CHIMENTOS
El director Alberto Maci habla sobre su documental sobre China Zorrilla: “Era una mujer magnética, un don de Dios”

“Fue un ser magnético, una narradora oral como no hay dos. Te podías haber quedado seis horas escuchándola, maravillado, se te volaba el tiempo. Era un don, de Dios”, expresa el director Alejandro Maci en una charla con Teleshow. Encuentra cada una de las palabras que quiere transmitir, para hablar de ella, de China Zorrilla,
“Era como un imán, capaz de suspender el tiempo con una anécdota”. No es una exageración: la actriz uruguaya atravesó generaciones, escenarios y fronteras con una naturalidad que, para Maci, solo podía explicarse como un encanto otorgado por Dios.
La memoria oral de Zorrilla se convirtió en leyenda mucho antes de que existieran los homenajes. El cine, el teatro y la televisión la vieron reinventarse en cada personaje, pero fuera de escena, la fascinación seguía intacta. Su nombre convocaba, su relato capturaba, y la sala —o la sobremesa— quedaba atrapada en ese “don” que Maci describe.
La directora teatral, actriz y embajadora cultural cruzó el Río de la Plata para instalarse como una de las figuras centrales del espectáculo en Sudamérica. La anécdota se repetía: quienes compartieron una charla con ella, quienes la escucharon improvisar una historia, coincidían en la duración invisible de esas horas. “Te podías haber quedado seis horas escuchándola”, insistió Maci. La percepción del tiempo se alteraba. El magnetismo de China Zorrilla escapaba a la convención de la fama. Su presencia no se explicaba por los premios o los títulos, sino por la forma en que transformaba la conversación en un acontecimiento.
—¿Por qué quisiste tomar la figura de China Zorrilla para tu documental?
—Por varias cosas, un diálogo como el que estamos teniendo es un corte transversal en un proyecto. Yo había hecho el documental El eco de mi voz sobre María Luisa Bemberg. Ese documental lo vio Marcos Carnevale, lo vio Pablo Echarri, que ya venían amasando una coproducción con Uruguay, con Alfredo Caro, con la productora Sinapsis, para este documental. Llega a mí de ese modo, una historia provocó la llegada de la otra.
—¿Trabajaste con ella?
—Hace miles de años, cuando empezaba en cine y en equipo, trabajé en dos películas, pero yo no la dirigí. Yo tenía veintipocos años. La vi en funcionamiento, pero no fue n mi amiga. Por eso te digo con todos los límites que tiene esto. Estuve meses con ella en un set, y siempre me pareció un personaje atractivísimo.
—¿En cuáles películas?
—Nunca estuve en Viena, producción que hizo Teresa Costantini. Y Las cuatro caras de Victoria, que dirigió Barney Finn. Eran sobre Victoria Ocampo. Eran cuatro actrices: Carola Reyna, Nacha Guevara, China y Julia Von Grolman. Encarnaban en distintos momentos de la vida de Ocampo.

—¿Cómo era en el set?
—Las dos películas por distintos motivos fueron largas. Entonces, la vi bastante. De hecho, estuve en su casa, pero por motivo de trabajo. No porque ella me invitara a la casa. Me pareció una mujer muy única en su género. Una artista en el sentido más abarcador que una actriz. Una mujer muy culta. Completamente trilingüe, con una gran exquisitez en sus gustos, en sus lecturas. Muy cinéfila, una fanática espectadora teatral. Un personaje con un sentido del humor único que todo el mundo conoció por los medios. Sumamente disparatada, muy amiguera, siempre rodeada de gente, muerta de risa, y al mismo tiempo una actriz con una formación muy dura teatral.
—¿Cómo fue esa formación?
—Por un lado, en Inglaterra, por otro lado con Margarita Xirgu a cargo de la Comedia Nacional Uruguaya, en los años cuarenta, que era bravísima. Y con teatro de repertorio. De actriz de esa generación que hacía un William Shakespeare, y un Tirso de Molina, sin parar.

—Luego llega a la Argentina…
—Viene a la Argentina, un poco a regañadientes, hace una tira con Alberto Migré y con Alejandro Doria. Se vuelve terroríficamente popular, al punto de que la gente… que iba en colectivo, la veía caminando por la calle, y la gente sacaba la cabeza por la ventanilla para gritarle cosas al personaje. Cambió su vida de ser o de provenir de un país pequeñísimo como Uruguay, sin industria cinematográfica, sin televisión, porque esto es previo a la televisión, una actriz de teatro, que cuando viene a la Argentina es una mujer de cincuenta años, una mujer madura que ya no se había casado, no había tenido hijos, y que había dedicado toda su energía a su profesión.
