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CHIMENTOS

Darío Barassi tuvo un llamativo percance en vivo y debió abandonar su programa para cambiarse: “El operativo secarme”

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El conductor de Ahora Caigo tuvo que abandonar el estudio en medio del programa

Desde vergonzosos momentos a llamativas respuestas, Darío Barassi vive todo tipo de situaciones al aire de Ahora Caigo. Incluso, el conductor ha llegado a contar detalles de su intimidad junto a esposa. Así las cosas, este jueves, la figura de la tele vivió otra peculiar situación cuando sufrió un percance en vivo y debió abandonar temporalmente su programa para cambiarse.

Empieza el operativo secar a Barassi. Trabajemos en equipo. ¿Qué tenés?», comenzó diciendo el conductor mientras abandonaba el centro del estudio para reunirse con su compañera productora. Atenta a la dinámica, Luli Latorre reconoció que no contaba con los elemento ideales y le dijo: “Pará, traje una toalla muy chiquitita, pero bueno. Vamos a intentarlo”.

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Fiel a su estilo, Barassi no pudo ocultar su sorpresa y lanzó con cierto fastidio: “¿Esta toalla trajiste para secarme, Luli?”. Con la idea de seguir adelante, y resolver el problema de la transpiración lo más rápido posible, continuó preguntándole a su compañera: “Bueno, tenemos remera. ¿Qué más? ¿Dónde está Tato? Tato. Que aparezca, chicos. Bueno, yo empiezo a cambiarme esto. Vamos acá. Chicos, ¿qué? Pero ¿se me escucha mientras me cambio?”.

Mientras el divertido diálogo continuaba Darío aclaró que no quería que el público supiera todo lo que pasaba, ya que no podría quitarse el micrófono en el proceso: “Pero no quiero que la gente sepa. No, estoy re chivado. No, que no se vea, Luli”. Ya detrás de cámara, la productora lanzó un comentario de la camisa que el conductor se estaba sacando y de su estado físico: “Ay, lo que chorrea esto. Los abdominales que tenés, lo bien que te está haciendo el entrenamiento”.

El conductor bromeó con la situación y dio detalles de cómo fue ese momento que terminó resolviendo Lucía Gómez Centurión

Cuando todo ya había pasado, Barassi se dirigió nuevamente al estudio y lanzó una advertencia para el público, el cual lo ayudaría a disimular la situación y la incomodidad en televisión: “Dame la toalla. Bueno, ahora vuelvo como si nada, todos me aplauden como ‘qué lindo es ser gordo’. ¿Okey? Estamos listos. Tres, dos, uno. Qué calor”.

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Días atrás, en otro programa, Darío sorprendió al contar, con tono humorístico, cómo un momento de intimidad con su esposa, Lucía Gómez Centurión, terminó convirtiéndose en un episodio tan accidental como memorable.

La situación se desencadenó cuando una participante debía responder cuál es el animal que más muertes causa. Tras acertar con “mosquito”, el conductor se dirigió a su productora: “Luli, vos sos medio mosquito”. Ella respondió: “Y vos sos un moscardón, es más pesado, molesta más que el mosquito”.

A partir de ese intercambio, Barassi relató una experiencia personal: contó que, durante una estadía en el campo junto a su esposa, ingresó desnudo al baño para ducharse y encontró una abeja en el suelo. Pensó que estaba muerta, intentó apartarla con el pie y recibió una picadura.

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La insólita reacción de Darío Barassi tras sufrir un accidente de vestuario en pleno programa

El incidente requirió la intervención del personal y los dueños del lugar, además de la llegada de una ambulancia para administrarle corticoides, lo que transformó una velada especial en un episodio inesperado. “Soy alérgico a muchas cosas, así que terminé desnudo en el piso, la ducha abierta y gritando. Mi esposa, cansada, me preguntó qué quería. Yo: desnudo, la lluvia, la abeja y yo”.

“La noche que parecía romántica terminó con los dueños del hotel y una ambulancia dándome corticoides por una picadura. Así es la vida en pareja”, agregó entre risas durante el programa.

Barassi suele compartir este tipo de vivencias personales en pantalla, combinando sinceridad y un estilo de humor distintivo.

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En otra ocasión, narró cómo su esposa Luli lo ayudó con un inconveniente embarazoso: “Muy generosa, mi mujer procedió a hacer la extirpación del objeto. Pobre, la verdad. Igual yo tengo muy buena cola”.

Barassi suele sumar detalles llamativos a sus historias. Bromeó: “Y aparte con los pelos me escribí Luli”, manteniendo un clima distendido en el estudio. Tampoco duda en abordar temas delicados o íntimos para hacer reír a todos.

