ECONOMIA
Clima de Negocios: por el impacto de la guerra habrá más dólares de Vaca Muerta y saldo energético rondará los USD 11.000 millones

Recalculando, dicen por estos días los petroleros y protagonistas de la industria local de oil & gas, planillas en mano. O del universo “Vaca Muerta”, para ser más claros. Hay una presentación que circula entre los ejecutivos del sector que es –junto al campo– la locomotora de la economía argentina con números que, hasta hace poco, parecían de ciencia ficción. Hay mucho de futuro en esos datos y promesas que hacen brillar los ojos a más de uno, pero hay también cifras que ya son una realidad palpable. O “contable”, ya que se trata de billetes contantes y sonantes.
Por caso: una balanza comercial energética superavitaria en 2024 por primera vez en años, un saldo favorable que el año pasado fue de USD 7.800 millones y exportaciones proyectadas de casi USD 53.500 millones anuales para 2035. Inversiones que rondarán los USD 17.000 millones por año promedio en una década. Y producción de petróleo rozando ahora el millón de barriles diarios, a un paso del objetivo que en hace pocos años sonaba imposible. Conviene mirar los números otra vez, en detalle. Abruman.
Está claro que Vaca Muerta y sus hidrocarburos no convencionales (shale) ya dejaron de ser una promesa. La discusión en el sector hoy es otra: cuánto más rápido puede ir… y qué puede arruinarlo.
Un ejecutivo de una de las petroleras más importantes del país escucha la pregunta de Infobae, hace una breve pausa y sonríe antes de responder de manera contundente:
— ¿Qué le piden al Gobierno?
— Lo único que necesitamos es que no nos jodan. No queremos nada más.
La respuesta rápida incluye una explicación inmediata que también resume el contexto. Hace tres o cuatro años el pedía a gritos precios de mercado, libertad para exportar, disponibilidad de divisas y rever las cargas fiscales, como demandas centrales. En gran parte, con la Ley Bases y el RIGI esos temas fueron encaminados por el gobierno de Javier Milei. Eso permitió acelerar muchas inversiones.
Con todo, el sector asegura que ve algunas dudas en generar más empleo calificado para el sector y en conseguir bajar aún más los costos de capital.
La energía siempre fue un tema en la Argentina. Siempre. Raúl Alfonsín, tuvo apagones y cortes programados. Carlos Menem, privatizó todo. Eduardo Duhalde comenzó con la regulación y Néstor Kirchner se peleó con Daniel Scioli cuando este habló de segmentación eléctrica (suba de tarifas, en resumen) y lo mismo pasó luego con el entonces ministro Roberto Lavagna. Cristina Kirchner puso subsidios, que aumentaron y aumentaron, un esquema que terminó en cepo y otras fuertes restricciones. Mauricio Macri apostó por un “sinceramiento” y megatarifazo y luego reconoció que había perdido la reelección, en parte, por esa medidas. Alberto Fernández siguió con los subsidios y la energía les costó las cabezas de dos de sus ministros “estrellas”, Martín Guzmán y Matías Kulfas.
Milei quiso quitar todos los subsidios (aún está en eso) y también privatizó algunos activos energéticos, como la mitad de Transener, la principal transportista del país. Claro, a este Presidente le toca gobernar con una Vaca Muerta ya en marcha; la Vaca Muerta de los números del comienzo de esta nota.
Este año se esperaban exportaciones por más de 11.100 millones con importaciones de unos USD 3.000 millones. O sea, un saldo positivo que iba a rondar los USD 8.000 millones. Pero llegó la guerra en Medio Oriente, el salto del precio del petróleo internacional (el Brent, de referencia en el país), la inestabilidad energética con el Estrecho de Ormuz cerrado y todo cambió.
En medio del conflicto, el precio del fluido subió a más de 120 dólares por barril. Por entonces, con un promedio por barril de USD 90, los petroleros calcularon un saldo comercial energético de 12.100 millones. Nadie celebra un conflicto armado, está claro, pero el impacto positivo local en términos de exportaciones petroleras es innegable.
Ahora, con un precio más estable, en torno a los 75 dólares por barril en estos días, las exportaciones de hidrocarburos rondarán los USD 11.300 millones (con un promedio estimado de USD 82). Eso representa unos USD 3.100 millones más de lo que se esperaba a principios de año. En 10 días, por caso, el ministro Luis Caputo tiene que pagar unos USD 4.200 millones a bonistas privados.
