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Daniel Melingo: “Digamos que soy una suerte de Charlie Chaplin que canta tangos”

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«En este primer volumen son once artistas que interpretan nuevas versiones de las canciones de mi disco ‘Tangos bajos’», dice sobre su show en el Coliseo, el próximo 21 de septiembre, que incluirá a notorios invitados

El equívoco sigue ahí, por más que Daniel Melingo (Parque Patricios, 22 de octubre de 1957) lo aclare una y otra vez: no es que del rock se pasó al tango. ¡Es al revés! El tango llegó primero, aclara enérgico. “¡Antes que de la cuna! ¡Mi vieja cantaba tangos conmigo en la panza!“, dirá.

Pero el equívoco sigue ahí, y seguirá, sobre todo a los que ya soplaron más de 40 velitas, porque lo disfrutaron/mos demasiado en Los abuelos de la nada, en Los Twist o metiendo su saxo en la banda de Charly García, etapa Piano Bar, por citar tres escalas rockeras ineludibles.

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Hasta que en 1998 irrumple el Melingo tanguero con ese discazo que es Tangos Bajos, un clásico y moderno, que irradia el ayer invocando la guitarra de Edmundo Rivero, y apunta a un mañana que ya es hoy…

Melingo presentó recientemente su nuevo single “José, el cuchiyero”, con la colaboración de Malandro, “un raper de la nueva escena”, atraído por sus líricas que reflejan siempre a los “barrios populares”, su “culto a la amistad” y la empatía con los suyos. El lanzamiento forma parte del álbum Tangos bajos (Rework) —que presentará en el teatro Coliseo el próximo 21 de septiembre— y a la vez parte del Vol 1 de la banda sonora del documental Tangos Bajos, dónde participan grandes artistas. Y para hacer más interesante esta oferta, los sibaritas y amantes del buen beber podrán descorchar un buen Malbec, Tangos bajos, porque ahora Melingo también tiene vino propio. Todo esto y más abarca esta charla…

—El disco que vas a presentar se llama Tangos bajos (Rework), ¿por qué?

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—Primero dejame machetearme con el teléfono, y te canto uno por uno los temas del Volumen 1, que no me quiero olvidar de nadie. Cara A, “Pesar” (con Pity Alvarez), “José, el cuchiyero” (con Malandro), “Ayer” (con Stefanie Ringes), “Narigón” (con Pablo Lescano), “Noche tra” (con Vinicio Capossela) y “Laberinto” (con Andrés Calamaro). Cara B: “La guitarra” (con Fito Páez), “José, el Cuchi” (con Maxi Prietto), “Este cuore” (con Broke Carrey), “Ayer” (con Juli Laso), “Narigón” (con Juliette Noureddine) y “Noche transfigurada” (otra vez con Pity). Ahora sí, ¿cómo era la pregunta?

-¿Por qué lo de Rework?

—Te explico. En este primer volumen son once artistas que interpretan nuevas versiones de esas canciones icónicas de mi disco Tangos bajos. Cosa que en el volumen dos se amplía un poco con otros artistas. En total, participaron casi cuarenta artistas. Y estoy muy feliz de poder presentarlo en el Coliseo acompañado de estos enormes artistas.

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«Pesar», tango de Daniel Melingo cantado por Pity Álvarez

—¿Y cómo fue que se te dio por meterte con los vinos?

—Eso fue una idea de un fan mío de Mendoza, Francisco Evangelista, que es el CEO de CrowdFarming.Wine, vinos del Valle de Uco, Mendoza. Él es un productor de vinos que labura muy artesanalmente, muy cuidado, que es lo que yo hago con la música también. Cuidamos la obra como si fueran nuestros bebés y hubo una simbiosis ahí. Y a la vez, te digo, en mis cincuenta años de trabajar cien por ciento con la música, es el primer emprendimiento extramusical.

—¿Qué variedad hiciste?