—¿Y los amores de China?
—En principio uno que fue muy doloroso, de una especie de bon vivant uruguayo llamado Capurro. Era un chico de clase alta uruguaya. Era de una familia completamente de campo, pero empobrecida. Para la época, un poco polista, un poco jugador, un poco a la usanza de ese momento. Guapísimo. Vi fotos de él. Del que ella se enamora desesperadamente. Él, ansioso por conseguir recuperar la fortuna perdida, se casa con una empresaria alemana o una cosa por el estilo, y la deja. Para ella fue un dolor espantoso. Ël ya recién casado, con esta empresaria tan importante, visitando a su familia en Uruguay, cuando había nacido recién su bebé, se mata en un accidente con el auto en una ruta. El hijo se salva. La mujer queda muy mal en terapia intensiva. China se entera se acerca partida en dos al mismo tiempo, con una mezcla con sentimientos encontrados. Ella nunca se terminó de recuperar de este golpe por varios motivos: el abandono, la no elección, luego la muerte, de su gran amor.

—¿Cómo fue el proceso de adaptación de China Zorrilla a la Argentina?
—Ella viene a la Argentina, se instala, estaba prohibida en Uruguay. No te olvides que el proceso militar uruguayo es anterior, no mucho, pero es anterior a la Argentina. Y estar prohibido en Uruguay es estar prohibido en todo, porque ya te dije que no había ni cine. Y había escasamente tele. Con lo cual, si no te dejan actuar en teatro, en principio no hay nada para hacer.
—Entonces…cómo sigue…
—Llega en el año 1973. Aprovecha una oferta de trabajo que es la de Eduardo Murua con Un guapo del 900. Ahí trabaja por primera vez en cine. Luego, todo lo de televisón. Pobre diabla. Luego le ofrecen, con Marina Ross, Piel Naranja, también con Arnaldo André como galán en aquella época, que es fue un éxito rotundo.
—¿Qué ocurrió durante la dictadura militar en Argentina?
—Paradojas de la vida, golpe militar en la Argentina, 1976. Se arma una cosa extrañísima donde acá, bueno, después de contactos y cosas, le permiten actuar, pero solo en teatro, no en cine, y menos en televisión.

—¿Cómo era su relación con el público y su capacidad de improvisar?
—Un día, no sé en qué gira de Eva y Victoria, a ella le gustaba salir de gira, hubo un problema con el transporte, Soledad Silveyra no llegaba. Estaban en la disyuntiva de suspender la función. Y China se sube al escenario y le propone al público conversar. Por supuesto, el que quería podía ir a que le devolvieran la plata, dado que la obra que iba a ver no se iba a dar. Nadie pidió un centavo de regreso porque fue una noche magnética, porque ella se sentaba y, sin nada, se ponía a contar y se podían haber quedado horas escuchándola, maravillados.
—¿Qué buscaste al retratar a China Zorrilla en el documental?
—A mí siempre me importa, cuando me estoy aproximando para retratar a alguien, intentar oírlo hablar por su propia voz. Por eso busco tanto, porque a mí, como público, no me gustan los documentales que se acercan más a un informe televisivo donde hay solo personas contándonos cómo era alguien. No me interesa eso, porque si yo te cuento algo que me sucede a mí, no dejará de ser mi visión, mi óptica de eso. Yo prefiero hacer hablar al retratado.

—¿Y el compromiso social y político de China ?
—En principio, tenía algo que haría bastante falta hoy, que es un sentido de la solidaridad y de la generosidad muy interesante. Siempre ha compartido todo lo que ha tenido, ha dado todo lo que ha tenido. También pienso en un aspecto; yo no soy religioso, pero esa formación cristiana también le dio algo de la sensibilidad por el otro, por el dolor ajeno, por la necesidad ajena. Muy necesario en nuestros tiempos.
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El escándalo de Robertito Funes Ugarte que sacudió por completo a la farándula: «Es cierto lo que dicen de…»

Una nueva pelea vuelve a sacudir la farándula e impacta de lleno en dos figuras; Robertito Funes Ugarte y Edith Hermida. Todo comenzó cuando Monserrat Brizuela recriminó al aire la forma en que el conductor abordó el femicidio de Agostina Vega.
Robertito, en pos de defenderse, salió cargado en una nota con Intrusos, a donde apuntó directamente contra Bendita. Allí dijo lo que piensa en un profundo descargo y en el cual comenzó esta inesperado pleito con Hermida, quien luego salió a responderle.
