscales y la acumulación de reservas, factores que podrían facilitar el regreso de Argentina al financiamiento internacional.

Aun así, es importante remarcar que la mejora no convierte a los títulos argentinos en instrumentos de bajo riesgo. Su potencial depende de que el Gobierno mantenga el orden fiscal, consiga dólares para cumplir con los próximos pagos y atraviese el proceso electoral de 2027 sin que aumenten las dudas sobre la continuidad del programa económico.

Por qué los títulos corporativos mantienen su lugar

El crecimiento de la deuda empresarial amplió la cantidad de alternativas disponibles. Durante el primer semestre de 2026, las ON concentraron cerca del 46% del financiamiento obtenido mediante el mercado de capitales, de acuerdo con BYMA.

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Esa participación no demuestra por sí sola una preferencia de los inversores, pero sí muestra que existe una oferta más amplia de empresas, vencimientos y tasas para elegir.

Araujo remarcó que no corresponde considerar a todas las ON menos riesgosas que cualquier bono del Estado, porque la comparación debe hacerse entre emisores concretos.

«No existe una respuesta única sobre cuál es más riesgoso. En el mercado argentino conviven ON de empresas con una calidad crediticia superior a la del soberano, por lo que el riesgo debe evaluarse en función del emisor y no únicamente del tipo de instrumento«, explicó.

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Una ON de una empresa con poca caja, mucha deuda y vencimientos cercanos puede resultar más riesgosa que un soberano corto. En el otro extremo, una compañía exportadora con deuda manejable, buenos márgenes y generación propia de dólares puede exhibir una capacidad de pago superior a la del Estado argentino.

La estrategia de extender plazos

Rocco Abalsamo, asesor financiero, sumó otro factor a la comparación como lo es la sensibilidad del precio de los bonos frente a las tasas internacionales. Cuanto más largo es un título, mayor suele ser el movimiento de su precio cuando cambian los rendimientos de la deuda estadounidense.

Para el asesor, las tasas elevadas pueden representar una oportunidad para comprar bonos largos si el inversor tiene una tolerancia alta al riesgo y espera una baja futura de los rendimientos internacionales. Un nuevo empeoramiento del conflicto en Medio Oriente podría producir el efecto contrario y golpear con mayor fuerza a los títulos con vencimientos más alejados.

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«Si sos muy agresivo, es sin duda una oportunidad para extender duration. Pero si no sos muy agresivo y creés que tal vez el conflicto en Medio Oriente puede seguir encrudeciéndose, la realidad es que es una alarma para no extender duration«, agregó.

Frente a ese escenario, Abalsamo explicó que están aplicando una posición mixta. La estrategia consiste en aceptar plazos largos dentro de las ON de empresas con elevada capacidad de pago y mantener vencimientos más cortos cuando se trata de bonos soberanos argentinos.

«Acá nosotros tomamos una posición mixta donde elegimos estirar duration por una visión tal vez de corto plazo a la calma del conflicto internacional, pero no en todos los asset class. Precisamente, nosotros buscamos extender duration en títulos de alta calidad crediticia, como por ejemplo bonos corporativos crediticios de empresas triple A argentinas, como TSC4D, Transportadoras del Sur, MGCRD, Pampa Energía, IRCPD en IRSA», señaló.

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En los bonos soberanos, Abalsamo prefiere reducir los plazos porque al movimiento de las tasas estadounidenses se le agregan el riesgo político, las reservas, los vencimientos del Tesoro y las elecciones de 2027.

«En cuanto a rentas fijas soberanas, es decir, activos con más volatilidad y menos calidad crediticia, nosotros elegimos tal vez recortar duration, también fundamentado por lo que serían las elecciones que se vienen en 2027», completó.

Bonos soberanos versus corporativos: cuáles elige la City y por qué

Por todo esto, no existe un ganador absoluto entre los bonos soberanos y las ON. Los títulos del Estado están recuperando espacio en las carteras que buscan una ganancia adicional ante otra caída del riesgo país, mientras que la deuda empresarial conserva la ventaja como base de las estrategias que priorizan ingresos más estables en dólares.