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—Es un Malbec 2020 de cosecha pandémica, que agarró muy bien porque se mantuvo un poquito más en la tierra. Es exquisito, estoy muy contento. Encontramos un paralelismo de la cepa del Malbec —que en francés quiere decir mal boca—, una cepa que en Francia se descartó. Pero ocurre que es nuestra cepa emblemática. Te digo esto porque empezamos a encontrar un paralelismo en el tango, que es a lo que me dedico los últimos treinta años y el puente que tiene con Francia, ¿no? La homologación del tanguero al ir a París. Yo laburo hace veinte años en Francia, con sede en París, donde tengo mi orquesta. Encontramos un ida y vuelta que me pareció tan curioso que hasta escribí un ensayo, El vino y la música.

Daniel Melingo
«Es un Malbec 2020 de cosecha pandémica, que agarró muy bien porque se mantuvo un poquito más en la tierra. Es exquisito, estoy muy contento», cuenta sobre el lanzamiento de su propio vino

—Contame del documental…

—Se llama Tangos bajos y el foco es rastrear, justamente, las raíces negras en nuestra música popular. El candombe porteño, por ejemplo, que difiere del candombe uruguayo, el candomblé, es una batida diferente al candombe porteño. Afortunadamente pude filmar testimonios varios de afrodescendientes de la línea colonial, descendientes de esclavos del siglo XVIII: afroargentinos. Hay mucha colonia en Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán y ahí se explica un poco toda la evolución de nuestra música.

—Un gran aporte que refutará esa idea -mal informada- de que en Argentina no había negros; en ese sentido, siempre pensamos en Brasil o Uruguay, ¿no?

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—Sí, porque eso depende según cómo se cuenta la historia…

—Ya lo dijo Lito Nebbia, ¿no?: “Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia”. O sea, el documental se propone rescatar la negritud autóctona, criolla…

—Claro, porque no sólo se esconde la raíz africana, sino la raíz nativa también. Lamentablemente, se impuso la forma absolutista europeizante. Actualmente estamos editando. Además, tuve la ayuda invalorable de grandes amigos míos que son grandes cineastas como Mariano Galperín, Luis Ortega y Lucrecia Martel, entre otros.

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—¿Cuánto llevás embarcado en la grabación y la filmación del documental?

—Cuatro años, aunque ya van siete años que vengo con la orquesta típica, que ya la presenté en varias oportunidades. Son quince músicos, en los cuales hay una formación de orquesta típica de tango —cuatro bandoneones, cuatro violines, contrabajo y piano— y yo la agrando un poco, agregándole el violonchelo y el bouzouki.

—¿Perdón?

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—El bouzouki, lo toca uno de mis colaboradores más cercanos, Juan Ravioli. Es un instrumento griego que descubrí porque yo tengo ancestros griegos. Mi abuelo era de familia griega. Además incorporo la guitarra eléctrica y el serrucho musical, que lo toca Muhammad Habibi, mi otro colaborador estrecho. Digamos que si Juan es mi mano izquierda, Muhammad es mi mano derecha, dos grandes productores, grandes músicos, colaboradores míos desde hace veinte años. Y también está la trompeta, a cargo del maestro Miguel Ángel Tallarita. Todo esto, digamos, conforma toda una gran orquesta tímbrica que nos acompaña.

—O sea, una típica atípica…

—Claro, es de base típica con estos colores, porque hay antecedentes en el tango también, debo decirlo: formaciones con derivados como la orquesta de Aníbal Troilo, con la celesta, el arpa, diferentes instrumentos para darle otra tímbrica. Ese es el camino que voy a trazar en este concierto de presentación.

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—Se ve mucho en las nuevas versiones de Tangos Bajos y también en lo que hiciste en su momento con la nueva “Chalaman”. Sos muy partidario de encontrar nuevos timbres y arreglos en los covers, alejarte del arreglo original, ¿no?

—Es necesario, y es algo que terminé de confirmar después de una larga charla y colaboración autoral con Enrique Cadícamo. El era insistente en las revisiones. Retocar, ¿no? Y es algo que también con Andrés (Calamaro) llegamos a la conclusión de que a veces la canción en el estudio hay que abandonarla porque no se termina nunca, ¿viste? Es como una instancia.

Daniel Melingo
“Cuando la terminamos de grabar, la obra está inconclusa, se termina de anidar en el oído de cada uno que la escucha”, dice

—De hecho, Andrés lo está haciendo cada vez más en sus vivos; un enfoque similar al de Dylan, que de pronto recién cuando llega al estribillo te enterás que lo que está haciendo es “Blowin’ in the Wind”… Tanto, que desde hace tiempo, para mí, en vivo, Dylan no hace temas de Dylan… Dylan hace covers de Dylan, ¿me explico?