Los datos de la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH) dicen que, en un escenario que ellos llaman “Expansivo” –moderado, el del medio de los tres que analizan, y el que estiman que mayor posibilidades de ocurrir tiene– ese saldo comercial rozará los USD 48.700 millones en 2035, con exportaciones por más de USD 53.500 millones. “Mucho puede pasar hasta entonces con el precio del petróleo y el mercado, local e internacional, pero los datos que manejamos hoy dan eso. Necesitamos proyecciones para planificar, producir y buscar inversiones. El mercado se mueve con estos datos”, explican en CEPH.
Carlos Ormaechea, presidente de la cámara y chairman de Tecpetrol, la petrolera de Techint, destacó en una charla con Infobae que Vaca Muerta es un proyecto netamente exportador que necesita competir. “Necesitamos bajar el riesgo país para hacer viable el financiamiento. Vaca Muerta no es una fiesta, tenemos objetivos ambiciosos y hay que trabajar mucho y bien para lograrlos. Estamos en una industria capital intensiva y no es fácil financiar 20.000 millones de dólares por año”, destacó.
“Sin precio no hay inversión y sin inversión no hay producción”, resumió Ormachea.
Según CEPH, hasta 2017, la producción de petróleo venía en baja en medio de un “persistente” desacople con los precios internacionales y al agotamiento de los yacimientos convencionales. En gas, la reducción venía desde 2004, con una reversión del declive en 2013 (con el Plan Gas) y el desarrollo del shale de Vaca Muerta, que derivó en el récord de 2025 de 162 millones de metros cúbicos por día.
La cámara –cuyo director ejecutivo es Juan Schamber– trabaja con tres escenarios sobre la mesa para la próxima década. Cada uno de ellos tiene probabilidades de ocurrencia asociadas al precio internacional pero, sobre todo, a lo que pase en Argentina.
Para el mencionado escenario “Expansivo” se espera un importante crecimiento de la producción de crudo (con 11 % más de pozos shale) y el gas que tendrá 24 millones de toneladas anuales (MTPA) de capacidad de licuefacción. En transporte de hidrocarburos, habrá aumentos en los niveles de los oleoductos Otasa y Vaca Muerta Sur (que empezará a funcionar a fines de este año) y podría aportar hasta 700.000 barriles por día (desde 2028). Si se mira el escenario “Acelerado”, el más optimista, las exportaciones no alcanzarán los USD 50.000 millones en 2035 sino cuatro años antes.
Esta semana la Fundación Encuentro, cercana a Sergio Massa, levantó la mano y recordó que el Gasoducto Néstor Kirchner, que el gobierno rebautizó como Perito Moreno, generó un ahorro de casi USD 9.000 millones.
“Estamos en una industria capital intensiva y no es fácil financiar 20.000 millones de dólares por año” (Ormaechea)
Claro, se adjudican la obra y calcularon un retorno de 3,97 veces sobre una inversión de USD 2.300 millones sin IVA. Entre 2023 y 2026, el estudio estimó una sustitución de 6.700 millones de metros cúbicos de gas natural licuado importado por barco, con un ahorro de USD 3.474 millones. También contabilizó menores compras de gasoil para Cammesa por 3.500.000 metros cúbicos, equivalentes a USD 2.593 millones. También agregó que se evitaron importaciones de 3.300 millones de metros cúbicos de gas de Bolivia por USD 1.344 millones, de dos millones de toneladas de fueloil por USD 870 millones y de 6.000 gigawatts-hora (GWh) de electricidad desde Brasil y Uruguay por USD 841 millones.
“El Gasoducto Perito Moreno funciona a su máximo rendimiento porque el Presidente Milei terminó lo que el kirchnerismo abandonó y construyó el marco que ellos siempre destruyeron”, dijo en X la Oficial de Respuesta Oficial.
Los petroleros hablan de que a pesar de un boom que es innegable, necesitan inversiones altas en los próximos años. Además de la actividad de petroleras como YPF, PAE, Vista, Pampa Energía, Tecpetrol y otras, están en marcha grandes proyectos de exportación de hidrocarburos, como el oleoducto VMOS, un consorcio de varias compañías que encabeza la petrolera de bandera; y el de Southern Energy (SESA), que comanda PAE, para gas. Ambos conectan Vaca Muerta con el puerto de exportación de Río Negro: son los caños para evacuar el producto del yacimiento estrella.