Durante una conversación en el programa, cuando un concursante mencionó que se depilaba, Barassi compartió: “Acudo a profesionales para quitarme el vello… también me hago depilación definitiva en la espalda”.

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CHIMENTOS

Tamara Meschller, la violinista que brilló con Milo J en el Tiny Desk: “Toda mi formación se la debo a la educación pública”

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Oriunda de Rafaela, Santa Fe, la multinstrumentista se volvió viral al tocar cuatro instrumentos en los famosos recitales de la NPR Music (Video: Tiny Desk/ NPC Music)

—¿Cómo comenzó tu pasión por la música?

—Yo soy folclorista hace veintidós años.

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—¿Cuántos años tenés?

—Tengo veintiocho.

Cuando el Tiny Desk de Milo J desplegó una ráfaga de argentinidad a la National Public Radio de Washington hace mas de siete días, el país celebró la llegada de un artista que llevaba a los ojos del mundo elementos de nuestra cultura. El Martín Fierro, Mercedes Sosa, el “Nunca Más”, las Islas Malvinas. Nuestros ritmos. Dentro de los talentosos músicos que acompañaban al artista, Tamara Meschller se robó los corazones de la audiencia tocando cuatro instrumentos en una sesión de 16 minutos. “Yo quiero que hablemos más de esta reina porque es tremenda artista”, expresó una usuaria de X, hechizada por su actuación, poco después del lanzamiento.

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Las mas de 5 millones de visualizaciones que viene recibiendo el video de la “oficinita” de Milo (hasta el momento), para la multinstrumentista se traducen en una avalancha de mensajes y demostraciones de afecto cada vez que abre el teléfono. “Es una locura lo que pasó. Es hermoso el cariño de la gente y los mensajes son muy lindos. Muchos seguidores nuevos también en mis redes, gente que me está conociendo por esto. La verdad que me da mucho orgullo. Así que estoy muy feliz» , repite a Teleshow la violinista nacida en Rafaela, Santa Fe, directora de orquesta y hoy un eslabón de ese fenómeno distinto que es Milo J, mientras navega días de visibilidad internacional.

Milo J y Tamara Meschller en el Tiny Desk, el espacio que se volvió una plataforma mundial de artistas internacionales
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«Estudié toda la vida en esa escuela municipal de mi ciudad Rafaela, Santa Fe. Estudié violín y flauta traversa de una manera más académica», menciona la artista (Instagram/ Agueda Galeano)

En un momento de descanso luego de un showcase privado en Miami, antes de aterrizar en Paraguay y en el Estadio Nacional de Chile durante mayo, entre horas de ensayos, aviones y gira, la artista recuerda al teléfono los fines de semana acompañando a su padre músico desde muy temprana edad, su formación musical luego de asistir al colegio y la concreción de una meta como directora de orquesta por la Universidad Nacional del Litoral. “Me parece reimportante que le demos ese valor que tenemos en Argentina de la educación pública, porque a mí me abrió muchísimas puertas”, dice.

En la charla aparecerá su compromiso para que mayor cantidad de mujeres tengan visibilidad en el mundo de la música; la tormenta de nieve que postergó su primer intento para conquistar el escritorio del NPR Music que pisaron desde Dua Lipa, Coldplay y Adele a Ca7riel & Paco Amoroso, Natalia Lafourcade y Bad Bunny; el valor de las orquestas-escuela; la reivindicación de la “Argentina marrón” frente al “porteñocentrismo” y cómo ya tachó varios sueños cumplidos, pero uno solo la entusiasma por demás y la conmueve. “Mi hija te vio y la anoté en la escuela de música de mi pueblo”, cuenta, sobre esos mensajes que le llegan como simientes.

tamara meschller tiny desk milo j
Meschller desplegó su talento en el Tiny Desk con el violín, flauta traversa, pinkullo y siku. También toca piano, quena y canta (YouTube/ Tiny Desk- Milo J)
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Tamara en ¡FAlklore!, la iniciativa ideada por Milo J junto a Mex Urtizberea (Instagram/ Paul Delon)

—El resultado final del Tiny Desk con Milo J está a la vista y es hermoso. ¿Tuvieron algunos inconveniente antes de grabarlo?

—Fue un proceso largo. Pensamos varias veces que se iba a hacer y se suspendía por diferentes cosas. Una tormenta de nieve nos pasó en enero, que estábamos por ir a Estados Unidos y no pudimos llegar. Ya estábamos a mitad de viaje y se suspendió por una tormenta que tenían ahí, así que se pospuso hasta ahora y lo pudimos hacer recién en marzo. Fue de mucha satisfacción y alivio que saliera todo bien. Lo recontra disfrutamos.