—Hay algo muy importante de eso que decís, que es: una vez que se lanza un tema a la industria —y ojo, hay que diferenciar la música y la industria de la música—, porque muchos músicos estamos confundidos con eso. La gente absorbe la primera versión donde conoció la canción y le queda formateado eso. Entonces, el músico que va en una evolución constante, necesita ese quehacer de darle forma. Yo siempre digo: cuando la terminamos de grabar la obra está inconclusa, se termina de anidar en el oído de cada uno que lo escucha.

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—Me hablabas de tu relación con Cadícamo. ¿Con qué otro prócer llegaste a tratar?

—A Cadícamo me acerqué primero porque me llamó la atención su obra. Leí mucho porque él no solo era letrista de tango, era novelista, guionista de cine, ensayista; tengo gran parte de su obra en casa. Y antes de estrenar Tangos bajos llamo por la guía de teléfono -¡mirá qué tiempos!- al doctor Luis Alposta, otro socio autoral mío, que es el vicepresidente de la Academia Lunfardo, una persona muy importante para mí, tanto que es el día de hoy que tenemos una enorme amistad. Creamos una sociedad autoral, tenemos más de cuarenta tangos hechos juntos. Para mí es un prócer, un tipo de cerca de los noventa años ya…

—¿Siguen componiendo?

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—Claro, está bárbaro. Es el poeta lunfardo vivo más importante, así de corta. Al Dr. le debo gran parte de mi conocimiento sobre el tango y de su mano pude entrar a la puerta grande del tango. Ojo, no porque haya un letrero que diga La puerta grande del tango, porque acá nos seguimos peleando en Argentina: ¿qué es tango, qué no es tango, viste? Daría la sensación de que es como venderle cubitos a los esquimales, ¿no? Cuando el tango es tan reconocido, tan definitivo y nos marca en nuestra idiosincrasia. En el resto del mundo el tango es percibido de otra manera que como lo percibimos acá.

—¿De qué manera?

—Claro, porque yo tengo la suerte de estar hace veinticinco años haciendo giras varias veces por año por toda Europa. Solo en Francia actué en cuarenta y cinco ciudades… Y no es que me va a ver solo el gueto de inmigrantes argentinos, sino que penetré —digamos— en el oído de un público local que no entiende lo que yo digo, lo cual me favoreció en desarrollar una gestualidad que antes no tenía: digamos que soy una suerte de Charlie Chaplin que canta tangos.

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Daniel Melingo
“Me siguen asociando al rock, sin embargo ¡ya tengo más años en el tango que en el rock!», enfatiza

Es una necesidad que aprendí justamente tocando para públicos europeos. Y te digo, me sorprendí muchísimo, por ejemplo en Hungría. Toqué en centros culturales enormes como nuestro CCK —ahora malamente llamado Palacio Libertad—; y digo Hungría porque a mí siempre me gustó Béla Bartók, la música húngara, porque tiene esa raíz folclórica que se sigue respetando al día de hoy; un público con gran facilidad rítmica, cosa que en Francia no me pasa. Y aunque no entiendan la letra de los tangos, yo funciono como un médium, digamos.

—O sea, el poder de la música, ¿no? Sonido puro…

—Exacto, lo que nos pasaba de chico con los Beatles, ¿no? Lo que atrae es la música; eso hipnotiza y te lleva a querer saber qué está diciendo esto que me engancha tanto.

—Según leí, también tuviste cercanía con Edmundo Rivero, ¿no?

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—Sí, lo conocí personalmente porque mi padrastro era su mánager personal. Sin dudas, otro de los grandes y un gran guitarrista. Yo iba al Viejo Almacén de chiquito. Me daba un poco de miedo Rivero. Después, de más grande, lo empecé a apreciar.