“Antes el programa de ella era buena leche y ahora, prácticamente, es la inquisición, porque te critican por todo. Ese programa ahora perdió el humor y dicen cosas que no son. Critican a todos y se ríen de nosotros que es distinto”, aseveró.
Sobre esa misma línea, cargó: “Ellos hicieron una bajada que no corresponde sobre algo que yo, supuestamente, había dicho en un noticiero el fin de semana. Dijeron cualquier pavada. Monserrat que su bandera del feminismo, sabes donde se la meta ¿No? Que aprenda a escuchar”.
ROBERTITO FUNES UGARTE VS EDITH HERMIDA
Tomando nota de esta situación, desde el programa de América la fueron a buscar directamente a Edith. La conductora de Bendita rompió el silencio, siempre con su característico sentido del humor, y confirmó que tuvo un intercambio con Funes.
“Sí él me dejó un audio en el que noté que estaba un poco enojado. Me dijo ‘al final es cierto lo que dicen de vos, sos más mala que las arañas’. Sí le molestó lo que se dijo después del informe”, contó Edith respecto a Robertito.
Y al finalizar, sumó que ella no tiene una postura de enojo por todo esto: “Yo lo volví a escuchar y no me pareció tan grave. Lo quiero mucho a él, puede ser que yo sea un poquito mala, apero ojalá que recapacite, no estoy enojada con él ni nada”.
Robertito Funes Ugarte, Edith Hermida
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Tras los abucheos a los cineastas Mariano Cohn y Gastón Duprat en un homenaje a Luis Brandoni, llegó la reacción del secretario de Cultura Leonardo Cifelli: “Un clásico de los kukas”

La entrega de los Premios Sur reabrió la disputa política dentro del cine argentino cuando los directores Mariano Cohn y Gastón Duprat fueron abucheados al subir al escenario para homenajear a Luis Brandoni, un episodio que después escaló al Gobierno con la intervención del secretario de Cultura Leonardo Cifelli, quien definió los silbidos como un “clásico de los kukas”.
La controversia continuó fuera de la ceremonia con nuevas tomas de posición. Desde Bélgica, donde es embajador, Fernando Iglesias afirmó que “a la canalla beneficiaria de subsidios solo les faltaba silbar al Beto Brandoni”, aunque durante la transmisión algunos artistas que hablaron después de los directores sostuvieron que los abucheos no habían sido contra el actor.
Según el texto fuente, la ceremonia organizada por la Academia de Cine de la Argentina volvió a exponer la grieta entre artistas identificados con el kirchnerismo y figuras que lo cuestionan, entre ellas Cohn y Duprat, responsables de Homo Argentum y de la serie El encargado.


Homenaje a Luis Brandoni, silbidos y abucheos
Cohn fue el primero en hablar durante el homenaje al fallecido Brandoni. Allí recordó que ellos no coincidían con ciertas posturas de la Academia y que ya se lo habían manifestado “a esta comisión directiva y a otras”, una frase que, según el texto fuente, provocó murmullos en la sala.
El director dijo que, pese a esas diferencias, estaban allí para recordar “a un amigo”. Después describió a Brandoni como un hombre “valiente y con valores”.
Duprat retomó esa caracterización y la repitió en su intervención. Los silbidos, de acuerdo con el texto fuente, se escucharon cuando el director de Mi obra maestra sostuvo que Brandoni había sido “perseguido por el gobierno peronista”, incluso antes de la dictadura militar.
Los abucheos crecieron cuando Duprat recordó una frase que, según dijo, Brandoni le había transmitido sobre el período entre 2003 y 2015. En ese tramo, añadió, el actor le había dicho que no había tenido prácticamente lugar en las 2.500 películas que se produjeron durante esos años.
El secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli, retomó el episodio al día siguiente. “Un clásico de los kukas”, comentó sobre los abucheos que recibieron los directores.
“Un clásico de los kukas. Se hacen los demócratas y quieren silenciar a todos los que piensan distinto con silbidos, abucheos y agresiones. Duprat y Cohn estaban recordando al gran Luis Brandoni, un ejemplo de nuestra cultura que ya tuvo que tolerarlos en su época. Lamentables”, posteó el funcionario.
Cifelli agregó que quienes silbaron “se hacen los demócratas y quieren silenciar a todos los que piensan distinto con silbidos, abucheos y agresiones”. También sostuvo: “Duprat y Cohn estaban recordando al gran Luis Brandoni, un ejemplo de nuestra cultura que ya tuvo que tolerarlos en su época. Lamentables”.