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—Sos multinstrumentista y te volviste muy viral porque tocás violín, flauta y algunas cosas más en la presentación junto a Milo. ¿Cuántos instrumentos tocás?

Hicimos violín, flauta traversa, pinkullo y siku. Agregamos para la canción de Milo “Solifican12″ los vientos andinos. Eso tuvo una repercusión espectacular. Es algo que estamos haciendo en todos los shows y, si bien yo sé que a la gente le gusta, no me esperaba que llame tanto la atención. Es hermoso todo lo que puedo decir de este momento de visibilidad. También canto, toco algo de piano por mi formación. En realidad soy directora de orquestas. Estudié en la Universidad Nacional del Litoral, estudié dirección orquestal, así que en realidad mi profesión es esa. Toda la vida estudié instrumentos. Me gusta incursionar en cosas nuevas. Faltó la quena también, quena también toco. Pero no mucho más, lo otro no lo hago de manera tan profesional.

La multinstrumentista nacida en Rafaela, Santa Fe, tiene un largo recorrido que une la música académica, las peñas y ahora, su arribo al Tiny Desk
(Video: Instagram)
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—Contame cómo fueron tus primeros pasos en la música.

—Nací con el folclore en mi familia, mi papá es músico. A los seis años me subí con él al escenario, y él me acompañó toda la carrera. En ese momento y a esa edad le expresé el deseo de saber música y de querer estudiarla. En mi ciudad, que es Rafaela, Santa Fe, hay una escuela municipal de música que tiene una formación espectacular. Es como un terciario que hacés mientras cursás la primaria y la secundaria. Es una tecnicatura.

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La artista junto a su padre. «Nací con el folclore en mi familia, mi papá es músico. A los seis años me subí con él al escenario, y él me acompañó toda la carrera», destacó

—¿Qué recuerdos tenés de esos años de formación?

Estudié toda la vida en esa escuela, estudié violín y flauta traversa de una manera más académica, si se quiere. Después estudié Dirección Orquestal y me fui a vivir a Buenos Aires, pero siempre con el folclore. Toda la vida toqué folclore en la banda de mi papá primero y después acompañando a otros artistas. Ese lugar a mí me hace muy feliz. En este caso con Milo, me da muchísimo orgullo estar junto a un artista tan joven y tan talentoso. Por la diferencia de edad que tenemos, yo lo veo triunfar y me emociona estar en el lugar de música de él, ahí a un costadito, viéndolo brillar.

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—¿Qué valor le das a la educación pública?

—Toda mi formación, los colegios primario y secundario, la tecnicatura que hice en la Escuela Municipal de Música, mi licenciatura, todo lo hice en la educación pública. Para mí, que soy hija de un músico que además trabajaba en una fábrica de obrero metalúrgico, no hubiera sido posible de otra manera. Me parece reimportante que le demos ese valor que tenemos en Argentina de la educación pública, porque a mí me abrió muchísimas puertas. Estoy más que agradecida.

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La multinstrumentista posando junto al cantante, su banda y los integrantes de Agarrate Catalina en Tiny Desk
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Al violín, en su Rafaela natal (Instagram/ Loreley.fotografia)

—Muchas orquestas en los barrios sirven como lugares de contención social.

—Hay unos programas de orquestas-escuelas que son maravillosos y muy valiosos para la cultura de nuestro país. Hay muchos instrumentistas que incluso hoy llegan al Teatro Colón y a lugares así, que estudiaron y se formaron en orquestas-escuela. Es una locura sacar presupuesto a eso.

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—¿Qué pensás sobre la presencia de mujeres en escenarios populares?

No es fácil ver mujeres violinistas en estos escenarios. Hace falta todavía más. Tuvimos que hacer una ley de cupo para que haya mujeres arriba de los escenarios. Es una deuda que evidentemente no está saldada. Por más mujeres en los escenarios y que ojalá mas chicas y también chicos quieran aprender instrumentos, que es maravilloso.

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Tamara Meschller como directora orquestal en el Concierto del Ensamble de Mujeres y Disidencias en 2022 (Instagram/ Agustina Díaz)
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«Tuvimos que hacer una ley de cupo para que haya mujeres arriba de los escenarios. Es una deuda que evidentemente no está saldada», señala la artista de 28 años

—La vida era más corta, el último álbum de Milo J del que formás parte, está dedicado a la “Argentina marrón”. ¿Qué reflexión te genera?

—Me sumo a su mensaje porque me parece muy importante, como provinciana también, que salgamos un poco de la esfera del “porteñocentrismo”. Me alegra mucho su mensaje y lo apoyo. Nosotros tenemos un país muy amplio, muy diverso, y tenemos que estar todos.