—Sé que no es una pregunta nueva para vos, pero vos sabés, el público se renueva. Ya son años del Melingo tanguero, sin embargo, para mi generación -lo he comprobado- decís Melingo y antes que nada pensás en Los abuelos…, pensás en Los Twist, en la banda de Charly etapa Piano Bar, o sea, en el Melingo rockero…

—(Se ríe) Te voy a explicar un poco porque no sos la primera persona que me plantea esto, un planteamiento que empezaron a hacerme cuando empecé con el tango hace treinta años o más. Lo curioso es que ¡ya tengo más años en el tango que en el rock! Me siguen diciendo: “¿Por qué te pasaste del rock al tango?” Y yo digo: ¡No me pasé, yo nací en Parque Patricios! Con toda mi familia tanguera, por parte de mi vieja y por parte de mi viejo, abuelo cantante de ópera. O sea, tengo un sincretismo entre el tango y la ópera. Y con mis primos mayores aprendí el rock, esas son mis tres patas. La cuarta pata la creé como una voz propia, digamos.

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Charly Garcia presenta su álbum Piano Bar en Chile acompañado
por Fito Paez (teclados y coros), Pablo Guyot (guitarra), Alfredo Toth
(bajo y coros), Willy Iturri (batería), Daniel Melingo (saxo).

—Más allá de tus orígenes, ¿hubo un click para encarar el sendero tanguero en forma profesional?

—Siempre hay un click… que pertenece un poco a la industria musical. Los músicos somos músicos. La industria musical se va de nuestras manos. Mi primer disco solista es H2 O, producido por Cachorro López, con una intención entre funk y reggae. Era algo que yo venía trabajando hacía más de diez, quince años. Y después de diez años de vivir afuera, vuelvo con una pulsión rumiante con el tango. Y empiezo a hacer canción tras canción tras canción, que serán las canciones de Tangos Bajos.

—¿Que salé en el…?

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—En el ‘98. Ahí rompo el contrato con una multinacional y digo: “Voy a hacer esto”, algo que me sale de las tripas. Yo le hago mucho caso a la intuición; los músicos laburamos mucho con la intuición, con ese ochenta y cinco por ciento de sombra que es el inconsciente.

—¿Cómo sería eso?

—En el inconsciente es donde se genera y se crea todo lo que después nos representa de alguna manera. Es un trabajo intuitivo, más allá de la formación académica que puede tener uno. Yo siempre digo: “La partitura es para estudiar, la música es de oreja”. Porque dicen: “No, este músico lee música, este músico no lee…” No importa, la cuestión es el resultado: qué generás con esa abstracción que es la música.

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—¿Qué está escuchando Melingo?

—De todo.

—¿Qué entra en “de todo”?

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—Todo. También quiero decir algo que es muy importante para mí: el silencio. Yo me nutro muchísimo del silencio. No soy de llegar a casa y poner música. La música la escucho atentamente: la escucho, no la oigo, porque hay una diferencia, ¿viste? Yo, para pensar en música necesito el silencio. Nutrirme de eso para abastecerme. Y cuando quiero escuchar, me siento, no la pongo de fondo; si no me parece como la radio o TN, que lo ponés de fondo. O disfruto el silencio o si voy a escuchar, escucho. Y cuando te decía “de todo”, puedo ir de Bach o Beethoven hasta las últimas tendencias sónicas que pueda haber en esta nueva escena: el trap, el hip hop. Soy muy omnívoro en ese sentido.

—Hablando de tendencias, ¿cuándo ganaban más los músicos, vendiendo CDs o en esta era Spotify?

—Yo puedo decir sacando pecho que hace cincuenta años vivo de la música. “¿Pero cuánto…?» “¿Vivís bien?» Vivo cómodamente, a veces de manera ajustada. Eso es invariable, porque cuando decidimos por la música sabíamos que iba a ser así. Muchas veces me preguntan: “Ey, ¿pero cuánto cobrás por este tema, por el otro?”. Y es algo que nunca lo veo, no lo discrimino. Lo importante es el resultado.

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Siempre digo que no es menor poder vivir dedicándome no solo a la música, ¡sino a la música que quiero hacer! Porque, además, nunca di el brazo a torcer con la industria. Están los que dicen “No, pero a la gente le gusta”. Eso es falso, el músico tiene que escucharse a él mismo, porque la música trasciende la honestidad que debe haber en el artista al hacer este proceso. En definitiva, cuando vos decís: “Como a la gente le gusta eso, voy por ahí”, eso se nota. Tenemos el ejemplo de Bob Dylan: ¿por qué llegó tan lejos? Por la honestidad. Y de ahí, también, el gran título del álbum de mi amigo Andrés (Calamaro), Honestidad brutal.