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Araujo resumió esa división según el perfil del inversor: «Los bonos soberanos en Argentina suelen ser más atractivos para inversores con mayor tolerancia al riesgo, que buscan capturar una eventual compresión del riesgo país y obtener ganancias de capital. Las ON, por su parte, suelen ser una alternativa adecuada para quienes priorizan ingresos más estables y una menor exposición al riesgo soberano, especialmente cuando se trata de compañías con fundamentos sólidos del sector energético local».

La diferencia se vuelve más clara al mirar los plazos, parte de la City está dispuesta a extenderse en ON de empresas de mayor calidad, pero acorta los soberanos para limitar la exposición al proceso electoral de 2027.

  • En las carteras más agresivas, los títulos del Estado ganan peso por su potencial de suba de precio
  • En las estrategias más estables, las ON continúan ocupando el lugar principal

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ECONOMIA

Dólar hoy: a cuánto operan todas las cotizaciones minuto a minuto este lunes 28 de septiembre

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¿A cuánto se vende el dólar en bancos?

El dólar al público gana cinco pesos o 0,3% este lunes, a $1.550 para la venta en el Banco Nación, un nuevo máximo nominal. El BCRA informó que en entidades financieras el dólar minorista promedió $1.545,12 para la venta y $1.493,40 para la compra.

El dólar blue también gana cinco pesos, a $1.565 y a cinco pesos de distancia de su récord del 28 de julio.

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/economia/2026/09/28/la-vaca-viva-proyectan-que-el-agro-liquidara-usd-40000-millones-en-2027/

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ECONOMIA

De cuánto será la PUAM de ANSES en octubre 2026

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La actualización de las prestaciones previsionales utiliza como referencia la inflación de agosto informada por el INDEC (ANSES)

Una mujer mayor sonriente con un suéter beige recibe billetes de una empleada en un escritorio blanco con el logo azul de Anses de fondo. Varias personas esperan sentadas.
La Pensión Universal para el Adulto Mayor alcanzará los $ 348.598,81 en octubre de 2026 tras aplicar un ajuste del 1,66 % (Imagen Ilustrativa Infobae)
  • Tener 65 años o más.
  • No cobrar ni tener derecho a una jubilación, retiro o pensión de organismos nacionales, provinciales o municipales.
  • No percibir la prestación por desempleo al momento de iniciar el trámite.
  • Ser argentino nativo o cumplir con la residencia exigida según la nacionalidad.
  • Acreditar, en el caso de argentinos naturalizados, al menos 10 años de residencia en el país previos a la solicitud.
  • Demostrar una residencia mínima de 20 años en la Argentina para las personas extranjeras.
  • Mantener la residencia en el país una vez otorgada la prestación.

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ECONOMIA

La nueva era del consumo: crece el pesimismo, se recortan gastos y aparece la “bolucompra”

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Durante los últimos dos años, el deterioro de la situación cotidiana convivió con una expectativa: que una mejora de la economía terminara por trasladarse al bolsillo y al bienestar personal. Sin embargo, esa percepción empieza a cambiar. La recuperación de los indicadores macroeconómicos ya no alcanza para sostener las expectativas individuales y esa distancia modifica tanto el humor social como las decisiones que toman los argentinos a la hora de administrar su dinero.

El informe Social Mood del tercer trimestre de 2026, elaborado por la consultora Moiguer, sintetiza el escenario con una frase: “Argentina mejora, yo no”. El trabajo identifica un cambio de etapa en el humor social, en el que el futuro pierde fuerza como organizador del presente y los consumidores concentran su capacidad de decisión en aquello que todavía pueden administrar: dónde, cómo y en qué gastar.

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La investigación combina un estudio cuantitativo continuo, focus groups, más de 15 fuentes secundarias y análisis de conversaciones en redes sociales. El relevamiento abarca personas de 16 a 75 años de distintos niveles socioeconómicos y toma información de diferentes puntos del país.