Según el texto fuente, el funcionario integra el entorno político de Karina Milei y antes de llegar al Gobierno nacional había trabajado como productor teatral.

La respuesta más directa sobre a quién estuvieron dirigidos los silbidos la dio Matías Mosteirin, productor de El Eternauta, cuando subió a agradecer el premio a Mejor Serie. Al fijar posición, dijo que los abucheos “no habían sido contra Brandoni” y definió al actor como un hombre de valores.
La vigésima edición de los Premiso sur, celebrada en el Teatro Presidente Alvear de Buenos Aires, quedó marcada por una postal que trascendió la alegría de los galardones. Cuando Dolores Fonzi subió a recibir la estatuilla en lugar de Camila Pláate como actriz revelación y actriz de reparto, tuvo un gesto elocuente y conmovedor. La actriz dedicó un minuto de silencio a Agostina Vega, la adolescente de 14 años asesinada en Córdoba, y cerró su intervención con una referencia directa a la movilización convocada por el colectivo Ni Una Menos.
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Rodrigo Lussich, al filo: la decisión de separarse de Adrián Pallares, las cuentas pendientes que saldó con Ángel de Brito y los famosos con los que salió

En una mañana activa desde muy temprano, luego de realizar trámites y pasar por el banco, Rodrigo Lussich se acerca al cuartel central de Paparazzi para sumarse a la sección A solas. Luce prendas holgadas y un look deportivo. Muestra sonrisa sincera y gran predisposición, lejos de la actitud de otros famosos, reacios a mostrar su intimidad o simplemente, conceder una entrevista. Lussich, en cambio, refleja su comodidad al momento de situarse del otro y ser entrevistado.
A segundos de comenzar a grabar el reportaje, cuando el reloj marcaba las 11:30, le llega un mensaje a Lussich con el anuncio de una reunión de producción de Intrusos. Por lo cual, ni siquiera se hizo tiempo para tomar un café, lo que aceleró la charla. Con los minutos contados, pero con la mejor de las ondas, profesional al máximo, Rodrigo no esquivará ningún tema y se mostrará tal cual es.
Dirá entonces que está soltero, pero con ganas de encontrar un compañero. Apasionado del trabajo, hablará de los proyectos, que no solo abarcan conducción sino también la actuación para quien tiene su unipersonal. Además, deslizará que no descarta en un futuro romper con una dupla emblemática, aquella que protagoniza con su amigo y compañero Adrián Pallares, para así continuar desempeñándose sobre los escenarios por su cuenta.
“Hablar de mí es una de las cosas que más me gusta. No tengo problema: no me jode estar de este lado del mostrador”, confiesa Lussich, generando un clima ameno y sin condicionamientos.
—Estás instalado en un programa que es una marca registrada. También hacés teatro. ¿Ya estás cómodo, relajado y en un lugar de disfrute?
—Yo tengo un problemita, entre otros: cuando entro en espacios de comodidad demasiado relajados no sale mi mejor versión. Por una cuestión de vida, de costumbres, de la forma en que fui criado o por mi propia personalidad, me siento más cómodo en la incomodidad. Es ahí donde sale mi parte creativa y me desafío a hacer cosas. Ser culo inquieto en general me rinde para bien. Hay lugares que se disfrutan, sin dudas. La conducción de Intrusos es un espacio de disfrute, como ha sido la conducción de seis años en el rubro con Adrián. Pero hay lugares donde digo: «Esto ya está». No me imagino 20 años conduciendo un programa. No me calienta porque creo que te aleja de otras situaciones que podés llegar a experimentar en la carrera y en la vida. Aparte los tiempos, han cambiado: antes esa trayectoria daba chapa, hoy competís con pibes y pibas que tienen un montón de creatividad, que están en las redes o el streaming. Instalarse en un programa te saca de carrera o te ata a un estilo del que después es difícil salir.
—Ustedes le pusieron una marca personal a la conducción, más allá de que algún colega les haga chistes o los llame los bailarines…
—Sí, es un sello mío de hace años y al que después se sumó Adrián. La parte más lúdica la hago yo, pero Adri se engancha y sube. Él compensa la parte periodística. Es nuestro estilo y por el que yo he luchado mucho en la televisión: hacer chimento de forma más relajada. Para nosotros es más importante divertir y entretener a la gente a que escuche la primicia del año.
—Hay colegas que hacen otro tipo de periodismo y critican al de espectáculos, diciendo que no es periodismo sino chimento.