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—¿Cuáles son tus expectativas para lo que viene?

—No tengo ni idea de qué puede llegar a pasar. La cantidad de información es tanta. Hace muy poquito, hace como dos semanas atrás, hicimos un estadio en Perú que estuvo repleto. Eso es increíble. Un artista tan joven argentino que agote un estadio en diez horas… es mucha información. Terminamos de hacer semejante cosa y salió el Tiny Desk. Hay una vorágine por el arte de Milo que es espectacular. Tratamos de estar lo más preparados físicamente y mentalmente para acompañar este momento de él. La expectativa es poder seguir acompañándolo y veremos qué pasa. Con mucha alegría todo.

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Tamara Meschller con Milo J en el cierre del Festival de Cosquín 2026. «Toda mi vida, desde chica, soñé con tocar ahí en el Festival de Folklore. Ese era mi sueño máximo y lo cumplí» (Instagram/ Agustina Luz Mael)

—¿Tenés algún gran deseo pendiente en lo profesional?

—De chica y toda mi vida soñé con tocar en Cosquín, en el Festival de Folclore. Ese era mi sueño máximo y lo cumplí. Dije: bueno, ¿y ahora qué más? Me parecía que era muy joven para ya no tener sueños. Había cumplido el de toda mi vida y dije: “bueno, ahora quiero tener un sueño más”. “Algún día quizá me encantaría tocar en un estadio”, dije, y a los meses lo cumplí con Milo cuando hicimos dos estadios Vélez, lo cual fue una locura también. Quizá lo próximo, qué sé yo, un estadio como River, que es una cosa muy enorme. Pero estoy tan contenta en este momento, tan feliz y disfrutando todo esto que trato de no pensarlo demasiado en esos términos. Siento que estoy viviendo un sueño todos los días.

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—¿Qué le decís a quiénes quieren elegir la música como su camino?

—Hay que estar preparados. A veces las oportunidades te llegan y a veces todo te desmotiva. Es un camino muy difícil, muy sacrificado el del músico. Pasamos por muchas cosas, pero debemos estar listos. O sea, hacer todo lo mejor de uno para que si se da algo así, poder ser parte y poder aprovecharlo. Mi consejo es que estudien música. Estoy a disposición para ayudar a quien lo necesite, para tomar clases o lo que sea. Y si se arma una comunidad de violinistas mujeres, me voy a poner muy feliz.

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CHIMENTOS

«Llegué a pensar en…»: Ian Lucas habló del infierno que vivió tras su vínculo con Evangelina Anderson

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Ian Lucas decidió romper el silencio y hablar a fondo sobre uno de los capítulos más intensos y polémicos de su vida mediática. En una entrevista íntima con Luis Ventura para Secretos Verdaderos, el influencer se sinceró sobre cómo lo afectó toda la exposición que generó su cercanía con Evangelina Anderson durante y después de MasterChef Celebrity.

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Aunque evitó entrar en escándalos directos, dejó frases contundentes sobre el desgaste emocional que vivió en aquel momento y reconoció que hubo días en los que sintió que no podía más. “Llegué a pensar en renunciar, en tirar la toalla”, confesó Ian al recordar la presión que comenzó a sentir mientras el tema explotaba en programas, redes sociales y portales de espectáculos.

Todo comenzó durante su paso por MasterChef Celebrity, donde logró consolidarse como una de las grandes revelaciones del certamen. Además de destacarse en la cocina, Ian construyó vínculos muy cercanos con varios participantes. Sin embargo, la relación que más llamó la atención fue la que mantuvo con Evangelina.

La química entre ambos rápidamente generó rumores y especulaciones. Con el tiempo, empezaron a mostrarse juntos también fuera del programa y el vínculo quedó bajo la lupa mediática. Pero lejos de convertirse en una historia tranquila, la situación terminó explotando públicamente.

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Mientras Ian sostenía que lo vivido era genuino y real, Evangelina tomó distancia y dejó entrever otra postura sobre el tema, situación que derivó en tensiones y fuertes repercusiones en redes. Ahora, meses después, el influencer habló del impacto que tuvo semejante nivel de exposición sobre su salud emocional. “Me estaba haciendo mal el afuera”, reconoció durante la entrevista.

Según explicó, entrar a un ambiente completamente distinto al de las plataformas digitales fue mucho más difícil de lo que imaginaba. “Soy muy transparente y se me nota todo. Entré en un ambiente que no era el mío y sentí prejuicios desde el principio”, expresó.

En medio de esa crisis emocional, Ian aseguró que el apoyo de su familia fue fundamental para no abandonar el programa. “Por suerte estuvieron todos atrás mío. Mi familia, mi equipo de trabajo… sentía que me iba”, relató. A pesar del mal momento, también eligió recordar algunas cosas positivas de la experiencia y sorprendió al hablar sin resentimiento sobre Evangelina Anderson.