—Te llevo a un tema que muy actual que genera polémica, que es el uso de la IA para la creación artística, en este caso la música… ¿Te preocupa? ¿Cómo lo ves?

—Mirá, hay algo en la música… volvemos a lo mismo. El espíritu de la música implica algo que la IA no tiene, que es el alma. Y es algo muy importante; que muchas veces está en entre líneas y no nos llama la atención, pero hay algo que es por ahí. Y eso nos diferencia: el espíritu, el alma, la humanidad o como lo quieras llamar.

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—No puedo dejar de preguntarte por lo del Indio Solari. ¿Qué te sugiere semejante muestra de cariño popular?

—Semejante despedida demuestra la importancia que tiene como ser humano, como alma, como espíritu, dentro de nuestro imaginario musical, popular y nacional, ¿no? Yo soy una persona que conocía al Indio, por supuesto, con un cariño especial, porque él venía a mis conciertos de tango desde que comencé con este experimento. Y siempre estaba el Indio.

Leyenda Linyera de Daniel Melingo.

—¿Ah, te fue a ver muchas veces?

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—Sí, y se manifestaba de una manera anónima, pero quería estar ahí. Eso me dio una pauta de la profundidad de la búsqueda del tipo, ¿no? Que nos habla casi desde el más allá, ahora más que nunca, ¿no? Esa búsqueda insaciable para el ser humano, sobre todo conociéndose y haciendo hincapié en el eco interno cuando muchas veces estamos atosigados por el ruido exterior, ¿no? El es un fundamentalista de eso. Semejante expresión de amor popular también expresa lo que estábamos hablando: cómo anida la música en el que escucha, que es tan importante, y cómo cada oyente termina de completar la obra del artista.

—¿Podés nombrar tres, cuatro o cinco discos que llevarías siempre en tu mochila?

—No, porque volveríamos a lo de la industria. Sí te puedo nombrar grandes artistas.

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—A ver…

—Carlos Gardel, el inventor del tango canción: Gardel es un gran médium, un gran chamán… Igor Stravinsky, Béla Bartók y Maurice Ravel, mi trilogía de lo que se conoce como música clásica, sinfónica o erudita, que me marcaron muchísimo. Charles Mingus (a quien vi en vivo), Thelonious Monk y Miles Davis, mi trinidad en el jazz. Y los Beatles.

—¿A qué edad descubrís a los Beatles?

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—Muy tempranito, te diría que ya con siete, ocho años. Recuerdo los primeros singles… Son absolutamente gravitantes, una banda que a medida que la escuchás la seguís redescubriendo y redescubriendo.

—Totalmente, así como señalabas a Gardel como el inventor del tango canción, ellos inventan un sonido dentro del pop y el rock, tanto que pasan a ser un género en sí mismo, ¿no?

—Así es, hay algo que son las capas en la música que se puede atribuir a la profundidad. Con los Beatles pasa eso. Tienen tantas capas de lectura que vos las vas descubriendo en cada escucha.

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Daniel Melingo
“La despedida del Indio Solari demuestra la importancia que tiene como ser humano, como alma, como espíritu, dentro de nuestro imaginario musical, popular y nacional”, dice, sobre la pérdida del líder ricotero

—Especialmente en su etapa del estudio como laboratorio, a partir de Rubber Soul, ¿no? ¿Coincidís con esa teoría que dice que desde que Dylan les convida su primer porro, en septiembre de 1964, nace la psicodelia? Después de eso van a encadenar Rubber Soul, Revolver y Sgt. Pepper’s…

—No, yo no lo diría tan preciso, con tantos datos periodísticos. Te diría que un artista necesita un tiempo de maduración. Y ellos lo ejercitaron a lo largo de toda su trayectoria. Porque el artista, si bien nace, después se va haciendo. Son las dos cuestiones. Es tremenda la obra que crearon en menos de diez años, con una profundidad que teminó impactando en todo el mundo. Con un dato no menor: ¡aún hoy gravitan!