El sector proyecta, en su escenario más factible, inversiones de casi USD 13.000 millones este año. Con un pico el siguiente de más de USD 21.000 millones
“La madurez de las cuencas convencionales determina la necesidad de conformar un marco regulatorio específico a fin de disminuir las tasas de declinación y, con ello, potenciar el pleno aprovechamiento de los recursos convencionales existentes en nuestro país. Cabe señalar que el sostenimiento de los niveles de actividad en dichas cuencas productivas es central a fin de garantizar el mantenimiento de los niveles de actividad económica en las provincias productoras. A la vez, que dicha producción es esencial para garantizar el suministro de crudo por parte del parque refinador local”, detalló CEPH.
El sector proyecta, en su escenario más factible, inversiones de casi USD 13.000 millones este año, con un pico el siguiente de más de USD 21.000 millones y más de la mitad de esa cifra destinada a la infraestructura. Luego vendrán tres años de unos USD 19.000 cada uno de ellos, y la proyección se ubica entre USD 15.000 millones y 18.000 millones entre 2031 y 2035. Los grandes desembolsos destinados a infraestructura se darán hasta 2030, según estimaron los petroleros, y luego se concentrarán en operaciones de shale, sobre todo shale oil.
“Un sector energético en expansión permitirá reducir aún más el déficit fiscal, disminuir el costo de suministro y conformar una balanza comercial y cambiaria crecientemente superavitaria, brindando las condiciones necesarias para alcanzar un sendero de crecimiento sustentable en el largo plazo”, dijeron los empresarios del sector reunidos en la CEPH.
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ECONOMIA
Los que encanutaron dólares bajo el colchón por 10 años perdieron casi 30% de poder de compra

La inflación no es solo un problema local, sino que, aunque en menor medida, también incide en Estados Unidos. Esto se refleja de manera directa en el menor poder de compra que tiene el dólar, la moneda preferida por los argentinos para ahorrar debido a que siempre se utilizó como resguardo ante la devaluación histórica del peso. En concreto, en las últimas tres décadas su valor neto cayó a la mitad.
«El dólar norteamericano perdió el 53% de su valor (poder adquisitivo) a lo largo de los últimos 30 años. Más vale que saquen esos dólares del colchón y los pongan a trabajar en activos reales«, sentencia Gustavo Neffa, economista y director de Research for Traders (RfT).
Es decir, todo ahorrista que dejó sus billetes estadounidenses «encanutados» durante tres décadas, ahora puede comprar menos de la mitad de los mismos bienes y servicios a los que podía acceder apenas comenzó a ahorrar.
Y con una inflación acumulada en Estados Unidos del 38% en 10 años, «la pérdida de poder adquisitivo en la última década fue de 28%«, acota a iProfesional Isaías Marini, economista de ONE618 (ex Consultatio). Por lo que este experto agrega que, como cualquier moneda, el dólar también pierde poder adquisitivo como consecuencia de la inflación estadounidense.
«De hecho, aun si la inflación se mantuviera exactamente en el objetivo de largo plazo de la Reserva Federal (Fed), en el 2% anual, al cabo de 30 años un dólar habría perdido alrededor del 45% de su capacidad de compra«. A eso se sumaron períodos de mayor inflación, especialmente durante la salida de la pandemia, cuando coincidieron estímulos fiscales y monetarios, restricciones de oferta y aumentos de los precios internacionales de la energía y los alimentos», detalla Marini.
Al respecto, Darío Rossignolo, economista y profesor de Finanzas Públicas de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), suma: «Entiendo que la pérdida del poder adquisitivo del dólar fue mayor en los últimos 50 años con más del 80%. Las razones para esto son varias, todas las cuales llevan a una expansión de la cantidad de dinero comenzando con la eliminación del patrón oro en 1971, lo que introdujo el dinero fiduciario».
Además, indica que la Reserva Federal procura sostener un nivel de inflación que, «si bien es bajo (2% como objetivo), al acumularlo a interés compuesto se conforma una cifra elevada. Esto es para evitar la deflación y sostener el consumo. Las expansiones de la cantidad de dinero en situaciones específicas, como la crisis de las subprime de 2008 o el Covid 2019, sumaron eventos en el mismo sentido. Y, junto con la inflación de los precios de bienes no transables elevaron el nivel general de precios y, con más dinero corriendo sobre la misma cantidad de bienes, el efecto de desvalorización del dólar está claro», finaliza Rossignolo a iProfesional.