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“Ella es muy buena persona”, afirmó, dejando en claro que no guarda rencor por lo ocurrido. Además, reflexionó sobre cómo cambió todo cuando la historia salió del ámbito privado y pasó a convertirse en tema de debate público. “Adentro fue una cosa y afuera se empezó a opinar muchísimo”, explicó.

Ian también remarcó que jamás utilizó la situación para obtener visibilidad o generar repercusión mediática. “De mi parte nunca salió nada. Nunca subí nada ni expuse nada”, sostuvo con firmeza. Con estas declaraciones, el influencer dejó ver un costado mucho más vulnerable. Y aunque hoy asegura sentirse más fortalecido, dejó claro que hubo momentos en los que la presión mediática casi lo supera por completo.

 

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Ian Lucas, Evangelina Anderson

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CHIMENTOS

Enrique Bunbury, el regreso a la Argentina y una nueva mutación: “El arte es un refugio infinito ante la desgracia”

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El ex cantante de Héroes del Silencio regresa al país con nuevas canciones y un espectáculo que resume su trayectoria

Desde que puso un pie por primera vez en América Latina, Enrique Bunbury sintió la fascinación por los sonidos de la tierra. Fue un amor a primera escucha, de la Antártida hasta el río Bravo y del Atlántico al Pacífico. Pero eran los tiempos salvajes y rockeros de Héroes del Silencio, de guitarras enigmáticas y ese sonido postpunk que no le dejaba demasiado espacio. Todo se decantó en menos tiempo de lo que esperaba. El grupo se disolvió a partir de una interna insalvable y casi al mismo tiempo empezaba su recorrido solista. Y allá estaban los sonidos de América Latina toda, esperándolo para que experimentara con ellos.

Una vez que se sacudió la coraza de la ortodoxia rockera, Bunbury se dejó llevar con esos impulsos que aparecieron con fuerza definitiva en el revelador trabajo El viaje a ninguna parte (2004). Ese espíritu de jinete sin patria ni bandera que asumió para su camino solista supo abrevar de rancheras, cumbias y boleros, entre otros estilos. Fue un avance firme pero sigiloso, respetuoso de las formas, como quien transita un campo minado dispuesto a tomar los riesgos. Así surgió un disco de versiones, Licenciado Cantinas (2011), alter ego de un pasado sinuoso y un homenaje a los grandes autores de Latinoamérica. Pero tuvieron que pasar casi 15 años para que se sentara de puño, guitarra y letra para cantar su propia historia de la región.

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“No sé por qué sucedió ahora”, le dice con brutal honestidad Enrique Bunbury a Teleshow desde Los Ángeles, su residencia en gran parte del año. La referencia es para Cuentas pendientes (2025) y De un siglo anterior (2026), dos trabajos que el zaragozano ha definido como “primos hermanos” a partir de sus similitudes. Son canciones propias -con una ilustre excepción- compuestas por Bunbury y ejecutada por músicos latinos en un estudio en México.

Un ejercicio casi inédito para alguien que supo formar grandes bandas de acompañamiento, tanto con Los Santos Inocentes como con El Huracán Ambulante. Un mix de estas formaciones lo acompaña en la gira Nuevas Mutaciones con parada obligada en Buenos Aires el 4 de noviembre en el Movistar Arena. “Me faltaba hacer un disco como este, que al final terminaron siendo dos, que miran a la canción popular y a la música de raíz, antes de moverme en otras direcciones”, confiesa un artista siempre en movimiento que ya empieza a vislumbrar ese nuevo horizonte que anticipa como un giro de 180 grados: “Vuelvo a enchufar la guitarra eléctrica y me voy a ir hacia otros sonidos”.

—Supongo que las cuentas pendientes no se terminarán nunca. ¿Son muchas en tu caso? ¿Cómo es tu relación con ellas?

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—Ojalá tengas razón y queden muchas, o por lo menos algunas, porque uno va encontrándose con un pasado que cada vez es más amplio, en el que hay más discos, y claramente me quedan menos discos por delante que por detrás. Entonces, tener proyectos, tener ilusiones, mantener la capacidad de sorpresa me parece imprescindible para seguir creativamente activo. Yo lucho por no ser lo que llaman ahora un legacy act: un artista que se sube al escenario a interpretar los éxitos de otra época y que ya no saca discos. Siempre me interesa más el futuro que el pasado.

—Sin embargo, desde el título y ciertas frases, en De un siglo anterior asoma cierta nostalgia por ese tiempo pasado, que muchas veces estamos tentados a considerarlo como un tiempo mejor. ¿Sos un hombre nostálgico?