—La palabra chimentero es peyorativa en sí misma, medio reduccionista. Pero también está en el otro extremo de lo que sería el periodismo de espectáculos, que tampoco creo que sea lo que nosotros hacemos. El chimento es chimento: la palabra es fea, no sé si habría otra. Eso queda porque la gente pone etiquetas constantemente y es difícil luchar contra eso. Creo que es un género de entretenimiento, donde vos y yo vamos a jugar, y lo que te estoy contando es verdad. Después te vas a hacer tu vida, a pensar en lo importante de tu vida, y no en lo que te contamos yo, Marina Calabró o Ángel de Brito. Es un tema nuestro para medirnos entre nosotros. Por eso, a mí la primicia o quién lo dijo, si me copiaste, me parece que es un plomazo, es viejo, un planteo de Radiolandia. Hoy contás algo y resulta que ya lo contó un tuitero.
—¿Sos fácil para la convivencia? Porque no es tarea sencilla que resulten duplas de conductores, por egos y competencia, y con Pallares llevan años juntos.
—Tenemos una relación de amigos de 20 años y que conduzcamos juntos en la tele es una circunstancia, que está buenísima, que nos ha llevado a un lugar relindo, que ha sido un éxito, pero nuestra amistad no va a depender de eso. Seguramente, en un tiempo no muy largo dejemos de conducir juntos, que lo hicimos seis temporadas. Somos más amigos que compañeros de la tele. Como amigos nos llevamos muy bien, entonces, sopesamos cosas de la conducción en dupla: el doble comando no se lo recomiendo a nadie, no es natural en la televisión, salvo que tengas una química como la que tenemos nosotros. Salvando las distancias Marley y Florencia Peña, la Negra Vernacci con Tortonese: así, son excepciones. Pero si juntan a dos rándom, sin esa química previa es difícil forzar eso al aire, aunque se respeten. Las conducciones que han llegado lejos son las unipersonales: Jorge Rial, Santiago del Moro, Angel de Brito, Marcelo Tinelli, Verónica Lozano, Darío Barassi, Mirtha Legrand, Susana Giménez.
—O sea, ¿no descartás abrirse y trabajar solo?
—No. Sé que va a pasar. Estamos transitando el final de nuestro rubro con Adrián. No tiene fecha de caducidad, pero está entrando en sus últimos tiempos. Lo cuál está hablado y está buenísimo. Le hemos sacado jugo. Y no significa que cuando hablo de final, hablo de uno definitivo: capaz volvemos a hacer teatro juntos u otro programa, algo en radio o en streaming. Tal vez, dupla televisiva. Hicimos un espectáculo tres años y ahora me corté solo porque me puse a hacer stand up. Tenía ganas de experimentar el unipersonal. En su momento lo invité a sumarse a un proyecto y salió bárbaro, él se adaptó al escenario: sé que juntos somos dinamita.
—El unipersonal que estás haciendo ahora, ¿es sobre el mundo del espectáculo?
—No, nada. Humor puro y duro. Viene mucha gente de la tele que busca el chimento, pero el que avisa no traiciona. Es un espectáculo para reírse de punta a punta, es stand up, no chimento ni farándula. En general, lo autorreferencial, las anécdotas con remates permanentes, los chistes.
—Llamó la atención la vuelta a América cuando hacían Socios, que estaba instalado en El Trece. ¿Por qué dejaron esa pantalla?
—Fue una sumatoria de factores. Nos fuimos a El Trece en un momento en que la estábamos rompiendo en América, funcionabamos bárbaro, como ahora. Y vino una oferta que no pudimos rechazar, por un montón de cosas; primero, porque no hay que quedarse con la duda. Pasamos mucho estrés, angustia, amamos a la gente de América. Nos costó mucho dejar el canal, pero al mismo tiempo nos parecía una oportunidad. La tomamos, nos fue bien, hicimos tres años, nos podríamos haber quedado; sufrimos en el medio una racha de caída de números de la pantalla de El Trece de toda la programación .Cuando Juan Cruz Ávila tomó las riendas de América nos vino a proponer hacer los 25 años de Intrusos, y fue tentador: un evento televisivo que no nos queríamos perder. Aunque en El Trece se trabaja muy bien, hay familiaridad con la gente del canal: extrañábamos cosas de la cotidianidad. 
—En ese lugar quedaron Matías Vázquez y Pampito. ¿Cómo lo ves, ya que no siempre son fáciles las duplas?