Moiguer

Uno de los datos centrales aparece en las expectativas. Por primera vez en la serie, el porcentaje de personas que cree que el país empeorará durante los próximos 12 meses supera al de quienes consideran que mejorará. Las respuestas negativas llegan al 41%, mientras que las positivas se ubican en 38%. De acuerdo con Moiguer, el optimismo retrocede así a niveles de 2023.

El cambio resulta especialmente marcado entre algunos de los grupos que más sostuvieron las expectativas positivas. Frente al primer trimestre de 2025, la proporción de personas que considera que el país mejorará baja 14 puntos porcentuales en el total de la población. Pero la disminución alcanza 24 puntos entre el segmento ABC1 y 17 puntos entre los jóvenes de 16 a 25 años.

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Moiguer

En el caso del ABC1, el estudio vincula el retroceso con la pérdida de poder adquisitivo y un escenario más débil para invertir y emprender, factores que erosionan la confianza que caracterizó a ese segmento. Entre los jóvenes, en tanto, la promesa de progreso que sostenía el optimismo choca con un mercado laboral que el informe describe como cada vez más precario e incierto.

El bolsillo y una brecha que se profundiza

Detrás de ese cambio de expectativas aparece el deterioro de algunas variables directamente relacionadas con la economía de los hogares. Según la elaboración incluida en el informe, el poder adquisitivo de los salarios registra una caída de 11 puntos frente a enero de 2023, mientras que el ingreso disponible de los hogares muestra una disminución de 17 puntos.

Al mismo tiempo, el peso de los servicios y el transporte sobre el salario promedio aumenta 11 puntos respecto de diciembre de 2023. La consultora resume esa combinación con otra definición: “el ingreso se achica y los gastos fijos crecen”.

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El informe también marca una diferencia entre la evolución de la actividad económica y la del consumo. Mientras la primera crece, el consumo masivo lleva casi dos años de caída. La serie que incorpora el estudio ubica al índice correspondiente al consumo masivo en 100 en 2021 y en 77 en junio de 2026, mientras que el indicador de actividad pasa de 100 a 116 en ese mismo período.

Es en ese contexto donde, según Moiguer, empieza a instalarse una nueva certeza entre los consumidores: el crecimiento del país no necesariamente se traduce en bienestar individual. Uno de los testimonios recogidos en los focus groups lo expresa a partir de una situación cotidiana: “Yo veo cómo Vaca Muerta no para de crecer, pero el gas y la nafta nos salen cada vez más caros”.

“Yo veo cómo Vaca Muerta no para de crecer, pero el gas y la nafta nos salen cada vez más caros”, planteó uno de los encuestados, citados por el informe

La consecuencia se observa en la manera de administrar el presupuesto. Ante un futuro que deja de funcionar como garantía, el consumidor concentra su capacidad de acción en el presente. Y allí aparece una paradoja: los gastos variables son administrables, mientras que los fijos se vuelven impredecibles.

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Una persona entrevistada en el estudio compara las boletas de servicios con un “unboxing”: recién cuando las abre descubre cuánto le toca pagar esa vez.

Recortar y darse gustos al mismo tiempo

Esa incertidumbre no deriva únicamente en una reducción generalizada del gasto. El estudio detecta una administración mucho más selectiva del dinero, en la que los hogares deciden qué recortar y qué consumos preservar.

En concreto, 4 de cada 10 hogares presentan lo que Moiguer denomina un perfil “compensador”. Son familias que recortan gastos esenciales y, al mismo tiempo, se permiten gustos en rubros como ropa, electrónica, salidas y viajes.

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La lógica consiste en preservar aquellos consumos que sienten que realmente “valen la pena”. Es justamente dentro de ese comportamiento donde el informe identifica la aparición de la “bolucompra”: pequeñas adquisiciones de bajo costo que satisfacen el deseo de consumir sin comprometer demasiado el presupuesto.