En este sentido, Andrés Salinas, economista e investigador de la Universidad de La Matanza (Buenos Aires), coincide: «La razón de esto radica, principalmente, en la política monetaria llevada a cabo por la Fed durante ese periodo que, de forma deliberada, aceptó una inflación moderada como costo de mantener el crecimiento y amortiguar las grandes crisis económicas. En 2008, redujo las tasas casi a cero e inyectó liquidez comprando bonos, algo similar ocurrió en la pandemia, donde también al estímulo monetario para la reactivación lo acompañó un estímulo fiscal».
Por eso, afirma que existe un «trade off entre inflación y crecimiento, el mismo va a depender de la magnitud y profundidad de la política monetaria, como también de la duración de la misma». En los últimos 30 años, en Estados Unidos, el dólar perdió 53% de poder de compra.
¿Por qué el dólar blue y el dólar oficial siguen siendo elegidos por los argentinos?
Ahora bien, la elección de los argentinos de ahorrar en dólares, pese a los datos contundentes que muestran que es un activo que va perdiendo valor mundial por la inflación internacional, se contrarresta en cierta medida por un factor local: la fuerte devaluación que tuvo el peso en las últimas décadas.
Es decir, en el 2001, un dólar valía un peso; en cambio hoy, 25 años después, un dólar equivale a unos $1.500. Por ende, más allá de la pérdida de poder adquisitivo mundial, a nivel doméstico el dólar igual se revalorizó frente a la moneda argentina.
«Si bien el dólar ha experimentado una pérdida de poder adquisitivo histórica debido a una inflación promedio del 3% anual en los últimos 30 años, con una aceleración singular tras la pandemia, en el contexto local argentino sigue funcionando como el activo de resguardo por excelencia. Para la economía familiar, el dólar no debe entenderse como una inversión de renta, sino como un mecanismo de protección indispensable frente a un escenario doméstico marcado por devaluaciones recurrentes, inflación en pesos y constantes restricciones cambiarias y comerciales», resume a iProfesional Federico Zerba, economista y jefe de Economía Sectorial de IES (Instituto De Economía Sectorial).
Por el lado de Salinas, sostiene: «Esto no quiere decir que el dólar sea una mala moneda, sino que perdió poder de compra como muchas otras. Por eso, en Argentina el peso perdió mucho más poder adquisitivo que el dólar, entonces el dólar siempre se consolida como moneda de ahorro para el argentino, mantiene mejor el poder de compra que la moneda doméstica y, diría, cumple un rol de seguro patrimonial más que de inversión en sí».
En tanto, Rossignolo completa: «En Argentina, los efectos inflacionarios son mucho más marcados, ya que el peso se ha desvalorizado en mayor medida, dado que la emisión monetaria fue en la mayoría de los períodos utilizada para financiar el déficit fiscal del gobierno de turno, lo que generó caídas de la demanda de dinero y huida hacia el dólar como refugio de valor, al resultar menos desvalorizado que el propio peso».
A nivel local, este año el dólar apenas sube de precio 1%, mientras que la inflación argentina en los primeros 6 meses del año fue de 16,8%, según los últimos datos del Indec.
Inversiones y alternativas financieras: ¿cómo ganarle a la inflación en dólares?
En la Argentina, el dólar ha funcionado históricamente como una protección frente a la pérdida de valor adquisitivo del peso. Sin embargo, los «dólares en el colchón» no protegen de la inflación internacional. El problema es que existe cierta dificultad de los ahorristas para encontrar otras alternativas de inversión que reemplacen al billete estadounidense.
«Actualmente, los ahorristas cuentan con distintos instrumentos para intentar conservar o incrementar el poder adquisitivo de esos dólares. Entre ellos aparecen:
- Las obligaciones negociables (ON) de empresas
- Los bonos soberanos
- Para horizontes más largos, pueden dolarizarse a través de CEDEARs al apostar por acciones o fondos del exterior
Cada alternativa supone riesgos diferentes, por lo que la elección debe depender del plazo y del perfil de cada inversor», resume Marini.
Sobre este tema, los analistas indican que el dólar billete es muy accesible para todo tipo de perfil de personas, debido a que se puede comprar en determinados canales sin estar bancarizado. Incluso, se transformó en una mejor alternativa que el tradicional «ladrillo».
«Esta preferencia se valida al comparar el dólar con otras alternativas tradicionales de ahorro, como los inmuebles. El valor promedio del metro cuadrado ha caído entre 5% y 10% en comparación con 2018, lo que demuestra que, incluso, la inversión en ´ladrillos´ ha generado pérdidas nominales frente al simple resguardo de billetes físicos en una caja de seguridad. Esto ocurre porque el riesgo soberano y devaluatorio de Argentina termina arrastrando y deprimiendo el valor de casi todos los activos locales», concluye Zerba.