—No sé cómo se llevan ellos. No veo el programa en lo cotidiano, pero creo que están muy bien como programa, como marca. A ellos les costó más porque venían a imponer algo. Nosotros veníamos de Intrusos y la dupla estaba aprobada. Nos daban nuestra marca, y ellos tenían que tomar la propia. Y en el contexto, les va bien: lo hacen bien, están cortándose en su personalidad, el estilo de su panel y son un programa que es parte de la cantidad que hay. Entraron con una difícil: nos tuvieron que reemplazar en tiempo record, igual que al revés, cuando nos tuvieron que reemplazar por Florencia De La V en Intrusos. La diferencia es que a mí no me gustaba Florencia, pero sí me gusta lo que hacen los chicos.
—¿Por qué no te gustaba Florencia en Intrusos?
—Me parece que se forzó ahí, y lo que hace ahora a un estilo periodístico. Ella, claramente, es una actriz capocómica que podría aprovechar eso más a favor y hacer un programa más show. Podría haber seguido la tradición de lo que hacíamos nosotros; es decir, más show. No digo lo mismo, pero aprovechando su histrionismo y su capacidad. Ella se quiere poner en un lugar muy serio, que no sé si es lo que más gusta de ella. Pero es una apreciación mía, como público: está habilitada para hacer lo que quiera. A mí, como espectador, no me gustaba esa cosa tan rígida. Lo de los chicos me gusta más.
—Y en esto de cambios en la pantalla, ¿cómo ves la salida de Yanina Latorre de LAM?
—Son momentos de la carrera donde te cae la ficha de que tenés que pegar el salto. Hacía mucho que a ella se lo ofrecían. Estaba muy cómoda y tal vez le empezó a hacer ruido, y el cuerpo y la profesión le pedían más, y probarse. Tiene una fórmula que está muy bien, en un programa de una hora, con un estilo propio súper lindo y divertido. Es un personaje en sí mismo muy atractivo, hipnótico.
—¿Cómo es la relación con Ángel de Brito? Les hace chistes, los carga: ¿molesta?
—No nos llevamos mal hoy, como nos hemos llevado por lo menos en otra época. Me pasa que solté esa rivalidad. Durante mucho tiempo tenía mucha cosa guardada. Una vez lo dije en la tele, hice mis descargos, y cuando digo lo que me pasa las libero, las suelto, no me quedo enganchado. Eso me hizo rebien. Después, cuando nos vinimos a América, nos encontramos: almorzamos los tres, saldamos cuestiones pendientes y hoy tenemos una relación de convivencia. Hablamos, tenemos un grupo de WhatsApp que muy cada tanto utilizamos. No somos amigos, pero está todo bien: la gastada ha bajado bastante. Que nos digan bailarines y ese tipo de cosas, qué sé yo… A esta altura no me entran las balas. De hecho, ya no bailamos mucho en el programa. Está todo en paz.

—¿Hay alguna información que te arrepentís de haber dado?
—No sé si arrepentido… No se me viene algo. ¿El límite? En general, las cosas de la salud se piensan dos veces. Que Wanda Nara tenía leucemia lo contó Jorge Lanata, no un (periodista) chimentero: ¡tanto que nos acusan! Siempre estás al límite cuando hablás de la vida del otro. En general, hablamos de quien juega el juego. Lo feo es cuando, como alguna vez me ha pasado, te metés en la vida de alguien que no está en el juego, ¿y para qué joderlo o complicarle la vida? Aparte, yo soy un bocón: entre pedir permiso y perdón, prefiero pedir perdón. El límite entre tener filtro y no tenerlo es muy delgado. Trato de ponerme uno, pero a veces me traiciona el inconsciente. Soy un tipo muy vehemente y pretendo entretener con el humor, pero hay un límite entre ser gracioso y un gracioso de mierda. Te puede pasar.
—En cuanto a los famosos, ¿le ves futuro a la China Suárez y Mauro Icardi?
—Hace un tiempo habría dicho que no, pero la pareja ya lleva tres años. Y uno no daba un peso por esa pareja. Si se terminaría, lo veo más por el lado de la China, porque tiene como esa cosa más adolescente, cambiante; ha dejado a sus parejas. Lo que no quiere decir que ahora esté súper enamorada y haya encontrado el tipo que buscaba. Cuando fueron amantes y empezó la historia del Wandagate, dije que iban a terminar juntos. Wanda opera a los periodistas como quiere, y los periodistas repiten mucho lo que ella les dice. Pero algo me decía que iban a terminar juntos. Viéndolo así, es una pareja súper consolidada.
—Otra famosa con amores y desamores es Pampita. ¿Por qué no le duran?