—Yo no soy nostálgico de los tiempos que he vivido. No soy nostálgico de los 90, ni de los 80. Pero sí soy nostálgico de épocas que no he vivido: me hubiera gustado vivir en los años 20 del siglo pasado o hacer una visita rápida a la Edad Media. No sé si se puede decir que eso sea nostalgia, porque ser nostálgico de la Edad Media quizás sea un poco raro (risas). Me interesa más lo desconocido que lo que ya he conocido. Y también tengo mucho interés por hacia dónde vamos. Yo no soy nada apocalíptico. Cuando veo a toda esta gente que dice que el mundo va a reventar un día de estos, siempre pienso que si eso va a suceder, al menos quiero un buen asiento para verlo y disfrutar el apocalipsis.

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En uno de los cortes de difusión de su último disco, el español ofrece una mirada optimista de los tiempos que corren

—En este sentido parece haber un equilibrio en las letras del disco, entre el optimismo de “Un brindis al sol”, con esa premisa de ver el vaso medio lleno, y cierta alarma por este presente disparatado, de vulgaridad y economía de la atención ¿Te sale naturalmente el optimismo o tenés que ir a buscarlo?

—Hay que forzar el optimismo, y creo que hay muchos motivos para ser optimistas. En realidad, la mayor parte de las situaciones trágicas con las que nos enfrentamos provienen de leer los medios de comunicación y de atender demasiado a lo que nuestros gobernantes nos preparan. Yo siempre pienso que el enemigo nunca está a mi izquierda ni a mi derecha: el enemigo siempre está arriba. Son los gobernantes, los partidos políticos que se dedican a partirnos, a dividirnos, y las instituciones supranacionales. Pero por lo demás, creo que tenemos múltiples motivos de alegría si miramos a la gente a nuestro alrededor, a nuestras familias, a nuestros seres queridos, a las cosas que nos emocionan, que en mi caso es el arte, la música, la literatura, el cine. Ahí encuentro un refugio infinito ante cualquier tipo de desgracia.

—Cómo fue la experiencia de grabar con músicos que no conocías?

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—Mis demos por lo general son bastante avanzados: hay una instrumentación completa de guitarras, bajos, percusión, teclados, batería. Eso es lo que llevo al estudio, pero a la vez les pido a los músicos que se abstraigan muchas veces de lo que yo he hecho para encontrarle a la canción nuevos lugares interesantes. Que se olviden del bajo que yo grabé para que el contrabajista sea absolutamente libre. A veces toman algo que yo hice, a veces no. Dejarles esa libertad nos lleva a encontrar nuevos lugares y a conseguir un mejor vestido para la canción.

Enrique Bunbury explora la música latinoamericana en sus discos ‘Cuentas pendientes’ y ‘De un siglo anterior’, grabados con músicos en México (Gentileza Prensa – José Girl)

—Hay dos guiños muy especiales hacia Argentina en el disco. Nos diste el honor de que el único cover sea un estándar de nuestro folclore, “Zamba para olvidar”. ¿Por qué elegiste ese tema?

—“Zamba para olvidar” es una canción muy conocida en Argentina, y posiblemente también en Uruguay y Paraguay, pero no tan conocida fuera de por allí, por lo que he podido contrastar con otros periodistas en otras regiones. Mientras estaba componiendo las canciones de este disco, esa canción se me cruzó por el camino y grabé mi propia versión en el estudio, yo solo. Cuando fuimos a seleccionar el material para el disco, pensé que grabarla tenía sentido, primero porque la zamba era un género en el que yo no había escrito nada, y luego, porque la música campesina argentina es algo que me apasiona. Creía que completaba de alguna manera todo este viaje que he realizado en estos dos discos.

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—Y el otro guiño es el tango, un género que habías visitado como intérprete pero no lo recuerdo como compositor. ¿Cómo fue el camino hasta “En el arcén”?

—Había escrito pseudotangos: canciones que tenían un sabor, un pequeño guiño, pero que no eran realmente tangos. Esta canción sí la hice con el interés de ubicarme dentro del género. Y la verdad es que es una de las canciones que más me ha costado a muchos niveles: desde lo musical, la letra y el cantar. Es la canción que más veces tuve que grabar para encontrarle el flow y sentirme cómodo ofreciendo algo que sé que es sagrado, por lo menos para mí. Y me da la impresión de que para muchos argentinos también lo es, y no quería fallarles.

—¿Por qué fue tan complejo?