Y finaliza: «Hay una falta de herramientas financieras accesibles para el ciudadano común que permitan mitigar la inflación de la propia divisa norteamericana, como la compra directa de bonos del Tesoro de Estados Unidos. Factores como la informalidad de los fondos, el desconocimiento financiero y las trabas del sistema bancario local impiden que los ahorristas tradicionales accedan a carteras de inversión internacionales», dejándolos expuestos a la pérdida pasiva del poder de compra del dólar frente a bienes transables.
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ECONOMIA
Según un estudio privado, el año próximo el gobierno de Javier Milei podría reducir en casi 10% la deuda con el FMI

El programa financiero presentado por el Ministerio de Economía, que buscó responder a las inquietudes de inversores y tenedores de bonos de la Argentina y allanar el camino para reducir el riesgo país, generó reacciones positivas en el mercado y entre analistas privados, pero también dejó aspectos sin resolver.
Al respecto, un informe de la consultora Quantum señaló que la hoja de ruta presentada por el ministro Luis Caputo presenta ciertas incógnitas para 2027. Por ejemplo, al contabilizar los vencimientos en divisas del año próximo, se omiten USD 5.300 millones en Bopreales, que si bien debe afrontar el Banco Central y no el Tesoro, afectan la ecuación de financiamiento conjunto. Otros aspectos no considerados son posibles contingencias por fallos judiciales adversos y la evolución de la base monetaria y la “esterilización” de los pesos que sea necesario emitir para adquirir los dólares requeridos.
Según el análisis de Quantum, el programa oficial implica que en 2027 el gobierno de Milei reducirá en cerca de 10% el pasivo con el FMI, el mayor acreedor del Estado argentino. La deuda con el FMI, según datos del organismo al 17 de julio, es de 42.252 millones de Derechos Especiales de Giro (DEGs), equivalentes a USD 59.153 millones. El informe anticipa que en 2027 Argentina recibirá un último desembolso de USD 1.700 millones del FMI, pero pagará USD 4.400 millones en concepto de capital y USD 3.100 millones en intereses. Por lo tanto, la diferencia de USD 5.700 millones reducirá en 9,8% el pasivo con el Fondo, del que Argentina es el principal deudor, con el 34% de la cartera.
Con el resto de los organismos internacionales (principalmente Banco Mundial y BID), los vencimientos de capital e intereses suman USD 4.900 millones y la previsión es una reducción neta de USD 700 millones, aunque según Quantum existen mayores posibilidades de ampliar el crédito si la situación financiera lo requiere.
El informe se centra en vencimientos de USD 24.900 millones en divisas para 2027 (equivalentes al 3,5% del PBI), incluidos capital por USD 15.700 millones e intereses por USD 9.200 millones. El análisis excluye las necesidades en pesos, que se asume serán cubiertas con renovaciones en el mercado local. A fines de junio de este año, los vencimientos anuales en pesos ascienden al 12% del PBI.

Respecto a los vencimientos en divisas, Quantum destaca que los datos del programa no contemplan los USD 5.300 millones en Bopreales, responsabilidad del BCRA, que forman parte de las divisas necesarias para cubrir los pagos de 2027. Además, señala la importancia de considerar posibles pagos por sentencias judiciales y el manejo monetario relacionado con la adquisición de divisas.
Quantum destaca como relevante que el gobierno no prevé emitir deuda en el mercado internacional, aspecto que generó debate recientemente.
El informe presenta cinco “consideraciones clave”:
- El Gobierno estima finalizar 2026 con un saldo de caja de USD 3.700 millones, apoyado en acuerdos con acreedores, renovación de repos con bancos por USD 6.000 millones y nuevos préstamos por USD 3.200 millones garantizados por el BID y el Banco Mundial.
- Se emitirían títulos de deuda en moneda extranjera en el mercado local por USD 5.000 millones en 2027 (y USD 6.000 millones en 2026), con la intención de renovar el 100% de los bonos con vencimiento en 2027.
- El Tesoro prevé comprar al BCRA USD 4.900 millones con pesos provenientes del superávit financiero, emisiones de deuda en pesos y transferencias de utilidades del BCRA.