Fotos: Jaime Olivos

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Cómo nació la polémica y estrecha relación entre un súper famoso y el femicida Ricardo Barreda: «Fue el amigo que lo acompañó hasta el final»

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El estreno de la película Barreda, protagonizada por Luis Machín, volvió a traer a la escena la repudiable figura del femicida Ricardo Barreda, uno de los personajes más siniestros de la historia reciente. Pero también refrescó la parte más oscura de un sector de la sociedad: su reivindicación. Porque durante años, insólitamente, muchos no solo han justificado sus crímenes: también lo han enaltecido.

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Incluso, Attaque 77 —el grupo de punk de Villa Ballester, que fue capaz de escribir un reconocimiento al doctor René Favaloro— llegó a dedicarle una canción: Barreda’s Way.

Pues bien, hace unas horas el periodista Federico Fahsbender reveló una historia desconocida. «Barreda tuvo un amigo rockero, un amigo que lo acompañó hasta el final. Su último amigo«, sorprendió, en el streaming de Infobae. Avisando que no revelaría su nombre —la única condición que el músico le exigió para hablarle de este vínculo—, Fahsbender detalló que es «muy conocido, con discos fundamentales y giras en el exterior».

Este músico conoció a Barreda en 2018, cierto día en que —siempre de acuerdo al relato del periodista— «se encuentra con un hombre por San Martín, con olor a croto, mal vestido, que vivía en una pensión de mala muerte». No obstante, no lo reconoció: no supo que se trataba del asesino que había quedado libre tras cumplir su condena por un cuádruple femicidio.

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Como «le da pena» este hombre mayor, entonces «le consigue una mejor habitación en la pensión, le compra una camisa, una colonia, un jabón para que se afeite, y de a poco lo empieza a integrar a su vida». De esta manera, en ese mismo año va a un asado con su banda en Villa Ballester.

Antes de entrar con Barreda, el rockero llamó aparte a sus compañeros: «Muchachos, traje un invitado. Se llama Ricky. Un tipo que ya pagó su condena, por favor no le hagan preguntas, no lo hagan sentir incómodo. Si no lo quieren acá, diganmé y me lo llevo». «No, no, traelo», fue la respuesta a coro de los otros músicos.

Luis Barreda, en la época en que era amigo del famoso rockero. (Archivo)

El asesino se integró al encuentro, ante la mirada de los otros integrantes del grupo, que se preguntaban si efectivamente era él. «Barreda saluda, toma vino, come la picada, cuenta chistes de salón. Después del postre, el rockero se lleva a la Barreda. Y (los músicos) dicen: ‘Era Barreda’».

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Al parecer, cuando el músico «se entera» que aquel hombre era de Barreda, no interrumpe el vínculo: «Ya era su amigo para ese entonces. No le interesaba el morbo de tener un vínculo con un asesino de mujeres, sino que quería demostrar un poquito de caridad«. «Durante dos años construyeron una relación de amistad —concluyó Fashbender—. No lo justifico: para él, era ayudar a un viejo desvalido, que estaba a esto de la indigencia».

LOS CRÍMENES DE BARREDA Y UNA SOCIEDAD PERMISIVA

Ricardo Barreda protagonizó uno de los crímenes más brutales de la historia policial argentina. El 15 de noviembre de 1992 asesinó en La Plata a su esposa, Gladys McDonald; a su suegra, Elena Arreche; y a sus dos hijas, Cecilia y Adriana. Después intentó simular un robo, pero terminó confesando y fue condenado a reclusión perpetua.

Durante años, parte de la sociedad y de los medios convirtió al femicida en una figura casi folclórica, repitiendo sus excusas y banalizando el crimen. Esa mirada desplazó del centro a las cuatro mujeres asesinadas y alimentó una narrativa que hoy resulta inadmisible.

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Luis Machín, como Ricardo Barreda en la película de Amazon.
Luis Machín, como Ricardo Barreda en la película de Amazon.

Ese es justamente el punto que busca revisar Barreda, la película de Prime Video dirigida por Daniela Goggi y protagonizada por Luis Machín, junto a Carla Peterson, Mercedes Morán, Maite Lanata y Margarita Páez. La historia intenta correrse de la versión del asesino y recuperar la identidad de sus víctimas.

Así, la película propone volver sobre el caso desde otra perspectiva: no la del supuesto “hombre maltratado” que Barreda quiso construir durante años, sino la de un hombre condenado por asesinar a cuatro mujeres de su propia familia.