El fenómeno se inserta en un cambio más amplio de las referencias que utiliza el consumidor. Ya no alcanza con determinar si algo es caro o barato en términos absolutos. La pregunta que aparece, según el estudio, es otra: “¿Qué me devuelve este gasto?”

Moiguer identifica tres dimensiones que se transforman en las decisiones de compra: acceso, precio y valor. En el primer caso, los datos muestran la expansión de nuevas alternativas para conseguir productos. El 54% de los encuestados compró algo en un bazar chino en los últimos meses, mientras que las importaciones puerta a puerta crecieron 641% frente a 2024.

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Carne, zapatillas y nuevas referencias de precios

El segundo cambio se relaciona con los precios relativos. El informe compara cuántos productos podían adquirirse con un salario promedio en 2022 y cuántos se pueden comprar en 2026, y los resultados varían considerablemente según el bien elegido.

En 2022, un salario promedio equivalía a 156 kilos de carne, mientras que en 2026 permite comprar 95 kilos: una pérdida equivalente a 61 kilos. Con las zapatillas de primera marca sucede exactamente lo contrario. La capacidad de compra pasa de 3,4 pares en 2022 a 10,1 pares en 2026, casi siete unidades más.

En 2022, un salario promedio equivalía a 156 kilos de carne, mientras que en 2026 permite comprar 95 kilos: una pérdida equivalente a 61 kilos(Imagen Ilustrativa Infobae)

Moiguer resume ese cambio de precios relativos bajo el concepto “lo cotidiano se encarece, lo dolarizado se abarata”.

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El estudio utiliza otro ejemplo para mostrar cómo se transforma la evaluación de un gasto. Un combo para tres personas en un local de comidas rápidas cuesta $65.000, mientras que una airfryer cuesta $70.000. La diferencia entre ambos desembolsos resulta mínima y obliga al consumidor a evaluar qué recibe a cambio de cada uno.

Esta modificación también explica comportamientos que, a primera vista, pueden parecer contradictorios. Uno de los testimonios recogidos por Moiguer corresponde a una persona de entre 30 y 50 años, del segmento C2/C3, residente en Salta. Cuenta que recorre comercios y compra carne únicamente cuando la encuentra barata. Pero, al mismo tiempo, relata que sus hijas viajaron a Bariloche y les compraron siete outfits diferentes a través de Shein por $100.000, con botas incluidas.

La comparación expone la lógica que atraviesa el informe: la restricción presupuestaria no necesariamente elimina los consumos vinculados con el disfrute, sino que obliga a seleccionar con mayor precisión dónde colocar el dinero disponible.

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La competencia también cambia para las marcas

El nuevo comportamiento plantea además modificaciones para las empresas. Según Moiguer, frente a un consumidor que redefine dónde, cómo y en qué gastar, las marcas necesitan cambiar su juego.

Una de las principales implicancias es que ya no compiten solamente contra otras compañías o productos de su misma categoría. Ahora deben “competir por el presupuesto, no solo por la categoría”: cualquier producto o servicio que ofrezca mayor valor por el mismo dinero puede convertirse en una alternativa para el consumidor.

También cambia la definición de valor. De acuerdo con el informe, la funcionalidad y el precio ya no explican por sí solos una elección. En la decisión pesan también el disfrute, la duración y la oportunidad. El desafío para las marcas pasa por identificar qué retorno espera recibir una persona por cada peso que gasta.

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A eso se suma la necesidad de demostrar que un producto efectivamente “vale lo que cuesta”. Con la modificación de los precios relativos, el valor percibido deja de darse por sentado y las empresas necesitan ofrecer argumentos funcionales y emocionales que justifiquen las diferencias de precio.

El informe plantea además la necesidad de “dar acceso y permiso al deseo”. Esto supone ofrecer nuevos canales, formatos y alternativas de financiación, pero también construir motivos que habiliten la compra. Entre las expresiones que Moiguer identifica en esa lógica aparecen “me lo merezco” y “es una inversión en mí”.

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