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—El tango tiene una dificultad brutal. Es difícil cantar tangos, difícil componerlos, difícil tocarlos, porque ha habido grandes maestros en los que fijarse. Desde las composiciones de Piazzolla hasta, para mí, Roberto Goyeneche, que es un tótem como cantor de tangos. Me parece el Sinatra, el Dylan de la canción tango argentina, con esa rítmica, en cómo fluye su fraseo, es lo que me parece fascinante. Se fue convirtiendo en un estilo conforme fueron pasando los años y la voz le iba fallando: cada vez cantaba menos y hablaba más. Pero incluso hablando, le pasa como a Chavela Vargas: conforme iba avanzando en edad, cada vez cantaba menos, pero su interpretación era igual de potente y conseguía el mismo efecto en el público.

Fotografía monocromática de un músico con sombrero vaquero arrodillado en un escenario iluminado, con otros músicos y el público en el fondo
Enrique Bunbury destaca la importancia de mantener la creatividad activa y rechaza convertirse en un artista de legado que repite éxitos del pasado (Gentileza Prensa – José Girl)

Sinatra, Goyeneche, Chavela, Dylan. Sin querer, en su relato aparecen cuatro figuras capitales de un siglo anterior, entre tantos nombres que forjaron su esencia de artista. Y Bunbury se mantiene fiel a esa educación sentimental que hizo oficio y profesión entre los 80 y los 90. Época de discos físicos -vinilos, casetes, compactos, aquí el formato no importa-, con una idea concebida desde la portada hasta el último acorde. Y que se publicaban con una periodicidad que no podía ir mucho más allá de un año, como mucho, dos. En la era de los singles, de las plataformas, de los feats y de las producciones volátiles, Bunbury sigue en aquel camino del que no tiene en mente apartarse. “Me abstraigo un poco de todo eso, de los cambios de la industria, de las necesidades de las propias compañías discográficas o de los mánagers”, justifica sobre esta postura.

—¿Te sentís a gusto con estas nuevas maneras de consumir la música?

—Creo que tenemos que hacer nuestras carreras a nuestra imagen y semejanza, olvidándonos de qué es lo que ocurre fuera, porque en realidad todo es posible. Lo que ha traído el streaming y las nuevas tecnologías es que todas las versiones de mostrar tu música son posibles. No hay una que sea la correcta ni la única. Podés dedicarte a grabar sencillos exclusivamente, pero también los artistas de pop graban álbumes y creen que es necesario expresar su era y su momento creativo encerrado en forma de un larga duración. Podés publicar varios discos en un año, hay artistas que así lo hacen, y también podés tardar todo lo que quieras. Es cuestión de hacerlo según tus necesidades y con honestidad.

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Enrique Bunbury, en blanco y negro, canta con los ojos cerrados, brazos extendidos. Viste camiseta, corbata, y sombrero con llamas. Sostiene un micrófono y gesticula
Bunbury resalta la importancia de la honestidad artística y la libertad de expresión ante los cambios tecnológicos y las tendencias del streaming (Gentileza Prensa – José Girl)

—Este artista en estado de producción permanente también se manifestó en una serie de poemarios. ¿Cómo se diferencia al Bunbury poeta del Bunbury escritor de canciones?

—Yo principalmente escribo canciones; a eso me dedico. Excepto cuando creo que tengo algo que tiene que formar parte de una escritura más extensa y que precisa de una libertad mayor, alejada del corsé de la música y de las estrofas y los estribillos. Entonces es cuando dejo de escribir música y durante un tiempo concreto —un mes, dos meses, tres meses— me concentro en el libro y no escribo canciones. Para mí es muy sencillo porque cierro una puerta y abro otra.

La puerta que ofrece De un siglo anterior lo devolverá a Buenos Aires en noviembre como parte de la gira Nuevas Mutaciones. Un concepto que surgió un poco a la fuerza, cuando un malestar físico lo llevó a pensar que no iba a poder cantar más. El culpable resultó ser una sustancia tóxica en el humo del escenario. La consecuencia, una nueva forma de organizar los tours. “Me quedó una manera de trabajar más centrada en lo creativo que en lo interpretativo. Mis giras son mucho más cortas. Eso me permite volver a mi estudio, a grabar, a escribir y dedicarme a mis labores creativas”.

—¿Pasas mucho tiempo en el estudio?

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—Sí, desde luego. Prefiero dedicarle más tiempo a la creación. Quizás también tenga que ver con el paso del tiempo y ver que por delante tengo menos tiempo que el que tengo por detrás, y querer de alguna forma exprimirme el cerebro para dejar obras mejores que las que he hecho hasta ahora.