 

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Ricardo Barrera; Película

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Marta Fort presentó a su novio y recibió una romántica propuesta: «Estás esperando un anillo»

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La hija de Ricardo Fort comenzó en junio un vinculos con Juan Manuel Ramírez (Video: Blender at Night-Blender)

Marta Fort y Juan Manuel Ramírez se conocieron de una manera poco convencional: en junio, durante una dinámica en vivo en Blender at Night, el ciclo de José María Listorti, donde la influencer lanzó una búsqueda de candidatos para acompañarla de viaje. Entre los perfiles que aparecieron estaba el del joven uruguayo de 28 años, quien logró captar su atención y conquistó su corazón. La hija de Ricardo Fort tomó la decisión de mantenerlo alejado de los reflectores y, en sus redes sociales, lo mostró tan solo una vez, sin embargo, en el mimso programa en el que lanzó la campaña para concer un novio, se dio un emotivo momento.

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La joven había llegado al ciclo conducido por Listorti para brindar un reportaje, y lo hizo acompañada del joven, que aguardaba fuera del cuadro. El conductor lo notó enseguida y lo invitó a sumarse a la transmisión. “¿Sos vos Juan?”, preguntó al aire, mientras uno de los panelistas aclaraba: “Juan se llama”. Listorti insistió con humor: “Juanma, ¿sos vos?”. El joven confirmó entre risas: “Soy yo, estoy acá”.

Con esa confirmación, el conductor lo presentó ante el estudio: “Señores, Juan Manuel, el novio de Martina”. Ramírez se sumó al panel entre aplausos y saludó al anfitrión, que lo recibió con elogios: “Qué lindo pibe”, “Cuánta facha que tenés”, “Estás impecable”.

La joven modelo compartió por primera vez una foto de Juan Manuel, quien la conquistó en el «casting» de Blender (Instagram)

Una vez en el panel, José María buscó reconstruir la cronología del vínculo y preguntó cuándo habían empezado a salir. “¿Tienen la fecha, digamos, de aniversario, cuál sería?”, quiso saber el conductor. Ramírez respondió de manera imprecisa: “De cuando arrancaron”, y otro de los presentes aportó una referencia aproximada: “En algún momento de junio”.

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La falta de precisión llevó a Listorti a preguntar directamente si ya eran novios. La respuesta los sorprendió: “Nos estamos conociendo, todavía no somos novios”. Ramírez completó esa definición con una frase que generó aplausos: “Todavía no, pero la respeto como si fuera”. “Trámite largo, eh”, agregó entre risas, y el conductor coincidió: “Claro, trámite largo”.

Listorti insistió en encontrar al menos una fecha simbólica. “¿Hay una fecha del primer beso? Tiene que haber una fecha”, planteó. Ramírez sugirió revisar el historial de mensajes para precisarlo y uno de los presentes ofreció una referencia geográfica: “Habrá sido, no sé, la semana y pico de que yo llegué a París”.

El conductor entonces llevó la conversación a un plano hipotético: “Vos suponete que el día de mañana se casan, tienen hijos. ¿Cuál va a ser la fecha de aniversario?”. La respuesta anticipó lo que vendría: “Cuando nos pongamos de novios”.

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En junio pasado, Marta Fort vio diferentes candidatos como próxima pareja y el perfil de Juan Manuel Ramírez captó su atención (Blender at Night – Blender)

Listorti fue más directo: “¿Qué falta para que sean novios en serio? ¿Qué falta?”. “La propuesta, la propuesta”, respondieron desde la mesa. Ramírez interpretó el comentario con humor: “Ah, estás esperando un anillo”. El conductor preguntó si se trataba de un anillo de compromiso, y el joven confirmó: “El compromiso”. Desde la mesa aclararon que ese paso aún no había llegado.

Listorti no dejó pasar el momento: “Hoy es el día, hoy es el día”. Ramírez asumió el desafío: “Lo tengo que proponer”. Tomó un micrófono, miró a la heredera chocolatera frente al público y lanzó la pregunta: “¿Querés ser mi novia?”. Sin vacilar, la influencer contestó: “Sí, quiero”, y selló la confirmación con un abrazo y un beso en vivo, ante los aplausos del estudio.