—Pampita es una piba bárbara, honesta en sus sentimientos y su búsqueda, pero tiene una necesidad de perfección para el afuera que le debe poner mucha presión a sus parejas. Ella lo quiere así, pero tal vez sus parejas sufren tanta perfección, tanto corrección, tanta vida perfecta. Y la vida no es perfecta, para ella y para nadie. Y se topa con tipos que, más allá de que sean o no un demonio, los idealiza, y después se desilusiona. Imponer al otro una manera de llevar adelante la vida pública debe ser medio un plomo. Igual, es una apreciación: no me consta que así sea.
—En esta misma sección, Tomas Dente declaró que no tiene sexo ni como harinas desde hace 20 años. ¿Le creés?
—No. Pero capaz que sí… 20 años sin sexo me parece una cosa de locos.
—Y en tu caso, ¿cómo venís con el sexo y las harinas?
—Tengo más harinas que sexo, eso seguro. Pero tampoco la pavada… Estoy en un momento de introspección. He tenido parejas y he estado noviando y matrimoniando mucho tiempo, más de joven. Estoy en un momento donde me cuesta bastante entablar vínculos. Estoy conectado con la carrera, me fui a Europa dos meses, murió una amiga muy querida que me dejó muy tirado a nivel ánimo. Me complemento mucho con el trabajo, las cosas que hago y estoy dedicado al stand up, más allá del programa. No me doy yo la oportunidad de conocer a alguien. Sé que son procesos. En algún momento voy a soltar eso y aparecerá, porque también hay un deseo de que pase. Tal vez no le estoy poniendo el cuerpo a ese deseo, porque hay que ponérselo y no esperar que las cosas pasen mágicamente. Abrir una app de citas no es ponerle el cuerpo…
—¿Usás aplicaciones de citas?
—Sí, pero sabés que eso no te va a conducir a nada. Me ha pasado que piensen que estoy usurpando la cuenta de Rodrigo Lussich. Un día en Intrusos empecé diciendo: «A Mauro 28, soy yo, que me desbloquee». Pero eso no es poner el cuerpo. Hoy, con todo hacemos eso: sentarnos y que el teléfono nos resuelve la vida.
—La semana pasada Mauro Szeta contó que nunca le nació el deseo de ser padre. ¿Cómo es en tu caso?
—Tengo bastante contradicción, pero en definitiva, creo que es más no que sí. Me lo he plantado por momentos, he pensado que era algo que debía incluir con una pareja, porque solo no lo haría. Le he encontrado justificaciones. Pero al mismo tiempo, tampoco le he puesto el cuerpo a ese deseo. Cuando creo en algo, en lo profesional, en lo político, en lo personal, voy para adelante con todo. Y si no lo hago, entiendo que en algún punto no lo creo. Entiendo que si tengo 53 años y no busqué la paternidad, es que no es algo que sea tan fuerte en mí. Tal vez mañana me cruce con alguien que tiene instalado ese deseo y me suba a eso desde el amor a esa persona. Sería a consecuencia de otra cosa previa, de un pro y amalgamar.
—La gente piensa que los famosos tienen sexo en los camarines. ¿Te pasó?
—Sí, tuve sexo en los camarines de más de un canal de televisión. No tantas veces, pero un par seguro. Se dio. Soy bastante clásico: no tengo esa cosa del morbo, nunca fui un tipo promiscuo que buscó la cosa sórdida del sexo.
—¿Saliste con algún famoso que no sepamos?
—Sí. No hay muchos. La mayoría de los famosos con los que quise estar, no me dieron pelota. No he sido su tipo. Pero con algunos coincidimos, hicimos match.
—¿Hoy, para vos, cuál es el hombre más deseado o más seductor?
—Benjamín Vicuña me parece sumamente seductor, por personalidad, carisma, belleza. Está más grande, pero sigue siendo atractivo. Después están los chico nuevos, como Nicolás Occhiato que es un muchacho muy lindo, joven y fachero. Agustín Bernasconi es refachero.
—¿Y alguna mujer que te haya atraído?
—Hay mujeres que me gustan mucho. En su momento se supo que tuve una breve cita con una actriz: me replanteé cosas sobre mi sexualidad, que me inspiró ella. Fue la única vez que me pasó. No avanzó porque ella no quiso. Yo hubiera seguido un poco más, para ver qué pasaba: me generaba deseo. Por algo no se dio. Tampoco me quedé. Empecé a tirotear a una chica del gimnasio que estaba casada y después dije: «No, por acá no, me voy a complicar la vida». Después hay chicas que me parecen hermosas: Luciana Rubinska es un bombón, una chica linda que me llega desde algo personal. Nadie es lindo o feo más que para los ojos de quien mira.