Silueta oscura de una persona con cabello rizado de espaldas, mirando a la izquierda, contra un gran círculo de luz naranja y uno pequeño blanco en su espalda
La gráfica de ‘Nuevas Mutaciones’, la gira con la que Bunbury llegará a Buenos Aires el 4 de noviembre para actuar en el Movistar Arena (Gentileza Prensa – José Girl)

—¿Te interesa lo que pasa musicalmente en los géneros que más se escuchan hoy?

Como géneros, no tanto. Me interesa de repente algún artista que se desarrolla de forma más libre y que evoluciona por sus propios derroteros. Pienso, por ejemplo, en Rosalía, que me parece que dicta un poco sus propias normas. Me parece interesante Catriel y Paco Amoroso, porque también han tomado el timón llevando su música en direcciones que no parecía que fueran las que se les habían otorgado. Milo J también me gusta mucho. Al final, dentro de los géneros urbanos me interesan los que se salen un poco del género porque se les queda corto y quieren abarcar un poco más.

—¿Qué vamos a ver el 4 de noviembre en Buenos Aires?

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—Voy con una banda de diez músicos en los que hay parte de El Huracán Ambulante y parte de Los Santos Inocentes. Hacemos una revisión de canciones de todas las épocas, por eso la gira se llama Nuevas Mutaciones. Ahí entran algunas que nunca habíamos tocado en vivo, otras que habíamos tocado pocas veces, mucha revisión de canciones que consideramos que tienen unos arreglos ahora más interesantes. Todo en un formato electroacústico muy orgánico, dividido en tres partes: una parte latina, otra más soul y otra más de rock and roll.

—Eso es algo que mantuviste en toda tu carrera solista, más allá de visitar cada tanto tus grandes éxitos. Siempre estuvo claro que la novedad iba a ocupar un lugar central en tus shows.

—Montar un setlist siempre es complicado, porque tenés que hacer un balance entre lo que pensás que le interesa al público. Pero el público al final no es singular, aunque lo citemos en singular: es plural, son individuos, cada uno con sus gustos y necesidades. Siempre me encuentro a alguien que dice: “Ah, no tocaste esta, no tocaste esta otra”. Siempre faltan canciones, por mucho que intentes tocar las más representativas. De hecho, en esta gira tengo mucho interés en sorprender al público con canciones que no se esperaban, mostrar parte de mi cancionero un poco menos habitual y repasar muchas cosas que han ocurrido en los últimos años en mi carrera, que creo que son interesantes.

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El 6 de octubre se cumplirán 30 años del último concierto de Héroes del Silencio en su etapa clásica. Y si bien Bunbury se encargó con su obra de no anclarse a ese pasado, la pregunta se hace inevitable. Y él lo sabe y lo acepta. Y si lo fastidia, no se le nota. “Mi mirada hacia Héroes siempre es de agradecimiento a un momento que vivimos con unas edades muy juveniles y que disfrutamos a unos niveles bastante estratosféricos. Y de hecho, es un poco la base sobre la que se sostiene la posibilidad que tuve de desarrollarme como solista. Si no hubiera tenido una carrera previa con Héroes, seguramente no me habrían consentido como me han consentido”, analiza.

Héroes: Silencio y rock & roll, el documental de Héroes del Silencio que no convenció a Enrique Bunbury
Héroes: Silencio y rock & roll, el documental de Héroes del Silencio que no convenció a Enrique Bunbury

—Dijiste que el documental que se publicó en 2021 no reflejaba al menos tu versión. ¿En este tiempo te dieron ganas de contar tu parte del asunto?

¿Tú dices un libro?

—Un libro sería interesante. O tu propio documental.

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—El documental no es mi género; yo no soy director de cine. Pero creo que al final la historia de Héroes, en libros, en documentales, en múltiples entrevistas y discográficamente ya ha sido contada. Se puede afinar algún matiz aquí o allá, siempre está el tema de la disolución, los motivos, pero poco más se puede apuntar. Al final, ¿por qué se disuelve un grupo? Porque es lo normal, porque las relaciones se deterioran, porque cada uno va en una dirección.

—¿No han hablado ustedes de este tema a raíz del documental?

—No. La relación en el grupo nunca fue demasiado buena; bueno, al principio fue muy buena, pero llegó un momento en que hubo un deterioro. Nuestras vidas están muy separadas.

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—¿Cuándo fue la última vez que alguien se le ocurrió que era posible una vuelta de Héroes del Silencio?

—La última vez… mira, esta pregunta, me la hagas cuando me la hagas, te puedo decir: el año pasado o hace pocos meses.

—¿Y la respuesta es siempre la misma? ¿Escuchás propuestas o directamente cortás el teléfono?

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—Es que no soy yo el que… Un grupo son varias personas. Esa propuesta está encima de la mesa de todos y se toma una decisión. Pero creo que la última vez ya se tomó la decisión de que esto no va a ocurrir.



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