- Respecto al FMI, se afrontarían vencimientos por USD 5.800 millones (USD 7.500 millones en pagos de capital e intereses, menos USD 1.700 millones de desembolsos), reduciendo la exposición al FMI, aunque en menor medida de la deseada.
- Se estiman ingresos por privatizaciones de USD 1.500 millones, a partir de la venta de activos de empresas públicas, principalmente del sector energético, ferroviario y de aguas.
En conclusión, Quantum considera que el programa financiero oficial representa un avance en términos de claridad y si bien persisten dudas estas “se irán resolviendo en la práctica” y el programa “luce factible”. Una de las claves, insiste, será articular el programa monetario y los roles del BCRA y el Tesoro “para garantizar el acceso a las fuentes de financiamiento y avanzar en la estabilización económica”.
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ECONOMIA
Declaraciones juradas: prorrogan la presentación de Ganancias hasta fines de agosto, pero mantienen la fecha de pago

Tras mantener una nueva reunión con contadores, el ministro de Economía, Luis Caputo, resolvió postergar la presentación de las declaraciones juradas del impuesto a las Ganancias a personas humanas correspondientes al período fiscal 2025 hasta el 27 de agosto. Sin embargo, no se modificó la fecha de pago, que continuará siendo el 27 de julio.
Desde la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) confirmaron que “se extiende el vencimiento para la presentación de las declaraciones juradas 2025 del Impuesto a las Ganancias Personas Humanas”.
“La nueva fecha límite será el 27 de agosto de 2026. El ingreso del saldo de la obligación (Pago) se mantiene el 27/07. La medida busca facilitar a los contribuyentes y responsables el cumplimiento de sus obligaciones tributarias”, explicaron desde el organismo recaudador.
Cabe destacar que es la segunda vez que ARCA opta por extender los plazos de presentación de los documentos correspondientes. A fines de mayo, había postergado el envío de los papeles vinculados tanto para Ganancias como para Bienes Personales e Impuesto Cedular.

Esa disposición estableció de manera extraordinaria que el plazo para cumplir con las obligaciones vence el 27 de julio de 2026, tanto para personas humanas como para sucesiones indivisas, abarcando a los inscriptos en el régimen general y a quienes optan por la Declaración Jurada Simplificada. Por otro lado, las declaraciones juradas informativas reguladas por las Resoluciones Generales 2.442 y 4.003 podrán entregarse hasta el 31 de julio de 2026.
Según informó el organismo, la decisión respondió a pedidos realizados por entidades profesionales de ciencias económicas que solicitaron más tiempo para confeccionar correctamente las declaraciones juradas correspondientes al período fiscal 2025.
En el encuentro de esta semana, el tema central fue el proyecto de ley para modificar la Ley de Inocencia Fiscal que el Gobierno enviará a la Cámara de Diputados la semana que viene y el debate sobre el vencimiento de la declaración jurada de Ganancias para personas humanas.
La convocatoria a los contadores se formalizó el martes por la noche, después de que quienes participaron de la primera reunión con el titular del Palacio de Hacienda recibieron la invitación para un nuevo cara a cara. A diferencia de la vez anterior, varios profesionales del sector contable ya habían manifestado públicamente la necesidad de prorrogar el vencimiento del mencionado impuesto.

El funcionamiento de la Ley de Inocencia Fiscal resulta clave para los objetivos del ministro de Economía, algo que se evidenció durante la conferencia de prensa en la que anunció el programa financiero previsto hasta 2027.
“Lo que estamos enviando ahora es una versión mejorada. Nos reunimos con un grupo de contadores que nos brindaron su perspectiva sobre las razones por las cuales la ley no funcionaba como esperábamos. Incorporamos esas correcciones, pero el mandato del Congreso está, ya que la ley original fue aprobada; no veo razones para que no aprueben una versión mejorada”, señaló Caputo.
En paralelo, el titular de la cartera económica también profundizó sobre el objetivo de la iniciativa y la magnitud de los recursos involucrados, que serán claves para la remonetización de la economía.
“La Ley de Inocencia Fiscal es muy importante porque ese ahorro que está debajo de los colchones representa una pérdida de poder de compra para la gente, y al mismo tiempo el país no se beneficia de esos fondos. Ese ahorro debería estar capitalizándose o transformándose en inversión. Los bancos y las ALyCs podrían destinar esos fondos a financiar proyectos de infraestructura y pymes. Es una masa crítica muy importante, porque los números oficiales que maneja el Banco Central indican que hay USD 170.000 millones debajo de los colchones”.
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