—Alguna vez fantaseaste con dejar de trabajar. ¿Lo seguís pensando?
—Sí, todo el tiempo. Tengo como una especie de mantra interno: ¿cómo quiero vivir los próximos 20 años útiles de mi vida? En ese sentido el panorama es muy amplio: desde irme a vivir afuera, instalarme en España, cambiar de rubro, dejar el chimento y hacer otra cosa, dedicarme solo al humor. De algo tengo que vivir, porque soy un tipo que no amasé fortuna ni tengo guita para decir «me retiro y vivo de rentas». Aparte, porque soy un laburante: trabajo desde los 18 años. En mi casa me volvería loco. Pero sí daría espacio a cuestiones de creatividad que tal vez la televisión diaria, por el estrés que implica, un poco te anula, como escribir libros o cosas para teatro. Haciendo tele todos los días se me apagan todas las luces.
—¿Cómo te llevás con el gobierno de Milei?
—No me llevo, no me gusta, no comulgo con sus ideas ni con sus políticas, ni con nada: ni con las formas ni con el fondo. La forma es horrible y el fondo es espantoso.
—¿Adorni debería renunciar?
—Sí, claro. Como cualquier funcionario investigado y de quien haya sospecha. Sobre todo de gente de un palo que, supuestamente, viene a combatir todo eso: la corrupción, la casta. Pero cuando les toca a uno de ellos, no lo entregan. Entonces, es todo contradictorio e hipócrita.
—¿Te ofrecieron hacer política?
—No. Me interesa la política como defender ideología o poder decir lo que pienso. O hacer incluso humor político. Me gustaría probar y hacer un espectáculo de monólogo político. Involucrarme desde ese lugar. Pero no me lo han ofrecido ni accedería a un cargo. Desde afuera analizando, sí; pero desde adentro, no.
—¿Pensabas que el país iba a alcanzar este presente donde mucha gente no llega a fin de mes?
—Sabía que íbamos a llegar a esto y que se puede estar peor. El dia que Milei ganó las elecciones sabíamos que estábamos entrando al peor de los mundos. Es gente que es muy buena para ser oposición, pero después no saben gobernar. No saben gestionar para el pueblo, para la clase media, para la gente que necesita. Gobiernan para un grupo de millonarios, no para la gente. En las formas, Mauricio Macri era mejor, pero en el fondo era lo mismo. Ni hablar de la década menemista. Entiendo que la sociedad pida cambios y esté cansada de modelos que se pueden haber desgastado o que pueden haber defraudado. El último gobierno de Alberto Fernández fue malo, sin dudas. Pero entre Guatemala y Guatepeor, me quedo con Guatemala: si estos son los políticos que tenemos, quiero el que menos daño me haga.
—Te llevo a lo personal: ¿cómo llevás el paso del tiempo?
—Tengo 53 años y me puedo venir abajo en dos minutos. Me cuido: empecé a usar cremas; hasta los 50 años no usé nada. Es genética. Mi mamá tiene 76 y no tiene una cana, no se tiñe el pelo. Tampoco soy un tipo que se haya dedicado a hacer ejercicios: no tengo un cuerpo fibroso. Me aprovecho de la juventud para no hacer cosas y empezar a cuidarme con cosas que con la edad aparecen. De carcasa, estoy mejor.
—Por último: ¿qué te hace felíz?
—Trabajar. Hacer lo que me gusta, las cosas que creo. Soy bendecido: laburé toda mi vida, hice todo el escalafón, no fui ahijado de nadie, no me acosté con nadie; no digo que esté mal o bien. No salté, no tuve 15 minutos de fama de un día para el otro, no fui viral: laburo. Las cosas son consecuencia de todo ese sacrificio. Pude hacer a los 53 años un viaje de dos meses recorriendo Europa, pero no lo pude hacer a los 20: tenés que irte con una mochila o que te ayuden tus viejos. No fue mi caso. Lo hice y me hizo muy bien: te abre la cabeza. Me desconecté de la locura del rating. No me considero ejemplo de nada, son decisiones. Solo la acción elimina la duda: hacelo, y reventate contra la pared o brillá. Si hacés lo que te gusta, no sale mal. La vida te lo compensa. Con convicción. Hay gente que se queda, les gana el miedo o la culpa. Hablo desde mi experiencia.

Rodrigo Lussich
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