El momento quedó registrado en el streaming y rápidamente se viralizó en redes sociales. Así, el mismo programa que en junio sirvió de escenario para que Marta Fort lanzara su búsqueda de pareja fue también el testigo de su oficialización: tres meses después, y ante los mismos panelistas, la hija de Ricardo Fort y el uruguayo Juan Manuel Ramírez cerraron el círculo con un beso en vivo.

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Marta Fort,Pareja,Bulldog francés

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Dejó el marketing para ser famoso, Susana Giménez se fijó en él, y ahora se sometió a un cambio radical para cumplir su sueño: «Llevé mis límites a otro nivel»

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Antes de que Lisandro Navarro entrara a Gran Hermano, su vida transcurría bastante lejos de los flashes. Llevaba más de una década como asesor financiero y había estudiado Marketing en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales. Pero desde su presentación en la Casa más famosa del país dejó en claro que buscaba un «cambio radical». ¡Y vaya si lo consiguió!

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El reality lo convirtió en Licha, uno de los hombres más comentados de aquella edición (la del 2023), tanto por su carácter y sus enfrentamientos con Furia Scaglione como por un físico que ya entonces llamaba la atención. Cuando quedó eliminado entendió rápidamente que había una oportunidad afuera: comenzó a hacer modelaje, campañas y trabajos vinculados a su imagen, al tiempo que hacía crecer una comunidad de cientos de miles de seguidores.

El salto más inesperado llegó meses después, cuando Susana Giménez lo eligió como uno de sus Susanos para su regreso a Telefe. Más adelante Licha se animó todavía un poco más y se incorporó a Sex, la obra de José María Muscari, donde el cuerpo volvió a convertirse en una de sus principales herramientas de trabajo.

LA TRANSFORMACIÓN DE LICHA NAVARRO PARA CONVERTIRSE EN FISICOCULTURISTA

Ahora Navarro decidió llevar esa obsesión por el entrenamiento muchísimo más lejos. Durante varios meses modificó su alimentación, intensificó sus rutinas y preparó su cuerpo específicamente para participar de los Ultimate Fitness Awards (UFA), un evento argentino que combina fisicoculturismo, deporte y creadores de contenido vinculados al mundo fitness.

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El resultado sorprendió incluso a quienes estaban acostumbrados a verlo entrenado. Marcación extrema, abdominales definidos y un porcentaje de grasa mucho menor fueron parte de la transformación con la que finalmente se subió por primera vez a un escenario de fisicoculturismo. Aunque no ganó la competencia, el ex GH celebró haber llegado hasta allí después de un proceso que describió como mucho más duro de lo que imaginaba.

«Los que me conocen saben cuánto amo el deporte. No importa cuál sea la disciplina: me apasiona ponerme a prueba, encontrar nuevos límites y descubrir hasta dónde puedo llegar cuando realmente me comprometo con algo. Y esta vez fue eso llevado a otro nivel«, contó al mostrar las imágenes de su debut.

Licha Navarro, en plena competencia. (Instagram)
Licha Navarro. (Instagram)
Licha llega al verano sin problemas. (Instagram)
Licha Navarro. (Instagram)
Licha Navarro y los resultados de meses de riguroso entrenamiento y cuidado extremo. (Instagram)

Pero detrás de las fotos hubo bastante menos glamour. Licha habló de meses de entrenamiento, disciplina, dieta, cansancio, hambre y desgaste mental, y reconoció que el proceso lo obligó a convivir con inseguridades y a exigirse incluso cuando su cabeza ya empezaba a pesar más que el propio cuerpo. La experiencia —aseguró— también le cambió la mirada sobre quienes se dedican profesionalmente a esta disciplina.

Así, aquel asesor financiero de Lomas de Zamora que entró a Gran Hermano buscando modificar su vida profesional lleva ya varias reinvenciones: reality, modelaje, Susana Giménez, teatro y ahora fisicoculturismo. De novio con la nutricionista Milagros Leveratto, si algo parece haber aprendido Licha desde que cambió las oficinas por las cámaras es precisamente eso: cuando encuentra un nuevo desafío, intenta llevarlo —como él mismo dice— «a otro nivel».

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Licha Navarro; Gran Hermano

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